Ya se cumplieron seis meses de su gobierno. Sin embargo ayer fue el peor día de Alberto Fernández de Kirchner.
El régimen vice presidencial, como lo definió el constitucionalista Daniel Sabsay, sufrió varias derrotas políticas. Muy temprano en esta radio, el ministro Matías Kulfas fue sometido a una verdadera paliza intelectual por Marcelo Longobardi. El funcionario cometió la burrada de dar a entender que la actividad agropecuaria es un recurso natural. De esa manera, demostró una ignorancia absoluta de lo que es la esforzada e innovadora producción del campo, el sector más competitivo de la Argentina. El ex ministro de Agricultura, Luis Etchevehere salió a cruzarlo y ponerlo en evidencia con mucha ironía, anoche en mi programa de TN. Se preguntó si Kulfas cree que hay manantiales de leche, canteras de soja o yacimientos de maíz.
El anuncio de la expropiación de Vicentín se convirtió en un auto atentado político. Generó un verdadero terremoto por donde se lo mire. Primero, el presidente formal, Alberto y su jefe de gabinete, salieron a dar explicaciones, casi como mendigando comprensión. “Yo soy el que tomó la decisión, no Cristina” le decía Alberto a los cuatro vientos. Esta expropiación “es excepcional. No vamos a expropiar otras empresas que estén concursadas”, dijeron ambos. Si tienen que dar tantas explicaciones es porque tienen la palabra más devaluada que el peso. Alberto a esta altura es muy poco creíble. Es como el tero, pega el grito en un lado y pone el huevo en el otro. Fue demasiado obvio lo que ocurrió a la vista de todos. Amado Boudou le anunció a un periodista empleado de los K, que se venía la expropiación de Vicentín. Un grupo de setentistas sin votos emitió un documento sobre el tema. Y después la senadora mendocina que es una de la principales operadoras de Cristina le agradeció a Fernández que se sumara a la idea. Fue una imposición del cristinismo de acá a la luna. Y muchos periodistas se preguntan hoy quien gobierna la Argentina. Yo no tengo dudas. Desde el comienzo dije que Alberto solo era un títere y un instrumento que fingió ser moderado y fue funcional a los intereses autoritarios, corruptos y de búsqueda de impunidad de Cristina. De hecho, Gabriel Mariotto ya dijo que fue muy útil la moderación para ganar las elecciones, pero que ya era hora de terminar con la moderación. Y eso fue lo que pasó. Alberto jura que la decisión fue de él. Si fuera cierto no tendría ni que aclararlo. Yo soy el conductor de este humilde programa. Y no necesito jurarle a la gente que es así. Se ve todos los días. Una chicana al paso. Dicen que Alberto le dijo a sus amigos que en su charla con la ex presidenta, el se quedó con la última palabra: “Si Cristina”, le dijo.
Como si esto fuera poco la ruptura de la división de poderes con un ilegal e inconstitucional decretazo produjo más daño que beneficios. Las acciones argentinas se desplomaron en Wall Street. La negociación con los bonistas se complicó al máximo. Y el riesgo país aumentó más de 5 puntos. Es que la señal que transmitieron fue obvia: nada de seguridad jurídica para las empresas privadas ni para los inversores.
Como si esto fuera poco, la falta de tacto y de sensibilidad política hizo que una decisión tan grave tomada en un escritorio de la Casa Rosada, derivara en una verdadera pueblada, masiva, pacífica pero muy combativa. Miles de habitantes de Avellaneda, en el norte santafesino, salieron en forma espontánea, envueltos en banderas argentinas a abrazar simbólicamente a la empresa Vicentín y a repudiar este avance sobre el mercado de granos y sobre la propiedad privada. Periodistas de la zona aseguraron, igual que su intendente que nunca habían visto una convocatoria de tanta masividad. Y eso que fue en un par de horas y por las redes. Y sin la participación de los partidos políticos. Se tuvo que improvisar un acto y uno de los oradores dijo que “no hay nada más fascista que atentar contra las libertades individuales y la propiedad privada”.
Gente que siempre fue burócrata del estado y que nunca manejó ni un kiosco, no alcanzó a entender el orgullo que tiene la gente del interior del interior por una empresa familiar de tres generaciones que en 90 años solo produjo fuentes de trabajo y progreso colectivo. El ciudadano trabajador y esforzado que apuesta a la meritocracia que los Fernández tanto combaten, siente agradecimiento por esa empresa cuyos dueños la convirtieron en una potencia y no se mudaron de la tierra que los vió nacer. El intendente Scarpin lo dijo ayer en estos micrófonos: el estado solo aportó atraso y arbitrariedad y el cobro feroz de impuestos. Le sacaron el ferrocarril, le sacaron el puerto, no pueden mantener la ruta más importante y encima ahora se quieren quedar con un capital logrado durante 90 años de trabajo.
Fue tanta la bronca y la indignación del pueblo que no le permitieron entrar a la empresa a los delegados de la intervención. Más aún, a la tardecita, en Reconquista, rodearon el hotel donde se alojaban y gritaron y cantaron para que se fueran de la provincia, cosa que finalmente ocurrió.
El gobernador Omar Perotti, otrora un dirigente prudente y no kirchnerista, se había sumado a esa movida anticonstitucional y absolutamente fallida. Tal vez no advirtió que se trataba de la continuación de la guerra de la 125 por otros medios. Creyó que la intervención y expropiación era solo para la gigantesca cerealera. Pero parece que es contra todo el grupo Vicentín que incluyen muchas empresas de otros rubros que funcionan a la perfección y que no despidieron a ningún trabajador pese a la hecatombe económica y a los serios problemas financieros que tuvieron. Ayer el ministro Daniel Costamagna tuvo que desmentir su renuncia al gabinete de Perotti pero nadie pudo ocultar la profunda crisis que se produjo. A esta altura, Perotti debería saber que el que se acuesta con cristinistas, amanece mojado. O directamente que la palabra de los K no tiene valor porque no vacilan un segundo en llevarse todo por delante para lograr sus objetivos. ¿O alguna vez en la vida Cristina pidió perdón por algo? ¿O alguna vez reconocieron la dimensión colosal de la corrupción que instalaron desde que llegó Néstor a la intendencia de Río Gallegos hasta la fecha. Le recuerdo que el escándalo fundacional de estos muchachos fue la estafa que hicieron con los tristemente célebres Fondos de Santa Cruz. Seiscientos treinta millones de dólares, que luego fueron mil, se evaporaron en el aire. Nadie sabe a dónde fueron. Nunca mostraron ni una boleta de depósito. Lo contamos en su momento en un programa de televisión que hacíamos con Longobardi y nos censuraron y nos echaron por exigencia de Julio de Vido y Néstor Kirchner. Hoy su hermana Alicia reconoció que de aquella montaña de dinero, solo quedaron poco más de 9.600 dólares. Un robo a cara descubierta del cartel de los pingüinos emperadores y los patrones del mal.
Un gobierno sensato y no vengativo, si de verdad quería aportar una solución, podría haber ayudado a armar una alianza con un grupo de cooperativas muy poderosas y eficientes que existen. O permitir que algún socio se incorporara a la empresa para sanearla. Pero no. Dispararon chavismo jurásico y ladri progresismo feudal. Es lo que le sale naturalmente a Cristina. Es lo que acata Alberto, sin chistar.
Como si todas estas malas noticias fueran pocas, un grupo de diputados opositores denunció penalmente a Alberto Fernández por abuso de autoridad y violación de la Constitución. Es que se decretazo le pasó por encima al Congreso y a la justicia que estaba interviniendo para evitar la quiebra de Vicentín. Hasta el brillante intelectual y ex presidente de Brasil dijo que lo de Vicentín, era “un camino peligroso”. El Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, mediante un comunicado dijo que esta intervención “resulta absolutamente inaceptable”.
Ayer se lo dije y hoy lo repito. Ni el peronismo más tradicional estuvo de acuerdo. Ni la derecha patotera de Guillermo Moreno ni el centro social cristiano de Roberto Lavagna. Ambos hicieron declaraciones tomando distancia de semejante locura. Hace unos días, Juan Grabois dijo que hace falta otro liderazgo porque Alberto no corta el bacalao. Sergio Berni, el Sheriff que va armado a detener delincuentes, lo ninguneó confirmando lo obvio: “La única que conduce nuestro espacio es Cristina”. Yo nunca tuve ninguna duda. Por eso arranque esta columna con la ironía de llamarlo Alberto Fernández de Kirchner.
Hoy Alberto tratando de disimular un poco dejó de hablar de expropiación y soberanía alimentaria, conceptos chavistas si los hay y se refirió a su decisión como un rescate de la empresa. Sobreactuó diciendo que no tiene vergüenza en decir que es capitalista. Eso es cierto. Tampoco tuvo vergüenza en convertirse en puente de oro para el regreso de Cristina al poder. No tuvo vergüenza porque no tiene vergüenza.
Cada vez me queda más claro una verdad política: la victoria de los malos es producto de la cobardía de los buenos.
El chavismo de Cristina expropiadora – 9 de junio 2020
Cristina abrió la temporada de caza y pesca. La caza de empresas privadas para expropiar y la pesca de ingenuos y otarios que se comen ese caramelo envenenado.
Alberto Fernández de Kirchner, el gerente de Cristina, cometió el sincericidio de decir que “Ya tendrán tiempo de compararnos con el infierno y con Venezuela”.
Ese tiempo ha llegado, profesor. No tengan dudas de que vamos rumbo al infierno chavista y ella, tal como anticipó, viene por todo. A la justicia, la tienen arrinconada contra las cuerdas y más temprano que tarde van a ponerle la camiseta partidaria a un procurador militante como Daniel Rafecas y a una nueva Corte Suprema de Justicia con mayoría automática. Al Congreso lo tienen en cuarentena y todos los días intentan robarle un senador o un diputado a algún gobernador de Cambiemos. Necesitan mayorías calificadas y son capaces de apretar de la manera más cruel y de pagar el precio que tengan que pagar, con tal de lograrlo. El fin justifica los medios.
Ayer fueron a fondo en lo económico y concretaron los sueños más radicalizados de los que se quieren quedar con las empresas privadas, edificar de nuevo la Junta Nacional de Granos y someter a sus caprichos a todo el comercio y la producción. Todos son fracasos del pasado que hoy están ocultos tras el humo de la pandemia y que los disfrazan de ayuda a los más débiles. Y una parte importante de la sociedad compra semejante mentira. No se dan cuenta que esa fiesta de expropiaciones y estatizaciones, finalmente la terminamos pagando todos los argentinos. ¿O de donde va a salir la plata para este aventurerismo falsamente emancipador? ¿La va a poner Cristina, Julio de Vido, Ricardo Jaime, Boudou o alguno de los otros ladrones de estado?
De hecho Boudou, pudo anticipar la medida un día antes porque dicen, fue otra ocurrencia suya.
¿O la vamos a pagar todos los argentinos, que trabajamos con la asfixia impositiva llevada a niveles confiscatorios? Estos muchachos socializan las deudas y concentran las ganancias. En la perinola de la política de Cristina, sale “todos ponen” para el ciudadano y “toma todo” para la reina.
Todos los argentinos ya tuvimos que enfrentar juicios millonarios y pagar fortunas por los espasmos presuntamente revolucionarios del infantilismo de los K. El Correo, Aerolíneas, YPF, Aysa y Ciccone que es el colmo de los colmos porque todavía no se sabe a quién se expropió la empresa. Fue para ocultar el robo a cara descubierta de Amado Boudou, tal como lo dijo Alberto cuando no era cómplice de Cristina. Como será de trucho todo que ni el patotero de Guillermo Moreno aprueba este salto al vacío. No es casual que las acciones de las empresas argentinas, se hayan caído tanto.
El ex ministro Roberto Lavagna también hizo una dura advertencia. Aseguró en un tuit que “no es esencial la invasión del campo de la actividad, el ingenio y el esfuerzo de la iniciativa privada” y agregó que “no bastan el estado y los amigos del poder para que las cosas salgan bien”.
A esta altura, es necesario encender las luces de alerta en el tablero de la democracia republicana. Porque el virus los ayudó a llenar la vida de Decretazos de Necesidad y Urgencia (DNU), a emitir un tsunami de billetes que cada día valen menos y a avanzar sobre las libertades y la propiedad privada.
La excusa de que Vicentín es una empresa concursada es de alto riesgo. La cuarentena eterna va a condenar a miles de empresas a esa misma situación. ¿Qué van a hacer? ¿Van a expropiarlas a todas? Veremos que dice “Alber…títere” manejado por Cristina.
Es cierto lo que dice el documento de la oposición. Esta movida impulsada por Cristina y la senadora camporista Anabel Fernández Sagasti es ilegal e inconstitucional. El problema es que, dentro de poco, no habrá juez ni cámara ni corte que se atreva a ratificar eso. Pensar que hubo algunos pechos fríos que creyeron que Alberto era bueno y prudente y que Cristina era mala y autoritaria. Supongo que esa ilusión óptica no los va a engañar más. Pero no estoy tan seguro. Un amigo me aportó la siguiente metáfora: Cristina es la pistola y Alberto el silenciador. El disparo letal hacia el sistema democrático sale sin ruido del arma del nacional populismo o del ladri progesismo feudal. Es el modelo que Néstor instaló en Santa Cruz y que le permitió quedarse a vivir en el poder. Kirchnerismo eterno. Reelección indefinida, reparto de legisladores amañado, justicia totalmente colonizada y empresas y gremios con amigos y testaferros. En 20 años, modificaron 28 veces la ley electoral. La fueron acomodando hasta tener siempre un traje a medida de sus necesidades.
Por eso es casi imposible vencerlos en las urnas. Se quedan a vivir en el poder. Se convierten en dueños de la casa de gobierno y no en sus inquilinos. Muere la alternancia. Igual que San Luis o Formosa y tantos feudos. Recién después llegó el chavismo. Y aprovecharon para blindar con verborragia de izquierda su rol como patrones del mal. No fue Néstor el que se chavizó. Se podría decir que Hugo Chávez se kirchnerizó. Aunque es cierto que el grito de guerra de: “Exprópiese” lo popularizó Chávez.
No es gratis hacer tierra arrasada con las normas y la Constitución. Esta locura es que un estado quebrado, que impulsa a una empresa como YPF que tiene deudas por 8 veces su valor, para gestionar Vicentín que tiene una deuda mucho más chica que su patrimonio. Vicentín debe 1.300 millones de dólares. ¿Qué van a hacer con Aerolíneas Argentina que debe 60 mil millones de dólares? ¿La van a estatizar? Pero ya está estatizada? Y OCA que le debe fortunas al estado pero es de los amigos de Hugo Moyano. O la mismísima Oil Combustibles, empresa de Cristóbal López que también tiene una deuda colosal.
Lo más grave es que lo de Vicentín es solo el primer paso de muchos. Porque este es el corazón de su plan económico. Alberto, les hizo el verso a todos. A los empresarios que les dijo que ellos eran capitalistas que respetaban las reglas. Y a la gente a la que le planteó que el proyecto de la diputada Fernanda Vallejos eran “ideas locas”. Se quedó corta Vallejos. Ella proponía quedarse con acciones de las empresas que ayudaran. Alberto firmó el decretazo para apropiarse de una de las agroexportadoras de aceite y harina de soja más grandes del mundo. Una legisladora mendocina puso en Twitter: “Ya intentaron quedarse con la fábrica de pesos y ahora van por la fábrica de dólares”. Es que el mercado de granos es la principal fuente de divisas del país.
Como si esto fuera poco, la señal que se les da a los inversores que tanto necesitamos es de terror. ¿Quién va a querer poner un peso en un país que expropia una empresa de la noche a la mañana y encima te dicen que te están haciendo un favor?
El plan estuvo perfectamente diseñado. La primera piedra la tiró un grupo de integrantes del “setentismo gagá”, como los calificó Jorge Fernández Díaz. Hablo de personajes sin votos como Pino Solanas, Juan Grabois, Claudio Lozano, Mempo Giardinelli, Victoria Donda y Horacio González entre otros.
Después armaron el proyecto y en secreto se lo llevaron a Alberto con la orden de Cristina de avanzar a paso redoblado. Fue patético el nivel erosión al que sometieron la investidura presidencial cuando la senadora mendocina le dijo al presidente de la nación: “Me alegro mucho que te hayas sumado a esta idea”. In your face.
Los Fernández utilizan el concepto chavista de “Soberanía Alimentaria” con la excusa de que es para que cobren los pequeños productores. Pero, en realidad es para tener una nueva y monumental caja de dinero, para condicionar el precio de los granos junto a YPF agro y para darle trabajo y dinero fácil a muchos militantes de La Cámpora como han hecho en todos los directorios y organismos donde hay buena paga segura y poco trabajo.
De paso van edificando la Junta Nacional de Granos y siguen hostigando a los productores agropecuarios. Robo de ganado, incendio de campos y destrucción de silo bolsas hasta llegar a cierto nivel de reforma agraria, tal como propuso Juan Grabois. Es la continuación de la guerra de la 125 por otros medios.
Decían que Grabois, Gabriel Mariotto, Fernanda Vallejos o Dady Brieva eran solo expresiones marginales del cuarto gobierno kirchnerista. Vamos hacia un régimen que todos estos referentes propusieron. Vamos de una vez por todas y rápido hacia Venezuela, como pidió Brieva.
Ojo que Mariotto también habló de la ley de medios. No vaya a ser que en un par de semanas, Alberto sea hablado por boca de Cristina y diga que la información es un bien social y que van a expropiar algún medio de comunicación para garantizar “la soberanía informativa”.
¿O la comunicación no es estratégica para el proyecto de Cristina? ¿O no acusa a los medios de ser parte de su persecución y del Lawfare?
Nadie debe subestimar a Cristina. Va a fondo y no va a parar hasta tener el control absoluto de la Argentina, su prontuario limpito y virgen como si fuera la Madre Teresa y la posibilidad concreta de meter preso a Mauricio Macri y varias figuras del gobierno anterior. Acuérdese lo que le digo. Siempre hay que pensar lo peor, lo más antidemocrático y se acierta en el caso de Cristina. Todo está en su biografía. Y Alberto también avisó. Los que no miraron para otro lado, habrán visto que puso como ejemplo de líder político y humano a Gildo Insfrán. Formosa es un estado feudal donde casi no hay actividad privada.
Muchos empresarios están en silencio y temblando. Se repite la historia. Algunos dirigentes de la Unión Industrial siguen reaccionando con una tibieza muy parecida a la complicidad. No se atreven ni a imaginar que si ahora le tocó el turno a Vicentín, mañana puede ser Celulosa o Aceitera General Deheza, solo por poner dos ejemplos imaginarios.
Muchos altos dirigentes opositores, también se confundieron y cometieron el peor de los pecados. Dijeron que querían colaborar con este gobierno y que no iban a poner palos en la rueda para demostrar que eran distintos. Alguno de esos ingenuos también van a terminar recorriendo los tribunales o en la cárcel. Les pegaron y les van a seguir pegando cachetazos y ellos van a seguir poniendo la otra mejilla. No aprenden más. Llegó la hora de que la oposición le ponga límites al autoritarismo chavista o mejor que se dediquen a otra cosa. Sería bueno que sepan que se están jugando su prestigio político, pero también están poniendo en riesgo su propia libertad. Cristina no se conforma con no ir presa. Quieren que vayan presos los que se atrevieron a investigarla.
Van a apropiarse de Vicentín. Y eso es grave. Pero mucho más grave es que se van a apropiar de la justicia, el Congreso y las instituciones republicanas. Como dijo Daniel Sabsay: “el régimen vice presidencial sigue su marcha. La República retrocede”. Se lo dije la semana pasada: la patria está en peligro.
Hitler en la boca de Zaffaroni – 8 de junio 2020
El criminal de lesa humanidad Adolf Hitler, culpable del genocidio más terrible de la historia, aparece muy seguido en la boca sucia de Eugenio Zaffaroni. La última vez, fue como un regalo tenebroso para el día del periodista. Comparó a nuestro oficio con “un partido único, como el de Hitler”. Una salvajada repugnante que no tuvo el respaldo de ninguno de sus compañeros de ruta. Zaffaroni, por el contrario, cosechó un repudio masivo, encabezado por la representación política de la comunidad judía argentina y la entidad que agrupa a todas las entidades periodísticas. Fue acusado de “banalizar el holocausto” y de estigmatizar el ejercicio del periodismo en libertad y con independencia.
Esa fue la última vez que Zaffaroni apeló a Hitler como argumento.
Pero la primera vez fue contra Néstor Kirchner. Suena raro, pero es rigurosamente cierto. Se pueden consultar los archivos de la época. Fue en 1998 y en Santa Cruz. Hace 22 años, había sido invitado por el Frepaso para ayudar en la lucha contra la reelección eterna que Kirchner quería instalar y logró instalar en la gobernación. Zaffaroni apeló a “la Constitución de la República de Weimar “y a “Hitler”. Con el tiempo se supo que el día que Kirchner como presidente, le ofreció el cargo de la Corte Suprema, sacó del cajón del escritorio el recorte de aquella comparación y le pasó la factura. El periodista Daniel Miguez en su libro “Néstor íntimo” cuenta que Kirchner le mostró la nota cuyo título era “Un nazi en la Patagonia”.
Y durante una entrevista del diario español ABC, en el 2004, Zaffaroni, ante la pregunta del periodista confirma y agrega que “la Constitución alemana de 1919 concentró las distintas funciones en una sola persona”. Rubén Lasagno y los valientes compañeros de OPI Santa Cruz me ayudaron a confirmar todo esto.
La del nazi de la Patagonia y los periodistas como el partido único de Hitler, son solamente la primera y la última. Pero el apellido Hitler aparece a cada rato en las declaraciones de Zaffaroni. En abril del 2016 y con el objetivo de ayudar a Cristina en una de las causas que todavía tiene en la justicia dijo que “la figura delictiva de administración fraudulenta fue copiada del Código Penal de la Alemania de Hitler”.
En enero del 2011, en un reportaje de Tiempo Argentino, Zaffaroni aseguró que “Macri es detestable pero puede ganar votos. Si hasta Hitler ganó muchos votos. Muchos genocidas, ganan votos”.
Diana Wang, la brillante intelectual e integrante del Museo del Holocausto de Buenos Aires, publicó que lo de Zaffaroni “es alevosía… no dudo que haya leído la opinión de Hitler sobre la propaganda que no consiste en decir la verdad, sino en señalar un enemigo común que sirva a nuestros objetivos de unidad nacional”. Y lo liquidó conceptualmente cuando Wang escribió que “Es increíble que el profesor Zaffaroni coincida con ellos (se refiere a Hitler, Carl Schmitt y Goebbels) y es indignante ver como la venda ideológica y partidaria enceguece y genera comparaciones que, bien leídas, son autoincriminantes”.
Otro intelectual de fuste como Miguel Wiñazky sumó a Zaffaroni al “panteón de los amanuenses de la insensatez” y citó al filósofo Norbert Bilbeny que en su libro “El idiota moral” se refiere el extraño fenómeno de personas inteligentes que son moralmente imbéciles”.
En las últimas horas, Zaffaroni apareció firmando el manifiesto liminar de la resucitada y rebautizada Carta Abierta, ahora llamada “Comuna Argentina”. Allí junto a Ricardo Forster, Horacio González y Adrián Paenza, entre otros aseguran que van a impulsar “la radicalización de la democracia… contra los que quieren hacer añicos la cuarentena, por la libertad de mercado que desequilibra el resto de las libertades…en medio de la decadencia del sistema capitalista”.
Ernesto Sanz bautizó a Zaffaroni como “el campeón de la hipocresía” porque fue “el creador del derecho a la impunidad, una rama del derecho que no se enseña en ninguna universidad”. Por eso creo que Zaffaroni es una de las personas que más daño le hizo a nuestro país en los últimos años.
Son varias las explicaciones que debería dar.
Antes del triunfo electoral de los Fernández, Zaffaroni cometió un sincericidio en la conducción del operativo “Impunidad para Cristina y libertad a todos los ladrones de estado”. Confesó que impulsará “una ley de revisión extraordinaria para liberar a los presos políticos”. De tan claro fue provocador. Llamar presos políticos a los delincuentes comunes, cómplices y testaferros del kirchnerismo es, entre otras cosas, profanar la memoria de los verdaderos presos políticos que fueron encarcelados por las dictaduras por defender la ley y la libertad.
Pero eso no es novedad. En esto, fue coherente con su trayectoria. El presuntamente prestigioso doctor Zaffaroni, ya tuvo relaciones carnales con dos dictaduras. Durante el gobierno de Macri varias veces dijo que no veía la hora de que se fuera del gobierno. Pero no me extraña su golpismo. El que lo hizo una vez, lo puede hacer de nuevo.
Si se me permite, un par de preguntas al respecto a Zaffaroni:
– ¿Qué espera para renunciar como integrante de la Corte Interamericana de Derechos Humanos? Sus compañeros deberían saber que usted fue juez y juró por los estatutos de dos dictaduras a falta de una y que una de ellas fue el más feroz genocidio perpetrado por Videla y sus cómplices. Hoy defiende la narco dictadura chavista de Nicolás Maduro y a la Cuba de los Castro.
– ¿Es cierto que durante el terrorismo de estado usted no le dio lugar a ninguno de los 120 habeas corpus sobre detenidos desaparecidos que pasaron por su despacho y que por el contrario redactó un manual militar en el que justificaba los golpe de estado y en el que discriminaba a los homosexuales para que no fueran parte del Ejército? Se podría titular deportivamente: dictaduras 2, habeas corpus 0.
-¿ Podría confirmar si las Madres de Plaza de Mayo encabezadas por Hebe de Bonafini hace unos años lo definieron como «juez de la patria» porque milita para el kirchnerismo pero antes lo habían incluido en una lista de 437 jueces que colaboraron con la dictadura militar? No mienta, doctor. Mire que tenemos el recorte de aquella solicitada.
Pero volvamos al corazón del “Operativo Impunidad para Cristina y libertad a los ladrones”. Zaffaroni es el responsable de buscarle un disfraz más digerible o no tan grosero a semejante afrenta. Dijo que el indulto no le gusta, porque no anula el delito. Que la amnistía tampoco, porque debe ser general y estos son casos particulares. Aquí tiene razón: es una ley a medida de los autores del robo del siglo, de la asociación ilícita liderada por Cristina que se dedicó a saquear al estado como nunca antes había ocurrido en democracia. Son casos especiales: las confesiones de los arrepentidos y todas las pruebas documentales confirman el lavado de dinero sucio de las coimas y el colosal enriquecimiento de todos los que rodearon a Néstor y Cristina.
Por eso Zaffaroni, en su incontinencia oral, propone una ley de revisión extraordinaria que sea aprobada por el Congreso y luego ratificada por una Corte Suprema con sus miembros ampliados con militantes, tal como propuso en su momento el intendente de San Antonio de Areco, Francisco “Paco” Durañona, la propia Cristina y el escriba Mempo Giardinelli.
Pero hay más preguntas para Zaffaroni.
-¿Se puede estar en la Corte Interamericana pese a que hay fallos suyos denigrantes de la condición humana y decididamente inmorales y humillantes para las víctimas? Ese fallo debería enseñarse en las facultades de derecho como un ejemplo de agresión a la dignidad de las mujeres, pese a que muchas mujeres militantes contra la violencia de género, jamás dijeron una palabra de esto, tal vez para proteger a un compañero cristinista.
Hablo del fallo Tiraboschi donde usted minimizó la violación de una nenita porque fue realizada con la luz apagada y porque no fue penetración sino sexo oral al que fue obligada la chiquita. Usted impuso una pena por abuso deshonesto y sostuvo que no correspondía aplicar la pena máxima porque, entre otras razones, la víctima, una niña de ocho años, había sido abusada con la luz apagada y, en palabras de la sentencia, “el único hecho imputable se consumó a oscuras, lo que reduce aún más el contenido traumático de la desfavorable vivencia de la menor”. ¿Escuchó bien? Zaffaroni llamó “desfavorable vivencia de la menor” a la penetración que un degenerado hijo de puta le hizo por su boca.
-Doctor Zaffaroni. ¿No tiene ninguna responsabilidad además de haber pagado la multa correspondiente, por haber alquilado sus departamentos para que en 5 de ellos se ejerciera la prostitución? ¿No cree que sus excusas fueron poco creíbles cuando señaló que fue su amigo íntimo el que administraba esos departamentos y que usted no conocía a los inquilinos?
– ¿Sintió vergüenza cuando fue al Senado de la Nación a defender su nominación y se descubrió que no había pagado 94 aportes previsionales del Registro de Trabajadores Autónomos, según la AFIP y que había omitido bienes y cuentas bancarias en el exterior en su declaración jurada?
Eugenio Zaffaroni, es el autor intelectual del “operativo impunidad para todos y todas”. Acusa a los periodistas pero no puede responder muchas preguntas muy simples.