El sábado fui el Maipo y disfruté de un show maravilloso de Sandra Mihanovich. Desde el escenario, ella se encargó de liderar un gigantesco fogón que le sacó lo mejor a cada espectador y lo hizo cantar, emocionarse, sentir las texturas y la piel de otras épocas. Su carisma iluminó toda la sala, incluso, cuando se cortó la luz por unos instantes. Sandra no necesita levantar el dedito para bajar línea. Ella, su voz descomunal y su sensibilidad son sus banderas en alto. Se proclama una mujer feliz y eso se nota en cada nota musical y en cada palabra. No pide nada. Dice que Argentina es el mejor país del mundo y nos sugiere dejar de repartir culpas y ponernos las pilas para comenzar a construir algo mejor. No casualmente se tatuó la palabra gracias.
Desfila con elegancia por todos los géneros musicales y hace estallar los dogmas y los encasillamientos. Se mueve bajo los reflectores por momentos como una pantera y por momentos como una mariposa. Tal vez todos esos saberes le vienen de la cuna. De aquel sótano de la casa de su abuelo Mihanovich en la calle Montevideo al 1.700 donde pasaron las mejores figuras de la época: Ella Fitzgerald, Maurice Chevallier, Lalo Schifrin y hasta el Gato Barbieri.
Sandra se da todos los gustos y nos dá todos los gustos. Acaricia la frente de su hermano Vane y con ese gesto dice todo. Se enciende al presentar a su sobrina Sol como sangre nueva. Y le da la bienvenida a Marilina Ross para cantar un par de temas y un himno: Puerto Pollensa.
Se dicen mutuamente que sus: “cuerpos festejaron juntos /ese deseado y esperado encuentro/ y un sol muy rojo te guiñaba un ojo /mientras se disfrazaba de aguacero.
Y sin dormir nos fuimos a la playa
y nos amamos descaradamente
alucinando al gordito de gafas
que fue corriendo a cambiarse los lentes.
Pasa un rato y como por arte de magia se suma una leyenda: Nito Mestre, flaco como siempre, canoso como nunca. Aparecen las lágrimas de la nostalgia y de lo que fuimos. Aprender a ser formal y cortes, cortándose el pelo, una vez por mes.
Con “Canción para mi muerte”, nadie se queda callado. Y todos coreamos “Hubo un tiempo que fue hermoso/ y fui libre de verdad”.
Sandra es libre de verdad. Su sonrisa es un emblema. Reparte esperanza y alegría y otros valores como la diversidad, la cabeza abierta, las neuronas despiertas y esa garganta que fabrica maravillas de placer.
Ella supone que su noche de gloria fue el 24 de agosto de 2015 y tal vez tenga razón. El Teatro Colón lleno para escuchar sus versiones y homenajes a Ella Fitzgerald, la voz de terciopelo, a Sarah Vaughan, Cole Porter y hasta George Gershwin en un alarde de su talento.
Sandra es la dueña del escenario. Lo transita con una personalidad impresionante. Es que la actriz siempre está al lado o adentro de la cantante. Esa actriz que conoció a Alejandro Lerner, su gran amigo, en una obra de teatro de Pepito Cibrián y que estalló a la popularidad en la tele con Vulnerables o en el cine con “Los Miedos”.
Sandra es una de las mejores artistas que tenemos. Hace 40 años que juega en primera. Está en la selección nacional pero no se saca la camiseta de Boca. Su vida está llena de gestos de valentía. Pero hay dos que la singularizan. Tienen que ver con su cuerpo. Con su corazón y su riñón.
El corazón la empujó a los brazos del amor de mujeres y le puso el pecho a tanto prejuicio y pacatería. Se paró en su dignidad y le gritó al mundo “Soy lo que soy”: Tenemos una sola vida sin retorno
Por qué no vivir/ Como en verdad somos
No quiero fingir /No voy a mentir yo
Soy lo que soy /Paren de censurar
Hoy quiero gritar /Yo soy lo que soy.
Y cantó las canciones de María Elena Walsh y compartió todo con Celeste Carballo. Y un día que no olvidará se casó con María Paz Novaro, con la decisión de hacer un festejo íntimo y celebrar la vida en común.
Ese gesto la puso en el Olimpo de Sandra Coraje. Pero faltaba todavía la mano tendida y el dar hasta que duela como decía la Madre Teresa. El 13 de agosto de 2012 le donó un riñón a Sonsoles Rey Obligado, su ahijada, la hija de Marita, su pareja. Fue la puesta en acto de otro himno pero de Eladia llamado “Honrar la vida”.
Es la máxima solidaridad posible. Y Sandra se animó. Y la tuvo que pelear incluso en la justicia porque estaba prohibida la donación entre personas vivas que no fueran familiares directos. Por eso la autorización la tuvo que dar un juez. Y el milagro se hizo. Y ese milagro me permite hacer tachín/ tachín y darle manija a la donación de órganos.
Un solo donante, escuche bien por favor, un solo donante puede salvar la vida de 7 personas. Es la generosidad solidaria que se multiplica. Es una forma de procreación al alcance del ser humano por ser humano. ¿A cuántos hermanos podemos salvar? ¿Cuántos compatriotas pueden recibir semejante bendición? ¿Se lo preguntó alguna vez? ¿Hay otra forma superior de la entrega y el servicio hacia los demás?
Los periodistas, los docentes, los religiosos, los políticos, los artistas, los deportistas y todos los que tenemos un micrófono, una tribuna o un púlpito desde donde difundir informaciones y pensamientos tenemos la responsabilidad social, la obligación moral de incitar a la esperanza, de fomentar la donación, de multiplicar la solidaridad de hacer una propaganda constante de los valores que nos hermanen más y nos hagan mejores personas y mejores argentinos. No hay otra. Un nuevo país solo tendrá mejores cimientos con mejores ciudadanos. Hubo campañas de todos los colores. Una que decía: escribir un libro, plantar un árbol, tener un hijo y donar un órgano.
Sandra hoy tiene un programa en radio Nacional. En su página web oficial dice “No ser donante no es una opción”. Es feliz y nos quiere hacer feliz a todos. Fue edificando su carrera cantando en pubs y boliches de intimidad. Hasta que fue la primera mujer que hizo un recital en Obras, el templo del rock. En eso también hizo punta y fue vanguardia. Sin sobreactuar ni producir un solo escándalo. Humilde y cercana. Tienen 11 discos de oro y 2 de Platino. La carátula de su álbum “soy lo que soy” de 1984, recién recuperada la democracia la muestra, desnuda de la cintura para arriba y con sus cabellos tapándole los pechos. Su mirada es natural e inocente. Después fue subiendo la montaña de su carrera y de su felicidad. El sábado a la noche lo pude comprobar en el Maipo. Sandra sabe profundamente que “Durar y transcurrir no es lo mismo que vivir” y apuesta a honrar la vida. Como Sandra coraje.
Pan dulce de esperanza – 14 de diciembre 2018
Todos los años, casi como un rito, me gusta hablar sobre la cooperativa La Juanita con la excusa de su pan dulce, que es el más dulce de todos porque es el pan de la solidaridad. Ayer recibí ese manjar y me acordé que debo difundir la obra de Silvia y Toty Flores.
Además, hay momentos en que uno se intoxica con el veneno que todos los días arrojan Cristina, Boudou, Lázaro Báez o Cristóbal. Hay momentos en donde conviene abrir una ventana de aire fresco para confirmar que no todos los dirigentes o funcionarios son iguales. Que hay muchos que tienen sensibilidad, grandeza, buen trato y nos transmiten esperanza en lugar de diseminar bronca, corrupción y palos en la rueda.
Este grupo heroico de compatriotas, se cayó cuando la Argentina se derrumbó, pero decidió levantarse con su propio esfuerzo, militando en la cultura del trabajo cooperativo. Hoy La Juanita es un faro de luz. Muchos creen que allí se producen remeras, guardapolvos, los mejores pan dulces del mundo o que se reciclan computadoras y que ahora, con la idea y dirección de Juan José Campanella, se capacitan jóvenes en el maravilloso “Potrero Digital” para que tengan una salida laboral en el mundo tecnológico que se viene.
Si muchos creen eso, en parte, tienen razón. Solo en parte. Porque es cierto que todas las manos todas generan esos productos. Pero la edificación más grande que han levantado es la capacidad de juntarse y avanzar colectivamente. Hoy tienen hasta un call center donde trabajan 25 personas que antes eran vendedores ambulantes o empleadas domésticas. Hay que verlas, felices, con aire acondicionado y frente a sus computadoras. O los servicios digitales que prestan a distintas empresas. Es emocionante. Con problemas o peleítas como en todos lados. Pero con un objetivo de libertad absoluta que solo se consigue cuando todos se convierten en uno y uno se transforma en todos. En la Juanita nada se pierde, todo se transforma y se multiplica como los panes y los peces. Amanece que no es poco. Es el milagro de la dignidad.
Venga conmigo. Lo quiero invitar a un viaje a la esperanza. Vamos juntos al corazón pobre de La Matanza, a Gregorio de Laferrere. Allí donde se fabrica la dignidad. Allí donde no hay resentimientos y se combaten los prejuicios. Donde un grupo de argentinos patriotas levantaron con sus propias manos y con el sudor de su frente la cooperativa La Juanita. Tienen una energía renovable y perfumada porque su motor funciona a Flores. A Toty Flores, la génesis del fundador y a Silvia Flores, la utopía en marcha. El padre y la hija son el eje de una comunidad que resolvió pelearle a las injusticias con las mejores armas de la integración y la educación.
En pleno terremoto del sálvese quien pueda, los piqueteros del MTD (Movimiento de Trabajadores Desocupados) de la Matanza hicieron un gesto revolucionario y pacífico: le dijeron no a los planes asistenciales y al clientelismo que los encarcela. Decidieron no rendirse jamás, no bajar los brazos pero no cambiar dignidad por votos. Cada uno se la arreglaba como podía para darle de comer a sus hijos y para subsistir. Los del MTD del Toty Flores eligieron otro camino más largo tal vez, mas sacrificado seguro, pero infinitamente más profundo y definitivo. El camino de los valores.
De la revalorización de los mejores sentimientos y comportamientos que tenemos los seres humanos. Decidieron actuar en defensa propia ayudándose ayudando a los demás. Crecer como seres humanos y dejar de depender de los humores, los caprichos y la arbitrariedad de los punteros políticos de los Kirchner. Saltaron el abismo y se pusieron a reconstruir los lazos solidarios. Desde abajo, ladrillo por ladrillo, tomados de la mano, afrontando con alegría y coraje todas las dificultades. Y no pararon nunca de crecer.
Por algo el logotipo que los identifica en su orgullo es una mano tendida que florece. La tarea cotidiana que realizaron se convirtió en un espejo donde mirarse. En un imán que incita a integrarse y a participar.
Es el milagro de la dignidad. Por eso Martín Churba se empeñó en capacitarlos en el arte del diseño. Por eso Maru Botana les reveló los secretos de sus mejores manjares y le enseño el oficio de amasar el mejor de los “pan dulces”, el de la solidaridad.
Por eso el maestro, Oscar Alvarado, antes de morir les dejó lo mejor que tenía. Y solo estoy nombrando a algunos pero son cientos los que se sintieron convocados por la potencia que transforma gente con necesidades básicas insatisfechas en ciudadanos plenos. Solo hay que darse una vuelta por la cooperativa para sentirse contagiado por esa experiencia. Los cimientos son los valores. Nada se regala. Todo se logra por esfuerzo propio. Las computadoras son recicladas por la gente del barrio que fue capacitada para eso y que a su vez capacita a otros. La idea es que todos los vecinos y sus hijos puedan estudiar, trabajar o divertirse con esas viejas computadoras puestas en valor. Se les cobran precios accesibles y en varias cuotas. Y si no pueden pagarlas, las pagan con su trabajo para que la rueda productiva y educativa siga girando. Y así pasa con las serigrafías y esas remeras que exportaron a Italia con la consigna que en el pecho dice “La fibra de la dignidad”. O esos guardapolvos que se vendieron a Japón con diseño made in La Juanita. O ese jardín de infantes donde nacen los arcos iris que no cobra un centavo a nadie pero obliga a que los padres y las madres participen del proceso pedagógico de sus hijos. Potencian el aprendizaje. Le dan solidez a la familia.
Se plantan con su identidad en la tierra como las mejores raíces. Como ese árbol de eucaliptus que les dio sombra desde siempre y que ahora les da aliento y les abre los pulmones. Con esas ramas eternas que mezclan sus hojas para convertirse en techo de las mejores asambleas.
Por eso la más grande de las utopías que tenían se hizo realidad y nosotros pudimos acompañarlos en esa marcha contra la dependencia y la sumisión. Y así surgió después de grandes esfuerzos y manos callosas y espaldas partidas, la escuela primaria, “Crecer en Libertad”, que es un verdadero modelo de como la solidaridad puede transformarse en cemento. Ese edificio escolar se llenó de sol y sabiduría y un día nació el mayor de los tesoros que es la igualdad de oportunidades para todos.
Como es habitual, no tienen apoyo económico de nadie. Pidieron un crédito y lo están pagando a pulmón. Hoy que la economía solo trae malas noticias, hoy que la desocupación y la pobreza están creciendo, hoy que estamos transitando un túnel muy complicado hasta ver la luz de un país mejor, vale la pena multiplicar el ejemplo de La Juanita.
Los argentinos estamos hartos del roba pero hace. Eso tiene patas cortas como la mentira. Igual que el clientelismo que te deja cautivo del que te da un plan cuando quiere. Hay otra Argentina posible. Por eso es tiempo de levantar la bandera de La Juanita. Son hombres y mujeres que luchan toda la vida y por eso son imprescindibles. Ellos no roban pero hacen. Son lo mejor de una patria que viene.
Tres años de Macri – 13 de diciembre 2018
Una luz amarilla está encendida sobre el tablero del gobierno de Mauricio Macri. No es el color del optimismo ni de los globos del Pro. Es el anuncio de peligro, de cuidado que se viene la luz roja de la emergencia. El oficialismo de Cambiemos está pasando por su peor momento por donde se lo mire y utilizando cualquier indicador. El terremoto cambiario y la feroz devaluación son la expresión económica de una profunda crisis política de credibilidad y de liderazgo.
Es cierto que lograron domesticar el dólar y mostrar una inflación que baja todas las semanas. Pero el riesgo país está altísimo y la inflación cae demasiado lentamente y desde muy arriba. La mala noticia es que este 2018 va a terminar con una inflación cercana a los 46 puntos y la buena es que para 2019 será del 30 %. Todavía es muy alta pero la tendencia es a bajar.
Macri es un presidente al que no le gusta cambiar sus funcionarios. Sin embargo en tres años no pudo contener a más de 30 colaboradores de primer nivel y de distintos matices ideológicos. Se fueron expertos en varias disciplinas como Alfonso Prat Gay, Carlos Melconian, Alberto Abad, Juan José Aranguren, Mario Quintana, Susana Malcorra, Federico Sturzeneger, Isela Constantini, Jorge Triaca, Francisco Cabrera, Luis Caputo, Alberto Manguel, y siguen las firmas. O No fue el mejor equipo de los últimos 50 años o no supo conducirlos. Una de dos.
Muchos de ellos chocaron con Marcos Peña. Algunos no quisieron volver por él.
Llevan 1.100 días en el gobierno y todavía tienen 300 días por delante hasta las elecciones presidenciales. No hay lluvia de inversiones y la caída del producto en tres años fue del 18% y los aumentos demoledores. El dólar 280%, la inflación 158% y los tarifazos, el 283% en promedio.
Hay buenos resultados en las reservas del Banco Central que aumentaron más del 100%. Hoy hay más de 51 mil millones de dólares y eso es una espalda muy ancha contra cualquier corrida. El acuerdo con el Fondo frenó la locura pero multiplicó la deuda en forma geométrica: 262 mil millones de dólares, casi el 60% del Producto Bruto.
Macri perdió de todo en su caída de imagen. Pero lo más grave es que perdió la iniciativa política y la autoridad o la capacidad de conducción para establecer un rumbo que no estaba muy claro y ahora está muy oscuro.
En las elecciones de medio tiempo consiguió un triunfo extraordinario. Derrotó a Cristina en Buenos Aires y sumó más gobernadores e intendentes. Fue en ese momento de gloria donde dijo que “Lo peor ya pasó” pero lo peor estaba por venir. El terremoto financiero y la devaluación brutal le hicieron confesar en setiembre de este año que había pasado “los peores 5 meses de su vida” después del secuestro. Recién pudo respirar y llorar de alegría en el teatro Colón cuando coronó una excelente actuación de su gobierno en el G-20 en todos los planos. Era la culminación del regreso de Argentina al mundo y ese es otro de sus méritos. Dejamos a los países más desprestigiados del mundo como Venezuela, Cuba o Irán y restablecimos relaciones con las naciones más desarrolladas del planeta.
Durante las vacas gordas no aumentó la base de sustentación de su gobierno con la incorporación de dirigentes independientes o de otros partidos y ahora está en una situación de debilidad a punto de perder a Emilio Monzó un gran presidente de la Cámara de Diputados y en pleno conflicto de final imprevisible con Elisa Carrió.
No hizo política ni la hará porque no cree en ella. Comunicó de la peor manera sus logros que fueron muchos como la normalización del INDEC o la salida del cepo que dejó Cristina y los temas negativos se le instalaron por mucho tiempo sin que hubiera gladiadores mediáticos que dieran una batalla dialéctica en la opinión pública. Ejemplo: se instaló que este en un gobierno de ricos para los ricos y nunca hubo tanta inversión social en la historia.
Elisa Carrió le arruinó la fiesta del post G-20 y Patricia Bullrich debió esperar una semana para tirar sobre el escenario un tema tan polémico. Ojo que hablo del sentido de oportunidad y no del contenido. Creo que darle a la policía más autoridad y menos arbitrariedad es algo muy positivo y valorado por el 60% de la sociedad que está harta de jueces zafaronianos a los que solo les preocupan los derechos humanos de los ladrones y criminales.
El presidente Macri debería revisar algunas cosas fundamentales de su liderazgo. ¿Hay alguien que piensa tres jugadas hacia adelante y lo bueno y lo malo de cada determinación? ¿El sacrificio solo lo tienen que hacer los sectores medios que votaron a Macri y hoy están desilusionados?
No quiero ser injusto y en este balance de sumas y saldos no puedo olvidar que hay una justicia tapizada de kirchneristas pero que no sufre presiones ni injerencias de ningún tipo. Hay más de 60 presos por graves casos de corrupción y están procesados varios de los principales operadores de Cristina y de los empresarios más poderosos de la Argentina.
También debo decir que hay libertad de expresión absoluta y que desde el poder no se presiona ni se persigue a nadie.
Está claro que no podemos gastar más de lo que entra. Pero no hay una hoja de ruta clara. No hay certezas y seguridades de lo que va a venir.
Ahora más que nunca el presidente Macri debe abrir su cabeza y las puertas y ventanas de la Casa Rosada y Olivos. Escuchar y luego planificar cada una de las medidas que va a tomar en los meses que le queda. Dar seguridad a todos para recuperar credibilidad. Y cumplir a rajatabla con todo lo que anuncie a partir de ahora. Decir claramente que empieza una nueva etapa de su gobierno. Basta de vender optimismo de humo. Basta de alimentar a gobernadores de dinero para que después no se comprometan en nada. Basta de entregarle alegremente el dinero de las obras sociales que ni Cristina le dio a la CGT a cambio de nada. O mejor dicho a cambio de paros y movilizaciones. Basta de subsidiar el trabajo de los piqueteros papales que cortan todos los días el metro bus y lanzan llamas contra el gobierno oligarca y derechista de Macri. La asistencia a los argentinos más humildes y marginados debe mantenerse y aumentarse si es posible. Pero no es Juan Grabois el que la tiene que distribuir. ¿Quién lo votó? ¿El Papa? ¿Qué representatividad tiene? La ayuda social la deben entregar los intendentes que son los que eligió el pueblo para que los gobierne. Ellos si fueron votados. Esa democracia de proximidad en el Conurbano podría servir para que el dinero llegue en forma directa y transparente a los beneficiarios y a los que más necesitan. Y los intendentes, de todas las camisetas partidarias, se podrían encargar de que los beneficiarios hagan contraprestaciones en plazas, calles, escuelas, se capaciten y recuperen la dignidad y dejen de ser clientes de lo que los quieren mantener pobres y sojuzgados para llevarlos todos los días al centro de la Capital a cortar calles y a generar caos.
Ha sido demasiado ingenuo el presidente Macri hasta ahora. Confió demasiado en muchos de sus amigos que tienen títulos en Harvard o antecedentes gerenciales en empresas pero que carecen de picardía y cintura política.
La frase se dijo muchas veces pero es muy ilustrativa: al peronismo se le cobra al contado y se le paga en cuotas.
No hay recuperación posible con tasas estratosféricas. Solo timba y especulación. Es urgente un programa de desarrollo con crecimiento y estímulo al consumo, la inversión y una verdadera epopeya exportadora con burocracia cero para que miles de Pymes se pongan con todo a vender al exterior y traer los dólares que no tenemos. Pasaron tres años. Falta uno.
Hay que jugar fuerte. Recuperar la iniciativa. Apagar esa maldita luz amarilla que trae malas noticias. Y encender la luz verde de la esperanza. Ojalá podamos.
Es por el bien de la Argentina y todos los argentinos. Si vuelve Cristina, vuelve la cleptocracia autoritaria y el chavismo feudal.