Enérgico, emocionado y a los gritos, el presidente Mauricio Macri arengó a los argentinos y les reclamó pasión y coraje para superar esta etapa complicada: “Esta vez es para siempre, no aflojen, no tiren la toalla, nuestro tiempo es hoy”. Fue el cierre de su discurso de apertura de sesiones en el Congreso de la Nación. “Vamos Argentina”, repetía una y otra vez como una forma de enfrentar a los que calificó como “los predicadores de la resignación y el miedo”. Les rogó a los ciudadanos que “No dejemos que nos ganen. No volvamos al pasado nunca más. Soy el primero en hacerme cargo del dolor y de la angustia que muchos están pasando”.
Fue un discurso que va a marcar el tono político de este año hasta las elecciones. Todo el tiempo el mecanismo fue compararse con el 2015 y con el desastre que dejó Cristina y en dos oportunidades tuvo que contestar las groserías de algunos diputados y senadores del kirchnerismo que dejaron un país a la miseria y en la miseria y ahora levantaban el dedito pretendiendo dar cátedra. Me impactaron sobre todo Daniel Filmus y Agustín Rossi. Se cansaron de perder elecciones en sus distritos donde les dan la espalda una y otra vez y sin embargo provocaban e interrumpían a un presidente que, en dos ocasiones, les tuvo que recordar lo obvio: “Señores, sus insultos y sus gritos, hablan más de ustedes que de mí. Yo estoy acá porque me votó el pueblo”. Así es la democracia.
Pero la tropa de Cristina no valora este sistema republicano. Lo combate desde posturas presuntamente revolucionarias pero que son profundamente corruptas y autoritarias. De hecho, el recinto se calentó al máximo cuando Macri se preguntó: “¿Cómo es posible que hayan condecorado a Nicolás Maduro cuando ya violaba los derechos humanos?” y les recordó que la anterior presidente, que estuvo ausente como siempre, “negociaba la impunidad con el régimen iraní ante el peor atentado terrorista de la historia argentina”. Volaban los insultos y los pedidos de silencio. Un párrafo aparte para Cristina y Máximo. No fueron nunca al recinto en estas situaciones. Desprecian los valores de la democracia. Ella todavía no pudo digerir en su soberbia y altanería que perdió la elección y ahora es senadora por la minoría. En esto fue coherente: su capricho antidemocrático no le permitió ni siquiera entregar los atributos de mando a Mauricio Macri. Un gesto autoritario y despreciativo que jamás había ocurrido en democracia. Cristina lo hizo. No fue magia.
Otro momento tenso y agrio fue cuando la señora Johanna Picceti se paró y a los alaridos se dirigió con exigencias al Presidente. No podía estar ahí. Se metió ilegalmente porque ese lugar está reservado solo para los legisladores. Ella fue candidata a diputada por Cambiemos pero luego fue marginada por las graves acusaciones sobre maltrato y abuso que tuvo con sus hijos. Se mostró provocativa, esperando que la reprimieran o la sacaran por la fuerza. Confirmó el grado de desequilibrio que tiene.
Por suerte, nadie respondió a semejante provocación antidemocrática y delirante.
El presidente aprovechó ese momento para destacar los logros de su gestión. Dijo que cambiar en serio, es realizar 130 reuniones con jefes de estado de 48 países como él hizo para abrir 170 mercados para exportar nuestros bienes y servicios. “Es un respaldo internacional inédito”, dijo y miró con satisfacción a las galerías del Parlamento. “Estoy seguro que con el G-20, muchos de ustedes se emocionaron tanto como yo por comprobar lo que somos capaces de hacer los argentinos”.
No ocultó en ningún momento la grave situación económica y social. Pero redobló la apuesta en su combate contra la inflación que es el veneno que contamina todo. Se mostró consciente del drama de la desocupación, la pobreza y la recesión. En ese momento produjo su anuncio más importante: la decisión de “aumentar en un 46% el monto de la Asignación Universal por Hijo que beneficia a 4 millones de personas”. Ahora cobrarán 2.650 pesos por cada hijo. Ahí se detuvo y bajó línea:
“tenemos que terminar con el clientelismo que usa a los pobres para ir a las marchas y permitirle recuperar la libertad y la dignidad perdidas”.
Pero además quiso tranquilizar a las clases medias diciendo que está firme al mando del timón: “no estamos a la deriva ni colocando parches. No mentimos, decimos la verdad. No ocultamos la pobreza ni la inseguridad. Nos hacemos cargo de lo que nos toca. Ya creamos bases sólidas, los cimientos que nos van a permitir del pantano que nos dejaron”.
Otro sablazo contra Cristina fue cuando destacó que las miles de obras públicas que se realizaron costaron un 40% menos y eso permitió hacer más escuelas, rutas e infraestructura. Así puso a la mega corrupción de estado en un primer plano.
Respecto del avance de las causas el presidente planteó que “se acabó el tiempo de la impunidad y que los delincuentes se salgan con la suya. Todos tenemos que rendir cuentas ante la justicia, hasta la familia del presidente y el Presidente también”. Estaba hablando de su primo Angelo Calcaterra y de algunas causas vinculadas a su padre, Franco Macri.
El cahetazo conceptual más brutal que sufieron los cristinistas en particular y casi todos los peronistas en general fue cuando llegó el tema de la extinción de dominio. La oposición cerrada de los K y otros pejotistas a que el estado pueda recuperar el dinero robado al pueblo, lo llevó a decir que “digan a quien quieren proteger”. Allí se levantó el grito electoral más utilizado: “Si se puede, si se puede”.
Otra bandera de campaña será la lucha contra la inseguridad y los narcos. El trabajo riguroso y sin culpa que hace Patricia Bullrich y su equipo le permitió al presidente decir que nunca antes se decomisó ni se quemó tanta droga y que los homicidios bajaron fuertemente. “Es que para nosotros la inseguridad no es una sensación”, dijo el ingeniero Macri en obvia alusión a aquella metida de pata histórica de Aníbal Fernández.
En el plano institucional el presidente rescató que él y su gobierno dan cientos de conferencias de prensa y reportajes para rendir cuentas y no utilizan los medios públicos que durante Cristina persiguieron y estigmatizaron a periodistas independientes y políticos disidentes. No existen esas cadenas nacionales que nos trepanaban el cerebro.
Hoy apareció el mejor Macri. El que se muestra con iniciativa política, participando del debate público y el que no le deja pasar ninguna mentira a los K. No levanta globos, pega palos conceptuales. De paso recordó que este es el primer gobierno en 100 años que pasa todo su mandato en minoría y que aun así pudo lograr consensos que luego fueron leyes trascendentes como la ley del arrepentido que permitió el tsunami informativo y probatorio que hay contra el robo del siglo que lideró Cristina y su estado mayor.
La pregunta que muchos se hacen es porque este estilo contundente y combativo no aparece todos los días. El gobierno aparece poco y nada para defender sus logros y para explicar sus fracasos. Por momentos parece que Marcos Peña confía más en que los bultos se vayan acomodando solos en el camino y eso no es posible en los tiempos de la híper comunicación. Todos los días, los representantes de Cambiemos deberían poner el cuerpo y el texto para defender sus convicciones. La doctora Elisa Carrió anoche por TN lo reclamó con claridad: “No nos dejen solos en la lucha contra la corrupción. Necesitamos el respaldo de Cambiemos”. Lo dijo porque en la masiva y exitosa concentración frente al Consejo de la Magistratura la mayoría de los legisladores eran de la Coalición Cívica y del PRO casi no había nadie.
Macri puede estar satisfecho. Empezó el año electoral redoblando la apuesta, a la ofensiva y marcando agenda. La gran pregunta que les queda responder es: ¿Por qué no lo hacen todos los días?
Sin justicia no hay República – 28 de febrero 2019
Dentro de una hora, miles de ciudadanos independientes se van manifestar para exigir una justicia transparente que nos permita construir una República.
Al 700 de la calle que, tal vez no casualmente se llama Libertad, frente al Consejo de la Magistratura, elevarán su voz argentinos que no pertenecen a ningún partido político pero que están comprometidos con el bien común y con una sociedad más igualitaria y honesta. Diana Cohen Agrest, Ricardo Moners Sans, Guillermo Lipera, Daniel Sabsay y Santiago Kovadloff serán los voceros de millones de compatriotas que ya están hartos de ver a los ladrones y estafadores caminar libremente por las calles. La convocatoria apeló a la genialidad de María Elena Walsh cuando escribió: “Señora de ojos vendados/ que estás en los tribunales/ Quítate la venda y mira/ cuanta mentira”.
Los últimos datos que hemos conocido son escandalosos. El juez Luis Rodríguez recibió una coima de 10 millones de dólares de parte de Daniel Muñoz para no meterlo preso, según confesó su viuda, hoy arrepentida, Carolina Pochetti. Ese testimonio luego fue confirmado por Víctor Manzanares, el contador de la familia Kirchner que además agregó que el abogado Miguel Plo que también está detenido, fue el encargado de llevar los billetes físicos y que se quedó con dos millones de dólares en el camino. Estamos hablando de inmorales y mafiosos que primero robaron fortunas colosales al pueblo de la patria y luego se robaban entre ellos. Como si esto fuera poco, Rodríguez, era un adorador de objetos nazis y en el concurso para ser juez copió el examen y ahora tiene un nivel de vida, viajes a lugares paradisíacos y autos de alta gama que no puede explicar. Ojalá el Consejo de la Magistratura lo enjuicie y lo destituya pronto porque al igual que Norberto Oyarbide, Eduardo Freiler, Jorge Ballestero y Eduardo Farah, entre otros manchan la palabra justicia y la vacían de contenido.
Oyarbide, según se supo ahora, le recomendó a Manzanares a la actual vice decana del cuerpo de peritos de la Corte Suprema, María del Carmen Penedo. Hoy, ella tiene un sumario abierto en el máximo tribunal para establecer si el informe patrimonial que ella confeccionó, ayudó a Oyarbide para dictar a la velocidad de la luz el sobreseimiento del matrimonio Kirchner, acusados de enriquecimiento ilícito. Esa operación repugnante fue armada por funcionarios judiciales y servicios de inteligencia que estaban a las órdenes de Néstor y Cristina. Todos haciendo trampa y poniendo sus conocimientos técnicos y sus cargos para dibujar pruebas y producir maniobras delictivas. Fueron cómplices de los delincuentes.
Es intolerable e indignante lo que viene pasando y no hay forma de construir el país que soñamos con semejante nivel de deshonestidad. Porque vamos a decirlo con todas las letras. Hay jueces y fiscales que son delincuentes y que están al servicio de los delincuentes de todos los tamaños. Desde rateros peligrosos como los motochorros hasta millonarios estafadores como Cristina, Lázaro y Cristóbal, entre otros. Su tarea principal es liberarlos lo antes posible. A contramano de toda lógica, siempre buscan el artilugio que les permita favorecer a los victimarios y humillar por segunda vez a las víctimas.
Algunos lo hacen a cambio de coimas y son unos ladrones peores que los ladrones que salpican con su mugre de corrupción a otros hombres de justicia que son honrados y de excelencia profesional.
Otros lo hacen por miedo y por pereza. Les da “fiaca” trabajar e investigar a fondo y/o sienten pánico ante la mínima posibilidad de que el delincuente en libertad, o alguno de sus familiares o cómplices se tome venganza.
Pero existen los fanáticos y militantes. Los que tienen como capanga a Cristina Fernández de Kirchher y como líder espiritual al ex integrante de la Corte, el doctor Eugenio Raúl Zaffaroni.
Precisamente ayer, en el Senado, Cristina se sacó la careta y quedó claro que fue la jefa de la operación sucia contra el fiscal Carlos Stornelli que no casualmente hoy fue llamado a declaración indagatoria por el juez de La Cámpora, Alejo Ramos Padilla. Es imposible probar la inocencia de Cristina ante semejante montaña de pruebas y testimonios de mas de 30 arrepentidos, muchos de confianza de años de los K. Por eso el objetivo es claro: sacar a Stornelli de las causas que involucran a Cristina en la mega corrupción de estado y de esa manera poder zafar de la cárcel. La autora intelectual de esta maniobra es Cristina y el autor material fue, como casi siempre, Horacio Verbitsky.
Ayer, Cristina reveló una cantidad de datos y precisiones que solamente le puede haber entregado el juez Ramos Padilla. Habló de una carpeta escrita en inglés sobre Etchebes, el ex funcionario kirchnerista presuntamente extorsionado. Además, la exitosa abogada dio por cierto un testimonio suelto que asegura que un delincuente y mercenario como Marcelo D’Alessio viajó en el auto con personas de la “Embajada norteamericana”. Con esos papeles flojos, Cristina quiso probar que hay una persecución contra los dirigentes populares armada por los Estados Unidos, Macri, la justicia y el periodismo. Teoría conspirativa absolutamente delirante que ya había expuesto Luis D’Elía, antes de ir nuevamente a la cárcel.
Cristina también profanó un tema sagrado y se comparó con las víctimas de la dictadura a los que además de “encerrarlos, -dijo- les robaban los muebles y otras cosas”.
La mayoría de los jueces y fiscales militantes integra la mal llamada Justicia Legítima. Es la agrupación kirchnerista liderada en su momento por la doctora María Laura Garrigós de Rébori o por Alejandra Gils Carbó. Ellos creen igual que Cristina y Diana Conti que la justicia debe ser elegida por el voto popular y es una de las propuestas que tienen para reformar la Constitución si llegan a ganar las elecciones en octubre. Ellos están convencidos además que Cristina, casi todos sus familiares, casi todos sus ministros y casi todos sus secretarios se hicieron mega millonarios porque son unos genios de las finanzas y que la justicia los persigue por su ideología. Hablan de los pobres y se hicieron magnates. Se llenan la boca con la redistribución de la riqueza y la redistribuyeron entre ellos.
Justicia Legítima que debería llamarse “Injusticia ilegítima”. Tienen la cara de piedra. Son rápidos para los mandados que les piden los amigos. A los enemigos ni justicia. Pero a los amigos, todo.
Esto deberían analizarlo los votantes. Además de la economía también están los que combaten de verdad al delito y lo que miran para otro lado incluso en situaciones gravísimas como estafas, crímenes, narcotraficantes, enriquecimientos colosales, asociaciones ilícitas para saquear al estado como la que lideró Cristina o simplemente en hechos menores como los motochorros que, por lo general, roban a chicos y a mujeres indefensas.
Hay muchos jueces y fiscales ejemplares, valientes, honrados y de gran capacidad intelectual pero estos otros dinamitaron la credibilidad de la justicia que ya venía muy deteriorada.
No tienen derecho. No hay derecho. No se ajustan a derecho. Es una burla a todos los ciudadanos de a pie, de carne y hueso, que hacen esfuerzos descomunales todos los días para trabajar honradamente, para educar a sus hijos y para pagar los impuestos feroces que, entre otras cosas, mantienen al Poder Judicial.
El jurista brasilero Ruy Barbosa de Oliveira, dolorosamente, dice que de tanto ver el triunfo de los corruptos, “el hombre llega a desanimarse de la virtud, a reírse de la honra y a tener vergüenza de ser honesto».
Es una vergüenza del tamaño del estado. Los ciudadanos honestos están hartos de que la impunidad les escupa en la cara. Son delitos de lesa indignidad. Injusticia ilegítima y está todo dicho.
Que todos paguen por lo que hicieron. Si todos quedan en libertad no tendremos futuro. Porque si no se condena a los corruptos se castiga a los honestos. La señal hacia la sociedad es terrible: sigan robando muchachos que no pasa nada.
La impunidad es un veneno mortal para las democracias. Es una invitación a cometer delitos. La República no existe sin justicia. Por eso hay que poner el grito en el cielo. Y como María Elena, pedirle a la señora de los ojos vendados que está en los tribunales que se quite la venda y mire cuanta mentira.
Justina nos ilumina – 27 de febrero 2019
Hoy la información está en la tapa de Clarín. Y no es para menos. El primer bimestre de este año se produjo el record histórico de donación de órganos. Los datos son muy alentadores. En dos meses y gracias a 130 donantes se realizaron 261 trasplantes de órganos y 221 de córneas. El titular del INCUCAI, Alberto Maceira le dijo al diario que esto era “algo maravilloso”.
Hoy es el día mundial del trasplante y en la fachada de la Casa Rosada colgaron una gigantografía con la carita de Justina en su homenaje.
Por eso, yo no me canso de repetir esta columna que confirma que todos los días hay una buena noticia. O como en este caso, una extraordinaria noticia.
Pocas veces se vio a la Cámara de Diputados inundada por la emoción y por la unanimidad. Igual que en Senado, todos los legisladores votaron la ley que produjo un cambio histórico, porque instaló que todos los mayores de 18 años somos donantes de órganos salvo que se exprese lo contrario en vida. Esta es una noticia luminosa. Hay 7.581 personas en la lista de espera de algún órgano para el trasplante. No se necesita más el consentimiento de la familia y eso es un avance inmenso.
Muchos diputados no pudieron contener sus lágrimas cuando Pablo Kosiner de Salta mostró la foto de su hijo Juan Pablo que murió a los 16 años porque el órgano que necesitaba no llegó.
Había que ver a la familia de Justina Lo Cane en pleno, sus padres, sus hermanos, sus abuelos, abrazarse como quien se abraza con Justina. Su madre, Paola confesó sus sentimientos más profundos: “Con esta ley transformamos el dolor en alegría. Por supuesto que nunca superaremos la angustia de su ausencia. Pero yo sé que ahora Justina me está abrazando y me dice: Mami, lo logré. Mamita querida, lo logramos”.
Es el final de una historia que conmovió a todos los argentinos.
Justina estaba internada en la Fundación Favaloro. Estaba primera en la lista del Incucai porque necesitaba un corazón en forma urgente. Justina tenía la sonrisa y la mirada pícara de todas las nenas de 12 años. Una cardiopatía congénita le complicó su vida y finalmente la llevó a la muerte. Se la descubrieron al año y medio y desde entonces la fueron piloteando con atención rigurosa y medicamentos adecuados. Pero su ventrículo lastimado dijo basta.
Por eso era tan urgente el trasplante. Ella manifestaba una fuerza y un coraje que apuntalaba a su familia. Tenía el corazón con agujeritos pero tenía un corazón así de grande. Solidario y bondadoso. Siempre me gusta decir que los únicos discapacitados que existen son aquellos que no tienen corazón.
Cuando Ezequiel Lo Cane, su padre, le explicó lo que estaba pasando Justina, no pensó en ella. Pensó en los demás. Con esa carita angelical que tenía lo miró y le dijo: “Papi, ayudemos a todos los que podamos”. Fue difícil para todos no llorar ante semejante entrega generosa. “Papi, ayudemos a todos los que podamos”, se transformó en el combustible de una campaña extraordinaria para fomentar la donación de órganos. Se llamó “Multiplicar la vida por siete”. Es que cuando uno muere y dona sus órganos les puede prolongar la vida a siete personas. Y a veces a 9 o 10, porque hay tejidos que también pueden implantarse en otro ser humano y ayudarlo a que se aleje del abismo.
Justina recibía la visita de sus hermanos menores, de Ceferino de 9 y de Cipriano de 7. Y hablaban de las cosas de la vida, de los chicos. De música, del colegio, de las compañeras que le mandaban dibujitos. Uno que tenía pegado en su habitación era de corazones concéntricos y multicolores que repetían la esperanza como un rezo laico: “Multiplicar la vida por siete”. Ese objetivo fue el motor que movía todo. Mientras tanto, Justina esperaba el suyo.
Pero no llegó. Hoy Justina nos ilumina porque es una bandera de la donación. La mejor ley que pudimos conseguir lleva su nombre. Como si fuera un Cid Campeador, la tierna Justina ganó la batalla aún después de muerta.
Donar órganos es como sembrar mil esperanzas todos los días. Es la máxima solidaridad posible. Es la generosidad solidaria que se disemina en tierra fértil. Es una forma de procreación al alcance del ser humano por ser humano. ¿A cuántos hermanos podemos salvar? ¿Cuántos compatriotas pueden recibir semejante bendición? ¿Se lo preguntó alguna vez? ¿Hay otra forma superior de la entrega y el servicio hacia los demás? Es ser solidario con nuestro propio cuerpo aún después de muerto. Dar hasta que duela como pedía la Madre Teresa. Es como arrebatarle un poco de vida a la muerte, como ganarle algunas batallas.
Muchas veces la gente tira para atrás por desconfianza. La comprendo pero no la justifico. Hemos sufrido tantos engaños y desilusiones desde las instituciones que todo nos despierta sospecha. Pero en el caso de la donación de órganos hay que confiar. Nunca, jamás, se comprobó un solo caso en el que haya ocurrido algo poco claro o reñido con la ética. Hay tanta leyenda urbana producto de la ignorancia que vale la pena repetirlo una y mil veces. No se registran hechos de corrupción ni de malversación y mucho menos de tráfico vinculado al trasplante de órganos. Esas historias inventadas nos hacen mucho mal como sociedad. A todos, porque todos podemos ser donantes y todos podemos necesitar que nos donen un órgano. Uno nunca sabe su destino. Nunca sabe de qué lado del trasplante puede estar. Es actuar en defensa propia. Le recuerdo que la evaluación de los doctores del INCUCAI es muy rigurosa para confirmar la muerte. La ley exige que dos médicos, un terapista y un neurólogo firmen el acta de defunción. Y se hacen dos exámenes separados por seis horas. Hacen falta más campañas de concientización hacia la sociedad y capacitación para los médicos. Le repito: en este momento hay 7.581 personas en lista de espera. No son números de una planilla. Son hijos, padres, hermanos, novios, amantes, soñadores, tan argentinos como cualquiera de nosotros y esperan en la lista y desesperan en la angustia. La medicina avanza a pasos agigantados y los trasplantes son cada vez más frecuentes y exitosos en la Argentina pero en este bendito país los donantes no alcanzan. Hemos mejorado pero todavía falta. Los periodistas, los docentes, los religiosos, los políticos, los artistas, los deportistas y todos los que tenemos un micrófono, una tribuna o un púlpito desde donde difundir informaciones y pensamientos tenemos la responsabilidad social, la obligación moral de incitar a la esperanza, de fomentar la donación, de multiplicar la solidaridad de hacer una propaganda constante de los valores que nos hermanen más y nos hagan mejores personas y mejores argentinos. No hay otra. Un nuevo país solo tendrá mejores cimientos con mejores ciudadanos. Hubo campañas de todos los colores. Una que decía: escribir un libro, plantar un árbol, tener un hijo y donar un órgano. Hay que iluminar la vida de los donantes con la posibilidad de dar a luz sin ser padre o madre. Dar a luz a otro ser humano sin parir pero dando vida. Suena maravilloso. Es una epopeya que salva la vida de nuestros semejantes. ¿Hay algo superior a eso?
Donar órganos. Dar vida aún después de muertos es honrar la vida. Es multiplicarla por siete. Y Justina llevó esa bandera la victoria. Hoy es título de tapa de Clarín . Justina pudo concretar sus sueños, conseguir la máxima solidaridad posible.
A esta hora exactamente hay un donante en la calle. Eso que late en la patria no es otra cosa que nuestro corazón multiplicado. Combatiendo a la muerte, honramos la vida. Quién dijo que todo está perdido/ yo vengo a ofrecer mi corazón. Combatiendo a la muerte, honramos la vida. La gran Eladia nuestra que está en los cielos lo decía con toda luminosidad:
Eso de durar y transcurrir,
no nos da derecho a presumir,
porque no es lo mismo vivir,
que honrar la vida…