Estoy absolutamente convencido que la seguridad democrática es un derecho humano. Vivir, trabajar y estudiar en paz y tranquilidad con nuestras familias y defender la vida, es un reclamo justo y profundamente democrático y republicano.
Estoy seguro que los más perjudicados por la inseguridad son los argentinos más humildes que no tienen recursos para tener rejas, alarmas, o vidrios polarizados en autos que tampoco tienen. A sus hijos les roban la mochila, las zapatillas y hasta una campera sin que puedan hacer nada. Algunos pagan peaje a los patoteros para ir a su casa o a la escuela.
Estoy absolutamente en contra tanto del ex juez kirchnerista Raúl Eugenio Zaffaroni como del flamante presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Ambos son extremos antidemocráticos que coinciden en ideologizar el drama de la inseguridad y en lugar de solucionarlo con decisiones prácticas, lo potencian con sus demagogias populistas de izquierda y de derecha.
Zaffaroni intoxicó con sus teorías a gran parte de las universidades y los tribunales. Es un irracional defensor de los delincuentes porque considera que llegan a esa situación producto del sistema capitalista que los explota y los expulsa hacia la marginalidad. Solo defiende a los victimarios y jamás pone su mirada en la víctima. Es el gran responsable de la llamada “puerta giratoria”, donde muchas veces, un ladrón o un asesino sale en libertad a la velocidad de la luz.
Bolsonaro se siente un sheriff del lejano oeste y su condición de ex militar lo empuja a exigir al parlamento una ley de impunidad para los policías que hayan cometido delitos durante actos de servicio. Un verdadero despropósito que le da un cheque en blanco a las fuerzas represivas y que los coloca fuera de la igualdad ante la ley. Si el delincuente tiene uniforme policial debería pagar el doble que el delincuente de civil. Porque un policía tiene un arma que el estado le dió para que defienda a los ciudadanos. Bolsonaro les quiere dar licencia para matar. Eso no es seguridad, eso es legalizar a los escuadrones de la muerte.
Es cierto que en el 2017 hubo 64 mil muertes violentas en Brasil. Pero el remedio de Bolsonaro es peor que la enfermedad.
Esta Argentina necesita construir una seguridad democrática con gran nivel de consenso que combata al delito con toda la potencia del estado y que respete la ley como corresponde.
Para eso sus leyes, sus doctrinas tienen que estar tan lejos de Zaffaroni como de Bolsonaro.
El gobierno del presidente, Macri a través de una de sus ministras con mayor imagen positiva, Patricia Bullrich, propuso algunas cuestiones muy sensatas en los últimos días. La utilización de pistolas eléctricas que reducen al delincuente en lugar de armas letales en aeropuertos y trenes es un paso adelante. Es todavía más cuidadoso de la vida de las personas porque evita una masacre en el caso de que se produzca un tiroteo en un lugar donde transita una multitud. ¿Qué puede ser utilizado como picana eléctrica? Por supuesto, como puede ser utilizado un cable pelado para torturar a alguien. Eso debe tener juicio, castigo y condena ejemplar. Insisto con el concepto que me parece básico. Debemos estar en contra de todos los delitos (no importa quién los cometa) y a favor de respetar las leyes a rajatabla.
Otra propuesta es que alguien que cometa un delito grave y tenga de 15 años para arriba sea perfectamente imputable. También es muy razonable. Un asesinato, un secuestro extorsivo, una violación o un robo a mano armada deben ser castigados duramente. No puede ser que los adultos utilicen a jóvenes de esta edad para matar o secuestrar a alguien y se aprovechen de que de inmediato quedarían en libertad. Por supuesto que es un tema tan grave y delicado y por eso, también está previsto la creación de un régimen socio educativo y terapéutico para menores. El objetivo es que el primer delito sea al último que cometen y no que sea el comienzo de una carrera irrefrenable que lo lleve más temprano que tarde a matar o a morir. Le recuerdo que el 7% de los delitos lo cometen menores incitados por parientes o amigos mayores.
Otro tema polémico pero que tenemos que debatir y resolver de una buena vez tiene que ver con los extranjeros que cometen delitos o ingresaron en forma ilegal al país. El 20 % de los presos por cuestiones de narcotráfico, son extranjeros. Hay 1000 extranjeros que el gobierno quiere deportar cuanto antes. El Preámbulo de la Constitución Nacional le abre las puertas con generosidad a todos los hombres que quieran habitar el suelo patrio. Insisto y subrayo: que quieran habitar esta tierra y no delinquir en esta tierra. Además no estamos descubriendo nada original. En la mayoría de los países del mundo los extranjeros que cometen delitos, son deportados. Lo único que falta es que el contribuyente argentino tenga que bancar todo lo que cuesta una cárcel y su mantenimiento a alguien que no respetó las leyes.
Para eso se propone endurecer la Ley de Migraciones y crear un Fuero Migratorio. Es algo muy razonable y positivo. Miguel Ángel Pichetto, precandidato a presidente del Partido Justicialista y peronista leal a todos los peronismos de Menem a Cristina, fue brutal cuando lo expresó: “Hay que echar a patadas a los extranjeros que delinquen”.
Sería bueno que quede claro que en mi caso no estoy en contra de los jóvenes ni de los extranjeros. Todo lo contrario, estoy en contra de todos los ladrones, asesinos y violadores. No me importa si son argentinos o extranjeros, uniformados o civiles, curas o laicos o kirchneristas o macristas. El que cometió un delito tiene nombre: delincuente.
Tal vez en el Congreso de la Nación, con el apoyo de los que quieren resolver problemas graves, se puedan lograr las mayorías correspondientes para aprobar las leyes que sean necesarias.
Los narcos y los pistoleros más feroces tiran a matar. La democracia se tiene que defender con fuerzas de seguridad honradas, bien preparadas y con respaldo social y del estado y con una justicia que deje de actuar con un presunto progresismo zaffaroniano y se dedique a darle respuestas a las víctimas.
¿Está claro? El estado no debe permitir que ningún argentino cometa delitos. Y si tiene uniforme mucho menos. Pero debe apoyar y fomentar que se combata el delito.
Es sencillo, lo dijo Perón: dentro de la ley todo, fuera de la ley, nada.
Hay que huir del camino que nos lleva a la justicia por mano propia. Al ojo por ojo que termina con la sociedad ciega. Y a la venganza que es el más primitivo y reaccionario de los sentimientos. No estoy para nada de acuerdo con la pena de muerte. Además es ilegal. No existe en la Argentina. Aunque como dice Rolando Barbano, muchos jueces presuntamente garantistas decretan la pena de muerte de hecho para las víctimas de delitos.
Pero tampoco estoy de acuerdo en que los que roban, violan o matan, entren por una puerta y salgan por la otra muchas veces antes que la familia entierre a su muerto.
No estoy de acuerdo con “el viva la pepa” nefasto de las excarcelaciones. Delincuentes peligrosos y reincidentes seriales son liberados con una facilidad criminal.
Necesitamos una policía de manos limpias y de mano justa, no de mano dura y tampoco de brazos caídos.
Y el gobierno debe seguir con la depuración de las fuerzas de seguridad.
Scioli y Cristina no hicieron nada. Pactaron con las mafias de uniforme. ¿Se acuerda de Cristina que ignoró el reclamo y dijo que era un problema de los ricos y una bandera de la derecha? ¿O de Aníbal Fernández, cuando no, que rompió el boludómetro y dijo que era una mera sensación térmica.
El combate contra el delito deber ser urgente. Y con las mejores armas. No es tan difícil de entender. Premios a los buenos y castigos a los malos.
No hay que apostar al autoritarismo pero tampoco a la anarquía que genera la pasividad. Autoridad es lo que hay que reconstruir. Autoridades policiales y judiciales que apliquen la ley con todo rigor y sin amiguismos.
Para “vivir sin miedo y no convivir con el miedo”. El miedo es el peor veneno de una sociedad y de un individuo. Siempre el pánico nos saca lo peor de nosotros.
Hay que ser duro con los delitos duros y duro con las causas que llevaron a esa persona a delinquir? Pero mientras tanto hay que proteger la vida de la gente. Sin Zaffaronis ni Bolsonaros.
Andrea a juicio oral – 4 de enero 2019
La información que asegura que Andrea del Boca está a un paso de ir a juicio oral está en todos los diarios. Efectivamente, estamos en condiciones de asegurar que dentro de un mes, el fiscal Gerardo Pollicita va a tomar esa determinación. Faltan apenas 30 días para que el juez Sebastián Ramos disponga de todos los requisitos para que eso ocurra.
Parece una novela negra. Negra y sucia como la plata de todos los argentinos que robaron y lavaron el ministro Julio de Vido y la actriz Andrea del Boca. Lamentablemente no es ficción. No es un culebrón. Es una realidad terrible y dolorosa que, una vez más, confirma los niveles astronómicos de corrupción del gobierno de Cristina y sus cómplices. Porque estamos hablando de una metodología para el robo sistemático. Ya sabemos que la autora ideológica y principal beneficiaria fue Cristina pero que el gerente de coimas y retornos siempre fue el ministro De Vido. Hoy está preso en la cárcel de Marcos Paz y tanto su esposa Lali Miniccelli como otro cómplice del gabinete, Aníbal Fernández nos quieren hacer creer que don Julio es un preso político, un perseguido por la oligarquía macrista.
Pero volvamos a la novela de Andrea: “Mamá corazón” que hoy podríamos rebautizar: “De Vido corrupción”.
El juez Sebastián Ramos procesó al ministro, la actriz y también a quien fue rector de la Universidad de San Martin, Carlos Ruta. Además fueron embargados en 50 millones de pesos la dama y 60 millones los caballeros. Entre otros procesados también aparece Liliana Mazure, en aquel momento a cargo del INCAA.
El cristinismo corrompió todo lo que tocó. Ensució de coimas incluso a varias universidades con el objetivo de triangular el dinero y evitar las necesarias licitaciones y controles republicanos.
Lo de Andrea del Boca es solo una parte. Pero por este sistema ilegal y perverso, De Vido firmó convenios por 344 millones de pesos con la Universidad de San Martin. Insisto, esto es apenas un ejemplo. Porque esta estafa nefasta la hizo con la complicidad de varias universidades. A los K no les tembló la mano en embarrar de actitudes mafiosas aun los símbolos más sagrados como pueden ser los pañuelos blancos de las Madres de Plaza de Mayo o los claustros universitarios. De hecho, entre la decena de causas que De Vido tiene en la justicia está la estafa de la Fundación Sueños Compartidos que fueron más pesadillas que otra cosa para que Sergio Schoklender, Abel Fatala y Hebe de Bonafini tengan que explicar lo inexplicable ante los tribunales.
De esos 344 millones de pesos en una sola de las universidades, se distribuyeron fondos por adjudicación directa. Bien discrecional y arbitrario. La Universidad de San Martin hacía un pase de mano y se quedaba con el 10 % en concepto de gastos administrativos y los entregaba a productoras privadas. Eso es delito por donde se lo mire. Por eso el magistrado a cargo de la causa los está acusando de “defraudación y administración fraudulenta”. De Vido le dio 344 millones a Carlos Ruta y la ruta del dinero siguió entre otros hacia Andrea del Boca y la empresa Tostaki de la que también le quiero hablar especialmente.
El juez Ramos enumera en su escrito más de 20 irregularidades que detectó la SIGEN (Sindicatura General de la Nación)
Mamá Corazón es un agujero negro de truchadas. Había 121 millones destinados para la novela de Andrea. Se contrató a su productora por 36 millones y la productora solo facturó 27 y finalmente cobró efectivamente 25 millones. Es increíble como en cada paso todos fueron mordiendo una parte del dinero. En el camino, cada uno se fue quedando con un pedazo del dinero. Pero como si esto fuera poco, la novela ni siquiera se terminó. No fue magia, fue mafia e impunidad kirchnerista.
Para los amigos, todo. Para los enemigos ni justicia. Y Andrea del Boca era peronista, y amiga de Cristina. Tal vez por eso “Mamá Corazón” no fue el primer proyecto en recibir dinero del gobierno kirchnerista. En 2013, Andrea ya había embolsado 30 millones para hacer la miniserie llamada “Esa Mujer”.
Le dije que quería analizar especialmente la productora Tostaki. Se licitaron 10 series y una ganó “El Pacto” aunque luego, el expediente se perdió en el triángulo de las bermudas del Instituto del Cine que lideraba Mazure. Qué casualidad, ¿no le parece?
“El Pacto” fue un panfleto burdo que no calificaría como miniserie en ningún lugar del mundo. Fue un largo spot de propaganda K con el objetivo de atacar al grupo Clarín y el origen de Papel Prensa.
Fueron 13 episodios pero Mike Amigorena se bajó antes del proyecto cuando registró que su imitación de Héctor Magnetto era un ataque grosero y de mal gusto. El brulote fue un fracaso de audiencia en el que trabajó la crema de los actores K: Cecilia Roth, Federico Luppi, Cristina Banegas, Luis Ziembrowski, entre otros. Ya pasaron 7 años pero muchos recuerdan que Gustavo Garzón hizo del genocida Videla y que hasta Dalma Maradona hizo algún papel menor. El guión fue de Marcelo Camaño, y lo más grave de todo para la justicia fueron las productoras. Oruga y Tostaki que era de Alessandra “Lali” Minnicelli y Marta Cascales, las esposas del ministro Julio de Vido y Guillermo Moreno, respectivamente. ¿Se entiende? De Vido le dio fortunas de todos los argentinos a una universidad que se quedó con el 10 % y la pasó a productoras privadas sin licitación. Una de las productoras era la de Andrea del Boca y la otra la de su esposa Lali que también va a tener que explicar estas cuestiones ante la justicia.
Le recuerdo que Minnicelli tiene preso a su esposo De Vido y también a su hermano, el Mono, por integrar la mafia de las aduanas y el contrabando. Hasta su hijo aparece involucrado en una de las causas de Odebrecht. Lo primero es la familia.
Si sumamos a todas las universidades y todos los proyectos artísticos de don Julio hay más de 2 mil millones en juego y en muchas series de calidad despareja tirando a bajada de línea mediocre.
Además de Andrea del Boca y la productora de las esposas de De Vido y Moreno aparece muy beneficiada en la lista Atuel Producciones. Pertenecía a la actriz Melina Petriella y el rol de lobista lo tuvo Hugo de Vido, el hermano de don Julio. Bingo. En su momento Darío Lopérfido lo acusó de ser el responsable de “el mayor fraude fiscal de la historia audiovisual” donde llegaron a evadirse más de mil millones de pesos.
Y entre los actores que más veces participaron en emprendimientos de este tipo aparece Luis Machin en 13 ocasiones, Alejandro Awada en 8, Juan Palomino en 7 y Osmar Nuñez en 5.
De todos modos, el Tigre De Vido ya tiene demasiadas manchas y una mas no le hace nada.
El otrora gerente del cartel de pingüinos y coimas tiene que rendir cuentas ante la justicia por varios temas y está pasando su peor momento. Le recuerdo que fue abandonado por Cristina y sus compañeros diputados votaron el desafuero para que vaya preso. Pero conviene recordar otras causas que nunca hay que olvidar:
1) Gasoductos Odebrecht
2) Sueños compartido con Hebe
3) Rio Turbio por la que está detenido.
4) Gas Natural Comprimido
5) Renegociación de contratos ferroviarios
6) Subsidios a colectivos
7) Direccionamiento de la obra pública a su compañero de prisión: Lázaro Báez
8) Compra de trenes chatarra.
9) Siniestro de estación Once. Está acusado de estrago culposo por la muerte de 51 personas
10) Nueva denuncia de Laura Alonso de la Oficina anticorrupción
Esta causa es directamente alucinante por el nivel de impunidad que sentían. Escuche bien: don Julio, con su firma le pagó 70 millones de dólares a una empresa por la construcción de un gasoducto. Lo escandaloso es que del gasoducto no hay ni un ladrillo construido y que ese pago, repito de 70 millones de dólares, lo autorizó 8 días antes de irse del poder. Perdió la chaveta, la vergüenza y se quedó sin estómago. Ocho días antes de dejar el gobierno le regaló 70 millones de dólares a una empresa de Santa Cruz. ¿Qué me cuenta?
El contrato total era por 218 millones de dólares y se hizo sin licitacion ni auditorias pero con sobreprecios y la obra nunca comenzó. Además ese contrato se firmó en 24 horas, dicen que es el que más rápido se firmó en la historia.
Estos muchachos de Cristina y Cristina no dejaron delito por cometer. Fueron el gobierno más corrupto de la historia democrática. Muchos artistas, defensores de los derechos humanos y universidades, lamentablemente, fueron utilizados como partícipes necesarios de varias estafas de este tipo. Algunos se dieron cuenta a tiempo y se eyectaron. Pero otros hoy siguen levantando las banderas de Cristina porque sueñan con convertir a la Argentina en la Venezuela chavista. Esa sería una novela negra, negra y sucia como la plata que robaron y lavaron con De Vido corrupción.
La silla del tenis – 3 de enero 2019
No se puede creer. Parece una broma macabra de algún perverso pero es la pura realidad. Por segunda vez las aerolíneas que trasladaron a Oceanía a Gustavo Fernández, le perdieron la silla de ruedas con la que compite entre los mejores jugadores de tenis adaptado del mundo.
¿Escuchó bien semejante locura? No es que perdieron un par de lentes o un celular. Se trata de una silla de ruedas hecha a medida y encima es la segunda vez que se lo hace en un año.
Gustavo viajó a Oceanía para jugar el Gran Slam del año.
Le recuerdo quien es Gustavo Fernández. Es un héroe del tenis y la vida. Este atleta que es un ejemplo de superación personal y profesional. No se trata del español Rafael Nadal. No se trata del tandilense Juan Martín Potro. Gustavo Fernández, de él se trata y está tercero en el ranking y en julio de 2017 llegó a estar en el primer lugar.
Estamos hace días tapados de barro y de coimas. Hace días que estamos siguiendo como corresponde, minuto a minuto, todo lo que pasa en el mundo mafioso de los corruptos K, en el balance preocupante de la economía y desde ayer con toda la información de estos violadores de una menor de edad en el camping de Miramar. No me quejo. Eso es parte de nuestra tarea. Pero es una parte, nomás. Hay momentos en que todos necesitamos, todos, ustedes y nosotros, un poco de aire puro para seguir creyendo en la condición humana. Para confirmar que los buenos somos muchos más que los malos aunque hagamos menos ruido. No vamos a descuidar ni un segundo la cobertura sistema gigantesco para saquear al estado que ahora se está ventilando con pelos y señales, con pruebas y arrepentidos. Pero hoy quiero poner en el centro de la atención la noticia de la pérdida de la silla de ruedas de Gustavo y la película de su epopeya.
El cordobés Gustavo Fernández, en su momento perdió la final de Roland Garrós contra el japonés Shingo Kunieda. El “Gusti”, como lo dicen sus amigos de Rio Tercero ya logró la hazaña de ganar Roland Garrós hace dos años. También fue campeón del Abierto de Australia el año pasado.
En el abierto de Bélgica logró su título número 40 y el tricampeonato. Perdió la final de Wimbledon y pudo incursionar en el golf tirando unos golpes en Estados Unidos, de vacaciones con su familia.
Gustavo es un deportista de un coraje sin igual. Tiene apenas 24 años y una carrera extraordinaria en tenis adaptado o en tenis sobre silla de ruedas. Vale la pena verlo. La destreza, la capacidad de llegar a todas las pelotas sobre sus dos ruedas, el saque feroz que tiene con esos brazos de acero. Es conmovedora la manera en que sacó fuerzas de flaquezas. Todos los días supera un límite más. Todos los días corre la meta un poco más allá. Compite contra sí mismo.
La tragedia ocurrió cuando Gustavo tenía apenas un año y medio. Estaba jugando con su padre y se cayó. En el suelo, miró a su viejo y le dijo que no sentía las piernas. El mundo se derrumbó encima de la familia Fernández, una familia de deportistas acostumbrados al sacrificio y al esfuerzo cotidiano. En Argentina no supieron decirle que había pasado con su cuerpito. Todos sus ahorros fueron para hacer una consulta en Estados Unidos y allí le diagnosticaron “un infarto medular”, una enfermedad tan rara que solo se registra un caso en 20 millones. Después del llanto y el dolor, los Fernández decidieron ponerse de pié y ayudar a que su hijo pusiera de pié su alma y su corazón a pesar de que tenía paralizado su cuerpo desde el pecho para abajo. Sin darse por vencido y con mucha rehabilitación, Gustavo Fernández recuperó la sensibilidad hasta la cintura. De todos modos es el tenista con mayor discapacidad en el circuito de tenis profesional adaptado. La mayoría de sus competidores son amputados o gente que camina. Él tiene que hacer un esfuerzo superior para mantener el equilibrio porque no tiene uso del abdomen bajo. Le cuesta mucho hacer el balance en cada raquetazo o en cada arranque de su silla de ruedas.
Gustavo tuvo la suerte de nacer en una familia de deportistas donde el entrenamiento diario, la disciplina, la vida sana, la competencia y la mejoría permanente le dieron los instrumentos para convertirse en el tenista de elite que es hoy. Hizo básquet, natación y hasta fútbol.
Jamás olvidará su familia el día que llevó la bandera y encabezó la delegación de Argentina de los juegos Olímpicos en Rio de Janeiro 2016. Cuando entró al legendario estadio Maracaná haciendo flamear la celeste y blanca las lágrimas fueron agua bendita para la casa de Los Fernández. Gustavo “El Lobito”, el padre fue figura descollante de la Liga Nacional de Básquet y ahora es el director técnico de Estudiantes de Olavarría. Juan Manuel su otro hijo, siguió su camino en la selección argentina y en Europa. Y Nancy, su madre, fue la que le inculcó el bichito del tenis que ella practicaba solo como entretenimiento.
Muchos le dijeron a Gustavo que no iba a poder con semejante epopeya. Pero pudo. Apretó los dientes, hizo fierros y le puso una energía poderosa a cada entrenamiento. Gustavo disfruta la vida con la risa de sus amigos en los boliches, se divierte con su novia, le gustan las series de la tele, las milanesas caseras, y siempre, anda con el bolso de las raquetas y la valija porque vive más en los aviones que en la tierra maravillosa del embalse del Rio Tercero.
En Gustavo deberíamos pensar todos los que nos enojamos o nos hacemos un drama terrible por cualquier pavada o dificultad de la vida cotidiana. En Gustavo deberían pensar lo que sufren alguna enfermedad o son discapacitados y creen que no van a poder salir adelante. Siempre tengo presente esa frase que dice que “el único discapacitado es el que no tiene corazón”. Y a Gustavo le sobra corazón. Para el amor, para la familia y para convertirlo en la garra y la actitud invencible con que afronta cada partido y cada torneo. Gustavo no tiene sus piernas en condiciones de caminar pero tiene resiliencia. Es la capacidad de recuperarse de la adversidad para seguir proyectando el futuro. Es la fortaleza de la autoestima. Del amor propio. La resiliencia es un concepto tomado de la ingeniería y la física. Es la aptitud de los materiales de regresar a su estado natural después de algún golpe fuerte. Un título de una película nos puede ayudar en la definición: “Retroceder nunca, rendirse jamás”.
Gustavo Fernández no retrocedió nunca ni se rindió jamás. Derrotó primero a sus propios temores y luego a los prejuicios de los demás. Gustavo tiene una frase que nos enseña: “No es cuestión de ver lo que no tenés, sino de saber qué es lo que hacés con lo que sí tenes.”
La historia del tenista de acero es inspiradora para todos. Aquel fin de semana fue subcampeón en Paris y después se fue para Rusia. Quiso alentar a Messi y compañía en el mundial de fútbol. Tenía entradas para ver el partido contra Nigeria en San Petersburgo. Gustavo juega con una intensidad envidiable. Aprendió que las derrotas enseñan más que las victorias y dice que no se siente un súper héroe porque no hace nada fuera de lo normal. Tiene tres medallas de oro y una de plata en los juegos para Panamericanos. A los 24 años le ganó cientos de partidos a aquel maldito accidente de niño.
Acaba de subir una vez más a la cima del tenis mundial adaptado: no es Nadal ni Del Potro. Pero es un orgullo para los argentinos. Es el tenista de acero que ya está pensando en su próximo triunfo. Solo que ahora tiene que superar otro inconveniente más: le han perdido la silla de rueda por segunda vez. No se puede creer.