Vargas Llosa, Nobel de la libertad – 7 de octubre 2021

El escritor peruano Mario Vargas Llosa, es el ganador del Premio Nobel de Literatura 2010, por su «cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo», anunció a primera hora Peter Englud, secretario de la Academia Sueca.
Vargas Llosa es el primer autor de habla hispana premiado en los últimos veinte años, desde que en 1990 el galardón recayera en el mexicano Octavio Paz, un año después que el español Camilo José Cela.
Un día como hoy, pero de hace once años, los medios de comunicación del mundo ponían en tapa esta noticia.
Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, cumplirá 86 años dentro de 5 meses. Su columna titulada “Ideologías que labraron la ruina de América Latina” es una valiente y renovada toma de posición sobre su lucha contra todo tipo de dictaduras. Dice textualmente: “Un manto de tinieblas y de sangre ha caído sobre la tierra de Bolívar” en obvia condena a la tiranía chavista en Venezuela.
Indomable, como buen intelectual, Vargas Llosa es uno de los que mejor trata al idioma que hablamos más de 570 millones de personas en el planeta.
Mario, desde 1993, también tiene la nacionalidad española y el título de Marqués que le otorgó el rey Juan Carlos. Dice que lo más importante que le ocurrió en la vida fue aprender a leer a los 5 años, en la clase del hermano Justiniano en el colegio Lasalle de Cochabamba, Bolivia. Su madre, Dora Llosa Ureta que lloraba con los poemas de Amado Nervo y Pablo Neruda, le contó que sus primeros escritos eran una continuación de los libros de aventuras que había leído. Ya sea para prolongarlos en el tiempo o para cambiarle los finales a Los Tres Mosqueteros o al viaje del capitán Nemo, por ejemplo.
Pero si tuviéramos que asociar a Vargas Llosa con una sola palabra, esa palabra sería libertad. Es que su lucha política siempre ha sido contra todo tipo de dictaduras y autoritarismo. Eso solo, más el genio literario que lo llevó a ser Premio Nobel, lo coloca en un altar de admiración. Pero lo que más me impacta de Vargas Llosa es su insobornable y feroz pelea por su propia libertad individual. No hablo solamente de condenar asesinos jurásicos como Hugo Chávez o Jorge Rafael Videla. Hablo de sus libertades personales. De permitirse ponerse de novio, a los 83 años, con una estrella del glamour como es la bellísima Isabel Preysler (la ex mujer de Julio Iglesias) y que le importe un comino lo que la gente comente. Dijo que su fórmula para disfrutar es tratar de que la muerte lo encuentre vivo. Que lo sorprenda lleno de proyectos, de ilusiones, de batallas, de amores y esperanzas. Jamás hay que entregarse mansamente a la muerte ni esperar sentado que la parca llegue. Eso habla de su amor a la vida y a la libertad. Pero como es un francotirador que no tiene patrones ni dogmas no tuvo problemas en tener varias definiciones políticamente incorrectas. Hay que tener coraje para meter los dedos en todas las llagas. O para utilizar calientes escenas de sexo explícito para describir el clima de época del final de Fujimori y en muchos de sus grandes libros.
Esa libertad y ese combate contra todos los prejuicios, fanatismos y las pacaterías de catedrales, contrasta con muchos de sus enemigos que no le llegan ni al tobillo.
Recuerdo que en 2011, hace una década, ocurrió algo que me dio una profunda vergüenza ajena.
Le cuento primero los hechos puros y duros porque… no se pueden creer. Escuche, por favor: una cronista de televisión, le hizo una entrevista a la diputada kirchnerista Diana Conti.
– ¿Leyó algo de Mario Vargas Llosa?, fue una de las preguntas.
– Las venas abiertas de América Latina, contestó la dama, metiendo la pata hasta el caracú. Pero no conforme con semejante papelón, avanzó rauda hacia el ridículo: “Y después, como me pareció un traidor, dejé de leerlo”, sentenció con tono revolucionario. Al final, con cierto pudor, Diana Conti, salió rápidamente de la escena, y dijo una primera verdad: “Entonces no leí nada”. Ni a Eduardo Galeano, había leído, el verdadero autor de “Las venas abiertas…” y un ícono de la cultura de izquierda.
La ex diputada que encima se ha manifestado orgullosa de ser estalinista o de soñar con una Cristina eterna, junto a otros fascistas de izquierda, en aquellos tiempos cólera, quiso evitar que Mario Vargas Llosa, inaugurara la Feria del Libro con su discurso. El que primero levantó la bandera de la censura fue el fallecido Horacio González que era sociólogo, docente, integrante de Carta Abierta y en ese momento era director de la Biblioteca Nacional. González les envió un mail a los organizadores donde acusaba Vargas Llosa de ser “un mesiánico autoritario que expresa a la derecha más agresiva y un militante que no deja de atacar a los gobiernos populares” de la región.
Fue otro momento de intensa vergüenza ajena. Era la primera vez que un premio Nobel y encima latinoamericano, iba a abrir nuestra querida Feria del Libro.
El talentoso peruano recordó amargamente aquel trago amargo. “En algún momento soñé con vivir un tiempo en Buenos Aires. Pero tengo un triste recuerdo de las últimas veces que fui. Un grupo de escritores encabezados por el director de la Biblioteca Nacional me quiso prohibir que hablara por mis ideas políticas. ¡Escritores! ¡El director de la biblioteca en donde estuvo Borges!”, dijo con asombro, Vargas Llosa. Parecen salidos de la Inquisición. Insisto con el concepto: fachos de izquierda.
No quiero ni acordarme de su paso por Rosario, cuando un grupo de vándalos auto titulados militantes K atacaron a pedradas la camioneta en la que se desplazaba Vargas Llosa. Daban ganas de escuchar a Jesús diciendo: “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen». Seguramente, leyeron tantos libros como Diana Conti.
Mario Vargas Llosa es un combatiente a favor de todas las libertades en su máxima expresión y está en contra de todas las censuras y dictaduras. Desde las de la izquierda stalinista como la de la dinastía Castro en Cuba hasta las de la derecha fascista como las de Pinochet en Chile.
No me gustan las posturas sectarias, militantistas, enfermas de ideologitis que son capaces de apoyar gobiernos corruptos y patoteros como vemos a estas horas en este cristinato que se arrodilla ante el terrorismo de estado de Nicolás Maduro.
Es verdad que Vargas Llosa fue un duro crítico del matrimonio Kirchner. Eso lo hace más interesante todavía. Si el intelectual no tiene una cuota de provocación a contra corriente suele convertirse en un funcionario del montón que apela a la obsecuencia para mantener sus privilegios. El gran escritor peruano dijo que Trump es “populista, demagogo e inculto”.
Para aportar otra mirada vale la pena escuchar lo que dijo Joaquín Sabina sobre Vargas Llosa: “Me alegré mucho con su Nobel; es un magnifico escritor. Soy amigo de él, no soy sectario y no les pido carnet a mis amigos. Mis amigos son de izquierda, pero no tienen la obligación de serlo. Me enfado con mis amigos cuando son sectarios y dicen que él es de derechas. Pero los progres deberían leer sus libros”. Alguno, aunque sea uno de sus 59 libros.
Esto es lo que dijo Joaquín Sabina sobre Vargas Llosa. Y solo un fanático podría acusarlo de derechista.
Vargas Llosa desprecia por igual a los carniceros que industrializaron la muerte tanto en nombre de Hitler como de Stalin. Para que no queden dudas hay que decir que la dictadura de Videla lo censuró y por decreto de un general genocida e ignorante llamado Albano Harguindeguy prohibió la circulación de su emblemático libro “La tía Julia y el escribidor”. Vargas Llosa contó que guarda aquel texto oscurantista y medieval y todavía no entiende lo que quiere decir.
Además, Vargas Llosa en el plano de los derechos individuales y la cultura dinamita todos los dogmas. Abre todas las cabezas. Francotira ideas para provocar e incomodar a los pensadores perezosos. Está a favor del matrimonio igualitario, del aborto, defiende a rajatabla los derechos humanos. Mario Vargas Llosa es un hombre libre en el más amplio sentido de la palabra. Hace once años le daban el premio Nobel de Literatura. Brindo por eso.

Máximo fracaso, Máximo irresponsable – 6 de octubre 2021

El fracaso máximo de Máximo es la
sumatoria de tres frustraciones. El fracaso legislativo porque no pudo conseguir los votos suficientes, el fracaso electoral como mariscal de la derrota en las PASO y, finalmente, el fracaso político de su proyecto de poder monárquico como príncipe heredero.
El Máximo irresponsable está pasando por su peor momento. Y como si esto fuera poco, en charlas amigables que mantiene por radio, hace ostentación de una insólita fragilidad intelectual. Su discurso es un aburrido rosario de consignas viejas, carece de la astucia táctica de su padre y de la buena oratoria de su madre.
Como jefe de su bloque, dejó a desnudo, su falta de capacidad para juntar los 129 diputados necesarios para comenzar una sesión. Acusó a la oposición, pero 5 soldados de su propia tropa pegaron el faltazo. Tozudo, avanzó enceguecido de ira y chocó contra un papelón. Nadie baja al recinto si antes no tiene asegurado el quorum. Máximo creyó que con su prepotencia alcanzaba. Que podía arriar a todos sin buscar consensos. De prepo, a las patadas ya no va a poder conseguir nada. Porque hay una oposición empoderada por las elecciones primarias que intuye que se puede fortalecer más todavía el próximo 14 de noviembre. Máximo tiene licuado su poder. Ya no puede imponer las cosas con su verticalismo castrense y castrista.
Máximo, también fue el máximo responsable junto a su cómplice Axel Kicillof, de la paliza que sufrieron en las urnas. Soberbios y escondidos debajo de la pollera de Cristina no le dieron bola a los intendentes, los ningunearon y a la hora de armar las listas, Máximo puso a sus amigos camporistas que, en muchos casos, no los conocía ni su madre. Todo en forma autoritaria. Esta es la lista, porque lo digo yo. Y sanseacabó. Por eso, muchos intendentes en venganza, hicieron huelga de brazos caídos y no llevaron a mucha gente a votar. Es más, dicen que para el 14 van a llevar su boleta local y el tramo de los diputados nacionales lo dejarán a criterio del votante. Defenderán su territorio pero se lavarán las manos de la suerte de lo provincial y lo nacional. Es una forma de pagarle a Máximo y Axel con la misma moneda de la ingratitud y la deslealtad.
Lo mismo pasó con las autoridades del Partido Justicialista. Máximo apretó a medio mundo y los obligó para que lo consagraran como presidente del partido en la provincia. Un recién llegado que casi no conoce el territorio, un afiliado al PJ de Santa Cruz, terminó sometiendo voluntades y se auto eligió como jefe máximo del partido más poderoso del distrito más grande. No se anda con chiquitas el grandulón. Con Axel pasó algo parecido. Se hizo peronista hace 15 minutos. Aprendió de apuro la marchita. Y de golpe apareció de vicepresidente del Partido Justicialista a nivel nacional. Como dicen muchos: el cristinismo tiene secuestrado al peronismo que se arrodilla todo el tiempo.
Pero a los fracasos legislativos y electorales, hay que sumarle el quiebre cultural del armado de su agrupación. Es cierto que fueron muy exitosos en apropiarse de todas las cajas más deseadas y suculentas de la administración pública y que sembraron las segundas y terceras líneas de los ministerios con talibanes camporistas. Pero también es cierto que sus dogmas ideológicos envejecieron prematuramente, que se convirtieron en burócratas y millonarios en algunos casos y perdieron la rebeldía de la juventud. Salvo un puñado de dirigentes, se manejan casi en la clandestinidad y no tiene cuadros que sean eficientes en la gestión o populares entre la gente. ¿Quién votaría a aparatos como Wado de Pedro o Andrés Larroque, solo por nombrar a los lugartenientes de la Orga?
Todavía tienen una gran capacidad de daño y movilización, pero han perdido encanto seductor y su imagen ante la sociedad es cada día peor. En las elecciones casi todos sus candidatos fueron derrotados por la realidad y por la oposición. Viven en un frasco, hablan en inclusivo de los derechos de las minorías pero se olvidan del derecho de las mayorías.
Hoy Joaquín Morales Solá lo bautizó como “El heredero que no aprendió nada y el príncipe de la sangre”. Lo cierto es que el Congreso dejó de ser una escribanía reducida a la servidumbre de Cristina y que el peronismo unido no es más garantía de victoria electoral. Hay una nueva realidad. La dinastía Kirchner ya no tiene candidato puesto para la presidencia en el 2023.
La Cámpora, la guardia de hierro de Cristina, tuvo gran participación en el tráfico de vacunas. Son omnipotentes. Cuando dañaron la imagen de Martín Guzmán al evitar que echara a Federico Basualdo, un mero subsecretario de Energía, dijeron: “Nadie se va del gobierno sin que nosotros lo autoricemos”. Se pareció mucho a una amenaza del hampa o la camorra.
Máximo ya tiene 44 años. Ya no es un pibe. Es un magnate que sigue utilizando ese look setentista, de pelo largo, barba desprolija y campera. No se le conocen trabajos anteriores ni estudios superiores. Cristina apuesta a él para garantizar la continuidad del nacional populismo chavista y de asegurar que Cristina logre su impunidad tan deseada.
Máximo vivió todos estos años firmando balances y poniendo su apellido en las estafas que hicieron sus padres.
No tiene problemas digestivos para elogiar a Chávez o Fidel Castro, ningunear a José Ignacio Rucci y simultáneamente, abrazarse a derechosos mafiosos como los Moyano o a directamente fascistas. No le hace asco a nada que tenga que ver con la acumulación insaciable de poder y de dinero. En eso es igual a sus padres.
Es un millonario que dice combatir a los millonarios.
Máximo está procesado por asociación ilícita y lavado en la causa Los Sauces y por blanqueo de activos en Hotesur. Los que decían ser los pibes para la liberación, terminaron siendo los muchachotes para encubrir la corrupción.
Son la gendarmería de la ideología. Los gerentes del modelo. Los dueños de la marca Cristina. Los ciudadanos debemos elegir: Máxima democracia o el Príncipe Máximo.

Los K profanaron el feminismo – 5 de octubre 2021

Una de las características más nefastas que tiene el kirchnerismo es profanar y malversar organizaciones y valores para ponerlos al servicio de su bulimia de poder. Se apropian de derechos y entidades valiosas y plurales y las someten para ponerles camiseta partidaria. De esa manera, las vacían de contenido ecuménico y las transforman en un instrumento de sus obsesiones. Los ejemplos más claros fueron lo que hicieron con los organismos de derechos humanos. Por definición, originalmente, tenían un arco iris de pensamientos y tradiciones pero primero Néstor y después Cristina, se dedicaron a cooptarlos y los transformaron en agrupaciones militantes sectarias y excluyentes que dejaron de representar el todo para defender los intereses de una facción.
Hablo de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo o de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos o el Centro de Estudios Legales y Sociales. Había entre sus dirigentes peronistas, radicales, socialdemócratas, cristianos, intransigentes e izquierdistas de todos los matices. Y al principio, defendían los valores universales, la aparición con vida, la libertad. Pero el kirchnerismo, con militancia y con dinero, les fue achicando su horizonte y dejaron de representar a una gran parte de la sociedad. Hebe de Bonafini, Estela Carlotto, Horacio Verbitsky, cambiaron de rol y pasaron a ser herramientas de Cristina y sus fanáticos. Jamás levantaron la voz contra los dictadores de Cuba o Venezuela. Todo lo contrario, justificaron y defendieron todo tipo de violaciones a los derechos humanos si los victimarios eran de su misma matriz ideológica. Pasaron a ser cómplices de gobiernos y dirigentes que encarcelan, torturan, asesinan y dinamitan las libertades. Hoy son estructuras burocráticas, alimentadas con dineros estatales que actúan como escudos de la corrupción y el autoritarismo kirchnerista.
En la pandemia, sobre todo, quedó muy claro que jamás levantaron la voz contra Gildo Insfrán que convirtió a Formosa poco menos que en una cárcel o contra los Rodríguez Saa que intentaron ocultar la tortura y el asesinato de Florencia Magalí Morales, que estaba en una comisaría en San Luis acusada de no cumplir con la cuarentena.
Tuvieron la misma estrategia entrista y profanadora con los colectivos de mujeres que militan contra la violencia de género. Aparatearon asambleas, infiltraron las conducciones y hoy esos grupos, miran con un solo ojo la realidad. No condenan ni movilizan contra ningún victimario que sea del palo. No levantan la bandera de la denuncia contra el femicidio de Magalí Morales porque es un gobierno peronista. No han sido capaces de señalar al actual senador peronista José Alperovich pese a que está acusado de violar a su propia sobrina. Todo lo contrario, con su silencio, se convirtieron en cómplices de señores feudales del kirchnerismo. Esa actitud, de condenar solo a sus enemigos políticos, les quitó autoridad moral para el resto de las denuncias. Perdieron potencia por el doble discurso y la doble moral. Si un opositor a Cristina dice o hace algo fuera de lugar es un machirulo patriarcal absolutamente repudiable. Por el contrario, se callan la boca ante colosales gestos de violencia simbólica de sus amigos como Aníbal Fernández, Hugo Moyano o Jorge Rachid.
Rachid, asesor de Axel Kicillof, dijo e hizo barbaridades. La última fue tratar a Sabrina Ajmechet, candidata a diputada de Juntos por el Cambio de “ignorante y bruta que no sabe nada”, solo porque expresó un cuestionamiento en el tema de la vacunación para chicos.
Moyano es una máquina de insultar a mujeres. Sobre Patricia Bullrich acaba de decir que le gusta Independiente porque es el campeón de copas y ella sabe mucho de copas. ¿Qué hubiera pasado si un dirigente del Pro hubiera sugerido que Cristina o Tolosa Paz, son borrachas? Las mujeres kirchneristas que se apropiaron de las organizaciones feministas, hubieran puesto el grito en el cielo. Lo hubieran acribillado a comunicados, repudios y tuits condenatorios. Pero en este caso, se colocaron una mordaza y se lavaron las manos. Lo mismo que hicieron cuando Moyano trató de cucaracha a Graciela Ocaña, Silencio cómplice.
Aníbal Fernández tiene la misma dimensión autoritaria y violenta que Moyano. Se cansó de agredir a Elisa Carrió tratándola de loca y de sucia. Para estos casos no hay sororidad. No hay solidaridad de género. Si insultan a Cristina, todas se convierten en leonas. Si insultan a Carrió o a Ocaña o a Bullrich, se comportan como corderitas patagónicas. A Victoria Donda, cuando era opositora la recibieron en diputados al grito de “Trola, trola”. Defienden a Milagro Sala pese a que en todos los expedientes judiciales, ella figura como golpeadora de mujeres humildes.
Doble estándar y doble moral. Es triste porque esa actitud les quita potencia y las descalifica a la hora de hacer denuncias graves por violaciones o agresiones. Utilizan el lenguaje inclusivo y protestan contra todo lo que ellas consideran patriarcal, pero ahora son una suerte de guarda espaldas de machirulos feroces como Insfrán, Alperovich, Aníbal o Moyano y varios muchachos cristinistas condenados por violencia de género como Ezequiel Guazzora o el fallecido Lucas Carrasco, solo para nombrar a los más conocidos.
Anibal llegó a decir que antes de dejar a sus hijos con María Eugenia Vidal, se los entregaría a Ricardo Barreda, un múltiple femicida que asesinó a escopetazos a su esposa, su suegra y sus dos hijas en 1992.
Hace poco, para defender a Alberto del cumpleaños clandestino en Olivos llegó a decir: “Que podía hacer Alberto, ¿Cagar a trompadas a su mujer? El colectivo “Ni una menos”, bien gracias.
Así fue como los K profanaron los mejores valores del feminismo. Les expropiaron la amplitud de criterios y las condenaron a la mirada sesgada. Usan al feminismo como una excusa para agredir al adversario o al enemigo político.
Por eso dejaron de ser confiables para todas las mujeres atacadas. Hoy solo defienden a sus compañeras y compañeros. Y no les importa si son víctimas o victimarios.