Juan Domingo Perón es una de las figuras de nuestra historia política que despierta mayores odios y amores. Con solo mencionar su nombre en una reunión social, se abre una discusión muchas veces irreconciliable que, ahora llamamos grieta, o abismo.
Hoy se cumplen 45 años de su muerte y Perón todavía sigue muy presente. El decía que su único heredero era el pueblo pero la realidad es que hoy es muy difícil definir que es el peronismo. Es un partido híper pragmático especialista en llegar y mantenerse en el poder con la ideología de los vientos que soplan. De hecho, entre los 6 integrantes de las boletas electorales más competitivas, solo un candidato no es peronista: Mauricio Macri.
Hoy se cumplen 45 años de su muerte y Perón todavía desata pasiones sobre su vida y obra que son material inflamable. Se lo digo más claro todavía: Perón marcó la historia argentina para bien y para mal. En todo debate es casi imposible encontrar denominadores comunes y es muy fácil chocarse con definiciones tajantes, excluyentes. Le doy los ejemplos extremos:
Usted puede escuchar a muchos argentinos decir que Perón fue un nazi. El que más violencia sembró y el que más atacó la libertad.
O en el otro rincón…
Usted puede escuchar a muchos argentinos decir que Perón fue Gardel, un semi dios. El que más hizo por los pobres en nuestro país y el que más impulsó la justicia social.
¿Fue nazi o Gardel? Con Perón no hay términos medios. La gloria o Devoto. El cielo o el infierno. En la figura de Perón se resume la eterna lucha entre la libertad y la justicia social, entre las demandas democráticas y las aspiraciones sociales. Es una lucha tan vieja como el mundo. Pero en Argentina se concentra en forma impresionante en la figura de Perón.
Insisto: y eso que pasaron 45 años.
La historia política argentina se puede dividir para su estudio de diversas formas. Una de ellas es antes y después de Perón. Es difícil entender el alma y el cerebro de los argentinos, sin entender o intentar entender al peronismo. Hay que buscar un acercamiento a la verdad con la menor cantidad de reduccionismos o simplificaciones. Argentina fue cultural, económica y políticamente distinta después de la aparición de Perón. Para bien y para mal. Insisto, no es mi intención sumarme a la agresiva discusión pasional que no conduce a nada después de que pasaron 45 años de su muerte. Respeto ética e intelectualmente a Fernando Iglesias y a Julio Bárbaro. Ambos hoy son los polemistas más encarnizados en contra y a favor de Perón. Cada uno tiene su verdad.
Mi humilde apuesta e intención es tratar de analizar el fenómeno de Perón lo más despojado posible de conceptos sanguíneos, tratando de que allí donde los ciudadanos desatan pasiones, los periodistas desatemos reflexiones.
¿O no se pueden analizar todas las cuestiones históricas y políticas con racionalidad? ¿Somos tan poco inteligentes que no podemos tomar distancia de los acontecimientos y sacar conclusiones que nos sirvan para seguir avanzando en la construcción de un país más justo, con más libertad y menos pobreza? Pienso en un salto de calidad y maduración en las discusiones que pacifique los espíritus y nos abra la cabeza. ¿Es tan complicado eso? ¿Nos cuesta tanto no pensar a Perón en términos absolutos? ¿Nos cuesta tanto pensarlo lejos de las etiquetas que estigmatizan o endiosan?
¿Nos podemos meter en el estudio histórico razonando que nos equivocamos si creemos que Perón era solamente un nazi o solamente Gardel? ¿No era ninguna de las dos cosas o era ambas cosas?
Le doy un ejemplo:
Un antiperonista furioso, alguno de nuestros abuelos que incluso, haya sido comando civil, hoy, ¿no podría reconocer que Perón incorporó a la clase obrera al gran escenario nacional? Que les dio un lugar y un reconocimiento a los trabajadores urbanos y rurales y que instaló definitivamente en la conciencia social de este país el concepto de igualdad.
¿Cómo dice oyentes antiperonista? ¿Que esas ideas ya las habían sembrado los socialistas de Alfredo Palacios? Sí, eso es verdad. Pero nadie las ejecutó en la práctica con tanta fuerza y las levantó más alto como bandera que Perón.
Pero ahora, déjeme seguir con el ejemplo contrario.
Un fervoroso peronista, incluso algunos de nuestros tíos que recibió su primera pelota de cuero gracias a Evita y que se tomó vacaciones por primera vez en un hotel sindical de Mar del Plata y que estuvo en la resistencia, hoy ¿No podría reconocer el tema de la violencia y el autoritarismo de Perón? La alfombra que les tendió a muchos nazis para que ingresaran al país, el fusil como instrumento de lucha política y la muerte como objetivo. Lo digo por todo. Sin distinciones ideológicas, lo digo por el “5 x 1, no va a quedar ninguno” de Montoneros y por la Triple A de José López Rega.
¿Cómo dice oyente peronista? ¿Qué Perón y los peronistas también sufrieron la violencia y que fueron víctimas de los bombardeos de Plaza de Mayo, de los fusilamientos de José León Suárez, los desaparecidos?. Sí, es verdad. Pero ningún movimiento político argentino llevó en su génesis tan metido el concepto de la violencia como partera de la historia.
No me diga que no sirve la razón para estudiar a Perón como hecho histórico. Murió hace 45 años. Seguramente si lo logramos eso nos ayudaría como país para que poco a poco vayamos saldando tanto odio, tanto fanatismo, tanta locura.
Propongo sentar imaginariamente a compartir un café a un peronista y a un antiperonista para que se despojen de las certezas, que se abran al diálogo con tolerancia y que cada uno esté dispuesto a reconocer las cosas valiosas y las cosas horrorosas del otro. Sería un paso adelante en la madurez de nuestra bendita Argentina.
Cuando Mauricio Macri convocó a Miguel Angel Pichetto (un peronista de todos los peronismos), el senador Federico Pinedo dio en la tecla. Dijo que esto demostraba que las próximas elecciones no serán una batalla entre peronismo y antiperonismo, será una lucha entre democracia y autoritarismo, entre República y chavismo K.
Hoy el antiperonista debería reconocer que hace 45 años cuando murió Perón, a gran parte del pueblo argentino se le desgarró el corazón de tristeza porque se iba una suerte de gran padre protector de los descamisados, de los grasitas, de los que siempre tuvieron menos. Una foto que sigue golpeando mi memoria es la de aquel colimba de rasgos norteños, con su rostro desencajado por el llanto ante el féretro que llevaba los restos de Perón.
Hoy el peronista debería conceder que hace 45 años, cuando murió Perón, a otra parte del pueblo argentino se le escapó un suspiro de alivio porque ese muerto había sido responsable de muchas persecuciones y del encarcelamiento de dirigentes opositores.
Pero fue precisamente uno de los opositores más perseguidos por Perón, uno de los que estuvo preso por combatirlo, el que con una lucidez digna de los grandes puso la semilla de los nuevos tiempos de convivencia que florecieron hasta que llegaron los Kirchner a abrir nuevamente las heridas del odio. Todavía siguen golpeando en mis neuronas aquella despedida que Ricardo Balbín le hizo a su enemigo de toda la vida. ¿Se acuerda del Chino Balbín al lado del cajón, con la mano en el bolsillo y en su tono grave diciendo: “Este viejo adversario despide a un amigo”. Hay que recuperar ese espíritu de unidad nacional en la diversidad. O cuando el doctor Antonio Cafiero se puso al lado del presidente Raúl Alfonsín en el balcón de la casa Rosada para enfrentar juntos el levantamiento subversivo de los carapintadas.
Perón, Balbín, Alfonsín y Cafiero demostraron que se podía. Néstor y Cristina echaron sal sobre las heridas y produjeron lastimaduras más profundas.
Volver a convivir para administrar los consensos y los disensos es un signo de consolidación de la democracia. Basta de ver a otros hermanos argentinos como enemigos.
En las urnas se resuelven los temas irreconciliables. Basta de insultar o perseguir al que piensa distinto. Dar la mano abierta y no cerrar el puño. No excluir ni marginar al de otro partido o ideología. Todo lo contrario, enriquecerse con el pensamiento del otro. No nos podemos permitir volver a transitar momentos terribles y horrorosos como la quema de iglesias o que alguien pinte “Viva el cáncer” sobre el sanatorio donde se estaba muriendo Evita.
Basta de intolerancia. Tenemos que construir en común. Estoy seguro que más temprano que tarde lo vamos a lograr. Ese día Argentina se escribirá con mayúsculas, el pueblo será libre y la política será una canción.
Menchi de la libertad – 27 de junio 2019
En menos de una hora, el Menchi Sábat, volverá y será dibujos. Y talentos. En menos de una hora se inaugura la exposición de las caricaturas políticas del Menchi. Justo, unos días después del que sería su cumpleaños número 86.
Esta muestra arranca en la Botica del Ángel, en la calle Luis Sáenz Peña al 500. Van a hablar autoridades de FOPEA, el foro de periodismo argentino que está (estamos) tan preocupados por la defensa de la libertad de prensa en la Argentina. Otra vez el cristinismo tiene posibilidades de volver al poder y ya se habla del salvajadas como una Conadep del periodismo, de meter preso a nuestro compañero Daniel Santoro, un multipremiado ejemplo de periodismo de investigación y en los documentos de La Cámpora vuelven a insistir con el tema Ley de Medios y la posibilidad, incluso, de expropiar y estatizar medios de comunicación privados. Por eso estamos alertas y con la guardia alta. Porque defendemos nuestro derecho a informar pero sobre todo el derecho de los ciudadanos a ser informados. No hay democracia plena sin libertad de expresión plena.
En la apertura de la exhibición de los trabajos de Menchi, también hablarán autoridades de la Academia Nacional de Periodismo. De ADEPA y la fundación Noble, y por supuesto representantes de su familia. Habrá jazz del bueno. No pude faltar en un homenaje que se precie a Sábat. La muestra finalizará el 12 de julio. No diga que no le avisamos. No se la pierda, es entrada libre y gratuita.
Es la mejor forma de recordar a semejante ejemplo como profesional y ciudadano. Faltan poco más de 3 meses para cumplirse un año de su fallecimiento pero ya lo extrañamos con toda el alma pese a que Clarín sigue publicando sus trabajos que mantienen la misma actualidad que los monólogos de Tato Bores. Los dibujos de archivo del Menchi parecen dibujados ayer.
Por suerte quedan sus trabajos magistrales y su gallardía flotando en el adiós con música de Duke Ellington.
Lo recuerdo caminando sigiloso por la vieja redacción de Clarín. Con su delantal gris o azul, como si fuera un mameluco, las manos entrelazadas atrás de su cintura, el pelo engominado y sus anteojos tan enraizados. Era un duende que navegaba entre el ruido de las máquinas de escribir y los linotipos que venían del taller. Hace poco, confesó que extrañaba aquella música de la fábrica de noticias. Todos le decíamos maestro. Su talento había trascendido las fronteras. Publicó sus trabajos en el New York Times y en Liberatión, solo para nombrar dos medios. Había conversado con Jorge Luis Borges, seguramente de su amor por el jazz y el tango. Supo ilustrar a Julio Cortázar sobre Henri de Toulouse Lautrec y recibir un premio de la Fundación del Nuevo Periodismo de manos del mismísimo Gabriel García Márquez. Cuando el año pasado le dieron el Konex de Brillante fue rodeado y aplaudido por todos sus compañeros del diario. Jamás voy a olvidar que el día que me casé y me regaló una de sus creaciones con plumín y tinta china que siempre estuvo en una pared central de living de mi casa. Parecía metido hacia adentro, pensativo e irónico pero era muy feliz tocando el clarinete. Tenía varios y para comprar el primero tuvo que recurrir al ex presidente Jorge Battle que le salió de garante. Escuchaba a Gardel o al Gordo Troilo y disfrutaba las melodías de Charlie Parker y Benny Goodman. Su máxima alegría era la docencia en el atelier glorioso de San Telmo donde había una luz de otro planeta y aroma a colores y a lápices.
Menchi era muchas cosas. Fotógrafo, un artista plástico descomunal, poeta, caricaturista, pero yo lo quiero guardar en mi memoria como un periodista. Fue un editorialista demoledor sin utilizar palabras. Por algo era el presidente de la Academia Nacional de Periodismo. Fue el dibujante de la libertad.
Me dolió en el alma cuando la presidenta Cristina Elisabet, en ejercicio de sus facultades mentales, con alto grado de altanería autoritaria descalificó al Menchi como “un cuasi mafioso”. Nada menos que a Sábat, uno de los personajes de los medios y la cultura más queridos en el ambiente por su honestidad brutal, su austeridad franciscana y su espíritu solidario y democrático. Cuando Cristina y Néstor se apropiaban de las casas de los que no podían pagar las cuotas durante la dictadura en una clara actitud usurera, Sábat se jugaba la vida publicando caricaturas de Videla y Massera manchados de sangre o de un ínfimo, insignificante Bignone sentado en un sillón de Rivadavia gigantesco. Hace poco, en una entrevista dijo: “Miro los dibujos que hice durante la dictadura y creo que es un milagro estar vivo”.
Sábat es admirado y amado por todos. Aquel dibujo de las curitas cruzando la boca de Cristina no eran un deseo de censura: eran una expresión del hastío que producía Cristina hablando hasta por los codos todos los días y por cadena nacional. Cristina fue prepotente e injusta pero también ignorante. Creo que ni sabía quién era Sábat. Pero lo que más me dolió fue el silencio cómplice y cobarde de los artistas y periodistas kirchneristas que si sabían quién era Menchi. Su silencio fue patético.
El retrato que hizo de Nisman fue estremecedor. Su cara limpia en blanco y negro y un chorro de témpera roja saliendo de un agujero en su cabeza.
Sabat fue corajudo, humilde, uruguayo y argentino hasta los huesos y nos dejó una obra maravillosa. Decía que cada dibujo le llevaba 80 años para hacerlo porque durante todo ese tiempo estuvo aprendiendo a dibujar. Entraba en éxtasis no con una caja fuerte porque nunca le sobró el dinero. Lo podían los cuadros de Diego Velázquez y Goya.
Pasó por el diario El País de Montevideo, La Opinión y Primera Plana de Jacobo Timerman y en 1973 echó anclas en Clarín. Ganó el premio Moors Cabot que otorga la escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia.
Uno de sus grandes logros fue haber dejado esos cigarrillos negros que él llamaba petardos y no utilizar teléfono celular. Los correos electrónicos recién los leía a la noche. Nunca nadie lo vió exaltado o fuera de sí.
Dicen que se murió dormido. Por suerte no tuvo que sufrir a sus 85 años.
En aquel adiós y en este reencuentro, me gustaría enviarle un abrazo solidario a Blanca su esposa y a sus dos hijos, Alfredo que sigue su camino en el diario La Nación y a Rafael.
Dicen que el día anterior se fue del diario como todos los días. De riguroso traje y corbata. Entregó su dibujo y le preguntó al editor: “¿Te sirve?”. Saludó la foto que presidía su escritorio, la de Rogelio García Lupo, el Pájaro, otro periodista admirado por su honradez y capacidad intelectual. Uno de sus últimos trabajos fue una caricatura de Julio Blanck que había muerto un mes atrás. Lo dibujó con alas, como a Gardel y a tantos hombres y mujeres que el admiraba y quería. Tal vez hoy este en el cielo con su gente querida, comiendo un chocolate, escuchando música de Piazzola, leyendo a Fernando Pessoa, pintando con acuarelas y peleando como siempre por la libertad. Es que se ganó el paraíso. Menchi querido. Bienvenido a tu muestra de dibujos. Fue un lujo haberte conocido. Fuiste un viento puro en este país. Te extrañamos mucho. Chau y Hola Menchi querido, dibujante de la libertad y la honradez.
La droga nos mata – 26 de junio 2019
Hay que decirlo con todas las letras: no hay droga buena. Hay que decirlo de la manera más descarnada posible: no hay droga buena porque no hay muerte buena. Y la droga asesina. Todas las drogas matan: Más temprano o más tarde. Algunas matan en forma fulminante y otras lo hacen por goteo: primero te esclavizan, te hacen adicto, te dominan hasta que finalmente, cuando menos lo esperas, te clavan un puñal por la espalda.
No solamente la droga mata. En general, en la mayoría de los casos, mata a pibes. Es un crimen a la vista de todos que liquida a los jóvenes. Es urgente y nos toca a nosotros levantar esta bandera y llevarla a la victoria. “Ni un pibe menos por la droga” debe ser nuestro objetivo colectivo. Nuestra epopeya nacional. Ni uno menos por la droga. Ni uno menos.
No hay otro camino que matar a la droga antes de que la droga nos mate a nosotros.
Lo digo porque hoy es el “Día Internacional de lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas” Y seguramente es nuestro principal combate como sociedad. Repito el concepto: la droga no discrimina. No hace diferencias ni por edades, ni por condición social, ni por sexo y mucho menos por ideología. Acá no hay grieta. La droga mata a todos por igual. Solo que como el hilo se corta siempre por lo más delgado, impacta más entre los más pobres y entre los más chicos. Se estima que la edad de inicio en el consumo es entre los 12 y los 17 años. Chicos, adolescentes que no tienen aún bien firme sus objetivos ni sus convicciones. Sobre esa debilidad trabajan los transas y los narcos.
En julio del 2006, el presidente Mauricio Macri explotó en Mendoza. Dijo lo siguiente: “Sin miedos ni complicidades, vamos a echar a patadas de la Argentina a los narcotraficantes que destruyen nuestras familias y hacen mierda a nuestros jóvenes. No hay excusas para ningún político, juez, fiscal o policía”.
Hay que decir que entre los aciertos y errores que todos los gobiernos tienen, esta batalla se está librando con gran eficiencia y por eso Patricia Bullrich, la ministra de Seguridad, está entre las figuras con mayor imagen positiva del gabinete. Bullrich le declaró una guerra sin cuartel a todo tipo de mafias y sobre todo a los narcos. Pero hay datos duros que lo corroboran y que son increíbles pero ciertos. Desde que asumió Macri ya se quemaron 300 toneladas de drogas y se detuvo a 85 mil personas. ¿Escuchó bien? Hay 300 toneladas de drogas menos para envenenar nuestra patria. Las fuerzas de seguridad meten presos a 67 narcos por día. Esto da una idea clara de la gran tarea que están realizando pero también, de la magnitud de estas organizaciones criminales.
No hay que olvidar que la droga dinamita las familias y por lo tanto destruye la célula básica de toda comunidad. Hay cifras estremecedoras. El año pasado
Se registraron más de un millón de consumidores y se decomisaron 256 mil kilos de marihuana. En el consumo de cocaína se registraron 132 mil adictos y fueron decomisados casi 12 mil kilos.
Y eso que no estamos hablando del alcohol que, según todos los especialistas, en su abuso está la puerta de entrada a todo tipo de adicciones.
En el tema de la prevención el titular del Sedronar informó que se pasó de 35 a 200 casas de atención y acompañamiento comunitario en las zonas más vulnerables. Se están desarrollando los programas preventivos y educativos más grandes de la historia.
Está claro que se hizo mucho pero que todavía falta mucho.
Repito: se hizo mucho, pero todavía falta mucho. Esta columna es un grito para despertar a la sociedad, para que nadie mire para otro lado y para que cada uno desde su trinchera sea parte de este compromiso social.
El consumo, la producción, la exportación y el lavado de dinero proveniente del narcotráfico son los cuatro eslabones que integran esa cadena criminal nefasta. Todo el país está atravesado por semejante drama y es una de las malditas herencias que les debemos a 12 años de kirchnerismo. Nos dejaron altísimos índices de pobreza inflación negada, una corrupción colosal y el odio que alimentó la fractura social expuesta. Pero seguramente la peor de las asignaturas pendientes que dejó Cristina tiene que ver con los estupefacientes.
La gran mayoría de los argentinos todavía no generó el suficiente escándalo moral que nos haga levantar la voz y exigir que todos los involucrados trabajen duro y en forma mancomunada para terminar con estos dueños del veneno que mata a nuestros hermanos y que se llenan los bolsillos con dinero sucio.
La droga es el principal enemigo del pueblo.
Hay que cortar por lo sano y darle duro al circuito financiero. La ruta del dinero de la droga que enriquece a estos criminales que trafican con el dolor de nuestras familias.
El narcotráfico es una red multinacional con gerentes y CEOs, que saben tanto de complicidades políticas como de comunicación, de maquillar la realidad con teorías novedosas surgidas en universidades prestigiosas, de hacer lobby y buscar leyes favorables a sus negocios. Esto describe la magnitud de la guerra que nos han declarado. Aparecen cotidianamente en hospitales y salitas humildes, en pueblos y ciudades muchos pibes, gurisas, changos y chinitas que perdieron su libertad por la falta de sentido y oportunidades, y quedaron entrampados en las redes del consumo de alguna droga, tanto legal como ilegal.
Esto sucede incluso en los pueblos más chiquitos, en los que para poder ver a un psicólogo o especialista en salud mental hay que viajar 100 o 200 km. La situación es desesperante.
Hay que rechazar los enfoques represivos hacia las víctimas que consumen y explicar que si a nuestros jóvenes no les ofrecemos oportunidades reales para crecer, para descubrir el sentido de la vida, políticas públicas de prevención y un sistema de salud adecuado, van a ser estructuralmente vulnerables”. Como puede verse, el drama es completo, multicausal y muy dinámico. En los sectores medios y altos, y en las fiestas electrónicas las drogas sintéticas o de diseño van cambiando su estructura para que sea cada vez más difícil detectarlas.
Y está claro que la prevención siempre es el camino más barato y efectivo. Porque el narcomenudeo llegó a todas las latitudes. Porque la cultura que se instaló muestra al vendedor de droga como alguien exitoso que se llena de plata y que tiene las mejores motos y zapatillas frente a la miseria que lo rodea. Es un liderazgo absolutamente tóxico. Un patrón del mal que produce una verdadera implosión social allí donde se instala: los robos y los asesinatos se multiplican en forma proporcional a la cantidad de droga que se consume y trafica. Y a las instituciones que han sido perforadas y prostituidas por la corrupción.
El anterior gobierno tenía una actitud cómplice y negadora. No solo por los millones de dólares que embolsaron con el contrabando de efedrina y por el triple crimen. También porque personajes fuertes del gobierno como Aníbal Fernández miraban para otro lado y subestimaban el problema. Minimizaban el drama diciendo que éramos un país de tránsito. Si de tránsito… hacia el precipicio. Hay que revisar a fondo los aportes que recibieron en la campaña electoral de la mafia de las droguerías y sumar dos más dos. Es en defensa de nuestros hijos y de nuestras familias, es en defensa propia.
Este debe ser nuestro objetivo colectivo que salte por encima de la grieta. Nuestra epopeya nacional. Ni uno menos por la droga. Ni uno menos.
No hay otra solución que matar a la droga antes de que la droga nos mate a nosotros.