Estamos atravesando momentos muy complicados. Una estanflación de padre y señor nuestro que produce más pobreza y menos trabajo. Nadie pronostica un año 2019 de gran mejora de la economía. Las velas se prenden rogando que en el segundo trimestre, lentamente las cosas vayan mejorando. Que siga la tendencia a la baja de la inflación, el suave crecimiento del consumo y el aumento de la actividad apoyada en varios motores como la cosecha gruesa, la potencia exportadora de energía de Vaca Muerta, la resurrección del turismo en todo el país. Veremos si eso se concreta y la situación política no se desmadra pese a la apuesta permanente de los grupos más radicalizados y antidemocráticos liderados por Cristina y Moyano. Ambos saben que si Macri no termina su mandato, tanto la ex presidenta como el líder camionero se van a salvar de ir presos. Y alrededor de esa lucha por su libertad ambulatoria giran todas sus propuestas de llevar al extremo de la violencia todos los conflictos.
Ya demostraron que son capaces de ir por todo y de tirar del mantel del sistema republicano y apostar a la destitución del presidente Macri. No hay que olvidar nunca esto. Hay que tenerlo siempre presente en todos los análisis. Esa es la radiografía de la crisis. Pero hoy es Navidad. Y podemos hablar de esperanza.
Es imposible estar ajeno a una de las celebraciones populares más familiares de este país.
Hace más de 40 años que ejerzo el periodismo. Leí muchos libros y diarios, entrevisté gente sabia y conocí lugares que me dejaron muchas enseñanzas. Pero debo confesar que mientras más aumento mis saberes, menos certezas tengo. Una de las pocas certezas que me atrevo a defender es que nuestros hijos son lo mejor que tenemos. Que es lo que más felicidad nos produce. Verlos nacer. Verlos crecer. Y ni me quiero imaginar lo que debe ser verlos multiplicarse y hacernos abuelos. De eso saben algo mis viejos que hace cuatro días cumplieron 65 años de casados. Esther y Mayor ya son ocho veces bisabuelos con Eliana, Ezequiel, Uriel, Yael, Yoav, Yonatán, Sofia y Eitan.
Eso yo todavía no lo experimenté porque mi único hijo, Diego recién tiene 29 años y está tan enamorado como yo de los medios de comunicación y de la aventura de ser periodista. De utilizar este maravilloso oficio para conocer, para curiosear, para investigar y para acomodar a los incómodos e incomodar a los cómodos. Que Diego haya pasado de ser estudiante de periodismo a periodista respetado y requerido, me produjo una de las mayores felicidades de mi vida. Un yacimiento de alegría que ni sabía que tenía. Su nacimiento como hijo y su nacimiento como periodista es por lejos, lo mejor que me pasó en la vida.
Debo ser agradecido porque desde lo profesional, vivimos momentos muy especiales.
No hay antecedentes de que un padre y un hijo hayan ganado el Martin Fierro en distintos rubros el mismo año. Y tampoco que ambos hayan recibido el diploma de honor en los Konex en diversas disciplinas. Es muchísimo más de lo que soñé. Soy un eterno agradecido a la vida. Me siento bendecido y no puedo pedir más. Ahora Diego tiene su propio programa en TN que no casualmente se llama “Ya somos grandes” y tiene un excelente respaldo de las audiencias. Conduce aquí en radio Mitre cuando no está Lanata y en canal 13 ante la ausencia de Mariana Fabbiani.
Casi todo lo demás son anécdotas. Van y vienen. Te dan energía o te quitan. Pero no son fundacionales como la relación entre los padres y los hijos. Ese vínculo es de acero.
Es una fábrica de esperanza inagotable. ¿Se puede explicar racionalmente esa felicidad? Es muy difícil pero para empezar creo que procrear, generar vida, aportar a la cavidad del amor de una pareja y prolongar la descendencia por los tiempos de los tiempos es en sí mismo el mayor de los milagros. No descubro nada ni pretendo descubrirlo. Digo que ese amor que se revela cuando ellos nacen es un manantial que desconocíamos hasta ese momento. El amor por lo hijos tiene una potencia inigualable. Uno es capaz de hacer cualquier cosa por ellos. Es lo único en la vida que se ama más que a nuestros padres o a nuestra pareja. Es lo único que se ama más que a uno mismo. Es uno mismo en el mañana. Sangre de nuestra sangre, vida cotidiana, gestos, genes. Verlos crecer es una felicidad cotidiana. Aprender a ser padre es una experiencia de una riqueza extraordinaria. Ensayo y error. Poner todo el amor pero sin asfixiar. Ayudarlo a cruzar todos los puentes pero sin cruzar por él. Empujarlo pero no reemplazarlo. Transmitirle valores con el ejemplo pero sin bajarle línea ni apelar a la moralina del dedito levantado. Yo siempre le digo a mi hijo lo mismo que mi viejo me dice a mí: “Cuidate, changuito, por favor, que si no te cuidas vos, quien te va a cuidar”. Es un ruego, casi un rezo. Un padre nuestro que estás en la tierra. Cuida a mi hijo, protegelo. Permitile crecer y permitime estar en la tribuna para alentarlo desde cualquier lugar. Permitime ver su desarrollo y ver su luz que me ilumina.
En el libro “Cuidate changuito”, contamos que mi fantasía es convertirme en una suerte de Guillermo Barros Schelotto y levantar los mejores centros para que él, convertido en su ídolo, Martín Palermo, los cabecee a la red. Y después darnos un abrazo de gol, que es lo más lindo de las tardes de Bombonera. A veces creo que ir a la cancha es una excusa para darnos abrazos profundos, emocionados. El desafío es ayudarlos a ser mejor que nosotros. Con más cabeza y más corazón. Con más ética y más sonrisas. Que sean valientes, generosos, divertidos, creativos y que aprendan a disfrutar intensamente los momentos de felicidad. Que sepa que se gana y se pierde. Que mucho, no todo, pero que mucho depende de nuestro esfuerzo. De los huevos que pongamos. De nuestro sacrificio. Son tiempos difíciles para ayudar a crecer a nuestros hijos. Son tiempos llenos de acechanzas y temores. Con muchos miedos. Miedo a que les roben, a que tengan un accidente, a que se droguen, a que se aburran y no encuentren su camino. Y el miedo más terrible: a que no sea felices.
Está absolutamente probado que las cosas materiales que les podamos regalar los van a poner contentos y van a estar muy agradecidos. Una pelota reluciente, una play, aunque sea usada, una bicicleta medio pelo, lo que sea, va a ser bienvenido por ellos. Los llenará de alegría. Pero la felicidad máxima es cuando nos entregamos nosotros. Cuando ponemos el cuerpo y toda nuestra piel. Cuando somos padres presentes. Y vamos al acto en la escuela donde hace de San Martín. Y nos disfrazamos de lo que sea en la fiestita del jardín. O cuando lo llevamos a los entrenamientos de fútbol o básquet o a aprender natación. Ese tiempo compartido vale oro. No tiene precio. Porque jugamos con ellos a juegos que inventamos juntos. Confieso que me gustaba leerle en voz alta y sobreactuando un cuento una y mil veces y solía dormirme antes que él, igual que cuando hacíamos luchitas arriba de la cama y yo me derrumbaba de cansancio.
Siempre digo que una mesa de ping pong en el medio del living me permitió medir el crecimiento de Diego. Al principio, mientras él aprendía yo me dejaba ganar para que no se desmoralizara. Después los partidos eran parejos, de hacha y tiza. Yo ganaba y daba la vuelta olímpica alrededor de la mesa y cantaba la marcha del deporte que la aprendió por eso. Y cuándo él ganaba, relataba el triunfo como una transmisión de radio. Pero jamás olvidaré cuando me dí cuenta que en determinado momento era Diego el que se dejaba ganar al ping pong para no humillarme. Me miré al espejo. Lo miré y dije: “O yo me estoy poniendo viejo o el changuito creció. O ambas cosas”.
La navidad es muchas cosas según el cristal religioso, histórico y cultural con que se mire. Yo ya le dije que no soy muy creyente. Que soy más bien agnóstico como buen periodista pero que admiro y hasta envidio a los creyentes. A la gente de fe. Pero creo que la Navidad en su primer y último contenido transmite el mismo valor y concepto del nacimiento. Del génesis, del comienzo. Por eso la navidad es tan fuerte, por eso conmueve tanto. No es un momento más en la vida de las personas. Es el comienzo de la vida, el nacimiento, el origen, no importa cuál sea la religión que profesemos si es que alguna vez profesamos alguna. Navidad es nacimiento y como le dije al principio no hay palabra superior ni mayor milagro. Ese gigantesco océano de amor interminable se resume en nuestros hijos. Que todos nuestros hijos, los de nuestra familia y los de nuestro país sean muy felices y que nazcan tantas veces como sea necesario hasta que sean felices. Ese es mi deseo para todos nosotros y para todos ustedes. Por eso brindo. Feliz Navidad, feliz nacimiento.
Sobre héroes y maestros – 24 de diciembre 2018
Solamente los padres y los hermanos saben la explosión de tristeza y desamparo que estalla en el cuerpo de una familia que se choca con la terrible noticia de que uno de sus hijos sufre una enfermedad complicada. Las manos transpiran y tiemblan, la cabeza funciona a mil por hora, se produce un agujero negro en el corazón y los ojos no paran de llorar. No debe haber nada más doloroso que la enfermedad de un hijo lo obligue a tratamientos invasivos, a sueros, rayos, quimios y otras palabras que uno preferiría extirpar del diccionario pero que son instrumentos para curar los cuerpos y las almas. Literalmente a uno se le cae el mundo encima.
Una vez que se procesa la mala noticia, hay que ponerse manos a la obra y buscar los mejores médicos y sanatorios que se puedan conseguir. Apostar a la medicina, la ciencia y la esperanza. Los creyentes rezan y los demás hacen fuerza para mandar la mejor energía posible. Los tratamientos a veces son largos y los chicos además del sufrimiento corporal, padecen el retraso en la escuela y la posibilidad de quedarse de grado o de año y perder a sus compañeritos y a sus chicos más amigos.
Para combatir ese drama extra, por suerte existen las “Escuelas Domiciliarias” que en setiembre cumplieron 70 años de existencia en la Ciudad de Buenos Aires. Aquí, nacieron producto del empuje de un genio que hoy tiene nombre de hospital, el doctor Ricardo Gutiérrez. Hoy 300 docentes educan por año a 5.000 chicos aproximadamente. Son pibes que se tienen que quedar en su casa en el mejor de los casos. Otros viven en un hotel porque son del interior y vienen a la Capital por la excelencia de sus pediatras y otros, directamente, reciben clases en los hospitales, mientras están internados.
Es realmente conmovedora la tarea titánica que llevan adelante estos maestros. Es un viento de esperanza ver a los chicos y las chicas aprender en forma alegre y creativa. Esas horas de educación son una especie de recreo para ellos. Porque se capacitan en todas las disciplinas pero se olvidan de sus sillas de ruedas, muletas o medicamentos. Y tienen el sueño de volver al colegio y seguir con los mismos chicos, jugar los mismos juegos, pedirse prestados los mismos lápices y cuadernos.
Siempre se dijo que la escuela era el segundo hogar. En este caso, escuela y hogar se confunden en un solo proyecto. El gran impulso para esta actividad reparadora y educativa fue durante la epidemia de poliomelitis en Argentina. Los maestros van a los domicilios y para el mejor ordenamiento se dividen entre los que están al norte y al sur de la avenida Rivadavia. También hay escuelas en los hospitales Garraham, Elizalde (ex casa cuna) y en el Alvear. Todo depende del área de educación especial del Ministerio. El nivel secundario se incorporó después de la tragedia de Cromañón. Los docentes no solo llevan conocimientos y alegría en forma absolutamente gratuita. También aportan motivación, ropas. Como me dijo Edith, mi sobrina mayor, “suman calidad y calidez”.
Los chicos los esperan con una sonrisa que emociona. Conozco una personita de 13 años que pasó por esto y que me pegó muy de cerca. Se llama Eliana. En hebreo encontré dos significados de ese nombre tan femenino. Eliana asegura que Dios Respondió. Y también es sinónimo de Aurora. Ella ama a Alejandro Lerner y tiene una onda de colaboración y solidaridad que la convierten en alguien muy especial. Es alta, rubia, parece una princesa. En cada tratamiento que tuvo que superar inventó algo nuevo pensando en los demás. Llevaba dibujitos, fotos y guirnaldas para hacer más colorida la sala donde los chicos esperan con esperanza. Con el maestro domiciliario de música aprendió a tocar el piano y hasta pudo componer canciones, cuyas letras la ayudaron a sacarlo todo afuera, como la primavera. Poner las cosas en palabras siempre es sanador. El silencio no sirve para nada. La familia se unió más que nunca y cada uno hizo lo que pudo desde su lugar. Fue tan buena la tarea de la escuela domiciliaria que Eliana como Aurora no perdió el tiempo y pasó a segundo año en la escuela y ya pudo reencontrarse con sus antiguos compañeros y está en el mismo nivel de conocimientos que todos. Es para ponerse de pié, sacarle el sombrero y abrazar a cada maestro y a cada maestra que deja todo para que a un chico no le falte nada. De la enfermedad se encargan los médicos. De la salud se encargan los maestros.
Los maestros se encuentran con chicos que sufren diversos tipos de problemas. De índole emocional como las fobias, con dificultades respiratorias u oncológicas. Y ellos van al frente y reparten todos sus saberes sin pedir nada a cambio.
Aurora es la luz que podemos ver minutos antes del amanecer. Aurora es la que anuncia el nacimiento del día, la que recuerda que todo comienza nuevamente cada mañana porque Dios responde. Es la que se opone a la oscuridad. La aurora le pone freno a la noche y anuncia la salida del sol. Algunos le llaman “alba” a ese momento mágico.
Uno después se va enterando de tantos casos. Comprende que lo único que los padres deben hacer es un trámite y llevar un certificado médico. Todo lo demás corre por cuenta del estado presente y de los héroes sociales con guardapolvo. Las historias son muchas. Hace un par de meses la familia Monzón vino desde Comodoro Rivadavia para que su hija Milagros tratara la leucemia que la había atacado a traición. Recibió contención y la palabra justa. Juan Lovera llegó desde Misiones con su madre Sonia y estuvo un año y medio en el Garraham. En el hospital pasó de 4to a 6to grado y cuando se curó también retomó las clases con sus compañeritos de siempre. Hoy tiene 12 años y está en séptimo grado. Ellos valoraron los juegos y la contención que le dieron a su madre.
La familia de Mirelle Tapia tuvo que parar en un hotel sencillo de Almagro llamado “ Medrano”. Había que ver a los chicos en los actos de fin de curso, o los días patrios cuando orgullosos, los abanderados portan la enseña patria y a veces van en sillas de ruedas o con sus barbijos porque están inmunodeprimidos o para no contagiarse algún virus.
Estoy seguro que siempre hay una buena noticia. Y esta es una excelente noticia. La existencia reparadora de las “Escuelas Domiciliarias” donde la infancia y la educación son las dos caras del mismo territorio sagrado.
Hay una canción a la escuela domiciliaria que en su estribillo dice: “No te sientas solo, no te rindas, no te entregues, por favor. Siempre su sonrisa, será un triunfo del amor.
De ese se trata. De que el amor y la vida salgan victoriosas con la educación como herramienta. Y que el resentimiento y la enfermedad se vayan muy lejos. Tal lejos que ningún chico las pueda encontrar. Axel resumió ese espíritu en una canción maravillosa que se llama “Celebra la vida”. Es un himno para mirar el horizonte que dice:
Celebra la vida/ Piensa libremente,
Ayuda a la gente,/
y por lo que quieras/Lucha y sé paciente.
Lleva poca carga/A nada te aferres
Porque en éste mundo,/Nada es para siempre.
Búscate una estrella
Que sea tu guía,
No hieras a nadie
Reparte alegría.
Celebra la vida, celebra la vida.
En eso estamos. Feliz Nochebuena, feliz Navidad.
Grita contra el odio /Contra la mentira,
Que la guerra es muerte,
y la paz es vida. Celebra la vida, celebra la vida.
Cristina es la jefa – 21 de diciembre 2018
Cristina recibió la peor de las noticias. Es el título principal en la tapa de todos los diarios. Y es doblemente grave. Primero por lo que implica que la Cámara Federal haya confirmado su procesamiento con prisión preventiva como jefa de una asociación ilícita. Estamos hablando de una segunda instancia que ratifica todo lo resuelto por el juez Claudio Bonadio. Y aquí aparece el segundo nivel de inquietud para la exitosa abogada que nunca ganó un juicio pero lo perdió varias veces. Fuentes del juzgado de Bonadío dicen que el magistrado estaba esperando esta confirmación para tener más potencia institucional y pedir el segundo desafuero de Cristina al Senado de la Nación.
Es muy probable que ese pedido ocurra en los próximos días. Ayer mismo, rápido para los mandados el senador Miguel Angel Pichetto, dijo que lo van a rechazar aplicando su doctrina de que “el principio de inocencia solo se quiebra con la sentencia firme”. El fiscal Carlos Stornelli le recomendó que lean de nuevo la ley de fueros.
Ese criterio que ayuda a la impunidad, no fue aplicado en diputados en el caso de Julio de Vido que fue desaforado y ahora está preso.
En dos palabras y para no despertar falsas expectativas: Cristina por ahora no va a ir presa. Van a rechazar el pedido de desafuero cuando lo solicite el juez.
Pero también es cierto que a Cristina no le va a resultar nada grato someterse nuevamente a ese mecanismo humillante de utilizar al Senado como un aguantadero. Eso la iguala a Carlos Menem.
Los jueces Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi en un minucioso escrito de 89 páginas embargaron a Cristina por mil quinientos millones de pesos y colocaron a Néstor como el otro jefe.
Como organizadores del robo del siglo quedaron Julio De Vido, Roberto Baratta, José López, Carlos Wagner, Gerardo Ferreyra y Ernesto Clarens. Estos fueron los gerentes de la banda delictiva. Los ejecutores.
Es demoledor es escrito cuando explica que la plata sucia iba a la punta de la pirámide. Que todos los caminos conducían no a Roma sino al matrimonio K. Dice textualmente:
«Las referencias sobre el destino de las sumas percibidas se cuentan por centenares y conducen al domicilio de los ex mandatarios -sea en el edificio de Uruguay y Juncal de esta ciudad o en la quinta presidencial de Olivos- o a las manos de algún colaborador de extrema confianza.
El nombre de Daniel Muñoz (fallecido), secretario privado de la presidencia, aparece mencionado 87 veces en las anotaciones de Centeno. Se agrega la residencia del matrimonio Kirchner en Río Gallegos, señalada también como destino de los bolsos con dinero.
Pero hay más todavía. El fallo de los jueces advierte que «no se trató de una simple organización criminal ubicada en estratos medios del escalafón administrativo. Su estructura piramidal con eje en los máximos representantes del Poder Ejecutivo del Estado Nacional le dio características extraordinarias: de inusual y poderosa capacidad de acción, medios extraordinarios basados en la estructura jerárquica para lograr sus fines y, sobre todo, de una impunidad sin precedentes. Corrupción con rasgos definitivos de gravedad y descomposición institucional, increíblemente prolongada en el tiempo».
Es insólito que estemos hablando de un matrimonio Kirchner que gobernó durante más de 12 años casi con la suma del poder público y de una ex presidenta reelecta que hoy se propone volver a ser jefa del estado.
Esta resolución confirma que ella lideró la banda criminal que recaudó montañas de fondos ilegales y que por eso, se abrió un abismo a sus pies y corre peligro su libertad.
El juez Claudio Bonadío había decidido su sexto procesamiento y su segundo pedido para que vaya a la cárcel en forma preventiva. Es histórico e inédito.
Además aportó pruebas de que, solo en su famoso departamento de Recoleta, ella recibió casi 70 millones de dólares en 87 entregas. ¿Escuchó bien? Solo en su casa de Uruguay 1306 la jefa de la asociación ilícita recibió casi 70 millones de dólares en sobornos. No fue magia. Fue una mafia que le robó al pueblo argentino con sobreprecios en las obras públicas para que los retornos fueran a parar a los bolsillos del matrimonio Kirchner. Así se enriquecieron ilícitamente, tanto Néstor como Cristina, a esta altura los políticos que mayor cantidad de delitos cometieron y que más dinero robaron en la historia argentina e tal vez, en todo el planeta.
Los fanáticos negacionistas todavía siguen diciendo que los cuadernos no existen y que son solo fotocopias. Los cuadernos solo fueron el disparador. Ahora hay pruebas concretas, testimonios de arrepentidos que cuentan como cobraron y como pagaron las coimas. Hay fotos, escuchas telefónicas legales, 46 videos. ¿Alguien puede creer que todo esto está armado? ¿Cómo se obliga a ex funcionarios de la íntima confianza de Cristina como José López, Claudio Uberti o Juan Manuel Abal Medina a reconocer que recaudaron dinero sucio e ilegal? ¿Cómo se obliga a varios de los empresarios más poderosos de la Argentina a confesar que pagaron millones en coimas?
Estamos frente al derrumbe de un sistema de corrupción gigante, el más profundo, permanente y organizado que haya existido jamás. No se trata de algún político coimero. Nunca antes se cometieron tantos delitos, por tanto dinero y por tanto tiempo. Néstor lideró este repugnante mecanismo desde que empezó como intendente. Después de una pausa frente a su muerte, Cristina se hizo cargo y continuó con el latrocinio y la cleptocracia. Ambos lideraron tanto el Frente para la Victoria como el Frente para la Valija. Ambos involucraron y ensuciaron las manos de sus hijos Máximo y Florencia y de la mayoría de sus funcionarios.
A esta altura hay pruebas y datos que son demoledores e innegables.
El juez confirmó que en su casa de Calafate encontraron una bóveda grande que supo tener puertas blindadas según reconocieron tanto el arquitecto como el ingeniero que hicieron la mansión. Le recuerdo que en la casa de la calle 25 de mayo en Río Gallegos, los Kirchner también tenían una bóveda que había pertenecido al Banco Hipotecario Nacional.
José López, la mano derecha de Julio de Vido, el gerente general de la corrupción durante más de 20 años, juró que los 9 millones de dólares que fue a esconder en el Monasterio eran de Cristina. También las joyas y los relojes de lujo. Lopecito confesó que lo único que le pertenecía era la carabina suiza y el contacto con las monjas que no eran monjas, o más o menos.
Aquí involucra con lujo de detalles a dos secretarios de la íntima confianza del matrimonio: Daniel Muñoz y Fabián Gutiérrez.
Muñoz murió pero pudo comprar propiedades de lujo en Miami por más de 73 millones de dólares. ¿Era dinero que le robó a Néstor para tener 100 años de perdón o eran dólares de Néstor invertidos por su testaferro?
José López reconoció que tiene miedo que lo maten, que Cristina es muy vengativa y que él la vio en acción. Su testimonio es clave respecto a cómo se reanudó el operativo de recaudación ilegal después del fallecimiento de Néstor. Ella le mostró el cuaderno Arte donde el ex presidente anotaba obsesiva y minuciosamente cada coima y cada detalle y le preguntó:”¿Vas a ser parte del problema o de la solución?”. A partir de ese momento la mafia recaudadora funcionó nuevamente en forma aceitada, como siempre, pero bajo las órdenes de la “araña Cristina”.
Digo araña porque Daniel Muñoz la llamaba así por lo maltratadora que era. Humillaba a todos sus colaboradores pero, especialmente a las mujeres, según Claudio Uberti que también dijo lo mismo de Néstor. Eran una pareja agresiva que insultaba y en algunos casos pegaba cachetazos o patadas a sus funcionarios muy cercanos.
La reina Cristina hará su campaña electoral sentada más tiempo en el banquillo de los acusados que en su banca de senadora por la minoría.
Néstor y Cristina fueron una pareja que instaló una noche delictiva en la Argentina y esa noche ahora se vuelve sobre Cristina que ahora es la jefa. Su futuro y su destino son oscuros.