La hipocresía de Alberto – 2 de marzo 2020

De arranque nomás, Alberto Fernández mostró una de sus peores características: la hipocresía. Es un experto en el rubro de la simulación para disfrazar su verdadero pensamiento. En sus primeros conceptos en el Congreso prometió recuperar el rol de la palabra. El gran devaluador de la palabra dijo que en la política argentina, la palabra está devaluada. Dijo que la mentira es la peor perversión y es una estafa que le repugna. En eso coincidimos: yo también creo que la mentira es la peor perversión y a mí, también me repugna porque vende una realidad que no existe, un relato como hizo el kirchnerismo desde su aparición en la vida pública. Cristina y su gente se enriquecieron ilícitamente en forma colosal con el dinero del pueblo, pero también, fueron los que llevaron al éxtasis el discurso falso y tramposo. Alberto dijo que en ese momento le estaba dando a su palabra el valor del compromiso. Yo pienso lo mismo: por eso mis programas se llaman “Le doy mi palabra” y “Palabra de Leuco”. Le recuerdo que según el diccionario la hipocresía es todo lo contrario de la sinceridad. Son antónimos.
Vamos a los ejemplos más claros de la hipocresía del discurso del presidente Fernández. No se le cayó la cara de vergüenza al decir textualmente: “venimos a ponerle fin a la designación de jueces amigos, a la manipulación judicial, a la utilización política de la Justicia y al nombramiento de jueces dependiente de poderes inconfesables de cualquier naturaleza”.
El peronismo, en todas sus versiones ideológicas, desde el thatcherismo de Carlos Menem hasta el chavismo de Cristina, es el gran responsable de eso que denuncia Alberto que, dicho sea de paso, fue funcionario de todos esos gobiernos.
Desde el regreso de la democracia, han tenido mayoría en el Senado de la Nación y por lo tanto el poder de veto y la capacidad de designar a todos los jueces. Desde el señor feudal Vicente Leónides Saadi hasta la actualidad, se han cansado de nombrar a amigos y militantes y de manipular la justicia para utilizarla políticamente. ¿Para quién jugaron los nefastos Norberto Oyarbide, Carlos Liporace, Eduardo Freiler, Carlos Rozanski y Jorge Ballestero, entre otros, por nombrar solo a los más tristemente célebres?
Pasa exactamente lo mismo con lo que Alberto definió como “los sótanos de la democracia”. Los servicios de inteligencia utilizados para intimidar y extorsionar a opositores y periodistas y para colaborar con jueces K fue una moneda corriente. Es más, el propio Alberto cuando se fue del gobierno enfrentado con Cristina, padeció a esos espías truchos enviados por sus propios ex compañeros de gabinete. Incuso uno de los cerebros de las reformas judiciales y de inteligencia anunciadas, hablo de Gustavo Béliz , tuvo que irse del gobierno y del país por la persecución que sufrió después que Néstor Kirchner eligiera a Jaime Stiuso en su pelea con Béliz.
Tal vez con una autocrítica mínima, Alberto hubiera solucionado el tema. Podría haber dicho algo así: “En otros tiempos nosotros utilizamos estos mecanismos antidemocráticos y autoritarios, pero ahora vamos a trazar una raya y hacer borrón y cuenta nueva.” Pero no dijo nada. Ni siquiera hizo mención a que los jueces deben seguir investigando a fondo y con independencia todas las causas en las que están involucrados Cristina, sus hijos y el Cartel de los Pingüinos, encabezado por Julio de Vido y Lázaro Báez. Tal vez Alberto tuvo buenas intenciones. Pero de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno. Por eso estuvo acertado el jefe del radicalismo, Alfredo Cornejo cuando planteó que hay que comprobar en la práctica si esos anuncios generales son utilizados positivamente para darle aire y credibilidad a los tribunales federales o esos 50 jueces serán activistas de “Justicia Legítima”, la agrupación que tiene puesta la camiseta de Cristina. ¿Van a designar jueces subrogantes amigos o van a privilegiar la excelencia y el mérito? Espero equivocarme, pero yo creo que fue el anuncio formal del plan para la impunidad de todos y todas. Le recuerdo que Cristina, por más vice presidenta y jefa política de Alberto que sea, todavía, por ahora, tiene 9 procesamientos y 8 juicios orales en marcha.
“Ver para creer”, debe ser el lema de los opositores y de los periodistas independientes. Es lo que Néstor Kirchner le dijo a George Bush mientras le apoyaba afectuosamente su mano en la rodilla: “Somos peronistas, nos tiene que juzgar por lo que hacemos y no por lo que decimos”. Una gran verdad y un sincericidio de Néstor.
A las palabras se las lleva el viento y Alberto fue el crítico más feroz que tuvo Cristina. Hemos escuchados decenas de audios y hemos visto cantidad de videos donde el actual presidente habla pestes de la actual vice.
¿Eso es darle valor a las palabras o devaluarlas? ¿Eso es pragmatismo o darse vuelta como un panqueque para llegar al poder?
Hace una semana, Página 12 publicó una nota titulada: “Inédita convocatoria a investigadores del Conicet para gobernar” y daba la lista de los científicos que asumieron cargos en la gestión del oficialismo. Ahí incluyeron, insólitamente a Axel Kicillof y Daniel Filmus. Si entran en esa categoría subjetiva, Diego Golombek o Roberto Salvarezza. Eso solo le alcanzó a Alberto para decir que el suyo es un gobierno de científicos y no de Ceos como el de Macri. Por lo menos una exageración que en el discurso escrito no estaba. Decía textualmente: “gobierno con científicos” y no “de científicos”, como se entusiasmó Alberto al decirlo. ¿Eso es revaluar la palabra o puro jueguito para la tribuna?
¿Cuál Alberto habló? El que dijo que había que dar vuelta la página en el tema de la dictadura o el que le pidió perdón a Nora Cortiñas que lo acusó de negacionista, aunque luego se retractó? ¿El que dice que no busca revanchas y que cita a Perón en el sentido de que no hay nada mejor para un argentino que otro argentino, o el que dice que los productores agropecuarios autoconvocados y desesperados porque están por fundirse, son militantes opositores del PRO?
Alberto llegó a decir “no a la Argentina de los vivos que se enriquecieron a costa de los bobos”. ¿De quién estaba hablando? ¿De Cristina, De Vido, Lázaro, José López y siguen las firmas?
Cuando el presidente, estaba enfrentado con su actual vice, fue despiadado en sus ataques.
Hay videos que hacen temblar el frágil matrimonio por conveniencia entre Alberto y Cristina. Durante una entrevista que le hizo nuestro colega Eduardo Van del Kooy, en TN, a principios de 2015, solo Alberto, se atrevió a decir que todo lo que dijo e hizo Cristina fue “cínicamente delirante”. Comentó que ella estaba alegre y simpática, después de la muerte del fiscal Nisman que la había denunciado por encubrir a los terroristas iraníes que habían perpetrado el atentado terrorista más grave de la historia argentina. Alberto aseguró que ella “percibe todo lo que pasa” y además, definió que ella hizo votar en el Congreso una ley para garantizar su impunidad. Según la Real Academia Española. “cínica” es una persona que actúa con falsedad o desvergüenza descarada y es impúdica y procaz”. Algunos de sus sinónimos son: insolente, caradura, falso e hipócrita. El término delirante se refiere a una fantasía disparatada o a alguna postura enloquecedora.
Insisto: esto no lo digo yo. Lo dijo Alberto. “Cínicamente delirante”, le dijo Alberto a Cristina por televisión en vivo y en directo. Pero por tuit ya había traspasado la línea del buen gusto, cuando escribió que su gobierno era psicótico y ella también actúa como una psicópata.
Otra vez el diccionario que encuentra estos sinónimos de psicópata: neurótica, desequilibrada, lunática, demente y loca.
Insisto con la aclaración: esto no lo estoy diciendo yo, un humilde cronista. Esto lo dijo el actual presidente de la Nación.
¿Fuerte no? Agresiones de alto calibre.
Otro tuit decía: “No estoy a la altura de Cristina. No suelo vivir en la fantasía de los soberbios. Es penoso como ella somete a las instituciones. A Néstor lo acompañé pero con Cristina es imposible”. Hace menos de 5 años, Alberto dijo que “nadie cree en la Argentina que Nisman se haya suicidado. Y “que la primera que no lo cree, es Cristina. Ella dijo que lo habían asesinado producto de una “guerra de servicios” pero los servicios de inteligencia están bajo el mando y la responsabilidad del gobierno”. ¿Escuchó? Los servicios respondían a Cristina. Los sótanos de la democracia.
Cada vez es más difícil creer en lo que dice el presidente Alberto Fernández. Sus mentiras son de tanta magnitud que empieza a generarse un abismo entre lo que Alberto dijo en el llano, y lo que dice ahora, como parte del acuerdo por la Impunidad K.
En otro video, Alberto: caracteriza de deplorable toda la acción institucional y el intento de copamiento de la justicia y dice que le cuesta encontrar algún elemento ponderable del segundo mandato de la arquitecta egipcia. Nobleza obliga: Señor presidente, en eso coincidimos.

El rol de Macri y de la oposición – 7 de febrero 2020

El ex presidente Mauricio Macri, mañana cumple 61 años. El mejor regalo que podría hacerse a sí mismo y a sus votantes, es definir con toda claridad cuál va a ser su rol dentro del universo opositor. Hemos comprobado rápidamente que hay un gobierno absolutamente irresponsable, que está muy lento de reacción y que se mueve en zigzag según ordene Cristina o Alberto. Frente a esa triste realidad, el único camino para no caer en el abismo es que la oposición se estructure en forma responsable. ¿Eso, qué significa?
Que haya un compromiso de unidad inquebrantable y que, se pongan como objetivo controlar en forma implacable las barbaridades que hacen los Fernández, denunciar con firmeza los avances autoritarios y trabajar seriamente en una alternativa para en las elecciones de medio tiempo demuestre que está vivita, coleando y en pleno crecimiento.
Para eso el ex presidente Macri debería aparecer en muy pocas ocasiones para no malgastar pólvora en chimangos. Bajar su perfil y aclarar que está dispuesto a seguir en la política y a ayudar a parir las nuevas candidaturas con una renovación generacional que es imprescindible. Macri ya cumplió su cometido histórico y se puede dar por satisfecho. Lideró una fuerza que se retiró del poder con el 41% de respaldo popular pese al fracaso económico, entregó el poder en tiempo y forma y colocó los cimientos para un movimiento republicano y popular que puede constituirse en una de las posibilidades de alternancia que consoliden la democracia y consolide la idea de que no solamente el peronismo puede gobernar.
Hay que tener en cuenta que en las elecciones del año pasado, perdió el club del helicóptero. Ganó la República. La democracia recuperó uno de sus pilares fundamentales: la alternancia. Los argentinos tenemos una vergüenza menos porque aprobamos una de nuestras principales asignaturas pendientes. El presidente Mauricio Macri entregó los atributos de mando en tiempo y forma, al presidente entrante Alberto Fernández. Y hubo tres abrazos, más allá de la mano falsa y la cara de Cristina, que puso la actual vice presidente. Algo que es normal en cualquier institución del mundo, pero que aquí, no ocurría desde hace 91 años. Nunca, en todo este tiempo, un presidente no peronista logró finalizar su mandato. Esta vez, Macri consiguió que esta gloriosa nación, se sacara esa mochila de piedra. Quedo dinamitada esa idea nefasta y antidemocrática de que solo el peronismo podía gobernar este complicado país. El sector más chavista del cristinismo apostó desde un principio a convertir a Macri en Fernando de la Rúa. Hicieron todas las maldades posibles para que un huracán social se lo llevara puesto y Macri tuviera que huir de la Casa Rosada en helicóptero como lo hizo el ex presidente radical. No ocultaban sus intenciones golpistas. Hasta regalaban helicópteros de juguete en las marchas. El concepto lo sintetizó el diputado Fernando Iglesias. Llamó a estos mafiosos destituyentes, “El Club del helicóptero”. Esta vez, por suerte para todos los argentinos, no lograron su perverso objetivo. Esta vez ganó la República y la alternancia que es el ADN de toda democracia que se precie. Si no hay por lo menos dos partidos o coaliciones en condiciones de conducir los destinos de la patria, esa democracia minusválida, se transforma en unicato o en cristinato, como ya lo padecimos.
Este es el principal saldo favorable que deja la administración de Cambiemos como herencia. El día de la concentración más grande en mucho tiempo realizada en el Obelisco se convirtió en una suerte de 17 de octubre republicano. Fue el momento del parto de algo nuevo. Jorge Fernández Díaz lo bautizó con precisión y talento: “El Movimiento Republicano Popular”. Hoy todavía está en gestación y es un rompecabezas que la dirigencia debe saber armar con inteligencia y sin mezquindades. Ese tsunami de ciudadanos argentinos, ocuparon las calles que solía ser propiedad exclusiva del peronismo. El último sábado de Macri en el gobierno, una vez más, llenaron la Plaza de Mayo, sin micros ni punteros, y llevaron al presidente Macri en andas. Esa parte del pueblo que tiene 10 millones y medio de votantes, se puso el presidente al hombro y dejó en el basurero de la historia la imagen de un jefe de estado escapando de la anarquía y la muerte por las calles. Esa imagen, de Macri sostenido por la gente, le extendió el certificado de defunción a ese concepto jurásico, nacional populista y profundamente autoritario, de que solo el peronismo puede.
Por eso fue tan horrible lo que hizo Ricardito. Porque su padre, don Raúl Alfonsín fue el primer republicano que derrotó al nacional populismo autoritario del peronismo y le dio a la palabra “republicano”, el mejor de los contenidos: el de los españoles que combatieron el oscurantismo falangista y dictatorial de Francisco Franco.
Esta gran novedad política del Movimiento Republicano Popular, no tiene la conducción de Macri. Incluye a Macri que por supuesto, es una suerte de principal referente en su carácter de ex presidente. Pero no todos los republicanos populares que participan y salen a la calle contra los corruptos y los patoteros golpistas son del PRO. Por el contrario, se trata de una movida todavía en ciernes que incluye a radicales, seguidores de Elisa Carrió, peronistas republicanos de Pichetto y de Monzó y hasta de Luis Juez y a un inmenso sector de gente independiente que no se siente representada por ninguna de estas camisetas partidarias. Faltaría crear otra agrupación que sume a Graciela Ocaña, Gerardo Milman, Adrián Pérez o figuras claves de la vida cultural como Juan José Campanella que tienen una identidad social demócrata o social cristiana que no encuentran en el radicalismo. Ese espacio, hasta podría seducir a Margarita Stolbizer que con manos limpias y buenas intenciones, quedó nadando sin rumbo entre los tiburones del peronismo. Y podría sumar, sin burocracias, a los independientes que militan con astucia, sobre todo en las redes, en “Banquemos” o en “Equipo Republicano”.
La conclusión es que: “sin el antikirchnerismo, no se puede, pero con el antikirchnerismo no alcanza” y agrego una idea organizativa.
Si quieren convertir a esta coalición en algo serio y duradero, en una oposición sensata y severa que no baje ninguna bandera de honradez y libertad, deberían institucionalizarla. Los presidentes de estos partidos deberían formar un consejo directivo permanente que fije agendas, que arme mesas políticas en todas las provincias y en todos los pueblos sumando a las expresiones vecinalistas. Que tenga vida orgánica, que discuta ideas en seminarios y convoque a intelectuales de diversos pensamientos y que se proponga dirigir gremios, centros de estudiantes, consejos profesionales, clubes, y todo tipo de instituciones intermedias. Es la mejor manera de comprender las raíces de los problemas y de estar junto a otros ciudadanos que tienen dificultades, inquietudes y muchas veces, aportan soluciones creativas. Si esa marea popular se institucionaliza como la Concertación Chilena, por ejemplo y tiene vida propia, con líneas internas y elecciones democráticas va a adquirir una fortaleza en el tiemplo que luego en las elecciones va a llenar de legisladores el Parlamento y se va a colocar en la línea de partida para volver a gobernar la Argentina.
Esto que acabo de describir se llama hacer política. Esa nueva instancia, superadora de Cambiemos debe armar un gabinete en las sombras. Especialistas y técnicos honrados y de excelencia profesional que sigan y monitoreen cada medida que tome cada ministro de los Fernández. Que critique lo malo, apoye lo bueno y proponga alternativas superadoras. Esa es la mejor manera de hacer una oposición razonable, que convoque a la epopeya de construir un país mejor. Con más del 40% de los votos movilizados tiene la gran misión de evitar todo tipo de desmesuras y locuras de Cristina y Alberto, de poner límites a las persecuciones que ya empezaron y de elegir el próximo presidente en el 2.023.
Le recuerdo lo siguiente. Macri no debería liderar esto. La conducción debe ser colectiva y multipartidaria. Macri debe actuar como una suerte de coordinador, como ex presidente y como el partero de las candidaturas que vienen que incluye, entre otros, a Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Patricia Bullrich, Martín Lousteau, Mario Negri, Rogelio Frigerio, Alfredo Cornejo y todos los liderazgos que vayan apareciendo y se vayan consolidando en los próximos años.
Esta sería la mejor manera de no ventear semejante energía republicana. Hay que darle cauce y continuidad sin encerrarla en formalidades. Tiene una potencia impresionante. Pero debe tener una referencia para no dispersarse en peleas intestinas y evitar que la diversidad multicolor tan útil, se transforme en una desbande en donde cada uno haga lo que se le ocurra.
Hay futuro si lo manejan con astucia y sin soberbias ni especulaciones personales. Esto recién empieza y la base es muy sólida. No significa que todo ya está hecho. Por el contrario, el movimiento republicano popular recién ha nacido. Todavía le falta aprender a caminar. Pero va por el buen camino.

Merkel y Perón – 6 de febrero 2020

Angela Merkel es una mujer brillante. El año que viene, se va a retirar, después de 17 años como canciller federal de Alemania. Es una líder popular que fue varias veces elegida como la más poderosa del mundo. Es física y tiene un doctorado sobre “Química Cuántica” en la universidad de Leipzig. Habla perfectamente ruso e inglés, además de alemán, obviamente. Sin embargo Angela Dorothea Merkel no pudo descifrar uno de los mayores misterios del universo y se lo preguntó a Alberto Fernández en la intimidad de la cena: ¿Qué es el peronismo? Y agregó: “No los entiendo. ¿Son de derecha o de izquierda? Ella lo preguntó porque fue una luchadora por la libertad desde el social cristianismo contra la dictadura comunista cuando Alemania estaba dividida.
Dicen que Alberto se tomó unos pocos minutos y habló de capacidad para gobernar. Pero el detalle, no lo sabremos nunca.
Como observador y analista externo, confieso que me hubiera gustado responderle con un par de chicanas. Una contra Cristina que dijo en campaña electoral que su modelo era Alemania y nos llevó cerca del chavismo venezolano. Y otra contra el flamante funcionario Aníbal Fernández que dijo que en la Argentina había menos pobres que en Alemania.
Pero hubiera sido desubicado de mi parte y demoledor para la digestión de la anfitriona de Alberto.
Lo cierto es que esa pregunta tiene mil respuestas y ninguna. ¿Qué es el peronismo?
Juan Domingo Perón es una de las figuras de nuestra historia política que despierta mayores odios y amores. Con solo mencionar su nombre en una reunión social, se abre una discusión muchas veces irreconciliable que, ahora llamamos grieta, o abismo.
Murió en 1974 y Perón todavía sigue muy presente. Decía que su único heredero era el pueblo, pero la realidad es que hoy es muy difícil definir que es el peronismo. Es un partido híper pragmático especialista en llegar y mantenerse en el poder con la ideología de los vientos que soplan.
Perón todavía desata pasiones sobre su vida y obra que son material inflamable. Se lo digo más claro todavía: Perón marcó la historia argentina. En todo debate es casi imposible encontrar denominadores comunes y es muy fácil chocarse con definiciones tajantes, excluyentes. Le doy los ejemplos extremos:
Usted puede escuchar a muchos argentinos decir que Perón fue un nazi. El que más violencia sembró y el que más atacó la libertad.
O en el otro rincón…
Usted puede escuchar a muchos argentinos decir que Perón fue Gardel, un semi dios. El que más hizo por los pobres en nuestro país y el que más impulsó la justicia social.
¿Fue nazi o Gardel? Con Perón no hay términos medios. La gloria o Devoto. El cielo o el infierno. En la figura de Perón se resume la eterna lucha entre la libertad y la justicia social, entre las demandas democráticas y las aspiraciones sociales. Es una lucha tan vieja como el mundo. Pero en Argentina se concentra en forma impresionante en la figura de Perón.
Es difícil entender el alma y el cerebro de los argentinos, sin entender o intentar entender al peronismo. Hay que buscar un acercamiento a la verdad con la menor cantidad de reduccionismos o simplificaciones. Argentina fue cultural, económica y políticamente distinta después de la aparición de Perón. Para bien y para mal. Insisto, no es mi intención sumarme a la agresiva discusión pasional que no conduce a nada después de que pasaron 46 años de su muerte.
Mi humilde apuesta e intención es tratar de analizar el fenómeno de Perón lo más despojado posible de conceptos sanguíneos, tratando de que allí donde los ciudadanos desatan pasiones, los periodistas desatemos reflexiones.
¿O no se pueden analizar todas las cuestiones históricas y políticas con racionalidad? ¿Somos tan poco inteligentes que no podemos tomar distancia de los acontecimientos y sacar conclusiones que nos sirvan para seguir avanzando en la construcción de un país más justo, con más libertad y menos pobreza? Pienso en un salto de calidad y maduración en las discusiones que pacifique los espíritus y nos abra la cabeza. ¿Es tan complicado eso? ¿Nos cuesta tanto no pensar a Perón en términos absolutos? ¿Nos cuesta tanto pensarlo lejos de las etiquetas que estigmatizan o endiosan?
¿Nos podemos meter en el estudio histórico razonando que nos equivocamos si creemos que Perón era solamente un nazi o solamente Gardel? ¿No era ninguna de las dos cosas o era ambas cosas?
Le doy un ejemplo:
Un antiperonista furioso, alguno de nuestros abuelos que incluso, haya sido comando civil, hoy, ¿no podría reconocer que Perón incorporó a la clase obrera al gran escenario nacional? Que les dio un lugar y un reconocimiento a los trabajadores urbanos y rurales y que instaló definitivamente en la conciencia social de este país el concepto de igualdad.
¿Cómo dice oyente antiperonista? ¿Que esas ideas ya las habían sembrado los socialistas de Alfredo Palacios? Sí, eso es verdad. Pero nadie las ejecutó en la práctica con tanta fuerza y las levantó más alto como bandera que Perón.
Pero ahora, déjeme seguir con el ejemplo contrario.
Un fervoroso peronista, incluso algunos de nuestros tíos que recibió su primera pelota de cuero gracias a Evita y que se tomó vacaciones por primera vez en un hotel sindical de Mar del Plata y que estuvo en la resistencia, hoy ¿No podría reconocer el tema de la violencia y el autoritarismo de Perón? La alfombra que les tendió a muchos nazis para que ingresaran al país, el fusil como instrumento de lucha política y la muerte como objetivo. Lo digo por todo. Sin distinciones ideológicas, lo digo por el “5 x 1, no va a quedar ninguno” de Montoneros y por la Triple A de José López Rega.
¿Cómo dice oyente peronista? ¿Qué Perón y los peronistas también sufrieron la violencia y que fueron víctimas de los bombardeos de Plaza de Mayo, de los fusilamientos de José León Suárez, los desaparecidos?. Sí, es verdad. Pero ningún movimiento político argentino llevó en su génesis tan metido el concepto de la violencia como partera de la historia.
No me diga que no sirve la razón para estudiar a Perón como hecho histórico. Seguramente si lo logramos eso nos ayudaría como país para que poco a poco vayamos saldando tanto odio, tanto fanatismo, tanta locura.
Hoy el antiperonista debería reconocer que cuando murió Perón, a gran parte del pueblo argentino se le desgarró el corazón de tristeza porque se iba una suerte de gran padre protector de los descamisados, de los grasitas, de los que siempre tuvieron menos. Una foto que sigue golpeando mi memoria es la de aquel colimba de rasgos norteños, con su rostro desencajado por el llanto ante el féretro que llevaba los restos de Perón, quien fue el único que logró tres veces ser elegido presidente con el voto popular.
Hoy el peronista debería conceder que cuando murió Perón, a otra parte del pueblo argentino se le escapó un suspiro de alivio porque ese muerto había sido el responsable de muchas persecuciones y del encarcelamiento de dirigentes opositores.
Pero fue precisamente uno de los opositores más perseguidos por Perón, uno de los que estuvo preso por combatirlo, el que con una lucidez digna de los grandes puso la semilla de los nuevos tiempos de convivencia que florecieron hasta que llegaron los Kirchner a abrir nuevamente las puertas del odio. Todavía siguen golpeando en mis neuronas aquella despedida que Ricardo Balbín le hizo a su enemigo de toda la vida. ¿Se acuerda del Chino Balbín al lado del cajón, con la mano en el bolsillo y en su tono grave diciendo: “Este viejo adversario despide a un amigo”. Hay que recuperar ese espíritu de unidad nacional en la diversidad. O cuando el doctor Antonio Cafiero se puso al lado del presidente Raúl Alfonsín en el balcón de la casa Rosada para enfrentar juntos el levantamiento golpista de los carapintadas.
Perón, Balbín, Alfonsín y Cafiero demostraron que se podía. Néstor y Cristina echaron sal sobre las heridas y produjeron lastimaduras más profundas. Y encima las inundaron de una corrupción nunca vista.
En las urnas se resuelven los temas irreconciliables. Basta de insultar o perseguir al que piensa distinto. Todo lo contrario, enriquecerse con el pensamiento del otro. No nos podemos permitir volver a transitar momentos terribles y horrorosos como la quema de iglesias o que alguien pinte “Viva el cáncer” sobre el sanatorio donde se estaba muriendo Evita. Hubo un troglodita que llegó a decir hace horas que la muerte le sentaba bien a Claudio Bonadio. No aprendemos más.
Basta de intolerancia. Tenemos que construir en común. Estoy seguro que más temprano que tarde lo vamos a lograr.
Tal vez Cristina sea el mayor obstáculo.
Como muchos jóvenes setentistas, Cristina no votó a Perón. Le decía “viejo de mierda” y puso la boleta de Jorge Abelardo Ramos. Ella creía que ser “evitista” era más revolucionario.
Según infinidad de pruebas y testigos fue junto a Néstor la que diseñó el sistema de corrupción más colosal de la historia democrática. Fue maltratadora con su propia gente, altanera y se enriqueció ilícitamente como pocas personas. Tiene 9 procesamientos, 7 elevaciones a juicio oral, 4 pedidos de prisión preventiva, uno confirmado por la Corte Suprema y embargos por 12.320 millones de pesos.
Pero si entender al peronismo es complicado, explicar a Cristina es directamente imposible. Son misterios muy difíciles de descifrar aún para personas tan brillantes como Angela Merkel. ¿No le parece?