Record de trasplantes – 2 de enero 2019

Una de las mejores noticias del año pasado fue que se batieron todos los records de trasplantes y de donación de órganos. Hubo 633 donantes y en agosto se superó todas las expectativas con 88 casos. Antes el 42% de los argentinos manifestaban que no querían ser donantes. Ese porcentaje ahora pasó solamente al 17%.
¿Qué pasó? Es el resultado concreto de la aprobación de la ley 27.447 más conocida como “La ley Justina”. Eso fue el 4 de julio. ¿Se acuerda?
Pocas veces se vio a la Cámara de Diputados inundada por la emoción y por la unanimidad. Igual que en Senado, todos los legisladores votaron la ley que produjo un cambio histórico, porque instaló que todos los mayores de 18 años somos donantes de órganos salvo que se exprese lo contrario en vida. Esta fue una noticia luminosa, la mejor del año pasado. Hay más de 10.500 personas en la lista de espera de algún órgano para el trasplante. No se necesita más el consentimiento de la familia y eso es un avance inmenso.
Muchos diputados no pudieron contener sus lágrimas cuando Pablo Kosiner de Salta mostró la foto de su hijo Juan Pablo que murió a los 16 años porque el órgano que necesitaba no llegó.
Había que ver a la familia de Justina Lo Cane en pleno, sus padres, sus hermanos, sus abuelos, abrazarse como quien se abraza con Justina. Su madre, Paola confesó sus sentimientos más profundos: “Con esta ley transformamos el dolor en alegría. Por supuesto que nunca superaremos la angustia de su ausencia. Pero yo sé que ahora Justina me está abrazando y me dice: Mami, lo logré. Mamita querida, lo logramos”.
Es el final de una historia que conmovió a todos los argentinos.
Justina estaba internada en la Fundación Favaloro. Estaba primera en la lista del Incucai porque necesitaba un corazón en forma urgente. Justina tenía la sonrisa y la mirada pícara de todas las nenas de 12 años. Una cardiopatía congénita le complicó su vida y finalmente la llevó a la muerte. Se la descubrieron al año y medio y desde entonces la fueron piloteando con atención rigurosa y medicamentos adecuados. Pero su ventrículo lastimado dijo basta.
Por eso era tan urgente el trasplante. Ella manifestaba una fuerza y un coraje que apuntalaba a su familia. Tenía el corazón con agujeritos pero tenía un corazón así de grande. Solidario y bondadoso. Siempre me gusta decir que los únicos discapacitados que existen son aquellos que no tienen corazón.
Cuando Ezequiel Lo Cane, su padre, le explicó lo que estaba pasando Justina, no pensó en ella. Pensó en los demás. Con esa carita angelical que tenía lo miró y le dijo: “Papi, ayudemos a todos los que podamos”. Fue difícil para todos no llorar ante semejante entrega generosa. “Papi, ayudemos a todos los que podamos”, se transformó en el combustible de una campaña extraordinaria para fomentar la donación de órganos. Se llamó “Multiplicar la vida por siete”. Es que cuando uno muere y dona sus órganos les puede prolongar la vida a siete personas. Y a veces a 9 o 10, porque hay tejidos que también pueden implantarse en otro ser humano y ayudarlo a que se aleje del abismo.
Justina recibía la visita de sus hermanos menores, de Ceferino de 9 y de Cipriano de 7. Y hablaban de las cosas de la vida, de los chicos. De música, del colegio, de las compañeras que le mandaban dibujitos. Uno que tenía pegado en su habitación era de corazones concéntricos y multicolores que repetían la esperanza como un rezo laico: “Multiplicar la vida por siete”. Ese objetivo fue el motor que movía todo. Mientras tanto, Justina esperaba el suyo.
Pero no llegó. Hoy Justina es una bandera de la donación. La mejor ley que pudimos conseguir lleva su nombre. Como si fuera un Cid Campeador, la tierna Justina ganó la batalla aún después de muerta.
Donar órganos es como sembrar mil esperanzas todos los días. Es la máxima solidaridad posible. Es la generosidad solidaria que se disemina en tierra fértil. Es una forma de procreación al alcance del ser humano por ser humano. ¿A cuántos hermanos podemos salvar? ¿Cuántos compatriotas pueden recibir semejante bendición? ¿Se lo preguntó alguna vez? ¿Hay otra forma superior de la entrega y el servicio hacia los demás? Es ser solidario con nuestro propio cuerpo aún después de muerto. Dar hasta que duela como pedía la Madre Teresa. Es como arrebatarle un poco de vida a la muerte, como ganarle algunas batallas.
Muchas veces la gente tira para atrás por desconfianza. La comprendo pero no la justifico. Hemos sufrido tantos engaños y desilusiones desde las instituciones que todo nos despierta sospecha. Pero en el caso de la donación de órganos hay que confiar. Nunca, jamás, se comprobó un solo caso en el que haya ocurrido algo poco claro o reñido con la ética. Hay tanta leyenda urbana producto de la ignorancia que vale la pena repetirlo una y mil veces. No se registran hechos de corrupción ni de malversación y mucho menos de tráfico vinculado al trasplante de órganos. Esas historias inventadas nos hacen mucho mal como sociedad. A todos, porque todos podemos ser donantes y todos podemos necesitar que nos donen un órgano. Uno nunca sabe su destino. Nunca sabe de qué lado del trasplante puede estar. Es actuar en defensa propia. Le recuerdo que la evaluación de los doctores del INCUCAI es muy rigurosa para confirmar la muerte. La ley exige que dos médicos, un terapista y un neurólogo firmen el acta de defunción. Y se hacen dos exámenes separados por seis horas. Hacen falta más campañas de concientización hacia la sociedad y capacitación para los médicos. Le repito: en este momento hay más de 10.500 personas en lista de espera. No son números de una planilla. Son hijos, padres, hermanos, novios, amantes, soñadores, tan argentinos como cualquiera de nosotros y esperan en la lista y desesperan en la angustia. La medicina avanza a pasos agigantados y los trasplantes son cada vez más frecuentes y exitosos en la Argentina pero en este bendito país los donantes no alcanzan. Hemos mejorado pero todavía falta.
Los periodistas, los docentes, los religiosos, los políticos, los artistas, los deportistas y todos los que tenemos un micrófono, una tribuna o un púlpito desde donde difundir informaciones y pensamientos tenemos la responsabilidad social, la obligación moral de incitar a la esperanza, de fomentar la donación, de multiplicar la solidaridad de hacer una propaganda constante de los valores que nos hermanen más y nos hagan mejores personas y mejores argentinos. No hay otra. Un nuevo país solo tendrá mejores cimientos con mejores ciudadanos. Hubo campañas de todos los colores. Una que decía: escribir un libro, plantar un árbol, tener un hijo y donar un órgano. Hay que iluminar la vida de los donantes con la posibilidad de dar a luz sin ser padre o madre. Dar a luz a otro ser humano sin parir pero dando vida. Suena maravilloso. Es una epopeya que salva la vida de nuestros semejantes. ¿Hay algo superior a eso?
Donar órganos. Dar vida aún después de muertos es honrar la vida. Es multiplicarla por siete. Y Justina llevó esa bandera la victoria. Hoy es título de todos los diarios. Justina pudo concretar sus sueños, conseguir la máxima solidaridad posible. A esta hora exactamente hay un donante en la calle. Eso que late en la patria no es otra cosa que nuestro corazón multiplicado. Combatiendo a la muerte, honramos la vida. Quién dijo que todo está perdido/ yo vengo a ofrecer mi corazón. Combatiendo a la muerte, honramos la vida. La gran Eladia nuestra que está en los cielos lo decía con toda luminosidad: Eso de durar y transcurrir,
no nos da derecho a presumir,
porque no es lo mismo vivir, que honrar la vida…

Un año bisagra – 1 de enero 2019

Este 2019 que hoy comienza no va a ser cualquier año en la vida democrática de nuestra querida Argentina. Será una bisagra. Será un examen para todos los argentinos. Vamos a comprobar si los valores de la Republica como la ética y la justicia se han instalado definitivamente en nuestro ADN o apenas fueron aves de paso en nuestra preocupación. El 27 de octubre, 35 millones de argentinos vamos a elegir mucho más que un presidente. Vamos a elegir mucho más que 130 diputados y 24 senadores nacionales. Dentro de apenas 170 días vence el plazo para presentar la lista de los candidatos. El año va a estar lleno de comicios provinciales para elegir 22 de los 24 gobernadores y todavía no sabemos si se harán las PASO que están convocadas para el 11 de agosto.
Hay varias incógnitas que tenemos que resolver.
Primero: ¿Mauricio Macri termina su mandato en tiempo y forma? Todo indica que si. Que se va a convertir en el primer presidente no peronista en 90 años, desde Marcelo T de Alvear en entregar la banda presidencial. Esta minusvalía institucional demuestra la inmadurez de nuestra democracia. Da vergüenza ajena que solamente los gobiernos de un solo partido, el peronismo, haya culminado su mandato. El resto tuvo que huir antes, entregar el mando antes de tiempo. Muchas veces frente a la inoperancia propia y la mayoría, frente a la hostilidad sindical y política y los palos en la rueda destituyentes a las que lo sometió el peronismo en todas sus variantes.
Es probable que Macri logre esta hazaña republicana y entregue la banda el 10 de diciembre a otro presidente o a si mismo si es reelecto. Solo una corrida cambiaria de proporciones, un cisne negro o un estallido social pueden poner en cuestión esa situación.
La segunda gran incógnita es si Macri puede ganar o Cristina puede volver o hay tiempo y espacio para una nueva alternativa peronista. Otra cosa no se ve en el horizonte.
Todavía falta mucho, por supuesto para aventurar una respuesta. Pero según todas las encuestas serias y los indicios disponibles, hay dos situaciones que debemos seguir con lupa para ver cómo evolucionan.
Primero, la economía: Ya le comenté ayer que todos los indicadores económicos son muy malos para la Argentina productiva de consumo e igualitaria que muchos queremos ver. Con estas malas noticias, crece la cantidad de desilusionados con Macri y aumentan la posibilidad de que Cristina llegue al primer puesto. No porque quienes votaron a Macri ahora piensen en votar a Cristina. Eso es casi imposible. Hay sectores de clase media-media, cuentapropistas, plomeros, carpinteros, remiseros, profesionales jóvenes o pequeños comerciantes que suman alrededor de dos millones de personas y de votos. Son votantes de Macri en la segunda vuelta. Es decir que no son militantes de Macri ni votos cautivos. Votaron a Macri como una esperanza de cambio y para salir de la encerrona de Cristina y el peronismo que le chupaba las medias. En las encuestas le preguntan si están peor o mejor que antes en su trabajo y dicen que están peor. Golpeados por la caída de la actividad, la pérdida del poder adquisitivo del dinero y la insoportables presión fiscal y el aumento de tarifas. Son los desilusionados. La segunda pregunta es si esta vez votarían a Cristina: la inmensa mayoría responde que no. Que con Scioli y La Cámpora hubiéramos estado peor. Pero dudan cuando se les consulta si le van a dar otra oportunidad a Macri. Ese es el universo que Macri tiene que reconquistar si quiere ganar. Es un sector que necesita que bajen las tasas, que haya más crédito y que la rueda de la actividad se mueva de verdad.
En lo ético, en el lugar de Argentina en el mundo, en el combate contra los narcos y la inseguridad y en la obra pública, están de acuerdo. Es la mejor cara de Cambiemos. Pero el bolsillo les hace reclamos porque no llegan a fin de mes o se han tenido que achicar al máximo en sus gastos.
¿Podrá Macri seducir nuevamente a esos compatriotas heridos? ¿Logrará convencerlos que el cambio necesita de cuatro años más? Veremos. Los economistas más serios se han equivocado varias veces. Algunos dicen que en marzo y abril va a empezar a notarse una suave mejoría. Que la cosecha gruesa, la explosión de turismo interno, la exportación energética de Vaca Muerta van a ser los primeros motores en ponerse en marcha. También algunas economías regionales que pueden exportar frutas o carne. Ver para creer. Si eso ocurre, Macri aumenta sus posibilidades de quedarse en el poder acompañado de dos arietes fundamentales: María Eugenia Vidal que sigue siendo la dirigente con mayor imagen positiva y Horacio Rodríguez Larreta de gran gestión en la ciudad.
Por el contrario, si la Argentina productiva no despega y seguimos arrastrándonos en el barro del ajuste permanente y el aumento del desempleo y la pobreza, Macri corre el peligro de tener que entregarle la banda a Cristina, cosa que ella no se dignó a hacer en un gesto de altanería y capricho antidemocrático sin antecedentes.
El segundo tablero que hay que observar es el peronismo. Es diferente el análisis si van todos unidos detrás de la figura de Cristina. Eso casi garantiza el triunfo pese a que va a tener que hacer campaña sentada más tiempo en el banquillo de los acusados con varios juicios orales y 6 procesamientos que en la banca de senadora por la minoría que consiguió al perder con Esteban Bullrich.
Otra cosa es que haya una candidatura fuerte del justicialismo alternativo que está harto del autoritarismo verticalista y feudal de la ex presidenta. Creo firmemente que los gobernadores y los intendentes que tienen que pagar sueldos y gestionar sus distritos solo pueden parir una estrella taquillera electoral si rompen de verdad con Cristina y sus disvalores. Si salen públicamente a condenar a la corrupción estructural y a los funcionarios coruptos y si se ponen los pantalones largos con propuestas de futuro razonables es posible que se consolide Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey o la utopía de Roberto Lavagna. Deben evidenciar generosidad y desprendimiento y decir claramente que no quieren que Macri gane pero que tampoco están detrás de Cristina que fue la que fabricó la bomba de tiempo social de fragmentación que destruyó la Argentina y que Macri fracasó en su tarea de reparar gran parte de esos daños. Insisto con algo que le decía ayer. Hay una necesidad de gran parte de la población de recuperar la esperanza. La mayoría de los argentinos no quieren a Cristina pero a Macri lo tienen bajo observación. Hay un universo electoral inmenso que está huérfano de representación. Buscan un liderazgo democrático, republicano y eficiente que ataque de raíz los problemas de la indigencia, que termine con el hambre y la inseguridad y que nos coloque en una ruta internacional exportadora competitiva y con un alto nivel de consumo interno. Yo sé que no es fácil. Y que nada se puede construir de la noche a la mañana. Pero mucho depende de nosotros. Votar en defensa propia es votar lo menos malo. Eso es una salida de emergencia. Pero no es la salida luminosa que necesitamos para edificar una argentina más igualitaria y con más libertad para nuestros hijos.
Hay un tiempo de siembra para mejorar la cosecha. En ese tiempo estamos. Es el primer día del año, es el primer día de nuestro futuro.

Balance negativo – 31 de diciembre 2018

Es negativo el balance que todos los argentinos podemos hacer en este último día del año 2018.
Es negativo porque la causa de los cuadernos confirma que Cristina fue la jefa de la degradación ética más grave que sufrió nuestro bendito país y porque es responsable del fracaso económico y social de más de 12 años de kirchnerismo.
Pero el balance es negativo porque Mauricio Macri también es el responsable del fracaso en la titánica tarea de normalizar o reconstruir todo lo que la cleptocracia autoritaria destruyó.
Pese a todas las evidencias, Cristina sigue siendo la principal oposición a Macri y todo indica que marchamos hacia una polarización entre ambos.
Pese a la caída de su imagen porque todos los indicadores económicos son negativos, Macri sigue siendo la otra gran opción de esta democracia estancada que siempre parece volver al mismo lugar. La inoperancia del gobierno de Macri es la principal virtud de Cristina. Y la ventaja comparativa que tiene Macri es que su rival va a ser Cristina. Miles y miles de argentinos van a votar contra Cristina o contra Macri. Eso habla de una democracia poco edificante que todavía tiene muchas asignaturas pendientes con la sociedad.
Fue el año de los cuadernos. La mayor investigación periodística de la historia. Y es gravísimo que la Cámara Federal haya confirmado el procesamiento de Cristina con prisión preventiva como jefa de una asociación ilícita. Estamos hablando de una segunda instancia que ratifica todo lo resuelto por el juez Claudio Bonadio. Y aquí aparece el segundo nivel de inquietud para la exitosa abogada que nunca ganó un juicio pero lo perdió varias veces. Fuentes del juzgado de Bonadío dicen que el magistrado estaba esperando esta confirmación para tener más potencia institucional y pedir el segundo desafuero de Cristina al Senado de la Nación.
Es muy probable que ese pedido ocurra en los próximos días. El senador Miguel Angel Pichetto, dijo de inmediato que lo van a rechazar aplicando su doctrina de que “el principio de inocencia solo se quiebra con la sentencia firme”. El fiscal Carlos Stornelli le recomendó que lean de nuevo la ley de fueros.
Ese criterio que ayuda a la impunidad, no fue aplicado en diputados en el caso de Julio de Vido que fue desaforado y ahora está preso.
En dos palabras y para no despertar falsas expectativas: Cristina por ahora no va a ir presa. Van a rechazar el pedido de desafuero cuando lo solicite el juez.
Pero también es cierto que a Cristina no le va a resultar nada grato someterse nuevamente a ese mecanismo humillante de utilizar al Senado como un aguantadero. Eso la iguala a Carlos Menem.
Los jueces Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi en un minucioso escrito de 89 páginas embargaron a Cristina por mil quinientos millones de pesos y colocaron a Néstor como el otro jefe.
Como organizadores del robo del siglo quedaron Julio De Vido, Roberto Baratta, José López, Carlos Wagner, Gerardo Ferreyra y Ernesto Clarens. Estos fueron los gerentes de la banda delictiva. Los ejecutores.
Es demoledor es escrito cuando explica que la plata sucia iba a la punta de la pirámide. Que todos los caminos conducían no a Roma sino al matrimonio K.
En el caso del Presidente Macri termina el año en Villa La Angostura, de vacaciones, rodeado de cifras que son demoledoras para su credibilidad respecto de su capacidad y de la del equipo que lo rodea que hace mucho tiempo dejó de ser el mejor de los últimos 50 años.
Hay más desocupación y pobreza y nada indica que este desgarro social se vaya a revertir en el corto plazo. La inflación está bajando pero con la lentitud de una tortuga. El dólar está estable pero sostenido por un piso de cristal, peligrosamente frágil. No hay consumo ni crecimiento y la deuda y el riesgo país están por las nubes. Las tasas son directamente un ataque a la actividad productiva y los impuestos asfixian. Es el peor año económico desde la salida de la convertibilidad. Y como si esto fuera poco el gobierno no comunica un plan económico que vaya anticipando como salimos de este túnel terrible para encontrar la luz de un país normal, confiable y estable.
A pesar de esa contabilidad en rojo, es insólito que estemos hablando de un matrimonio Kirchner que gobernó durante más de 12 años casi con la suma del poder público y de una ex presidenta reelecta que hoy se propone volver a ser jefa del estado.
Insisto: La Cámara Federal, la segunda instancia, confirmó que Cristina lideró la banda criminal que recaudó montañas de fondos ilegales.
El juez Claudio Bonadío había decidido su sexto procesamiento y su segundo pedido para que vaya a la cárcel en forma preventiva. Es histórico e inédito.
Además aportó pruebas de que, solo en su famoso departamento de Recoleta, ella recibió casi 70 millones de dólares en 87 entregas.
El ingeniero Macri en lugar de aumentar la base de sustentación política para combatir la debilidad de su gobierno de minorías parlamentarias, hizo todo lo contrario. De la mano de Marcos Peña fue perdiendo, por un motivo o por otro, más de 30 cuadros de alto nivel y de distintos matices ideológicos. Alfonso Prat Gay, Carlos Melconian, Federico Sturzenegger, Alberto Abad, Susana Malcorra, Jorge Triaca, Isela Constantini, Alberto Manguel, Luis Caputo, Francisco Cabrera, Mario Quintana, Juan José Aranguren y a Javier Iguacel el viernes pasado, entre otros. Demostró cierta incapacidad para retener a sus colaboradores aunque sea en mesas de asesoramiento externo que tanta falta le hacen. Sobre todo en el plano político. Y como si esto fuera poco, Cambiemos es una alianza electoral exitosa pero que no logra institucionalizarse, vive en chisporroteos permanentes y públicos con el radicalismo y Elisa Carrió y está a punto de perder a su gran arquitecto territorial: Emilio Monzó.
Esa debilidad macrista no se puede comparar con la mafia que le robó al pueblo argentino con sobreprecios en las obras públicas para que los retornos fueran a parar a los bolsillos del matrimonio Kirchner. No hay punto de comparación entre la que puso la bomba social y los que trataron de evitar sus consecuencias más dramáticas.
Los K se enriquecieron ilícitamente, tanto Néstor como Cristina, a esta altura los políticos que mayor cantidad de delitos cometieron y que más dinero robaron en la historia argentina e tal vez, en todo el planeta.
Los fanáticos negacionistas todavía siguen diciendo que los cuadernos no existen y que son solo fotocopias. Los cuadernos solo fueron el disparador. Ahora hay pruebas concretas, testimonios de arrepentidos que cuentan como cobraron y como pagaron las coimas. Hay fotos, escuchas telefónicas legales, 46 videos. ¿Alguien puede creer que todo esto está armado? ¿Cómo se obliga a ex funcionarios de la íntima confianza de Cristina como José López, Claudio Uberti, Juan Manuel Campillo o Juan Manuel Abal Medina a reconocer que recaudaron dinero sucio e ilegal? ¿Cómo se obliga a varios de los empresarios más poderosos de la Argentina a confesar que pagaron millones en coimas?
Estamos frente al derrumbe de un sistema de corrupción gigante, el más profundo, permanente y organizado que haya existido jamás. No se trata de algún político coimero. Nunca antes se cometieron tantos delitos, por tanto dinero y por tanto tiempo. Néstor lideró este repugnante mecanismo desde que empezó como intendente. Después de una pausa frente a su muerte, Cristina se hizo cargo y continuó con el latrocinio y la cleptocracia. Ambos lideraron tanto el Frente para la Victoria como el Frente para la Valija. Ambos involucraron y ensuciaron las manos de sus hijos Máximo y Florencia y de la mayoría de sus funcionarios.
Es muy triste que el balance del año haya que hacerlo entre dos fracasos.
Es muy triste que los argentinos no podamos construir partidos fuertes con ideas innovadoras que ofrezcan liderazgos institucionales y abiertos al mundo y que solucionen los dramas de la pobreza y la inseguridad. Es un balance negativo y no hay que ocultarlo. El primer paso para corregir errores y salir adelante es reconocerlos. El que oculta la cabeza debajo de la tierra como el avestruz se queda sin futuro. La esperanza no surge por generación espontánea o por magia. La tenemos que construir entre todos. Ojalá podamos.