Viva la radio – 27 de agosto 2019

Estamos a un paso del centenario de la radio. Porque hoy se cumplen 99 años desde que “los locos de la Azotea” lograron salir al aire por primera vez. Nuestra querida radio Mitre cumplió 94 años hace apenas 11 días. Me gustaría rendirle mi humilde homenaje a este milagro de la comunicación.
El tiempo pasa. La radio es esa cultura de la Spica con olorcito a cuero para escuchar los goles en la oreja y monitorear a los relatores de la mano de mi viejo. O la Tonomac Platino Siete Mares que fue la primer internet que tenía dial en lugar de mouse y que nos permitía navegar por un mundo que nos devolvía interferencias y frituras en todos los idiomas. O ese suave calorcito que largaba la válvula por los parlantes de la radio Capilla de la abuela. O el walk man clavado en las orejas en pleno supermercado o el radio despertador que nos acribilla con la temperatura y en su momento con los hectopascales. ¿Se acuerda? O la que viaja en el auto y es compañía en la ruta o en laburo, o la que está en el living como si fuera la tele o en la cocina como si fuera el microondas o en el baño, ¿Por qué no? Mientras nos enjabonamos las noticias.
Hoy la radio es cada vez más un ícono en la red de redes que con un click en el real audio o en el celular te permite saber desde Lieja en Bélgica que calle está cortada y que semáforos no funcionan en el centro de Buenos Aires. La primera vez que llevé a mi hijo a una radio miró medio aburrido para todos lados y con sabiduría infantil dijo: “Pá: esto no es una radio, esto es un edificio”. ¡Cuánta razón tenía Dieguito en aquella época¡¡¡
Hay algunos que confunden la radio con el lugar físico en donde funciona. Con estas paredes llenas de historia. Con estos micrófonos que no perdonan. Con esa luz roja que tanto temo y que tanto quiero, con aquella vidriera que nos muestra operador al Pepo Colodrero y a veces a Dana, Emanuel, Lucas, el gran Bonello, Gaspar, Oscar Ruiz siempre con ganas y Juan Pablo. Ellos nos lanzan luces de advertencia y nos dicen, ojo que venimos. Atrás hay otros compañeros que producen todo lo que va al aire. Allí está Mariana, Nacho, Andy y sus twiters y la mirada sabia de Marta Lamas e incluso celebramos que Marina, la hija del Chaucha Bianco, uno de los más grandes productores de radio que conocí, hoy juegue en este equipo.
¿Eso es la radio?
Algunas sillas, una mesa, la ceremonia del mate. ¿Eso es la radio? De ninguna manera, la radio no es un hecho inmobiliario.
Entonces, ¿Qué es la radio? La posibilidad de transmitir palabras y músicas a través de ondas hertzianas, micrófonos, ecualizadores, una consola de sonido, casseteras, compacteras, mini disc y compus que despachan publicidades grabadas, una antena gigantesca, híbridos y del otro lado un aparato más grande o más chico que recibe todo eso. Dígame la verdad, ¿Eso es la radio? De ninguna manera, la radio no es un hecho electrónico.
Y entonces, ¿Qué es la radio? ¿Porque se habla tanto de ella? ¿Por qué algunos tontos la tratan como una hermanita menor si tiene 99 años de vigencia absoluta a pesar de tanto cambio tecnológico, tanto mail, tanto tuit, instagram o Facebook, celulares o cámaras HD? ¿Por qué sigue ocupando un lugar tan destacado, creíble e irremplazable? Ni el cine ni la tele ni la poderosa internet pudieron con la radio. Todo lo contrario, la radio se sirvió de todos ellos para llegar antes y mejor. Para ser más radio.
La radio es como la cigarra de María Elena Wash. Tantas veces la mataron, tantas desapareció, a su propio entierro fue y sin embargo esta aquí, resucitando.
Muchas veces la gente que visita la radio sale un poco desilusionada como mi hijo aquella primera vez. Seguramente espera ver decorados, tarimas, escenografías, telones, noticias viejas, risas nuevas, disfraces, dragones y hasta algún que otro mago. Pero no. No encuentra nada de eso. Solamente unas cuantas personas en el centro de una habitación hablándole con gestos y ademanes a un fierrito que no sabe, no contesta. Los que no hablan en ese momento hacen todo en cámara lenta y se mueven como si la gravedad no existiera. Parecen locos que caminan por la luna. Juegan a dígalo con mímica, escriben grande en los papeles los nombres muy famosos o muy desconocidos de los entrevistados y tratan de leer los portales en la notebook o sin que el papel haga ruido y se escape por el micrófono.
Evidentemente la radio no está allí. El edificio, la tecnología y las personas no alcanzan para hacer una radio. Muchos señores amantes de la razón pura creen que sí. Creen que con todo alcanza y sobra y se equivocan. Ni siquiera es televisión pero sin imagen. La radio se completa con la imaginación de ambos lados. Los que piensan así no tienen una radio. A lo sumo un gigantesco altoparlante, un altavoz que llega lejos. Eso tienen, … pero de ninguna manera tienen una radio.
Para definir una radio es condición fundamental haber leído el principito para comprender que lo esencial es invisible a los ojos. Es el único lugar donde no hacer falta ver para creer. Desmiente ese dicho de “ojos que no ven, corazón que no siente”. Acá es al revés. Si hay una verdadera radio, ojos que no ven, corazón que siente mucho. Por eso quien visita una radio no ve nada importante pero allí hay cosas importantes. Por eso la radio se escucha, pero sobre todo, se siente. La radio es esa carta pidiendo ayuda para una familia inundada que genera una catarata solidaria. Es esa convocatoria a la esperanza que hacemos con la buena noticia. ¿Usted ve la solidaridad y la esperanza? Por supuesto que no, pero la siente. La puede palpar y compartir. Igual que la alegría que desborda cuando nos equivocamos y nos tentamos o alguien nos cuenta que recibió esa ayuda y esa hermandad que pedimos al aire. Ese nudo en la garganta que se siente acá, ese cosquilleo en el pecho que mezcla las risas y el llanto, ¿Cómo se llama ese clima intangible? Radio, eso se llama radio.
La radio es esa señora que pide un bolero de aquella época porque es su aniversario de casamiento y quiere homenajear al hombre que la acompaña desde hace tantos años y le cocina un guisito de ternura, compra un vino especial y la mujer que al amor no se entrega no merece llamarse mujer. ¿Cómo se llama ese clima romántico? Radio, ese clima se llama radio.
Sin estas cosas usted tendrá muy buena información, o el coraje de una opinión jugada pero no tendrá radio. La radio es la que siempre llega primero, es la primera versión del periodismo que a su vez es la primera versión de la historia. Por eso la radio hace historia todos los días.
Sin esos climas, sin esos temblores, sin esas fantasías, usted tendrá algo honorable y muy útil tal vez, pero que no se llamará radio.
La radio es Cacho Fontana o Antonio Carrizo, Bravito, Mateyko o Badía. La radio es Mareco y el negro Víctor Brizuela y Fioravanti o el Gordo Muñoz. La radio es Pepe Eliaschev y Magdaena Ruiz Guiñazú. La radio es Longobardi y Lanata. Nico Wiñasky y su viejo. Mi hijo Diego y María Isabel Sánchez con Rolo, y Tato con Guido y las recetas de sabiduría del doctor Lopez Rosetti o Cormillot. La radio es Mitre informa primero y las gargantas de oro de Trichi y Marcelito Elorza. Las risas, los PNT y las campanitas de Natalia López, Andres Estévez Mirson, Marcela Labarca o Mariel Di Lenarda. Eso es la radio. Un equipo de radio, un verdadero dream team que me acompaña con Marcela Giorgi, Federico Andahazi y Juan Bindi. La radio es mi amigo Jorge Fernández Díaz sembrando literatura y coraje por las noches. La radio sube desde el pié y baja la escalera con Corda, Porta y Valeri.
La radio es el aire libre que todos respiramos. La radio es estar en el ring side de la vida como dice Magdalena Ruiz Guiñazú. Es un lugar de riesgo y audacia para caminar por el alambre. La radio es el teatro de la mente o el teatro sin imagen como me dijo ese genio del Negro Hugo Guerrero Martinheitz.
Hoy se cumplen 99 años del nacimiento de la radio en el teatro Coliseo de Buenos Aires con la música de Parsifal.
A esta hora exactamente hay millones de aparatos encendidos buscando una radio, sintonizando un síntoma, un aroma, un color en las ondas. Cuando esos aparatos encuentran una radio difícilmente se vayan. La consideran un miembro más de su familia. La quieren y la insultan. Discuten con ella, la abrazan, piden temas musicales, piden que le pasen sus mensajes, protestan, elogian, piden soluciones que no tenemos, aportan ideas. La gente interactúa con la radio como con ningún otro medio. Van y vuelven. Pasan de receptores a emisores. De oyentes a auditores. Miran la radio conmovidos como quien mira la vida.
Fernando Bravo, uno de sus reinventores dijo que la radio es en vivo y en directo, va a domicilio, es gratis, no se suspende por mal tiempo y está atendida por sus propios dueños.
Cuando uno encuentra una radio se da cuenta de inmediato. Porque lo siente acá. En el pecho y sabe que es un lugar en el corazón y en el cerebro donde se cruzan la emoción, la imaginación y la solidaridad.
Eso es la radio. O por lo menos creo que en esa radio creo. En ese milagro cotidiano llamado radio.

La marcha de la esperanza – 26 de agosto 2019

Una multitud esperanzada produjo el hecho político más importante después del palazo que el cristinismo le dio al presidente Macri en las elecciones primarias. Fueron miles y miles de auto convocados desde las redes sociales, que se concentraron en varias ciudades del país. Pero la marcha a Plaza de Mayo fue un torrente de ciudadanos pocas veces visto que, por su magnitud, llevó al presidente Mauricio Macri y a su esposa Juliana al histórico balcón de la Casa Rosada.
Esa energía de banderas argentinas, sin identificaciones partidarias y con algunos dirigentes mezclados en las calles, se expresó a través de carteles pintados a mano o con cantitos improvisados. Los tradicionales de “Si Se puede”, se sumaron a los “No vuelven/ nunca más” o el “Argentina/ sin Cristina”. Una pancarta decía casi como un editorial: “Los errores se pueden corregir, la inmoralidad, no”. Fue una reacción espontánea que sorprendió incluso al gobierno que, al igual que otras veces, no tuvo participación en la organización. Fue todo tan improvisado que el presidente Macri ni siquiera tuvo micrófono para dirigirse a esa marea humana y apeló a los gritos y a los gestos. Se tocaba el corazón, abrazaba simbólicamente a todos, hacía girar una bandera y mandaba miles de besos. Un celular logró filmar cuando ingresó al balcón y luego la arenga apasionada y caliente de un Macri que devolvió la apuesta a la esperanza diciendo que había escuchado el mensaje de las urnas y los instó a no abandonar ahora “porque podemos ser mejores y cambiar la historia sin robarnos ni engañarnos”. El final muestra al presidente con lágrimas en los ojos, ambos puños apretados y de frente a gente repitiendo una y otra vez “que así vamos a cambiar a la Argentina”.
Algunas de las reacciones del kirchnerismo fueron terribles. La de Juan Grabois, el mejor amigo del Papa, es un compendio de ideologismo jurásico y discriminador. Estoy seguro que hasta Alberto Fernández se agarró la cabeza por lo pianta votos del mensaje de Grabois que según dicen, podría ser funcionario de un posible gobierno K a pedido de Bergoglio.
Escuche lo que escribió Grabois: “Me emocioné con la marcha pro. Me emociona que los argentinos que admiran, a este selecto club de garcas, hipócritas y fanfarrones con mucha plata, poder y medios, pero con poco cerebro y sin corazón, sean tan poquitos y oxidados.¡ No aflojemos, que en diciembre se van!
Fue claro que Grabois sangró por dos heridas. Primero, porque no imaginaba semejante demostración de apoyo ciudadano a Macri. Y segundo, porque también está preocupado por lo que caracteriza como “un giro a la derecha neoliberal de Alberto Fernández”. No puede soportar que se entreviste con su enemigo íntimo, Marcos Galperín o que vaya a una actividad organizada por Clarín. ¿Qué les dice a sus piqueteros? Tranquilos muchachos, esto es como dijo Perón: “Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”, en un anticipo de la guerra feroz que se podría desatar entre el peronismo más tradicional y los extremos del cristinismo mas chavista. Ahí está el testimonio de Víctor Hugo Morales, el guevarista maradoniano con departamento en Nueva York, que le advierte a Alberto que no se convierta en un “pelele de Magnetto”. En las redes un desilusionado K publicó: “¿Del Clarin Miente de Néstor al Héctor no me deja mentir de Alberto. ¿Qué cambió?”. Casi la misma amenaza que le hizo Diosdado Cabello, el terrorista de estado de Venezuela.
O la incisiva periodista Florencia Donovan que registró en su columna “la ilusión de los mercados con un giro menemista de Alberto Fernández. Menemista y cavallista, ya fue. Hay que ver si se atreve a repetir la historia
Tal vez por eso, Alberto se negó a definir como dictadura al gobierno de Nicolás Maduro. Solamente llegó a calificarlo como autoritario. Ya hubo más de 6 mil asesinados producto de los crímenes de lesa humanidad de Maduro denunciados por Michelle Bachellet. ¿Cuántos muertos más son necesarios para repudiar esa narco dictadura militar?
Grabois despertó cientos de respuestas indignadas pero una de las más inteligentes, fue el tuit de Santiago García, extraordinario crítico de cine, apasionado de las maratones y compañero de radio Mitre: “Sos deshonesto en tus ideas, prejuicioso, agresivo e ignorante. Somos millones de personas que queremos una Argentina sin corrupción. Trabajamos y pagamos impuestos para que vos uses ese dinero en tus manejos de poder y manipulación de los más necesitados. El malo sos vos”.
Otro sacado fue Marcelo Parrilli. Suele ser menos sectario y fue un gran defensor de los derechos humanos desde el CELS cuando este organismo era pluralista y no una unidad básica de Horacio Verbitsky. Parrilli expresó gran parte del odio “de clase” que hoy atrasa a la luz del fracaso de las dictaduras stalinistas en el mundo. Parrilli dijo que
“3 viejas garcas me preguntan en que estación se tienen que bajar para ir al Obelisco. “En Catedral, señoras”. Viejas de mierda, que caminen una vez en su puta vida”.
Le dieron para que tenga con cataratas de caracteres. “Lean del Sur”, así se identifica le tiró con un argumento demoledor: “Yo conozco una vieja garca que tiene un piso en Recoleta y en la caja de seguridad de la hija tiene 7 palos verdes. Mas oligarca no se consigue”.
Muchos militantes del nacional populismo autoritario y la cleptocracia que quiere volver al poder ponían el acento en que eran pocos y chetos los que se movilizaron. No registraron lo que pasó. Macri casó 8 millones de votos y en el 2015 fue el argentino más votado de la historia con 13 millones de votos. Te guste o no te guste, en la Recoleta no hay tanta población.
Otra pancarta decía: “Nos movilizamos los sábados porque de lunes a viernes trabajamos”. Seguramente hay dos lecturas posibles. Una muy positiva que plantea que los que protestan todos los días, con o sin razón, no deben cortar más las calles y permitan que el país intente recuperar el nivel productivo y otra chicanera y de mal gusto porque también hay mucha gente quiere trabajar y perdió su puesto en los últimos tiempos.
Algunos K plantearon que hubo privilegios porque abrieron las rejas que dividen la plaza de Mayo. Y le replicaron con explicaciones muy atinadas: “abrieron porque no rompemos nada con martillos llevados especialmente y no vandalizamos las paredes con los infaltables aerosoles”.
La multitud de la esperanza por sí sola no puede dar vuelta un resultado electoral muy complicado para Macri y mucho peor para María Eugenia Vidal en la provincia. Pero se convirtió en el combustible necesario para fortalecer el espíritu y la mística de los seguidores de Macri. Van a transpirar la camiseta hasta el último minuto del partido buscando llegar a la segunda vuelta que, como todos saben, las carga el diablo. Y si no lo logran, aspiran a conseguir la mayor cantidad de diputados (ya tienen 111, que no es poco) y senadores, y gobernadores e intendentes. Más de 12 años de kirchnerismo nos demostraron su atropello a las instituciones, a la libertad, a la verdad y a la decencia. Pero un kirchnerismo sin controles es peligroso para la paz social y la República de la división de poderes.
Cuando la gente sale a la calle en semejante cantidad está enviado un mensaje para levantarle la autoestima al presidente y para ponerle un límite a la soberbia y la euforia K. Es como decirles: “No están solos en la cancha. Tenemos 8 millones de votos y vamos por más. No van a poder hacer cualquier cosa. En Chaco, muchos chacareros salieron a repudiar la propuesta luego disimulada de Felipe Solá sobre la Junta Nacional de Granos.
Alberto no gana para disgustos. Pidió que no hicieran olas. Que guardaran sus agresiones autoritarias para después del 27 de octubre pero muchos no pueden con su genio. Hebe de Bonafini salió a decir que Horacio Rodríguez Larreta era una rata que iba a morir como tal y que los jueces también huían como ratas pero que iban a tener que pagar por lo que hicieron.
Esto le ensucia el discurso presuntamente moderado de Alberto. Aunque el mismo se perjudica diciendo que la detención de Julio de Vido es arbitraria y que Lázaro Báez ya tendría que estar en libertad. Va preparando el terreno. Menos mal que dijo que Amado Boudou no es un preso político y que está condenado. Faltó preguntarle: ¿Quién eligió de vicepresidente a Boudou y quien le ordenó poner el marcha la apropiación de Ciccone? Como las respuestas son Cristina y Néstor es difícil que las conteste.
La única mancha de una marcha absolutamente pacífica fueron unos pocos cobardes que agredieron a un par de trabajadores de C5N. Ya lo dijimos muchas veces y lo vamos a decir todas las veces que haga falta: no importa quién sea el victimario o la víctima, repudiamos todo tipo de actitud violenta. La democracia se construye con palabras y no con patotas.
Para el final, creo que hay que rendir el debido homenaje a Juan José Campanella y a Luis Brandoni. Ambos catalizaron y multiplicaron la masividad de la convocatoria del 24-A. Tienen su gran mérito.
Y el Beto Brandoni se emocionó y emocionó a todo el mundo al rogar que sepamos defender la patria y la Republica.
Esa fue la chispa que encendió la explosión de la multitud que levantó sus banderas de esperanza. Y ya se sabe que la esperanza vence al miedo. Y es lo último que se pierde.
Hoy Brandoni se merece más que nunca el título de ciudadano ilustre.¿No le parece?

Cuando nació Borges – 23 de agosto 2019

Hay que celebrar a Jorge Luis Borges. Mañana se cumplen 120 años de su nacimiento y habrá muchas actividades en su homenaje. En el “Poema de los Dones” escribió algo que siempre me maravilló porque sospecho que, en unas pocas líneas, define con integridad la llegada de su ceguera: “Nadie rebaje a lágrimas o reproches/ esta declaración de la maestría de Dios/ que con magnífica ironía/ me dio a la misma vez/ los libros y la noche”.
Seguramente en algún cumpleaños, alguien brindó y le deseo ese lugar común de “hasta los 120 años”. Y finalmente llegó. Hace 120 años que nació y no murió, vive eterno en el corazón de sus lectores que hoy se multiplican hasta en la China donde es el escritor más traducido del español.
Sin ninguna ostentación, dio catedra con su pluma alada en el cuento, la poesía, las traducciones, las críticas literarias y los ensayos provocadores.
Fue el hombre más brillante de la literatura de nuestro país y de los alrededores del idioma español.
Fue el que revolucionó el lenguaje, el que lo reinventó. El erudito que supo multiplicar en espejos las paradojas y descifrar los sueños. Le digo más todavía. Creo que Borges es un patrimonio nacional que hay que preservar y difundir por los siglos de los siglos, amén.
Todavía no hemos conocido ni reconocido en toda su dimensión a quien sentenció: “Nadie es la patria, pero todos lo somos”. O con su rabiosa bronca a Perón, denunció: “los peronistas no son buenos ni malos, son incorregibles”. Parece mágico o mentira que hoy existan científicos, físicos matemáticos cuánticos que encuentran en sus ficciones elementos reales para investigar. Borges soñaba y escribía con idéntica rigurosidad.
Pero con la misma sinceridad, también le quiero decir que su genio literario no tiene que ocultar al ciudadano reaccionario y elitista que con sus acciones y omisiones expresó siempre su simpatía hacia todas las dictaduras que padecimos los argentinos y de otros dinosaurios como Augusto Pinochet. Tal vez por eso nunca ganó el premio Nobel cosa que seguramente le importó muy poco. Creo que la única verdad es la realidad aunque duela. Más allá que en 1980 se arrepintió con sinceridad. “Me equivoqué – dijo- no debería haber elogiado a los militares. Por su degradación ética, hoy no los apoyaría.
Y sé que esto genera polémica y críticas de ambos lados. Me parece estar escuchando algunos oyentes que me dicen.., “Pero Leuco, ¿en qué quedamos?, usted lo llama genio y reaccionario… al final ¿Lo ama o lo rechaza? “¿Quiere que le diga la verdad? La dos cosas. Lo amo y lo rechazo. Amo a ese talento que escribió El Aleph o el Hombre de la Esquina Rosada, por ejemplo. O al que fue capaz de concentrar la belleza en pocas palabras diciendo que “no los une el amor sino el espanto” Eso es lo que amo de Borges: su literatura.
Rechazo a ese reaccionario que se sentó a la mesa de Videla, el más grande genocida que tuvo la Argentina y lo caracterizó como un caballero. O al que fue capaz de recibir una condecoración de las manos ensangrentadas de Pinochet. Eso es lo que rechazo de Borges: su estupidez.
Pero creo que una cosa no invalida la otra.
Me joden aquellos adoradores de su pluma que tratan de minimizar las atrocidades que apoyó con la excusa de la ironía. Eran cosas que decía para provocar, argumentan…Puede ser… digo yo. Pero hay cosas terribles como la muerte masiva con las que no se juega ni se ironiza. Aunque seas Borges.
Solo sé que son su prestigio pudo haber ayudado mucho a las víctimas y sin embargo ayudó a los victimarios. Y eso no es poco.
En 1981, Borges salió de ese laberinto en el que se había metido y tuvo el coraje orillero de poner su firma en la primera solicitada de Las Madres de Plaza de Mayo. Para algunos fue demasiado tarde para lágrimas. Y para otros, nunca es tarde cuando la dicha es buena.
Borges tuvo una fugaz admiración por la revolución Rusa y hasta le escribió una módica oda. Después se sintió un tiempo anarquista tal vez en homenaje a Evaristo Carriego, un gran amigo de su padre que lo introdujo en el mundo de los guapos y los puñales.
Después, los jardines se bifurcaron y cada vez fue más reaccionario y mejor escritor. Tuvo palabras terribles para los negros del mundo sobre todo si eran peronistas. Al Martin Fierro lo llamó siciliano rencoroso. Definió al colectivo como un vehículo lleno de chinches y sirvientas. Tuvo una batalla cuerpo a cuerpo con el peronismo que se multiplicó cuando le mojaron la oreja y lo convirtieron en inspector de ferias municipales. Entre Borges y Perón hubo una lucha cultural feroz. Borges prologó a Arturo Jauretche que después forjó Forja pero que nunca le perdonó su antiperonismo y lo inmortalizó como profeta del odio.
Borges podría haber gritado: “Libros si, alpargatas, no”. Es que Borges vio en las grandes concentraciones lo vulgar, la barbarie, la ausencia de inteligencia pese a que en su juventud fue parte del comité yrigoyenista de intelectuales jóvenes con Carlos Mastronardi, Leopoldo Marechal, los hermanos Raúl y Enrique González Tuñón. Fue su momento más democrático. Después se paró en la vereda lúcida, paqueta y elitista de Florida y humilló a los escritores del grupo de Boedo a los que llamó “poetas del mal humor obrero”. Se estaba refiriendo a Alvaro Yunque, César Tiempo, Elías Castelnuovo, Roberto Artl y Leónidas Barletta, entre otros que pusieron sus letras al servicio de la lucha social. No lo conmovieron ni las semanas trágicas ni las patagonias rebeldes. Ignoraba a los obreros y como buen erudito, odiaba todo lo que ignoraba, tal como dijo Pedro Orgambide.
Santiago Kovadloff, (cuando no), aportó un par de genialidades al respecto. Dijo que Borges es nuestro Shakespeare y que “le infundió a la lengua una originalidad léxica que nunca fue amanerada y siempre poderosamente original”.
Me joden aquellos enemigos de sus posturas políticas despreciables que tratan de minimizar sus cuentos o sus poemas con la idea de que alguien que no defiende la vida no puede construir belleza. Puede ser, digo yo. Pero no es el caso de Borges que dijo monstruosidades pero escribió montañas de palabras que asociadas eran un placer para la estética y una perfección para el lenguaje. Es así, amigo oyente. Borges, como si tuviera las dos caras de la Argentina demuestra, entre otras cosas, que es imposible pensar siempre en términos dicotómicos, en blanco y negro.
En la vida y en el arte hay malos no tan malos y buenos no tan buenos. Se puede seguir siendo una persona democrática disfrutando de Borges, se lo aseguro. Se puede seguir siendo un admirador de sus ficciones criticando a Borges, se lo aseguro. Está claro que su obra fue muy superior a su persona si es que esto es divisible. Sus textos quedaron en la historia y su postura política se transformó apenas en caricatura. Despreció la realidad y esa fue su principal virtud a la hora de escribir y ese fue su principal defecto a la hora de vivir. No siempre la justicia y la belleza van de la mano. En este caso la moneda tiene dos caras antagónicas. Genio y reaccionario. Ángel y demonio. Una cosa no invalida la otra. Un hombre para no olvidar nunca.
Dijo que fue parido en la biblioteca de su padre a la que consideraba una versión del paraíso. Borges una vez reflexionó: “Creo que nunca salí de esa biblioteca”.
Un grande entre los grandes para amar y rechazar con toda intensidad. Con toda la pasión de ser tan argentino, como Jacinto Chiclana:
Nadie con paso más firme
habrá pisado la tierra.
Nadie habrá habido como él
en el amor y en la guerra.
Sobre la huerta y el patio
las torres de Balvanera
y aquella muerte casual
en una esquina cualquiera.
¿Sabe que pasa señor oyente? Siempre el coraje es mejor. La esperanza nunca es vana. Vaya entonces esta columna para Jorge Luis Borges, el que hizo magia con las palabras.