El huracán chavista y los cómplices K – 22 de octubre 2019

El verdadero comandante en jefe de la narco dictadura genocida venezolana se llama Diosdado Cabello. Nicolás Maduro es apenas un títere que pone la cara de un régimen que, según la ex presidenta socialista chilena, Michelle Bachellet, produjo más de 7 mil asesinatos. Estos tiranos con lenguaje guevarista y metodología fascista, están celebrando los incendios que están fogoneando en América Latina. La revolución del socialismo fracasado del siglo XXI terminó con un pueblo hambreado, con casi 5 millones de venezolanos obligados a huir de su país, con presos políticos, torturados y una falta de libertad absoluta además de los crímenes de lesa humanidad que denunció Bachellet. Repito: que denunció Bachellet. No fue Trump ni Bolsonaro. Michelle Bachellet fue dos veces presidente y pertenece al mismo partido socialista de Salvador Allende. Nadie la podría acusar de oligarca o de pro imperialista. Pero Diosdado, el todo poderoso, parece que se siente más Dios que dado. Articuló con Rusia, Irán y hasta con Corea del Norte un plan para exportar la revolución chavista a toda América Latina.
Esos países, absolutamente anti democráticos, están aportando miles y miles de dólares y armamento con tecnología de última generación para sostener a la camarilla de generales que sojuzgan Venezuela y para llevar caos y anarquía al resto de los países de la región. Tienen un objetivo: rodear a Venezuela de gobiernos nacional populistas como ellos y voltear a los presidentes de los países democráticos aunque hayan ganado las elecciones con todas las de la ley.
Los cubanos no tienen un peso porque su país está fundido igual que Venezuela, pero aportan sus expertos en el espionaje que incluye grupos comandos.
Diosdado Cabello se enorgullece de este plan invasor. Y amenaza a los jefes de estado no chavistas. Les dice que rueguen a Dios, no a Dios dado, a Dios que la brisa bolivariana se quede en una brisa porque se viene un huracán bolivariano.
El plan es muy claro y fue diseñado por lo que llaman el Foro de San Pablo. Agitar todos los conflictos regionales, llevarlos al extremo de violencia y tirar más nafta al fuego hasta conseguir instalar un presidente amigo de los revolucionarios. En cada uno de los países se apoyan en los sectores más fanáticos ideológicamente y con mayor grado de furia destructiva.
Por supuesto que también tienen relaciones carnales con varios cárteles de narcos que ocultan sus objetivos criminales de convertirse en millonarios con un discurso contrario a los Estados Unidos.
Algo de todo esto pasó en México con el tema de la liberación del hijo del Chapo Guzmán. En Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia y Chile están actuando mimetizados entre las protestas sociales genuinas de la población que tiene sus necesidades básicas insatisfechas. Se ocultan entre la gente que reclama pacíficamente y provocan que todo termine en destrozos, pedradas, bombas molotov, encapuchados, incendios y en algunos casos en muertes como actualmente en Chile. En varios países tienen alianzas con grupos de la ultra izquierda talibán y con sectores muy radicalizados como una pequeña parte de los pueblos originarios o los neo anarquistas.
El huracán chavista que destruye todo a su paso, en Argentina, tiene un concubinato con el cristinismo. De eso no hay duda. También se enorgullecen de eso. Ni siquiera Alberto Fernández es confiable para ellos. Diosdado Cabello en su momento le hizo una advertencia, casi una amenaza, a Alberto diciendo que no se fuera a creer que el triunfo era de él. ¿Se acuerda?
Cabello no tiene un pelo de zonzo y habló casi como vocero de Cristina y su banda más dogmática. Tal vez por eso, presionado por los cristinistas, Alberto no pudo ni quiso decir jamás que en Venezuela hay una dictadura pese a que tiene una excelente relación con Bachellet. Pero tuvo que ir más a fondo todavía. Ya dijo que si logra la presidencia va a sacar a la Argentina del grupo de Lima que son los países que apoyan a Juan Guaidó y la restauración de la democracia plena en Venezuela.
Gobernadores del Partido Justicialista dicen por lo bajo que esto generó un cruce fuerte entre Alberto y Cristina. Sobre todo porque Sergio Massa si definió como dictadura a Venezuela. Y lo hizo además, en territorio norteamericano. Alberto es parte de este engranaje porque varios de los grupos que apoyan su candidatura son chavistas de la primera hora. Hoy mismo Alberto estuvo respaldando a Florencia Saintout para que sea intendenta de La Plata. Ella fue la que premió a Hugo Chávez con la presencia especial del Movimiento Evita de Emilio Pérsico y Fernando Esteche en el escenario. Fue Cristina la que le dio a Nicolás Maduro la máxima condecoración que tiene nuestro bendito país.
Fueron Néstor y Julio de Vido los que manejaron la embajada paralela con Venezuela que les posibilitó hacer multimillonarios negociados corruptos con la energía y la bicicleta del mercado negro de dólares sucios, entre otros casos. El propio Claudio Uberti, ante la justicia confesó que hubo una coima de 50 millones de dólares que se dividieron entre Chávez y Néstor. Y que 25 palos verdes en efectivo llegaron en un avión fletado a tal efecto. Así es la Plata Grande que produjo la Patria Grande.
Los más cristinistas como Juan Grabois o Edgardo Depetri son los que marcan la cancha. Depetri, que nunca ganó una elección ni en la CTA, hoy es candidato a intendente de Lanús. Si queremos conocer su pensamiento profundo basta con ver el video que hizo circular poniéndose al servicio del chavismo y la revolución.
La bandera de Quebracho estaba presente en el acto de Diosdado. Y ayer en los graves incidentes que hubo en el consulado de Chile también. Mientras los partidos trotskistas levantaban sus pancartas rojas, grupos de encapuchados, con la misma metodología de Quebracho y los anarquistas que ya sembraron de acciones violentas las calles de nuestro país, intentaron prender fuego al edificio diplomático.
Le doy un dato: los que protestan genuinamente, siempre quieren que el periodismo esté presente porque necesitan visibilizar sus reclamos y si pueden, multiplicarlos. Pero esta vez los periodistas fueron agredidos brutalmente. Golpes en la cabeza, palizas y robo de cámaras de televisión y material de trabajo. Estos grupos comandos no querían ser filmados para poder romper todo y encender la mecha de una bomba que explotara en toda la Argentina. No lo lograron todavía. Pero lo van a seguir intentando. Los que realmente creemos en la paz social, la democracia y la república, debemos estar alertas. Los candidatos a presidentes tienen que repudiar esto con toda contundencia. Para marcar una diferencia. Para no ser cómplices.

El mejor fin de semana de Macri – 21 de octubre 2019

Un océano de argentinos, produjo un acontecimiento histórico que casi no tiene antecedentes. La multitud celeste y blanca parió algo nuevo que podríamos llamar “movimiento republicano”, según la idea original de Jorge Fernández Díaz. El sábado 19 de octubre de 2019, alrededor del Obelisco y de Mauricio Macri, se produjo un fenómeno social que surgió de abajo hacia arriba, que excede a los partidos políticos de Juntos por el Cambio y que fue mucho más que un acto de campaña del “Si Se puede”. Los libros y los archivos podrán decir que ese día, más de 8 millones de compatriotas y tal vez más, encontraron un discurso de valores y resolvieron marcar a fuego el futuro con lo que en las redes se llamó “La marcha del millón o la rebelión de los mansos”.
Nada puede ser igual en el escenario político después de que cientos de miles de personas ocuparon las calles pacíficamente, sin que nadie los obligara a ir, sin facilidades en el transporte y encima, con la honestidad intelectual de poner el cuerpo cuando todos saben que el triunfo electoral es muy difícil pero no imposible. Y este es uno de los muchos valores que se expresaron con una masividad que emocionó a miles y preocupó al kirchnerismo. Hablo de la no especulación. Porque se movilizaron con una potencia de tsunami, pese a que la mayoría son plenamente conscientes que la victoria en las urnas del próximo domingo, no será para nada fácil. De todos modos fueron a plantar bandera. A decir: “no nos van a llevar por delante”. No vamos a permitir más la corrupción de estado que encabezó Cristina y su cártel de los pingüinos, vamos a poner límite al avance autoritario sobre la justicia y el periodismo independientes. Es una especie de programa o de plataforma de este movimiento republicano que se forjó en las redes y fraguó en las calles. Ya dio una señal muy fuerte de protagonismo cuando fueron a la Plaza de Mayo a respaldar la democracia y casi obligaron a Macri a que saliera al balcón a saludar junto a Juliana. Aquella movida, se hizo en forma autónoma por los ciudadanos. Nadie del gobierno se los ordenó. Todo lo contrario, si me apura, le digo que fue una necesidad de mucha gente y se hizo a pesar del gobierno. Lo vieron a Macri, herido, bajoneado por el palazo del resultado en las PASO y fueron a decirle presente. Ahí nacieron los 30 actos del Si se Puede. Ahí el gobierno resolvió pegar un volantazo y cambiar de rumbo. Se metió de lleno en un mecanismo de participación que no era habitual y en el territorio callejero, que el peronismo tenía escriturado como de su propiedad.
Macri lo reconoció en su discurso: “El 24-A, ustedes salieron a la calle a decirme que yo no estaba solo. Y ahora yo estoy acá para decirles que ustedes no están solos”.
Y fue una demostración de fuerza fundacional. Por eso hablo de un 17 de octubre de la República. Porque con el del 45, el peronismo colocó en el centro de la discusión a los trabajadores que hasta ese momento estaban muy marginados. Y esa bandera de la justicia social se completó en 1983, con el 17 de octubre de la Democracia que protagonizó Raúl Alfonsín con un contrato tácito que todos firmamos: nunca más golpes de estado y nunca más la utilización de la lucha armada y del asesinato como instrumento político. El sábado fue la revolución de la Republica. Se articuló un movimiento que no está dispuesto a vaciar de contenido y de valores nuestras instituciones. Los carteles exigían que Cristina vaya presa, que la honradez, el pluralismo sin odio por el que piensa distinto y el diálogo fueran los pilares de la Argentina que necesitamos construir para nuestros hijos.
Hubo chicanas más duras, por supuesto. Un gato de peluche gigante que en su cartel, había tomado una frase de un tuit: “El gato se come a las ratas”. Pero la mayoría de los manifestantes lo hizo con alegría y esperanza. Creen que pueden dar vuelta la elección y aparecer en una segunda vuelta, de esas que carga el diablo. Pero no comen vidrio. Saben que es una epopeya, que es muy difícil pero no imposible. El número mágico es el porcentaje del padrón que vaya a votar. Normalmente en los comicios generales se suman dos millones de votantes más que en las PASO. Pero para bajar el porcentaje de Alberto Fernández y que no supere el 45 % de los votos necesitan que se sumen más de tres millones de votos nuevos, un verdadero record de participación. ¿Es complicado? Por supuesto. ¿Es imposible? De ninguna manera. Es un objetivo que se construye colectivamente dejando hasta la última gota de sudor en la cancha hasta el final del partido. Veremos. Nadie se atreve a utilizar una encuesta como argumento. Hay mucho voto vergonzante y oculto y a las consultoras se les hace cuesta arriba acertar. Pero se nota que Macri está convencido y muy esperanzado producto el mejor fin de semana político que tuvo en mucho tiempo. La marcha del millón y su éxito en el debate con Alberto Fernández le hicieron recuperar la iniciativa. ¿Eso va a mejorar la economía que tanto amarga a mucha gente? De ninguna manera. Eso asegura que ya dieron vuelta la elección y que lograrán el bajotaje? De ninguna manera. Asegura que el ánimo y la mística se hayan recuperado con la energía que bajaba del escenario de Macri y que subía nuevamente desde la gente. Muchos han rescatado o descubierto a un Macri resiliente. Alguien con fortaleza espiritual que no se entrega fácilmente ante la adversidad ni huye de las batallas a pesar de la dura derrota de las primarias.
La concurrencia era mayoritariamente independiente. Gente suelta. Pocos afiliados y muchos ciudadanos en gran parte no peronistas y la mayoría anti kirchneristas. Tienen memoria del nivel de cleptocracia que instaló Cristina y del daño que puede seguir haciendo de la mano del nacional populismo chavista que muchos de sus integrantes quieren restaurar.
Alberto Fernández por el contrario, estuvo más lejos de la gente y más cerca de las corporaciones. Cristina reapareció con la misma agresividad de antes en sus palabras y corriendo a Alberto por izquierda respecto del no pago de la deuda (que la paguen los que se la llevaron, dijo, como si ella no hubiera cometido infinidad de delitos económicos) y sobre el rol del periodismo y la justicia que supuestamente conspiran en contra de los gobiernos populares de la región. En realidad está ocurriendo todo lo contrario. La “brisa bolivariana” que anunció Diosdado Cabello, el verdadero comandante de Venezuela, tiene que ver con una sociedad con Rusia, Irán y hasta Corea del Norte. Aportaron tecnología bélica de última generación y fondos. Los cubanos sumaron sus especialistas en espionaje y las consecuencias se están viendo en Ecuador, Perú y Chile, entre otros países. Hay un contragolpe de un Maduro que no fue derrotado y ahora sale con fuerza a exportar la revolución del socialismo fracasado de Hugo Chávez.
Hay que estar muy alertas con eso. También en la Argentina. Grupos preparados como comandos militares que aprovechan las legítimas protestas sociales para quemar y romper todo y si pueden, debilitar al máximo a los gobiernos democráticos. Otro anticipo de Diosdado Cabello. ¿Se acuerda cuando le dijo a Alberto Fernández que no era de su propiedad el triunfo en las PASO?
Tal vez por eso, Alberto cristinizó su mensaje. Hasta ahora se ofrecía como el dirigente moderado que iba a calmar la altanería y el autoritarismo de Cristina y sus muchachos. Ahora dijo: “Cristina y yo somos los mismo”. ¿Qué pasó? ¿Está creciendo Macri en las encuestas? ¿Se cansó Cristina de que Alberto trabaje de bueno y ella de mala? Por ahora no se sabe.
Pero hoy volvió a maltratar a un periodista que le hizo una pregunta sumamente sencilla y respetuosa. Hablo de nuestro compañero Rodrigo Jorge que recibió una respuesta intolerante y prepotente. Y eso que ayer en el debate había dicho que la prensa corría peligro con Macri y no con él.
Alberto también perdió la línea cuando se refirió a Franco, el padre muerto del presidente. Macri también fue durísimo en acusar a Alberto de no haber hecho ni una denuncia pese a que estaba en la oficina más cercana a Néstor y Cristina. Y yo agrego que los tres fueron los socios fundadores del kirchnerismo. Macri le dijo que era imposible creer que no haya visto la corrupción que estaba a su lado mientras que Roberto Lavagna la vió y la denunció y después se fue de gobierno. Agrego yo que el actual juez de la Corte, Horacio Rosatti, hizo algo parecido.
La respuesta de Alberto fue insólita. Dijo que ningún juez lo había citado. Pero el como funcionario público tenía la obligación de denunciar a la justicia los casos de corrupción. Pero ahora dice que los presos condenados como Ricardo Jaime, José López o Julio De Vido, son presos políticos. Y eso es una promesa de impunidad. ¿En qué quedamos?
Macri le tiró con los bolsos de López, los negocios sucios de la obra pública de Lázaro Báez, las valijas de Antonini y hasta los departamentos de Daniel Muñoz, el secretario privadísimo de Cristina y Néstor que, prácticamente vivía con ellos y recibía los bolsos repletos de dólares sucios que reenviaba a la casa de la madre de Néstor en Río Gallegos.
Macri se quejó porque Alberto apeló a una persona muerta como Franco que no puede defenderse. Alberto en la pausa lo trató de inmoral pero el presidente no escrachó en sus denuncias ni a Cristina, ni a Máximo ni a Florencia a quienes ni siquiera los nombró. No se metió con la familia.
Hay una cierta preocupación en el cristinimo. No porque piensen que van a segunda vuelta. Pero sienten que Macri puede aumentar la cantidad de votos y que a Alberto se le hace muy difícil crecer. Como si hubiera llegado al techo en las PASO. Eso está por verse.
Macri se lució en el tema del combate al delito y a los narcos. Habló de estar siempre apoyando a las fuerzas de seguridad y del lado de las víctimas. Mientras que Fernández fue jefe de gabinete entraban 20 mil kilos de efedrina y hoy solo se importan 20 kilos. El presidente tuvo otro acierto cuando dijo que su gobierno había declarado grupo terrorista a Hezbollah y los K, le habían intentado dar impunidad a los responsables del atentado más terrible de la historia en la AMIA. Y que en el caso de Santiago Maldonado, el kirchnerismo mintió para tirarle un desaparecido por la cabeza y para atacar a la Gendarmería que es la fuerza que más y mejor lucha contra los narcos. “El gobierno anterior les dio gatillo fácil a los delincuentes”. Eso dijo Macri y fue casi un golpe de nocaut.
En la marcha de la economía, no.
En el posible resultado electoral, no sabemos, pero en la política, Macri salió fortalecido por su mejor actuación en el debate y por el respaldo multitudinario que recibió en el Obelisco.
Pero lo más importante es que el sábado fue parido el Movimiento Republicano. Esa rebelión de los mansos llegó para quedarse. No es propiedad de Macri ni de nadie. Es de los ciudadanos argentinos que están hartos de las patotas antidemocráticas y de los corruptos más grandes de la historia. Nació algo nuevo. Y llegó para quedarse más allá de quien sea el próximo presidente. Los valores republicanos no se negocian. Y eso es un salto inmenso en la calidad de nuestra democracia.

La madre que me parió – 18 de octubre 2019

Nadie se atreva a tocar a mi vieja, porque mi vieja es lo más grande que hay. Yo también digo que mi vieja, la que me parió, es lo más grande que hay y que toda su vida laburó sin parar.
La rusticidad de la voz de Pappo y la sensibilidad de Eduardo Frigerio y Sebastián Borensztein, instalaron esta suerte de himno reivindicatorio de la fortaleza de las madres coraje. Fue compuesta para un programa de Tato Bores. ¿Sebastián, se habrá inspirado en Berta?
Este domingo es el día de la madre. Si dejamos de lado el tema comercial, de lavarropas y celulares, se trata de un acontecimiento de alto impacto emocional en la vida de todos. Porque todos tenemos el cuerpo, el corazón, el alma y la cabeza llena de marcas de nuestras madres. Es un día maravilloso para mirarla profundamente a los ojos. Los que tenemos la bendición de tenerla viva y los que la tienen viva en su recuerdo. Siempre es bueno mirar a nuestra vieja con detenimiento, en cámara lenta. Sorprenderla con flores y besos. Adivinar con el aroma lo que está cocinando. Pedirle los Latkes, esas torrejas de papa rallada frita que tanto nos pueden. Observar su piel, sus movimientos, los rasgos, sus tonos de voz, todo eso que nosotros hemos heredado de ella. Es un ejercicio apasionante preguntarle a nuestra madre sobre su propia madre. Que nos hable del leikej de miel que hacía la bobe Fermina y la ansiedad cargada de amor de su padre, el zeide Rubin y su mercería de la calle Pichincha, en pleno corazón del Once, a la vuelta del mercado Spinetto. Que nos cuente una vez más esa historia familiar conmovedora de sacrificio y esfuerzo para el progreso, de movilidad social ascendente, de su hermana querida, Margarita, la contadora. O la horrorosa persecución que sufrieron nuestros familiares que huyeron de la Europa de los nazis. Aquellos momentos duros de las muertes y aquellos momentos hermosos de los nacimientos. Y sentarse a ver fotos amarillas. Fotos con los primos uruguayos de Paysandú, como Chelo y los demás. Las ropas de la época. Esos sombrerazos de casamiento y madrina. Aquella malla enteriza y los anteojos de carey tipo diva en la luna de miel en Mar del Plata o las vacaciones inolvidables en Mina Clavero.
En estos momentos de tantas angustias y de tantas inseguridades solo hay un puñado de cosas para refugiarnos. La identidad es la principal trinchera que tenemos. Igual que la familia y los afectos. Mirando fotos viejas, encontré la bicicleta. Recordé una noche de verano con olor a espiral contra los mosquitos. La parra se caía de uvas dulzonas cuando la farmacia era casi una botica. Era Reyes. Yo había pedido una bici y los reyes cumplieron. Pero la bici que trajeron mis viejos en sus camellos no era nueva. Era (muy) usada. Tanto que era la bicicleta que mi viejo había usado cuando era chico. Una bici con más de 30 años de antigüedad. ¿Se imaginan cuando la vi? Estaba más o menos repintada y con cubiertas nuevas para disimular sus arrugas. Un lifting que hizo por dos mangos don Trovato el dueño de la bicicletería de San Vicente un barrio de curtiembres con aromas similares a los de Mataderos. ¿Saben lo que hice? Era un pibe y me hice el boludo. Sobreactué mi alegría para que mis viejos no se sintieran mal por no poderme comprar una bicicleta nueva como la del Yiyi , el hijo del doctor Oliva que vivía a media cuadra y que fue el primer chico del barrio que tuvo un televisor Ranser más grande que un toro y con olor a lamparitas calientes. Les hice creer a mis viejos que me había tragado la píldora. Que la trampita piadosa les había salido bien.
Pero a la noche lloré como loco por ser pobre. Y lloré contra la almohada para que ellos no me escucharan.
Era otra Argentina. Mis viejos se quebraban la espalda laburando como burros. Día y noche. Solitos. Baldeando el piso y arrodillados rasqueteando la mugre de la farmacia por la madrugada, en batón, ojotas y pijama. Pero progresaban. Mi hermana y yo íbamos a la escuela para el orgullo de ellos. Jamás olvidaré que mi Papá estudio en la universidad y se recibió de farmacéutico a escondidas de mis abuelos. Ellos pensaban que leer libros era perder el tiempo y que la vida era solo trabajo.
Mayor era hijo de Samuel y Rosa de Polonia. Eran panaderos que vendían sus sabrosas facturas pintadas con brocha gorda y huevo en las plazas. Un día cruzando la calle, mi zeide Samuel perdió estabilidad por el peso brutal de las gigantescas canastas con pan y medialunas que llevaba en cada brazo y con el empujón que le dio una motocicleta al chocarlo, se cayó y quedó muerto en un instante. Con su cabeza pelada como la mía y la de mi viejo reventada contra el cordón de la vereda. Nunca vi a nadie llorar con tanto dolor como cuando a mi viejo se le murió su viejo.
Creo que tengo la potencia de mi viejo pero desarrollé la vocación mi madre. Esther podría haber sido una gran periodista. ¿O ya lo es?
Mi vieja, la Esther, sabe todo. Está más informada que yo. Me llama por teléfono todos los miércoles para darme su opinión del programa Palabra de Leuco de la noche anterior. Y por supuesto que no se pierde los jueves el “Ya somos grandes” de Diego. Elogia su elegancia y la inteligencia de su nieto. Kenore, dice en idisch. Me da su palabra sobre los invitados. Qué bien que estuvo Jairo, por ejemplo. O que simpática es tal diputada. Después me pasa el informe del zapping. Como si fuera una productora extraordinaria me cuenta que invitados tuvieron todos mis competidores. Siempre me dice que nuestro programa fue el mejor. Me hace acordar a una anécdota que suele contar Fernando Bravo. Dice que cuando uno se equivoca en la tele o en la radio, cuando comete un furcio, mucha gente dice, mirá el boludo este, no sabe ni hablar. En cambio nuestras madres dicen: “Pobre nene”, y sufren con nosotros.
Mi vieja es como Mirtha Legrand. Tiene su lucidez y le interesa todo lo que ocurre en la humanidad. Es curiosa, atenta, sensible, como buena periodista. Un día, después de una campaña feroz e implacable del “pauta traficante” Diego Gvirtz, un verdugo al servicio de Cristina, mi vieja me llamó y me dijo con la voz quebrada, “cuidate changuito”. Los ataques kirchneristas y sus injurias y amenazas habían sido brutales. Pero mi vieja, con dos palabras me curó todas las heridas del alma.
Ahora anda media achacada. Un poco encorvada por el peso de los años de una columna vertebral que la hace sufrir.
Se cayó y se fracturó la cadera como tantas madres. Y también se partió un brazo. Es emocionante ver como pelea todos los días para hacer la vida lo más parecida a la que hizo siempre. Se la recontra banca como una reina entre médicos y fisioterapeutas. Remedios y ejercicios para recuperar los músculos y volver a caminar. Los comerciantes del mercado, el diariero y la señora que le vende el queso y el dulce de batata la extrañan. Envejecer es todavía el único medio que se ha encontrado para vivir mucho tiempo.
Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre y la vista más amplia y serena.
Tal vez por eso es muy difícil que La Esther se queje. Siempre reparte alegría. Siempre agradece a la vida que pudo cumplir su sueño de construir una familia. De sus dos hijos le nacieron cuatro nietos, Edith, Ariela y Dani de la Raquelita y Diego, mi humilde aporte a la descendencia.
De sus nietos brotaron el milagro de los ocho bisnietos: de Eliana, Ezequiel, Uriel, Yoav, Yael, Jonhatan, Sofía y Eitan por orden de aparición.
¿Qué más puede pedir? Habla por teléfono como si fuera una agencia de noticias. Todos la quieren. Es famosa entre los vecinos porque tiene una actitud solidaria con todos.
Aprendí de ella que nuestro destino queda cerca. Como dice “la Sole”, “estaba donde nací lo que buscaba por ahí.
En la esquina de Alvear y Sarmiento, en esa Córdoba heróica, donde ella me crió con algún cintazo que no me dolía. O con su ojota revoleada para frenar mis travesuras. Pero con el amor de disfrazarme de duende para un acto de la escuela con una barba echa de algodón y un traje rojo cocido en la máquina Singer. Una vez se sentó a explicarme contabilidad. Yo ya estaba en el secundario y no entendía nada de sumas ni de saldos.
Son postales, fogonazos proyectados en mi cerebro. Marcas de las madres que nos marcan para siempre. Ella es madre y nosotros somos hijos para siempre. Llevamos la marca en el orillo. Porque madre, madre hay una sola. Gracias Palito por resumir con alegría este abrazo a todas las madres. Gracias por confirmar que:
Esa flor que está naciendo,
ese sol que brilla más,
todo eso se parece,
a la sonrisa de mamá.