Señora Cristina, no le creo nada – 11 de marzo 2022

La señora Cristina y el grandulón de Máximo, sobreactúan tanto sus actuaciones que, a esta altura, son patéticos. Son millonarios que fingen combatir a los millonarios y a los capitalistas. Encima se hicieron millonarios con la nuestra, con el dinero que le robaron al pueblo pobre de la patria durante la cleptocracia más grave de la historia democrática argentina. Todo eso ya lo sabemos. Muchas veces les dije que la reina y el príncipe heredero son las personas que más daño le han hecho a la Argentina y la que más daño pueden seguir haciéndole. Pero hay novedades. En los últimos tiempos, los Kirchner, ella y el, son una caricatura de sí mismos.
El último hit del video seudo documental que grabó Cristina da vergüenza ajena. Lo dirigió Tristón Bauer, el ministro de la Propaganda y la Venganza. Cristina armó todo para colocarse en el lugar de víctima y de heroína en la lucha contra el imperialismo y el FMI. Vamos por partes a desarmar ese relato berreta con tono apesadumbrado de Cristina. Hay algunas preguntas que nos tenemos que hacer.
1) ¿Por qué motivo Cristina ordenó que no se vallara el edificio del Congreso pese a la insistencia de las autoridades de la Ciudad? Solo con ese vallado no le hubieran tirado piedras a las ventanas de su despacho. Hubiesen estado demasiado lejos. Pero ella y su tropa insistieron caprichosamente en que no querían vallas. ¿Paradójico o intencional?
2) ¿Por qué no cerró los gruesos postigones de madera que protegen los vidrios de sus ventanas? Con ese sencillo acto hubiese evitado que ingresaran las piedras. Todo lo contrario, se dedicaron a filmar el impacto de los cascotes.
3) ¿Estaban esperando un ataque de ese tipo? Porque la filmación y el sonido son de alta calidad profesional.
4) Hay varios detalles que hacen sospechar que la escena fue armada para darle más dramatismo. La piedra y los vidrios sobre Perón, Evita, Maradona y San Martín. ¿No será too much? Le faltó Gardel y el Papa Francisco.
5) El objetivo central de los delincuentes violentos fue la ventana de Cristina. Eso está claro. Solo ahí fueron dirigidas las bombas de pintura roja y hacia allí apuntaban los 5 salvajes con sus hondas. Por las pecheras y banderas más cercanas, ese grupito parecía ser de los grupúsculos más extremos y agresivos, que tienen relaciones con las barras bravas del fútbol y los soldaditos del narco menudeo y que, por lo general, actúan como mercenarios para producir alguna situación caótica, extorsiva o amenazante. Eran vándalos que no entendían nada de política ni de ideología. Eran fieritas que alguien contrató para generar un hecho que luego Cristina subió a las redes desde el lugar de víctima y heroína. ¿Quién armó todo esto?
Ricardo López Murhpy lo adivinó al vuelo y tuiteó: “Señora no se victimice, los violentos son sus barras bravas”. Cristina se autoelogia y dice que ella combatió con los fondos buitres, al FMI y que construyó el Frente de Todos para derrotar a Macri. La señora Cristina se pregunta si todo fue “paradójico o intencional”. Yo estoy seguro que fué intencional. Otro dato raro: Cristina no condena a los cobardes que usaron las gomeras. Ella condena a Fondo Monetario y cita palabras de Néstor, igual que Máximo en uno de sus videos.
¿Quiere que le diga lo que pienso? Esto fue una operación para victimizarse. A la señora Cristina no le creo nada. Y a su hijo, menos. Todo fue farsa y teatro. Como la entrada triunfal de Máximo a las 3 y media de la mañana al recinto para votar en contra. Confirmó que es un peligroso chiquilín irresponsable que al único que perjudicó fue a su gobierno, al gobierno que le confió las cajas más millonarias del estado. Tal vez Máximo se sintió Fidel Castro bajando de la Sierra Maestra. Pero resultó ser un muchachote que viene dilapidando la masividad de su agrupación que cada vez tiene más plata y menos militantes, cada vez tiene más trampas y menos ideales.
Nadie le hizo tanto daño a este gobierno como Cristina, Máximo, Fernanda Vallejos, Hebe Bonafini, Amado Boudou, Alicia Castro y siguen las firmas. Ni los más duros opositores lo vaciaron tanto d poder y lo insultaron al límite de llamarlo mequetrefe y okupa a Alberto. Nadie le volteó ministros o le ató las manos para despedir o nombrar funcionarios como el propio cristinismo. Esta gente (que Ishii llamó traidores), entregó a Alberto que se tuvo que rendir y arrodillar ante Juntos por el Cambio. Si no hubiera sido por la oposición, el acuerdo no salía y el papelón hubiera sido políticamente letal.
Alberto quedó flameando como un espantapájaros. Su módico coraje le dio para reuitear un texto de un periodista que decía “Néstor anoche, hubiese votado por el si”. Y su poca capacidad intelectual solo le alcanzó para hacer trascender por sus periodistas amigos que por lo menos Máximo había avisado que iba a votar en contra 5 minutos antes y que sus soldados no hicieron discursos contra Macri para no prender fuego al acuerdo con la oposición. Se conformó con muy poco.
D’Elía es un personaje despreciable pero no quiere perder sus curros y por eso acaba de decir que “Cristina quiere convertir a Alberto en De la Rúa”. Se están peleando por ver quien lleva el féretro de este gobierno que agoniza por sus propias perversidades internas.
Cristina está llena de ira. Pero no por el acuerdo con el FMI. Hay dos causas de mega corrupción que avanzan lentas pero seguras. Los cuadernos de las coimas K y la causa de Vialidad. Allí están pegados sus dedos y los de su hijo. Y las estafas son colosales. Y con este pésimo gobierno, ella observa una posible derrota electoral en el 2023. Allí las causas y los expedientes se van a acelerar en tribunales. Y Cristina podría ir presa. Eso es lo que altera sus nervios y la empuja a una actuación penosa y bizarra. Una vez más, señora, le digo que a usted no le creo, nada. Ni a usted ni a Máximo.

Los Kirchner contra el mequetrefe – 10 de marzo 2022

Mequetrefe es una antigüedad. La dirigente Fernanda Vallejos lo sacó del arcón de los recuerdos. Fue brutal porque le dijo Mequetrefe a su presidente, al que ella votó y al que Cristina bendijo por Twitter. Según el diccionario de la Real Academia, “mequetrefe” es “una persona entremetida, petulante e inútil”. Sus sinónimos más conocidos son “tarambana o botarate” y sus antónimos son “serio y responsable”.
Ni el más irrespetuoso de los halcones opositores se atrevió a insultar de semejante manera al Presidente la Nación. Muchos lo piensan, pero respetan su investidura presidencial.
Fernanda Vallejos dijo eso y todo el mundo interpretó que hablaba por boca de Cristina y Máximo. De hecho nadie salió a cruzarla y a defender a Alberto. Es una de las formas en que se pudo medir la debilidad política de Alberto. El fuego amigo de su propia tropa lo castigó y lo sigue castigando y nadie o casi nadie, sale a defenderlo. Nadie le hizo tanto daño a Alberto como los Kirchner. Nadie erosionó tanto al jefe de estado como su jefa. Nadie desestabilizó tanto al cuarto gobierno kirchnerista como los cristinistas.
Le hicieron de todo a Alberto. Lo humillaron una y otra vez. Cristina le cambió el gabinete apenas con una carta. No le permitieron que desplazara a Federico Basualdo, un funcionario de tercer nivel de energía pero bancado por la reina y el príncipe. Alberto fue tan vaciado de poder que no pudo ni designar una funcionaria como Claudia Bello en un cargo menor. Es tragicómico. Acusaron a Bello de menemista y los Kirchner compartieron 7 veces la boleta electoral con Carlos Menem y Néstor lo comparó con Perón. ¿Se acuerda?
El Frente de Todos se fue agrietando y los maltratos hirieron gravemente a Alberto. Pero en estos últimos días, tanto Cristina como su hijo, lo están sometiendo a papelones. Creen que se van a salvar de pagar los costos políticos, pero no se dan cuenta que están empujando a su propio gobierno a un precipicio. El infantilismo revolucionario de Máximo dejó a Alberto con los pantalones bajos. Tuvo que agachar la cabeza y someterse a las exigencias de la oposición. No es común que los diarios más importantes del país utilicen el mismo verbo para analizar una información trascendente. Hoy tanto Clarín como La Nación apelaron al verbo “ceder”. Clarín tituló “La oposición hizo ceder al gobierno y aprueban la financiación del FMI” y La Nación lo hizo de la siguiente manera: “Acuerdo con el FMI: el gobierno cedió para sumar a la oposición”.
Perdón por recurrir nuevamente al diccionario. Pero pretendo ser muy preciso. “Ceder”, en su primera acepción es “dar, transferir” pero en la segunda, es “rendirse, dejar de oponerse”. Sintetizando el drama de Alberto: el inútil e irresponsable se rindió ante la coalición opositora.
Ese esmerilado permanente al que someten a Alberto es como serruchar el piso sobre el que está parado el gobieno. Luis D’Elía, que es un personaje despreciable, pero que no come vidrio pidió que no transformen a Alberto en Fernando de la Rúa.
Seguramente no porque sea un gran respetuoso de la Constitución y los valores republicanos. D’Elía lo hace en defensa propia. Sabe que eL tsunami se los lleva puestos a todos. Que se les termina el curro. De hecho Aníbal Fernández salió a decir más o menos lo mismo de los “traidores” como los llamó Mario Ishii. ¿Qué dijo Aníbal? :” Si quieren hacerle daño al presidente, sáquense la careta y díganlo”.
Hay algo muy concreto. Alberto Fernández está en su momento de mayor debilidad, y la coalición está tan quebrada como su relación con Cristina, aunque tal vez, por ahora, nada sea definitivo. El peronismo tiene la pulsión de juntar incluso el barro para hacer un rancho. “Todos unidos triunfaremos”, es un ADN más que una parte de la marchita.
La pregunta clave es hasta cuándo durará en su cargo el ministro Martín Guzmán. El presidente, que era el único que lo sostenía ante los embates de Cristina y Máximo, acaba de tirarlo debajo de un camión. Guzmán se oponía a que se aprobara el acuerdo como el que se aprobó. Tal vez por eso, en estos momentos tan críticos, huyó hacia Houston. “Tenemos un problema, Houston”, podría decir. La realidad es que si Cristina y su hijo le cortan la cabeza a Guzmán o él renuncia, nadie sabe qué puede pasar en Economía. Ya estamos repletos de incertezas y mala praxis. ¿Quién podría reemplazarlo? Los cristinistas de paladar negro tienen una fórmula: “Felletti al gobierno y Boudou al poder”. Todavía creen en un delincuente con condena firme de la Corte Suprema. Tiene prohibido ocupar cargos públicos y por eso colocaría allí a un testaferro ideológico como Roberto Feletti. En ese nivel nefasto de discusión metieron al país. Con este grado de decadencia los argentinos tenemos que lidiar en medio de un mundo que estalla en guerra y que hará todo más difícil. Faltan dos años de un gobierno que carece de fortaleza y que está asediado hasta el suicidio por los líderes del oficialismo cristinista. Nadie sabe si al final de túnel hay una luz como piensan los ingenuos o se trata de una locomotora que nos va a atropellar a todos. Empezando por este gobierno de mequetrefes.

Los crímenes de guerra contra los chicos – 9 de marzo 2022

Volodímir Zelenski denunció que hay chicos bajo los escombros del hospital de niños que bombardearon los rusos. ¿Hay algo peor?
No hay historias más horrorosas que los crímenes de guerra contra los chicos. Son puñaladas en la espalda de la condición humana.
¿Cómo no largarse a llorar con el relato estremecedor de Elena? “Estoy en la mierda, esos malditos soldados rusos, mataron a mis sobrinos, esto es un genocidio”. Elena Klymenko se lo contó a los gritos, totalmente descontrolada a la periodista Elisabetta Piqué del diario La Nación.
Elena y su hijito Kirill de 11 años, pudieron escapar del infierno. Pero al llegar a una tierra segura, el teléfono le trajo las noticias más atroces. Su prima Natasha y su familia estaban huyendo en auto. Pero las tropas rusas los ametrallaron y asesinaron a dos de sus hijos, a Andre de 15 y Nicola de 3. Elena no tiene consuelo. Su padre, Mikhail, es muy mayor y pudo derrotar al covid pero está en plena pelea desigual contra el cáncer. Su vida es una pesadilla.
Las catacumbas, los sótanos y los refugios están llenos de chicos. Juegan a los juegos más inocentes y se estremecen cuando estallan las bombas sobre sus cabezas. Pero saben que están vivos.
Será imposible de olvidar a Amelia, esa nenita que canta como un ángel la canción “Libre soy” de la película Frozen, de Disney, en un estacionamiento subterráneo convertido en refugio.
Tiene un sueter negro con estrellas blancas y reparte tanta ternura que dan ganas de abrazarla y comerla a besos. En medio de la tristeza y la angustia, quienes estaban en el lugar la aplaudieron como si fuera cantante profesional. Algo de paz en las miradas.
Pablo Vaca, escribió una crónica excepcional en Clarín con cifras y experiencias sensibles. Hay 500 mil chicos desplazados de sus hogares, refugiados que escapan de la guerra y la muerte. Dice Pablo que se trata del doble de todos los alumnos de la Ciudad de Buenos Aires si sumamos los de primaria y secundaria. Es la dimensión de la infamia. Es la cara más oscura de la invasión desatada por un criminal de lesa humanidad llamado Vladimir Putin. Deberá rendir cuentas en los tribunales de la Haya y ante la historia entre otras salvajadas por la muerte, hasta ahora, de 38 chicos, más 71 que fueron heridos.
Pablo nos metió un tsunami de frío en el corazón con el relato de Dimitri que tiene 8 años y que está preocupado por sus 75 compañeritos del orfanato. “Solo quiero que esto termine, que no haya más muertes y volver a casa”, eso pide. Sentido común, vida cotidiana, aroma a tostadas en el desayuno y el calor de una madre que lo tape por las noches antes de dormir en su cama. Nada extraordinario. No piden nada del otro mundo. Solo lo que todos pediríamos. Basta de guerra y volver a casa. Y Dimitri tiene un pedido especial: que alguien lo adopte.
Los adolescentes escucharon las noticias de Tanya, una chiquita de 6 años. El espanto ocurrió en Mariupol. Un misil derrumbó su humilde casa de ladrillos y techos de chapa. Y ella murió de deshidratación debajo de los escombros porque el bloqueo de los soldados rusos no permitió que llegaran ni los bomberos ni la ambulancia. El alcalde se llama Vadim Boitchenko y estaba desolado con la información que recogió: “Su madre (la madre de Tanya) voló en pedazos por un bombardeo ruso. No podemos imaginar cuánto sufrimiento tuvo que soportar una niña inocente. En los últimos minutos de su vida estuvo sola, exhausta, asustada, terriblemente sedienta. Estoy lleno de dolor y odio por los nazis que bloquearon nuestra ciudad”.
El propio presidente Volodímir Zelenski hizo referencia al caso que sacudió el alma de Ucrania. Dijo que es la primera vez desde la invasión de los nazis que un niño muere deshidratado.
Hay un video que recorrió el mundo y las redes por millones, que se transformó en una suerte de emblema de la denuncia de estos crímenes contra los más indefensos. Ese nenito que camina, como marchando mientras llora desconsoladamente.
Tiene esa campera multicolor, un gorro y la capucha puesta. En una mano lleva una bolsa transparente con poquitas cosas y en la otra lleva un chocolate. Con sus borceguíes flamantes llegó solito, caminando a la frontera con Polonia. Tenía escrito en su mano un número de teléfono. El de la familia polaca que se había comprometido a recibirlo.
Andan caminando con sus gorros y pompones para protegerse de los grados bajo cero que trae la nieve. Muchos llevan ositos o autitos entre sus manos. Es su conexión con la vida anterior que perdieron y que quieren recuperar.
Un chiquito con Síndrome de Down de la mano de su abuela lo lleva a Pablo, el corresponsal de guerra a decir: “Perdón pero esto es una mierda a la que nadie se acostumbra por más que venga curtido de tanto chico cartoneando o haciendo malabares en los semáforos porteños”.
Los bebitos son los más frágiles. Olena, la esposa de Zelenski mediante una carta acusó a Putin de “disfrazar como operación especial al asesinato de chicos”. Habló de Alice, Polina y Arseniy, entre otros.
La sangre de chicos por las calles de Ucrania nos debe escandalizar y movilizar. Alguien dijo que en la paz, los hijos entierran a sus padres pero en la guerra los padres entierran a sus hijos. Hay que frenar a los perversos invasores. La guerra es el fracaso de la humanidad y el triunfo del fanatismo. Hasta un niño lo sabe.