Cristina asegura que el resultado de las primarias fue una suerte de indulto popular para ella y para el estado mayor de la corrupción que está preso y espera ser liberado el 28 de octubre a la mañana, si es que se repite el triunfo kirchnerista en las urnas.
Cristina dice que semejante diferencia de votos, es una demostración de que la mayoría de la gente no cree que ella haya sido la jefa de una asociación ilícita para saquear al estado. Esta idea de que más de 11 millones 660 mil argentinos votaron por la inocencia de Cristina es seguramente uno de los sub productos más peligrosos para las instituciones y la ética republicana. Cristina quiere creer que esos compatriotas la están indultando porque compraron sus mentiras de que la exitosa abogada que nunca ganó un juicio, pero lo perdió varias veces, es una perseguida política. Sería nefasto para el futuro inmediato de la Argentina que esto fuera así. Que sus votantes le hayan perdonado todos sus pecados y delitos. Que con el sobre en la urna hayan querido decir: “Fuerza Cristina, anda por todo y esta vez no te quedes a mitad de camino”.
Yo creo que hay supuestos que no son ciertos. Pero veremos.
El primero, que la elección ya está resuelta y que no hay ninguna posibilidad de que Macri logre remontar la cuesta. Yo creo que los partidos hay que jugarlos hasta el último minuto y que nunca hay que cantar victoria antes de tiempo. Claro que es muy difícil el desafío para Macri. Pero nada es imposible. ¿Que necesita? Que vayan a votar dos millones de personas que no votaron en las PASO y que más de un millón 150 mil voten a Macri- Pichetto y que menos de 100 mil voten a Los Fernández. Eso los lleva a una segunda vuelta y ya se sabe que a las segundas vueltas las carga el diablo.
Insisto: es difícil, pero no imposible. Y de última una buena actuación de Juntos por el Cambio, si no le alcanza para ganar, va a meter senadores, diputados y algún intendente más y eso siempre es bueno para el equilibrio democrático. Ya comprobamos que el kirchnerismo en el poder es dañino, corrupto y autoritario. Pero el kirchnerismo sin controles republicanos es muy peligroso para la paz social.
Nadie tiene la bola de cristal ni puede adivinar el futuro. Si el 27 de octubre, la contundente diferencia se mantiene y gana Cristina, a nuestro bendito país le esperan días muy oscuros. Se quedarían casi con la suma del poder público. El poder ejecutivo a cargo de Alberto. El senado presidido por Cristina. Mayorías en el senado y casi casi en diputados. Y como si esto fuera poco, insisto, si los números se repiten, podrían tener el manejo del Consejo de la Magistratura que designa y destituye jueces y mantendrían una Corte Suprema de Justicia con amplias simpatías por el peronismo y con las gobernaciones de la inmensa mayoría de las provincias.
Ya están preparando leyes y una catarata de designaciones y para volver a copar la justicia. La ex presidenta de Justicia Legítima, María Laura Garrigó de Rébori está al mando del tema en el Instituto Patria. Tiene la ayuda de Alejandra Gils Carbó y el ex juez supremo, Eugenio Zaffaroni. Estudian indultos, leyes de amnistía, rechazos a la presión preventiva y la ley del arrepentido y castigos a los jueces y fiscales que se atrevieron a investigar y castigar a los integrantes del gobierno más corrupto de la historia democrática.
A mi criterio esto es lo más grave que podría ocurrir. Que se interprete el voto como un vale todo y como un borrón y cuenta nueva. No creo que los casi 12 millones de argentinos que votaron a Cristina crean que ella es inocente y que su banda nunca se robó ni un centavo del estado. Por eso el voto fue tan oculto y vergonzante. Porque la gente no es tonta. Sintieron en carne propia el rigor del aumento de la desocupación y la pobreza, pero saben que estaban votando a ladrones de estado. Por eso no lo confesaban ni a los encuestadores y muchas veces ni a sus amigos.
Da vergüenza ajena, la opinión del director del diario “El Mundo” de España. Francisco Rosell escribió que esto ocurre “cuando los pueblos aman y votan a sus propios ladrones, a los que cometieron el latrocinio y son indulgentes con la corrupción del peronismo”.
Es demoledor. Yo entiendo a aquella persona que tuvo que cerrar su comercio asfixiado por los impuestos, las tarifas y el derrumbe del consumo. Yo comprendo a ese compatriota que perdió su puesto de trabajo. No se puede ser implacable ni inflexible con los que sufren. Entiendo que hayan votado con desesperación. Pero no puedo ocultar que esos votos que se multiplicaron por miles, van a abrir las puertas de la cárcel para que salgan en libertad, casi como héroes Julio de Vido, Lázaro Báez, Cristóbal López, Julio López, Amado Boudou, Ricardo Jaime, Roberto Baratta, Milagro Sala, Marcelo Balcedo, el Caballo Suárez, el Pata Medina, entre otros delincuentes y mafiosos y que los empresarios de los cuadernos y Cristina o Máximo, dejen de ser molestados por la justicia y sus causas sean guardadas en un gigantesco freezer como si fuera el cementerio de la honradez en la Argentina.
Billetera mata galán. O heladera mata honradez. Andrés Malamud dice que la lucha contra la corrupción puede ayudar a voltear a un gobierno pero no a entronizarlo en las urnas.
Por eso muchos jueces, fiscales, arrepentidos colaboradores, políticos honestos y periodistas independientes, están preocupados. Porque fueron valientes a la hora de llevar luz y verdad para lograr el juicio, castigo y condena que se merecen los que robaron fortunas.
Algunos están demorando resoluciones y los expedientes quedan en los cajones de Comodoro Py. Otros están tramitando la jubilación. Pero hay otros que van a resistir. Que son valientes y tienen las manos limpias, las uñas cortas y la frente alta.
Los magistrados ya tomaron nota de lo que plantearon en su momento los kirchneristas más fanáticos y hasta el propio Alberto que actúa de moderado.
Mempo Giardinelli recitó la propuesta de la agrupación Manifiesto Argentino: en ese espacio quieren un servicio de justicia y un Poder Judicial, casi una oficina menor que puedan manejar a gusto. Sospecho que semejante nivel de atentado a la Constitución Nacional, no pasa ninguna instancia, salvo que reformen la Carta Magna, como han propuesto para tirar abajo uno de los pilares de la independencia de poderes.
Francisco Durañona no anduvo con vuelta y fue a los bifes: propuso aumentar los miembros de la Corte y poner militantes de La Cámpora. Derecho viejo y sanseacabó.
Zaffaroni dijo que tiene que estudiar un poco mejor los temas para no hacer algo tan burdo. Pero su objetivo también es liberar a sus compañeros de militancia y a muchos de los presos por crímenes o hechos de inseguridad que él define como “víctimas del sistema capitalista”. Por eso en las cárceles, en la elección del 11 de agosto, la fórmula kirchnerista ganó por afano.
Alberto apuntó con nombre y apellido sin que se le caiga la cara de vergüenza. Dijo que los doctores Julián Ercolini, Claudio Bonadío, Martin Irurzun, Gustavo Hornos y Juan Carlos Gemignani que firmaron barrabasadas iban a tener que dar explicaciones sobre lo que habían escrito. Y como si esto fuera poca intromisión sobre otro poder, Alberto planteó que se iban a revisar los fallos de lo que llamó “el festival de las prisiones preventivas”.
Respeto todos los votos y todas las ideologías. No creo que los que ganan una elección tengan razón o que el pueblo nunca se equivoque. Pero mayorías circunstanciales no cambian mis convicciones. Respeto los votos pero no a los delincuentes ni a los autoritarios y patoteros. No cuestiono que mucha gente en su angustia económica haya votado a los que dejaron la bomba de tiempo abajo del sillón de Rivadavia. Pero estoy seguro que la historia también va a decir que muchos de esos compatriotas hicieron bien en tener vergüenza por ese voto. Porque fue para avergonzarse. Darle el indulto popular a Cristina es una de las degradaciones institucionales más graves de la historia. Es castigar a los decentes y premiar a los corruptos. Y así no se puede construir una sociedad mejor ni más justa. Quisieron salir de Guatemala y caímos en Guate peor.
Que Dios y San Martin nos ayuden – 16 de agosto 2019
Se vienen tiempos muy complejos en la Argentina. De mucha agresividad y enfrentamiento. Lo menos que podemos desear colectivamente, es que todo se desarrolle en paz y dentro del marco democrático. Aprovechando la fecha de mañana podemos revisitar la figura de San Martín para pedirle que nos ayude. Jugando con las palabras podríamos decir que Dios y San Martín nos ayuden.
Hay que rendirle homenaje a don José de San Martín y a aquellos heroicos mendocinos, sanjuaninos, puntanos y riojanos que pusieron el pecho y se jugaron el pellejo al grito de “Viva la patria”.
Don José de San Martín es, por lejos el argentino más grande de todos los tiempos, el padre de la Patria. Cruzó la imponente cordillera de Los Andes a un promedio de 3.000 metros de altura y con 5.200 soldados llenos de coraje y patriotismo pero con graves dificultades de todo tipo. Fueron constantes los problemas de alimentación, de traslado y de vestimenta que padecieron. Tenían 10 mil mulas, 1.600 caballos, 600 vacas, 22 cañones, 5 mil fusiles, 900 mil cartuchos, 1.100 sables y unos corazones así de grandes. Es que el motor emancipador fue más fuerte. Liberar al continente era una utopía en marcha.
Por eso hoy lo necesitamos más que nunca. ¡Qué bien que nos vendría en estos tiempos de cólera y twitter su sabiduría y su coraje patriótico! Qué bien que nos vendría que bajara del bronce o se escapara de los libros para darnos cátedra de cómo ser un buen argentino sin robar ni perseguir a nadie ni sembrar el odio entre los hermanos. Porque todavía vive en el corazón de los argentinos. Porque todavía lo necesitamos para recuperar la confianza en nosotros mismos.
Hablaba un poquito con la zeta producto de los 25 años que pasó entre españoles y, por pedido de la tropa, no era extraño verlo al lado del fogón, cantando y pulsando la guitarra. Se hacía respetar y ejercía el mando con firmeza porque daba el ejemplo de valentía y como estratega. Pero nadie le quitaba el placer de comer un puchero, charlando con el cocinero sobre los secretos de los aromas y los sabores o comer un asado a cielo abierto en plena cordillera de los Andes. Mientras, la cruzaba en mula, en caballo o en camilla en la más grande epopeya americana que se recuerde. Solía abrir los bailes con el minué porque era un prócer de carne y hueso. Tanto que don José, tenía fama de don Juan.
En Ecuador un monumento muestra la cara más luminosa de la Argentina. En Guayaquil, el glorioso San Martín con Simón Bolívar como padres de la verdadera patria grande latinoamericana que tiene que dejar afuera a los corruptos y los golpistas.
San Martín, al revés de los Kirchner, era austero y honrado hasta la obsesión. Incluso le hizo quemar a su esposa Remedios los fastuosos vestidos de Paris que tenía porque decía que no eran lujos dignos de un militar. Manejó cataratas de fondos públicos y murió sin un peso. En su testamento se negó a todo tipo de funerales. La muerte lo encontró en el exilio, casi ciego, muy lejos de Puerto Madero en todo sentido. Permítame un comentario dolorosamente irónico: igual que ahora, ¿No? Usted me entiende.
Don José de San Martín fue un ejemplo de rectitud cívica en tiempos de traiciones, corrupción y contrabando. Enseñó a no discriminar predicando con el ejemplo: creó el regimiento número 8 de los negros y después les dio la libertad tal como se los había prometido a sus queridos faluchos.
Estamos hablando de alguien que como primer acto de gobierno en Perú aseguró libertad de prensa y decretó la libertad de los indios y de los hijos de esclavos y encima redactó el estatuto provisional, un claro antecedentes de nuestra Constitución tan humillada durante demasiado tiempo. Su gran preocupación fue no concentrar el poder y por eso creo el Consejo de Estado y se preocupó para que el Poder Judicial fuera realmente independiente. Una de las enseñanzas más maravillosas que nos dejó tiene que ver con su rechazo al silencio temeroso generado por todos los autoritarismos: “Hace más ruido un solo hombre gritando que cien mil que están callados”. Y una de las máximas que le dejó a su hija Merceditas habla de amar la verdad y odiar la mentira.
Por eso, cuando nombro a San Martín me pongo de pié y lo venero. Y creo que hoy más que nunca nos puede servir cómo mensaje de unidad en esta Argentina partida. Porque San Martín vive eterno en el corazón de su pueblo. Grande entre los grandes. Es el argentino más amado por los argentinos.
Qué bien que nos vendría ahora ese San Martín convencido de que la educación era la forma más profunda de soberanía. Decía que la educación era más poderosa que un ejército para defender la independencia. Es que San Martín era un militar y un guerrero de una capacidad extraordinaria.
Pero también un demócrata cabal. El principal lema de la Logia Lautaro que el redactó dice textualmente: “No reconocerás como gobierno legítimo de la patria sino a aquel que haya sido elegido por la viva y espontánea voluntad del pueblo”. Las maestras del primario siempre nos recordaron que jamás desenvainó su sable contra sus hermanos ni por razones políticas y eso que varias veces se lo ordenaron. Disciplina, sí. Obediencia debida, no. En una carta que le mandó al caudillo santafesino Estanislao López que convendría leer en voz alta a nuestros hijos un par de veces al año le dice: “Divididos seremos esclavos”. Justo hoy que estamos tan enfrentados, tan fragmentados como sociedad. Su entrega hacia los demás se puede llevar como bandera hacia la victoria.
Justo hoy que padecemos una grieta, una fractura social expuesta como herencia K que tanto tiempo nos va a llevar cerrar. Justo hoy que toda la mugre de las coimas y la delincuencia de estado aflora a la superficie.
San Martín era el que se bancaba con una valentía increíble su solitaria lucha contra el asma y el reuma. El que se levantaba tempranísimo para poder tolerar sus úlceras gástricas que lo llevaban a fumar opio para calmar los terribles dolores que tenía.
Le sintetizo el tipo de dirigente que nos dejó San Martín con su ejemplo: Respeto por la libertad de expresión, independencia de poderes, austeridad republicana, honradez a prueba de bala, coraje y estrategia y un profundo amor para una patria de todos y para todos.
Y nuestros granaderos aliados de la gloria, inscriben en la historia, su página mejor, dice la Marcha de San Lorenzo. San Martín es el padre de la patria y nosotros, sus hijos, debemos honrar su memoria tratando de multiplicar sus valores y de construir una Argentina a su imagen y semejanza. Llegó la hora de ponernos de pié. Ya pasaron 169 años de su muerte. Tenemos que hacernos cargo y juramentarnos. Es la ley de la vida. Sin nuestro padre tenemos que construir una patria justa para nuestros hijos.
Para reafirmar nuestra identidad y para que siga sembrando utopías libertarias en el seno de nuestro pueblo y por todos los rincones de nuestra bendita Argentina. Para que nos siga uniendo en el medio de tanta división. Porque San Martín es nuestro. Y nos puede ayudar a sacar los mejor de nosotros. Para que nos siga iluminando aún en los momentos más oscuros.
Pasan cosas graves – 15 de agosto 2019
Están pasando cosas graves en la Argentina. No quiero potenciar el alarmismo ni descubrir la pólvora. Pero la devaluación nos hizo más pobres a todos y, sobre todo, a los más pobres. El aumento del riesgo país nos deja afuera de cualquier tipo de ayuda externa. La fragilidad política paraliza casi todas las formas de la producción y el comercio. Y la inflación que venía en curva lenta pero descendente, lamentablemente, el mes que viene va a subir de nuevo. Parece una tormenta perfecta en la que Macri debe moverse como candidato y como presidente inventando caminos que nunca antes se transitaron.
Alberto Fernández en las últimas horas, tuvo algunas actitudes que ayudaron a calmar el billete verde y la ansiedad de los mercados. Ojalá no sea una formalidad o un castillo de arena que Cristina destruya de un solo cachetazo. Veremos. Hoy hay que seguir día a día la temperatura y la profundidad de la hecatombe política y económica que produjeron miles y miles de votos de clase media que castigaron a Macri, que no supo o no pudo desactivar la bomba social y que premiaron a los irresponsables que dejaron ese explosivo debajo del sillón de Rivadavia.
Estas son algunas de las cosas graves que están pasando. Pero no me parece correcto que esos problemas gigantes no nos permitan ver otras dificultades que también nos deben obligar a encender la luz roja. Hay varios temas. Pero hoy me quiero detener en dos: primero, que Alberto Fernández diga que no entiende porque lo asocian a Venezuela y, segundo, que Hugo Moyano diga que Macri se tiene que ir antes de terminar su gobierno.
Hoy, Fernández, contó por radio Mitre, que le pidió al presidente que no insista con compararlo con Venezuela. Dijo que primero, porque eso no es cierto y segundo, porque nada intranquiliza más a los mercados que eso. Con todo respeto creo que si Fernández quiere reposicionarse como un hombre prudente, moderado y pro capitalista debe dejar de mentir sobre algo tan obvio.
En una columna anterior yo titulé que Cristina es Maduro. Y hay decenas de pruebas de las relaciones carnales y corruptas que establecieron primero Néstor con Chávez y después Cristina con Maduro. Florencias Saintout, que está peleando por ser la nueva intendenta de La Plata, desde la conducción de la facultad de Periodismo condecoró a Hugo Chavez por su aporte a las libertades y al periodismo popular. A su lado estaba el profesor de esa facultad, Fernando Esteche que hoy sigue enseñando desde la cárcel por su actitud violenta y patotera. En aquel momento rechazamos el delirio bizarro que fue ese premio a Chávez. Tal vez hubiera sido menos falso si le daban una distinción por su aporte a la recuperación de la memoria de Simón Bolívar o por colocar en el centro del debate la defensa de los más pobres en América Latina. Eso sería polémico y discutible pero tendrían algún tipo de argumentos. Pero darle un premio a la libertad de prensa, en una facultad de periodismo a alguien que censuró, persiguió y encarceló periodistas y que clausuró medios de comunicación es como darle un premio a Ricardo Barreda por lucha favor de la mujer.
Y Florencia Saintout fue candidata en las elecciones para tratar de ser alcalde de la capital de la provincia con la boleta encabezada por Alberto Fernández.
Cristina, que también integra la fórmula con Alberto fue la encargada de condecorar a Nicolás Maduro con la máxima distinción que otorga la Nación Argentina. La embajada paralela tapizada de negocios sucios que hizo Julio de Vido y Claudio Uberti en nombre de Néstor fue durante el tiempo en que Alberto fue jefe de gabinete. Ahora Uberti arrepentido contó esos negociados que le permitieron a los K robarse verdaderas fortunas a costa de ambos pueblos. Y eso sin hablar de Antonini Wilson y la valija llena de dólares sucios o de los prestamos más caros del mundo que nos daba Venezuela o de las bicicletas financieras en el mercado negro que le reportaron 25 palos verdes a Nestor y que los recibió en billetes físicos, contantes y sonantes y que llegaron en un avión especialmente fletado. Y los negociados con la maquinaria agrícola. El jefe de gabinete era Alberto Fernández. No es Macri el que los quiere estigmatizar colocándolos como socios del chavismo. Lo fueron y lo siguen siendo. Si cambiaron de idea y se quieren despegar de esa narco dictadura, Alberto y Cristina podrían emitir un comunicado respaldado (no a Trump) pero si a Michelle Bachellet que denunció más de 6 mil crímenes de lesa humanidad producidos por el tirano de Nicolás Maduro. Pero no dijeron una sola palabra y eso que líderes de su espacio emancipador de la Patria Grande como el propio Pepe Mujica, o el heredero de Lula, Fernando Hadad ya se pronunciaron repudiando a Maduro y su camarilla militar asesina y narcotraficante. Justamente Alberto Fernández se entrevistó con Mujica en su humilde casa y con Lula en la cárcel. Y además tiene excelentes contactos con el Partido Socialista de Chile liderado por Bachellet.
No es Macri el que debe dejar de asociar a Venezuela con el kirchnerismo. Son los candidatos a presidente y vice los que tiene que mostrar distancia y repudiar la violación de los derechos humanos para que creamos que es verdad que cambiaron de idea y no nos quieren llevar a ese lugar nefasto del chavismo K o del nacional populismo.
El otro tema es la desesperación y la ansiedad de Hugo Moyano por zafar de la cárcel. El y su hijo Pablo están muy complicados en varias causas de corrupción tanto en el gremio de Camioneros como en el club Independiente. Eso lo lleva a apelar a cualquier mecanismo antidemocrático para zafar de la prisión. El tema es que se defiende con propuestas golpistas que Alberto y Cristina deberían descalificar públicamente para que no pensemos que ellos comparten su propuesta. Moyano varias veces insultó a Macri pero eso es un delito menor. Promover la destitución de un presidente democráticamente elegido si es un delito mayor. Cuando Moyano dice que este gobierno se tiene que ir sin esperar el resultado de la urnas está fomentando un camino fachista que siempre dio los peores resultados que se miden en muertos y desaparecidos.
Los golpes de estado ya fueron desterrados en este país, por suerte. Pero moverle el piso al presidente para que renuncie, para asfixiarlo en sus recursos y derechos con el objetivo disciplinador que lo vacíe de todo poder político es algo absolutamente repudiable de lo que Alberto y Cristina también deben tomar distancia y condenar.
Pero en ambos temas Venezuela y Moyano, ambos candidatos miran para otro lado y cierran su boca. El que calla, otorga. El que calla es cómplice. Y ni el chavismo ni la violencia camionera sirven para construir una república de consensos y diálogos. Es bueno que Alberto lo sepa.