Santa Cristina y Tristán – 27 de diciembre 2019

Hoy me levanté generoso y le quiero regalar una idea a Tristán. Usted sabe, hablo de Tristán, el ministro de propaganda y venganza de Cristina. El que no permite que la verdad le arruine ninguno de los panfletos que llevó a la pantalla. Primero fue “El camino de Santiago”, en un intento de convertir a Maldonado en “el primer desaparecido de Macri”, tal como tituló con expresión de deseo el jefe informal de la inteligencia K, Horacio Verbitsky. Tan chupamedias como poco peronista, Tristán hizo como que Florencia Kirchner escribió el guión. Solo fue para agradar a su jefa, la cinéfila Cristina Elisabet. Tristán y su banda, se quisieron apropiar de un personaje que no era de ellos y convertirlo en el primer mártir de lo que ellos imaginaban como “la dictadura macrista”. Pero el tiro les salió por la culata. Primero porque el grupo de mapuches violentos que responden al Lonko actualmente preso en Chile, Facundo Jones Huala no se prestaron a ese juego y cuestionaron la cuasi película de Tristán. Los anarquistas que se visten de negro y encapuchados, arrojan bombas molotov y generan ataque de todo tipo, se manifestaron violentamente en la entrada al teatro donde estrenaban la película. Fue en el ND Ateneo, propiedad de Pepe Albistur. Albistur es el ex Secretario de Medios, el dueño del departamento de Puerto Madero, donde vivió el presidente Fernández de prestado y el esposo de Victoria Tolosa Paz, la coordinadora del plan contra el hambre.
Juan Grabois contó que los jóvenes agresores escaparon corriendo y Leopoldo Moreau responsabilizó a los medios hegemónicos. Lo digo en serio. No se burlen. Pueden buscar en el archivo.
La declaración oficial de la Comunidad Puel Willi Mapu del 12 de agosto de 2018 dice textualmente: “Nosotros mapuches, que vivimos y que nos acercamos el 1ro de Agosto a Pu lof de Cushamen queremos expresar nuestro más enérgico rechazo a la creación, proyección y difusión del documental “El camino de santiago”. Porque consideramos que una vez más, se está usando la lucha de nuestro pueblo y en este caso el nombre, la vida y la memoria del compañero Santiago Maldonado para dirimir diferencias partidarias con el gobierno de turno.
Queremos dejar en claro que no compartimos ningún pensamiento con este gobierno macrista, con ningún partido político ni con el anterior gobierno kirchnerista. Gobierno que no dudó en su momento negarnos la identidad como pueblo preexistente reprimiendo comunidades, encerrando hermanos Mapuche siendo responsables de tantas desapariciones forzadas como la de nuestros hermanos CALFULLANCA de Cholila.
Acaso ya se olvidaron que Cristina Fernández de Kirchner creó la ley antiterrorista? Ley que sirve a los gobiernos para judicializar y encarcelar a luchadores sociales y a los mapuche que reclamamos por las tierras, fortaleciendo así la idea del enemigo interno, tildándonos de terroristas” .Tristán y Florencia hicieron la película sobre Santiago Maldonado y los compañeros de Santiago le respondieron con estas palabras que acaban de escuchar. Era un penal y Tristán lo tiró afuera. En lugar de ganarse el amor de los compañeros de Maldonado se ganó el odio.
La segunda cuasi película de propaganda fallida que solo sirve para agitar a los convencidos fue “Tierra Arrasada”. Hace 20 días se estrenó y se trata de otro material tirado a la basura que costó fortunas, en parte cubierta por un subsidio especial del Instituto de Cine que pagamos todos los argentinos. Obviedades y simplificaciones que muestran a Macri como malo muy malo y a Cristina como buena, muy buena y un fuerte ataque a un grupo de periodistas independientes entre los que, por suerte, me encuentro, no alcanzaron para entusiasmar a mucha gente. Tristán es tan verticalista de Cristina que llegó a decir que es una película oscura que “se ilumina cada vez que la cámara toma a Cristina”. ¿No será mucho?
Pero yo le dije que quería regalarle a Tristán una idea que va en ese mismo rumbo. Reconozco que el título está inspirado en el extraordinario libro del maestro Tomás Eloy Martínez. El trabajo de Tristán, debería llamarse: “Santa Cristina”. Ahora que lo pienso, tal vez podría ser una serie tipo Netflix con tantos capítulos como procesamientos tuvo Cristina. De esa manera podría explayarse y desmontar cada una de las acusaciones.
El guión es fácil. Se lo preguntan a los abogados de Cristina y muestran que en todos los expedientes, Cristina es una santa virginal que nunca se enriqueció como jefa de una asociación ilícita destinada a saquear al estado. En cada capítulo debería aparece alguno de los integrantes del Cártel de los Pingüinos diciendo que son perseguidos políticos, que son revolucionarios y populares y que el imperialismo, la oligarquía, los jueces macristas y los periodistas hegemónicos, conspiraron para ensuciar la blanca e impecable investidura de Cristina. Eso sí, en todos los capítulos deberían aclarar que no se trata de una ficción. Porque no se lo va a creer nadie.
Los episodios deberían ser asi: El primero es Cristina y Néstor. Toda una vida compartida en la que ella aprendió el oficio de ganar fortunas sin trabajar nunca en la actividad privada. La exitosa abogada que nunca ganó un juicio pero lo perdió varias veces. Algo así como: la alumna que superó al maestro.
El segundo episodio, yo lo haría con los hijos: Los 5 millones de dólares termosellados de Florencia. La historia filmada debe asegurar que era dinero de una apuesta que le ganó Cristina a un amigo de Europa. Ella le jugó que Macri ganaría las elecciones y ella ganó. La apuesta, digo que ella, ganó la apuesta y la depositó en la caja fuerte de la hija porque había olvidado la clave de su propia bóveda. Es que tienen tantas. Eso también explicaría porque, en su momento, no le dio las elecciones internas a Randazzo y mandó al muere a Daniel Scioli. Quería ganar esa apuesta.
A la hora de protagonizar de Máximo, el príncipe heredero, hay que demostrar que todas sus firmas en balances y contratos de las empresas fueron falsificadas. Que el falsificador fue tan bueno que ni el contador Víctor Manzanares se dio cuenta. Ninguna de las firmas que certifican coimas, sobre precios y lavado de dinero pertenece a Máximo. Su firma fue falsificada por un experto enviado por Clarín.
El tercer capítulo se lo ganó por derecho propio el fallecido Daniel Muñoz. Nadie fue tan brillante en los negocios después de Lázaro y Cristóbal. Muñoz se convirtió en magnate en muy poco tiempo y siendo apenas el secretario privado de Néstor. El argumento debe mostrar que Muñoz recibía diariamente bolsos llenos de libros de Marx y Perón. Llenó varias bibliotecas con ese material de lectura que acumulaba en el departamento de Uruguay donde vivía el matrimonio K. Muñoz, después escondía esos textos en el Sur, algunas veces en la propia casa de Marta Ostoic, la madre de Néstor. Fueron tantos los libros y tan extraordinarios que un museo de la palabra escrita de Teherán se los compró y le pagaron una fortuna. Con esos millones y millones de dólares, Muñoz, se compró los departamentos y las mansiones. Un negocio genial que nació en su vocación cultural y emancipadora.
El capítulo siguiente es para que don Julio de Vido sea el personaje central. Se podría titular “El cajero”, pero habría que darle el copyright a la doctora Carrió. Podemos ponerle también “El Padrino”, total Guillermo Cóppola no es pariente de Don Francis Ford. Ese puede ser un episodio coral. Aparecen y se fugan Baratta, José López, Jaime, Guillermo Moreno, Lázaro, Cristóbal y hasta el Caballo Suárez en un papel grande, tipo papelón. Hoy hasta su propio gremio lo repudió y lo expulsó para toda la vida.
Creo que Tristán va a comprar esta idea. Se la doy gratis y sería un éxito de taquilla. Si no llega a ir mucha gente al cine o no se ve demasiado por la tele, se debería ordenar a todas las Unidades Básicas que lleven a sus militantes. Es una historia educativa y esclarecedora. No le quiero spoilear los capítulos finales pero de pronto, ganan las elecciones y empieza a imponerse la verdad. Se caen las prisiones preventivas, se caen los procesamientos, se caen las causas, se caen los jueces y se caen las caretas. Esa parte podría titularse “La Caída”.
Santa Cristina podría representarnos en el Oscar a la mejor película extranjera. Habrá que pelear para que no la coloquen en el rubro de ficción. Pero el final debe ser a toda orquesta. Cristina bajando por las escalinatas de Comodoro Py, vestida de largo y de blanco. Postrados a su paso deben aparecer los jueces que todavía la tienen procesada en 9 causas, 7 de ellas ya elevadas a juicio oral. El mensaje que hay que mostrar es que la verdad y la honestidad de Cristina, siempre vence. En ese momento, como si fuera el desembarco en Normandía deben salir en manada todos los políticos presos de la cárcel. Se abren las puertas, se derriten las rejas y salen todos los cómplices de Cristina también. Llega el final de la cuasi película o serie de Tristán.
Suena la música a toda orquesta. Una oda a la libertad compuesta por Ignacio Copani. Aparecen los títulos: Santa Cristina. Un cartel que dice: cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia. Santa Cristina. La más Santa. La más taquillera.

Ministra de Inseguridad – 26 de diciembre 2019

La antropóloga Sabina Frederic arrancó de la peor manera. Hizo anuncios muy peligrosos que pueden multiplicar los delitos. Si insiste con esas ideas, probadamente fracasadas, puede transforman su cargo en el ministerio de la Inseguridad. Recién empieza y tiene tiempo de corregir. Pero es muy difícil que lo haga. Su mirada del problema, es a través del agujero de la cerradura de la ideología jurásica del falso garantismo de Eugenio Zaffaroni y del prejuicio contra los uniformados de Horacio Verbitsky.
La ex ministra Patricia Bullrich hizo un muy buen trabajo en estos últimos años. Combatió con éxito a las mafias de los narcos, las barras bravas del fútbol y los criminales y ladrones. Le dio respeto y respaldo a las fuerzas de seguridad que actuaron con eficiencia y valentía para defender a la sociedad y castigó como corresponde a los policías o gendarmes que robaron o cayeron en el gatillo fácil y la tortura. Dentro de la ley, todo. Fuera de la ley, nada. Un policía tiene que tener la tranquilidad suficiente para actuar en momentos delicados donde se juegan la vida y la muerte de los ciudadanos y de él mismo. No puede dudar ni pensar que si dispara va a ser acusado de represor, asesino y se va a pasar el resto de su vida preso como si hubiera cometido un delito.
El policía que viola la ley, de inmediato se convierte en un delincuente al que hay que castigar con todo el peso de esa ley que violó. Es un concepto de sentido común y se aplica exitosamente en gran parte del mundo. Los delincuentes deben ser castigados y no importa si son civiles o uniformados, kirchneristas o macristas, argentinos o extranjeros.
Horacio Verbitisky, quedó congelado en los 70 cuando Montoneros asesinaba policías o militares porque eran los instrumentos de la represión oligárquica. Eugenio Zaffaroni se convirtió en un fundamentalista defensor de los ladrones y criminales porque, según piensa, todos son víctimas de la injusta sociedad capitalista. Ese cóctel explosivo es el que bebió la ministra Sabina Fréderic.
Ya han pasado muchos años y ya comprobamos que esa actitud es profundamente reaccionaria porque se pone siempre en el lugar de los victimarios y nunca en el lugar de las víctimas. Se auto engañan diciendo que lo hacen en defensa de los derechos humanos y en realidad violan los derechos humanos de los ciudadanos honrados y pacíficos que todos los días se esfuerzan para trabajar y estudiar con honradez. Y como si esto fuera poco, no comprenden que los más afectados son los sectores más humildes de la sociedad a los que dicen defender. Todos los días las madres de la pobreza sufren al ver como a sus hijos les roban la mochila, las zapatillas, les cobran peaje o los suman al narco menudeo. Cada vez que la gendarmería iba a los barrios con más exclusión social eran aplaudidos. Les rogaban que no se fueran. Cada vez que destruían un bunker de los narcos, eran ovacionados. Verbitsky, Zaffaroni y su hija ideológica, Sabina Fréderic, ven un gendarme y todavía ven un represor de la dictadura de Videla.
De hecho casi la totalidad de los miembros de las fuerzas de seguridad que utilizan su arma son querellados y llevados a la justicia por el Cels de Verbitsky y la Correpi trotskista. Algún gatillo fácil o mal policía hay, y por supuesto, debe pagar por lo que hizo. Pero hay decenas de policías que actuaron bien y se pasan años presos y pierden su trabajo y su familia.
Atrasa 30 años y es nefasta esa idea de que en cada uniformado hay una represor y que en cada delincuente una pobre víctima del capitalismo.
La política de seguridad debe ser democrática, eficiente y debe medirse por resultados. Hay una ancha avenida del medio cargada de racionalidad y profesionalismo entre los extremos de Bolsonaro y Zaffaroni. Nadie quiere policías neo fachistas que acaban de ser indultados por el presidente de Brasil. Pero tampoco, el otro extremo del ex juez de la Corte, que siempre encuentra una excusa para liberar a los delincuentes y dejar angustiados a los que fueron víctimas de delitos.
El policía debe ser capacitado, educado, bien armado con la última tecnología, formado en derechos humanos pero con una actitud firme de defensa de la sociedad. Hay que valorarlos y respetarlos. Ayudarlos a que recuperen el prestigio social que tenían hace mucho tiempo con el policía de la esquina del barrio. Para los cristinistas, la muerte de un policía en un tema sin demasiada importancia. Y por el contrario, cada vez que disparan sus armas, se convierten en sospechosos. Y eso hace que bajen los brazos, que se paralicen y dejen pasar corriendo a los pistoleros y narcos y que miren para otro lado. Hay que proteger a los que nos protegen a nosotros. Le doy un dato: en el 2015, con Cristina presidente, fueron asesinados 96 policías. Cualquiera se le animaba y ellos se sentían atados de manos para reaccionar en defensa propia. En el 2018, con Patricia Bullrich, solo murieron 24 policías en cumplimiento del deber. Le doy una referencia: con excepción del tema del terrorismo que es de otra categoría criminal, En Inglaterra, en los últimos diez años solo fue asesinado un policía.
Derogar el protocolo que hasta la justicia había recibido con beneplácito, decir que la gendarmería es responsable de la muerte de Santiago Maldonado, caer en la locura prejuiciosa de mentir diciendo que “aparentemente” no se trató de un secuestro cuando la justicia en todas sus instancia demostró eso en forma fehaciente, es analizar todo con anteojeras ideológicas muy alejadas de la realidad. Siempre eso es inquietante. Pero en los temas de seguridad genera pánico y una lamentable reacción social que se canaliza por caminos repudiables del linchamiento o la justicia por mano propia. La ex ministra Bullrich definió bien los anuncios de su sucesora: “es el mundo al revés, consagran el derecho de los criminales y estigmatizan a los policías. Es Zaffaroni recargado.”
Es triste recordar que el cristinismo tuvo una relación inmejorable con los que han cometido delitos. No es casual que en las últimas elecciones hayan sacado casi el 75% de los votos en las cárceles. Había fiesta entre las rejas. Los internos ya tienen experiencia de lo que fue el Vatayón Militante que permitía salir a los detenidos para ir a actos, presuntamente culturales. El relator del relato que volvió también recargado, Víctor Hugo Morales le escribió el prólogo al libro del Luis Vitette Sellanes el jefe del robo del siglo en el banco Río. En ese texto, sin que se le caiga la cara de vergüenza, Víctor Hugo hace inmorales reflexiones donde pone al malandra casi como si fuera un Robin Hood moderno porque “cada uno combate a la sociedad capitalista como puede”. ¿Qué diría Víctor Hugo si Vittete siguiendo sus consejos, le desvalija su lujoso departamento de Nueva York? ¿Será generoso con el bolsillo ajeno?
Guillermo Moreno se hizo más tristemente célebre con aquel video, tenebroso donde le aconsejaba a los que querían vivir de lo ajeno que lo hicieran, pero que tuvieran códigos de no lastimar y quebrarle la cadera a una pobre jubilada.
De hecho todos los ladrones de estado que están saliendo en manada de las cárceles, salen sacando pecho, acusando a jueces y periodistas y mintiendo que son perseguidos políticos y que los extorsionaron para que denunciaran a Cristina. Esas falsedades las repiten desde los gerentes de las coimas y el lavado como Julio de Vido y Roberto Baratta hasta patoteros y mafiosos como el Caballo Suárez. Son todos ángeles. Carmelitas descalzas que no se llevaron nunca un vuelto. Son revolucionarios pero todos, todos, son millonarios que no pueden explicar dónde sacaron su fortuna.
El que les facilita su actividad a los delincuentes, es cómplice. Todo lo contrario, los pistoleros y estafadores deben saber que no es gratis delinquir y que los costos deben ser mucho más altos que los beneficios de robar en un negocio o afanar una empresa.
Estoy absolutamente convencido que la seguridad democrática es un derecho humano. Vivir, trabajar y estudiar en paz y tranquilidad con nuestras familias y defender la vida, es un reclamo justo y profundamente democrático y republicano.
Estoy seguro que los más perjudicados por la inseguridad son los argentinos más humildes que no tienen recursos para tener rejas, alarmas, o vidrios polarizados en autos que tampoco tienen.
Zaffaroni es el gran responsable de la llamada “puerta giratoria”, donde muchas veces, un ladrón o un asesino sale en libertad a la velocidad de la luz.
Necesitamos una policía de manos limpias y de mano justa, no de mano dura y tampoco de brazos caídos.
¿Se acuerda de Cristina que ignoró el reclamo y dijo que era un problema de los ricos y una bandera de la derecha? ¿O de Aníbal Fernández, cuando no, que rompió el boludómetro y dijo que era una mera sensación térmica.
Hay que alertar. Para “vivir sin miedo y no convivir con el miedo”. El miedo es el peor veneno de una sociedad y de un individuo. Siempre el pánico nos saca lo peor de nosotros.
Hay que ser duro con los delitos duros y duro con las causas que llevaron a esa persona a delinquir? Pero mientras tanto hay que proteger la vida de la gente. Sin Zaffaronis ni Bolsonaros.

Argentina, sin grieta – 25 de diciembre 2019

Para esta Navidad, traté de buscar una persona, un símbolo de la unidad de todos los argentinos. La grieta política y social ya es un abismo y cuesta mucho encontrar algo o alguien que nos unifique, que salte por arriba de esa fractura social expuesta. No porque crea que semejante drama se va a solucionar en un día de Navidad como si fuera un regalo de Papa Noel en el arbolito. Pero algo es algo. Y descubrí que el ganador del Olimpia de Oro, representa mucho de lo mejor de nosotros y no divide aguas. Por eso, como una expresión de deseo, hoy quiero revisitar a un gigante. Es un humilde aporte, pero aporte al fin.
Se lo digo por experiencia. Se lo digo porque lo viví. Cuando un chico de 7 años recibe por primera vez la pelota de básquet, sueña con tres cosas: agarrarla con una sola mano, volcarla y jugar en la NBA. Es lo que le pasó a Luis Alberto Scola en el gimnasio del club Ciudad de Buenos Aires. El chico, asombrado, se sentía más chico todavía en ese templo techado con aros por todos lados. Abrió lo más grande que pudo la palma de su mano y trató de llevar la pelota como quien la lleva con una manija. Esa naranja, rugosa y seductora, se resbaló porque sus dedos todavía eran muy cortitos. No bajó los brazos ni se dio por vencido. Ni aquél día en el que pisó por primera vez una cancha como jugador ni nunca en toda su brillante vida de alta competencia que lo llevó a ser el capitán, el goleador de Argentina sub campeón del mundial en China y a integrar el quinteto ideal del torneo más importante. Aquel pibito de 7 años, quedó consagrado como él mejor ala pivote del mundo. Aquella naranja rugosa hoy parece un limoncito en sus manos como patios y el día que la volcó por primera vez fue en La Pampa, cuando tenía edad para categoría de Mini. Enterró la pelota y rompió el tablero. Los chicos de Independiente de General Pico no lo podían creer. Tuvieron que ir a jugar el partido en otra cancha.
Y el tercer sueño lo concretó el día que ingresó a la máxima liga de las estrellas y fichó para los Houston Rockets, en los Estados Unidos, la cuna de este juego de belleza incomparable.
Los sabios que llevan la planilla o los viejos y geniales periodistas de entonces como Osvaldo Ricardo Orcasitas (ORO) de El Gráfico o Estanislao Villanueva (Villita) de la revista Goles, empezaron a tener las primeras noticias: “Parece que Luisito, el hijo de Mario Scola la rompe”, se decía a la hora del Gancia con papitas fritas y aceitunas en los buffet de los clubes de barrio. Luis, hijo de Tigre, como corresponde para la felicitad de su padre, superó ampliamente a Mario. Yo lo conocí y lo entrevisté en mis comienzos en Buenos Aires como periodista deportivo de La Hoja del Lunes. Allá por los 80, Mario Scola jugaba en la selección argentina con monumentos como Chocolate Raffaelli, el Tola Cadillac, el Gury Perazzo, Miguel Cortijo o nuestro Fernando Prato, y digo nuestro, porque el Runcho del Hindú, era el orgullo de los cordobeses.
Eran la aplanadora de un loco extraordinario llamado León Najnudel que nos llenaba la cabeza todos los días hablando de la Liga Nacional, a imagen y semejanza de la NBA. Batalló como un León y finalmente se dio el gusto de ver coronada su obra maestra antes de morir. Pero le juro que el día en que se abrazaron Luifa y Manu yo temblé de emoción hasta las lágrimas y me dije si hay un Dios, está viendo el partido con Najnudel en la platea del cielo.
Tuvieron a Kobe Bryant como testigo privilegiado. Pero ese abrazo de Scola y Ginóbili fue todo un símbolo. Son los dos jugadores más importantes de toda la historia del básquet. Manu cruzó el planeta para ir a ver a sus compañeros de tantas aventuras y desafíos. Es el símbolo de la generación dorada y fue a pasarle la posta a Scola que fue el emblema de esta nueva generación que podríamos llamar “generación de Platino”, como sugirió Guillermo Vecchio, otro de los varios técnicos geniales que dio nuestro baloncesto. Manu fue el acero que se fundió con fuerza a Luifa y ambos, se transformaron en los eslabones más fuerte de la cadena de valor y de valores del básquet nacional.
Scola hizo cosas extraterrestres para ser el faro que iluminó a los pibes. Su viejo dijo que hizo el entrenamiento de Rocky Balboa contra Iván Drago porque no quería ser un referente moral desde el banco de suplentes a los 39 años. Quería ser un general al frente de la batalla. Marcar el camino pero en el terreno y no desde el costado. Para esto cambió su alimentación y de la mano de su preparador físico, Mariano Sánchez, el hijo del Huevo, otro talento, se encerró 14 semanas a entrenar hasta quedar exhausto en un campo de Castelli. Con un frío tremendo ya estaba corriendo a las 7 de la mañana. Dale que te dale. Apretando los dientes. Con su objetivo entre ceja y ceja. Y después Scola se llevó al profe dos meses a China y allí le siguieron dando duro. Abdominales, fintas, giro invertido, ganchito corto, saltar cada vez más alto, volcarla hasta el codo, tirar para tres y meter de a tres. Parecía una escena de locos: Dos personas, un aro y la soledad como hinchada. Horas y horas, días y días. Realmente parecía la película de Rocky. Y como una señal del destino, el otro apellido de Luis Scola, es Balboa.
Luis que es un estudioso del deporte tiene definiciones extraordinarias: dice que: “el trabajo mata al talento cuando el talento no trabaja”. Nació con la fuerza de la superación constante, cree que el éxito es tocar todos los días un techo más alto, superarte hasta encontrar tu límite humano y vaciarte el día del partido. Dejar hasta la última gota de sangre, sudor y lágrimas. Una vez dijo que si un diamante no se pule con el entrenamiento cotidiano queda solo como una piedra preciosa en bruto pero no brilla todo lo que puede. Hay que perseguir tu sueño y tu techo. Ganarle todos los días a vos mismo. Tratar de hacer algo que nunca nadie hizo. Y con esa filosofía de vida logró ser el jugador que más títulos importantes ganó en la historia de la selección celeste y blanca. Sobre su pecho cuelgan dos medallas olímpicas y dos medallas mundialistas.
Hizo lo que nunca nadie había hecho.
A los 39 años, con 2,04 de altura hizo casi 18 puntos de promedio, 8 rebotes por partido pudo recuperar y es el máximo goleador de la historia de los mundiales y el jugador que más partidos jugó en un mundial junto a un brasileño: 41 encuentros de los cuales ganó 32. Un atleta y un ser humano enorme, gigante. El gran capitán, fomentó el juego colectivo y solidario, la capacidad de darle al equipo todo para todo el equipo le dé a uno y juntos al país que representan. Siempre con respeto y trabajo. Jamás tomar el atajo ni ponerle una zancadilla al rival y mucho menos hacer trampa con esa falsa picardía criolla que tanto mal nos hizo. Es un canto a la amistad, a la humildad y todos estos muchachos, están muy lejos del ego insoportable de la frivolidad y las veleidades vedetistas de tantos soberbios que nunca ganaron nada y creen que ganaron todo. Embocaron los mejores valores de la Argentina y eso no se lo vamos a terminar de agradecer nunca.
Aquel gimnasio del Ciudad de Buenos Aires, donde le tomó el gusto a la naranja amiga, hoy lleva su nombre. Homenaje merecido y en vida.
MVP le gritaban sus compañeros que lo adoran. Las siglas en inglés del Jugador Más Valioso. Y Luifa se reía de sí mismo y decía: “MVP, el más viejo player”.
Nos acordamos con mi hijo Diego, que también fue un jugador de básquet del montón, como su padre y su abuelo de un juego de palabras que nos debe guiar siempre a todos. Dice así: “Cuando llegues a la cima…
Tomate un tiempo para disfrutar: el camino ha sido largo y difícil.
Cuando llegues a la cima…
Tomate un tiempo para ayudar a otros: mucho se te ha concedido.
Cuando llegues a la cima…
Tomate un tiempo para compartir tu triunfo: quienes te aman, también subieron a tu lado.
Cuando llegues a la cima…
Tomate un tiempo para mirar de donde partiste: te juzgarás con menos severidad.
Cuando llegues a la cima…
Tomate un tiempo para descansar un poco: hay una nueva cumbre por conquistar.
Ahora todos le ruegan a Luis Scola que juegue un año más para estar presente en los Juegos Olímpicos de Tokio del año que viene. Scola le dijo a Leo Gutiérrez que sí, que no se quiere perder semejante desafío. Lo contó Leo en estos micrófonos. Pero ahora lo va a pensar bien, rodeado de su familia que es el escudo que lo sostiene. Pamela, la mujer de toda la vida, la que conoció en el colegio secundario de Ciudad Jardín y sus cuatro hijos, Tomás, Matías, Lucas y Tiago. Los cuatro varones y el padre ya tienen el quinteto inicial para empezar un nuevo partido en la vida que viene. Tiago ya juega en Ciudad Jardín, de Lomas del Palomar, el club de toda la vida de los Scola. Tiago ya tuvo sus tres sueños cuando le dieron la naranja mágica. La quiere agarrar con una sola mano, la quiere volcar y jugar en la NBA. Nadie tiene escrito su futuro. Cada uno lo tiene que construir. Tiago tiene un abuelo llamado Mario y un padre llamado Luifa que dejaron todo en una cancha de básquet. Ese es su espejo. Un espejo gigante llamado Scola que te permite reflejarte desde muy lejos. Un espejo que nos permite a todos mirar con admiración y respeto lo que un hombre inteligente y corajudo puede hacer. Los argentinos en general, los que amamos el básquet y los que no, podríamos mirarnos también en esa realidad que nos marca una distancia tremenda con nuestra actualidad tan dividida, dura y triste. Luis Scola es un ejemplo. De acá a la China.