El duende de Piazzolla – 4 de julio 2019

Anoche fui a Madero Tango con dos amigos que viven en Estados Unidos. Ese maravilloso local estaba repleto y creo que los únicos argentinos eran los artistas, los mozos y yo. De cada mesa brotaba el portugués, el inglés, el francés. Todos hipnotizados con los cortes y las quebradas de los bailes arrabaleros. Aparece Gardel en el recuerdo, y el público saluda con aplausos su “Rubias de New York”. La euforia crece cuando suena la emoción de “No llores por mí Argentina”. Pero el momento de mayor emoción y reconocimiento es cuando se instala el duende de Astor Piazzolla. Tanto en su música tan futurista aún hoy, como en su balada para un loco que sabe que está piantao, piantado.
Para gran parte de los extranjeros, Argentina es, entre otras cosas, Gardel y Piazzolla. Para nosotros, también. Ya pasaron 27 años de su muerte. Fue un día como hoy. Tenía apenas 71 años y un talento especial que lo llevó a jugar en las grandes ligas del mundo de la música de calidad que poco a poco se volvió popular.
Astor Pantaleón Piazzolla fue un revolucionario del tango. Dan ganas de poner la melodía de su amigo Aníbal Troilo y con letra de Homero Manzi, dedicarle un rezo laico:
El duende de tu son, che bandoneón,
se apiada del dolor de los demás,
y al estrujar tu fueye dormilón
se arrima al corazón que sufre más.
A Piazzolla todo le costó mucho. Le querían sacar tarjeta roja pero no se fue nunca del tango. Fue muy resistido por la guardia vieja de la ortodoxia. Lo consideraban una suerte de hereje de la religión del 2×4, vade retro Satanás. Y no era para menos, en el Octeto de Buenos Aires, por ejemplo, puso por primera vez una guitarra eléctrica. ¿Se imaginan? Los adoradores de las telas de araña lo querían matar. Por eso le costó tanto llegar y que lo aceptaran. Pero se convirtió es un clásico de la música urbana. Era una especie de D’Artagnan aferrado a la oruga de los sonidos maravillosos. Sin espada pero con pinta de mosquetero. Casi, siempre vestido de negro, atento para clavar el estilete de la creatividad. Tal vez con Astor se produjo el segundo nacimiento del tango. El que le metió los nuevos ruidos callejeros y lo transformó en música culta reciclando lo popular. Pocos saben que se formó en armonía y música clásica con la directora de orquesta francesa Nadia Boulanger. Y que estudió contrapunto y fuga con Alberto Ginastera. Y que las primeras armonías las aprendió con Bela Wilda, una pianista húngara discípula de Serguei Rajmaninov.
En alegre concubinato con Horacio Ferrer parieron muchas de las mejores radiografías de Buenos Aires. Mar del Plata y Montevideo engendraron esos hombres que como acróbatas dementes saltaron por el abismo de tu escote hasta sentir que enloquecieron tu corazón de libertad. Era la balada de dos locos. De dos talentos que patearon todos los tableros con la voz de acero y terciopelo de Amelita Baltar, que fue sin duda María de Buenos Aires más allá de la operita fundacional. Astor era discutidor, no se le callaba a nadie, se iba a las piñas en dos minutos. Se le subía la tanada y la autodefensa que necesitó de pibe por las calles hostiles de Nueva York. Solo se quedaba en silencio cuando el Polaco Goyeneche, por ejemplo, se subía a ese pulmón de melodías que Astor acunaba sobre sus rodillas. Grabó 58 discos, hizo música para ver en el cine. Dejó más de mil composiciones, una obra monumental. Larga, ancha y bien porteña, como la calle Corrientes. La criminal fue una trombosis que le hizo la vida imposible. Tal vez en esa pelea contra la muerte recordó aquella pequeña Italia a donde su viejo, Vicente, Don Nonino había ido a buscar revancha laboral. Hoy decís, adiós Nonino, adiós, y es como cantar el himno ciudadano. Era un pibe y pudo compartir con Carlos Gardel los paseos por Manhattan, los ravioles amasados por Asunta Manetti, su madre y una escena emocionante con un piazzollita de 12 años y una gorra de atorrante tocando el bandoneón en “El Día que me quieras”. Hay fotos que lo prueban. Pero ese fotograma no quedó en la película que hoy se pudo recuperar.
Dice la leyenda que “el mudo” le dijo a ese chico llamado Astor: “Tocas bien el fueye, pibe. Vas a ser un grande, te lo digo yo. Pero el tango lo tocas como un gallego”.
Ese primer bandoneón que funcionó como ADN se lo regaló su viejo: lo había comprado en una tienda de empeños de la calle 8 de la Gran Manzana por solamente 18 dólares. Caprichos de la historia de un mundo tanguero que siempre sedujo y rechazó a Piazzolla. Músicos de una gran estatura florecieron a su lado: Fernando Suárez Paz, Antonio Agri, Oscar López Ruiz, Horacio Malvicino, Gerardo Gandini, Leopoldo Federico y Daniel Binelli, entre otros.
Era tozudo como pocos. Durante un tiempo renegó de las letras y los cantores. Nos quiso retacear una parte de su ingenio. Por suerte aflojó y pudimos disfrutarlo con el Polaco, con Jairo, José Angel Trelles, Edmundo Rivero y el Negro Lavié, entre otros.
Dicen que hizo tango barroco mezclado con jazz. Hizo travesuras luminosas junto al saxo de Gerry Mulligan. Dicen que sus pentagramas hacían magia con las armonías. Dicen que como todo vanguardista no se dejó encasillar en ningún lado. Sorprendía en cada golpe de bandoneón, en cada arrullo, amagaba para el tango y salía con aires de Bela Bartok o Stravisnky. Dio vuelta el tango como una media. Lo puso patas para arriba y el tango ya nunca más fue el mismo aunque jamás perdió sus raíces. Ya pasaron 27 años de su muerte y sin embargo Piazzolla sigue conmoviendo con su vigencia. Dos hijos, Daniel y Diana lo sucedieron y su nieto “Pipi”, sigue llevando su bandera musical. Derrotó para siempre a los conservadores anquilosados del tango del taquito y la pereza. Siempre decía que sus tangos ya no tenían compadritos ni farolitos. Pero hizo la música de “Sobre Héroes y Tumbas” con Ernesto Sábato y “El hombre de la esquina rosada”, con Jorge Luis Borges que era tan cabrón como él. Hizo punta como su admirado Osvaldo Pugliese. Encontró un nuevo lenguaje para un tiempo sin tranvías ni buzones. Por eso hoy sigue vivo en los bares, en el subte, en la callecitas de Buenos Aires que tienen ese que se yo…viste, rodando por Callao. Se siente, se siente, Piazzolla está presente en este Invierno Porteño.
Y esas ganas tremendas de llorar
que a veces nos inundan sin razón,
y el trago de licor que obliga a recordar
si el alma está en «orsai», che bandoneón.
Señor bandoneón. Que Dios lo tenga en la gloria. Quería decirle que el aeropuerto de su amada Mar del Plata lleva su nombre y lo espera siempre para que pueda ir a cazar tiburones y adrenalina. Que ese nombre “Astor”, tan original y provocativo nació de su padre que quiso homenajear a Astore Bolognini, un corredor de motos y primer violonchelista de la Orquesta de Chicago
Que Amelita Baltar, la voz de Piazzolla echa mujer, nos sigue deleitando rea y académica, atrevida y contundente.
Señor bandoneón quería decirle que usted atravesó la música y entró en el mundo del sonido. Hay un sonido Piazzolla, hay un clima Piazzolla que envuelve a Buenos Aires.
Hay un bandoneón que todo lo puede. Incluso seguir sacando conejos talentosos de su galera a tantos años de su muerte.
Don Astor. Gracias por su tozudez, su creatividad y su talento. Gracias por llevarse el mundo viejo por delante. Chan chan. Piazzolla como Troilo nunca se fueron. Siempre están volviendo en este Invierno Porteño.

La magia del locutor – 3 de julio 2019

Hoy es el día del locutor. Y a nuestros hermanos de radio les quiero agradecer por tanto. Todos los años me gusta insistir, corregido y aumentado, con este humilde homenaje. Primero el reconocimiento para ella, la mejor: Marcelita. Ella decía que era la Mascherano de Leuco. Desde que ganó el Martín Fierro fue, es y será, para mí, la mejor locutora argentina. La que con su alegría borra todo lo malo. Ella, está bancando este proyecto llamado “Le doy mi palabra” desde el primer día. Y gran parte del éxito es gracias a su talento. Por eso me toca a mí decirle, gracias Marcelita. Por la buena onda, la buena voz y la buena mina que sos. Hoy me siento el Mascherano de Giorgi. Ella es la joya, nuestro arsenal, la nave insignia como me gusta decirle. Siento que jugamos de taquito. Yo digo: “fíjese Marcela la hora que se hizo y nosotros hablando tantas pavadas” y cien guiños radiales más y ella devuelve la pared redonda como si fuera Bochini. O su admirado Kun Agüero.
La negra, la tana, Rita Mansur, la doctora Cristina, la diputada Diana No escuchen a Lanata, la que es capaz de llevar a radio Mitre en su garganta, igual que el glorioso y certero Héctor Norberto Tricinello al que ya le hicimos un homenaje o ese genio de los tonos y los matices que hace lo que quiere con sus cuerdas vocales y se llama Marcelo Elorza. Confieso que me alegra la vida cada vez que lo escucho decir: “Fuuuutbolll” o “Casanellllo”.
Y me gustaría que este abrazo radial le llegara a todos los locutores porque, insisto, son nuestros hermanos del aire. Son los que alguna vez sintieron algo que les decía que su voz no iba a ser más su voz. O mejor dicho, que sus voces, iban a ser voces por donde otras multitudes de voces se iban a expresar. La voz iba a seguir siendo una voz propia, tal vez la más profunda, pero también la voz de otros. Hoy quiero ratificar esta declaración de amor a los locutores y las locutoras.
La voz de un locutor debe ser clara, precisa y segura. Con eso alcanza, según el manual, para ser lo que se dice, un buen locutor, un buen profesional. La garganta atenta y educada, la modulación correcta. Para leer noticias, mensajes, temperaturas, encuestas, correos electrónicos, tuits, pedidos de sangre, para presentar discos, chivos, reportajes, invitados, columnistas. Todo eso hace un locutor. Pero con eso no alcanza para ser locutor. Para ser duendes de la radio, la radio les pide más.
Por eso le dan a las palabras alas y colores.
Por eso le dan a las palabras aromas y sabores.
Por eso le dan a las palabras volumen y texturas.
Son voces amigas que se alegran y entristecen junto a todos nosotros. Nos hacen compañía, nos dan una mano. Nos soportan a los que integramos ese extraño e incomprensible mundo de los no locutores.
Por eso le dan a las palabras angustias y carcajadas.
Por eso le dan a las palabras dolores y esperanzas.
Por eso le dan a las palabras magia y sorpresas.
Le quiero contar que yo conozco a los locutores. Los espío desde hace años, me siento cerca de ellos. Los he visto nerviosos por algo que no sale. Sanateando porque se colgó la máquina y las noticias que no llegan. Los he visto tentados de risa por un furcio o por un blooper. Los he escuchados decir pavadas. Los he escuchado decir genialidades. Hablo de la asamblea de ratones que convocan con sus cuerdas vocales de terciopelo Nora Perlé o Marcela Labarca, del estilo filoso y chispeante de María Isabel Sanchez, la Negra Verón, Paola Agostino, Mariel Di Lenarda que como Mitre, siempre informa primero y Natalia López, un lujo que juega en todos los puestos y que prácticamente parió a su hija Esperanza acá en la radio. Y aprovecho para decir una vez más la felicidad que me produjo reencontrarme en el aire de Mitre con Andrea Estevez Mirson. Ella reemplazó a Marcela durante sus vacaciones y sembró el estudio de sonrisas y campanas.
Hay que ponerse de pie y sacarse el sombrero para nombrar a los que hacen escuela, como Juan Carlos Pascual. O la personalidad y autoridad de Betty Elizalde, que hace menos de un año que falleció y se transformó en una leyenda. Celebro la transparencia solidaria de Alicia Cuniverti que aparece en nuestro libro “Cuidáte changuito”. Son todas herederas de Rina Morán, las salieris de Beba Vignola.
Hay tantas voces que han quedado grabadas en la memoria colectiva de la oreja nacional. Y tantos maestros como nuestro bendito Cacho Fontana, el de la perfección del acero, o la sabiduría enciclopédica de don Antonio Carrizo que hoy da cátedra en el cielo de las voces o ese socavón que me estremecía del negro Edgardo Suarez cuando decía: “Hola pariente”. Como envidio esos caños esos verdaderos ductos transformados en parlantes como los de “tero” Ricardo Martínez Puente o las pulsaciones milimétricas del Negro Albornoz o el legendario Pancho Ibañez, lo que daría por decir: “Alfajor leuquito… Ya probaste el chiquito, ahora proba el grandote”. O “Señor instalador”.
Son los militantes de la tanda, los que hablan desde las tripas con el tono sobrio cuando una noticia es una tragedia, son los maestros de ceremonia que conducen los programas y dicen lo que sienten y sienten lo que hacen. Nos aceleran el pulso cuando viene un último momento. Nos abren las ventanas con el tono luminoso cuando anuncian el ganador de un viaje, dos entradas para ver a Palito, un campeonato, cualquier nacimiento.
Le hablan a nadie a través del micrófono y la hablan a todos. Multiplican las voces amigas. Andrea Montaldo que es locutora y amiga entre otras miles de cosas, del queridísmo Juan Alberto Badía que tanto extrañamos desde que nos clavaba sus flechas a toda la juventud con Graciela Mancuso haciendo escuela.
Conviví y aprendí durante 15 años con el más grande. Un tal Fernando Bravo que siempre está llegando de San Pedro y que hace 40 años que juega en primera creando los climas más emotivos que conozco. Fernando es orgullosamente locutor. Defiende el carné del ISER con uñas y dientes. Años de viajar en tren y de estudiar para lograr ese bendito título habilitante que logró con Julio Lagos de compañero de banco.
Son nuestros hermanos de la radio. Hoy quiero darles un abrazo a todos ellos. Sin ellos no hay radio.
Y uno muy especialmente a dos titanes de la comunicación. Por un lado a ese negro inmenso llamado Hugo Guerrero Martinheitz que está en el cielo y al que le voy a agradecer toda la vida que me haya arrancado del periodismo gráfico. Cuando saqué mi primer libro, me hizo tres entrevistas consecutivas de una hora en su programa de televisión. Al final, miró a cámara y dijo: señores empresarios que están esperando para contratar a Leuco para la radio y la tele. Este señor habla con copete. Que ya mismo deje los diarios y las revistas”. Jamás lo olvidaré. Semejante prócer logró torcer el rumbo de mi vida profesional.
Pero ahora me enteré que el Negro querido también fue decisivo para el destino de otro gigantesco locutor que admiro y que lleva en sus tonos el ADN de radio Mitre. Hablo de Juan Carlos Del Missier. Le confieso que me regocijo escuchando a Juan Carlos en “Vivamos la vida”. Hace una impresionante exhibición de recursos para comunicar. Te hace la vida más placentera, reparte el juego con la pelota al pié y juega con las pausas y el volumen de su voz hasta convertirla en un show radial imperdible. Con los mismos malabares y la misma magia que instala en ese horario misterioso de las madrugadas, “De la noche a la mañana”. Los alumnos del ISER o de las facultades de periodismo deberían escuchar a Juan Carlos Del Missier para saber cómo se fabrica un gran programa en el aire puro de una radio. Tiene un estilo muy popular y para nada chabacano. Me enteré que un día le hizo una entrevista a Martinheitz en su querida provincia de Santa Fé y después, el Negro le dijo que se subiera a su Ford Falcon y lo llevó derechito a la victoria de vivir haciendo radio, lo que más amaba y lo que más ama. Juan Carlos tenía 20 años en ese momento. Se podría decir que Martinheitz lo descubrió. Otro motivo para admirar al Negro y a Juan Carlos en el día del locutor. Guerrero decía que la radio es el teatro de la mente. Es como decir la radio que respira o el micrófono que late. Feliz día, compañeros. Gracias por todo. Y hasta la próxima tanda. Y hasta la próxima magia.

Europa o chavismo K – 2 de julio 2019

Dime con quién andas y te diré quién eres. La sabiduría popular tiene este dicho para definir que los compañeros de ruta que uno elige definen el camino que se quiere tomar. En la política exterior de las naciones, pasa lo mismo. Dime con quién andas y te diré quién eres. Pocas veces queda tan claro el tipo de modelo de gobierno y de sociedad que se quieren construir como a la hora de elegir los países con los que se quiere comerciar e intercambiar experiencias y beneficios mutuos.
Una cosa es la Unión Europea, trabajando mancomunadamente con el Mercosur y otra muy distinta es mantener relaciones carnales con la Venezuela chavista o firmar un pacto tenebroso con Irán. Son propuestas antagónicas. Son la expresión de dos modelos: uno democrático y republicano y el otro nacional populista y autoritario.
Macri logró incorporarse, con mucho esfuerzo, al mundo desarrollado para abrir mercados y cerebros y buscar el complemento ideal para que las pequeñas y medianas industrias argentinas puedan exportar más y con mejores beneficios. Es lógico que si eso ocurre, va a generar más trabajo genuino, más innovación productiva y por supuesto, una vida cotidiana menos hostil y con mayor bienestar.
El fracaso bolivariano de Cristina y sus revolucionarios fue atar nuestra suerte a los países más decadentes en lo económico, más antidemocráticos en lo político y en muchos casos ligados a expresiones del terrorismo internacional. Hablo de Venezuela, Cuba e Irán, respectivamente.
El 27 de octubre, los argentinos, entre otras cosas, podremos elegir cual es el mejor rumbo. Por suerte las propuestas están claramente diferenciadas. Nadie se puede declarar engañado.
La mayoría de los líderes mundiales, de todos los matices ideológicos, reconocieron al presidente Macri como uno de los artífices del acuerdo histórico del Mercosur con la Unión Europea. Se puso al servicio de esa realización que tardó más de 20 años en llegar. Habló telefónicamente con todos los presidentes que hiciera falta para destrabar las dificultades y allanar el camino al acuerdo. Así lo reconocieron en el G-20 de Osaka, varios jefes de estado y se lo expresaron en forma coloquial y afectiva, algo que no es común en el frío mundo de la diplomacia. Es muy poco frecuente este trato y este reconocimiento. La canciller alemana Angela Merkel, con una felicitación concreta por el acuerdo le dice: “por fin”, y lo abraza. El apretón de manos con Macrón, el jefe del estado francés, uno de los más duros para el acercamiento por la presión de los productores agropecuarios de su país. De hecho hoy mismo planteó dificultades. Pero vimos el reconocimiento del español Pedro Sánchez, del Partido Socialista Obrero que le dice “Enhorabuena, has estado peleando mucho, sin tu liderazgo esto no hubiera salido”, Donald Trump palmeando la espalda de Macri en el plenario, el presidente del Comité Olímpico Internacional y hasta Narendra Modi, el primer ministro de la India. En fin, casi todos.
¿Cuál fue la reacción del cristinismo frente a semejante logro? El resentimiento, el poner palos en la rueda y el gesto avinagrado de quien acaba de tragar un sapo gigante.
Alberto Fernández, el falso moderado, testaferro del cargo de candidato a presidente de Cristina, se apuró a rechazar todo diciendo que “no había nada que celebrar y mucho para preocuparse”, y que si tenían que revisar estos acuerdos, lo iban a hacer.
El marxista cristinista Axel Kicillof, autor y responsable de varias de las avivadas que ahora nos cuestan fortunas a todos los argentinos como los casos de YPF y Aerolíneas, dijo que el acuerdo con Europa era una “tragedia”. Si escuchó bien. El socialista obrero español dice Enhorabuena y el infantilismo pequeño burgués de Axel habla de tragedia. Y sus seguidores dicen que son otras variantes de la entrega de los recursos argentinos. Máximo, como sabemos un experto en política internacional, dijo que el acuerdo “era una avivada de los europeos”. Gracias Máximo por avivarnos. Debería explicarnos entonces, porque hay tanto debate en el viejo continente y los opositores y los medios critican tanto el acuerdo porque dicen que es muy favorable para nuestros países de la región y del Sur del mundo.
Es que los K, tienen una mirada tan jurásica, tan obtusa que se dio de patadas incluso con históricos aliados ideológicos de Cristina. Evo Morales firmó y celebró el acuerdo y fue más a fondo todavía. Dijo que iba tratar de lograr un tratado de libre comercio similar entre su país, Bolivia y el organismo europeo. Tabaré Vázquez, del Frente Amplio sumó su euforia desde Uruguay pese a que en otros planos continúan con su complicidad con la narco dictadura de Maduro y rechazan el futuro democrático de Juan Guaidó.
Alberto Fernández ya estaba metido en una situación complicada. ¿Cómo rechazar algo que Pedro Sánchez, Evo Morales y Tabaré Vázquez habían elogiado sólo porque uno de las locomotoras de ese logro había sido el presidente Macri? Y como si esto fuera poco, desde el archivo que nunca miente, apareció la propia Cristina en su momento, como presidenta, reunida con Francois Hollande, jefe de estado de Francia diciendo que estaba muy esperanzada en avanzar las negociaciones entre la Unión Europea y el Mercosur.
Que la propia Cristina lo haya expresado en su momento, dejó a Alberto Fernández y Kicillof en la lona. Game over.
Hasta su sobreactuado amigo, el Pepe Mujica habló positivamente del acuerdo de la Unión Europea y el Mercosur.
El cristinismo se la está haciendo difícil a Alberto. Tiene que hacer un equilibrio fenomenal para no pisar a nadie y que no se enojen los soldados de Máximo ni la reina Cristina con sus declaraciones. Pero simultáneamente tiene que reforzar su imagen de presunto hombre prudente, moderado que no va a expropiar a los medios de comunicación, ni va a tirar a los jueces por la ventana ni va a liberar a los presos que son políticos para todos su seguidores y que el definió por el camino del eufemismo que no conforma a nadie. Es tragicómico, pero dijo que en Argentina no hay presos políticos, pero que Lázaro, Cristóbal, Jaime, Josesito López y demás delincuentes padecen “detenciones arbitrarias con tufillo político”. Y que el colosal sistema de corrupción y de enriquecimiento ilícito que montó la familia Kirchner fue un “desliz ético” porque no tenía que haber hecho negocios con un contratista del estado como Lázaro.
Muchas veces Alberto está obligado a justificar lo que no puede justificar y hace papelones pese a ser un hábil declarante. Pero no se le puede exigir que tape el sol con las manos. ¿Cómo posar de prudente gerente liberal de izquierda, casi un Pedro Sánchez argentino y tener que explicar los exabruptos de sus compañeros que proponen el robo como destino al estilo de Guillermo Moreno o Juan Grabois, la toma de todos los juzgados como dijo Hebe de Bonafini o la decisión de ser candidato a diputado de un nazi como hizo Julio de Vido? Ni hablar de los que se hablaron encima como Mempo Giardinelli, Eugenio Zaffaroni o Francisco Durañona.
No se puede ocultar que, después de más de dos décadas de negociaciones frustradas, finalmente, con el motor de Macri se logró este acuerdo que abre el comercio a un mercado de 800 millones de habitantes, que representan un cuarto del PBI mundial y que coloca a la Unión Europea como el primer inversor global.
Y Alberto Fernández se apuró a decir que el acuerdo “castiga a los argentinos”. El presidente Macri hoy redobló la apuesta y dijo una verdad: que Argentina junto a Sudán y Nigeria estaba entre los países más cerrados del mundo. Y que eso, obviamente generó menos trabajo, más pobreza y exclusión. Seis mil empresarios dejaron de exportar sus productos por las horrorosas decisiones de Cristina, Kicillof y Guillermo Moreno.
Y el mayor acuerdo internacional que lograron los K fue el pacto tenebroso con Irán. Fernández, antes de aceptar convertirse en títere de Cristina fue muy duro con esa irracionalidad y muy claro a la hora de hablar de las responsabilidades de su actual compañera de fórmula y de lo que implicó el asesinato de Nisman en todo esto
Por estas declaraciones, el juez Claudio Bonadío acaba de citar a Alberto Fernández. Es muy grave y muy cierto lo que dijo: que la firma misma del acuerdo era el pacto de impunidad para encubrir a los terroristas que volaron la sede de la AMIA y produjeron el crimen de lesa humanidad de 85 personas. Que la presidenta fue la instigadora y el autor directo fue Héctor Timerman. Enseguida asegura: nada hay que probar. Ella sabe que mintió y que el memorándum solo buscó encubrir a los acusados. Solo un necio diría que el encubrimiento presidencial a los iraníes no está probado y que Cristina “ignorando la tragedia se indultó a sí misma”. Tremendo. Demoledor. Es lo que dicen muchos de los familiares de los muertos, y varios periodistas independientes. Pero esto lo dijo Alberto, el compañero de fórmula de Cristina. Está todo dicho: hay que elegir entre el mundo democrático o el chavismo K.