Mil bicis para mil esperanzas – 9 de diciembre 2021

“Maggi es un guaso que no tiene límites”. Eso dicen los cordobeses. Ahora está entrenando para viajar en una nave espacial. Y eso que acaba de tocar el cielo con las manos porque cumplió con su promesa de entregar 1.000 bicicletas adaptadas a 1.000 chicos que tenían alguna dificultad para caminar. Había que ver, esa asamblea de sillas de ruedas, bastones, muletas y sonrisas. En el estadio Kempes, los más solidarios salieron campeones. Dieron la vuelta olímpica por la pista de atletismo los tres camiones inmensos con esas bicis que son un canto a la vida y la libertad.
Esta canción maravillosa de Diego
Torres que escuchamos al comienzo se llama “Hoy” y fue inspirada en la epopeya personal de Jean Maggi. Ya le conté quien es este cordobés con los huevos del tamaño del Himalaya. Diego Torres dice que no hay que dejar que el miedo nos derrote y propone demostrar que nuestro coraje es siempre más grande.
Nos quisimos sumar a esa epopeya de hermandad que es un ejemplo de que entre las empresas, la sociedad civil y el estado, se pueden hacer cosas maravillosas. Una sola sonrisa de estos mil chicos, tiene una potencia que nos hace invencibles como sociedad. Yo me sumé. Como se sumaron Pancho Ibañez, Natalia Oreiro, Guillermo Francella Adrián Suar, Patricia Sosa y Fabricio Oberto, entre otros. Me subí a la bicicleta del amor al prójimo. Le recomiendo que preste atención a la historia de Juan Ignacio Maggi. Es un abrazo tremendo para el alma. Muchas veces nos quejamos por temas menores, por pavadas. Muchas veces bajamos los brazos ante la primera dificultad. A Juan Ignacio, al que le dicen Jean, la vida lo castigó duramente y varias veces desde que era un chico. La polio, esa maldita enfermedad lo atacó a traición. Recién estaba aprendiendo a caminar y no pudo caminar más. Se paralizó su cuerpo de la cintura para abajo. A los 37 años, Juan tuvo un infarto terrible. Pero luego, descubrió que su voluntad y esfuerzo podía convertirlo en un deportista de alta competencia. Y lo logró. A la edad en que muchos se retiran, él comenzó a entrenar con una dedicación impresionante. Y aunque usted no lo crea, ese chico que apenas andaba con muletas fue representante argentino en los Juegos Paralímpicos, cruzó la Cordillera de los Andes y como si esto fuera poco, logró la hazaña de trepar al Himalaya. Aquel día de gloria, Juan Ignacio llegó a la cima de sus sueños. Nunca se rindió. Es un ejemplo, un espejo que nos puede ayudar cuando sentimos que todo está perdido. Nos puede confirmar que no hay que darse por vencido ni aún vencido.
Juan Ignacio es cordobés e hincha de Talleres. Eso solo lo hace bueno hasta que se demuestre lo contrario. Más allá de esta broma, lo cierto es que el peor insulto que uno puede decirle es “No se puede”. Toda su vida se dedicó a demostrarle al mundo y a sí mismo, que “si se puede”. Nunca soportó que alguien le tuviera lástima. Era una puñalada por la espalda cuando lo miraban desplazarse con sus muletas y esas corazas de cuero alrededor de sus piernas y decían: “pobrecito”. La pasó muy mal hasta los 37 años. Se sentía preso de su cuerpo y de su discapacidad motriz. Si mi cuerpo no sirve para que lo voy a cuidar. Eso decía en silencio. Después, cuando salió del infarto reconoció que la polio le había tocado por mala suerte o por el destino, pero que al infarto se lo había buscado. Pasaba 12 horas trabajando en un escritorio, fumaba 2 paquetes de cigarrillos por día y la comida chatarra era una constante. A eso hay que sumarle la mala sangre. Se castigaba a si mismo preguntando: “Porque me tocó esto a mí”. Fue la crónica de una tragedia anunciada: infarto.
Tenía 37 años y resolvió salir adelante. Ponerse de pié en todo el sentido de la palabra. Dar batalla. Empezó a entrenar. A hacer fierros, gimnasia de todo tipo. Tenía las piernas flaquitas de un grillo, los brazos musculosos como un toro y un corazón de acero. El deporte le empezó a multiplicar la esperanza. Le dio alegría, ganas de competir y de superarse. Le abrió un camino y un futuro. Le puso motor a su pasión. Hay una foto en la que se lo vé clavando sus muletas o bastones en la arena y pone su cuerpo en forma paralela al piso. Una ostentación de poderosos bíceps y abdominales. Hizo de todo. Básquet, natación, equitación y tenis hasta que un día se subió a una bicicleta adaptada y encontró el movimiento autónomo. Podía desplazarse a donde quisiera por sus propios medios. Es una bici que se impulsa con las manos. El va sentado, sus pies están quietos y apoyados y pedalea con las manos, por decirlo de alguna manera. Y las cosas cambiaron.
Juan Ignacio fue siempre para adelante. Participó de varias maratones. La de Nueva York que pasa por el Central Park y la de la ciudad de Roma son las más conocidas y las más emocionantes. Pero nunca se quedó quieto. Ya había estado quieto demasiado tiempo. Siempre va por más. Se anotó en un Ironman y dejó a medio mundo con la boca abierta. Nadó casi 2 kilómetros, en bicicleta recorrió 90 kilómetros y cuando estaba exhausto, se subió a una silla de ruedas y completó los 21 kilómetros mientras el resto de los atletas lo hacían corriendo a su lado. Fue una epopeya del cuerpo y de la mente.
Pero eso no le alcanzó a Juan Ignacio. Se propuso ir a la Cordillera y en el Valle de las Lágrimas recordó la Tragedia de los Andes, y los ejemplos de resiliencia que había contado, Carlos Páez Vilaró, uno de los sobrevivientes.
Su última locura fue animarse al Himalaya. Es la cordillera más alta del planeta. La cumbre del monte Everest está a 8.848 metros de altura. El cordón montañoso atraviesa varios países asiáticos como Bután, Nepal, China, India y Pakistán. Y allá fue. El nenito cordobés que había atacado la polio, iba rumbo a la cima de sus sueños. El que tenía paralizado su cuerpo de la cintura para abajo, el de las piernitas de grillo, se preparó como corresponde y pudo escalar. Once días pedaleando con la respiración complicada por la altura. Once días sin bañarse. Once días durmiendo en una carpa en medio del hielo, las piedras, los precipicios y los vientos terribles. Un día se descompensó y le tuvieron que suministrar oxígeno. Pero llegó. Lo logró.
Su cara era la síntesis de la felicidad. La satisfacción del deber cumplido. De la lona, del infierno de la depresión llegó muy cerca del cielo. Lo más cerca del cielo que se puede llegar sin despegar de la tierra.
En sánscrito, Himalaya significa “El lugar de la nieve”. En cordobés, significa “El lugar de los sueños”. Juan Ignacio odia quedarse quieto. Insisto, ya estuvo demasiado quieto, demasiado tiempo. Ahora es movimiento, iniciativa, empuje, energía renovable. Armó una fundación con su esposa María Victoria. Ella tiene un nombre que fue premonitorio. La mayor victoria de Juan Ignacio son sus 5 hijos: Camila, Amparo, Catalina, Sara y el único varón Juan Ignacio, como el padre. Esa familia es una cadena solidaria irrompible. Ahora, el atleta Maggi quiere provocar un cambio en la forma de mirar la discapacidad que tiene la sociedad. Trabaja para que se vea como una oportunidad y no como una imposibilidad. Se ríe cuando cuenta lo que le pasó hace un tiempo con un taxi. Estaba parado en una esquina mientras esperaba que la pasajera le pagara al chofer. De puro amable le abrió la puerta y la señora le dio una moneda.
Cuando Juan José Campanella se enteró de semejante heroísmo ciudadano, resolvió producir un documental conmovedor de 47 minutos titulado “El límite infinito” que hoy puede verse por Netflix.
Juan Ignacio da charlas pero no cobra. Les pide donaciones de bicicletas adaptadas para los que no pueden comprarlas. Nadie las fabricaba en serie. Eran trabajos artesanales. Pero como es un emprendedor potente e incansable, armó una fábrica de esas bicicletas milagrosas. Trabajan ahí, jóvenes que tienen discapacidades motrices.
Todo lo que Jean Maggi hizo, hubiera sido una tarea titánica para cualquier persona que no haya padecido ninguna enfermedad. Pero él tiene un lema que fue el subtítulo de la película: “Lo difícil se hace, lo imposible, se intenta”. Lo admiro porque se cayó cientos de veces y se levantó cientos de veces.
Poder trasladarse a donde quisiera sin preguntarle a nadie ni depender de nadie le dio libertad. La consiguió con una fortaleza digna de imitar.
El virus de la poliomielitis no pudo con Maggi. Después la ciencia de Jonas Salk y Albert Sabin, se encargaron de pulverizar el bichito. Hoy tenemos otro virus llamado Covid 19. Hasta que logremos dinamitarlo tenemos que apelar al ejemplo de personas como Juan Ignacio Maggi. El pasó de la depresión y el infarto al Himalaya. En medio de la batalla encontró la alegría y la libertad.
Como dice nuestra cortina y arenga: Cuando cueste mantenerse en pie/ cuando se rebelen los recuerdos/ y me pongan contra la pared/ Resistiré, erguido frente a todo/Me volveré de hierro para endurecer la piel, como hizo Juan Ignacio Maggi.

El pan dulce de la dignidad – 8 de diciembre 2021

Muchas familias argentinas hoy
arman el arbolito de Navidad. Es un día especial para renovar la esperanza.
Todos los años, casi como un rito, como una cábala, me gusta hablar sobre la cooperativa La Juanita con la excusa de su pan dulce, que es el más dulce de todos porque es el pan de la solidaridad. Ayer recibí ese manjar y me acordé que debo difundir la obra de Silvia y Toty Flores.
Además, hay momentos en que uno se intoxica con el veneno que todos los días arrojan Cristina, Boudou o Lázaro Báez. Hay momentos en donde conviene abrir una ventana de aire fresco para confirmar que no todos los dirigentes o funcionarios son iguales. Que hay muchos que tienen sensibilidad, grandeza, buen trato y nos transmiten esperanza en lugar de diseminar bronca, corrupción y palos en la rueda.
Este grupo heroico de compatriotas, se cayó cuando la Argentina se derrumbó, pero decidió levantarse con su propio esfuerzo, militando en la cultura del trabajo cooperativo. Hoy La Juanita es un faro de luz. Muchos creen que allí se producen remeras, guardapolvos, los mejores pan dulces del mundo o que se reciclan computadoras y que ahora, con la idea y dirección de Juan José Campanella, se capacitan jóvenes en el maravilloso “Potrero Digital” para que tengan una salida laboral en el mundo tecnológico que se viene.
Si muchos creen eso, en parte, tienen razón. Solo en parte. Porque es cierto que todas las manos todas generan esos productos. Pero la edificación más grande que han levantado es la capacidad de juntarse y avanzar colectivamente. Hoy tienen hasta un call center donde trabajan personas que antes eran vendedores ambulantes o empleadas domésticas. Hay que verlas, felices, con aire acondicionado y frente a sus computadoras. O los servicios digitales que prestan a distintas empresas. Es emocionante. Con problemas o peleítas como en todos lados. Pero con un objetivo de libertad absoluta que solo se consigue cuando todos se convierten en uno y uno se transforma en todos. En la Juanita nada se pierde, todo se transforma y se multiplica como los panes y los peces. Amanece que no es poco. Es el milagro de la dignidad.
Venga conmigo. Lo quiero invitar a un viaje a la esperanza. Vamos juntos al corazón pobre de La Matanza, a Gregorio de Laferrere. Allí donde se fabrica la dignidad. Allí donde no hay resentimientos y se combaten los prejuicios. Donde un grupo de argentinos patriotas levantaron con sus propias manos y con el sudor de su frente la cooperativa La Juanita. Tienen una energía renovable y perfumada porque su motor funciona a Flores. A Toty Flores, la génesis del fundador y a Silvia Flores, la utopía en marcha. El padre y la hija son el eje de una comunidad que resolvió pelearle a las injusticias con las mejores armas de la integración y la educación.
En pleno terremoto del sálvese quien pueda, los piqueteros del MTD (Movimiento de Trabajadores Desocupados) de la Matanza hicieron un gesto revolucionario y pacífico: le dijeron no a los planes asistenciales y al clientelismo que los encarcela. Decidieron no rendirse jamás, no bajar los brazos pero no cambiar dignidad por votos. Cada uno se la arreglaba como podía para darle de comer a sus hijos y para subsistir. Los del MTD del Toty Flores eligieron otro camino más largo tal vez, mas sacrificado seguro, pero infinitamente más profundo y definitivo. El camino de los valores.
De la revalorización de los mejores sentimientos y comportamientos que tenemos los seres humanos. Decidieron actuar en defensa propia ayudándose ayudando a los demás. Crecer como seres humanos y dejar de depender de los humores, los caprichos y la arbitrariedad de los punteros políticos de los Kirchner. Saltaron el abismo y se pusieron a reconstruir los lazos solidarios. Desde abajo, ladrillo por ladrillo, tomados de la mano, afrontando con alegría y coraje todas las dificultades. Y no pararon nunca de crecer.
Por algo el logotipo que los identifica en su orgullo es una mano tendida que florece. La tarea cotidiana que realizaron se convirtió en un espejo donde mirarse. En un imán que incita a integrarse y a participar.
Es el milagro de la dignidad. Por eso Martín Churba se empeñó en capacitarlos en el arte del diseño. Por eso Maru Botana les reveló los secretos de sus mejores manjares y le enseño el oficio de amasar el mejor de los “pan dulces”, el de la solidaridad.
Por eso el maestro, Oscar Alvarado, antes de morir les dejó lo mejor que tenía. Y solo estoy nombrando a algunos pero son cientos los que se sintieron convocados por la potencia que transforma gente con necesidades básicas insatisfechas en ciudadanos plenos. Solo hay que darse una vuelta por la cooperativa para sentirse contagiado por esa experiencia. Los cimientos son los valores. Nada se regala. Todo se logra por esfuerzo propio. Las computadoras son recicladas por la gente del barrio que fue capacitada para eso y que a su vez capacita a otros. La idea es que todos los vecinos y sus hijos puedan estudiar, trabajar o divertirse con esas viejas computadoras puestas en valor. Se les cobran precios accesibles y en varias cuotas. Y si no pueden pagarlas, las pagan con su trabajo para que la rueda productiva y educativa siga girando. Y así pasa con las serigrafías y esas remeras que exportaron a Italia con la consigna que en el pecho dice “La fibra de la dignidad”. O esos guardapolvos que se vendieron a Japón con diseño made in La Juanita. O ese jardín de infantes donde nacen los arcos iris que no cobra un centavo a nadie pero obliga a que los padres y las madres participen del proceso pedagógico de sus hijos. Potencian el aprendizaje. Le dan solidez a la familia.
Se plantan con su identidad en la tierra como las mejores raíces. Como ese árbol de eucaliptus que les dio sombra desde siempre y que ahora les da aliento y les abre los pulmones. Con esas ramas eternas que mezclan sus hojas para convertirse en techo de las mejores asambleas.
Por eso la más grande de las utopías que tenían se hizo realidad y nosotros pudimos acompañarlos en esa marcha contra la dependencia y la sumisión. Y así surgió después de grandes esfuerzos y manos callosas y espaldas partidas, la escuela primaria, “Crecer en Libertad”, que es un verdadero modelo de como la solidaridad puede transformarse en cemento. Ese edificio escolar se llenó de sol y sabiduría y un día nació el mayor de los tesoros que es la igualdad de oportunidades para todos.
Como es habitual, no tienen apoyo económico de nadie. Pidieron un crédito y lo están pagando a pulmón. Hoy que la economía solo trae malas noticias, hoy que la desocupación y la pobreza están creciendo, hoy que estamos transitando un túnel muy complicado hasta ver la luz de un país mejor, vale la pena multiplicar el ejemplo de La Juanita.
Los argentinos estamos hartos del roba pero hace. Eso tiene patas cortas como la mentira. Igual que el clientelismo que te deja cautivo del que te da un plan cuando quiere. Hay otra Argentina posible. Por eso es tiempo de levantar la bandera de La Juanita. Son hombres y mujeres que luchan toda la vida y por eso son imprescindibles. Ellos no roban pero hacen. Son lo mejor de una patria que viene.

Alberto, entre Biden y China – 7 de diciembre 2021

Cristina y Máximo están que vuelan de
bronca. Alberto se atrevió, tímidamente y ahora está lleno de dudas. No sabe bien que hacer. Es que esta vez no había tercera posición. Alberto
tuvo que decidir de qué lado está. Ese era su dilema. ¿Se ubica junto a las democracias plenas y republicanas o pegado con las dictaduras y autocracias? El mundo y el FMI lo estarán mirando este jueves y viernes. Es porque el presidente de los Estados Unidos invitó a la Argentina a la Cumbre Democrática junto a otros 109 países de todo el planeta. Se hará en forma virtual. Alberto contestó en voz baja que va a participar, pero en el gobierno temen que haya un giro en “u”. El ministro de trabajo, Claudio Moroni ya dio los primeros pasos. Pero nadie sabe quién lo seguirá. Hay un gran misterio y falta de información precisa. ¿Cuál es la duda? Que Biden excluyó de esta convocatoria a casi todos los países amigos, aliados y en algún lugar cómplices, de muchas de los atropellos que comete el gobierno de Cristina y Alberto. Y a las pruebas me remito: los Estados Unidos dejaron afuera de este encuentro a China, Rusia, Venezuela, Cuba, Nicaragua e Irán, entre otros países que violan los derechos humanos y las libertades individuales. El oficialismo peronista, capturado por el cristinismo chavista ya demostró en varias ocasiones que no condena ni las censuras ni las torturas o asesinatos que esos gobiernos cometen contra los disidentes.
En todas las ocasiones, el gobierno argentino apoyó o miró para otro lado frente a tiranías que no respetan la libertad ni la división de poderes y cometen en algunos casos crímenes de lesa humanidad como Venezuela o apoyan decididamente a terroristas de estado como Irán.
¿Qué hará Alberto finalmente? ¿Avanzará a fondo o va a recular?¿Qué consejo le dará el embajador en Estados Unidos, su amigo Jorge Arguello? ¿De que manera van a presentar el tema ante su tropa más radicalizada si deciden participar con alto perfil? ¿Cómo lo van a explicar ante la opinión pública si se niegan a ocupar un lugar entre los países con democracias más desarrolladas y consolidadas?
Para colmo, el encuentro tiene tres ejes temáticos que ordenarán el debate: la lucha contra todo tipo de autoritarismos, contra la corrupción estatal y contra los que no respetan los derechos humanos.
Difícil transitar por la avenida del medio frente a semejante desafío. Todos sabemos a esta altura de la humanidad que las enfermedades de la democracia solo se curan con más democracia y que se trata del menos malo de los sistemas. La democracia es imperfecta por definición. Milton Friedman dijo que “una sociedad que anteponga la igualdad a la libertad, acabará sin una ni otra. El uso de la fuerza para lograr la igualdad destruirá la libertad y la fuerza acabará en manos de personas que la emplearán en pro de sus propios intereses”.
Es una radiografía perfecta del ADN de estos países antidemocráticos. Insisto: de los amigos y cómplices del kirchnerismo y con los que mantiene relaciones carnales.
Dicen en voz baja en el gobierno que Alberto tiene miedo de irritar a China y los negocios poco transparentes que están por realizar en nuestro territorio. De hecho, Biden invitó a Taiwan para que no haya dudas de su intención política. Alberto además, se siente parte fundamental del Grupo Puebla donde convive con Dilma Rousseff, el prófugo Rafael Correa, Evo Morales, Fernando Lugo y Lula, que hablará este viernes en el acto de Plaza de Mayo al lado de Cristina.
Alberto está en una encrucijada. Debería tomar el camino de Michelle Bachellet y Sergio Ramírez, entre otros. Nadie puede acusar a la ex presidenta socialista de Chile de ser derechista o pro imperialista y mucho menos al gran escritor, ganador del premio Cervantes y ex vicepresidente del sandinismo de Nicaragua que derrocó al fascista de Somoza.
Sin embargo ambos condenan fuertemente a Cuba, Venezuela y Nicaragua entre otros por haber convertido sus gobiernos en dictaduras feroces. La Venezuela chavista está a punto de superar a Siria, con más de 5 millones de exiliados la cantidad de gente que huyó de esos países en busca de libertad, comida y seguridad. El despotismo familiar de los Ortega tiene presos a todos los candidatos que iban a disputar la presidencia. De esa manera ganó en las elecciones. Corrió solo esa carrera. Una vergüenza monumental. Y de Cuba, que se puede agregar.
Hay una Cuba que no termina de nacer y
otra, que no termina de morir. Hay una Cuba maravillosa que resiste a la dictadura y canta con alegría por la patria, la vida y la libertad. Hay otra Cuba jurásica, represiva, sofocante que hambrea y persigue a su pueblo y que sigue insistiendo con su consigna criminal de “Patria o muerte”. Los cubanos huyen apenas pueden de un totalitarismo que quebró económicamente al país y convirtió la isla en una cárcel. ¿Los progres argentinos que se niegan a ver la realidad, no se preguntan porque el pueblo venezolano o cubano, se escapa de esos países? ¿O creerán que son todos agentes de la CIA?
La Cuba que está pariendo la democracia tiene un himno que los arenga: “No más mentiras/ Mi pueblo pide más libertad, no más doctrinas/ Ya no gritamos patria o muerte/ sino patria y vida. /Y empezar a construir lo que soñamos/ lo que destruyeron con sus manos/ que no siga corriendo la sangre/ por querer pensar diferente/¿Quién les dijo que Cuba es de ustedes?/ Si mi Cuba es de toda mi gente/.
Alberto debe elegir entre dos modelos. La libertad o la tiranía. Y si no sabe cuál es la diferencia, puede leer a Thomas Jefferson, padre fundador de los Estados Unidos: “Cuando los gobiernos temen a la gente, hay libertad. Cuando la gente teme a los gobiernos, hay tiranía”. Alberto, decide. Si Cristina lo deja.