Estoy seguro que todos los días hay una buena noticia. Se lo digo siempre y creo en eso. Esto es para los amantes de Los Beatles en general, y de John Lennon en particular. El artista plástico Raúl Blisniuk trajo su muestra en homenaje a John, que seguramente, está en el cielo de los mejores artistas de todos los tiempos. Rápido le cuento que esta maravilla está ocurriendo en el Centro Cultural Borges y lamentablemente, solo dura hasta el domingo. Si no se apura, se lo pierde. Y esto no es un chivo porque la entrada es libre y gratuita. Le doy otro dato: Blisniuk es el mayor coleccionista de los genios de Liverpool de América Latina. Es un conocedor profundo de su vida y obra. En esta muestra- homenaje se lo puede ver a Lennon, su rostro y su silueta en diversos soportes, intervenidos con elementos extraídos de famosos cuadros de artistas consagrados de todos los tiempos como “Las Meninas” de Diego Velázquez, “Guernica” de Pablo Picasso, trazos que remiten a la obra de Jackson Pollock. Todo rodeado de objetos de colección de Los Beatles, fotografías emblemáticas de cada integrante, discos de vinilo, afiches originales, y hasta el famoso Rolls Ryce de la banda del Sargento Pepper.
Por eso digo que John Lennon está presente en la calle Viamonte, en el corazón de Buenos Aires. Todavía me corre un frío por la espalda cuando recuerdo aquel día, uno de los más tristes para varias generaciones: fue el día que asesinaron a John Lennon. La humanidad perdió a uno de sus mejores hombres y parte de la industria cultural y de los Beatles quedaron huérfanos.
El primer disco de Los Beatles, hace más de medio siglo, se llamó “Please, please, me” fue el primer tema con alusión al sexo oral. Fue traducido en Argentina como “Por favor, yo”. El flaco Spinetta enloqueció después de escucharlo. Se conmovió con tanta poesía, música de calidad y un cambio que anunciaba una revolución. Ese grupo celestial de Liverpool lo formó alguien muy terrenal pero que está en el cielo: John Lennon. Hizo una pareja inolvidable con Paul McCartney con quienes parieron casi dos centenares de las canciones más coreadas por los jóvenes de todo el mundo. En aquel debut discográfico con influencia de Chuck Berry, la mitad de los temas habían sido compuestos por ellos.
En 1963 también se producía en Estados Unidos uno de los asesinatos que más conmovieron al mundo, el de John Fitzgerald Kennedy. A veces pienso que el martirio de ambos fue una señal prepotente que nos advertía que dinosaurios como Reagan o Tathcher no estaban dispuestos a darle una oportunidad a la paz. Por eso muchos creyentes y adoradores de los Beatles ven a Lennon como una suerte de Jesucristo que fue crucificado con 6 balazos en plena calle 72 en Nueva York y que tanto su nacimiento como su muerte fueron anunciadoras de nuevas culturas y de nuevos comportamientos aquí en la tierra como en el cielo.
Es verdad que su figura flaca y pelilarga nos llevaba a Jesucristo. Su cara angulosa, su mensaje y su prédica en el desierto, esa actitud de poner la otra mejilla y aquel impresionante escándalo que generó cuando, atrevido y provocador, dijo que los Beatles eran más famosos que Jesucristo. Nos estaba anticipando la sociedad mediática y millones de feligreses se dieron cuenta. Y le levantaron capillas en cada guitarreada y repartieron sus estampitas redondas de vinilo que levantaban la pasión de las multitudes en los estadios.
En 1969, Lennon dijo: “Todos somos Jesucristo y todos somos Hitler. Estamos tratando de hacer la palabra de Jesucristo contemporáneo, queremos que Jesús gane.” ¿Qué hubiera pasado con el mensaje de Jesús y de Lennon si hubiesen tenido las redes sociales actuales, el facebook o twitter?
Todavía se nos hiela la sangre de solo recordar aquel asesinato que derramó lágrimas globales. Aquel día, en estas pampas que Lennon nunca pisó, estábamos viviendo en medio del terror de estado y su muerte nos dejó más huérfanos todavía. Porque Lennon fue uno de los padres fundadores de nuestra identidad como generación. Porque fue uno de los ríos caudalosos a donde la juventud de todo el planeta fue a beber para empezar a ser mejores personas y para cambiar el mundo como fue cambiando con la música de los Beatles como banda sonora de esa película. Con sus comportamientos que dinamitaban la pacatería, con su loca psicodelia, con el flequillo casi naif mirado desde ahora, con el ácido lisérgico que taladraba cerebros de colores. Con Lennon como estandarte nos atrevimos a ser nosotros. A rechazar la obediencia debida en todas sus formas, a patear todos los tableros. A tratar al sexo como algo común y silvestre, como un placer de todos los días. A ver a John y a Yoko completamente desnudos en aquella foto que escondíamos de nuestros padres. Es impresionante lo que hizo en tan poco tiempo. Vivió solamente 40 años. El día que nació los alemanes arrojaron bombas sobre Liverpool esa cuna proletaria, orillera, futbolera y portuaria que parió a los 4 fantásticos. Siempre quise pensar que esas bombas nazis fueron el más grande grito de guerra que dio la humanidad y sirvieron de bautismo doloroso a Lennon que, en venganza, imaginó con Imagina el más grande himno a la paz que cantó y que todavía canta todo el planeta.
En poco tiempo se convirtieron en patrimonio de la humanidad, en Caballeros de la Orden del Imperio Británico, condecoración monárquica que luego devolvieron para seguir siendo reyes populares. El mundo se rindió a sus pies.
No olvido que la madre de Lennon murió atropellada ante su mirada y no era casualmente mesera en un café de Penny Lane, la calle que después fue una sinfonía que coreó hasta el último de los terraqueos. El pequeño John Winston tuvo que ser criado por su famosa tía Mimi que un día, por suerte para todos, le compró su primera guitarra por 17 libras esterlinas.
John entró al mundo de la música con la cabeza abierta que recibió la impronta de Little Richard, Chuck Berry y Ray Charles. En la escuela de Bellas Artes John fue muy feliz y debutó en la gloria barrial con su primer grupo llamado Quarrymen donde conoció a un guitarrista que se las rebuscaba… un tal Paul McCartney. ¿Lo ubica? No faltó el escéptico que dijo: “¿Lennon y McCartney? No, no creo que funcione, no va a andar… Los compañeros del colegio escribieron158 canciones y se convirtieron en la dupla creativa más famosa y exitosa de la historia.
Después, hasta el nombre inventó Lennon. Jugó con las palabras y mezcló el Beat que quiere decir ritmo con el Beetle que quiere decir escarabajo. Y pasaron a ser bichos raros de la Caverna, esa cueva subterránea donde crecieron entre cajones de fruta barata y humedad.
El nacimiento definitivo de la leyenda lo provocó el psicópata maldito llamado Mark Chapman que vació su revolver 38 sobre el cuerpo de Lennon que murió como quería, en los brazos de Yoko que abrazaba su cuerpo ensangrentado tirando en la calle con el asesino sentado en el cordón de la vereda esperando que llegara la policía.
Ese día la paz, los derechos humanos, la música celestial, la ética terrenal y la estética derramaron una lágrima gigante. Hoy John está entre nosotros a modo de homenaje y esa es una buena noticia. Estoy seguro.
El profesor Fernández – 21 de agosto 2019
El profesor Fernández enseña/ el profesor Fernández entretiene/ y yo le digo contento/ hasta la clase que viene. Parafraseo al libro Gordo de Petete porque el profesor Alberto Fernández ama la docencia. Y últimamente está demostrando su vocación de enseñarle a los periodistas cómo se hace periodismo.
Siempre hay que estar dispuesto a aprender. Anoche, en Telenoche, el profesor Fernández dio una clase magistral que agradecemos de corazón. La primera lección fue sobre la duración de las preguntas o las intervenciones de los periodistas. “Usted ya habló demasiado solito, ahora déjeme hablar a mi este ratito”, le dijo a Diego Leuco que seguramente no aprobó esa materia en la facultad acerca de cuánto debe hablar un periodista.
El profesor Fernández demostró con el ejemplo que las re preguntas pasaron de moda cuando nos iluminó: “Si me deja terminar me haría un favor enorme”.
Otra lección inmensa fue que la producción de entrevistas es una tarea de los periodistas. Si Cristina no da entrevistas “es problema suyo” nos explicó con claridad meridiana.
Y la otra gran enseñanza tuvo que ver con el manejo de los tiempos. No se puede ni se debe, según el profesor Fernández, consultar respecto de la condecoración a Maduro por parte de Cristina o los honores que le rindió Néstor Kirchner a Hugo Chávez porque eso “es para un programa de historia”.
Tiene razón el profesor. Son cuestiones que pasaron hace siglos y no es cuestión de ponerlas ahora sobre la mesa. Salvo porque quien le dio la distinción por su aporte a la libertad de prensa a Chávez es su actual candidata a intendente de La Plata, Florencia Saintout.
Pero los buenos periodistas, esos que valora el profesor Fernández no podemos detenernos en minucias.
Alberto se hizo experto en periodismo cuando fue jefe de gabinete. Néstor Kirchner mandaba misiles de todo tipo contra Clarín, La Nación, Perfil, varios canales y radios y contra muchos periodistas independientes. Lo sufrí en carne propia así que los conozco de memoria. Néstor y Cristina siempre odiaron al periodismo porque le gusta controlar todo pero que nadie lo controlen a ellos.
Néstor Kirchner fue una máquina de atacar y perseguir al periodismo y su jefe de gabinete fue el brazo ejecutor, frío e implacable. Lo hacía con mayor sigilo y en voz baja, pero era tan cruel como Néstor. A lo sumo hacían el jueguito el policía malo y el bueno. Néstor te destrozaba y después aparecía Alberto con algunos algodones y curitas. Un operativo de pinzas que siguió con Cristina.
No soporta preguntas, como no lo soportaba Néstor ni ahora Cristina. Siempre quiere que le tiren centros para que cabecee. Encima de fingir que es amigo de los periodistas y que los defendía durante el ataque de los K nos quiere dar cátedra de cómo se ejerce este trabajo. A Mercedes Ninci la mandaba a leer una nota, le decía que no eran serias sus preguntas. A Jonatan Viale le aseguró que era ridículo lo que le preguntaba o que su inquietud era poco honesta. Le dijo que era un loco por preguntar si Cristina iba a manejar la economía cuando, todos sabemos que Cristina manejó, maneja y manejará absolutamente todo. Incluso la marioneta de Alberto.
En Córdoba se enfrentó con un colega de Telefé llamado Héctor Emanuele que, como todos, quería lograr una declaración para su medio. También lo maltrató, le dijo que así no se ejercía la profesión y después se subió al auto que le puso la gente del Movimiento Evita de Córdoba. Al final, mintió una vez más. Dijo que ya le había pedido disculpas a Emanuele quien luego negó que eso hubiera ocurrido.
Carlos Pagni recordó en su momento, con precisión de cirujano que fue Alberto el que llamó a Página 12 para que levantaran una nota del querido colega ya fallecido, Julio Nudler. En complicidad con Horacio Verbitsky, otro colaboracionista del kirchnerismo, censuraron a Nudler que era un prócer del periodismo. Esa nota y esta historia se puede leer en internet pero no en el sitio de Página 12. Al más puro estilo stalinista, la borraron de sus archivos. Nunca existió para ellos.
Fue Alberto el que le ordenó a Mona Moncalvillo que dejara sin trabajo a Pepe Eliaschev en Radio Nacional, sólo porque era independiente, corajudo y tenía una mirada crítica de los K.
Fue Alberto el que ofendió a Claudio Savoia porque había investigado a Romina Picolotti, secretaria de medio ambiente, pese a que el periodista de investigación tenía toda la razón.
Fue Alberto el comisario político que supervisaba, autorizaba o tachaba los informes de CQC según acaba de revelar uno de sus documentalistas, Ignacio Montes de Oca.
Fue Alberto el que llamaba a los dueños de los medios para que echaran o amordazaran a periodistas.
Fue Alberto el que estaba al lado de Néstor cuando humillaba a los cronistas que querían hacerle preguntas. El caso más famoso es el de Leonardo Míndez, en ese momento en Clarin, pero hay otros. A Míndez, adelante de los fanáticos que aplaudían le retrucó: “A vos te manda Magnetto, ya lo sé” y por supuesto no le contestó la consulta sobre su enriquecimiento ilícito colosal y a la velocidad de la luz. Fue Alberto el que estaba al lado de Néstor cuando hizo lo mismo a un movilero de radio Continental llamado Pablo Navarro.
Fue Alberto el jefe de gabinete cuando falleció Néstor y 300 energúmenos con caras tapadas y palos vinieron a la puerta de la radio a decir: “suene el bombo, suene el tamboril/ que Alfredo Leuco y Fernando Bravo / se tiene que morir”. Habían vandalizado la puerta de Continental con pintadas que decían “Magdalena gorila” y otros insultos a otros periodistas.
Alberto no dijo nunca una palabra de solidaridad por eso. Ni intentó investigar los acontecimientos para sancionar a los patoteros. Miró para otro lado. Tuvimos que salir custodiados por patrulleros como si fuéramos delincuentes y finalmente resultó que los delincuentes eran ellos.
En octubre del 2006 denuncié con una nota en la tapa de La Nación que ese era el momento de menor libertad de prensa en la Argentina desde 1983. Eso fue, insisto, en el 2006 y Alberto recién renunció en el 2008. En aquella nota de la que siento orgullo profesional mencioné diez situaciones para argumentar lo que estaba ocurriendo. Quiero ser extremadamente riguroso. Es cierto que Alberto en algún momento intentó acercar posiciones con los dueños de algunos medios. Es verdad que Cristina luego profundizó esta metodología musoliniana del escrache y fogoneó juicios en la plaza de Mayo y escupitajos a las fotos de los periodistas que ellos llamaban “Enemigos del pueblo”. Es cierto que hasta Alberto Fernández luego sufrió y tuvo que tomar de la misma medicina. Le levantaron un programa con Longobardi. Lo espiaban y lo acusaban en “67 chorro”, como dice Lanata de ser empleado de YPF, de Clarin y de mil cosas más.
Eso es verdad. Alberto fue víctima de ese aparato nefasto y de las falanges K desde el estado nacional. Pero eso no quita el haya sido victimario hasta que renunció el 23 de julio del 2008.
Cristina superó largamente a Néstor y perfeccionó los instrumentos de ataque y aumentó la cantidad de víctimas. Ella veía enemigos por todos lados. Incluso los que le hacían una pregunta. Por eso no quiso hacer conferencias de prensa. Pero hubo agresiones de hecho, palizas a periodistas en Quilmes, por ejemplo.
No es un dato menor que Morales Solá recibió amenazas al día siguiente de que el Presidente leyera en Casa de Gobierno una nota elogiosa hacia Videla que atribuyó falsamente al periodista. Alberto también fue el ejecutor de la política de látigo para los independientes y billetera para los amigos obsecuentes en el tema de la distribución millonaria de pauta publicitaria. Enseguida escalaron en esta arbitrariedad ilegal y apretaron a los anunciantes privados para que no apoyaran a los medios críticos y que pusieran publicidad en los periodistas dóciles y amanuenses. Eso se hizo por primera vez en Argentina. Invento de Néstor. Gestión de Alberto. El Talmud dice que la fe (y el periodismo, agrego yo) debe servir para acomodar a los incómodos y para incomodar a los cómodos. Debe ser fiscal del poder y abogado del hombre común. Debe respetar más la verdad que la ideología. Eso lo aprendí en la facultad, pero ahora tengo que aprender de las clases que nos da el profesor Fernández. Es como el gordo Petete. Fernández me enseña y me entretiene y yo le digo contento/ hasta la clase que viene.
La vuelta del Puma – 20 de agosto 2019
Hace tres meses yo le contaba con alegría que el Puma había resucitado. Hoy podemos decir que el Puma ya está en Argentina y que este sábado 24 de agosto trepará una vez más al escenario del teatro Gran Rex. Y que dentro de menos de una hora vamos a poder charlar un rato por estos micrófonos de radio Mitre. Será una felicidad. Porque el Puma volvió de la muerte. Volvió a nacer. Se produjo su resurrección. Así, en términos bíblicos, José Luis Rodríguez, más conocido como “El Puma”, volvió a rugir con toda su fuerza. Volvió a cantar que es como decir que volvió a vivir. El teatro Fillmore, de Miami Beach lo recibió de pié, con una prolongada ovación, con banderas de Venezuela y con una emoción de lágrimas en los ojos.
El Puma estaba con un traje elegantísimo y un par de zapatillas que luego aclaró: “No me estoy haciendo el joven. A todos los trasplantados se nos hinchan los pies y estas botitas son por comodidad”. Un video desgarró el alma de todos. El Puma antes de entrar al quirófano en diálogo con su hija Génesis. Más que Puma parecía un pajarito herido. Agradeció a los familiares del donante del pulmón que lleva en sus entrañas y a los médicos y las enfermeras del Jackson Hospital que estaban sentados en lugares privilegiados de las plateas. Estuvo dos horas cantando y ni siquiera se lo notó agitado. Lució su voz cálida y potente de tenor e incluso su enojo ante alguna falla del sonido o de la electrónica. Quería que todo saliera perfecto. Carolina, su esposa del alma estaba entre bambalinas para asistirlo como siempre y hasta que la muerte los separe.
Cuando habló de Venezuela sus compatriotas lloraron recordando sus familiares que están padeciendo la tiranía narco dictatorial de Nicolás Maduro. El Puma dijo que Maduro “es el diablo y con el diablo no se negocia, se lo liquida”.
Por momentos hizo bailar a todo el mundo y sedujo a las mujeres de todas las edades, como en sus mejores tiempos. Ya tiene 76 años y 7 meses por eso su primer nacimiento, ya se lo comenté, se produjo el 14 de enero de 1943 cuando fue parido por Ana. El dice que volvió a nacer dos veces más: a los 33 años cuando descubrió su amor por Cristo y se sumó a la Iglesia Protestante y el 17 de diciembre de 2017 cuando recibió un doble trasplante de pulmón y pudo volver a respirar el aire ambiente. Mi impresión es que al Puma Rodríguez, nació por última vez ese día en Miami cuando volvió a cantar.
Yo tengo el privilegio de poder cantar con fundamentos, igual que Sandro que ese es mi amigo el Puma. Porque tuvo la generosidad de invitarme a compartir el último “Día de Acción de Gracias” que pasó antes de ser trasplantado. Me permitió ingresar en su mundo familiar más íntimo. Y conocí a su cuñado, a su bella y generosa esposa Carolina Pérez, a su hija Génesis y a dos de sus mejores amigos venezolanos, dueños de medios de comunicación que fueron expropiados por el chavismo. Comimos exquisiteces, y en honor a mi condición de judío, el Puma leyó una oración al rey David que estremece por lo profunda y por su colosal vuelo literario.
El Puma, aquella noche, respiraba con mucha dificultad el oxígeno que le proporcionaba a través de unas mangueritas de plástico “una bombona”, como ellos llaman al tubo que arrastraba con rueditas de aquí para allá. En ese momento, el Puma tenía la cabeza abierta de su talento pero su físico era el de un nene de tres años. Un pajarito herido. No se podía ni vestir solo. La silenciosa y traicionera fibrosis quística le había deteriorado su cuerpo y había cercenado gran parte de su vida cotidiana. Todos brindamos por nuestras patrias y nuestros seres queridos. Y por la libertad que es el principal oxígeno de los pueblos. Nos dimos un abrazo duradero y por supuesto le desee lo que se concretará este sábado: que volviera a cantar a la Argentina.
Siempre estuvimos en contacto. Mi hijo Diego y yo admiramos mucho al Puma. Y él dijo varias veces que mientras estuvo en Argentina se hizo adicto a “Los Leuco” y a mis columna. Hoy la columna está dedicada a él. A su dimensión de artista y a su coraje cívico de ciudadano. Porque compartimos el rechazo visceral a todo tipo de autoritarismo y de violación a los derechos humanos. Despreciamos las dictaduras de derecha y de izquierda. El Puma mamó ese amor por la democracia desde la cuna. Ana su madre, el gran amor de su vida, no sabía leer ni escribir. Aprendió de grande para leer la biblia y militar en política. La dictadura feroz de Marcos Pérez Jiménez la encarceló, la torturó y la obligó al exilio. Ella escapó a Ecuador para salvar su vida junto a dos de sus hijos más chicos. El más pequeño de los once hijos era José Luis que vio a su madre llorar el destierro pero no aflojar en la lucha. Cuando pudieron regresar al barrio de Santa Rosalía de Caracas, el cachorro de Puma ingresó al secundario donde se recibió de técnico electricista.
Su padre, un comerciante español, murió cuando él tenía apenas 6 añitos y por eso tuvo que salir muy tempranamente a la calle, a trabajar de lustrabotas.
Pero tenía destino de cantor. De juglar. De a poco construyó una carrera que lo llevó a la cima de la canción hispano parlante a puro bolero, balada, merengue, cha cha cha y pop latino.
Empezó entonando emocionado en los actos escolares, en las serenatas de la seducción romántica, en los villancicos silvestres del vecindario. La pobreza lo perseguía de cerca. Pero nunca abandonó su sueño. Los discos fueron vendiendo cada vez más, las telenovelas convocando mayor audiencia, los festivales lo invitaban como figura. Saltó a España de la mano de Manuel Alejandro. A México con Lucho Gatica. A Brasil, a la Argentina de la mano de Héctor Maselli y en estos tiempos de Rubén Carrá, nuestro querido Banana y su maravillosa familia.
Actuó en los lugares más codiciados y con los artistas más brillantes. En Miami hizo un Teletón con Jerry Lewis, grabó “Torero” a dúo con Julio Iglesias y antes de la operación, su amigo Ricardo Montaner le produjo un disco homenaje en el que cantaron desde Chayenne hasta Soledad pasando por Axel y Carlos Rivera. El Puma cantó sentado, con la manguerita salvadora al lado y tuvo que hacer un esfuerzo descomunal porque sus pulmones ya estaban estrujados. Fue un parto. Le decía a Montaner:
“apurate que no llego a grabar. Siento que me muero”.
En 1988 apoyó la reelección de Carlos Andrés Pérez, un adeco, un socialdemócrata amigo de Alfonsín. Aquí fue jurado de La voz Argentina por Telefé en el 2012 y con su simpatía y sensibilidad, terminó de ganarse el corazón de los argentinos.
Un día maldito en pleno concierto se dio cuenta que le faltó aire para llegar a la última nota. Después le confesó a Jaime Bayly que tenía esa enfermedad incurable que te lleva a la tumba. Intentó una terapia con células madres pero fracasó.
Finalmente decidió someterse al trasplante. El que espera desespera. Y el Puma desesperó pero se mantuvo firme en sus ejercicios, en su comida y medicina con la ayuda de su fé. A todo el mundo que lo saludaba, le deseaba bendiciones. Se hizo más creyente todavía. Hasta que una madrugada el médico argentino Nicolás Brozzi le dijo: “Ahora sí, vení ya”. Brozzi nació en Chubut, a los 23 años se recibió con medalla de honor en medicina de la UBA, fue residente del hospital Italiano y del hospital de Ohio donde se formó su admirado Favaloro. Hoy trabaja con el doctor Matthias Loebe en el departamento de trasplante de Jackson Memorial de Miami.
La intervención quirúrgica fue sumamente exitosa. Siete médicos dieron buen combate durante horas. Y el día que el Puma abandonó el sanatorio dio una conferencia de prensa donde nos hizo llorar a todos por el desgarro de su agradecimiento. Contó que le pedía a Dios que le regalara unos meses más. “No me quiero ir así”, rezaba por las noches su deseo. Después, el más grande de la historia de la televisión latinoamericana, Don Francisco le mostró en su programa un video de archivo donde un pumita joven y potente cantaba con su madre en el piano. Y regresaron las lágrimas. Pidió disculpas: “Me volví un llorón empedernido”. El día que salió de la terapia intensiva dijo: “Estoy de vuelta. Ya no tengo la vida pendiente de un hilo”. Mil veces reflexionó sobre el valor de la familia, el amor, el trabajo y la vida en democracia y confirmó que la vanidad y el orgullo eran dos objetos para tirar a la basura.
Se puso a estudiar música y canto. Para reeducar su voz con clases de foniatría y rehabilitar su físico y aprender nuevamente a respirar. Cuando reapareció en el teatro de Miami, dio a luz su cuarto y definitivo nacimiento. Al Puma me une el afecto, la admiración y el deseo de ver una América Latina sin tiranos que conspiren contra el progreso de los ciudadanos. Que no haya ni censuras, ni corruptos, ni crímenes ni pobreza. Hoy todos somos venezolanos. Hoy además, yo levanto la copa para decir una vez más, felicidades Puma querido. Felicitaciones por tu vuelta tan exitosa a los escenarios. Ojalá Maduro se vaya pronto. Y este sábado te pueda agradecer tanta gente que rezó por vos y se irá cantando y bailando “Agarrensé de las manos”, casi como un himno. Casi como un rezo.