Viva la independencia – 9 de julio 2019

A las dos de la tarde de un día como hoy, pero de hace 203 años, empezaba a funcionar el Congreso de Tucumán que sancionaría nuestra gloriosa y ansiada independencia. Presidía la sesión el representante de San Juan, Francisco Narciso Laprida. El acta original, firmada por todos los miembros del Congreso fue redactada en el libro de actas que se ha perdido. Algunos historiadores consideran que fue depositado en 1820 en la Legislatura de Bueno Aires de donde fue robado. Tal vez haya sido toda una señal de nuestro karma cleptocrático. Tal vez. Pero hoy, mejor, honremos a la patria de los ciudadanos honestos y democráticos.
Jorge Luis Borges lo sintetizó con su genialidad: Nadie es la patria. Todos lo somos. La patria es el primer misterio inapelable. Se ama una tierra como propia y se quiere volver a sus entrañas…Una de los textos más bellos y profundos que leí sobre la patria le pertenece a Julia Prilutzky Farny, una poetisa ucraniana, naturalizada argentina. Dice así: “Allí donde partir es imposible/ donde permanecer es necesario/Donde nunca se está del todo solo / donde cualquier umbral es la morada/ Allí donde se quiere arar y dar un hijo/ Allí donde se quiere morir… allí está la patria”.
Hoy, a 203 años de la declaración de la Independencia hay una pregunta clave: ¿Qué significa ser independiente hoy? ¿Cuál es el contenido patriótico y ciudadano del día de la independencia nacional? Si nos miramos en el espejo de aquellos hombres hay que decir que el apellido de la independencia es la libertad. Y que hoy más que nunca deben ser los pilares de una sociedad mejor para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.
Un país mejor, más justo, más igualitario, con menos pobres y desocupados y con más honradez y diálogo. Un país en el que solo queden afuera los corruptos y los golpistas. ¿Es tan difícil comprender lo simple? Millones de argentinos de buena voluntad quieren construir ese país. Con el respeto sagrado a la división de poderes para no pisotear la Constitución que es nuestra Biblia laica. Eso es independencia. No depender de nadie, no ser cliente de nadie y no dejarse extorsionar por nadie. No arrodillarse ante nadie y no hacer arrodillar a nadie. Salir a la calle a trabajar, a estudiar o a pasear con nuestras familias y que no tengamos miedo de ser asaltados en pleno día o a que desvalijen nuestra casa mientras no estamos. Eso también es independencia. Opinar con respeto absolutamente de todo, con independencia de criterios, sin tutelajes ni censuras y sin que te manden la AFIP o los servicios de inteligencia para castigarte.
Así de simple y de complejo.
Hoy le rendimos homenaje a ese Congreso de Tucumán que sancionó nuestra gloriosa y ansiada independencia. Es el día más importante de la patria. El día del parto. El alumbramiento de esto que somos. Es el día más feliz de la historia de los argentinos. Nacimos como Nación. Dimos a luz.
Ojalá la patria tenga todos los días felices que le deseamos, cada vez que decimos con orgullo: Feliz día de la patria.
De una vez por todas tenemos que tomar conciencia de la patria que tenemos y ponernos a edificar la patria que queremos. Uno piensa en tantas fracturas sociales que estamos padeciendo y se preocupa. ¿Podremos sintetizar todas esas diferencias para pensar como una Nación? ¿Seremos capaces de respetar la diversidad de las miradas y las verdades sin perder la unidad como patria? ¿Podremos abrazarnos en cada logro colectivo y social como lo hacemos con los triunfos deportivos? Si queremos esa patria, se me ocurren tres compromisos básicos que debemos asumir.
1) Extirpar el cáncer de la intolerancia. Sacarlo de nuestro cuerpo social antes que haga metástasis y se convierta en odio eterno. Comprender que la diversidad de miradas es un activo, que el pensamiento del otro nos hace mejores y que no es un enemigo el que piensa distinto. Debemos disfrutar de ese aprendizaje permanente que es la convivencia pacífica entre nosotros y con otros pueblos del mundo.
2) Ser solidarios hasta que duela, como decía la madre Teresa. Comprender que nuestro vecino es nuestro hermano, nuestro compañero de ruta, la persona con la que debemos edificar, codo a codo, un mejor barrio, una mejor ciudad y un mejor país que lata con orgullo en nuestro pecho. Ojo que no hablo de caridad, hablo de justicia social. De igualar las oportunidades educativas para lograr esa famosa movilidad social ascendente que nos hizo reconocidos en el mundo.
3) Pensar la patria no solo como padre. Como pertenencia. Una patria que no sirva como escudo de los fanáticos y mentirosos. A esos que dicen que hacer patria es matar a alguien. A esos que Dios y la Patria se lo demanden. Que sean expatriados y nunca repatriados. Yo no quiero la patria dividida en adjetivos ni en corporaciones. Que sea la patria de nuestros padres y la de nuestros hijos. Que los patriarcas nos ayuden. Que nos sostengan como lo vienen haciendo desde el origen de la patria en aquella Plaza de Mayo o en la casa tucumana de doña Francisca Bazán.
No se si estaremos a la altura de aquellos hombres. Uno piensa en San Martín, Belgrano, Mariano Moreno y en don Martín Miguel de Guemes empujando para el mismo lado de la historia y se estremece. Yo imagino a la patria como un cuenco que se hace con las manos. Todas las manos todas formando un cuenco que contenga los valores esenciales del ser humano. Un continente para la tolerancia, la solidaridad, la justicia, la libertad, la paz. Un cuenco del que podamos ir a beber todos. Que nos calme la sed y que nos alimente la democracia. Que destierre esa mirada cargada de odio que solamente encuentra enemigos entre nuestros hermanos. Que nuestros semejantes beban del mismo cuenco. Que ese cuenco llamado patria sea cada vez más grande y más fuerte. Que contenga a más argentinos. Que nos permita disfrutar del aprendizaje permanente de la convivencia. La patria como cuenco. La patria es algo que nos dio la vida para que la refundemos como utopía. Y utopía significa no rendirse a las cosas tal cual son y luchar por las cosas tal como debieran ser. ¿Se entiende? No hablo de humanizar lo inevitable. Hablo de evitar lo inhumano. Como decía Leopoldo Marechal, la patria es un dolor que nuestros ojos no aprender a llorar / la patria es un dolor que aún no tiene bautismo. Por eso declaramos solemnemente “a la faz de la tierra” nuestra voluntad de ser “una nación independiente” del rey, de sus sucesores, de la Metrópoli y “de toda dominación extranjera”. Hacía tiempo que lo venían reclamando nuestros padres fundadores. Hoy también deberíamos sembrar más ciudadanos patriotas para cosechar gobernantes más ciudadanos. Para lograr la patria que soñamos. Sin déspotas ni cadenas. Es decir, sin corruptos ni golpistas.

Alberto, mal con Dios y el diablo – 8 de julio 2019

Alberto Fernández camina por una cuerda floja sobre el precipicio. Está obligado a hacer un equilibro casi imposible. Y para eso, sanatea, apela a eufemismos y malversa las palabras y las ideas.
Su tarea es para un mago. O para alguien sin escrúpulos. Por un lado tiene que ocultar las críticas más duras que le hizo a Cristina durante muchos años. Es el único que se atrevió de calificarla de “psicópata que busca subordinar a la justicia y someter a las instituciones”. ¿Cómo se vuelve de eso? ¿Qué se dice? ¿Se me escaparon algunas palabras? El viejo y remanido “Me sacaron de contexto”. Encima casi todo está grabado en el archivo de la tele y las redes sociales. ¿Cómo hace Alberto para justificar que su compañera de fórmula es ahora Cristina y que ella lo bendijo a él. El definió a ella como una soberbia que tuvo una gestión deplorable que censuró un programa de televisión en el que estuvo él como parte de una persecución permanente y lo más grave: que ella encubrió a los terroristas que volaron la AMIA.
Todo eso y mucho más dijo de Cristina. Es una tarea titánica para Alberto enfrentar a los micrófonos y responder preguntas sobre todos estos temas. ¿Puede desmentirse a sí mismo? ¿Puede dar marcha atrás?
Como si esto fuera poco, en un discurso esquizofrénico tiene que aparecer en forma simultánea como un moderado y prudente para arrimar votos de centro y revolucionario emancipador y chavista para que no se le enojen los muchachotes de la Cámpora y Carta Abierta que lo caracterizan como un liberal conservador.
Este laberinto en el que se encerró Alberto lo obliga a vaciar de contenidos las palabras, a disimular y, finalmente, mentir descaradamente.
¿O no fue Alberto el que dijo claramente que si Cristina no era candidata se tenía que ir a su casa porque no se podía repetir el error de que el poder estuviera en Juncal y Uruguay ( el domicilio de Cristina) y el poder formal en la Casa Rosada. Una semana después, Alberto aceptó exactamente eso.
Por eso apela a un nuevo diccionario de términos ambiguos que tratan de oscurecer la comunicación y alterar el contenido.
Veamos dos casos como botones de muestra: los presos por corrupción y la narco dictadura de Maduro.
Cristina y Máximo que son los jefes de Alberto, trataron de instalar (sin mucho éxito) la cantinela de que hay presos políticos kirchneristas. Insistió en el tema el sincericida Dady Brieva y lo repitió hasta al máximo gurú de la injusticia K, el ex miembro de la Corte Eugenio Zaffaroni.
¿Qué dijo Alberto cuando le preguntaron? Textualmente: “Yo nunca dije que había presos políticos. Preso político es alguien que no tiene causa abierta y todos tienen causas abiertas. Si digo que son detenciones arbitrarias que coinciden con opositores y eso le da un tufillo político”. Bingo. Quiso quedar bien con Dios y con el diablo y logró lo contrario. Quedó mal con ambos. Con los ciudadanos independientes que no tienen dudas del colosal sistema de corrupción del kirchnerismo y que, por lo tanto, esos personajes están presos por ladrones y también quedó mal con Amado Boudou, Julio de Vido, Ricardo Jaime, José López, Roberto Baratta, Carlos Kirchner, Juan Pablo Schiavi, Luis D’Elía, el ex general Cesar Milani y Oscar Thomas, el ex titular de Yacyretá. Estos diez apóstoles de Cristina en muchos casos convivieron horas y horas en reuniones y decisiones con Alberto y Néstor Kirchner. ¿Alberto no se dio cuenta que robaban?. Hay algunos que son corruptos confesos como Ricardo Jaime. Otros que no tienen escapatoria como José López. ¿Alberto no vió nada? No le llamó la atención como todos se enriquecían delante de sus narices? ¿Fue un tonto que no vió los elefantes que le pasaban al lado o un cómplice que miró para otro lado? El otro día llegó al extremo de decir que el matrimonio K ya era rico por su trabajo como abogados en Río Gallegos. Pero metió la pata y mintió. Dijo que esa actividad usurera de quedarse con las casas de los que no podían pagar las cuotas productos de la resolución 1050, fue al final de la dictadura, cuando en realidad fue en plena dictadura. El tema presos y corrupción es un desafío difícil de resolver para el hábil declarante de Alberto. Por eso pasó a la acción y fue a visitar a Lula, condenado a 8 años por la justicia por corrupción y lavado. Hizo la “ele” de Lula y de Libertad en la puerta de la cárcel de Curitiba y también criticó al sistema judicial de Brasil. ¿Otra detención arbitraria? ¿Y el mega sistema de corrupción que instaló el Partido de los Trabajadores y que luego involucró a casi toda la clase política? ¿Lula no tuvo nada que ver? ¿Es un perseguido político igual que Cristina? Pero acá también quedó mal con Dios y con el Diablo. Sus viejos compañeros de gabinete se preguntaron porque Alberto no los visita a ellos si cree que son detenidos en forma arbitraria. Porque no pide con fuerza por su libertad y promete que los va a liberar apenas asuma si llega a ganar la presidencia. ¿Eso le piantaría muchos votos? Si hasta Cristina no dijo una palabra, pero ni una sola, por muchos de los que robaron para su corona. Porque no hay duda que Julio de Vido, Baratta, Jaime y José López se quedaron con vueltos monumentales pero robaron para la familia K.
Es muy complicado para Alberto salir limpio de estos temas. Dijo que Cristina no es chorra. Que es altanera o soberbia, pero chorra no. Llegó a la cima de las gambetas al lenguaje cuando dijo que “cometió un descuido ético o un desliz” al ser socia y hacer negocios con un proveedor del estado. Es tragicómico que ahora le digan descuido ético al robo del siglo, al saqueo más importante que se le hijo jamás al estado democrático.
El otro papelón grande fue en el tema del chavismo venezolano. Alberto estaba al lado de Néstor cuando comenzaron las relaciones carnales con Venezuela y los negocios sucios con la embajada paralela de Claudio Uberti. En el expediente, el arrepentido Uberti cuenta que una de las operaciones con bicicleta de dólares bolivarianos en el mercado negro le hizo quedarse con 50 millones de dólares a ambos líderes. Los 25 de Néstor llegaron en billetes físicos y en un avión especialmente fletado.
Eso en el enriquecimiento ilícito que perjudicó a ambos pueblos. Pero en lo ideológico la cuestión es igualmente gráfica del pensamiento de los K. En una columna que está en mi libro “Juicio y Castigo” utilice como título: “Cristina es Maduro”. Michelle Bachellet, una leyenda socialista que fue presidenta de Chile, exiliada política de Pinochet y que padeció la tortura de su familia durante la dictadura elaboró un informe lapidario sobre la narco dictadura de Maduro. Reveló que hay casi 7 mil asesinados y que hay torturas y detenciones clandestinas terribles. Acaba de morir un militar disidente en plenos tormentos con los pies y las manos quemadas y 17 fracturas. Un horror. Un terrorismo de estado y una violación a los derechos humanos que debe ser condenada por todos. Las dictaduras criminales no son de derecha ni de izquierda. Son asesinos que deben ser repudiados y condenados. ¿Usted escuchó a Cristina o a Máximo o a Kicillof decir algo de Venezuela? Silencio cómplice. Es muy grave porque hay una sospecha de que si vuelven al poder van a querer instalar este chavismo K o este nacional populismo en esta tierra. ¿Qué dijo Alberto? ¿Qué Argentina se parece más a Venezuela ahora que antes? Chicaneó con la inflación alta y algunas otras pavadas al lado del crimen de 7 mil personas y de las cárceles llenos de presos políticos porque esos si son presos políticos.
Otra vez apeló al eufemismo que en este caso es sinónimo de cobarde complicidad. Dijo Alberto que en Venezuela hay abusos y arbitrariedades de estado. Increíble: al terrorismo de estado lo llama arbitrariedades. ¿No será un desliz ético?
En ese sentido la doctora Elisa Carrió fue demoledora con Alberto. Lo comparó con un puff. Dijo que: “es un puff porque te adorna el ambiente, es capaz de adquirir las más diversas formas y se acomoda dónde y cómo puede. Por ahora Alberto malversa las palabras y hace equilibrio pero queda mal con Dios y con el Diablo.

Soy cordobés – 5 de julio 2019

Mientras más libros leo, mientras más personas inteligentes entrevisto, mientras más países conozco, en lugar de tener cada vez más certezas, tengo cada vez más preguntas. Hay pocas cosas de las que estoy absolutamente seguro. Estoy seguro que soy padre, que soy periodista y que soy cordobés. De casi todo lo demás, dudo. Soy cordobés hasta la médula porque amo profundamente mis raíces. Soy orgulloso de mi pertenencia y de dónde vengo. Basta que ponga un pie en tierra cordobesa y me cambia el humor, soy feliz, siento que es mi lugar en el mundo. Y no solamente porque tengo a mis padres, a mi hermana y a parte de mi familia. Tengo la sensación de que el ADN cordobés es parte indisoluble de lo que soy, de mi identidad. Muchos historiadores dicen que la actitud que articula toda la historia de Córdoba desde sus comienzos es la rebeldía. Mañana se cumplen 446 años desde que la fundó Jerónimo Luis de Cabrera y lo hizo en un claro acto de desobediencia al Virrey. A lo largo de su historia, Córdoba demostró su impronta combativa en defensa de la libertad y en contra de todo tipo de autoritarismo. Eso me alegra el alma y siempre trato de estar a la altura de ese coraje.
Hablo de la Córdoba de la Reforma Universitaria que fue un faro para toda América Latina. “Obreros y estudiantes/ unidos adelante”, gritaban los manifestantes en la calle hace 100 años. Se levantaron en ideas contra el atraso, la pacatería y el oscurantismo de la rancia oligarquía, entre otras cosas. El manifiesto liminar que todos deberíamos estudiar y tener presente dice: “Los dolores que nos quedan, son las libertades que nos faltan”.
Hablo de la resistencia al autoritarismo del peor Juan Domingo Perón. De la resistencia contra un personalismo que obligaba gente a afiliarse el justicialismo, a llevar luto por Evita, a delatar y encarcelar a los contreras y a llevarse todo por delante. No reivindico la violencia de los comandos civiles pero es cierto que hubo cordobeses que estuvieron dispuestos a dar la vida en contra de los prepotentes y de los que se sentían dueños de la patria y de la verdad.
Hablo del Cordobazo y el Viborazo que fueron puebladas contra los fascistas con y sin uniforme que nos quisieron llevar a la edad media con un integrismo que cortaba cabelleras y alargaba minifaldas, encarcelaba disidentes y reprimía a mansalva. Eran épocas de dirigentes sindicales representativos que vivían como pensaban, con honradez y austeridad como el Gringo Tosco, el Chancho Salamanca o el Negro Atilio López que desde su gremialismo de colectivero llegó a ser vice gobernador de la provincia.
El radicalismo cordobés siempre fue potente y en muchos casos con inserción popular y hasta con secretarios generales de gremios. Desde el legendario Amadeo Sabattini y Santiago del Castillo hasta don Arturo Illia, pasando por Zanichelli.
Hablo de los límites que la mayoría del pueblo de Córdoba le puso a la cleptocracia y a los intentos hegemónicos y patoteros de Néstor y Cristina Kirchner. Nunca en sus más de 12 años, el matrimonio presidencial consiguió acusar peso en la balanza electoral en la provincia que late como el corazón de la Argentina productiva. Porque hablo de sus gringos del campo que dejan la espalda rota trabajando de sol a sol e incorporan la innovación tecnológica, de las grandes industrias y fábricas automotrices y de la potencia creativa e intelectual de las universidades que supieron recoger argentinos de todas las provincias y extranjeros que venían en busca de la excelencia.
Córdoba es muchas cosas, por supuesto. La heroica, la docta, la Córdoba de las Campanas de don Arturo Capdevilla que nos habla de las cúpulas de tantas iglesias hermosas y antiguas y de una peso específico del clero que en algunos aspectos convierte una parte de la cultura en conservadora.
Córdoba, para mí, es su humor repentino, de tribuna popular y el fútbol, de tonada, y de esa broma que explica muchas cosas. Dicen que el cordobés es una mezcla de cuartetazo, vino dulce y chipaca. Tal vez el territorio nacional nos identifique con ídolos populares como La Mona Jiménez o Rodrigo cantando soy cordobés. El instaló para siempre que anda sin documentos porque lleva al acento de Córdoba Capital y que toma el vino sin soda porque así pega más.
Y agrega “Soy de Alta Córdoba dónde está «la Gloria» o en Jardín Espinosa a Talleres tu lo ves y si querés yo te llevo para Alberdi dónde están los celestes mi pirata cordobés.” Tal vez ese gusto por el vino dulce nos haya empujado a ser los principales consumidores de Fernet con Coca. Hace poco, en la mesa de Mirtha Legrand, con su hija Marcela Tinayre serví el “Fernet” al revés de lo que debe hacerse con el solo objetivo de evitar que la espuma, muchas veces incontrolable, manchara el mantel en vivo y en directo. Años estuvimos como mi hijo sirviendo fernet con coca en la tele y del que se fabrica en Córdoba, no el italiano. Un matutino local destacó que muchos me gastaron diciendo que yo no era cordobés porque no sabía cuál bebida se colocaba primero en el vaso. Me lo tomé en joda y me provocó risa. Pero después un muchacho que trabaja en ese diario que cada día tiene menos voz, un tal José Heinz, se pasó de rosca. Editorializó sobre el tema y sacó conclusiones delirantes. Dijo que yo me quise jactar y que quise sacar chapa de mi origen cordobés y que esos son los problemas de caer en la impostación de lo popular y en la supuesta autoridad y que eso me dejó en ridículo. ¿Qué lo que decí negro? ¿No será mucho varón?
Pero volvamos a los mejores recuerdos. Una de las fotos que más quiero es la de la entrega de la distinción como “ciudadano ilustre” que me hicieron. No puedo creer cuando me veo entreverado con monumentos de la talla de Marcelo Milanesio o Fabricio Oberto en el básquet, o David Nalbandian en el tenis, o Daniel Salzano que todavía toma café en el Sorocabana frente a la Plaza San Martín donde inexorablemente terminaban mis sábados con desayuno y el diario con olor a tinta. En esa foto está una señora actriz como Ana María Alfaro y mi adorado ídolo de chico, el Daniel de los Estadios, Daniel Willington que siempre será un poster pegado en mi habitación. Y encima estoy al lado de Jairo que supo cantar de Posdata que Córdoba va…
Con sus motos y apellidos,
Con sus calles y baldíos.
Con su río y su cañada,
Con fantasmas y peladas.
Córdoba es un sentimiento. Es el primario en el colegio Ortiz de Ocampo, en la calle Salta o la excelencia y el compromiso del Manuel Belgrano o la facultad de Ciencias de la Información, con tantos compañeros desaparecidos empezando por los hermanos de Norma Morandini. Y el Huguito Kogan que tanto extraño. Córdoba es mi cuna y tal vez sea mi tumba. Una pintada que hice entre tantas pidiendo por la libertad del Luis Aráoz con la firma de la Fede en aerosol rojo, el amor por Celina, la partisana de Luz y Fuerza o la Mirtinha, y la cárcel de los fachos del comisario Telleldín, en la comisaria feroz al lado del Cabildo donde me dieron para que tenga y guarde. O la peña del Chito donde conocí al Horacio y a Tejada. Y Tonos y Toneles y la guitarra del Negro Maldonado que una noche dijo que era un obrero del canto y un borracho que nunca falta le gritó: “te dicen el boludo, para elegir laburo”.
En esa Córdoba me formé y no me arrepiento de nada. Aunque ahora unos pocos sectarios me odien y sigan apostando a los estalinismos y a los ladrones de la Patagonia kirchnerista.
Hablo de la Córdoba de la Noar y el básquet de los amigos, del Cabezón Beto y el Alfredo dispuestos a levantar lo que se pueda y a bailar en Carlos Paz o en donde sea. A la Córdoba de conventillos de Barrio La Cruz que llegó mi viejo huyendo del nazismo de Polonia.
A esa Córdoba le doy las gracias en su cumpleaños. Los del Suquía dicen que en la docta de madrugada/ siempre hay alguien despierto/ estarán las aulas cerradas/ pero siempre hay boliche abierto.
En la Zamba de Alberdi, el Chango Rodríguez habla de la primera cita en la Plaza Colón y dice que su amor “como una glicina/ibas por el Clínicas/ perfumando el aire/ con tu juventud.
Tal vez por eso me enorgullezco de ser cordobés. Porque a mí tampoco me gustan los mandones ni los dictadores. Yo también creo en el derecho de decir que no. No a la injusticia, no a los corruptos, no a los extorsionadores y mafiosos. Decir que no es el principal derecho de una República.
Desobedecer, patear el tablero si es necesario, no ser sumiso. No arrodillarse ante nadie. Y tampoco hacer arrodillar a nadie. Sin soberbia y sin cobardía. Ser rebelde, como Córdoba. Por eso soy cordobés…