Este es el peor momento del gobierno de los Fernández. Y eso que hace escasos ocho meses que asumieron. Ayer se produjo un hecho histórico que sacudió la estantería del cuarto turno del kirchnerismo en el poder. La gigantesca movilización a lo largo y a lo ancho de la patria, exhibió en toda su dimensión los graves problemas por los que están atravesando Cristina, Alberto y gran parte de su tropa. Porque los alaridos de los reclamos fueron múltiples, pero fueron dirigidos básicamente a dos personas: Cristina, la titiritera en las sombras que mueve los hilos y a Alberto, el títere desarticulado que va hacia un lado con la cabeza y hacia otro con las piernas. La confusión K frente a semejante multitud celeste y blanca desató una seguidilla de errores producto de un diagnóstico totalmente equivocado porque utiliza las viejas categorías para medir las nuevas realidades.
Cristina es apuntada por la mitad o más de los argentinos como la responsable de todos los males de este país. De las más diversas maneras, su figura fue el centro de las consignas y los insultos. Otra vez apareció esa enorme muñeca inflable que identifica a Cristina como presidiaria. Tiene el traje a rayas. Anillos y aros brillantes y un collar de perlas reluciente. Una insignificante marioneta de Alberto reducido a la servidumbre, bolsos desde los que caen dólares sucios de la corrupción y un número en el pecho, el 18-1-15, que es el día que asesinaron al fiscal Alberto Nisman. No es una caricatura de goma, es una radiografía de los últimos años de la Argentina. Esa muñeca en tamaño más chico, se repartió por cientos durante la marcha más grande contra el gobierno que se produjo hasta ahora. Pero eso no fue todo. Había algunas mujeres de carne y hueso disfrazadas con ese mismo atuendo carcelario, simulando ser Cristina. Y esta vez la ya tradicional batucada de rechazo tuvo características especiales en la esquina de Uruguay y Juncal, en pleno barrio de Recoleta. Primero por la masividad de la presencia ciudadana. Ya han consagrado ese lugar como irremplazable a la hora de los cantitos de rechazo. Chorra, chorra, fue lo más escuchado. Y “Cristina ladrona/ el pueblo no perdona”. Carteles y remeras que decían Google tenía razón. Se referían a la leyenda de “Ladrona de la Nación” que aparecía en el buscador cuando se escribía el nombre de la vice y que la llevó a iniciar una queja en tribunales. Fue impactante la bandera argentina que rodeó el frente del edificio. Tenía la inscripción “Argentina República Democrática”. Le confieso que al principio, me resultó inquietante. Pensé que subir hasta ese lugar, era una peligrosa provocación que podía terminar muy mal. Pero me tranquilice cuando supe que era simplemente una expresión de varios vecinos de Cristina. Algún día, cuando se escriba la verdadera historia, tal vez se coloque allí una placa que diga: “Aquí vivió Cristina. Aquí Daniel Muñoz recibía bolsos, mochilas y valijas repletas de dólares negros y corruptos de las coimas y los sobre precios”. El rechazo social tal vez empuje a Cristina a mudarse. Pero ese departamento es testigo del robo más grande de la historia democrática. Fue tan colosal la montaña de dinero que llevó Roberto Baratta entre otros, que tuvieron que comprar otros dos departamentos para usarlos de depósito y caja fuerte. Solo con el chiquero de propietarios y testaferros que hicieron con esos tres departamentos vale una condena y una novela policial. Pasaron por las manos del hermano de Fabián de Sousa y de Osvaldo Sanfelice. Mientras estuvo en la quinta de Olivos, la vivienda de Cristina fue alquilada a Austral Construcciones, la empresa insignia de Lázaro Báez y nunca nadie habitó ese departamento. Y finalmente, Cristóbal López pagó casi 4 millones de expensas atrasadas. Es decir que dejaron los dedos pegados por todos lados. Se sintieron tan impunes que cometieron todas las torpezas del mundo.
Por eso Uruguay 1306 hoy es un lugar de protesta, como el Obelisco, o la Plaza de Mayo o la quinta presidencial. Aquí la las críticas masivas fueron contra su inquilino: Alberto Fernández. Contra él dirigieron todas las exigencias por errores y los horrores de su administración. A saber.
1) La brutal inseguridad, potenciada en su criminalidad gracias a la liberación de presos que hizo este gobierno.
2) La hecatombe económica que multiplicó pobres, desocupados y excluidos y destruyó pequeñas empresas y sueños de comerciantes y profesionales.
3) La trampa en la que el gobierno se metió con la cuarentena de 5 meses que no muestra salida y que por ahora, no consigue evitar muertos ni contagios.
4) La impunidad y venganza descarada que está fabricando el estado mayor de Cristina que ofende a las personas honradas que quieren que la justicia aplique el castigo y la condena que corresponde a la jefa de una asociación ilícita dedicada a saquear al estado. Le recuerdo que Cristina tiene 8 procesamientos y 8 elevaciones a juicio oral, uno de ellos en pleno desarrollo.
Por eso le hablo del peor momento de Cristina y Alberto y su gobierno.
La falsamente exitosa abogada que nunca ganó un juicio pero lo perdió varias veces, lleva de las narices al jefe de estado formal pero su desesperación, lo está empujando a un gigantesco conflicto de poderes de una extrema gravedad institucional. Porque a Cristina no le dan los números de legisladores ni los tiempos, para lograr su principal objetivo: convertir a la justicia en una Unidad Básica peronista. Ella exige un prontuario limpio, un certificado de buena conducta a ella, sus hijos y sus cómplices del Cártel de los Pinguinos y que de paso, destituya y si puede, meta presos a jueces, fiscales y algunos funcionarios del gobierno anterior. Cristina quiere todo eso. Va por todo. Pisó el acelerador a fondo pero va directamente al precipicio o a romper las instituciones democráticas, como denunció la doctora Elisa Carrió. Ya empezaron en el Senado y desobedecieron el fallo de una jueza. Lo mismo que hicieron en Santa Cruz cuando no acataron varios fallos de la Corte Suprema de Justicia que los obligaba a reponer en el cargo al procurador Eduardo Sosa. Por eso van contra el jefe de todos los fiscales, Eduardo Casal. Le inventaron acusaciones, le metieron 15 pedidos de juicio político y lo extorsionaron sicológicamente para que renuncie. Ahora intentan modificar la designación del Procurador sin que se necesiten los dos tercios de los votos. Van por la ampliación de la Corte Suprema para lograr una mayoría automática como en la época de Carlos Menem. Les hacen la vida imposible a los jueces que tienen causas contra Cristina. Todos esos avances brutales chocan contra la realidad y eso enfurece más a Cristina que de esa manera embiste contra las normas, las leyes y la propia Constitución Nacional. En un mes, Cristina y su voracidad por lograr la impunidad, ya puso a casi todos los jueces y fiscales en alerta contra sus atropellos y todos los días se conocen más rechazos a la mal llamada reforma de la justicia. Hasta el gremio de los judiciales, manifestó su oposición. Ni el bloque de Lavagna está dispuesto a votar semejante esperpento. Es tan irracional el comportamiento de Cristina que cada vez está más aislada y le resulta más complicado concretar sus planes. Un globo de magnitud, en el Obelisco tenía la siguiente inscripción: “Necesitamos justicia. No una reforma”.
Las respuestas desde el gobierno y sus defensores fueron erráticas y contradictorias. Es que no logran descifrar el enigma de miles y miles de argentinos republicanos y cada vez más populares que les ganaron la calle, las fechas patrias, la bandera nacional y hasta le disputan la palabra pueblo. Todos esos símbolos hasta hace poco eran propiedad del peronismo. Esta es una gran novedad en términos de la teoría política que no van a entender nunca si siguen mirando el fenómeno bajo la lupa de sus prejuicios y resentimientos.
La dinámica de las redes sociales y el hartazgo frente al patoterismo de estado, los intentos chavistas y la cleptocracia sin castigo, fueron pariendo ciudadanos participativos que abandonaron la comodidad del control remoto del living de sus casas. Ahora ponen el cuerpo. Muchos votaron a Macri pero no es Macri el que los convoca. Algunos votaron a Alberto y ahora se manifiestan desilusionados. La actriz Gladys Florimonte es apenas un ejemplo. Pero hay jubilados a los que le prometieron aumentarles el 20% y le rapiñaron el 10 o comerciantes que les juraron que iban a reactivar y ahora tienen los negocios cerrados y fundidos. Son los indignados argentinos. Nadie los lleva en colectivos ni les indica que tienen que cantar. Se mueven con toda independencia de los partidos políticos y se auto convocan con el apoyo de algunos dirigentes opositores. Esta realidad es incomprensible para los análisis pre históricos del justicialismo. Por eso algunos dicen que ese gentío va a las marchas porque los medios les llenan la cabeza. Todo lo contrario. Gran parte de esa gente es muy crítica de los medios tradicionales que tampoco logran despejar esta incógnita.
El gobierno, con sus despropósitos, es uno de los que contribuyó a masificar esa marcha. Porque cargó de bronca a la gente al acusarlos de querer contagiar el virus, porque los trató de tontitos que no pueden pensar por sí mismos y porque no les deja otro camino que la calle para decir basta.
Basta de impunidad. Basta de mentiras. Basta de multiplicar la pobreza y la desocupación. Basta de inseguridad y de favorecer a los delincuentes. Basta de meterle miedo a la gente con el manejo ineficiente que hicieron de la cuarentena más larga del mundo.
Esa es la palabra que podría resumir todo lo que pasó ayer. Basta. Basta de llevarse por delante las instituciones. Basta de la prepotencia que genera una rebeldía pacífica y corajuda.
Basta de trampas del gobierno de Cristina y Alberto que están en su peor momento.
Con San Martín, haciendo patria – 17 de agosto 2020
A esta hora, exactamente hay miles y miles de argentinos haciendo patria en el día del padre de la patria. Miles y miles de compatriotas, con don José de San Martín como símbolo, construyendo los pilares del país que viene. Miles y miles de ciudadanos en más de 150 lugares emblemáticos de nuestra Nación poniendo el cuerpo y la pasión en movimiento en las calles y en las plazas.
Miles y miles de argentinos envueltos en banderas celestes y blancas, contra viento y marea, están protagonizando un hecho político histórico que le pone límites al patoterismo de estado y la cleptocracia.
Y digo que lo están haciendo contra viento y marea como una metáfora pero todos los que intentaron dinamitar esta expresión popular tienen nombre y apellido.
El primero fue el presidente Alberto Fernández. Su principal arma fue el miedo. Trató de meterle terror a la gente. Casi casi, dijo que se iban a morir todos los que participaran de esta movida cívica y republicana. Confundido, el jefe de estado llamó a respetar una cuarentena eterna que según él ya no existe más. ¿En qué quedamos? Otra vez Alberto que va y que vuelve y no sabe dónde pararse. Es que la mentira tiene patas cortas. La verdad es que Alberto no quiere que la gente proteste ni se queje porque esos alaridos multitudinarios van dirigidos contra él y su jefa, Cristina, la que gobierna realmente este régimen vice presidencial.
Alberto amenazó con el virus porque sabía que la gente iba a marchar en forma masiva. No dijo una palabra, casi ignoró el tema, cuando su dirigente sindical preferido, Hugo Moyano, bloqueó la planta de Mercado Libre con 150 muchachotes pesados y agresivos que les hablaban en la cara a las autoridades de la empresa. Y sin barbijo. Y sin distanciamiento. Y con un atropello antidemocrático brutal. Alberto no dijo una palabra. Los empleados del sindicato de camioneros y los de la empresa de vigilancia que tiene Moyano, parece que no se contagian ni contagian a nadie.
Alberto quiso pero no pudo, obligar a Horacio Rodríguez Larreta para que no permitiera o dispersara la concentración alrededor del Obelisco. Primer error. La gigantesca demostración de descontento no fue solamente en el Obelisco. Fue en muchos lugares de la Ciudad. La esquina de Juncal y Uruguay, por ejemplo, donde vive Cristina y Cristóbal López paga las expensas de tres departamentos. Eso fue para que la vice escuche los reclamos populares. También en la Quinta de Olivos, para que tome nota el Presidente formal. Pero este océano embanderado con San Martín en el corazón se desplegó por todo el territorio del país. Casi no hay ciudad en donde no se hayan defendido los pilares de la democracia y la división de poderes. Y en muchas provincias gobernadas por el peronismo, la ocupación del espacio público por parte del público, fue de una contundencia casi sin antecedentes. Por la extensión territorial, por la cantidad de participantes y porque nadie fue obligado ni llevado en colectivo. Todos fueron en defensa propia y con sus propias pancartas, consignas y reclamos.
Pero hay otro tema que termina con este debate absurdo que el cristinismo pretendió instalar para abortar la protesta que le produce un gran costo político al gobierno. No hay un solo dato riguroso que certifique que estas movilizaciones, al aire libre, con barbijo, distanciamiento y todos los cuidados, generen contagios importantes de coronavirus. Le doy un ejemplo clarísimo. Quien quiera oír que oiga. En Avellaneda, Santa Fé, el repudio al intento jurásico de expropiación de Vicentín fue rechazado con la mayor concentración de habitantes de toda la historia. Jamás en esa ciudad se juntó tanta gente. Ya pasó el tiempo suficiente para que aparezcan los contagiados y los muertos. ¿Sabe cuántas personas hay con coronavirus en Avellaneda? Cero. Ninguna. ¿Sabe cuántos fallecieron? Cero. Ninguno.
Está muy claro que las reuniones sociales masivas o las fiestas o los recitales bajo techo y en locales cerrados son muy peligrosos y hay que evitarlos. Pero a cielo abierto y con todas las precauciones, casi no hay peligro de nada.
Pero no solamente fue el presidente el que intentó frenar este tsunami humano contra el gobierno. Luana Volnovich, jefa del PAMI y del estado mayor de La Cámpora, escribió por Twitter que: “Si alguien convocara a mi mamá a una marcha, lo mato”. Por el mismo soporte, el lúcido periodista Jorge Sigal, le contestó: “Si un hijo me tomara por idiota, le explicaría que la vejez no es una disfunción sino una etapa de la vida”. De paso me gustaría decirle a Luana que les explique a los jubilados como fue que su gobierno ya le rapiñó a los jubilados el 10,5% de sus haberes y eso que Alberto había prometido aumentarles el 20 % desde el primer día. Le mintieron, y le metieron la mano en el bolsillo.
Por eso muchos jubilados que habían votado a los Fernández, se sintieron traicionados y fueron a la marcha. Y muchos comerciantes, también. Por ingenuidad o por exceso de esperanza, votaron a Alberto y ahora se fundieron y tuvieron que cerrar sus negocios y olvidar sus sueños de progreso. En los móviles y en los carteles podía verse que de esta movilización en desarrollo no están participando solamente los que integran ese 40 % que votó a Macri. Alberto sacó el 48% en las elecciones y hoy su imagen positiva solo llega al 40. Ahí están los arrepentidos del voto. Los que sumaron su voz a todas las voces opositoras.
Digo que entre lo que intentaron frenar estas marchas, también estuvieron pocos dirigentes de Juntos por el Cambio. Algunos callaron por vergüenza. Se borraron de este debate. Y otros se hablaron encima como el ex senador Federico Pinedo. Dijo por radio que él no iba a participar porque “su rol es generar diálogo y no rispideces”. Y no tuvo mejor idea que citar una frase de Perón: “Primero está la patria, después el movimiento y finalmente, los hombres”. Pinedo tal vez no se percató que ese gentío está haciendo eso mismo, no porque sigan a Perón, lo hacen por sentido común y por compromiso ciudadano. Están en la calle defendiendo la patria y tratando de construir una mejor, sin ladrones de estado ni chavistas, con división de poderes, libertad y sin la impunidad que busca Cristina. O sea que primero la patria, está cumplido. Segundo el movimiento. Este movimiento de los indignados argentinos es profundamente republicano y cada vez más popular. Muchos se sienten representados por Juntos por el Cambio y muchos otros, no. De hecho en estas expresiones no hay banderas partidarias ni líderes que hablen desde un escenario. Están pariendo nuevos dirigentes y reconociendo quienes tienen vocación de poder y quienes creen que la política es la rosca de los despachos. La democracia es búsqueda de consensos y también expresión pacífica de disensos. Y la política con mayúsculas la suelen construir los pueblos. Si Pinedo quiere, también le cito a Perón. El pueblo avanza “con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”. Y además, a esta altura del cuarto gobierno kirchnerista, está claro que hay que dialogar todo el tiempo. Pero si el que dialoga con vos te invade tu casa, te mata al perro y se acuesta en tu cama, más que dialogar hay que defender la dignidad. Una cosa es la moderación y la búsqueda de consensos. Eso es correcto. Pero otra cosa muy distinta es poner siempre la otra mejilla para recibir cachetazos al por mayor. Eso es perder la dignidad y nadie puede defender la dignidad de los argentinos si no sabe defender su propia dignidad.
Estamos en uno de los momentos más graves de la historia. Con una política sanitaria errática para combatir el maldito virus, con una hecatombe económica inédita que multiplica la pobreza, destruye empleos y empresas, con una inseguridad que potenció su criminalidad con la irresponsable y suicida liberación de presos. Es ahora donde se deben demostrar las condiciones de coraje y lucidez por parte de los que se proponen conducir o liderar la sociedad. La gente lo hizo por su cuenta. Fueron muy útiles las protestas anteriores. Frenó la expropiación de Vicentín y defendió la ley y la propiedad privada y cerró las puertas de las cárceles que el cristinismo había abierto con frivolidad ideológica. Los banderazos y los cacerolazos fueron determinantes para limitar esos despropósitos. No fue con comunicados lavados ni con discursos en el Congreso. Esto lo digo para los que cuestionan la eficacia de estos movimientos espontáneos e independientes que marcan el camino. La gente fija la agenda. En la calle y en las redes. Toma la iniciativa que muchos políticos abandonaron. Algunos acompañan con sabiduría y otros se quedan al costado del camino con sus dudas.
Fueron tragicómicos los funcionarios de gobierno, tuiteando la siguiente consigna: “Yo no marcho”. Veloz le contestaron: “Obvio, como van a marchar si la marcha es contra ustedes”.
Insisto: estamos atravesando uno de los momentos más terribles desde la recuperación de la democracia. Mucha gente le está poniendo trabas al intento de convertir a la justicia en una Unidad Básica del kirchnerismo. Mucha gente está a la altura de las circunstancias. Muchos dirigentes miran sin comprender y no saben para donde correr. Así es la vida. Y la política. Por eso el banderazo se llama “banderazo patriótico”.
Los banderazos de San Martin – 14 de agosto 2020
Todos los 17 de agosto son especiales para quienes sentimos devoción patriótica por don José de San Martin. Pero este lunes, será particularmente trascendente. No solamente porque se cumplen 170 años desde su fallecimiento. También porque una parte importante de nuestros compatriotas, van a protagonizar la historia con un banderazo que será de una masividad pocas veces vista. Como lo decía al comienzo en su convocatoria el querido Luis Brandoni.
Por supuesto que un alarido colectivo de repudio a los atropellos autoritarios y a la búsqueda de impunidad por parte de Cristina, la dueña del poder real en Argentina. Esta manifestación tendrá características únicas. Las imágenes en los libros de historia mostrará a la gente con barbijos para cuidarse y cuidar al prójimo, con distanciamiento social y alcohol en gel en la mano pero con pancartas repletas de exigencias y muchos conceptos que dejó grabado a fuego San Martín en el ADN de la patria.
No habrá banderas partidarias ni gente obligada a participar. No habrá aparatos clientelares ni consignas pre cocidas. Habrá libertad absoluta para que todos digan lo que les dicte su corazón. En la ocasión anterior, el presidente Alberto Fernández dijo que “era gente confundida”, cuando en realidad el confundido es el. Fue el propio presidente el que le pidió a la gente que si tomaba por un camino equivocado, salieran a la calle a decírselo. Y eso está haciendo una inmensa porción de los habitantes de este bendito país. Porque están hartos ya de estar hartos.
“Han encerrado bajo llave el porvenir de la gente”, dijo Santiago Kovadloff en su convocatoria. “Convirtieron la reclusión en una mordaza de los derechos y de la libertad y han envilecido la palabra con la indecencia”. El filósofo y escritor que mejor analiza lo que nos pasa y porque nos pasa, dijo que estos banderazos “son la puerta de entrada a un civismo nuevo y han convertido a las fechas patrias en algo distinto a un mero feriado.” Kovadloff dijo que esta participación ciudadana viene a traer simbólicamente al general San Martin de su exilio y a tratar de pagar la deuda que tenemos con los padres fundadores de la República.
En las redes, las invitaciones que circulan, que son decenas, en su mayoría citan al padre de la patria que nos puso un sello de identidad cuando dijo que: “Seamos libres, lo demás no importa nada”. Es el cierre de ese extraordinario legado de don José de San Martin. Hablo del corazón conceptual de la Orden General a “sus compañeros del Ejército de los Andes”, en 1819. En este momento, esas palabras, cobran un valor extraordinario: “Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco, no nos va a faltar. Cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mujeres y si no, andaremos en pelotas como nuestros paisanos, los indios: Seamos libres, lo demás no importa nada”.
También dijo San Martín que él y sus oficiales iban a dar “el ejemplo en las privaciones y el trabajo y que prefería la muerte a ser esclavo”.
Con ese espíritu parte del pueblo se está auto convocando para el lunes que viene. Con la firmeza de saber que: “Cuando la patria está en peligro todo está permitido, excepto no defenderla” y con ese combate al silencio cómodo y cómplice porque todos aprendimos que “Hace más ruido un hombre gritando que cien mil que están callados”.
Esta vez no será un hombre gritando. Serán miles y miles. A lo largo y a lo ancho de toda el mapa nacional.
Las demandas están muy claras:
• Libertad absoluta, sin autoritarismo patoteros y mafiosos.
• División de poderes y basta de atropello a la justicia.
• No a la impunidad de ningún delincuente. Juicio, castigo y condena para Cristina, su familia y sus cómplices del Cartel de los Pingüinos.
• Basta de defender y liberar a los delincuentes mientras aumenta la crueldad de los crímenes y los robos.
• Volver con responsabilidad y protocolos a la actividad económica y educativa que evite que la gente se derrumbe por el hambre y que sus sueños de progreso se evaporen en el aire.
• Respeto por los que piensan distinto y límites para los que estigmatizan con mentiras cualquier disidencia.
• Final de la asfixia impositiva que no permite la movilidad social ascendente y que nos estanca eternamente en la emergencia de la dádiva.
• No a la reforma judicial que la mayoría de los jueces y fiscales rechazan y que tiene un solo objetivo: evitar que Cristina vaya a la cárcel.
• Respeto por la integración de la Corte Suprema y frenar los intentos chavistas de buscar mayorías automáticas para hacer lo que se les de la gana.
Don José de San Martín es, por lejos el argentino más grande de todos los tiempos, el padre de la Patria. Cruzó la imponente cordillera de Los Andes a un promedio de 3.000 metros de altura y con 5.200 soldados llenos de coraje y patriotismo pero con graves dificultades de todo tipo. Fueron constantes los problemas de alimentación, de traslado y de vestimenta que padecieron. Tenían 10 mil mulas, 1.600 caballos, 600 vacas, 22 cañones, 5 mil fusiles, 900 mil cartuchos, 1.100 sables y unos corazones así de grandes. Es que el motor emancipador fue más fuerte. Liberar al continente era una utopía en marcha.
Por eso hoy lo necesitamos más que nunca. ¡Qué bien que nos vendría en estos tiempos de cólera y twitter su sabiduría y su coraje patriótico! Qué bien que nos vendría que bajara del bronce o se escapara de los libros para darnos cátedra de cómo ser un buen argentino sin robar ni perseguir a nadie ni sembrar el odio entre los hermanos. Porque todavía vive en el corazón de los argentinos. Porque todavía lo necesitamos para recuperar la confianza en nosotros mismos.
Hablaba un poquito con la zeta producto de los 25 años que pasó entre españoles y, por pedido de la tropa, no era extraño verlo al lado del fogón, cantando y pulsando la guitarra. Se hacía respetar y ejercía el mando con firmeza porque daba el ejemplo de valentía y como estratega. Pero nadie le quitaba el placer de comer un puchero, charlando con el cocinero sobre los secretos de los aromas y los sabores o comer un asado a cielo abierto en plena cordillera de los Andes. Mientras, la cruzaba en mula, en caballo o en camilla en la más grande epopeya americana que se recuerde. Solía abrir los bailes con el minué porque era un prócer de carne y hueso. Tanto que don José, tenía fama de don Juan. San Martín, al revés de los Kirchner, era austero y honrado hasta la obsesión. Incluso le hizo quemar a su esposa Remedios los fastuosos vestidos de Paris que tenía porque decía que no eran lujos dignos de un militar. Manejó cataratas de fondos públicos y murió sin un peso. En su testamento se negó a todo tipo de funerales. La muerte lo encontró en el exilio, casi ciego, muy lejos de Puerto Madero en todo sentido. Permítame un comentario dolorosamente irónico: igual que ahora, ¿No? Usted me entiende.
Don José de San Martín fue un ejemplo de rectitud cívica en tiempos de traiciones, corrupción y contrabando. Enseñó a no discriminar predicando con el ejemplo: creó el regimiento número 8 de los negros y después les dio la libertad tal como se los había prometido a sus queridos faluchos.
Estamos hablando de alguien que como primer acto de gobierno en Perú aseguró libertad de prensa y decretó la libertad de los indios y de los hijos de esclavos y encima redactó el estatuto provisional, un claro antecedentes de nuestra Constitución tan humillada durante demasiado tiempo. Su gran preocupación fue no concentrar el poder y por eso creo el Consejo de Estado y se preocupó para que el Poder Judicial fuera realmente independiente.
Qué bien que nos vendría ahora ese San Martín convencido de que la educación era la forma más profunda de soberanía. Decía que la educación era más poderosa que un ejército para defender la independencia. Es que San Martín era un militar y un guerrero de una capacidad extraordinaria. Pero también un demócrata cabal. El principal lema de la Logia Lautaro que el redactó dice textualmente: “No reconocerás como gobierno legítimo de la patria sino a aquel que haya sido elegido por la viva y espontánea voluntad del pueblo”. San Martín era el que se bancaba con una valentía increíble su solitaria lucha contra el asma y el reuma. El que se levantaba tempranísimo para poder tolerar sus úlceras gástricas que lo llevaban a fumar opio para calmar los terribles dolores que tenía.
San Martín es el padre de la patria y nosotros, sus hijos, debemos honrar su memoria tratando de multiplicar sus valores y de construir una Argentina a su imagen y semejanza. Llegó la hora de ponernos de pié. Ya pasaron 170 años de su muerte. Tenemos que hacernos cargo y juramentarnos. Es la ley de la vida. Sin nuestro padre tenemos que construir una patria justa para nuestros hijos. Ese espíritu flotará el lunes entre los banderazos celestes y blancos. Y, como dice la Marcha de San Lorenzo, “nuestros granaderos aliados de la gloria, inscriben en la historia, su página mejor”.