Alfonsín, el apellido no se mancha – 5 de febrero 2020

Propongo que por ahora, en esta columna, lo llamemos simplemente, Ricardito. Así es conocido en el mundillo político. Ricardito es un modesto dirigente del radicalismo bonaerense que será el embajador del cuarto gobierno kirchnerista en España. Alberto Fernández se lo anunció a las autoridades de ese país. Pero como dijo anoche, Jorge Fernández Díaz, su nueva jefa política será Cristina. ¿O alguien duda de eso? Semejante decisión levantó una gran polvareda y un debate muy caliente en su partido que como lema de Leandro Alem, supo tener aquello de que “se rompa pero que no se doble”. Eso habla de firmeza de las convicciones. De no transar con ladrones ni golpistas.
Hubo repercusiones de todos los colores. El presidente de la UCR, el ex gobernador mendocino Alfredo Cornejo, aclaró mediante un comunicado formal, que se trata de una decisión personal de Ricardito y que, de ninguna manera eso involucra al partido de Yrigoyen.
El presidente del interbloque de Cambiemos de diputados, Mario Negri dijo que “el que se quiera ir del radicalismo, que se vaya. No estoy de acuerdo con las expulsiones, pero para estar incómodo en un lugar, mejor que se vaya”
El presidente de la Juventud Radical bonaerense, Martín Borrazas, fue mucho más implacable. Directamente pidió la expulsión del partido. “Ricardo fuera de la UCR”, fue su tuit. Anoche, en mi programa de TN, el senador Julio Cobos expresó una postura más flexible y comprensible. No lo tomó dramáticamente ni creyó conveniente condenar esa decisión de alguien con quien compartió la idea de no participar de Cambiemos ni de aliarse a Mauricio Macri. Hace un tiempo que Ricardito viene tirando centros para que cabecee Alberto. Algunos dicen que estaba buscando un conchabo, pero yo no lo creo. El tema que me parece grave es que Ricardito es el hijo de don Raúl Alfonsín y ese apellido, a esta altura de la historia, es un patrimonio de todos los argentinos. Salvo los extremistas que no quieren a nadie, la inmensa mayoría de nuestro pueblo tiene a Alfonsín en un pedestal porque representa cuestiones sagradas: es el padre de la democracia y la libertad recuperada después de la noche tenebrosa del terrorismo de estado y también, como la mayoría de su partido, expresa a quienes creen en la honradez, en las manos limpias y las uñas cortas, en la austeridad republicana y en el diálogo democrático que evite cualquier tipo de autoritarismo y violencia. Eso representa ese apellido. Los valores de Alfonsín son casi la contra cara de los disvalores del cristinismo. Cristina, sus hijos y su cartel de los pingüinos, en el mundo y, por lo menos para diez millones de argentinos, son sinónimo de cleptocracia y de la corrupción más colosal de la historia democrática, y de una apuesta al chavismo criollo, hegemónico y generador de la grieta más profunda que vivimos en este país después de la pelea entre los seguidores de Perón y sus opositores.
¿Es positivo para nuestro futuro político que alguien que tiene como apellido Alfonsín sea la cara ante España de los Lázaro Báez, los Cristóbal López, los José López, los Luis D’Elía, los Boudou y los Esteches. Pregunto: ¿Ricardito cree que en Venezuela hay democracia? Lo digo porque en su explicación asegura que va a apostar con su gestión a la “no restauración de los tiranos”. Por eso sería bueno conocer su opinión sobre Maduro, Raúl Castro y compañía y el nicaragüense, Daniel Ortega. ¿Son tiranos o líderes democráticos?
¿Está de acuerdo, Ricardito, en que los 9 procesamientos y 7 elevaciones a juicio oral y los pedidos de prisión preventiva de Cristina son una campaña armada por la embajada de Estados Unidos, ciertos jueces y los medios de comunicación hegemónicos? ¿Eso cree Ricardito? Lo pregunto porque pidió respeto por una decisión que tomó, según dijo, “desde la más profunda honestidad y con el mayor sentido patriótico”. ¿Lo hizo por la patria? ¿O por un interés personal acomodaticio?
Por supuesto que le agradeció a Alberto Fernández “por su confianza” y por el ejemplo de amplitud”. Después aclaró que no va a asumir una responsabilidad partidaria, sino de Estado y abogó para que eso en el futuro sea un “deber”. Parece que nos quiere hacer creer que no se trata de una lujosa zanahoria para cooptarlo sino de una obligación y de un sacrificio que hace por todos nosotros. Nadie le pide tanto, Ricardito.
Pregunto: ¿Está feliz con la darle la libertad a los ladrones de estado que este gobierno llama presos políticos? Lo digo porque Ricardito, va a tener que poner la cara por todo esto. Los empresarios y los periodistas españoles le van a preguntar sobre estos temas y muchos más. ¿Usted, Ricardito, compartió el pacto tenebroso que Cristina firmó con Irán? ¿Cree que Nisman se suicidó o fue asesinado?
El revuelo que se armó fue tan grande que Ricardito se vió obligado a emitir un comunicado tratando de explicar lo inexplicable. Sus excusas y justificaciones fueron de una fragilidad notable. Dijo que su padre, también designó a embajadores de otros partidos como el peronismo. No puedo creer como (justo él) pudo hacer semejante comparación. Para cualquier dirigente del justicialismo o de otro partido, era un orgullo, una medalla ética representar esa lucha por los derechos humanos contra todo tipo de dictadura que fomentó Alfonsín. El gobierno de los Fernández no tiene ni punto de comparación con aquella administración alfonsinista. Son el día y la noche. Un tempo de las ideas y los consensos y un prostíbulo de las mafias y los chanchullos. No creo que Ricardito defienda en España la libertad de Julio de Vido. Ni el tribunal de ética para juzgar a los periodistas que Eduardo Barcesat va a llevar a cabo precisamente en Madrid.
Como si esto fuera poco, levanta el dedito y para defenderse ataca a los que tienen una mirada crítica con los K. Dice que hay una peligrosa fractura en la sociedad y que hay dirigentes que “no hacen más que estimularla con posiciones irreductibles”. Ricardito quiere cerrar la grieta. ¿Con quién se quiere abrazar? ¿Con Ricardo Jaime? La grieta se cierra con el respeto a la Constitución y a la división de poderes. Con los corruptos de estado y los chavista K, afuera. De lo contrario es sumisión.
Ricardito se preguntó en algún momento porque motivo lo eligió Alberto. ¿Cuál es el objetivo del presidente? ¿Seguir dividiendo al radicalismo y a la oposición? Eso lo viene fogoneando Leopoldo Moreau que quedará como un triste recuerdo en el radicalismo. Cuando fue candidato a presidente, hizo un papelón de padre y señor nuestro. Sacó la menor cantidad de votos de la historia. Cuando Ricardito fue candidato a presidente, en el 2011, llevó de candidato a gobernador a Francisco de Narváez que, ideológicamente, nunca fue muy distinto de Macri. Obtuvo el 11% de los votos contra el 54% de Cristina y dividió a la socialdemocracia porque Hermes Binner fue separado y consiguió el segundo puesto con casi el 17 % de los sufragios.
¿Entonces porque lo eligió Alberto? ¿Por qué Ricardito es un pensador innovador de la política que escribió varios libros de ensayos sobre la caída de las certezas o la fragilidad de las democracias o acerca de las nuevas formas de la comunicación política? No. De ninguna manera.
¿Alberto lo eligió porque tiene un armado organizativo que moviliza y convoca a multitudes? No. De ninguna manera.
¿Alberto lo eligió porque su carisma y su discurso enamoran desde los medios de comunicación? No. De ninguna manera.
Entonces, ¿Por qué lo eligió? Por portación de apellido. Seamos sinceros. Si Ricardito se llamara Pérez, o González, hoy no sería embajador en España. Anoche Luis Juez dijo por televisión que le parecía un espanto la decisión de Ricardito y que era algo horrible que “los perjudicaba a todos”.
El apellido Alfonsín, es un patrimonio de todos los argentinos. A esta altura define mucho más que una familia. Por suerte y a pesar de todo, el apellido Alfonsín, no se mancha.

El más odiado por Cristina – 4 de febrero 2020

Hoy murió Claudio Bonadio, el juez más odiado por Cristina. No hay antecedentes de tantas operaciones y agravios contra un magistrado federal, que hayan sido ordenados y ejecutados por Cristina durante y después de su presidencia. En una de sus insoportables cadenas nacionales, la ex jefa del estado aseguró que no se iba a dejar presionar por el juez al que definió como “pistolero, mafioso y extorsionador”.
Cuando Cristina logró desplazarlo de la causa Hotesur, prácticamente la totalidad del estado mayor cristinista salió a darle como en bolsa. Y todos con el mismo discurso. En su libro, “Sinceramente”, Cristina lo llama “Sicario”.
Hoy mismo, con el cadáver todavía tibio, uno de sus abogados, Gregorio Dalbón, dijo que a Bonadio lo había matado el odio, que en la embajada de los Estados Unidos estaban de luto y que la muerte “Le sienta bien”, entre otras agresiones repugnantes y cobardes contra alguien que no puede defenderse.
Un abogado de prestigio y coraje como Pablo Lanusse le salió al cruce con un tuit: “Toda enfermedad y la muerte misma nos interpelan. Y como actuamos frente a ellas, nos describe. A nadie le sienta bien la muerte. Solo la perversidad, el odio, el resentimiento y el desprecio a la dignidad humana pueden explicar que alguien burle la muerte de otro. ¡Cuánta miseria¡”
Pero tratándose de Dalbón, nadie puede sorprenderse de su bobalicona irracionalidad. A fin de año ya había publicado un video donde champagne en mano y a las carcajadas le decía a Bonadio “La tenes adentro”.
Le recuerdo que en la conversión de Dalbón al kirchnerismo, también hay millones de razones. En el siniestro de estación Once, este señor, representaba a algunos de los familiares. Fue el único que no querelló contra Julio de Vido. ¿Usted me entiende, no? A pesar de semejante agachada, De Vido fue preso, gracias al trabajo que hizo Bonadio.
Es tan grave su degradación personal de Dalbón que hasta Horacio Verbitsky siempre dijo que era un error que Cristina contratara a semejante personaje, con tan poco conocimiento del derecho y con total ausencia del sentido común.
Tal vez Dalbón dijo lo que Cristina piensa y no puede decir, como suele ocurrir con Hebe de Bonafini. Pero en público, de cara a la sociedad, solo los cristinistas más fanáticos celebran la muerte y los dichos de Dalbón. Verbistky lo desprecia. Y eso que el definía a Bonadio como “El doctor Glock”. Otro que se tomó revancha fue el ultra millonario kirchnerista Gerardo Ferreyra que en un tuit escribió: “Conmigo no pudo”.
Yo diría que el partido todavía no terminó. Y que si se consagra la impunidad en este país, será cierto que Ferrerya se saldrá con la suya. Pero tal vez, haya otros jueces con coraje republicano para seguir adelante con todos los juicios, sobre todo, con los de la causa de los Cuadernos que ya fue elevada a juicio oral. Vale la pena recordar que la causa de los Cuadernos es la más grave de toda la historia de la corrupción argentina y la que más pruebas y testimonios tiene.
Hasta el mismísimo Guillermo Moreno, hoy marginado del cristinismo por el rechazo que produce su figura piantavotos, en su momento desafió a pelear “cuando quieras, donde quieras y como quieras” a Bonadio.
Se supone que el “como quieras”, incluía también un duelo a los tiros. Bonadio le había dicho a Jorge Lanata por radio que no se metieran con sus hijos y que si querían pelear con él, estaba disponibles. Pero que no se las agarraran con su familia.
A Bonadio, le pintaron la casa y el estudio de grabación del hijo con amenazas. Le tiraron un paquete con artefactos explosivos al jardín de su casa y la policía tuvo que efectuar dos “detonaciones controladas” y hasta lo amenazaron de muerte con un papel que arrojaron por debajo de la puerta de su despacho privado en los Tribunales de Comodoro Py.
Fue una exhibición de poder tan grande que a Bonadio, solamente le quedó el arma de la ironía para decir: “Si aparezco suicidado, busquen al asesino”.
El asesino fue un maldito tumor cancerígeno en el cerebro. En julio de 2015, Cristina le había puesto precio a su cabeza. Lo dije en una editorial y lo ratificó el doctor Bonadio en una entrevista que le hicimos en Los Leuco en TN.
Bonadío siempre fue para los K una astilla del mismo palo. Su militancia peronista lo llevó a ser funcionario de Antonio Cafiero, de Carlos Menem y Carlos Corach y cuadro del peronismo derechoso de Guardia de Hierro, donde conoció a Guillermo Moreno, Roberto, el padre de Juan Grabois y hasta a Jorge Bergoglio. Sin embargo, los peronistas de todos los matices cerraron filas para ser cómplices de la corrupción de Cristina y se lo quisieron llevar puesto.
El momento en el que Bonadio estuvo más cerca de la muerte, con excepción de mayo pasado, cuando fue intervenido quirúrgicamente en su cabeza, fue en el 2001. Bajaba de su Audio negro en la esquina de San Martin y Matienzo en Villa Martelli con un amigo. Eran las 20.30 hs. Dos muchachos se acercaron y les dispararon con un arma. Un balazo impactó en hígado de su amigo, Miguel Angel Patrani. En ese momento Bonadio reaccionó velozmente, desenfundó su pistola Glock y mató a ambos delincuentes. A uno le pegó 6 balazos. Se sospechó que el ataque fue ordenado por una banda de secuestradores que el juez estaba investigando.
El momento en el que Bonadio se sintió más agredido, tal como conté, fue en el 2017, cuando, desesperados por el avance de las causas contra la mega corrupción de Cristina se metieron con su hijo Mariano. En una amenaza le dijeron que le iban a armar una causa por drogas, Marcelo Fuentes, el senador de Cristina, hizo una denuncia sobre los fondos que utilizó el joven Bonadio para armar un estudio de grabación para su grupo musical pese a ser monotributista.
Obviamente que le armaron todo tipo de denuncias y la inmensa mayoría fueron desestimadas tanto en el Consejo de la Magistratura como en la propia justicia. Estaban en su mayoría generadas por revanchismo y bronca, con una notoria ausencia de papeles y de pruebas. Llegaron a decir que tenía una oficina que le prestaba la embajada norteamericana y que trabajaba para Clarin. Relato K en estado puro. La única defensa frente a tantos datos y testimonios era un ataque feroz. Y fue lo que hicieron.
Es que Bonadio, fue el que arrinconó contra las cuerdas de los tribunales al kirchnerismo en general y a Cristina y su familia y su cártel de los pingüinos en particular. Fue el primero que se atrevió a llamar a Cristina a declaración indagatoria, el que más veces la procesó y el que pidió su desafuero y su prisión. Jorge Capitanich dijo que Bonadio ejercía «el golpismo activo». Máximo Kirchner, también procesado por Bonadio, no se quedó atrás: “Es una cuestión salvaje de un juez que pasó de estar en la servilleta de Corach al Iphone 7 de Macri. Es una operación clara del gobierno”. Es asombroso que lo acusen de estar en la servilleta de Corach, en el gobierno de Carlos Menem que Néstor apoyó con tanto énfasis en sus discursos y en las elecciones donde compartieron boleta en 7 oportunidades.
Bonadio, tenía un temperamento fuerte, o unos huevos así de grandes para ser más preciso. Su pelo y su barba se fueron poniendo blancos y hace tres días pasó el peor de los cumpleaños, el número 64, porque la muerte ya golpeaba a su puerta. Había pedido prolongar su licencia hasta marzo. Jamás lo ví en su despacho ni tomé un café con él. Vino a TN en alguna ocasión y fue muy respetuoso. Enfrentó un aparato gigantesco estatal y para estatal que lo quiso estigmatizar y sacarlo de la cancha. No pudieron porque la democracia y el estado de derecho todavía tienen sus reflejos. Solo la muerte pudo con Bonadio. Pese al odio de Cristina.

Aníbal, de morsa a zorro – 3 de febrero 2020

Ni los cristinistas, entienden bien cuál fue el motivo de la designación de Aníbal Fernández como interventor del yacimiento carbonífero de Río Turbio. Se hicieron chistes fáciles en el sentido de que Aníbal es un experto en cuestiones turbias pero lo cierto es que Cristina envió una señal clara: la lealtad se paga. Aquellos que no se quebraron ni cruzaron de vereda tienen que ser recompensados y no abandonados a la intemperie. Es un eslabón más de la búsqueda de impunidad de Cristina. Aníbal Domingo Fernández a los 63 años, logró su cargo número 20 en el estado. Cristina le dio la orden a Alberto por intermedio de su cuñada Alicia.
Aníbal fue funcionario de Carlos Ruckauf, Eduardo Duhalde, Néstor y Cristina y ahora, de Alberto. Pero es junto a Guillermo Moreno y Luis D’Elía, uno de los cristinistas de peor imagen pública. Es un perdedor serial y por eso en los últimos 6 años estuvo en el llano. Cayó derrotado por María Eugenia Vidal, por 5 puntos, con un record de corte de boleta en su contra. Perdió en 7 de las 8 secciones electorales, incluido en Quilmes, su patria chica, donde supo ser intendente. Fue caracterizado como el mariscal de la derrota al igual que Cristina porque ella lo designó.
Y en los últimos comicios, completó el papelón, porque perdió la interna del justicialismo en Pinamar a manos del surfista Gregorio Estonga.
Eso lo condenó al desierto del enojo y a algunas declaraciones que expusieron su lado más salvaje. Un spot de Vidal le preguntaba a los bonaerenses con quien dejarían a sus hijos: si con Aníbal o con ella. Aníbal declaró que prefería dejar sus hijos con Ricardo Barreda, un múltiple femicida que asesinó a escopetazos a su esposa, su suegra y sus dos hijas en 1992. Fue repudiado, hasta por sus propios compañeros como Facundo Moyano, Matías Lammens y el mismísimo Axel Kicillof. El colectivo “Ni una menos”, copado en su conducción por el kirchnerismo, no emitió opinión.
Hace poco, aumentó su volumen machirulo. La diputada Elisa Carrió le había dicho a Jorge Lanata que ella, después de hacer denuncias sobre el asesinato de Nisman, pidió públicamente que “Milani no la matara” y que “Aníbal no la mandara a matar”. Fernández reclamó que mediquen o internen a Carrió que “está muy enferma” y finalizó su tuit agrediendo así: “Por su condición de sucia, ruego abstenerse, no tiene solución”. El colectivo “Ni una menos”, copado en su conducción por el kirchnerismo, esta vez, tampoco emitió opinión. Imaginen el escándalo que se generaría entre el feminismo K si algún legislador de Cambiemos tratara de sucia a Cristina.
En aquel momento, ella no fue capaz ni de darle el pésame a la familia del fiscal Nisman. Cero condolencias. Todo lo contrario, ordenó demoler su prestigio y matar nuevamente al muerto pero esta vez con mentiras, y con presunta información de su vida privada. Aníbal Fernández fue el jefe del “Operativo basura” de toda la maquinaria estatal que incluyó el pedido de que metieran presa a la madre del fiscal Nisman.
Los esbirros de Cristina utilizaron todos los insultos y descalificaciones que tuvieron a su alcance. Le dijeron de todo a Nisman: “corrupto, turro, sinvergüenza, incompetente, homosexual, loco, títere de un espía, mujeriego, agente de la CIA y el MOSSAD, lavador de dinero, golpista e idiota”.
Graciela Ocaña, fue la que dio en la tecla política planteando que el regalo de reyes que le dieron a Aníbal con su designación, fue para que Cristina premie a los leales que por ejemplo, son abogados de Cristóbal López, como Aníbal. Juntos estuvieron en la Casa Rosada el día de la asunción del nuevo presidente.
Ocaña cree que con Aníbal se confirma que vuelve lo peor, los de la omertá, y apeló a la ironía: “Parece que para tener un cargo en este gobierno, tenes que tener antecedentes penales” y recordó que Aníbal tiene dos procesamientos firmes con elevación a juicio en dos causas que inició ella: Fútbol para todos, donde la presidencia de Cristina le compró a la AFA, insólitamente los derechos de televisación del fútbol para recuperar “los goles que habían sido secuestrados”. Bendijeron esa locura dos enemigos íntimos unidos por los negocios: Julio Grondona y Diego Maradona.
La otra causa que impacta en Aníbal es el Plan Qunitas, una repartija de cunas y ropas para bebes que se compraron a precio vil y cuya calidad hacía que las cunas se rompieran como si fueran cartón pintado. Hubo sobreprecios fenomenales por 140 mil kits para embarazadas. La empresa que fue la proveedora y la forma en que le adjudicaron este negocio es para el record mundial de bajezas y truchadas.
Dejaron los dedos pegados por todos lados y perjudicaron a mujeres pobres y a punto de parir. Todo muy nacional y popular.
Mariana Zuvic, una dirigente del riñón de Elisa Carrió, dijo que poner a Aníbal en Rio Turbio es poner al zorro a cuidar el gallinero. También recordó que “La Morsa”, fue el autor intelectual del Triple Crimen de General Rodríguez por la efedrina, tal como lo denunciaron los autores materiales como Martin Lanatta.
De La Morsa al Zorro. Zuvic abundó: “Esto es otra vez caja y otra vez robo e impunidad. Por eso planteamos que la dicotomía electoral era mafia o República. Sobre Río Turbio hay 6 causas y dos elevadas a juicio oral.
Por una de estas, Julio de Vido fue desaforado y preso. Hoy permanece con una tobillera electrónica, en detención domiciliara, en la lujosa mansión que tiene en Puerto Panal donde, casualmente, curiosamente, (usted me entiende?), también tienen propiedades Máximo Kirchner y el Bochi Sanfelice. Gente afortunada que le fue muy bien en la vida. También fueron presos por lo mismo Roberto Baratta, otro santo revolucionario de los cuadernos de Centeno pero no los de Antonio Gramsci, además de Juan Lascurain, el K que lideró la UIA y Atanasio Pérez Osuna, ex interventor en la empresa. El juez Luis Rodríguez que no es precisamente anti K, dio por acreditado que se habían robado 176 millones de pesos y que se pagaron 443 millones por un tren turístico que nunca se terminó entre otras chanchullos y matufias millonarias. Durante los K el personal de la mina de carbón aumentó un 233% y la producción cayó el 85%. Está, todo dicho.
Pero los fuertes cuestionamientos no son solamente de la oposición. El actual presidente, Alberto y Aníbal, tuvieron encontronazos feroces que no entiendo, cómo pueden olvidar. Se tiraron munición de las más pesadas después de ser socios en el “Ministerio de la Intimidación a los que piensan distinto”. Algunos no se acuerdan pero los archivos dicen que Aníbal, como vocero de la presidenta le dijo lo peor: que Alberto se cagó en la amistad de Néstor Kirchner, que durmió en la cama de Máximo y comió en la mesa familiar y que ahora se la pasa criticando como si fuera Macaya Márquez. Le ordenó que cerrara el pico y se fuera a su casa como hace un caballero y que dejara tirar piedras de la vereda de enfrente.
Tanta ferocidad tuvo una respuesta en los mismos términos. Alberto le dijo “energúmeno verbal” que sufre complejo de inferioridad y le enrostró que ahora se disfrace de progresista para agradar a La Cámpora, y le recordó que cuando era intendente de Quilmes tuvo que salir escondido en el baúl de un auto.
¿Qué me cuenta?
Hay un documento histórico del 28 de julio del 2011. Una carta abierta publicada en La Nación en la que Aníbal repitiendo conceptos de Cristina acusa a Alberto de ser un traidor, vocero de Héctor Magnetto, CEO de Clarin y de las corporaciones.
Alberto venía diciendo que Cristina vivía en un mundo dual y que actuaba como una adolescente, que sufría una distorsión de la realidad y que debía recuperar la cordura. Muchos no se acuerdan. Pero este era el tono de los palazos que se pegaban Alberto, Cristina y Aníbal. Hoy volvieron a ser todos compañeros y hacen borrón y cuenta nueva.
Y algo más grave todavía: el actual canciller, Felipe es Felipe, lo acusó de “ser más droga” y eso no es broma. Y en un spot de campaña en el que aparece con Daniel Arroyo, se comparó con Aníbal con la consigna “Droga si o droga no. En aquel tiempo Solá y Arroyo expresaban la postura de la Iglesia católica en ese tema.
Sería bueno que Sola diga que se arrepiente de haber dicho eso o que explique porque designan a alguien que es más droga en un puesto tan importante. Y ni hablar de la veleta oportunista de Pino Solanas, hoy designado embajador ante la Unesco que dijo que “Aníbal es el narco estado”. Solo hay que saber googlear.
La respuesta de Aníbal ante los periodistas fue una chicana de la que es difícil volver, aún para los peronistas: dijo que no le vendería un auto a Felipe porque nunca paga lo que compra. Que tiene fama de eso y que si le trae dinero al contado, el creería que son billetes falsos.
Lo cierto es que el plan de Cristina avanza. Se muestra con Gerardo Ferrerya de Electroingeniería y le pide a Alberto que terminen las represas de la corrupción en Santa Cruz. Hace lo mismo con la ruta 9 provincial, obra cobrada y no realizada por Lázaro Báez que, por ahora seguirá preso. Designa a todo su estado mayor en justicia, inteligencia y las cajas de fondos más suculentas. Y como frutilla del postre abre las puertas del gobierno para que Aníbal Fernández regrese del infierno. Insisto con el concepto: parece la directora de la película “El regreso de los muertos vivos”. Cristina se da todo los gustos y nos hace ver una vez más, una película de terror.