Santiago, sobrevivió al hundimiento del Belgrano – 2 de mayo 2022

Santiago Elías Belozo es un ex combatiente del Crucero General Belgrano. Mire, se lo digo y me corre un frío por la espalda. Se lo digo con la voz más firme que pueda. Santiago es uno de los 770 sobrevivientes del hundimiento del Belgrano, tragedia de la que hoy se cumplieron exactamente, 40 años.
Hace 40 años el submarino nuclear Conqueror lanzó dos torpedos ingleses que sepultaron para siempre al Belgrano a 3.000 metros de profundidad con la vida de 323 hermanos argentinos adentro. Estamos hablando de la mitad de los muertos argentinos en Malvinas. Santiago siempre se conmueve cuando piensa en aquel día. Se le calienta la sangre. Aprieta los puños. Pero cuando se encuentra con sus compañeros sobrevivientes siempre tiene una preocupación especial. La de encontrar a Serrucho, otro colimba como él que le dio la mano y le salvó la vida. Es que literalmente lo izó del mar hasta la balsa salvadora. Santiago estaba a punto de morir congelado. Santiago no olvidará jamás a Serrucho ni a su mano solidaria. Fue el instante más dramático de su vida porque nunca estuvo tan cerca de la muerte.
Santiago solo sabe que a Serrucho le decían Serrucho. Y que era del interior. Nada más. No sabe otro dato pero le gustaría encontrarlo para darle un abrazo y decirle: “gracias, hermano”.
¿Se imaginan ustedes esa situación terrible? Las olas de diez metros de alto, la tormenta criminal, el humo blanco y el fuego del crucero. El olor y el horror de la muerte. Santiago primero fue un eslabón de la cadena humana que se hizo para ayudar a los heridos y a los que tenían el cuerpo bañado de quemaduras de petróleo ardiente. Sin pánico y en orden. Pero con la angustia rebotando en la panza, los vómitos y el llanto, la lucha por vivir. Cuando llegó la orden de abandonar el barco, Santiago se tiró arriba del techo de la balsa. Pero tuvo tanta mala suerte que justo una ola gigante reventó la balsa contra los hierros retorcidos de lo que quedaba del Belgrano. El teniente Damico y Santiago cayeron al agua y juntos nadaron como pudieron a otra balsa. Dicen los médicos que ningún ser humano podía aguantar más de 5 minutos en ese hielo líquido. Estaban agotados, sin un gramo de energía para subir. Y allí fue cuando apareció la milagrosa mano de Serrucho como si fuera la mano de Dios. Y aún a riesgo de su propia vida, Serrucho lo subió a bordo.
La balsa estaba preparada para 20 personas pero aguantó bien a 32. Lo primero que vieron fue hundirse aguas adentro y para siempre las 9 mil toneladas del Crucero General Belgrano. Se hundió lentamente, y ese fue el último servicio que les prestó esa nave que tanto querían. El gran temor era que se fuera a pique de golpe. Hubiese generado un vacío tan inmenso que se podría haber tragado las balsas que estaban cerca.
El viejo crucero había navegado 220 mil kilómetros, es decir cinco veces y media circunvalaciones a la tierra. En una hora, dijo basta, dejó de flotar y se fue al fondo.
Los muchachos se abrazaron, lloraron, gritaron viva la patria carajo, cantaron el himno a los alaridos por los vivos, se desgarraron por los muertos. Las pastillas de glucosa ayudaron a recuperarlos. Asistir a los heridos fue la gran tarea. Esas linternas inquietas en medio de la noche y de ese oleaje espantoso hablaban entre sí. La lucecitas de vida, temblorosas, se deseaban suerte. Había que combatir contra el congelamiento, ese asesino que se mete entre los huesos. Usaban como bolsas de agua caliente, las mismas bolsas donde habían orinado. Alguien sintió el ruido de un avión y muchos miraron al cielo en agradecimiento. Dios era argentino. Llegó el Aviso Gurruchaga y los llevó, literalmente a Tierra del Fuego. Santiago Elías Belozo, se había salvado. Regresó a Puerto Belgrano pensando en aquel día del sorteo. Cuando cantaron el novecientos y pico, pensó: ¡ Marina!. Y se dijo a sí mismo: “va a ser dura la colimba pero por lo menos voy a conocer el mar”. Porque Santiago, ni siquiera conocía el mar. Su infancia fue en un hogar muy pobre y muy decente. Nunca pudieron juntar unos pesitos para ir a Mar del Plata de vacaciones. Armando, su viejo, era portero de un edificio y Adela, su madre, enfermera. Pero un día maldito Armando se quedó ciego y la familia tuvo que mudarse a una casita más chica y más humilde todavía. Y a sobrevivir con el sueldo de la madre y los tres hermanos que salieron de golpe a trabajar. Finalmente Santiago conoció el mar. Y bien desde adentro. Jamás imaginó que iba a ser protagonista de uno de los sucesos más dramáticos de la historia criolla. Que iba a ser artillero, que iba a disparar misiles antiaéreos. Santiago jamás olvidará algo que fue premonitorio. El 16 de abril de 1982, poco antes de zarpar, el jefe reunió a la tropa y con tono marcial les dijo lo que había que decir:
– Vamos a la guerra. No vamos a ningún tipo de baile. El nuestro es un buque viejo y por eso tenemos muchas posibilidades de que nos hundan o que nos den un golpe muy fuerte.
A Santiago se le cortó la respiración. Estaba en el puente de comando y leyó una chapa de bronce con un lema: “Irse a pique antes que rendir el pabellón”. Era la proclama del Almirante Brown, antes de su combate en 1826 y además, era otra premonición.
Santiago Belozo quería conocer el mar y lo conoció. De golpe se enteró que el mar es como el cielo pero abajo. Se salvó por un pelito porque un minuto antes se fue de la proa a tomar unos mates y por ese lugar entró un torpedo, una bola de fuego tremenda que desparramó la muerte por todos lados.
Santiago no aparecía en las primeras y confusas listas. Sus padres vivían con el corazón en la boca y el llanto a flor de piel. El no los llamó por teléfono porque no tenía un peso. Cuando finalmente llegó al barrio se hizo la luz. Vio a su vieja caminando por la vereda de Pompeya, con la bolsa del mercado en la mano y fue como volver a nacer. Como la mano de Serrucho. Se le puso al lado, respiró profundo y le dijo simplemente:
-Hola, Mamá.
Se abrazaron y lloraron como nunca. Se aferraron a la vida. Como si fuera una balsa.

Más trabajo y menos mafias – 29 de abril 2022

Este domingo es el día del trabajador y quiero hablar de los trabajadores. No de los que no trabajaron nunca como Máximo Kirchner que va a participar de un acto de la CGT. Tampoco de los que hacen actos jurásicos con colectivos e infraestructura que pagamos todos los argentinos.
Son días muy tristes para todos los que se ganan la vida con el sudor de su frente. La inflación, el desempleo, la pobreza son enfermedades que envenenan la vida de todos. No hay espacio para festejar. Al revés de las mentiras insólitas que dice el presidente Alberto Fernández, la pandemia y la pésima gestión quebraron empresas y bajaron la cantidad de puestos de trabajo. Ni hablar de los que viven de changas. Esos laburantes sufrieron como nunca.
Estamos ante una verdadera tragedia social y todavía no sabemos hasta donde pueden llegar sus consecuencias. Por eso le digo que en este día del trabajador no habrá mucho que celebrar. Todo lo contrario. Habrá mucho que lamentar.
Me gustaría recordarles que el trabajo dignifica y significa. El trabajo y el amor son los dos motores que mueven el mundo. Nuestra vida y la de nuestra familia gira alrededor del trabajo. Es lo que nos permite crecer y multiplicarnos. Multiplicar los panes y los peces. Desarrollar nuestras capacidades. Sacar lo mejor que tenemos adentro. Es el orgullo que llevamos en el pecho. El sacrificio personal, la superación constante, la cultura del esfuerzo que heredamos de nuestros viejos y nuestros abuelos. Es un mandato de la vida desde el fondo de los tiempos. Es un mandato ético y bíblico que nos recuerda eso tan sabio de que ganarás el pan con el sudor de tu frente. Hay pocas cosas más horrorosas que no tener trabajo. Con excepción de la muerte, es lo más doloroso.
Es como morir en vida. Un desocupado es alguien que no tiene ocupación. Que fue condenado a ser pero a no ser. Los desocupados son los desaparecidos de estos tiempos. Se los intenta borrar de todos lados. Los Kirchner los quisieron hacer desaparecer hasta de las estadísticas oficiales.
Siempre digo que la historia juzgará a los gobernantes por la cantidad de trabajo genuino y en blanco que puedan generar. La historia condenará o absolverá a los presidentes por este motivo. Porque es la medida de la justicia social plena. Esa es la manera de hacer una sociedad más igualitaria y más equitativa. Es una afrenta a nuestra conciencia que haya tantos trabajadores en negro. No existen, no están registrados, se los borra de los libros, los expulsan a la marginalidad. Trabajo en blanco para todos. Esa debería ser la consigna del mejor de los gobiernos. Lo grita Jairo con Atahualpa cuando dice: “Trabajo/quiero trabajo/Porque esto no puede ser/ No quiero que nadie pase/ las penas que yo pasé/ Porque todos estamos a tiro de telegrama.
Todos podemos quedar desocupados y sufrir el desprecio de no tener precio. De estar depreciados y despreciados. De sentirnos abandonados y por eso abandonar. Mientras más desocupados hay en una patria más fragmentada está. Más quebrada en sus cimientos.
Un estudioso como Jeremy Rifkin dice que por cada punto que aumenta la desocupación, crece un 4% la criminalidad. Es como desquiciarse, perder el rumbo, quedarse sin futuro. Sentir vergüenza ante la familia. El desgarro de no poder ser proveedor de tus hijos. Uno está habilitado a creer que por cada punto que aumenta la ocupación, hay un 4% más de seguridad y paz en la sociedad. Nos hacemos mejores personas, más humanas, menos rapaces.
Se debe poner la maquinaria del estado a construir fuentes de trabajo. Se puede fundar una nueva sociedad o fundir un país. Con Cristina, las mentiras del INDEC no nos permitieron hacer un diagnóstico riguroso. Pero alcanzaba con salir a caminar el conurbano y las espaldas de las grandes ciudades para certificar el desastre.
Hay muchas asignaturas pendientes pero que esta es la más importante. Trabajo digno y en blanco para todos y todas. Ese es el camino para combatir la pobreza y la indigencia de verdad y no la malversación de las estadísticas o la condena a la eternidad del clientelismo de los planes. El que esconde desocupados o pobres hace salvajismo de estado. Comete un ocultamiento de lesa humanidad. No solo porque no atiende a los desocupados. Además, porque ni siquiera los tiene en cuenta. Porque los borra del mapa, los ningunea. Hay que operar sobre la realidad y la verdad.
Por eso y por muchas cosas más hay que eliminar el tóxico inflacionario que siempre perjudica a los más pobres.
Y combatir a las mafias sindicales que se aprovechan de sus afiliados para llenarse los bolsillos. Estamos hartos de ver trabajadores pobres y gremialistas millonarios y atornillados a sus cargos como si fueran una monarquía. No digo que todos sean patoteros y ladrones. Pero existe una poderosa mafia sindical que defiende sus privilegios y condena a los trabajadores.
Tenemos que poner toda nuestra energía en combatir al virus criminal pero también en construir una sociedad productiva, con incentivos al progreso y el mérito. Y que todo el peso de la ley caiga sobre los mafiosos y los corruptos.
El talento de Alejandro Lerner que lo dice todo: “Que no nos falte el trabajo ni las ganas de soñar que el sueño traiga trabajo y el trabajo dignidad.

Más democracia contra las trampas K – 28 de abril 2022

Los argentinos que valoran y defienden la República han recibido una buena noticia. Prácticamente, la totalidad de los bloques opositores, se pusieron de acuerdo en impulsar la Boleta Única de Papel. Es un hecho político que les hace mostrar racionalidad democrática, diálogo y les permite marcar agenda y recuperar la iniciativa. Para eso llamaron a una sesión especial para el jueves que viene. Cada uno cedió algo y eliminaron las diferencias menores. Buscaron consensos amplios y denominadores comunes. Van a presentar los 8 proyectos similares que tienen estado parlamentario. No va a ser fácil que logren la media sanción en el recinto. Necesitan los dos tercios de los votos presentes. Pero van a generar un fuerte desafío al oficialismo del peronismo cristinista que los obligará a fijar posición. Y quedarán en evidencia quienes apoyan el futuro luminoso y quienes apuestan al pasado oscuro. Y en una de esas, logran ganar la votación y darle más luz y transparencia a la democracia. Parece un tema menor, burocrático, pero no lo es. No es casualidad que el oficialismo se haya negado terminantemente a implementar este mecanismo de votación pese a que se utiliza en casi todos los países democráticos del mundo.
Con la Boleta Única de Papel se acaban las trampas y los tramposos. Es una sola papeleta que tiene a todos los candidatos y solamente hay que marcar con una birome al que uno elija. Así de simple y efectivo. Se terminan los miles y miles de papeles. ¿Cuál es la mejora? Es más transparente y equitativo porque los partidos más truchos, los caudillos del peronismo, sobre todo en el Conurbano, roban o esconden o directamente tiran a la basura las boletas de otros partidos. Y el que no tiene fiscales, se perjudica muchísimo. Con una sola boleta, no sirve de nada ese delito porque todos los partidos y todos los candidatos están en el mismo papel. Se terminan todas las triquiñuelas, el voto cadena, poner boletas falsas para que se anule el voto, todas esas estafas ya no se pueden hacer.
Pero también es un mecanismo más sencillo y más rápido a la hora de colocar el voto en la urna y a la hora del recuento. Y es mucho más barato. Se ahorran más de 3 mil millones de pesos al no tener que imprimir tantas boletas. Y más amigable con el medio ambiente: menos papel, menos tinta, menos transporte.
Este instrumento ya lo utilizan en Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Neuquén y Salta y funciona a la perfección. Desaparece la posibilidad de hacer fraude. Es equitativo porque pone a todas las agrupaciones en un pie de igualdad.
La Cámara Nacional Electoral recomienda utilizar este sistema.
Esta decisión de gran parte de la oposición muestra además que la política puede aportar soluciones y que no solamente es confrontación y pelea. Que también es la búsqueda de consensos.
Si se aprueba la boleta única, se podría convertir en la puerta abierta para sumar otros avances en la calidad democrática.
Por ejemplo, la Ficha Limpia que también rige en varias provincias. Para evitar que las boletas se conviertan en aguantaderos donde se escondan los procesados o condenados por la justicia. Para que las listas de candidatos no convoquen a delincuentes que busquen fueros e impunidad.
Y también sería un crecimiento institucional que se aprobara “la ley de extinción de dominio”, una forma de recuperar para todos los argentinos el dinero y los bienes que hayan robado los corruptos.
Ninguna de estos caminos asegura que se terminen los problemas más graves y concretos como la pobreza, la desocupación o la inseguridad. Pero permite que los mecanismos institucionales funcionen más rápido y mejor. La democracia es el menos malo de los sistemas. Pero los problemas de la democracia se arreglan con más democracia. Más honestidad, menos delitos. Más ciudadanos, menos autoritarios. Más Republica y menos trampas. De eso se trata.