Un año sin la alegría de Sergio – 15 de junio 2020

El sábado, a las nueve menos veinte de la mañana, Guido Valeri me mandó dos fotos y un mensaje. “Un año, hoy”, decía como epígrafe de una de las imágenes donde Guido y yo estábamos con Sergio Gendler. Era una cena de compañeros de trabajo que disfrutábamos de un canje, como corresponde. Estamos riendo y, por supuesto, con una copa de vino en la mano. Esa noche contamos las mismas anécdotas de siempre, nos intercambios chismes del ambiente, nos abrazamos y nos despedimos con besos y cargadas. La maldita pandemia no estaba ni en nuestras peores pesadillas y podíamos abrazarnos y darnos besos en las mejillas como hacíamos la mayoría de los hombres argentinos.
De inmediato subí un comentario a mis redes. Con una foto en la que Sergio está con muletas y ambos jugamos con dos botellas de Fernet. El texto decía así:” Querido Sergio Gendler. Hace un año que nos falta tu risa y tu picardía de rusito bien porteño. Nos quedan tus grandes notas de periodista deportivo, y tus códigos de barrio y amistad. Abrazo inmenso a tu familia”.
Era un humilde homenaje. Pero explotaron las redes certificando una vez más el afecto multitudinario que Sergio había cosechado en vida. En Instagram hubo más de 7.300 likes, en Twitter 73 mil personas dejaron una flor con su mirada y en el tuit del diario de Leuco, hubo 2.300 más. Muchos de ellos pedían que reprodujera la columna que escribí hace un año. Radio Mitre la subió a su página y cuando la escuché, me escuché, confieso que no pude aguantar las lágrimas por su recuerdo.
Muchos me aseguraron que la gran mayoría de los miles y miles de oyentes que por suerte tenemos, no utilizan las redes sociales y que por eso, era necesario que la adaptara apenas para darle actualidad y la pusiera nuevamente en el aire. Ahí va:
Yo veía la cara pícara de Sergio Gendler multiplicarse en TN por mil coberturas periodísticas donde mostraba su carisma y calidez y me resistía a creer que fuera cierto.
Aquel día, con un agujero en el alma, hablé temprano con Marcelo Longobardi y no sé cómo pude contener el llanto y el hilito de mi voz. Miré una y otra vez la pantalla de mi teléfono celular y quería borrar para siempre ese mensaje que aún hoy, me hiela la sangre: Sergio falleció a la madrugada.
Sé que Sergio Lapegue se quebró al aire y no pudo seguir al frente de su programa. Son muchos años de ser compañeros de laburo y compinches de sus transgresiones.
En medio del horror terrible que sentimos por la muerte de nuestro querido compañero Sergio Gendler, tengo que agradecerle al Pollo, Sebastián Vignolo. Aquel domingo, subió a recibir su Martín Fierro y le dedicó el premio a él. Dijo lo que todos decimos: que es un amigo que se lo extraña, que es un gran compañero y uno de los tipos más generosos del ambiente. A Sergio lo extrañamos todos los días.
Y lo vamos a seguir extrañando. Bajaba por la escalera con dificultad por el dolor de sus piernas desde la FM 100. Y aparecía en este querido estudio, después de mi columna, cuando habían pasado unos 20 minutos de las cinco de la tarde. Siempre con una sonrisa. Siempre con esa mirada celeste de atorrante simpático y entrador de barrio. Lo cargábamos porque se olvidaba de poner en silencio su celular que chillaba al aire o porque ni sabía dónde había dejado los anteojos. Andahasi alguna vez le prestó sus lentes. Marcela le acercaba la computadora para que chequeara los últimos resultados de la Champion y el aprovechaba para tirarle los galgos por deporte nomás, sin buscar nada más que eso, una galantería para el ego de la Giorgi.
Sergio era un periodista de raza. Desde la cuna. El destino quiso que entrara al mundo del periodismo de la mano de su viejo a la vieja agencia Noticias Argentinas, conocida en la jerga como “Eneá”, a secas. Ahí se formó entre telex y teléfonos. Ahí le picó ese bichito maravilloso del oficio que nos permite estar en el ring side de la historia. Entró al mundo del periodismo de la mano de Felix, su viejo y se acaba de ir del mundo una semana después de la muerte de su viejo. Son extraños los caminos misteriosos que toman la vida y la muerte. Absolutamente desgarradores e imprevisibles.
Me consta que sintió orgullo por su padre cuando le hicimos un humilde homenaje al aire. Fue mi compañero en la revista Goles donde brillaban don Osvaldo Ardizzone y Horacio García Blanco entre otros próceres. Muchas veces me tocó cubrir el vestuario de Boca y Felix Gen hacía el de River. Una vez discutió fiero con Mostaza Merlo y todos los periodistas salimos a defender a un tipo tan noble como Felix Gen. Recuerdo que por radio Rivadavia, solía estar micrófono en mano, Marcelo Tinelli. Era el detrás de la escena de la relación tan cercana con los ídolos del deporte. Sergito enseguida fue Sergio y demostró que sabía encontrar una noticia y un título. Que se ganaba la confianza de los futbolistas por su lealtad a la verdad y por el respeto a su intimidad. Maradona lo tuvo de ladero durante un tiempo oscuro de Diego. Pero Sergio jamás se drogó. Una vez me dijo: “vi tantos muchachos quebrados por la falopa que no podían comer ni coger y me dio terror”. Juan Román Riquelme se sentía su amigo. Tanto que un par de semanas antes de su muerte, fue a visitarlo al Instituto Alexander Fleming y apareció en el aire de Mitre. Fue una sorpresa, una travesura de esas que le gustaban a Sergio. “Te paso con un amigo”, me dijo y puso al teléfono a Román. De hecho en dos entrevistas que le hizo Gendler, Román renunció a la selección nacional y esas primicias sacudieron el mundo del fútbol. Eran tiempos de Boca. Ahí Sergio conoció de cerca al ex presidente Mauricio Macri que recordó con afecto esos momentos y saludó a su familia. Ivan Pavlovksy, el ex vocero presidencial fue compañero de Sergio en NA.
Sergio fue una estrella durante 20 años en TN y Canal 13. Recorrió el mundo, tomó 600 vuelos, cubrió mundiales, hizo notas memorables: una de las más recordadas fue con el parco y serio Roger Federer. Había sido padre en ese momento y Sergio lo convenció para mostrarse ante las cámaras cambiando los pañales de su bebe. La televisión suiza no podía creer semejante logro.
También demostró su imparcialidad pese a ser un hincha de Boca cabal. Muchas veces lo veía en la platea, en el sector B. Nos sacábamos una selfie con él y mi hijo Diego y decíamos en voz baja: “Aguante boquita”. Era un personaje querible.
Por eso lo extrañamos tanto. En los últimos tiempos el maldito cáncer le fue quitando aire en los pulmones y fuerza en su cuerpo. Le costaba ordenar las ideas al salir al aire pero se las rebuscaba muy bien con un esfuerzo titánico. Tuvo unos huevos y un coraje que hay que rescatar. Peleó contra la muerte hasta el último día. “Está enganchado Sergio”, me dijo Mariana y me hizo la seña de entrelazar dos dedos como símbolo. Lo notamos muy frágil y algo confuso. Después me enteré que tenía unos dolores terribles y que estaba bombardeado de morfina que era lo único que lo calmaba.
Sergio iba sembrando alegría por donde caminaba. Con Ronnie Arias en la FM 100, con los chicos de la producción o los muchachos de seguridad o la limpieza. Siempre una broma. En el grupo de Whats App que utilizamos para trabajar el siempre metía algún video en joda. Y si tenía el doble sentido del sexo, mejor.
No quiso decir nada sobre el maldito cáncer de intestino que lo asesinó. Le dijo a un médico amigo: “No quiero que me tengan lástima”. Fue un ejemplo de dignidad ante la adversidad que quedará para su familia. Para Nancy, su joven esposa y para sus cuatro hijas hermosas: Bárbara de 19 años, Ivana de 17, Malena de 8 y Agustina de 6. Me estalla la cabeza de solo imaginar aquel domingo del día del padre con las 4 nenas sin su padre.
Ni ellos ni nosotros todavía lo podemos creer. Nos falta Sergio por todos los costados. El corazón nos late triste y las lágrimas no paran de brotar. Se fue uno de los nuestros. Se sentaba todos los días al lado de Marcela, al frente de Federico y me miraba de frente para hablar de deportes. Pero siempre terminaba con alguna travesura de algún deportista que había producido alguna trampa o alguna picardía con una o varias señoritas. El sobreactuaba su apoyo a esas fiestas eróticas y yo sobreactuaba mi rechazo fingiendo ser más serio de lo que soy. Era un jueguito que hacíamos como meter alguna palabra en hebreo en medio de la charla. Pavadas que suman y potencian un buen clima de trabajo que la gente percibe del otro lado del micrófono.
Nunca supe que desde hacía 19 años tenía una enfermedad de mierda e incurable como el Chrone. La pasó mal en el mundial de Japón porque se olvidó de llevar los corticoides. Eso le fue limando las paredes de los intestinos y lo llevó primero a un cáncer de Cólon pero que Sergio pudo doblegar después de bajar 17 kilos. Pero el maldito cáncer contragolpeó con los intestinos. Me consta que lo combatieron con la mejor medicina y con los sistemas más modernos que tiene un lugar de excelencia como el Instituto Fleming. Pero no hubo caso.
Sergio tenía 52 años, una hermana que vino de Israel y un millón de amigos. Todos fueron muy respetuosos y reservados con la información. Era su deseo y es lo que corresponde por respeto a su familia.
Una semana antes, recuerdo que hice la columna de vivir bien para morir bien, porque tenía a Sergio en terapia intensiva en mi cabeza. El vivió bien. Seguramente murió bien. Pero demasiado pronto para nuestro cariño. Tuvo amigos, amores, 4 hijas, un padre del que heredó su oficio y una sonrisa eterna bajo una parva de rulos rubios.
Tiene razón el Pollo Vignolo, extrañamos mucho al Ruso Gendler. Era uno de los nuestros. Se nos fue y se fue algo de todos nosotros también. En el cielo de la buena gente tal vez pueda comer un asado después de los partidos, celebrar un gol de emboquillada y seducir a su esposa. Y si le queda un tiempito, ojalá pueda escuchar este programa de radio que también es y será su programa. Es el director del suplemento de deportes de Le Doy Mi palabra.
Tal vez se encuentre con Felix, su viejo, y otra vez lo lleve de la mano por otro mundo de aventuras. Tal vez se den el abrazo más fuerte del mundo. Y nosotros con ellos. Chau Sergio. Te extrañamos mucho.
Dicen que sus restos descansan en el cementerio de La Tablada. Pero en estos micrófonos, se quedará para siempre.

Borges y el día del escritor – 12 de junio 2020

Una buena, entre tantas malas. Un respiro con la fantasía placentera de la literatura, frente a tantas pandemias de virus, de corrupción, de impunidad y de venganza.
Una buena. Mañana es el día del escritor. Se celebra en homenaje a Leopoldo Lugones que nació un 13 de junio, igual que Augusto Roa Bastos y Dalmiro Sáenz. De todas maneras, para mí, “el escritor” argentino es Jorge Luis Borges. Y este domingo se cumplen 34 años de su muerte. Para Jorge Fernández Díaz y Federico Andahasi, dos de mis escritores preferidos y más amigos, vaya este humilde homenaje al más grande escritor que haya nacido en esta patria y en los alrededores del idioma español. Borges fue el que revolucionó el lenguaje, el que lo reinventó. El erudito que supo multiplicar en espejos las paradojas y descifrar los sueños. Le digo más todavía. Creo que Borges es un patrimonio nacional que hay que preservar y difundir por los siglos de los siglos, amén.
Todavía no hemos conocido ni reconocido en toda su dimensión a quien sentenció: “Nadie es la patria pero todos lo somos”. Parece mágico o mentira que hoy existan científicos, físicos matemáticos cuánticos que encuentran en sus ficciones elementos reales para investigar. Borges soñaba y escribía con idéntica rigurosidad. Pocas letras e historias hay comparables con El Aleph, El libro de arena, Funes el memorioso, La biblioteca de Babel o el Jardín de senderos que se bifurcan.
Pero con la misma sinceridad, también le quiero decir que su genio literario no tiene que ocultar al ciudadano reaccionario y elitista que con sus acciones y omisiones expresó siempre su simpatía hacia todas las dictaduras que padecimos los argentinos y de otros dinosaurios como Augusto Pinochet. Tal vez por eso nunca ganó el premio Nobel cosa que seguramente le importó muy poco. Creo que la única verdad es la realidad aunque duela. Hablo del ciudadano Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo que nació en 1899.
Y sé que esto genera polémica y críticas de ambos lados. Es el eterno debate entre el autor y su obra. ¿Se pueden separar o son dos caras de una misma moneda?
Me parece estar escuchando algunos oyentes que me dicen.., “Pero Leuco, ¿en qué quedamos?, usted lo llama genio y reaccionario… al final ¿Lo ama o lo rechaza? “¿Quiere que le diga la verdad? La dos cosas. Lo amo y lo rechazo. Amo a ese talento que escribió El Hombre de la Esquina Rosada, por ejemplo. O al que fue capaz de concentrar la belleza en pocas palabras diciendo que “no los une el amor sino el espanto” Eso es lo que amo de Borges: su literatura.
Rechazo a ese reaccionario que se sentó a la mesa de Videla, el más grande genocida que tuvo la Argentina y lo caracterizó como un caballero. O al que fue capaz de recibir una condecoración de las manos ensangrentadas de Pinochet. Eso es lo que rechazo de Borges: su estupidez.
Pero creo que una cosa no invalida la otra.
Me joden aquellos adoradores de su pluma que tratan de minimizar las atrocidades que apoyó con la excusa de la ironía. Eran cosas que decía para provocar, argumentan…Puede ser… digo yo. Pero hay cosas terribles como la muerte masiva con las que no se juega ni se ironiza. Aunque seas Borges.
Solo sé que con su prestigio pudo haber ayudado mucho a las víctimas y sin embargo ayudó a los victimarios. Y eso no es poco.
Recién en 1981, Borges salió de ese laberinto en el que se había metido y tuvo el coraje orillero de poner su firma en la primera solicitada de Las Madres de Plaza de Mayo. Para algunos fue demasiado tarde para lágrimas. Y para otros, nunca es tarde cuando la dicha es buena.
Borges tuvo una fugaz admiración por la revolución Rusa y hasta le escribió una módica oda. Después se sintió un tiempo anarquista tal vez en homenaje a Evaristo Carriego, un gran amigo de su padre que lo introdujo en el mundo de los guapos y los puñales.
Después, los jardines se bifurcaron y cada vez fue más reaccionario y mejor escritor. Tuvo palabras terribles para los negros del mundo sobre todo si eran peronistas. Al Martin Fierro lo llamó siciliano rencoroso. Definió al colectivo como un vehículo lleno de chinches y sirvientas. Tuvo una batalla cuerpo a cuerpo con el peronismo que se multiplicó cuando le mojaron la oreja y lo convirtieron en inspector de ferias municipales. Entre Borges y Perón hubo una lucha cultural feroz. Borges prologó a Arturo Jauretche que después forjó Forja pero que nunca le perdonó su antiperonismo y lo inmortalizó como profeta del odio.
Borges podría haber gritado: “Libros si, alpargatas, no”. Es que Borges vio en las grandes concentraciones lo vulgar, la barbarie, la ausencia de inteligencia pese a que en su juventud fue parte del comité yrigoyenista de intelectuales jóvenes con Carlos Mastronardi, Leopoldo Marechal, los hermanos Raúl y Enrique González Tuñón. Fue su momento más democrático. Después se paró en la vereda lúcida, paqueta y elitista de Florida y humilló a los escritores del grupo de Boedo a los que llamó “poetas del mal humor obrero”. Se estaba refiriendo a Alvaro Yunque, César Tiempo, Elías Castelnuovo, Roberto Artl y Leónidas Barletta, entre otros que pusieron sus letras al servicio de la lucha social. No lo conmovieron ni las semanas trágicas ni las patagonias rebeldes. Ignoraba a los obreros y como buen erudito, odiaba todo lo que ignoraba, tal como dijo Pedro Orgambide.
Santiago Kovadloff, (cuando no), aportó un par de genialidades al respecto. Dijo que Borges es nuestro Shakespeare y que “le infundió a la lengua una originalidad léxica que nunca fue amanerada y siempre poderosamente original”.
Me joden aquellos enemigos de sus posturas políticas despreciables que tratan de minimizar sus cuentos o sus poemas con la idea de que alguien que no defiende la vida no puede construir belleza. Puede ser, digo yo. Pero no es el caso de Borges que dijo monstruosidades pero escribió montañas de palabras que asociadas eran un placer para la estética y una perfección para el lenguaje. Es así, amigo oyente. Borges, como si tuviera las dos caras de la Argentina demuestra, entre otras cosas, que es imposible pensar siempre en términos dicotómicos, en blanco y negro.
En la vida y en el arte hay malos no tan malos y buenos no tan buenos. Se puede seguir siendo una persona democrática disfrutando de Borges, se lo aseguro. Se puede seguir siendo un admirador de sus ficciones criticando a Borges, se lo aseguro. Está claro que su obra fue muy superior a su persona si es que esto es divisible. Sus textos quedaron en la historia y su postura política se transformó apenas en caricatura. Despreció la realidad y esa fue su principal virtud a la hora de escribir y ese fue su principal defecto a la hora de vivir. No siempre la justicia y la belleza van de la mano. En este caso la moneda tiene dos caras antagónicas. Genio y reaccionario. Ángel y demonio. Una cosa no invalida la otra. Un hombre para no olvidar nunca y menos en el día del escritor. Un grande entre los grandes para amar y rechazar con toda intensidad. Con toda la pasión de ser tan argentino, como Jacinto Chiclana:
Nadie con paso más firme
habrá pisado la tierra.
Nadie habrá habido como él
en el amor y en la guerra.
Sobre la huerta y el patio
las torres de Balvanera
y aquella muerte casual
en una esquina cualquiera.
¿Sabe que pasa señor oyente? Siempre el coraje es mejor. La esperanza nunca es vana. Vaya entonces esta columna para Jorge Luis Borges, el que hizo magia con las palabras.

La rebelión contra los autoritarios – 11 de junio 2020

Como siempre, lo más importante fue la gente. La pueblada. Esa rebelión de los que apuestan al trabajo para frenar el avance de los autoritarios. Allí está instalada en alerta, la carpa de la resistencia. Al frente de la plaza 9 de Julio, en la calle 14, en el centro de Avellaneda y a metros de la entrada a las oficinas de la empresa Vicentín. Solo hay banderas argentinas que envuelven la dignidad de los que no aceptan las patotas ni las intervenciones ni las expropiaciones.
Como siempre, lo más importante fue la gente. Esos santafesinos queridos acostumbrados a ganarse el pan con el sudor de su frente y al progreso que trae el esfuerzo individual y colectivo. Familias enteras acompañaron el crecimiento de la familia Vicentín a lo largo de 90 años de historia. Los Solari, por ejemplo. En la década del 50 fue don Máximo, el abuelo, el que entró a la empresa. En 1977 fue su hijo, Mario y ahora, hace 4 años le tocó el turno al nieto, Maximiliano. Mario le dijo a un diario: “estoy emocionado. No es habitual que se junte tanta gente. Ni durante la 125 hubo tantos vecinos”.
¿Podrán entender este clima los muchachos de La Cámpora, narcotizados por consignas ideológicas jurásicas? Ellos ven un productor agropecuario y sienten que están frente a un oligarca que anda sembrando hambre, contaminación e individualismo.
Seguramente todavía hay algunos personajes de este tipo. Pero la inmensa mayoría de los chacareros y sus fábricas, puso sus brazos, sus manos callosas y todas sus neuronas al servicio de la actividad más competitiva, innovadora y que más dólares genera en la Argentina. Hasta el juez Fabián Lorenzini que entiende en el concurso de acreedores, es producto de la movilidad social ascendente. Su padre era un trabajador rural y su madre una peluquera.
Como siempre, lo más importante es la gente. Por eso un cartel de los manifestantes decía “En memoria de don Pedro Vicentín y de uno de los primeros obreros: Juan Lezcano”. Había otros que decían que debían expropiar a “Lázaro Báez y a Cristóbal López”. Pero no hubo protestas cargadas de cuestiones partidarias. Todas fueron en defensa de la libertad y en contra del prepo que exhibió el gobierno de los Fernández.
El masivo alarido de los cacerolazos en grandes centros urbanos tuvo el mismo sentido. Basta de atropellos. Basta de apropiarse de la libertad de las personas. Respeten la ley. No violen ni la división de poderes ni la propiedad privada. Si siguen con sus aprietes se van a multiplicar las protestas. Por supuesto que la defensa de Vicentín fue el disparador de los reclamos en centros urbanos muy poblados como la ciudad de Buenos Aires, Córdoba o Rosario. Pero el mensaje fue muy claro contra la prepotencia de estado del cuarto gobierno kirchnerista. Esto también demuestra como las redes sociales mandaron a un lugar obsoleto de la historia a los grandes aparatos de los pejotistas y los sindicalistas millonarios. Son movilizaciones carísimas y se hacen con plata robada. Las protestas de estos días se hacen en horas, por la computadora o el celular, son gratis y en forma independiente. Cada uno es dueño de hacer lo que quiera y cuando quiera. Eso democratiza los reclamos.
Es cierto que la intervención ya se llevó concretó este mediodía. Luciano Zarich, y el escribano oficial, Carlos Gaitan ingresaron a la empresa y elaboraron el traspaso formal de Vicentín. Dieron un paso clave que es muy difícil que tenga retorno.
Pero no se sabe todavía que va a pasar en la reunión entre Alberto Fernández y el presidente de Vicentín que va a empezar en menos de una hora. Los rumores indican que el gobierno tuvo que recular en chancletas y está buscando algún tipo de acuerdo para jugar al ajedrez después que pateó el tablero. Ya no habla de gesta revolucionaria, ni de empresa testigo, ni de soberanía alimentaria ni de frenar la extranjerización. Ahora Alberto recalculó y plantea que viene a ofrecer una solución y un rescate y dice que no está en contra de la gente del campo. Hasta el ministro de Agricultura, Luis Basterra, que había sido marginado de esta movida, reconoció que están “analizando todas las alternativas”. Veremos. Es lo que debieron hacer la semana pasada. Convocar a las partes y ver cuál hubiera sido la mejor solución. Un pool de cooperativas agropecuarias muy poderosas como socios, por ejemplo. Pero no. Prefirieron seguir las órdenes de Cristina. Imponer las cosas. Un amigo me decía: “estos tipos logran por violación lo que podrían conseguir por seducción”. Eso es casi la definición de tiranía. De feudalismo que dice se hace lo que yo digo y ya. Y sanseacabó.
Tal vez si la intervención trabaja en forma mancomunada con el juez y se tira el proyecto de expropiación a la basura, haya algún tipo de acuerdo. Pero el gobierno retrocedió varios casilleros porque desató una tormenta perfecta. Le tiraron la cola a un león pacifico como son los habitantes de Avellaneda y Reconquista. Les mojaron la oreja y como le dije ayer y eso fue un auto atentado. No se imaginaron que los mansos iban a ponerse de pie y sacar pecho. Fue un tiro en los pies que se pegó este cuarto gobierno kirchnerista. Como si esto fuera poco, quedó al borde de la ruptura la relación del presidente con Roberto Lavagna. Hasta ahora era un aliado, un hombre de consulta que apostó a que Alberto moderada a la agresiva e incansable Cristina. Esta claro que eso no ocurrió y que al contrario, Alberto es Cristina, tal como el mismo lo dijo. Sergio Berni lo puso en palabras: “La única que nos conduce es Cristina”. Como sugirió Carlos Pagni, Alberto parece un presidente testigo. O un testaferro del poder de Cristina. O un títere, como lo caricaturizó Jorge Lanata.
Alberto perdió a Lavagna en este salto al vacío. Las acciones y los bonos se cayeron a pedazos. Aumentó el riesgo país y las dudas de los inversores. Se pronunciaron en contra varias entidades de empresarios, el colegio de abogados de la Ciudad de Buenos Aires, los diputados opositores le hicieron una denuncia penal a Alberto por “abuso de autoridad y violar la Constitución” y hasta los 22 embajadores europeos manifestaron su preocupación y su sorpresa. Hablaron de inseguridad jurídica, irracionalidad y falta de certezas para los que quieran invertir su dinero o lo tengan ya invertido en el país. El Foro de Convergencia que nuclea a más de 40 de las entidades más importantes de la Argentina hoy se pronunció totalmente en contra de todo tipo de expropiaciones.
Juan Carlos de Pablo aportó una fina ironía: “Hay dos tipos de empresas, las privadas y las públicas. Las privadas son aquellas que tienen el control del estado. Y las públicas, las que no controla, nadie”.
Como si esto fuera poco, el decretazo de Alberto tiene el formato jurídico de “una ocupación temporaria anormal” que es una figura creada por una ley del dictador Jorge Rafael Videla.
El gobierno debería ser más prudente, negociador y abrir las puertas a la oposición para potenciar el diálogo. En el tema de la cuarentena, el ataque a las libertades y la hecatombe económica, se está acabando la paciencia.
Veremos si hay marcha atrás con la expropiación. Veremos si Alberto aprende de la derrota política que acaba de sufrir y no redobla la apuesta como hizo Cristina durante la 125. Reconocer un error no es sinónimo de debilidad. Insistir en el error es sinónimo de despotismo.