Esta es una de mis columnas preferidas. Un auto regalo que me hago en Navidad.
Hace más de 40 años que ejerzo el periodismo. Leí muchos libros y diarios, entrevisté gente sabia y conocí lugares que me dejaron muchas enseñanzas. Pero debo confesar que mientras más aumento mis saberes, menos certezas tengo. Una de las pocas certezas que me atrevo a defender es que nuestros hijos son lo mejor que tenemos. Que es lo que más felicidad nos produce. Verlos nacer. Verlos crecer. Y ni me quiero imaginar lo que debe ser verlos multiplicarse y hacernos abuelos. De eso saben algo mis viejos que esta semana cumplieron 66 años de casados. Esther y Mayor ya son ocho veces bisabuelos con Eliana, Ezequiel, Uriel, Yael, Yoav, Yonatán, Sofia y el Eitan.
Eso yo todavía no lo experimenté porque mi hijo Diego recién tiene 30 años y está tan enamorado como yo de la aventura de ser periodista. De utilizar este maravilloso oficio para conocer, para curiosear, para investigar y para acomodar a los incómodos e incomodar a los cómodos. Que Diego haya pasado de ser estudiante de periodismo a periodista respetado, me produjo una de las mayores felicidades de mi vida. Un yacimiento de alegría que ni sabía que tenía. Su nacimiento como hijo y su nacimiento como periodista es por lejos, lo mejor que me pasó en la vida.
Casi todo lo demás son anécdotas. Van y vienen. Te dan energía o te quitan. Pero no son fundacionales como la relación entre los padres y los hijos. Ese vínculo es de acero.
Es una fábrica de esperanza inagotable. ¿Se puede explicar racionalmente esa felicidad? Es muy difícil pero para empezar creo que procrear, generar vida, aportar a la cavidad del amor de una pareja y prolongar la descendencia por los tiempos de los tiempos es en sí mismo el mayor de los milagros. No descubro nada ni pretendo descubrirlo. Digo que ese amor que se revela cuando ellos nacen es un manantial que desconocíamos hasta ese momento. El amor por lo hijos tiene una potencia inigualable. Uno es capaz de hacer cualquier cosa por ellos. Es lo único en la vida que se ama más que a nuestros padres o a nuestra pareja. Es lo único que se ama más que a uno mismo. Es uno mismo en el mañana. Sangre de nuestra sangre, vida cotidiana, gestos, genes. Verlos crecer es una felicidad cotidiana. Aprender a ser padre es una experiencia de una riqueza extraordinaria. Ensayo y error. Poner todo el amor pero sin asfixiar. Ayudarlo a cruzar todos los puentes pero sin cruzar por él. Empujarlo pero no reemplazarlo. Transmitirle valores con el ejemplo pero sin bajarle línea ni apelar a la moralina del dedito levantado. Yo siempre le digo a mi hijo lo mismo que mi viejo me dice a mí: “Cuidate, por favor, que si no te cuidas vos, quien te va a cuidar”. Es un ruego, casi un rezo. Un padre nuestro que estás en la tierra. Cuida a mi hijo, protegelo. Permitile crecer y permitime estar en la tribuna para alentarlo desde cualquier lugar. Permitime ver su crecimiento y ver su luz que me ilumina.
En el libro “Cuidate changuito”, contamos que mi fantasía es convertirme en una suerte de Guillermo Barros Schelotto y levantar los mejores centros para que él, convertido en su ídolo, Martín Palermo, los cabecee a la red. Y después darnos un abrazo de gol, que es lo más lindo de las tardes de Bombonera. A veces creo que ir a la cancha es una excusa para darnos abrazos profundos, emocionados. El desafío es ayudarlos a ser mejor que nosotros. Con más cabeza y más corazón. Con más ética y más sonrisas. Que sean valientes, generosos, divertidos, creativos y que aprendan a disfrutar intensamente los momentos de felicidad. Que sepa que se gana y se pierde. Que mucho, no todo, pero que mucho depende de nuestro esfuerzo. De los huevos que pongamos. De nuestro sacrificio. Son tiempos difíciles para ayudar a crecer a nuestros hijos. Son tiempos llenos de acechanzas y temores. Con muchos miedos. Miedo a que les roben, a que tengan un accidente, a que se droguen, a que se aburran y no encuentren su camino. Y el miedo más terrible: a que no sea feliz.
Está absolutamente probado que las cosas materiales que les podamos regalar los van a poner contentos y van a estar muy agradecidos. Una pelota reluciente, una play aunque sea usada, una bicicleta medio pelo, lo que sea, va a ser bienvenido por ellos. Los llenará de alegría. Pero la felicidad máxima es cuando nos entregamos nosotros. Cuando ponemos el cuerpo y toda nuestra piel. Cuando somos padres presentes. Y vamos al acto en la escuela donde hace de San Martín. Y nos disfrazamos de lo que sea en la fiestita del jardín. O cuando lo llevamos a los entrenamientos de fútbol o básquet o a aprender natación. Ese tiempo compartido vale oro. No tiene precio. Porque jugamos con ellos a juegos que inventamos juntos. Confieso que me gustaba leerle en voz alta y sobreactuando un cuento una y mil veces y solía dormirme antes que él, igual que cuando hacíamos luchitas arriba de la cama y yo me derrumbaba de cansancio.
Siempre digo que una mesa de ping pong en el medio del living me permitió medir el crecimiento de Diego. Al principio, mientras él aprendía yo me dejaba ganar para que no se desmoralizara. Después los partidos eran parejos, de hacha y tiza. Yo ganaba y daba la vuelta olímpica alrededor de la mesa y cantaba la marcha del deporte que la aprendió por eso. Y cuándo él ganaba, relataba el triunfo imitando el estilo de la radio dominguera. Pero jamás olvidaré cuando me dí cuenta que en determinado momento era Diego el que se dejaba ganar al ping pong para no humillarme. Me miré al espejo. Lo miré y dije: “O yo me estoy poniendo viejo o el changuito creció. O ambas situaciones”.
La navidad es muchas cosas según el cristal religioso, histórico y cultural con que se mire. Yo ya le dije que no soy muy creyente. Que soy más bien agnóstico como buen periodista pero que admiro y hasta envidio a los creyentes. A la gente de fe. Pero creo que la Navidad en su primer y último contenido transmite el mismo valor y concepto del nacimiento. Del génesis, del comienzo. Por eso la navidad es tan fuerte, por eso conmueve tanto. No es un momento más en la vida de las personas. Es el comienzo de la vida, el nacimiento, el origen, no importa cuál sea la religión que profesemos si es que alguna vez profesamos alguna. Navidad es nacimiento y como le dije al principio no hay palabra superior ni mayor milagro. Ese gigantesco océano de amor interminable se resume en nuestros hijos. Que todos nuestros hijos, los de nuestra familia y los de nuestro país sean muy felices y que nazcan tantas veces como sea necesario hasta que sean felices. Ese es mi deseo para todos nosotros y para todos ustedes. Por eso brindo. Feliz Navidad, feliz nacimiento.
El campo está caliente – 23 de diciembre 2019
El campo está hirviendo. Y no es precisamente por el calentamiento global del medio ambiente. La gente que trabaja en el campo, está caliente porque les indigna que, una vez más, le metan la mano en el bolsillo a los que producen en forma innovadora y competitiva para subsidiar a muchos sectores que viven de las prebendas del estado. Otra vez sopa, dicen los chacareros de la patria. Los economistas dicen que el mundo agro industrial, con la nueva ley, va a pasar a poner un promedio de 1.700 millones de dólares para pagar la deuda. Ese dinero podría destinarse a comprar maquinaria agrícola, insumos, camionetas, departamentos en Rosario, Córdoba o Pergamino y a generar más y mejor trabajo. Sin embargo, se confisca esa fortuna para alimentar ese agujero negro que es un estado que no baja su gasto y castiga a los que mejor hacen las cosas, en lugar de potenciar a los que les va más o menos bien, para que les vaya mucho mejor. Alberto Fernández mintió en dos ocasiones en estos temas decisivos. Primero cuando habló de segmentaciones y en realidad, se trata de compensaciones. No es lo mismo. Segmentar significa que por ley, los más pequeños y los que están más lejos de los puertos, paguen mucho menos que el 33% de la exportación de soja o el 15 del trigo. Compensar es que todos paguen lo mismo y después de trámites burocráticos e insoportables, finalmente, mal y poco, le devuelvan algo del dinero que ya pusieron. No es lo mismo. Parecen sinónimos pero no lo son.
La otra gran falsedad de Alberto es que no aumentaron nada en el tema retenciones. Que lo único que hizo fue actualizar lo que Macri no había actualizado. Otra vez utilizó el lenguaje para ocultar y disfrazar la verdad. La pregunta es si los productores ahora van a tener que pagar más o menos que hace una semana. Y la respuesta es que van a tener que pagar mucho más. Y la otra pregunta es ¿A que otro sector, Alberto le actualizó ese porcentaje? A nadie, solo al campo.
El gobierno debería evitar mojarle la oreja al campo que, en su momento, le dio una paliza política a Cristina con la 125. El campo derrotó a los K, en la calle, con movilizaciones multitudinarias en los monumentos a la Bandera de Rosario y a los Españoles, en Capital.
La victoria del campo también fue en las urnas cuando la lista encabezada por Néstor, Scioli y Massa perdió a manos de Francisco de Narváez.
Y finalmente, el nocaut fue en el Congreso, con el voto no positivo de Cobos. Y le recuerdo que en ese momento la soja estaba a 600 dólares y ahora promedia los 300. El doble.
El gobierno debería evitar el riesgo de matar la gallina de los huevos de oro. La asfixia para el que trabaja y produce es letal: hay 108 impuestos.
La ley que sacaron en tiempo record, fue bautizada por el presidente con un eufemismo gigante: “Ley de solidaridad social y reactivación productiva”. Un experto del campo, Sebastián Gavaldá, dijo que en realidad debería llamarse: “Ley de irresponsabilidad social y retroceso productivo”.
Los productores viven en el campo pero no son tontos. Y cada vez son menos mansos. Ya aprendieron a organizarse para defender lo suyo y para evitar atropellos. Por eso digo que las bases de las entidades agropecuarias están calientes y los dirigentes están tratando de poner paños fríos. Veremos si pueden. Porque hay productores que ya están convocando a un paro de comercialización para dentro de unos días con presencia al borde de las rutas pero sin cortes. Las bases están desbordando a los dirigentes y ya se sabe que si esto se complica más se podría aplicar la máxima de Perón que dijo: “Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”. Los procesos de protesta hoy son muy dinámicos gracias a la velocidad de las redes sociales y siempre se sabe cuándo empiezan, pero nunca, cuando terminan. Juan Garzón, el especialista de la Fundación Mediterránea, dijo que las retenciones, son como los dinosaurios porque se han extinguido en todo el mundo.
Esto es un golpe muy duro para los campesinos en general y para los que se dedican a la carne y al maíz en particular. Cuidado. No se puede jugar con fuego. Esto puede hacerle bajar los brazos a los productores y que desenchufen la máquina de producir y haya desinversión. El tiro, al gobierno, le puede salir por la culata. Ojo con provocaciones como las de Juan Grabois que exigió una confusa reforma agraria y que además dijo que no iban a aceptar que unos pocos se enriquecieran “con los bienes naturales en forma excluyente e injusta”. Como si la soja, la carne, el trigo, fuera producido por Dios y los chacareros solo tuvieran que levantarlo del suelo. Que falta de respeto al esfuerzo y al sacrificio cotidiano de nuestros hermanos del interior profundo.
Los muchachos de Cristina siguen creyendo en esa realidad jurásica de la oligarquía vacuna y mezquina que es anti popular. Pero la única realidad que es el Censo Nacional Agropecuario, confirma que más del 80% de las explotaciones agrícolas, tienen menos de 500 hectáreas y la mayoría son empresas familiares manejadas por un dueño. Si estas no son las pymes, las pymes donde están. Oligarquía, las pelucas. Oligarquía son los gobernadores como Gildo Insfran o los intendentes como Fernando Espinoza que hace un siglo que gobiernan sus distritos y mantienen a los habitantes con altísimos niveles de pobreza, indigencia y desocupación.
Hoy Cristina y sus cómplices tienen más tierras y dólares que la gran mayoría de los productores del campo. No hay nadie más terrateniente que Lázaro Báez.
La delegación de facultades más autoritaria desde 1983, le dio a Alberto poderes muy superiores a los que necesita un presidente democrático. Y a esta altura deberíamos dejar de llamar retenciones (que es una palabra que connota algo pasajero, te retengo y después de devuelvo) y reemplazarla por captación o apropiación de fondos o directamente, confiscación. El estado te atrapa en el puerto cuando estás exportando y no le importa si ese productor ganó o perdió dinero. Directamente le sacan el 33% de la facturación.
Así fue como el campo le entregó al estado cerca de 200 mil millones de dólares en 15 años. ¿Dónde están? ¿A los bolsillos de quien fueron a parar?
Si esa plata quedara en el campo ayudaría fuertemente a la reactivación. Pagaría los sueldos de los puesteros, los peones rurales, los ingenieros agrónomos, los empleados de las concesionarias de camionetas, los de la maquinaria agrícola, los veterinarios, los de la proveeduría, los que venden insumos, el contador del campo, el tambero que ordeña, los camioneros que transportan, el que hace los silos, el escribano, el aduanero, los cooperativistas, el frigorífico.
Hay 250 mil productores diseminados en todo el país que exportan a los 5 continentes y que aportan desde la agro industria el 12% del PBI. Estados Unidos, Europa y Japón subsidian y premian a sus productores. Solamente acá los castigan con más impuestos y con insultos. Hay algo que no funciona. Y no es precisamente el sector más competitivo del mundo que es el campo argentino. Humberto Volando, aquel líder histórico de la Federación Agraria decía que el país podía salir de las crisis, siempre con el campo y nunca contra el campo. Por eso en tierra adentro están muy calientes. Y tienen motivos.
Impuestazo a las clases medias – 20 de diciembre 2019
Los críticos más duros de todos fueron Elisa Carrió y Juan José Campanella. La diputada que renunció y en marzo se vá del Congreso, dijo que “esta ley, es de puño y letra de Carlos Zannini y autoriza a la dictadura por seis meses”. El genial cineasta y ganador del Oscar planteó con su pasión tuitera que se perpetró “el robo más grande de la década a los jubilados”. Mario Negri, el jefe del interbloque no se quedó atrás: “Dijo que le robaban a los jubilados por seis meses. Y que los K padecen el pecado de gula, no aceptan los controles”. Néstor Pitrola parafraseó el panfleto del ministro Tristán y dijo que lo que se aprobó era “tierra arrasada para los jubilados”. Milagros de las transas, sus viejos compañeros de protesta callejera, los piqueteros del Papa y de Cristina, celebraban en la puerta.
Es cierto que este impuestazo a las clases medias les mete la mano en el bolsillo a los esforzados e innovadores productores agropecuarios, a los jubilados y a los pequeños ahorristas de los centros urbanos. Esos sectores en su mayoría votaron en contra del regreso de Cristina. Y ahora están padeciendo el primero de los muchos castigos que van a recibir.
Pero lo más grave es la demostración de que si Cristina tiene semejante apoyo de los legisladores, en la próxima ley van a tratar de ir por todo. Esta vez les dio vergüenza y tuvieron que retirar el artículo 85 que le daba casi la suma del poder público a Alberto. “Se delegan facultades del Parlamento al presidente como si fuera un emperador” dijo el diputado Waldo Wolff. Estas votaciones demostraron un gran poder legislativo que les da una especie de cheque en blanco para que hagan lo que quieran. La fortaleza fue construida por Cristina y su gente, con la ayuda de Sergio Massa, Roberto Lavagna, todos los gobernadores peronistas y tres diputados traidores que entraron por Cambiemos al recinto y antes de sentarse ya se habían dado vuelta como panqueques en el aire.
La movilización de un sector no muy masivo pero potencialmente inmenso, de la sociedad los obligó a sepultar el artículo más descarado que prácticamente clausuraba el poder legislativo. Lo hicieron en paz, sin tirar piedras y agredir a policías ni gendarmes.
Pero los cristinistas van a insistir, no tenga dudas. Van a tratar de ir por todo. Está en su ADN, en su ideología política y en la necesidad que tiene Alberto de garantizar el cumplimiento del pacto original con Cristina que es la libertad de todos los ladrones de estado y la impunidad absoluta para ella y su familia.
Lo que se votó es muy malo e implica más del uno y medio por ciento del producto bruto. Todo fue a pedido del Fondo Monetario Internacional para poder afrontar la monumental deuda.
Pero lo que se puede votar más adelante es todavía más inquietante. Reducir el Poder Judicial a un servicio de justicia que esté al servicio de los jueces con la camiseta de Cristina, por ejemplo.
De todos modos, creo que el mejor discurso, el que fue más a fondo, fue el del diputado Waldo Wolff. Reconoció que es necesario un esfuerzo para estos momentos tan complicados y planteó que ya que congelan los haberes jubilatorios por 180 días pidió que todos los sueldos de la política también se congelen pero por todo el 2020. ¿Se entiende? Que el ajuste también lo hagan los ministros, secretarios, legisladores, gobernadores, intendentes. Que todos ellos, también hagan un esfuerzo y que el ajuste no lo haga solo lo actividad privada. Dijo Wolff que los mismos que incitaban a que les tiraran 15 toneladas de piedras hace apenas 762 días, ahora están reclamando el poder absoluto y le quitan ingresos y certezas a los jubilados que decían defender. Wolff le dijo al presidente que le pida a la Corte Suprema que los jueces, de una vez por todas, también paguen ganancias. Y como si esto fuera poco, agregó que habiendo tantos artículos en esta mega ley, se podría incorporar el proyecto de la extinción de dominio para que todos los ladrones de estado devuelvan lo que robaron. Fue muy atinado la exigencia porque en forma insólita, en las últimas horas, la justicia frenó el proceso que estaba decomisando las propiedades y mansiones millonarias que Daniel Muñoz, el secretario personal de Néstor había comprado con el dinero de todos los argentinos. Le recuerdo que la cantidad de departamentos y casas es monumental y que uno de ellos está ubicado en el Plaza Hotel de Nueva York donde solo viven magnates y celebridades del mundo del espectáculo y el deporte.
Por eso yo le agregaría a la excelente propuesta del diputado Wolff la posibilidad de agregar a este paquete la ley de Ficha Limpia para que los condenados por corrupción no puedan ser candidatos.
Si el gobierno pide esfuerzo y sacrificios, también debe dar el ejemplo. Debe dar señales de austeridad republicana y de ética pública. Hay muchos proyectos de ley presentados que van en ese sentido.
La política tiene deudas de todo tipo con los ciudadanos. Uno tiene que ver con la credibilidad y la honestidad que en muchos casos fueron vaciadas. Una manera de cerrar la grieta que existe entre el ciudadano de a pié y los funcionarios tiene que ver con demostrar más transparencia, manos limpias, uñas cortas y una fuerte decisión de castigar a los corruptos. Muy por el contrario, Alberto Fernández cedió rápidamente a las exigencias de su jefa Cristina y colocó en puestos claves para construir impunidad a Carlos Zannini y Felix Crous y ahora se vienen Daniel Rafecas como jefe de todos los fiscales y Cristina Camaño como jefa de todos los espías. Vuelven los mismos y vuelven peores. No hay renovación de nombres ni de metodología. Todos reivindican a libro cerrado todo lo que hizo Cristina y están dispuestos a hacer cualquier cosa para limpiar los prontuarios aún de los delincuentes más groseros y evidentes como Ricardo Jaime y Amado Boudu o el fallecido Daniel Muñoz.
Nunca es buena la mayor concentración de poder en pocas manos. Nunca es buena la designación de funcionarios que hay están procesados por corrupción. Nunca es buena la prepotencia del número y de llevarse todo por delante.
Nunca es buena la trampa y el ocultamiento. Hoy fue escandaloso lo que hicieron para disimular que el congelamiento a los jubilados no era para los funcionarios del poder político. Ni ministros ni ex presidentes, ni jueces van a ver congelados sus sueldos. Es insólito. Se trata de jubilaciones de privilegio cuyo promedio es de 210 mil pesos. ¿Se entiende? No solamente perjudican a los jubilados comunes, también benefician al poder político. No tuvieron vergüenza. Y por eso no llamaron a las cosas por su nombre. Y por eso citaron leyes y números en el texto pero no dijeron con todas las letras que los ministros, por ejemplo, van a seguir cobrando la jubilación como siempre. Encima no está claro, están investigando si esas excepciones entraron por la ventana de madrugada y las colocaron en el texto a último momento y sin avisar a nadie. Si se comprueba sería uno de los mayores escándalos legislativos en mucho tiempo y los autores intelectuales y materiales deberían pagar con su renuncia.
En el 2002 los Kirchner pidieron la emergencia y la delegación de facultades y era lo correcto por la hecatombe económica, política y social de la Argentina. Pero esa emergencia la mantuvieron durante 16 años pese a que hubo años de crecimiento a tasas chinas. No lo necesitaban para gobernar. Solo para sojuzgar que es algo bien distinto. El gobierno de Macri, dejó caer esa situación arbitraria y excepcional y ahora, el kirchnerismo renacido vuelve a colocar esa anomalía institucional.
Siempre es buena la honradez, la inteligencia y el diálogo y la reconstrucción de una política que deje afuera a los corruptos, los mafiosos y los golpistas. ¿Podrá hacerlo, Alberto? ¿Querrá hacerlo, Alberto? Y en ese caso, ¿Cristina se lo va a permitir? Preguntas como estiletes que van a fondo. Preguntas que todos nos hacemos y que todavía no tienen respuestas.