Lo de Brieva no es chiste – 17 de junio 2019

Hace mucho tiempo que Dady Brieva no hace reír a nadie. Su fanatismo y obsecuencia por Cristina Fernández de Kirchner lo colocó en el escenario público como una marioneta triste que repite mentiras. La última falsedad que dijo generó mucho repudio por la magnitud del ladrón al que intentó defender y por su provocación de proponer formar una Conadep para juzgar al periodismo.
Ustedes escucharon el audio al principio de esta columna. En síntesis, dice que el “periodismo no puede salir indemne de todo esto” y debe ser sometido a una Conadep porque “fueron totalmente responsables de haber esmerilado a Cristina” durante mucho tiempo” y “de haberle mentido a la opinión pública” que repite que José López “revoleó los bolsos en el convento cuando en realidad en el video se ve que los está arrastrando”.
En pocas palabras, Brieva se convirtió en una caricatura grotesca que resumió varios de los argumentos más vergonzosos que utilizan los cristinistas para justificar lo injustificable.
Lo más grave es la profanación de lo sagrado. Banalizó uno de los logros más trascendentes de la historia de los derechos humanos como fue la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas”, la Conadep creada durante el gobierno del doctor Raúl Alfonsín para denunciar y sepultar al terrorismo de estado de Jorge Videla y su banda criminal. Como Néstor y Cristina jamás participaron durante la dictadura y bien entrada la democracia, ni de la lucha por la aparición con vida de los desaparecidos ni de la pelea por liberar a los presos políticos, este crimen de lesa indignidad se repite una y otra vez con total impunidad.
Brieva y otros personajes nefastos como el doctor Eugenio Zaffaroni pidieron la libertad de los presos políticos. Otra vez cometieron el bastardeo de algo tan delicado. Un preso político es alguien que es perseguido y encarcelado por su pensamiento e ideología. Los presos del kirchnerismo, son perseguidos por el código penal, por haber saqueado el estado con la jefatura de Cristina y por haber lavado dinero de coimas y haberse enriquecido en forma colosal. De presos políticos, nada. A lo sumo políticos presos y ni siquiera eso, ladrones y delincuentes comunes.
En un acto que dio vergüenza ajena, Cristina llegó a decir para justificar el negocio de Fútbol para Todos “que habían secuestrado los goles”.
Leopoldo Moreau, que pelea el primer puesto de los chupamedias de estado y entre los dirigentes mas desprestigiados, hizo lo mismo para responderle a Miguel Angel Pichetto. El senador, flamante candidato a vice con Mauricio Macri dijo que el peronismo bonaerense llevaba como candidato a Axel Kicillof, alguien formado en el marxismo. Ni siquiera hizo un juicio de valor. Dio una información absolutamente cierta de la que Kicillof se siente orgulloso. Era una advertencia sobre la malversación ideológica a la que Cristina estaba sometiendo a algunos intendentes del Conurbano que al único Marx que pueden representar es a Groucho. ¿Que le respondió Moreau?: “Me hizo acordar a Videla en 1976”. Otra vez la desmesura y el atraso.
Ese sacrilegio ultrajante con momentos tan delicados de la historia lo repitieron Hebe de Bonafini y Luis D’Elía comparando a un presidente democrático (te guste o no) con Mussollini o el mismísimo Hitler. Amado Boudou, llegó al colmo de poner a los periodistas al mismo nivel que los judíos que limpiaban los campos de concentración nazis. No los perdones, Dios, si saben lo que dicen.
Esto es solo una parte de lo que representó Dady Brieva. También la negación permanente de la realidad, la mentira sistemática y tozuda y el ataque el periodismo independiente. El blanco móvil siempre fue el periodismo que no se dejó domesticar ni por la plata ni por los latigazos, y aportó muchas informaciones rigurosas de la cleptocracia que luego, en su inmensa mayoría, se fueron corroborando en la justicia con pruebas documentales y testimonios de arrepentidos que contaron con lujo de detalles como fue el mecanismo del robo del siglo.
Fue tan burdo lo de Brieva que hasta Cristina está enojada con él. José López fue empujado al abismo por Cristina el día en que hizo pucherito por televisión, tomó un trago de agua y dijo, presuntamente emocionada, que llegó a “odiar” a José López. Fue una forma de reconocer el robo. Nunca se supo si Cristina lo odió porque robó 9 millones de dólares o porque se dejó descubrir. Pero Cristina, de esa manera admitió el delito que Brieva no termina de digerir. Es más, el robo lo admitió el propio López que contó que esa plata era de Cristina y que un secretario de ella se la había llevado para que la escondiera.
Y, como si esto fuera poco, la justicia con todas las garantías procesales acaba de condenarlo a 6 años de cárcel. Y Brieva, se apoya en un detalle boludo que ni siquiera es cierto. Porque fue absolutamente cierto que Josesito revoleó los bolsos. Fue lo primero que hizo para atravesar los muros del monasterio. El testigo que contó todos los detalles en el expediente, es un vecino llamado curiosamente Jesús, que vio todo eso y utilizó el verbo “revolear”, que es lo que le llamó la atención a las 3:15 de la madrugada. Las imágenes que luego se convirtieron en un clásico del cine de terror K, fueron tomadas adentro y en ese lugar si se arrastraron esos bolsos repletos de dólares sucios y se ingresó el arma y varios relojes de alta gama y joyas diversas.
Le recuerdo además que José López no fue un marginal del poder ni un cadete. Fue la mano derecha del gerente de coimas y retornos, don Julio de Vido que también está preso.
Los negacionistas son mayoría en el kirchnerismo. Cristina no es chorra, dice Alberto. Son fotocopias, los cuadernos no aparecieron, repiten todos negándose a mirar los papeles con las declaraciones de arrepentidos que estuvieron 30 años al lado de los K. Claudio Uberti que dice que la noche de la muerte de Néstor, vió mas de 70 millones de dólares en el dormitorio del departamento de Juncal y Uruguay, el ex contador Víctor Manzanares que relató con lujo de detalles como Daniel Muñoz y el Bochi Sanfelice ocultaban valijas y bolsos con dólares y euros en la casa de María Ostoic, la madre de Néstor, es gente contando plata decían cuando observaban las pornográficas imágenes de La Rosadita que mostró Jorge Lanata y así con todo. Podríamos hacer un libro entero sobre la negación de estado. El propio Jorge contó esta mañana que con 40 años de periodista nunca tuvo tantas pruebas en sus investigaciones como con los Kirchner y recordó cuando mostraron el video de los malandras sacando pruebas, carpetas y computadoras en changuitos de supermercado. Eso superó todos los límites. Quien quiera mirar que mire.
Para abrir el paraguas ante una probable, no segura, pero probable, derrota electoral, Mempo Giardinelli, el devaluado intelectual dijo que el apagón general de ayer era parte de ese “plan gigante para hacer fraude” en las urnas y el conteo de votos. Algo tan disparatado como proponer que uno de los pilares de la Constitución y la República, como es el Poder Judicial sea borrado de un plumazo y transformado en un servicio que dependa del Presidente de turno. Pero lo más grave, lo que enciende una alerta roja en el tablero de la democracia es la fotografía que Máximo Kirchner se sacó haciendo la “ve” de la victoria abrazado y sonriente con Santiago Cúneo. Y esta foto no es una casualidad. Cúneo declaradamente nazi, tristemente célebre por sus expresiones brutalmente antisemitas y de descalificación violenta a las mujeres es un socio político de Guillermo Moreno y de Hugo Moyano que fue a su último programa en Crónica TV como invitado y luego a la fiesta de lanzamiento de un espacio propio. Juan Cabandié también estuvo presente ese día, igual que Alessandra Minicceli, la esposa de Julio de Vido a quien Cuneo propone como candidato a diputado. Ahora es el príncipe heredero y el comandante de La Cámpora, Máximo Kirchner el que confraterniza con Cúneo.
Hasta Felipe Solá lo criticó y dijo que esa foto “es un salvavidas de plomo”. Pero la DAIA fue más contundente: “Esa foto ofende la dignidad de todas las personas de bien, es un hombre que está querellado por antisemitismo y misoginia”.
Se sienten tan impunes tanto Máximo como Cúneo que sonríen ante la cámara.
Los extremos antidemocráticos siempre encuentran motivos para unirse. Y eso no es chiste. Como lo que dijo Dady Brieva.

Un padre da la vida – 14 de junio 2019

Mi querida Adriana me inoculó la pasión por el programa “La Voz Argentina”. Disfruté del talento de los participantes y de la sabiduría compinche de jurados como Ricardo Montaner, La Sole, Tini y Axel. Sueños de gloria, belleza, emoción en estado puro, un canto a la vida que demuestra que se puede hacer televisión masiva de calidad. Pero en los últimos tiempos estamos viendo, gracias al milagro de internet, “La Voz Senior de España”. Y ya vimos “La Voz Kids”, con los pibes o los chavales. A la hora de meternos en la historia de personas que superan los 60 años aparece lo más profundo y genuino del ser humano. Lo que más me conmovió hasta las lágrimas tiene que ver con un padre y un hijo. Hablo de Ricardo Rubén Araya de 71 años y de su hijo Rubén. En la audición a ciegas, Ricardo cantó “Caruso”, la canción de Lucho Dalla que dice “que el amor funde la sangre en las venas”. No digo que Ricardo estuvo a la altura de Luciano Pavarotti o de Andrea Bocelli pero llegó al alma de todos. David Bisbal se demoró un poco y le ganó de mano Paulina Rubio. Ella fue la primera en darse vuelta, enamorada de la voz y la forma de interpretar de Ricardo y se lo llevó para su equipo.
Ricardo estaba feliz, pero con los ojos profundamente tristes. Contó su historia pero la contó incompleta. Dijo que había sido un profesional de la lírica, un tenor de rápido crecimiento que tuvo éxito en México y Venezuela y que hasta llegó a ser telonero de Plácido Domingo. Contó que era argentino pero que vivía en Lanzarote. Dijo que había dejado de cantar y se puso a trabajar de taxista para llevar el sustento a su familia. Todos lo felicitaron, elogiaron sus capacidades extraordinarias como intérprete pero después nos enteramos de una parte de la película que Ricardo no quiso contar. ¿Por qué había dejado de cantar durante 23 años alguien que estaba en la gloria haciendo lo que más amaba en vida? Ricardo no contó esa parte porque no quiso influir en la elección de los jurados. Ese fue el tamaño de su dignidad y honestidad intelectual.
Ricardo dejó de cantar por una promesa. Su hijo Rubén fue atropellado por un auto y estuvo muy cerca de la muerte. Ricardo y su esposa Ana, la madre de Rubén rezaron y lloraron hasta el infinito. En un momento, entre sueros y enfermeras, Ricardo le rogó al cielo, a dios y la virgen, que su hijo se salvara. Prometió que si eso ocurriera dejaría de cantar. Era una forma de decir que por la vida de su hijo estaba dispuesto a dejar lo que más amaba después de su familia. Y Rubén se salvó. La terrible lesión que sufrió en la médula lo dejó para siempre en una silla de ruedas.
Yasi fue durante 23 años. Ricardo tuvo que reinventarse. Y vendió verdura por las calles y trabajó en una granja. Cumplió su promesa durante 23 años.
Pere fue Rubén, su hijo del alma, el que obligó a su padre a que rompiera esa promesa de tantos años para que participara en “La Voz Senior”.
“Lo hice por ellos”, dijo Ricardo. “Para darle un poco de felicidad a ellos. Para que Rubén jamás crea que por su culpa dejé de cantar”. El muchacho aplaudió más fuerte que nunca cuando Ricardo fue elegido para pasar de ronda. Ricardo mostró su sonrisa pero jamás se le fue la tristeza del fondo de sus ojos. Se abrazaron los tres, el padre, la madre y el hijo y esa silla de ruedas se transformó en una montaña de familia, en el centro de energía más poderoso que se pueda conseguir. Yo fui feliz mirando la escena. Lloré como loco pero fue feliz. Respiré hondo un viento limpio y fresco. Y confirmé algunas ideas muy simples. Los hijos son lo más importante que tenemos, y ser padre o madre, es sufrir para siempre, aprender con alegría de los hijos y estar dispuesto a dar la vida o lo que uno más ama en la vida por ellos.
El domingo es el día del padre y quería compartir esta enseñanza de un padre y un hijo. Y además, me gustaría cumplir el rito de esta columna que casi se convirtió en un clásico de todos los años. Como la canción de Piero…
Viejo, mi querido viejo. Ahora ya camina lerdo, como perdonando el viento. Yo soy tu sangre mi viejo, yo soy tu silencio y tu tiempo. La canción es una radiografía de lo que pienso. Yo soy su sangre así como él fue la sangre de Samuel y como Diego es mi sangre en pleno crecimiento y desarrollo. Esa cadena es blindada. Irrompible. No me entra en la cabeza que existan hijos peleados con padres y viceversa. No sabría cómo vivir sin ese combustible y ese afecto. Me estremezco de solo pensar en ellos. En mi viejo y en mi hijo. En sentirme un eslabón entre ambos. En haber experimentado en el cuerpo el paso de los años y los distintos roles que la vida nos va dando. Recuerdo mis peleas de rebeldía con quien soñaba tener un hijo farmacéutico, formal y cortés y le salió un vago militante que hizo el Bar Mitzvá solo por respeto hacia él y que nunca se casó con una chica judía.
Todavía le sigo pidiendo consejos a mi viejo pero hubo un momento en que él me los empezó a pedir a mí. Cuando comprobó que yo me podía ganar la vida con honradez y compromiso, creo, que me dio el título de hombre y pasó a darle más valor a mi palabra que a la suya. Esa transición es impresionante y cada vez se hace con una edad más temprana. Yo hoy tomo las decisiones más importantes de mi vida profesional pero en muchos casos le pido la opinión a Diego y suelen ser de una madura sensatez que me asusta.
Hace unos años, jugamos en la pileta del hotel de Carlos Paz como cuando yo era chico y él me ensañaba a nadar. Jamás en mi vida olvidaré esa sonrisa cuando salió del agua después de haber nadado con estilo y velocidad. Hablamos de todo. Una noche en la cabaña me preguntó ante mi asombro: “¿Qué es el twitter?”. Es que nada de lo humano le resulta ajeno. Es curioso, inteligente, siempre quiere saber y aprender más. Y a la noche me contó otra vez esa historia de cuando uno de sus hermanos por huir de los nazis se tiró a un río maldito y polaco y nunca más apareció. Lloramos los tres. Los Lewkowicz somos flojos de lágrimas. Y lo digo con orgullo. El que no sabe llorar no sabe reír. Y yo aprendí a su lado ambas cosas. A gritar juntos un gol y a reírnos de los gorritos de Talleres bailando en nuestras cabezas. La foto que más quiero es la que nos sacamos las tres generaciones en la cancha de Talleres con el mismo gorrito tejido azul y blanco. También nos quebrarnos hasta el desgarro del alma cuando viajamos en el tiempo hasta ese día cruel y ateo en el que mi zeide, su viejo, el fortachón y rudo campesino y panadero murió en plena calle cordobesa con su cabeza golpeando contra el cordón de la vereda. Quiso laburar hasta el último aliento y lo hizo. Tampoco olvidaré jamás su cara desencajada que no podía parar de lamentarse por semejante tragedia. Recién ahora me doy cuenta que el zeide murió tan joven. En esa época yo era chico y el zeide me parecía viejito. Es lo que estoy tratando de explicar desde el principio. Como cambia la perspectiva a medida que pasan los años en la relación padre e hijo que es una de las más maravillosas y profundas que existen en la vida. Lo único que no cambia es el pedido, casi el ruego: “Cuidate mucho por favor”. Siempre me lo dice Mayor y siempre se lo digo a Diego: “Cuidate changuito”. Cuando uno es pibe se deja proteger por su viejo. Y cuando uno es padre, protege a su hijo. Pero cuando supera los 50 y los 60, aparece una dicha milagrosa, la posibilidad de cuidar y proteger a los dos, a mi padre y a mi hijo.
Pruebe este domingo algo que le recomiendo desde el alma. Sin que su padre se dé cuenta, sígalo profundamente con la mirada. Atenta y minuciosamente. Descubra en sus arrugas las arrugas que a usted le van creciendo. En esas canas, sus propia canas. Descubra todos los gestos que usted heredó. ¿No me diga que tienen la misma forma de caminar? ¿Vió, que le dije? ¿Cómo le decía su madre en aquella vieja casa de la infancia? ¿Cómo le decía? Nene, vos sos igual a tu padre!!! Le recomiendo que repita la operación mirada profunda con su hijo. Abra los ojos hasta el cerebro, abra los poros, déjese invadir por ese aroma maravilloso que viene de la cocina. Reconozca que el pibe es ansioso porque usted lo es. Que cuenta las cosas con pasión porque lo aprendió de chico. Descubra en su hijo esa mirada húmeda y esa sonrisa que tiene tanto de usted y de su padre. Y del padre de su padre.
Este domingo es ideal para practicar esto que le digo. Pregúntele a su padre y a su hijo como andan y tómese todo el tiempo del mundo para escucharlos. Hagan un campeonato de chistes, vean fotos viejas.
Su padre le hablará de Herminio Masantonio y la Wanora Romero. Su hijo del Martin Palermo y de Messi y usted tratará de describir los pases de magia que hacía Maradona, antes de caer en el pozo del despropósito.
No tenga vergüenza en decirle que lo quiere mucho. Y si puede cante, cante con su hijo y con su padre y con toda la familia. Cante por la alegría y por la esperanza. Cante para no llorar o cante y llore si quiere. Pero viva este domingo con toda la intensidad que pueda. No cuesta un peso y vale oro.
Esa entrega que hace que uno sea capaz de dar la vida por los hijos es el acero más resistente que conozco. Es invencible. Por eso Samuel que era de menos palabras todavía que Mayor sorprendió el día que le entregó todo lo que tenía simplemente porque mi viejo lo necesitaba. “La casa es tuya, hace lo que quieras”. Eso fue todo lo que le dijo. Mi viejo la hipotecó para comprar la farmacia y concretar el sueño. Samuel había dejado la espalda quebrada y las manos callosas para levantar esa casa. Esa generosidad, ese sacrificio, esa honradez, esa apuesta a no arrodillarse ante nadie pero tampoco a hacer arrodillar a nadie es lo mejor que me pasó en la vida. En esos valores me formé y esos valores transmito. La ética es también una forma de egoísmo. Porque nos hace bien a nosotros. Nos permite dormir en paz. Nos permite sentir orgullo por lo que hacemos y por lo que somos. Durante mucho tiempo fui el hijo de Mayor. En cierto momento me di cuenta que algunos pasaron a decir que Mayor era el padre de Leuco. Por suerte, kenore, diría la Esther, de a poco están empezando a decir que soy el padre de Diego. Mi viejo y Diego me iluminan el camino. ¿Qué más le puedo pedir a la vida?

Extrañamos a Sergio – 13 de junio 2019

Veo la cara pícara de Sergio Gendler multiplicarse en TN por mil coberturas periodísticas donde mostraba su carisma y calidez y me resisto a creer que sea cierto.
Hablé hoy temprano con Marcelo Longobardi y no sé como pude contener el llanto y el hilito de mi voz. Miro una y otra vez la pantalla de mi teléfono celular y quiero borrar para siempre ese menaje que me hiela la sangre: Sergio falleció a la madrugada.
Sé que Sergio Lapegue se quebró al aire y no pudo seguir al frente de su programa. Son muchos años de ser compañeros de laburo y compinches de sus transgresiones.
En medio del horror terrible que sentimos por la muerte de nuestro querido compañero Sergio Gendler, tengo que agradecerle al Pollo, Sebastián Vignolo. El domingo, subió a recibir su Martín Fierro y le dedicó el premio a él. Dijo lo que todos decimos: que es un amigo que se lo extraña, que es un gran compañero y uno de los tipos más generosos del ambiente. A Sergio lo extrañamos todos los días.
Y lo vamos a seguir extrañando. Bajaba por la escalera con dificultad por el dolor de sus piernas desde la FM 100. Y aparecía en este querido estudio, después de mi columna, cuando habían pasado unos 20 minutos de las cinco de la tarde. Siempre con una sonrisa. Siempre con esa mirada celeste de atorrante simpático y entrador de barrio. Lo cargábamos porque se olvidaba de poner en silencio su celular que chillaba al aire o porque ni sabía dónde había dejado los anteojos. Andahasi alguna vez le prestó sus lentes. Marcela le acercaba la computadora para que chequeara los últimos resultados de la Champion y el aprovechaba para tirarle los galgos por deporte nomás, sin buscar nada más que eso, una galantería para el ego de la Giorgi.
Sergio era un periodista de raza. Desde la cuna. El destino quiso que entrara al mundo del periodismo de la mano de su viejo a la vieja agencia Noticias Argentinas, conocida en la jerga como “Eneá”, a secas. Ahí se formó entre telex y teléfonos. Ahí le picó ese bichito maravilloso del oficio que nos permite estar en el ring side de la historia. Entró al mundo del periodismo de la mano de Felix, su viejo y se acaba de ir del mundo una semana después de la muerte de su viejo. Son extraños los caminos misteriosos que toman la vida y la muerte. Absolutamente desgarradores e imprevisibles.
Me consta que sintió orgullo por su padre cuando le hicimos un humilde homenaje al aire. Fue mi compañero en la revista Goles donde brillaban don Osvaldo Ardizzone y Horacio García Blanco entre otros próceres. Muchas veces me tocó cubrir el vestuario de Boca y Felix Gen hacía el de River. Una vez discutió fiero con Mostaza Merlo y todos los periodistas salimos a defender a un tipo tan noble como Felix Gen. Recuerdo que por radio Rivadavia, solía estar micrófono en mano, Marcelo Tinelli. Era el detrás de la escena de la relación tan cercana con los ídolos del deporte. Sergito enseguida fue Sergio y demostró que sabía encontrar una noticia y un título. Que se ganaba la confianza de los futbolistas por su lealtad a la verdad y por el respeto a su intimidad. Maradona lo tuvo de ladero durante un tiempo oscuro de Diego. Pero Sergio jamás se drogó. Una vez me dijo: “vi tantos muchachos quebrados por la falopa que no podían comer ni coger y me dio terror”. Juan Román Riquelme se sentía su amigo. Tanto que hace un par de semanas fue a visitarlo al Instituto Alexander Fleming y apareció en el aire de Mitre. Fue una sorpresa, una travesura de esas que le gustaban a Sergio. “Te paso con un amigo”, me dijo y puso al teléfono a Román. De hecho en dos entrevistas que le hizo Gendler, Román renunció a la selección nacional y esas primicias sacudieron el mundo del fútbol. Eran tiempos de Boca. Ahí Sergio conoció de cerca al actual presidente Mauricio Macri que recordó con afecto esos momentos y saludó a su familia. Ivan Pavlovksy, el vocero presidencial fue compañero de Sergio en NA.
Sergio fue una estrella durante 20 años en TN y Canal 13. Recorrió el mundo, tomó 600 vuelos, cubrió mundiales, hizo notas memorables: una de las más recordadas fue con el parco y serio Roger Federer. Había sido padre en ese momento y Sergio lo convenció para mostrarse ante las cámaras cambiando los pañales de su bebe. La televisión suiza no podía creer semejante logro.
También demostró su imparcialidad pese a ser un hincha de Boca cabal. Muchas veces lo veía en la platea, en el sector B. Nos sacábamos una selfie con él y mi hijo Diego y decíamos en voz baja: “Aguante boquita”. Era un personaje querible.
Por eso lo extrañamos tanto. En los últimos tiempos el maldito cáncer le fue quitando aire en los pulmones y fuerza en su cuerpo. Le costaba ordenar las ideas al salir al aire pero se las rebuscaba muy bien con un esfuerzo titánico. Tuvo unos huevos y un coraje que hay que rescatar. Peleó contra la muerte hasta el último día. “Está enganchado Sergio”, me dijo Mariana y me hizo la seña de entrelazar dos dedos como símbolo. Lo notamos muy frágil y algo confuso. Después me enteré que tenía unos dolores terribles y que estaba bombardeado de morfina que era lo único que lo calmaba.
Sergio iba sembrando alegría por donde caminaba. Con Ronnie Arias en la FM 100, con los chicos de la producción o los muchachos de seguridad o la limpieza. Siempre una broma. En el grupo de Whats App que utilizamos para trabajar el siempre metía algún video en joda. Y si tenía el doble sentido del sexo, mejor.
No quiso decir nada sobre el maldito cáncer de intestino que lo asesinó. Le dijo a un médico amigo: “No quiero que me tengan lástima”. Fue un ejemplo de dignidad ante la adversidad que quedará para su familia. Para Nancy, su joven esposa y para sus cuatro hijas hermosas: Bárbara de 18 años, Ivana de 16, Malena de 7 y Agustina de 5. Me estalla la cabeza de solo imaginar este domingo del día del padre con las 4 nenas sin su padre.
Ni ellos ni nosotros todavía lo podemos creer. Nos falta Sergio por todos los costados. El corazón nos late triste y las lágrimas no paran de brotar. Se fue uno de los nuestros. Se sentaba todos los días al lado de Marcela, al frente de Federico y me miraba de frente para hablar de deportes. Pero siempre terminaba con alguna travesura de algún deportista que había producido alguna trampa o alguna picardía con una o varias señoritas. El sobreactuaba su apoyo a esas fiestas eróticas y yo sobreactuaba mi rechazo fingiendo ser más serio de lo que soy. Era un jueguito que hacíamos como meter alguna palabra en hebreo en medio de la charla. Pavadas que suman y potencian un buen clima de trabajo que la gente percibe del otro lado del micrófono.
Nunca supe que desde hacía 19 años tenía una enfermedad de mierda e incurable como el Chrone. La pasó mal en el mundial de Japón porque se olvidó de llevar los corticoides. Eso le fue limando las paredes de los intestinos y lo llevó primero a un cáncer de Cólon pero que Sergio pudo doblegar después de bajar 17 kilos. Pero el maldito cáncer contragolpeó con los intestinos. Me consta que lo combatieron con la mejor medicina y con los sistemas más modernos que tiene un lugar de excelencia como el Instituto Fleming. Pero no hubo caso.
Sergio tenía 52 años, una hermana que vino de Israel y un millón de amigos. Todos fueron muy respetuosos y reservados con la información. Era su deseo y es lo que corresponde por respeto a su familia.
La semana pasada hice la columna de vivir bien para morir bien porque tenía a Sergio en terapia intensiva en mi cabeza. El vivió bien. Seguramente murió bien. Pero demasiado pronto para nuestro cariño. Tuvo amigos, amores, 4 hijas, un padre del que heredó su oficio y una sonrisa eterna bajo una parva de rulos rubios.
Tiene razón el Pollo Vignolo, extrañamos mucho al Ruso Gendler. Era uno de los nuestros. Se nos fue y se fue algo de todos nosotros también. En el cielo de la buena gente tal vez pueda comer un asado después de los partidos, celebrar un gol de emboquillada y seducir a su esposa. Y si le queda un tiempito, ojalá pueda escuchar este programa de radio que también es y será su programa. Es el director del suplemento de deportes de Le Doy Mi palabra.
Tal vez se encuentre con Felix, su viejo, y otra vez lo lleve de la mano por otro mundo de aventuras. Tal vez se den el abrazo más fuerte del mundo. Y nosotros con ellos. Chau Sergio. Te extrañamos mucho.
Dicen que mañana lo llevan al cementerio de La Tablada. Pero en estos micrófonos, se quedará para siempre.