Jamás lloré tanto con un partido de básquet. Fue hace 15 años en los Juegos Olímpicos de Atenas. La Generación Dorada argentina necesitaba ganarle a Serbia y Montenegro para vengar una dolorosa derrota anterior y para seguir en el torneo. El partido fue parejo, áspero, “no apto para cardíacos”, como decían los viejos relatores. Faltaban 3 segundos y 8 décimas. ¿Escuchó? Faltaban 3 segundos y 8 décimas y el marcador estaba 81 a 81. Dos tiros libres para Tomásevic. La hinchada argentina aullaba y chiflaba para distraerlo. Primer lanzamiento. Pelota en el aire… y pega en el aro y sale. Ovación en la tribuna criolla. El segundo lanzamiento lo metió. La puta madre, decían las bocas. Faltaban 3 segundos y 8 décimas. Contragolpe ultra veloz y Emanuel Ginóbili, desde la derecha de la zona, se levanta, pero como venía corriendo a mil, queda desequilibrado, descuajeringado en el aire, pero su zurda lanza. Cuando la pelota sale de su mano faltaba un segundo. Cuando pega en el tablero, unas décimas y apenas entra, termina el partido. Manu quedó boca abajo en el suelo, rendido, feliz. Una montaña de grandotes con la celeste y blanca se le tiraron encima. Argentina 83, Serbia y Montenegro 82. El alarido de gloria se escucha en todo el país y llega hasta Grecia. Las banderas no dejan de bailar en los brazos de los hinchas. En Bahía Blanca los pechos estallan de orgullo. Y yo no puedo contener las lágrimas. Ese momento mágico fue el pasaporte de Emanuel Ginóbili hacia la inmortalidad en la historia del básquet latinoamericano y de la meca de ese deporte maravilloso: la NBA. Ese día se convirtió en héroe para todos los chicos argentinos que se pasan horas con la pelota tirando al aro en todas las canchitas de todos los rincones de la patria.
Manu juega de escolta pero fue siempre el abanderado de ese grupo de jugadores extraordinarios que finalmente lograron la medalla de oro. Fuimos campeones olímpicos en Atenas 2004 y Manu fue el jugador más valioso del torneo. Y le ganamos por segunda vez al dream team de Estados Unidos que tenía en sus filas a Allen Iverson, Tim Duncan o un joven Lebron James que era como decir Ronaldo, Mbappe o Luka Modrik. Pero nosotros tuvimos a Manu, que era como Lionel Messi.
Pongo ejemplos futboleros porque es más fácil de entender la dimensión de las cosas para los que no son seguidores del básquet.
Para mí, ese doble de Manu fue el más importante de su vida. Y eso que en Estados Unidos metió 17.097 tantos en 1.275 partidos. Y eso que fue el máximo anotador de triples de la historia de los San Antonio Spurs, equipo con el que logró 4 anillos de campeón. Para los que alguna vez jugamos al básquet, ese ruido que hace la red cuando la pelota entra limpia se llama “chas”. Es el sonido más maravilloso que conozco junto con los gritos de gol en la cancha. El Chas que yo celebré de chico con las Estrellas Blancas de Juniors, con Marcelo Farías, el Mono Olariaga, Gustavo Chazarreta o Guillermo Riofrío. El Chas que Manu recibió de las glorias bahienses del mago Alberto Pedro Cabrera, Lito Fruet o el Negro Delizaso.
Acariciar la pelota en cada pique, dominarla, salir de contragolpe en tres calles, tirar de tres y meter por supuesto, son placeres que aprendí en la Noar en Córdoba, donde también jugó mi viejo y mi cuñado y mi sobrino. Jamás olvidaré esa pasión. Decir viva el básquet es decir viva el deporte más espectacular y menos conflictivo de los que existen.
Hoy los argentinos y los hinchas de los Spurs viviremos una noche de gloria. La camiseta emblemática número 20 de Manu será izada hasta el techo del estadio y quedará allí para siempre, en el Olimpo de los grandes entre los grandes. Ya nadie podrá usar esa casaca emblemática. Esa ceremonia desbordará argentinidad por todos lados. El himno nacional lo cantará Michelle Leclercq, una compatriota de 24 años que está haciendo carrera en Los Angeles. Se podrán degustar empanadas, choripanes y sanguches de milanesas, preparados por Gustavo Plache, como si estuviéramos en la cancha de Estudiantes de Bahía Blanca. Los 18 mil espectadores tendrán una gorra negra que en castellano dirá “Gracias Manu”. Nuestros conciudadanos podrán gritar: “Y ya lo vé, y ya lo vé/ Somos locales otra vez” y Manu estará feliz como pocas veces, rodeado de sus afectos más profundos. De Many, es decir Marianella Oroño su esposa, hija de otro gran jugador de básquet y de sus hijos del alma, Luca, Dante y Nicola. Hablará entre otros, Fabricio Oberto, uno de sus compañeros de aquel generación de oro que tantas alegrías nos dio. Manu nació entre pelotas naranjas y olor a linimento. Jorge, su padre, era entrenador y sus dos hermanos, Leandro y Sebastián también fueron jugadores.
Tiene un estilo bien argentino. Hace todo bien. Pero es audaz y gambeteador que en el básquet se dice dribleador. Bien criollo, amaga para un lado y sale para el otro. Tiene recursos extraordinarios, pases de faja, por atrás de la espalda, volcadas con las dos manos “in your face” a gigantes de 2,29 como el chino Yao Ming, bandejas con doble salto, ganchitos cortos después de pasar por debajo del aro, rebotes, asistencias y hasta un “caño” a De Mar De Rozan, cuando jugaba en los Toronto. Lo había arrinconado contra la raya y le metió la pelota entre las piernas, lo rodeó y salió picando atrás del morocho que luego fue su compañero. Por algo el técnico Popovich lo definió con palabras precisas: “Tiene un corazón gigante y es irremplazable”.
Por supuesto que jamás llegaremos a cierto consenso en elegir al mejor deportista argentino de todos los tiempos. Juan Manuel Fangio, quíntuple campeón del mundo, Carlos Monzón, Maradona y Messi estarían entre los finalistas. No se puede comparar deportes distintos.
Pero Ginóbili, al igual que Fangio y Messi logaron ser deportistas profesionales fuera de serie, dueños de una excelencia técnica inigualable pero además, fueron y son personas admirables llenas de valores para que los pibes se miren en sus trayectorias impecables.
Manu es un compañero querido por todos. Con personalidad y coraje pero con buen humor a la hora de la distensión, después de los partidos. Habla perfectamente inglés e italiano, nunca protagonizó un escándalo en su vida personal, es un esposo y un padre extraordinario, un ciudadano atento que supo ayudar solidariamente al básquet más necesitado de su tierra natal. Entre otras manos que dio siempre Manu está su padrinazgo de la Fundación Baccigalupo. Son chicos con discapacidad intelectual y cuando Ginóbili colabora con ellos sale diciendo: “Ellos no aprenden de mí. Yo aprendo todo de ellos”.
Eso también vale mucho. No todo es la pelotita y el aro. Es un ser humano que nos puede ayudar a la formación de nuestros hijos y de nuestros vecinos. Es un torbellino a la hora de entrenar, alguien que buscó siempre superarse a sí mismo y que se retiró a los 41 años. El pibe de los 40 le decían sus compañeros.
Pocos saben que su segundo nombre es David. Y en su carrera descomunal fue una suerte de David que derrotó al Goliath de las adversidades con la piedra de su sacrificio y esfuerzo permanente. Manu es talento pero también es dejar la vida en cada entrenamiento y en cada compromiso. No aflojar nunca. Ser responsable y cumplidor. Ser respetuoso de todo el mundo, lo que se llama un líder absolutamente positivo. Ojalá Argentina tuviera muchos Ginóbilis en todos los sectores. Un dia contra los Phoenix Suns metió 48 puntos, la máxima marca de su vida. Y declaró con humor: “Tenía la mano caliente, tiraba zapatos y entraban”.
Hoy el coliseo AT&T de los Spurs se vestirá de celeste y blanco. El planeta podrá ver esa ceremonia por televisión. En Argentina flotará en el aire el orgullo nacional y yo, seguramente, lloraré de nuevo como hace 15 años cuando Manu se convirtió en un Titán del básquet y una leyenda de la vida. Un atleta completo que hoy saltará tan alto que tocará el cielo con las manos.
La lengua de Vargas Llosa – 27 de marzo 2019
A Jorge Mario Pedro Vargas Llosa que cumplirá mañana, en Córdoba sus 83 años de vida, ya le hicieron el mejor de los regalos: el próximo Congreso Internacional de la Lengua Española será en la ciudad peruana donde nació, Arequipa. Lo anunció el mismo en la apertura de las sesiones de Córdoba, responsabilidad que compartió con otro alquimista de las palabras, nuestro querido Santiago Kovadloff. Son dos orgullos para un idioma que después del inglés es el que más se habla en el mundo. Hay 570 millones de hispano parlantes en el planeta.
Indomable como buen intelectual, Vargas Llosa aprovechó para criticar al presidente de México Andrés Manuel López Obrador que había pedido que España se disculpara formalmente por los abusos de la conquista. Vargas Llosa le devolvió la pelota: que AMLO explique porque en su país marginan a millones de indios hace décadas.
Es que Mario, desde 1993, también tiene la nacionalidad española y hace 8 años, el rey Juan Carlos le otorgó el título de Marqués. Dice que lo más importante que le ocurrió en la vida fue aprender a leer a los 5 años, en la clase del hermano Justiniano en el colegio Lasalle de Cochabamba, Bolivia. Su madre, Dora Llosa Ureta que lloraba con los poemas de Amado Nervo y Pablo Neruda, le contó que sus primeros escritos eran una continuación de los libros de aventuras que había leído. Ya sea para prolongarlos en el tiempo o para cambiarle los finales a Los Tres Mosqueteros o al viaje del capitán Nemo, por ejemplo.
Vargas Llosa no se privó de nada. Respaldó la lucha del presidente Mauricio Macri y dijo que “los remedios contra el populismo siempre son de mucho sacrificio”.
Pero si tuviéramos que asociar a Vargas Llosa con una sola palabra, esa palabra sería libertad. Es que su lucha política siempre ha sido contra todo tipo de dictaduras y autoritarismo. Eso solo, más el genio literario que lo llevó a ser Premio Nobel, lo coloca en un altar de admiración. Pero lo que más me impacta de Vargas Llosa es su insobornable y feroz pelea por su propia libertad individual. No hablo solamente de condenar asesinos jurásicos como Hugo Chávez o Jorge Rafael Videla. Hablo de sus libertades personales. De permitirse a los 83 años ponerse de novio con una estrella del glamour como es la bellísima Isabel Preysler (la ex mujer de Julio Iglesias) y que le importe un comino lo que la gente comente. Dijo que su fórmula para disfrutar es tratar de que la muerte lo encuentre vivo. Que lo sorprenda lleno de proyectos, de ilusiones, de batallas, de amores y esperanzas. Jamás hay que entregarse mansamente a la muerte ni esperar sentado que la parca llegue. Eso habla de su amor a la vida y a la libertad. Pero como es un francotirador que no tiene patrones ni dogmas no tuvo problemas en tener varias definiciones políticamente incorrectas. Planteó que el Papa Francisco hasta ahora había sido pura retórica, con un discurso que busca simpatías pero que, de verdad, no había cambiado nada de la estructura de la iglesia y el Vaticano. Se puede estar de acuerdo o no con su pensamiento. Pero hay que tener coraje para meter los dedos en todas las llagas. Ni siquiera tuvo problemas en decir que mientras vivió en Londres descubrió que los ingleses son muy sensibles con los animales pero no tanto con los seres humanos. O de utilizar calientes escenas de sexo explícito para describir el clima de época del final de Fujimori y en muchos de sus grandes libros.
Esa libertad y ese combate contra todos los prejuicios, fanatismos y las pacaterías de catedrales contrasta con muchos de sus enemigos que no le llegan ni al tobillo.
Recuerdo que en 2011, ocurrió algo que me dio una profunda vergüenza ajena.
Le cuento primero los hechos puros y duros porque… no se pueden creer. Escuche, por favor: una cronista de televisión, le hizo una entrevista a la diputada kirchnerista Diana Conti.
– ¿Leyó algo de Mario Vargas Llosa?, fue una de las preguntas.
– Las venas abiertas de América Latina, contestó la dama, metiendo la pata hasta el caracú. Pero no conforme con semejante papelón avanzó rauda hacia el ridículo: “Y después, como me pareció un traidor, dejé de leerlo”, sentenció con tono revolucionario. Al final, con cierto pudor, Diana Conti, salió rápidamente de la escena, y dijo una primera verdad: “Entonces no leí nada”. Ni a Eduardo Galeano el verdadero autor de “Las venas abiertas…” y un ícono de la cultura de izquierda.
La ex diputada que encima se ha manifestado orgullosa de ser estalinista o de soñar con una Cristina eterna, junto a otros fascistas de izquierda, en aquellos tiempos cólera, quiso evitar que Mario Vargas Llosa, inaugurara la Feria del Libro con su discurso. El que primero levantó la bandera de la censura fue Horacio González que es sociólogo, docente, integrante de Carta Abierta y en ese momento era director de la Biblioteca Nacional. González les envió un mail a los organizadores donde acusaba Vargas Llosa de ser “un mesiánico autoritario que expresa a la derecha más agresiva y un militante que no deja de atacar a los gobiernos populares” de la región.
Fue otro momento de intensa vergüenza ajena. Era la primera vez que un premio Nobel y encima latinoamericano, iba a abrir nuestra querida Feria del Libro.
El talentoso peruano recordó amargamente aquel trago amargo. “En algún momento soñé con vivir un tiempo en Buenos Aires. Pero tengo un triste recuerdo de las últimas veces que fui. Un grupo de escritores encabezados por el director de la Biblioteca Nacional me quiso prohibir que hablara por mis ideas políticas. ¡Escritores! ¡El director de la biblioteca en donde estuvo Borges!”, dijo con asombro, Vargas Llosa. Parecen salidos de la Inquisición. Insisto con el concepto: fachos de izquierda.
No quiero ni acordarme de su paso por Rosario, cuando un grupo de vándalos auto titulados militantes K atacaron a pedradas la camioneta en la que se desplazaba Vargas Llosa. Daban ganas de escuchar a Jesús diciendo: “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen». Seguramente, leyeron tantos libros como Diana Conti.
Vargas Llosa utiliza una figura genial para definir los últimos 12 años de autoritarismo de estado: “Con los Kirchner el país estaba embotellado. Pero el populismo está en retirada en América Latina y tengo motivos para ser optimista. La Argentina me inspira mucha ilusión. La democracia está empezando a funcionar otra vez”.
Mario Vargas Llosa es un combatiente a favor de todas las libertades en su máxima expresión y está en contra de todas las censuras y dictaduras. Desde las de la izquierda stalinista como la de la dinastía Castro en Cuba hasta las de la derecha fascista como las de Pinochet en Chile.
No me gustan las posturas sectarias, militantistas, enfermas de ideologitis que son capaces de apoyar gobiernos corruptos y patoteros como vimos de sobra durante el kirchnerato. Es verdad que Vargas Llosa fue un duro crítico del matrimonio Kirchner. Eso lo hace más interesante todavía. Si el intelectual no tiene una cuota de provocación a contra corriente suele convertirse en un funcionario del montón que apela a la obsecuencia para mantener sus privilegios. El gran escritor peruano dijo que Trump es “populista, demagogo e inculto”.
Los que desprecian desde el kirchnerismo a Vargas Llosa por ser un neoliberal no deberían olvidar que Carlos Menem que fue el ícono más grande que tuvo este pensamiento en la Argentina a la que gobernó durante una década, fue compañero de boleta electoral del matrimonio Kirchner en siete ocasiones. ¿Escuchó? No en una ocasión… en siete. Néstor lo elogió como el mejor presidente de la historia. ¿Se acuerda?
Para aportar otra mirada vale la pena escuchar lo que dijo Joaquín Sabina sobre Vargas Llosa: “Me alegré mucho con su Nobel; es un magnifico escritor. Soy amigo de él, no soy sectario y no les pido carnet a mis amigos. Mis amigos son de izquierda, pero no tienen la obligación de serlo. Me enfado con mis amigos cuando son sectarios y dicen que él es de derechas. Pero los progres deberían leer sus libros”. Alguno, aunque sea uno de sus 59 libros.
Esto es lo que dijo Joaquín Sabina sobre Vargas Llosa. Y solo un fanático podría acusarlo de derechista.
Vargas Llosa desprecia por igual a los carniceros que industrializaron la muerte tanto en nombre de Hitler como de Stalin. Para que no queden dudas hay que decir que la dictadura de Videla lo censuró y por decreto de un general genocida ignorante llamado Albano Harguindeguy prohibió la circulación de su emblemático libro “La tía Julia y el escribidor”. Vargas Llosa contó que guarda aquel texto oscurantista y medieval y todavía no entiende lo que quiere decir.
Además, Vargas Llosa en el plano de los derechos individuales y la cultura dinamita todos los dogmas. Abre todas las cabezas. Francotira ideas para provocar e incomodar a los pensadores perezosos. Está a favor del matrimonio igualitario, del aborto, defiende a rajatabla los derechos humanos. Mario Vargas Llosa es un hombre libre en el más amplio sentido de la palabra. Está entre nosotros. Brindo por eso. Y por sus lúcidos 83 años.
¿Macri hunde a Vidal? – 26 de marzo 2019
Una luz de alerta amarilla se encendió en el tablero electoral de Cambiemos. Las últimas encuestas y casi todos los indicadores económicos, anticipan fuertes turbulencias y no garantizan para nada la victoria de Macri y mucho menos, la de María Eugenia Vidal. No quiero dar los números de las encuestas porque todavía falta mucho y complican el análisis. Pero hay que decir que casi todos los estudios de opinión pública, incluso en los que confía el gobierno, muestran que Cristina tiene una mayor intención de voto que Macri en la provincia de Buenos Aires y que esa diferencia es importante: entre 5 y 11 puntos. De este dato preocupante para el oficialismo se desprenden otros no menos inquietantes.
1) Macri tiene una tendencia a seguir aumentando su imagen negativa que a esta altura es superior a la de Cristina.
2) El terremoto en las reuniones apareció cuando en el rubro “No lo votaría jamás”, aparece Macri más arriba que Cristina. Es decir que tiene mayor rechazo. Por lo tanto ya no es tan certera esa idea de que Macri le gana a Cristina es una segunda vuelta.
Le recuerdo que estamos hablando de la provincia. En el resto del país, Córdoba, Capital, Santa Fé que son provincias con muchos votos, por ahora es Cristina la que tiene más rechazo que el actual presidente.
Pero lo grave para la suerte de Cambiemos, es que Cristina traslada a su candidato a gobernador en la provincia, Axel Kicillof o quien fuera, casi el 100% de sus votos. Y Macri está diez puntos debajo de María Eugenia Vidal. ¿Se entiende?
Eso significa que la figura política de mejor imagen de la Argentina podría perder la elección aunque sea por un voto. Le recuerdo que en Buenos Aires no hay balotaje.
Insisto: todavía falta mucho pero no tanto. El sábado 22 de junio vence el plazo para presentar la lista de candidatos para las PASO nacionales. Por ahora no se sabe si Cristina se va a presentar ni quién va a ser su referente bonaerense.
Pero lo cierto es que la fotografía de hoy es inquietante para Cambiemos que saca muchos trapitos sucios al sol y que, según todo indica, no va a disponer de una ostensible mejora económica que levante el ánimo de muchos votantes desilusionados.
Tampoco se sabe quién será finalmente el candidato a presidente del “peronismo no K”, si Lavagna, o Massa o Urtubey ni quien jugará con esa camiseta en la provincia. Eso también es clave y mueve el amperímetro. Por lo tanto no es posible sacar conclusiones definitivas.
Pero hoy ya nadie dice que Macri y Vidal van a ganar caminando sus respectivas reelecciones como se sospechaba hace un trimestre. Hoy no hay brotes verdes a la vista, salvo las 140 mil toneladas de granos de la cosecha record, el turismo o Vaca Muerta.
El peligro para Cambiemos es que muchos de sus votantes, enojados, cansados de tanta estanflación, asfixia impositiva y tarifazos voten en blanco como una forma de advertencia o de voto castigo. Eso sería letal para Macri y sobre todo, para Vidal. Porque los que siguen a Cristina son en su mayoría militantes. Son sufragios duros y con fuerte componente ideológico. Es casi imposible que un cristinista cambie de pensamiento y coloque otro sobre en la urna el 27 de octubre. Entre los que apoyaron a Cambiemos hay casi 3 millones y medio de compatriotas que dudan y que tienen convicciones más fugaces que ideológicas. Su voto está más ligado a su bolsillo que a su pensamiento. No quieren a Cristina, repudian la corrupción, votaron por un cambio pero están económicamente en colapso o muy cerca de la quiebra.
Como si esto fuera poco, la gobernadora Vidal está segura que fue espiada por algún eslabón de los servicios de inteligencia que conduce Gustavo Arribas, un íntimo amigo de Macri. Y las diferencias políticas con Jaime Durán Barba y Marcos Peña son cada vez más evidentes aunque por ahora nadie dice nada en forma pública.
Un enfrentamiento clave fue aquel fin de semana cuando Peña estuvo a punto de dejar la jefatura de gabinete y varios ex ministros o funcionarios recuperaban el papel central que habían perdido. Hablo de Alfonso Prat Gay, Rogelio Frigerio o Emilio Monzó, entre otros. Esa batalla feroz, finalmente fue ganada por Peña que tiene la confianza ciega de Macri y casi la única llave de su despacho.
Otro choque fue cuando Vidal aceptó no adelantar las elecciones de la provincia por una supuesta disciplina partidaria o por trabajar en equipo. Macri les dijo que se arreglaran entre ellos y Marcos decidió que había que hacer todas las elecciones juntas. Vidal se sometió a esa decisión que fue un error gravísimo desde lo político. Hoy con elecciones desdobladas, María Eugenia tendría asegurado cuatro años más de gobierno provincial. Y Macri estaría en mejores condiciones de derrotar a Cristina luego de una fuerte caída en su principal distrito que representa el 40% del padrón. Fue un error muy básico de Cambiemos. En ese momento se veía claramente. Hoy es una verdad más grande que una catedral. Pero no hay vuelta atrás.
Vidal aflojó en esa ocasión y ahora siente que no la cuidaron lo suficiente. Algunos piensan que fue por impericia política, por soberbia y otros creen que Marcos Peña también tiene sus ambiciones de suceder a Macri en el 2023 y no quería que Vidal fuera una de las socias principales del triunfo electoral. Yo no creo en estas mezquindades pero los egos de las personas muchas veces nos dan sorpresas desagradables. Yo creo que se trata de la misma ineficacia y falta de vocación para la construcción y la ampliación de Cambiemos que arrojó que, en muchas provincias, la coalición no funcione como no funcionó nunca o que directamente bajen a sus candidatos como está por ocurrir en Rio Negro o no apoyen a los propios como pasó en Neuquén o directamente se fracturen como en Córdoba.
Cambiemos, con la conducción efectiva de Marcos Peña, fue una máquina de expulsar cuadros partidarios y funcionarios de excelencia de los más variados matices ideológicos. En lugar de crecer en aliados y partidos, la alianza de gobierno fue perdiendo profundidad, solidaridad y también extensión territorial. Ahora no es tan fácil encontrar el remedio para esta enfermedad que erosiona las chances electorales de Mauricio Macri.
La solución está en la cabeza del ala política del gobierno que está semi congelada y de ninguna manera podría ser encabezada por Marcos Peña que no cree en eso. Pero es urgente que Macri pegue una suerte de volantazo, de relanzamiento del gobierno. O mejor dicho que anuncie en conferencia de prensa que finalizó la etapa del ajuste, que los cimientos ya están listos y que no habrá una sola mala noticia más. Que a partir de ahora comienza la fase del crecimiento con inclusión y sin tarifazos, del desarrollo productivo, de aumentar el consumo y la actividad y de reactivar la economía real que de tantos recortes quedó herida de muerte. Por eso casi no reacciona. Porque la economía real y el ciudadano aparecen resignados y con los brazos caídos. Y nadie gana una elección prometiendo solo ajuste y más sacrificios. Si no recrean algún tipo de epopeya y esperanza para los sectores medios, Macri puede hundir a Vidal y hundirse a sí mismo.
Por eso hay alerta amarilla en Cambiemos. Porque esa situación, solamente favorece al chavismo cleptocrático que quiere volver con Cristina.