Si me permiten, vamos a recordar a
alguien al que le debemos muchas risas, sonrisas y carcajadas. Frente a tantas pálidas, amarguras y sufrimientos que nos produce el gobierno de los Fernández, no viene nada mal un poco de distensión y alegría.
Hoy se cumplen 8 años de la muerte de Juan Carlos Calabró. Aquel día y durante mucho tiempo, el humor nacional estuvo de luto. Aunque suene contradictorio, es verdad: a la sonrisa argentina se le escapó una lágrima. Esto es como una mueca mezclada de columna en homenaje a un artista inmenso que nos mejoró la vida a todos y recuerdo por el dolor por la pérdida de un ser querido.
Con la muerte de Juan Carlos Calabró, murieron muchas cosas. Porque era uno de los últimos de una estirpe de cómicos que formatearon nuestra identidad como Luis Sandrini, Juan Carlos Altavista, Dringue Farías, José Marrone, Pepe Biondi, Alberto Olmedo, Tato Bores y tantos otros. Todos hicieron cine y teatro pero explotaron en la televisión. Allí se metieron en nuestras casas y en nuestros corazones. Allí se hicieron pasión y carcajadas de multitudes. Era un tiempo que fue hermoso. Era otra televisión donde la ingenuidad y el chiste de salón con alguna que otra picardía zafada, convocaba a la familia alrededor de la pantalla. Todavía no habían desembarcado en la tele males como el puterío y la pelea a los gritos para mejorar el minuto a minuto pero para tirar a la basura la gloria y la historia.
Con Juan Carlos Calabró, hemos perdido además a un oyente y a un amigo de todas las tardes. Tal vez porque su carrera de locutor lo hizo arrancar por la radio con un programa que se llamaba “Farandulandia”. El Cala era nuestra conciencia del otro lado del micrófono. Era capaz de llamar por teléfono y hablar con un productor para aportar un dato, una anécdota y para elogiar un momento de radio, una columna como esta. Ojalá Juan Carlos pueda escuchar estas palabras. Ojalá pueda sintonizar radio Mitre, donde hoy trabaja su hija Marina, desde el paraíso de la risa a donde seguramente fue a parar. Ojalá tome este responso como un gran abrazo que le dice gracias por todo. Por tu vida y obra. Y por los regalitos pintados a mano que solías traernos al estudio. Esos platos, esas botellas, esa manera de pasar las horas entretenido cuando tus 80 venían degollando. Juan Carlos, Cala, Calita, gracias por tantos cuentos. Por tu mirada pícara. Por ese “contra” tan argentino y tan nuestro donde cabeceabas al gol los centros que te tiraba Marcos Zucker al principio y después Antonio Carrizo y también Fernando Bravo. Gracias por demostrar que no hace falta ser chabacano ni putear todo el tiempo. Por tu apuesta a la trayectoria de manos limpias hoy te recuerdan Coca, tu esposa eterna. Tus hijas, Ileana y Marina y 4 nietos que te disfrutaron hasta el final, hasta que ese maldito riñón con cara de vinagre y mala onda te mandó al cielo que te habías ganado con gran esfuerzo. Que se enciendan las luces del viejo varieté como en aquellos teatros de revista donde luciste tu talento y tu frac impecable en el Maipo, el Nacional y el Astros. Que un director diga vamos que venimos y se prenda la luz roja, que te rías improvisando chistes al aire como en Telecómicos, con los textos de Aldo Camarotta y Delfor. Que la radio te convoque locutor y actor como en tus comienzos, que no falte Jhonny Tolengo (a) El Majestuoso y sus anteojos exagerados. O el gran Renato, la ternura de Anibal y tantos personajes que supiste rescatar de la realidad cotidiana.
Aníbal y Mingo fueron una pareja emblemática que se cansó de meter éxitos y carcajadas en el cine. Minguito Tinguitella y Calabró fabricaron “Mingo y Aníbal en la mansión embrujada contra los fantasmas, o dos pelotazos en contra. Calabró participó en 16 películas, y en 3 de ellas compartió cartel con Susana Giménez. Hincha del humilde de Villa Dálmine, disfrutaba sus cafecitos en Tabac y celebraba los premios con todos: el Konex, el Estrella de Mar y, por supuesto, el Martín Fierro.
Juan Carlos tenía la sensibilidad actoral suficiente como para inventar sus propios personajes. Era como mirar nuestros defectos o nuestras exageraciones y desmesuras y reírnos de eso. Nos queda mucho de su herencia. Jamás olvidaremos sus “Calabromas”. Ni aquel silencio inmenso y ovación inmediata que logró en el homenaje durante la entrega de los premios Martin Fierro. Nos quebró la voz a todos. Nos llenó la garganta de angustia. Y como buen genio no quiso romper una regla del mundo del espectáculo y terminó con una broma. Levantó la estatuilla y le dijo a su esposa: “Coca, uno más para lustrar. Ya estamos cerca de Mirtha, nos faltan 14.”
El decía que supo fabricar sus propios muñecos y personajes. Fueron creaciones totalmente originales que llevaban su marca en el orillo. Son los fantasmas de la risa que hoy estarán derramando una lágrima.
Esas alegrías repartidas a domicilio vivirán eternas en los momentos de felicidad de nuestro pueblo. El humor hace 8 años que lo extraña. Un día como hoy, Juan Carlos Calabró se iba de gira.
Que en aplausos y risas descanse.
El cristinismo odia al periodismo – 4 de noviembre 2021
La señora Cerruti, vocera de Alberto,
y al servicio de Cristina, dijo una mentira grande como la Casa Rosada. La señora Cerruti, sin vergüenza, aseguró que “nunca hemos discriminado a un medio ni silenciado a un periodista”. Lo hizo mediante un tuit emitido ayer a las 14:58 hs.
Solo en los últimos tiempos hay que recordar los intentos de encarcelar a Daniel Santoro o Luis Majul, la amenaza de Aníbal Fernández a Nik y la serie de juicios de hostigamiento que funcionarios le iniciaron por pavadas a varios periodistas independientes. Ni hablar de la paliza que le dieron a Julio Bazán en su momento.
No alcanzaría todo un programa para detallar la cantidad de agresiones, discriminaciones y aprietes al que Néstor y Cristina sometieron al periodismo desde su cuna, en Santa Cruz.
El cristinismo siempre odió al periodismo.
¿Se acuerda de Mario Ishi? Desde el escenario, dijo que “el pueblo un día se va a levantar contra los medios, estoy seguro. Dejen gobernar y de tirar pálidas y veneno y de pegarle al presidente”.
Ishii debería saber que quien más le pega y le tira pálidas al presidente Fernández es Cristina con sus órdenes y gritos y Fernanda Vallejos con sus adjetivos descalificativos. Ningún periodista se atrevió a llamar a Alberto “bazofia, mequetrefe, enfermo, inútil, hipócrita, ciego y sordo”.
¿Algún día el pueblo se levantará contra la diputada Vallejos que en su bloque se convirtió en poco menos que una heroína por ensuciar de esa manera la investidura presidencial? Hace un par de días se fotografió abrazada con Roberto Feletti, quien dicen, sería el futuro ministro de economía de una mayor chavizacion, después de las elecciones.
Está lleno de medios chupamedias que son pauta traficantes al servicio de Cristina.
Por eso le digo que con libertad se puede hacer un periodismo bueno, malo o regular. Eso lo juzgará la gente. Pero sin libertad, lo único que se puede hacer es propaganda. Muchos creen que el principal insumo del periodismo son las noticias. Y no es cierto. Nuestro principal insumo es la libertad.
Lo primero que hacen las dictaduras como Venezuela y Cuba es amordazar, censurar y perseguir al periodismo. Lo primero que hacen las autocracias feudales como Santa Cruz y Formosa es intentar domesticar y hacer arrodillar a los periodistas independientes que no se alquilan ni se venden. Desde el regreso de la democracia en 1983 nadie agredió tanto a los medios de comunicación y a sus trabajadores como el cristinismo. Utilizaron todos los mecanismos conocidos de hostigamiento a la prensa libre e inventaron algunos porque son muy creativos para el mal. Hasta la llegada de Néstor y Cristina nadie había extorsionado a los anunciantes privados. Los obligaron a retirar publicidad en los grandes medios para que apoyaran a los que tenían puesta la camiseta de Cristina. Pasó mucho esto. El caso más recordado fue el de los supermercados y sus grandes ofertas de fin de semana.
Utilizaron la pauta publicitaria con una ferocidad nunca vista. Castigaron con el látigo a los que no se disciplinaron y premiaron con su generosa billetera a los alcahuetes del poder. Les dieron fortunas en pauta y miraron para otro lado ante las evasiones y elusiones impositivas para que sus cómplices compraran medios y los pusieran al servicio de Cristina eterna. Expulsaron de los medios del estado todo vestigio de pluralismo y los convirtieron en unidades básicas que adoctrinan todo el tiempo. Juzgaron en una plaza pública al estilo mussoliniano a distintos periodistas, colgaron afiches con sus caras e incitaron a los chicos a que los escupieran.
Y además, dispararon misiles de mentiras todos los días, contra cronistas que se negaron a sumarse a la comparsa K. Intimidaron a dueños de medios para que levantaran programas y echaran periodistas. Lo padecí en carne propia.
Recurrieron a la acción directa y a los escraches de patotas que fueron a la puerta de los canales y las radios a intimidar periodistas. A muchos les pegaron palizas inolvidables y fabricaron tanto odio como nunca antes desde 1983. Delirantes e ineficientes como Axel Kicillof han llegado a decir que los periodistas somos hinchas del Covid y queremos que la gente se muera. ¿Se puede apelar a semejante bajeza?
El líder judicial de este proyecto autoritario, Eugenio Zaffaroni, funcionario de dos dictaduras y dueño de departamentos donde se ejercía la prostitución, llegó al extremo de calificar a los periodistas que no eran de su gusto como “terrorismo mediático”. Otro sujeto de ese palo, llegó a proponer un tribunal para juzgar a los periodistas como si fuéramos genocidas: “La Conadep del periodismo”, vomitó para bautizar su idea. También utilizaron la AFIP y los espías estatales para amenazar y tirar carpetazos contra los que no se subordinaron.
Por eso es tan importante defender la libertad de prensa. No es un privilegio ni un derecho de los periodistas. Es un derecho de los ciudadanos a ser informados con el máximo de verdad posible y con el mayor arco iris de matices ideológicos.
Los periodistas que amamos y tratamos de honrar este oficio, no defendemos camisetas partidarias ni dirigentes. No somos ni debemos ser el soporte de ningún político. Ni de Cristina ni de Macri ni de nadie. El motor que nos mueve es la búsqueda de la verdad. Nosotros defendemos valores: la democracia, la paz social, los derechos humanos, la independencia de los poderes, la honestidad, el mérito, la igualdad de oportunidades, la seguridad para trabajar y vivir con tranquilidad. Cristina, Alberto y ahora la señora Cerruti, deberían saberlo.
El fin de ciclo de Cristina – 3 de noviembre 2021
Es la gran pregunta para analizar el
futuro de la Argentina. ¿Se termina el ciclo de Cristina? ¿Este 14 de noviembre, las mayorías en las urnas marcarán el comienzo del final del proyecto nacional populista autoritario que lleva el apellido Kirchner? Nadie lo sabe con precisión. Es muy difícil medir el humor de las sociedades en tiempos de cólera o de covid. Si se puede afirmar que el cristinismo nunca estuvo tan débil y cuestionado. Un resultado electoral por abajo del 30% en el país y otra derrota en la provincia de Buenos Aires, podría desatar una crisis de liderazgo y una reformulación del mapa político. El peronismo que gobierna provincias y municipios ya registró que ni Alberto ni Sergio Massa tiene votos propios. Y si alguna vez si los tuvieron, los prendieron fuego en el altar de Cristina. Los que prometieron combatir la cleptocracia y el chavismo K, finalmente, fueron sus aliados en el regreso al poder. Eso liquidó sus aspiraciones. Axel Kicillof es un fantasma que deambula por una provincia que no supo gobernar. Y Máximo Kirchner, obligado a mostrar su capacidad organizativa, su formación teórica y su carisma, fracasó en todos los rubros. Todos, incluida Cristina, tienen una imagen negativa superior al 70%, según la universidad San Andrés.
PLACA DE IMAGEN NEGATIVA: FUENTE UNIVERSIDAD SAN ANDRES. ALBERTO 72%/ CRISTINA 75%/ MAXIMO 76/ MASSA 75 / AXEL 70.
Por lo tanto, por antecedentes, solo queda Cristina más o menos en pie. Si ella se convierte nuevamente en mariscal de la derrota, tal vez el justicialismo que quiere renovarse, se atreva a liberarse de esa mochila de piedras. Hoy Cristina tiene secuestrado al peronismo que, cada día le tiene menos miedo. Si el voto popular la vuelve a castigar, es probable que se acelere el parto de un peronismo más republicano y sin Cristina.
Nunca antes en la historia el peronismo unido había sacado tan pocos votos. Si la situación se repite o aumenta el caudal opositor, el peronismo, y Cristina, por primera vez perderán el quorum propio en el Senado de la Nación. Esta posible nueva realidad, produciría un mayor control democrático y serviría como contención republicana ante cualquier salto al vacío que Cristina quiera pegar en su radicalización.
Cristina, como decía Cooke del peronismo, es el hecho maldito del país burgués. Mas por resentimiento, voracidad por el poder y por el dinero que por ideología.
Es imposible que Argentina avance hacia un país más justo, desarrollado, moderno y ético, frente a la potencia tóxica que tiene la exitosa abogada que nunca ganó un juicio pero que lo perdió varias veces. Sus acciones vengativas, maltratadoras y de búsqueda desesperada de la impunidad, son un dique de contención para la refundación de la Argentina.
El gobierno de Alberto se desplomó en todos los sentidos y transita su agonía. Está a tiro del golpe palaciego que impulsan los cristinistas más duros como Fernanda Vallejos. Ellos acusan a Alberto de ocupa y mequetrefe y dicen que después de las elecciones, no solamente hay que poner a Roberto Feletti en lugar de Martín Guzmán. Sostienen que hay que empujar a Alberto para que se vaya, con la excusa de una enfermedad y para que Cristina gobierne con sus talibanes hasta el 2023. La Campora, la guardia de hierro de Cristina, está lista para apoderarse de todos los ministerios. Están convencidos que Alberto fue vaciado de contenido y no puede hacer bien ni siquiera el mal.
¿Se atreverá Cristina a asaltar el poder de esta manera? ¿Tendrá las energías suficientes? Está casi obligada a hacerlo si se guía por sus instintos y trayectoria. Y sobre todo, porque ella como presidenta por tercera vez, piensa que podría evitar ir a la cárcel o ser condenada por el latrocinio más grande que recuerda la patria en democracia.
El justicialismo no tiene líderes. Hoy carece de candidatos a presidente que sean competitivos. Y eso también es producto del cristinato. A su sombra no creció ni el pasto. No florecieron las mil flores que soñaba Néstor. Cristina con su centralidad y mano de hierro, pisoteó todos los brotes. El casting que hizo, siempre fue desastroso: apostó mal a Boudou, Axel, Alberto y Máximo. El resto, de sus acompañantes son sirvientes y no dirigentes. El sometimiento obsecuente es casi una condición esencial para ingresar al círculo más cercano a la Reina.
Joaquín Morales Solá la llamó la vice imperial de una monarquía electiva. Ya perdió 5 elecciones en 12 años. Y está a punto de perder la sexta por una diferencia mayor, según la mayoría de las consultoras.
¿Qué pasará el lunes 15? ¿Renunciarán otra vez los cristinistas? ¿Será el comienzo del intento destituyente contra Alberto con Wado de Pedro como autor material y Cristina como autora intelectual?
Jorge Liotti reveló que hay obispos que andan preguntando qué pasaría si Alberto no pudiera seguir gobernando.
¿Habrá un repliegue ordenado del peronismo o un estallido del sálvese quien pueda? ¿Se potenciará el liderazgo de Cristina o entrará en el ocaso de su reducción a una fuerza testimonial? Las urnas tienen la palabra.