República o chavismo K – 25 de octubre 2019

¿Y Leuco, que va a pasar el domingo? ¿Vamos a la segunda vuelta? ¿Gana Cristina? ¿Se puede dar vuelta la elección? El pueblo quiere saber. Cientos de veces me han hecho estas preguntas en la calle, en el taxi, en el supermercado. El pueblo quiere saber.
Con total honestidad intelectual le digo que nadie tiene certezas y yo tampoco.
Pero el mejor análisis no se lo escuché a un politólogo ni a un sociólogo. El mejor análisis político se lo escuché a una señora cordobesa muy sencilla y muy sabia. Un periodista la vió embarazadísima y le preguntó cómo se iba a llamar su hija. La señora, sencilla y sabia, le dijo que tenía fecha del parto para este domingo. Y que se iba a llamar, según quien ganara las elecciones.
-¿Cómo es eso, señora?, volvió a la carga el cronista.
– Es muy fácil. Mi hija nacerá pasado mañana. Si Macri logra pasar a la segunda vuelta, se va a llamar “Milagros”.
– ¿Y si ganan Cristina y Alberto, que nombre le va a poner?
– Socorro, dijo la entrevistada.
Y creo que dijo una verdad inmensa.
Vamos a elegir entre milagro o socorro. Seguramente es la elección más trascendente para el futuro desde el regreso de la democracia. Hay solamente dos caminos: República democrática o Chavismo K.
Ya estamos en veda. Llegó el momento de la verdad. Faltan apenas 31 horas para que los argentinos seamos protagonistas de nuestro destino.
Por eso hay que ir a votar con nuestro último DNI, con nuestra conciencia ciudadana y con el corazón. Es una cita de honor que tenemos con la patria.
Es un día clave para consolidar o para debilitar las instituciones y las leyes. Va a marcar a fuego los próximos 20 años de la Argentina. Las urnas van a emitir una señal clara de hacia dónde queremos ir los argentinos. Vamos todos a conocer si somos mayoría los que aspiramos a profundizar la democracia republicana que con sus aciertos y errores nos permite seguir superándonos y eligiendo mejores dirigentes o el chavismo K, el nacional populismo que nos lleva al límite del sistema y que nos quiere convertir en Venezuela.
Este 27 de octubre todos valemos igual, todos valemos un voto y el resultado puede ser el pase a la Segunda Vuelta para la fórmula Macri-Pichetto o para la vuelta de Cristina al poder, con todos los peligros que eso implica.
¿Por qué hablamos de Milagro?
Porque de acuerdo a esa gigantesca encuesta que fueron las PASO, Macri la tiene muy difícil. Difícil no significa imposible. Y los milagros en política no caen del cielo como la lluvia. El milagro, en este caso, es una construcción colectiva que necesita un líder con coraje que no se rinda y que pelee con todas sus fuerzas hasta el último minuto y miles y miles de habitantes que se transformen en agentes de cambio multiplicando el grado de participación. Eso ya ocurrió. Hubo 32 movilizaciones callejeras con una masividad casi nunca vista en el espacio del no peronismo. Hay que remontarse a los tiempos de Alfonsín para encontrar un fenómeno tan multitudinario como los que vimos en todos lados pero especialmente en el Obelisco, en Córdoba ayer y en Mar del Plata. Algo nuevo pasó. Yo sospecho que nació “El movimiento republicano” que excede a los partidos y que defiende los valores sagrados de la libertad, la honradez y la solidaridad.
Esos miles y miles de ciudadanos representaron a los 8 millones 200 mil personas que votaron a Macri. Pero eso no le alcanza. Tiene que ir por más. Por mucho más. ¿Qué falta para que el milagro se concrete?
Que la concurrencia a las urnas sea la más alta de la historia. Que la parte del padrón que vote se un 8 % mayor, para que el porcentaje que sacó Cristina baje del 45%. ¿Se entiende? Al aumentar el universo de votantes, con los mismos 12 millones de votos que saco la formula kirchnerista, el porcentaje puede bajar en forma importante. Este es el requisito básico. Que vote todo el mundo.
A partir de ahí, Macri y su gente intentaran conquistar varios yacimientos de nuevos votos: Primero, una gran parte de estos nuevos votantes. Segundo que los que eligieron a Lavagna, Espert o Gómez Centurión comprendan que de esa manera favorecen a Cristina. Porque le muerden votos a Macri. Tercero, que un número importante de votantes que le quisieron tirar la oreja a Macri pero que al final se la arrancaron, reflexionen y lo apoyen nuevamente ante el riesgo de que se instale por 20 años el chavismo K.
Otras apuestas menores son los votos del exterior que en las PASO no se produjeron y que baje el voto indeciso o en blanco.
Como puede verse, son muchos los planetas que deben alinearse. Por eso no es fácil. Pero no es imposible. Veremos cuál es el mensaje que traen las urnas.
Si gana Cristina, la nena recién nacida se va a llamar Socorro porque las turbulencias que vamos a sufrir los argentinos son realmente graves. Porque no se trata de una fuerza nueva que no la conocemos. Los K gobernaron más de 12 años. Y ya sufrimos sus niveles de autoritarismo y agresividad junto con el nivel de corrupción más alto de la historia. Ya sabemos que tienen intenciones de ponerle a la justicia la camiseta de La Cámpora, que quieren hacer arrodillar al periodismo y que van por todo como en su momento dijo la jefa, que es la misma jefa de antes pese a que el candidato sea su testaferro político llamado Alberto.
Como si esto fuera poco, la posibilidad de enfrentamientos violentos crece por la amplitud de la coalición que armaron con el solo objetivo de derrotar al gobierno. Ayer vimos en Tucumán como el justicialismo ortodoxo más derechoso resolvía sus internas con palos, piedras, batalla campal y heridos contra los muchachotes de La Cámpora que se creen seguidores de Fidel Castro y Hugo Chávez. Si esa histórica pelea violenta entre la presunta derecha y la presunta izquierda del peronismo se multiplica en el poder, nos puede manchar de sangre a toda la sociedad como ya ocurrió en los años 70.
Y si esa desgracia ocurre, ni hablar de lo que puede pasar durante 43 días hasta el 10 de diciembre cuando debería hacerse el traspaso presidencial. Hay muchos salvajes que intentarán generar hechos de violencia. Son los del club del helicóptero que todavía sueñan con que Macri no termine su mandato y se convierta en otro Fernando de la Rúa que tenga que huir en helicóptero desde los techos de la casa rosada. Eso ya pasó y puede volver a pasar. Y ahora más que nunca porque el kirchnerismo no se está jugando solamente su vuelta al poder. Se está jugando la libertad de Cristina, de Moyano y de todo el estado mayor de la corrupción que están presos por ladrones de estado.
Sería un suicidio cortar ese proceso de cambio para volver al pasado autoritario, cleptocrático y vengativo.
No quiero exagerar, pero políticamente, estas elecciones son de vida o muerte.
Y como si esto fuera poco, hay que agregarle la elección clave de la provincia de Buenos Aires. Ahí María Eugenia la tiene más complicada todavía porque no hay segunda vuelta. Mucha gente no lo sabe, pero a nivel nacional hay balotaje pero en la provincia no.
¿Se entiende? Si Axel Kicillof, este domingo, saca un solo voto más que Vidal se convertirá en el gobernador de La Cámpora en el distrito que representa el 40% de la Argentina.
¿Se imagina el país que nos espera?
Por eso el gobierno reforzó todo. Están entusiasmando para que vayan a votar los mayores de edad que no tienen obligación de hacerlo.
Este domingo decidimos si vamos hacia una mejor democracia o hacia un peor autoritarismo. Hay una frase que lo define todo: en democracia es normal perder una elección. Lo malo es perder la democracia en una elección. Siempre digo que no se puede poner en igualdad de condiciones a la que puso la bomba social con el que no fue eficiente en desactivarla del todo.
Argentina juega al todo no nada. Hay una epopeya democrática que los argentinos deben construir. Quien quiere oír que oiga. Antes de que sea demasiado tarde para lágrimas.
La señora cordobesa, sabia y sencilla tiene razón. Elegimos entre Milagro o Socorro. Faltó un dato de esta anécdota. Al final el periodista le preguntó:
– Y usted, ¿Cómo se llama, señora?
– Esperanza. Yo me llamo esperanza.

Cristina y los cuadernos – 24 de octubre 2019

El 23 de setiembre, sin que se le caiga la cara de vergüenza, el candidato Alberto Fernández dijo textualmente: “Nunca se encontraron los cuadernos. Solo contamos con fotocopias que, en el mejor de los casos, valen como meros indicios”.
Y un día aparecieron los cuadernos de la corrupción de Cristina. A esta altura, está muy claro que este tema no le importa un comino ni a ella ni a 12 millones de argentinos que la votaron. El negacionismo de Cristina y de una parte importante de nuestro pueblo avaló que no se hiciera cargo de ninguno de los delitos que cometió su gobierno que es el que mayor cantidad de delitos cometió. No hay antecedentes en la historia democrática donde una asociación ilícita liderada primero por Néstor y luego por Cristina haya saqueado al estado con tanta impunidad para enriquecerse en forma ilegal y colosal.
La realidad es la única verdad, decía el general con el que se llenan la boca. Pero lo único que va a cambiar es que ya no le van a poder llamar peyorativamente la “causa de las fotocopias”. “Fotocopias las pe…lucas” diría el gran Tato Bores. Ahora están los cuadernos. Las pruebas físicas de papel y de cartón. La letra peritada del chofer Oscar Centeno que escribió prolijamente y minuto a minuto, la crónica del robo del siglo en la Argentina. Son cuadernos sin Gloria. Son los cuadernos que deberían hacerles confesar y pedir perdón a los kirchneristas que pagaron y cobraron coimas monumentales con dinero que le robaron al pueblo pobre de la patria.
Por eso creo que los argentinos estamos en graves problemas. No solo por la inflación y la pobreza que no bajan o la ocupación y el consumo que no suben. De esos dramas, podemos y vamos a salir. Lo más complicado es la degradación moral. El “roban pero hacen” que se multiplicó hasta el infinito.
A muchos les dio un poquito de vergüenza y por eso no confesaron su voto ante las encuestadoras. Pero superaron ese pudor y pusieron en las urnas los millones de votos que le permiten a Cristina tener muchísimas posibilidades de volver al poder para completar su objetivo de ir por todo. Insisto que el “roban pero hacen” de Carlos Menem se multiplicó por mil. Quedó hecho un poroto. Eso habla de una sociedad degradada en sus valores éticos y morales y de una apuesta permanente al pensamiento mágico de que un salvador.
Es un pensamiento que está siempre destinado al fracaso. Es una forma de facilismo y pereza, una manera de lavarnos las manos y mirar para otro lado. ¿Cuándo vamos a entender que para que las cosas salgan bien, hay que hacer las cosas bien? No hay atajos. Nada bueno se logra sin sacrificios y sin honestidad. Lo que viene de arriba y fácil, se va enseguida. Ya deberíamos saber que a caballo regalado hay que mirarle bien los dientes.
¿Cómo es posible que a 12.200.000 habitantes no les interese que Cristina tenga 13 procesamientos, (un record mundial para alguien que fue dos veces presidenta), varios pedidos de prisión preventiva y que no esté presa junto a su banda solamente por el blindaje que le da la impunidad de los fueros parlamentarios.
¿Hay cierto nivel de síndrome de Estocolmo? Esto de creer que los que nos sometieron a la cleptocracia y el latrocinio son los que nos van a llevar por el buen camino. Esto de confiar en el que prendió fuego al país para que apague el incendio es algo incomprensible.
La causa de los cuadernos de la corrupción de Cristina es la más importante de la historia de la mega corrupción de estado. Y se conoce como la de “los cuadernos” pero, actualmente está absolutamente probada por las confesiones ante los expedientes de 31 imputados colaboradores con testimonios y pruebas documentales que fueron ratificados por la Cámara Federal que confirmó su validez jurídica.
El fiscal Carlos Stornelli, hizo un trabajo riguroso de 678 páginas, está repleto de medidas probatorias. Son 525 entre “oficios a organismos, informes de inteligencia, declaraciones testimoniales, pericias sobre computadoras o memorias telefónicas, allanamientos y lista de vuelos oficiales”, entre otras.
Gente de la máxima confianza y cercanía de Cristina, Néstor y Máximo, como su contador Víctor Manzanares y 30 arrepentidos más dieron testimonios de todos los mecanismos del robo y de las coimas y del gigantesco enriquecimiento ilícito de la familia Kirchner, del cártel de los Pingüinos y de muchos empresarios cómplices. Todas estas denuncias fundamentadas fueron certificadas por la prueba recolectada. Cada palabra de esos cuadernos que hoy están en manos de la justicia fue corroborada por la realidad. No hubo inventos ni fantasías. Todas son dolorosas verdades.
Pero más de 12 millones de personas se niegan a creer esa verdad y creen las mentiras de que es un invento del imperialismo, los periodistas y los jueces. ¿Qué más hace falta para que nadie dude de que Cristina no es inocente ni decente?
El juicio oral ya está en marcha. Solo falta que fijen la fecha. Es difícil que esto ocurra antes de fin de año. Por lo tanto, es probable que Cristina deba afrontar el juicio más grave de su vida como vice presidenta de la Nación, si ganan las elecciones o como senadora por la minoría, si Macri logra la reelección.
A las órdenes de Cristina, el cártel fue liderado por tres organizadores: Julio de Vido, el gerente general, Roberto Baratta y Josesito López. A cargo del engranaje financiero, estuvo Ernesto Clarens y Carlos Wagner, fue el coordinador de todos los empresarios que participaron de la estafa. Le recuerdo que muchos de estos empresarios dicen que fueron obligados, extorsionados pero en muchos casos, ellos estaban felices de participar en esa cartelización nefasta. ¿Sabe por qué? Porque no estaban obligados a competir, ponían el precio que más le gustaba y le cargaban sobreprecios de hasta el 50% o más en algunos casos y de allí, salían las coimas, el retorno, o como usted las quiera llamar. ¿Se entiende? Los empresarios no pagaban las coimas de sus ganancias. De ninguna manera. La sacaban de los sobreprecios. Por lo tanto todos los argentinos pagamos esos malditas retornos.
Hace poco, la gran luchadora por la honradez, la diputada Graciela Ocaña, dijo que todos los presos del kirchnerismo estafador van a salir libres el 10 de diciembre si Alberto asume la presidencia. Los más complicados en esta causa son 7: Julio de Vido, Roberto Baratta, Lázaro Báez, Cristóbal López, Fabián de Sousa, Oscar Thomas y Gerardo Ferrerya. Estos últimos 4 ya están en libertad. También hay 172 procesados.
Estamos en un país con una fuerte instalación cultural del populismo facilista, corporativo y corrupto cuya religión es la trampa y la evasión. Por eso tenemos los dirigentes políticos que tenemos. Son paridos por nuestros riñones, a nuestra imagen y semejanza. No los importamos de Japón. Viven entre nosotros.
Como dijo Rodolfo Terragno: las mayorías pueden equivocarse. Pero aunque no tengan razón, tienen el derecho inapelable a imponer su voluntad. Eso no significa que no los critiquemos y vayamos contra la corriente.
Cristina solo viene en búsqueda de impunidad y de eternizar a La Cámpora en el poder. Debo decirlo con toda honradez intelectual. Tengo la obligación de analizar los resultados electorales pero también de expresar mis convicciones más profundas.
Los cuadernos recién recibidos, seguramente se van a sumar a la causa. Pero la instrucción ya finalizó. Ya no hay nada que investigar. Está todo clarísimo. La justicia cree que está absolutamente probado que Cristina ahora y Néstor antes fueron los jefes de la asociación ilícita destinada a cobrar coimas durante años y por millones de dólares.
Esto es solo la punta del iceberg. La estafa de los pingüinos buitres tiene dimensiones monumentales. Y en muchos casos, está probado que ese dinero sucio e ilegal iba a tres lugares básicamente: a la quinta de Olivos, al departamento de Juncal y Uruguay y a la casa de María Ostoic, la madre de Néstor. Se sintieron tan impunes que dejaron los dedos pegados por todos lados.
Está claro que cuando Néstor se murió, Cristina, asumió la conducción política de su espacio pero también la gerencia administrativa de coimas, lavado y mega corrupción de estado.
Los Kirchner batieron todos los records de bulimia por el poder y por el dinero y produjeron los 12 años de mayor corrupción de la historia argentina y, probablemente, del mundo. Están en el podio de los mayores ladrones del planeta al lado Imelda y Ferdinando Marcos, en su momento, el matrimonio dictatorial de Filipinas.
Cristina está cercada legalmente.
Pero Cristina confía en que los votos derroten a los cuadernos. Que las urnas superen a la ética.
Todos los caminos de la corrupción conducen a Cristina. Las pruebas que hay en todos los expedientes son demoledoras. Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver.
En los cuadernos de Cristina está escrito que ella quedó atrapada y sin salida entre la posibilidad de volver al poder por la urnas, o ir a la cárcel por la verdad y la justicia. Del pueblo argentino depende.

El Nobel a Houssay – 23 de octubre 2019

Le propongo que nos tomemos un respiro, señor oyente. Le sugiero que abramos una ventana que nos permita respirar un poco de aire puro. Son tan oscuras y preocupantes las noticias que vienen de nuestros vecinos, son tan inquietantes los movimientos de la economía y las finanzas, que creo, que para no volvernos locos, necesitamos un poco de luz.
No me canso de repetir que si yo fuera maestro hoy les hablaría a los chicos (aunque sea durante 5 minutos) sobre la vida y obra de Bernardo Houssay. Un día como hoy pero de 1947, recibió el premio Nobel de Medicina. Fue el primer latinoamericano en recibir semejante distinción en la categoría “Ciencia”.
Por eso le digo, que si yo fuera docente me gustaría exorcizar (aunque sea por un rato) tanto Cristóbal López corrupto y tanto Lázaro Báez y Cristina, socios para la gran estaba nacional.
Me gustaría contrarrestar tanta desesperanza y desilusión que anda por ahí, reptando entre nosotros mientras el dólar sigue subiendo y los depósitos bajando. Me gustaría mostrar la contracara de tanto chanta y delincuente. Es para decirnos a nosotros mismos que hay otra Argentina que podemos construir con otro tipo de argentinos que por suerte también existen.
Es que Houssay fue mucho más que un ejemplo. Fue un milagro.
Me pararía al frente del aula y diría que el doctor Bernardo Alberto Houssay fue mucho más que el argentino que ganó el premio Nobel de medicina y el primer latinoamericano de la historia en ganarlo en esa especialidad.
Ese 23 de octubre como hoy, ese día histórico en que recibió el anuncio, Houssay estaba trabajando en su humilde laboratorio junto a su discípulo Luis Federico Leloir quien con el tiempo, también recibiría el Nobel pero de Química. Fue toda una señal.
Houssay era un niño con talento especial. A los 13 años terminó el bachillerato, a los 17 se recibió de farmacéutico y a los 23 de médico. ¿Escuchó bien? A los 13 el secundario, a los 17 fue farmacéutico y a los 23 médico y con diploma de honor. ¿Qué más se puede agregar? Su cerebro era un océano de neuronas y su corazón estaba construido con toneladas de sentimientos humanitarios.
Bernardo Houssay se dedicó a lo que él llamaba “El patriotismo práctico”, mucho más eficiente que los discursos y las escarapelas. Se dedicó a la investigación y a la docencia. Era austero como todos los grandes. Nunca tuvo auto y con un sueldo modesto mantuvo a su familia de siete integrantes. Nació y murió pobre. En sus épocas de estudiante y trabajador, caminaba 100 cuadras por día porque su familia no tenía unas chirolas para el colectivo.
Tuvo un rechazo visceral por el autoritarismo y por eso tuvo problemas en 1943 cuando el gobierno militar dispuso expulsar a todos los profesores de la universidad que habían firmado un manifiesto anti oficialista y el, por supuesto, lo había firmado.
Con disculpas por mi ignorancia, me gustaría decirles que el Premio Nobel lo ganó porque estableció la relación entre la acción de las hormonas y la glándula hipófisis. Dicen los que saben que, a partir de ese momento, comenzó a entenderse el cuerpo humano como un sistema que se auto regula.
Pero lo más importante es que fue un genio celeste y blanco que nos llenó de orgullo. Por su decencia y por su docencia; por su humildad y por su amor a la ciencia. Estaba convencido que ningún país progresa si no tiene investigación. Y por eso fue el inspirador de la creación del Conicet, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, organismo del que fue su primer presidente hasta su muerte en 1971.
Nació en una casa del barrio porteñísimo de Almagro. Sus padres, Clara Lafont y Alberto Houssay eran dos de los 20 mil franceses que vivían en esta bendita ciudad que, por esa época, tenía una población de 437 mil habitantes, incluyendo Flores y Belgrano que recién habían sido cedidos por la provincia de Buenos Aires.
Al joven Bernardo le trajo problemas su incansable lucha antifascista y, repito, en 1943 lo expulsaron de todos sus lugares de trabajo junto a otros 150 profesores que repudiaron el lugar que los nazis tuvieron durante el gobierno en ciernes de Juan Domingo Perón. También es cierto que sus posturas conservadoras y contrarias al gremialismo estudiantil le generaron muchas polémicas y algunos disgustos. Houssay estaba convencido que la universidad debía ser el centro de la actividad intelectual superior y que por eso cumplía un papel social de la jerarquía más elevada. Los claustros eran sagrados. Un templo del conocimiento y la innovación. Una vez dijo que la función de la universidad “consiste en crear conocimientos, propagarlos, desarrollar y disciplinar a la inteligencia y formar hombres más selectos por su cultura, excelencia académica y capacidad”. En su museo se pueden ver cartas amarillentas de las mentes más brillantes del planeta que luego de hacerle alguna consulta, terminaban el texto diciendo: Un abrazo para usted y otro para el doctor Leloir”.
El joven Bernardo fue back del equipo de rugby de la Asociación Atlética de la Facultad de Medicina. La Unión de Rugby le debe a Houssay que las actas de la institución se hayan empezado a escribir en castellano, porque hasta la incorporación de su club, se redactaban en inglés.
Desde el punto de vista científico el doctor Houssay tuvo todos los reconocimientos posibles, además del Nobel. Fue miembro honorario de las Academias de Ciencias más prestigiosas del mundo como las de Madrid y Nueva York. Tuvo cientos de propuestas para irse a trabajar al exterior pero, él, siempre contestaba lo mismo:
– La ciencia no tiene patria. Pero el hombre de ciencia, si la tiene. No acepto ir a los Estados Unidos y no pienso dejar mi país porque aspiro a luchar para contribuir para que alguna vez lleguemos a ser potencia mundial científica de primera clase.
Si se levantara de su tumba ahora, creo que se volvería a morir, pero de vergüenza ajena.
El día que recibió el Nobel por su descubrimiento de la hormona reguladora del azúcar y al ver que el periodismo argentino estaba muy censurado por el peronismo, dijo que esa distinción era un tiro por elevación al gobierno argentino. Lo dijo con mucha ironía:
– No hay que confundir las cosas pequeñas como Perón con las cosas grandes como el Nobel.
Se imaginan que de gorila y oligarca para arriba, le dijeron de todo. Pero no tenía pelos en la lengua, tenía coraje para decir lo que pensaba y por eso yo lo admiro tanto.
Sus pasiones eran el laboratorio, la cátedra, la justicia y la libertad.
El día que cumplió 80 años, un periodista le preguntó:
– ¿Se siente viejo, doctor? Y él contestó:
– Solo es viejo quien no ve cosas nuevas todos los días.
Su vida es un testimonio pero también un espejo en donde mirarnos. Es un amuleto contra la Argentina trucha de los chantas, los corruptos y los autoritarios que tanto mal nos hizo a los argentinos durante tanto tiempo.
La memoria del doctor Houssay es un talismán al que tenemos que aferrarnos para construir un país mejor para nuestros hijos. Con más ciencia y menos ignorancia. Con más austeridad franciscana y menos frivolidad. Con más decencia y menos corrupción. Un país que se ponga de pié y sea admirado en el mundo. Como el doctor Bernardo Houssay, que ojalá nos ilumine.