Crónicas de guerra. Imbéciles y aburridos 23 de marzo 2020

Parte diario: 266 contagiados, 1 caso de contagio comunitario, 4 muertos y 4.900 detenidos. Está claro que tenemos más pelotudos peligrosos e insolidarios que enfermos. Esta pandemia de irresponsables produjo 74 detenciones por hora. Y eso que las penas que les pueden aplicar van de 6 meses a 15 años de prisión. Pero no entienden. Tienen barro en el cerebro por no decir otra cosa. A uno lo agarraron dos veces mientras estaba paseando. Otro dijo que estaba aburrido. Primer tema: me gustaría que las autoridades dieran a conocer los nombres y los apellidos de los casos más graves de este sabotaje contra la salud de todos. El desprecio social es la mejor condena y concientiza más que cien discursos. Segundo tema: escuchen lo que dijo el gran escritor español y ex corresponsal de guerra, Arturo Pérez Reverte: “Hay chicos de 20 años diciendo que están hartos y aburridos. Joder, llevan una semana. Acuérdate de Sarajevo: cuatro años encerrados en un sótano, bajo las bombas, sin luz ni calefacción y cuando salían a por agua, los francotiradores los mataban”. Algo similar dijo la bobe de Connie Ansaldi, una sobreviviente del holocausto y los campos de concentración nazis. Esos sí, fueron encierros insoportables con tren directo hacia los crímenes de lesa humanidad. Mañana 24 de marzo, se cumplen 44 años del comienzo del terrorismo de estado con sus catacumbas y centros clandestinos de desaparición, tortura y asesinato.
Es una frivolidad imperdonable quejarse de llenos. Los que más sufren son los únicos que pueden quejarse. Los que viven hacinados en una pieza del Conurbano, los que no tienen un mango para morfar, los que no se lavan las manos porque no tienen agua y no porque están aburridos.
Está emergiendo una de las principales razones por las que Argentina se cayó a pedazos en los últimos años: la densidad de hijo de puta individualista por metro cuadrado que tenemos es altísima. Así es muy difícil construir el progreso social. Se premia demasiado la piolada, la presunta y maldita picardía criolla y se castiga muy poco a los que hacen la suya y les importa un carajo el destino de sus semejantes.
Alejandro Borensztein, a esta altura, nuestro comandante en la lucha contra la estupidez, se refirió a los “pelotudos famosos”. Escribió ayer que “el premio al Pelotudo del Año se lo lleva Tinelli” y le dedicó un párrafo a Cristina que huyó del drama argentino como hizo siempre, en Cromagnón, el siniestro de estación Once o las inundaciones de La Plata. Siempre lejos del sufrimiento. Irónico, Alejandro aclaró que esta vez hizo lo correcto: lavarse las manos.
Pero lo que no se puede creer es lo que hicieron Daniel Filmus y Marcelo Saín, dos cristinistas tiempo completo. El ex ministro de Educación y perdedor serial de elecciones porteñas, interpretó que los aplausos en catarata de las 21 horas eran para Alberto Fernández. No paran un minuto de intentar llevar agua para su molino oportunista. Pero lo atendieron duro en las redes. El bailarín Maximiliano Guerra le dijo “Demagogo”. El colega Diego Cabot apeló a la sátira: “Siempre se puede ser un poco más Filmus en la vida”. Nuestro compañero, crítico de cine y runner, Santiago García, lo calificó de “Salame” y el talentoso humorista Ariel Tarico le tiró “Querete un poco y guárdate, Pantriste”.
A esta altura no se entienden los motivos por los que el gobernador santafesino Omar Perotti todavía no le sacó tarjeta roja al ministro de seguridad Marcelo Saín. Vende humo, no solucionó ninguno de los problemas de su cartera y ya mostró su hilacha impresentable demasiadas veces. Dijo que la explosión de crímenes narcos era “estacional”, que se quedaba en Capital “a descansar” porque en Santa Fe “lo iban a cagar a tiros”. Pero ahora fue too much, diría Cristina. Acusó a los “chetos” de ser los que produjeron esta terrible pandemia que afecta a todo el planeta. Si quiere ideologizar el tema y darle un carácter de lucha de clases, debería saber que esto comenzó en la dictadura china que tanto admira Saín. Y que se propagó producto de la represión y censura contra el médico que dio el alerta temprana y que por eso, fue acusado de ejercer “actividades ilegales” y de “perturbar severamente el orden social”. Li Wenliang, este médico de 34 años, se contagió y murió por el virus que, para los tiranos maoistas era un invento del enemigo.
El diputado Waldo Wolff no se la dejó pasar a Saín: “Inadmisible. Peligroso. Generador de odio de clases. Estigmatizante. Prejuicioso. Fascista. Innecesario. Extemporáneo. Malo. Mi repudio”.
Algo parecido a la provocación de Saín dijo otra atacada por el virus del fanatismo y la ideologitis. Hablo de Carolina Mera, la decana de Ciencias Sociales, nada menos. Según reveló Carlos Reymundo Roberts, Mera aseguró desde el frasco en el que vive, que “el virus es una construcción social del neoliberalismo y los medios”. Le faltó agregar que hay que combatir a la monarquía porque por algo el bichito de mierda se llama “corona”. ¿Se puede ser tan negacionista? ¿Se puede conducir la facultad de Ciencias Sociales con ese dogmatismo?
Saín no quiere ni siquiera que le den los kits para hacerse el test a los “chetos que son la peor cara de esta sociedad” porque se fueron de viaje. Esa conducta despreciable de los que se fueron en medio de la prohibición de circular, también la involucra a Cristina. Pero no creo que Saín tenga coraje de decir algo de esa cheta que vive en Barrio Norte y tiene departamentos en Puerto Madero, en el Calafate y millones de dólares en las cuentas de sus hijos y de sus testaterros. Florencia se despidió de Cuba con otra sobreactuación presuntuosamente literaria. La hija presidencial, que igual que su madre, debería rendir cuentas ante la justicia, en el caso de que la justicia existiera, en su texto final desde La Habana dijo que “llora lágrimas negras”. Con el ánimo de ayudarla, le digo que se fije bien, que tal vez se le corrió el rimmel.
A propósito: Cristina no dijo una palabra de apoyo a Alberto ni a los gobiernos provinciales que están dando esta dura batalla. Hasta Horacio Rodríguez Larreta dijo que todos los gobiernos son uno solo, en este momento y Mario Negri calificó al presidente como “Comandante”. Pero Cristina, nada. ¿Se le habrá roto el celular que no puede emitir ni siquiera un tuit? ¿O no está de acuerdo con esta colaboración mutua entre oficialismo y oposición? O lo que puede ser peor, que Cristina piensa igual que Carolina Mera y que el virus viene del norte y desde Hollywood? Pregunto para saber. Preguntar es parte de mi trabajo.
Preguntando averigüé quien es Kittiy O’Meara, la autora del poema inspirado en la pandemia que más se viralizó. Vive en Madison y está jubilada de enfermera de cuidados paliativos. Escribió esta maravilla que me representa y quiero compartir con ustedes a modo de mensaje de esperanza.
Y la gente se quedó en casa.
Y leyó libros y escuchó.
Y descansó y se ejercitó.
E hizo arte y jugó.
Y aprendió nuevas formas de ser.
Y se detuvo.
Y escuchó más profundamente. Alguno meditaba.
Alguno rezaba.
Alguno bailaba.
Alguno se encontró con su propia sombra.
Y la gente empezó a pensar de forma diferente.
Y la gente se curó.
Y en ausencia de personas que viven de manera ignorante.
Peligrosos.
Sin sentido y sin corazón.
Incluso la tierra comenzó a sanar.
Y cuando el peligro terminó.
Y la gente se encontró de nuevo.
Lloraron por los muertos.
Y tomaron nuevas decisiones.
Y soñaron nuevas visiones.
Y crearon nuevas formas de vida.
Y sanaron la tierra completamente.
Tal y como ellos fueron curados.
Esto me sirve como anticipo de tres noticias maravillosas. Como no hay gente depredando en las calles, la naturaleza salió del sótano al que la habíamos condenado. En Venecia el agua se hizo transparente y volvieron los cisnes, en Junín de los Andes, ocuparon las calles los ciervos y la contaminación planetaria bajó muchísimo. Igual que el abrazo multitudinario a la distancia que le damos a los médicos, enfermeros y científicos, son sub productos positivos de una crisis muy negativa.
Por eso cierro con las mismas palabras ilusionadas.
Hay que quedarse en la casa para resistir. Así soportaremos los golpes y jamás nos rendiremos. Erguidos frente a todo. La mejor vacuna es la información. Por eso, resistiremos para seguir viviendo.

Crónicas de la guerra. Los médicos, Cristina y Tinelli – 20 de marzo 2020

Hoy empiezan estás crónicas de la guerra contra el coronavirus. Ayer se lo anticipé. Todo cambia en estos tiempos de cuarentena en casa y también el formato de estas columnas. Como si fuera un corresponsal en medio de la batalla, voy a tratar de contar las noticias, las reflexiones, los sentimientos y las experiencias de la manera más directa posible.
Ayer se me llenaron los ojos de lágrimas cuando, a las 21 horas, se produjo una catarata de aplausos que bajaba de los balcones iluminados y se multiplicaba en las ventanas. La gente agradecía con sus manos en forma masiva desde sus hogares a los médicos, a los enfermeros y a todos los agentes sanitarios que le ponen el pecho a esta guerra. Son la infantería, la cabecera de playa, como les dije ayer. Yo se que fue impulsado por la potencia de las redes sociales, pero me alegró que ayer, yo también sugerí que nos sumáramos a esos homenajes. Es una manera de abrazarlos sin abrazarlos. De colocarle una medalla a su heroicidad de jugarse la vida para defender nuestra vida.
Le confieso que después de ver a mi hijo Diego en TN, donde hizo picos asombros de rating, yo también me tuve que enfrentar con un enemigo poderoso: el lavarropas. Jamás había manejado uno. Nunca supe que botones hay que apretar ni por donde entra y sale el agua. Pero ahora estoy solo de toda soledad y tengo que lavar las toallas y las remeras. Por suerte estoy todo el día en remera y bermudas y no uso demasiadas camisas ni pantalones. Y camino sobre la comodidad de las Crock. Un pequeño placer cotidiano, es no tener que ponerme zapatos ni traje. Salvo los martes que por ahora, seguiré yendo al canal para hacer mi programa de tele. Entre nosotros, le cuento que fui derrotado ampliamente por el maldito electrodoméstico. No sé dónde va el jabón y el suavechito suavechito pero hoy lo voy a resolver. Tengo que tener valentía y asumir estos desafíos terribles. Hoy entro a internet y busco un tutorial que diga cómo se pone en marcha el lavarropas. No se rían por favor. Yo tengo el manual de uso. Pero como le pasa a tanta gente, lo guardé tan bien que ahora no tengo ni idea en donde está. Minucias de la vida cotidiana que para mi son como escalar el Everest. Que va a hacer. Nací y moriré inútil con las manos. No se ni cambiar una bombita de luz. Paciencia. Voy a aprovechar la cuarentena para aprender de todo. Incluso a poner en marcha el lavarropa. Y a hacer dieta y bajar de peso. Pero eso se lo cuento el lunes.
Porque no me quiero olvidar de comentarle la goleada que recibió Marcelo Tinelli en las redes sociales. Le dieron para que tenga y guarde. El empresario y presidente de la Superliga
(cómo lo define Clarín) violó la prohibición para los vuelos de cabotaje y se tomó una aeronave privada para escaparse al campo y la estancia que tiene en Esquel, al lado de la cordillera.
Y eso que diez minutos antes había dicho que hay que quedarse en la casa y que no son vacaciones. Tinelli fue con su mujer, hijos, novios y todos los chiches. Los chubutenses de a pié, se indignaron. Le dijeron de todo. Y fue peor cuando declaró a una radio local que era “un vecino más”. En el aeropuerto lo esperaban dos camionetas gigantes para llevar a toda la troupe hacia el descanso vip y reparador. “Andate, vos no sos de acá”. “En Chubut no hay ningún caso confirmado de coronavirus” y los más enojados, como Rubén Chaves, le exigieron al intendente que lo mandara de vuelta a Buenos Aires con la policía. Es que los nacidos y criados en Chubut no pueden trasladarse. No pueden ir ni de Rawson a Trelew. El más duro fue el colega Facundo Landívar que escribió: “Por favor que nadie viaje así el virus no circula. Eso será para los pobres mortales, yo soy famoso y de la mesa chica de Hambre Cero, eh. Que tipo nefasto, pero nefasto de verdad”. Otro periodista, Gustavo Noriega sugirió por twitter: “imagináte la reacción si Macri hubiera hecho lo de Cristina o lo de Tinelli”. Pero el diputado de Cambiemos, Gustavo Menna pidió que le inicien un proceso penal como le harían a cualquier hijo de vecino. Apuntó contra los privilegios que le dio el gobierno provincial porque “la ley debe ser pareja para todos”.
Tinelli con esta actitud, seguro que no le hizo ningún favor a su nuevo amigo, el presidente Fernández.
Más polvareda levantó esta mañana la Vice presidenTA TA. Avisó que el domingo regresa a Buenos Aires en Cubana de Aviación y que viene con su hija Florencia. Dice que no le corresponde porque Cuba no es un país de riesgo, pero que, igual, va a hacer 14 días de aislamiento. Una alegría para el resto de los políticos. Sin Cristina en el escenario, todos los acuerdos son más fáciles. Parece que Florencia ahora esta curada y su madre se lo agradeció a Cuba “castigada por los poderosos pero digna y altiva”. Otra vez nos hace el cuentito de la Cuba revolucionaria. La hija la llamó tierra libre el otro día. Y me permití recordarse que es cierto que el aborto es libre en Cuba pero que es el país del mundo con más presos políticos y uno de los que más persigue a homosexuales. Solo basta darse una vuelta por el malecón de La Habana para ver la represión y la discriminación. Así se entiende la canción que decía “Y al que asome la cabeza, Fidel, duro con él”.
Cristina también insistió con otra falsedad gigantesca. Dijo que “la persecución mediática y judicial dañó severamente” la salud de Florencia. Y que ella fue a ayudarla “porque sola no podía volver”. Y la verdad es que quien la metió en este baile de terror y corrupción fue la propia Cristina. Ella le hizo firmar balances y papeles de sociedades delictivas y la que le puso los cinco millones de dólares termosellados en la caja de seguridad del banco. No fueron los medios ni los jueces. Pero nadie espera que Cristina se haga cargo de nada. Nunca le importó el respeto por la ley ni por la verdad.
Y tampoco le importa mucho el sufrimiento ajeno. Huyó del dolor colectivo en Cromagnón, en el siniestro de Estacion Once y en las inundaciones de La Plata donde ella nació y vivía su madre.
En esta cuarentena, hay mucha gente que está padeciendo. Me escribió Silvia Flores, la hija del Toty y la guerrera de la cooperativa La Juanita. Me cuenta que hay muchos casos de gente infectada en los barrios más humildes de La Matanza, pero que no funcionan los teléfonos para recurrir en esos casos. Habla del número 148 que directamente ni suena. Y el 911 que no responden. Gracias, Silvia. Te nombramos corresponsal para que nos tengas al tanto de todo lo que ocurre en el Conurbano profundo. Tenemos muchos temores respecto de lo que pueda ocurrir con tantos compatriotas que hacen changas y trabajan en negro. Por un tiempo no van a tener ingresos y eso desespera a cualquiera. Que nadie lo olvide. Son trabajadores informales independientes que, de golpe, no pueden llevar la comida a sus casas. Alerta Roja.
Pero está lleno de emergencias como no podía ser de otra manera. Es la primera vez en la historia que está pasando lo que está pasando. Jamás hubo tantas restricciones salvo en los gobierno dictatoriales con toques de queda o estados de sitio. Todo es nuevo y no sabemos que hacer primero frente a estos remedios sociales extremos por la velocidad de contagio y la falta de vacuna.
Patricia, prima del querido y recordado Sergio Gendler, me pide por su hija que está varada en Estados Unidos con otros jóvenes que fueron al programa Work and Travel. Cumplo con denunciarlo al aire para que las autoridades tomen cartas en el asunto y puedan repatriar a todos. Héctor y Elisa están en un crucero de la empresa Costa girando por el mar y no los dejan bajar en ningún lado. Y Héctor es un paciente de riesgo. Alguien se tiene que ocupar de ellos. Teléfono para el canciller Felipe Sola.
También me llamó el Beto Brandoni que me confirmó que obviamente hoy no iba a estrenar, “El Acompañamiento”, la extraordinaria obra de teatro de Carlos Gorostiza. Hasta la calle Corrientes bajó la persiana y le puso un toldo como alguna vez imaginó Cacho Castaña. Brandoni también suspendió su fiesta por el cumpleaños número 80. Todo se posterga para después que derrotemos a la pandemia. Yo no pude viajar a Córdoba a visitar a mis viejos. No tengo avión privado y tampoco lo hubiera hecho. Respeto las leyes, los decretos y las indicaciones. Pero hablo dos veces por día por teleconferencia para verles las caras y que ellos me vean a mi. No es lo mismo pero esa charla nos acerca mucho pese al aislamiento social y nos llena de emoción. Tanta como los aplausos de los balcones y las ventanas por donde entra y sale la luz que tanto necesitamos. Quedate en tu casa y no aflojes. Esto también va a pasar. Y vamos a salir fortalecidos.

Yo me quedo en casa – 19 de marzo 2020

El maldito coronavirus y su pandemia criminal también pueden generar milagros positivos. Hoy se produjo una situación inédita. Doscientos treinta diarios de la Argentina aparecieron en los kioscos con la misma tapa. Todos, codo a codo, con el mismo mensaje:” Al virus lo frenamos entre todos. Viralicemos la responsabilidad”. A esa verdad irrefutable le agregaron el hashtag “Somos responsables”. Me sumo con todo entusiasmo y alegría a esa señal de convivencia y mancomunión ante un poderoso enemigo común. Ver a Clarín y Página 12 o a La Nación y Crónica con una tapa en la que solo se diferenciaban con el logo, me pareció muy esperanzador. Es la demostración que se puede cerrar la grieta, por lo menos hasta que termine esta guerra contra la peste y a favor de la vida de todos los que habitamos el suelo patrio. Esto lo organizó ADEPA (La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas) y nos marca a todos el camino que hay que seguir. También nos informaron una serie de definiciones de lo que significa ser responsables a esta hora de la historia. Son consejos muy sencillos pero absolutamente necesarios. Ahí van:
• SomosResponsables quedándonos en casa, salvo fuerza mayor. No son vacaciones.
• #SomosResponsables lavándonos bien y frecuentemente las manos con agua y jabón, o en su defecto con alcohol en gel.
• #SomosResponsables evitando tocarnos la cara con las manos.
• #SomosResponsables ventilando los ambientes.
• #SomosResponsables manteniendo distancia social.
• #SomosResponsables aislándonos 14 días en caso de haber estado en un país de riesgo o en contacto con un potencial contagiado.
• #SomosResponsables denunciando a quien incumple una cuarentena.
• #SomosResponsables consultando al médico ante fiebre más tos, dolor de garganta o dificultades respiratorias.
• #SomosResponsables difundiendo información que provenga solo de fuentes confiables.
Este es nuestro rol. Como dice esta querida radio Mitre: “contra el corona virus, lo mejor es la información” Dar a conocer datos serios, rigurosos, confiables de las autoridades sanitarias, de los expertos médicos y de las organizaciones especialistas en el tema. Y por un tiempo dejar de replicar las pavadas que dicen algunas personas frívolas que no han tomado conciencia de la gravedad de lo que está ocurriendo.
Hicieron bien desde lo político los jefes de los bloques parlamentarios de la oposición. En otros temas no, pero en esta guerra debe haber tácticas y estrategias diseñadas por un poder centralizado. Y lo hayamos votado o repudiado, el comandante de esta batalla es constitucionalmente el presidente Alberto Fernández. Eso dijo el propio Mario Negri, jefe del bloque de diputados de Juntos por el Cambio y un duro crítico del kirchnerismo.
No es tiempo de ventear energía en tonterías. Hay que concentrar el tiempo y las neuronas en todas las actividades que contribuyan a cuidarnos a nosotros mismos y a nuestra familia que es la mejor forma de cuidar a todo el país y todos los países.
Es una curiosa paradoja que en esta batalla en la que tenemos que estar juntos, no podemos juntarnos y debemos quedarnos en casa. Y según todo indica más temprano que tarde el gobierno anunciará una cuarentena obligatoria
Horacio Rodríguez Larreta dijo esta mañana que es inminente la circulación social del virus. La coincidencia entre los hombres de ciencia es que, mientras más tiempo y más gente no salga a la calle, menos podrá circular ese bichito que nos carcome los pulmones y las certezas. Un genio argentino como el doctor Fernando Polack se lo dijo a nuestro amigo Jorge Fernández Díaz por estos micrófonos: “La única vacuna es el aislamiento social y debemos aprender de la disciplina que tiene Oriente”. Y por eso propuso ser más drásticos y veloces en las medidas a tomar. Polack sabe lo que dice. Es profesor en pediatría, microbiología molecular e inmunología, premiado por su investigación en Estados Unidos, estuvo diez años en la prestigiosa escuela de medicina Johns Hopkins y hoy es asesor de la Organización Mundial de la Salud.
Mientras tanto está comenzando una nueva era histórica. Todavía no sabemos cómo va a ser, pero seguramente que todo se va a recetear, nuestras relaciones laborales y económicas se van a reformular, con las nuevas prioridades que estamos recuperando. Por ahora el mundo está al revés en muchos casos. Patas para arriba. No solo porque hablamos de unidad y nos tenemos que aislar. También porque los lugares turísticos que viven de esa actividad, ruegan que no vayamos, cierran todo y nos ponen todo tipo de trabas para llegar. Sin embargo, miles de compatriotas hacen cola en la entrada de Villa Gesell o Pinamar para tomarse unas mini vacaciones. La estupidez no se toma vacaciones. Y no tiene límites. Me asombra ver tanto boludo suelto que arriesga a su familia y nos arriesga a todos.
Unas gotitas venenosas de saliva que quedan flotando en el aire han puesto en cuarentena al planeta que está perdiendo montañas de dinero y todavía no sabe de qué manera las va a recuperar. Y eso que la tasa de mortalidad es baja. Como promedio, es apenas (entre comillas) el 4%. Pero hay países como Italia que están llegando al diez por ciento de muertos entre los contagiados. Es terrible. Esa Italia que tanto amamos. Forza Italia. Aguanten queridos tanos. Los aviones no vuelan y por eso no tienen lugar en los aeropuertos para quedarse en tierra. Es que fueron diseñados para volar.
Los argentinos deberíamos imaginar juntos un mecanismo para homenajear a los médicos, a los enfermeros y a todos los agentes sanitarios que le ponen el pecho a esta guerra. Son la infantería, la cabecera de playa. En algunas ciudades de Europa, todos los días a las 21 la gente sale a los balcones o abre sus ventanas y les regala un sonoro aplauso. Es una manera de abrazarlos sin abrazarlos. De colocarle una medalla a su heroicidad de jugarse la vida para defender nuestra vida.
Los servicios esenciales tienen que seguir funcionando. Los supermercados y las empresas que producen esos productos alimenticios y de limpieza, los sanatorios y hospitales, las estaciones de servicio y los camiones que trasladan todo lo que necesitamos para que no cunda el pánico por el desabastecimiento. Los medios de comunicación y los periodistas también tenemos responsabilidades irrenunciables y estaremos aquí firmes al lado del cañón. En ese sentido, yo tengo algo para contarles. Hace varios días que estoy haciendo el programa desde mi casa. No lo quise contar porque pensé que podría generar una exagerada inquietud. Solo por prevención y para cumplir con la orden de aislarnos y circular lo menos posible. La radio generosamente me instaló una pequeña consola en mi domicilio y así voy a seguir hasta que derrotemos al virus con corona. Tengo que agradecer también a todos mis compañeros porque hacer un programa a distancia, sin mirarnos a la cara es más difícil y estresante. Pero hacemos todo lo posible profesionalmente para estar a la altura de las circunstancias. Yo voy a tratar de contar las noticias, las reflexiones, los sentimientos y las experiencias a través de columnas como esta que hago hace tantos años. Solo que les voy a dar el formato de un cronista de guerra. Voy a contar casi cronológicamente todo lo que yo sepa o vea como si fuera un corresponsal de guerra. Hoy, por ejemplo, me impactó la frase final de la columna de Héctor Gambini en Clarín. Dice así: “la conciencia nos grita que un nieto puede matar a su abuelo por ir a darle un abrazo”. Esa locura nos indica que tenemos que prepararnos para el combate frontal. De hecho estamos en guerra. Todos los argentinos contra el coronavirus. Armados de agua y jabón, de alcohol en gel, y de la mejor información posible también daremos batalla desde nuestra trinchera radial. Para que todos estemos fuertes, juntos, sanos y salvos. Quedate en tu casa es una de las principales consignas de la hora. Quedarse en casa el mayor tiempo posible corta la circulación del virus. Es una responsabilidad ciudadana de todos. Quedate en tu casa. Yo también me quedo.