Aníbal, un patotero de estado – 12 de octubre 2021

La amenaza del ministro Aníbal Fernández contra el dibujante Nik fue brutal. El único dato positivo es que produjo un tsunami de repudios y pedidos de renuncia. La reacción de la parte más democrática de la sociedad fue inmediata y contundente. La caricatura que hizo Nik, con un Gaturro enojado, de ceño fruncido y triste exigiendo al “Ministro, con nuestros hijos, no” fue el mejor resumen del estrépito que generó Aníbal con su intimidación en la que involucró a las hijas de Nik y al colegio al que concurren. Detrás de Gaturro aparece un nenito al que se le escapa una lágrima.
Fue un retrato de lo que en realidad ocurrió después de la salvajada y del patoterismo de estado de un ministro que debe garantizar paz y seguridad y solo transmite pánico y provocación. El propio Nik, sacudido por la emoción y al borde del llanto, comentó que sus hijas habían llorado y que estaban obviamente impactadas. Una de ellas no quiso ir a la escuela. Fernández que trabaja de guapo y lenguaraz, esta vez cruzó un límite que jamás hay que cruzar. Los hijos son lo más importante que tenemos en la vida y ellos no tienen nada que ver con lo que hacemos ni pensamos. Siempre hay que protegerlos y preservarlos.
Hubo cientos de repercusiones institucionales e individuales. La de la Academia Nacional de Periodismo que calificó de obsceno al texto apretador y exigió que el Presidente diga si está de acuerdo con su ministro o no. También repudiaron el Foro de Periodistas, la Asociación de Entidades Periodísticas, la DAIA, la mesa nacional y el interbloque de Juntos por el Cambio que exigió que el ministro de la Inseguridad presentara su renuncia.
Entre los rechazos de alto impacto elijo el del brillante periodista franco argentino Alejo Schapire que se preguntó en Twitter “¿Esto es para ganar el voto de Biondini?” O el del prestigioso constitucionalista Daniel Sabsay: “un patotero, mentiroso, expresión del peor fascismo antisemita. Abuso de poder, incumplimiento de los deberes de funcionario público, extorsión, discriminación, intimidación. Que pasa que ningún fiscal lo denuncia. El Inadi, que espera para actuar”.
Florencia Arietto agregó que este caso aplica para que Nik “pida asilo político. Ese es el nivel de gravedad institucional. La Convención sobre el estatuto de los refugiados establece que quien sufra persecución del Estado, por sus posiciones políticas, puede pedirlo”.
Del lado del gobierno y sus fanáticos, poco y nada. Algo tibio de Manzur o de Santoro y pará de contar. Omertá. Complicidad. En febrero de 2015, en el diario La Nación, el actual presidente Alberto Fernández, en su ya histórica columna contra Cristina por el tema Amia y el encubrimiento de los terroristas que la volaron, utilizó la imagen del silencio como fantasma perpetuo. Y hoy podríamos decir lo mismo sobre la forma en que se lavó las manos y miró para otro lado ante la semejante brutalidad de Aníbal. Que el silencio erice la conciencia de Alberto. Que su propio silencio lo aturda.
¿Tendrá la dignidad de renunciar? Aníbal, un guarda espaldas todo terreno está ocupando el cargo número 21 en el estado. Tiene una de las imágenes más negativas de la argentina junto a Hugo Moyano y Luis D’Elía. Ayer con el arma de la ironía, varios críticos sin partido decían que para Juntos por el Cambio era preferible que Aníbal no renunciara, porque era el mejor jefe de campaña de la oposición. Veremos.
Nik ya tomó la decisión de presentar una denuncia penal por amenazas ante la justicia. Es en defensa propia y de todos los padres que aman y protegen a sus hijos. “Tengo miedo, estoy triste y preocupado”, dijo Nik que atravesó este episodio escalofriante asombrado del manejo de la información privada de los ciudadanos y de la asimetría entre un poderoso funcionario y un ciudadano de a pie. Como si esto fuera poco, uno se pregunta cómo es posible que Fernández tenga tiempo para ir patrullando las redes y contestando con palabras despreciables. Como si no tuviera trabajo por hacer. Como si la multiplicación de los narcos no fuera un drama que lo interpela, como si los robos y crímenes cotidianos, ocurriera en otro país. ¿Hace unos días convocó a que victimarios, delincuentes encapuchados, violentos e incendiarios y falsos mapuches se sentaran a negociar con las víctimas, pacíficos propietarios de las tierras usurpadas. ¿Ese es un ministro de Seguridad o es un cómplice de los delincuentes? Si hay un muerto en esas batallas sin reglas y sin razones, ¿Quién se hará responsable?
Aníbal, incluso mintió al decir que la escuela ORT cobraba subsidios del estado, cosa que fue desmentida de inmediato. Abatido por la reacción masiva en su contra, al final del día Aníbal intentó pedir disculpas a medias pero en eso también fracasó. La soberbia y la impunidad suelen ser malas consejeras. Nik rechazó el tono burlón y muchachista con el que lo llamó el vocero del ministro. Y después calificó de horrible un mail que el funcionario le envió y un mensaje escrito por teléfono en el mismo sentido.
En una de esas supuestas disculpas, Aníbal seguía disparando contra Nik con acusaciones sobre su tarea profesional absolutamente falsas inventadas por colegas mediocres y fracasados. “Él vive agraviándonos y nadie dice nada”, contraatacó el ministro todavía en funciones. Nik ejerce el periodismo crítico a través de sus editoriales con caricaturas y humor. Es la libertad de prensa, estúpido. Nik jamás hubiera informado a que colegio van las hijas de Aníbal. Pero no lo entienden porque no creen en la democracia ni en los disensos. Por eso, Aníbal representa lo peor de la política. El patoterismo de estado. Y eso no puede ocurrir nunca más en la Argentina. La inmensa mayoría de la sociedad no quiere matones. Quiere libertad para opinar y trabajo digno para ganarse la vida. ¿Será mucho pedir?

Feletti al gobierno, Boudou al poder – 11 de octubre 2021

El desembarco de Roberto Felletti en un
puesto clave del gabinete, es un dato fundamental para entender lo que se viene. Lo resumo parafraseando una vieja consigna: Feletti al gobierno; Boudou al poder. La autora intelectual de toda esta movida destituyente contra Martín Guzmán, obviamente, es Cristina. Feletti es un soldado de Boudou y Cristina. Feletti fue vice ministro de Boudou en Economía y Boudou, vicepresidente de Cristina. Todos comparten los mismos dogmas ideológicos y jurásicos. Pero ella valora a los economistas porque son audaces o caraduras, como usted prefiera. Juegan fuerte y huyen hacia adelante. No se andan con chiquitas. Todavía hoy, los cristinistas más chavistas no consideran que Boudou sea un ladrón y un estafador, tal como lo que probó la justicia. Al contrario, lo ven como un mártir antiimperialista y un perseguido por los grandes grupos económicos por haber tenido la iniciativa revolucionaria de estatizar las AFJP. Y eso es lo que busca Cristina y que Guzmán no puede ofrecerle. Decisión para jugar con fuego, para redoblar la apuesta. Estatizar todo lo que se pueda comenzando por las empresas de servicios y tal vez, los depósitos bancarios, tal como anticipó el diputado Martiarena. Para ellos el estado es el gran benefactor del pueblo y la actividad privada, es el gran enemigo. Por eso, proponen controles de precios mucho más duros, congelar tarifas, potenciar todos los cepos y revisar costos y margen de ganancias de las empresas. Esa es su forma de combatir la inflación. Lo dicen en cada entrevista. No ocultan ni su pensamiento ni sus intenciones.
Feletti es la cabecera de playa para que Boudou pueda manejar la economía de la Argentina.
Ambos han sido los críticos más duros del actual ministro Martin Guzmán. Hasta fueron columnistas en el mismo canal de televisión ultra cristinista. El 21 de marzo, Boudou dijo claramente que Guzmán “busca un acuerdo con el Fondo que nos va a hundir. Hay que estatizar las empresas de servicios lo antes posible”. Lo dijo en una charla por zoom con los defensores de Nicolás Maduro más extremos con Alicia Castro y Daniel Catalano. Dijo que Guzmán atiende más las cuestiones financieras del prestamos criminal del FMI y lo corrigió: “el superávit fiscal no es una bandera, es una herramienta”.
Boudou culpó a Guzmán por la derrota electoral en las primarias. Lo acusó de no hacer que los salarios le ganaran a la inflación por no haber hecho “un shock distributivo en jubilados y planes porque “la gente no llega a fin de mes”. Faltó que derramaran 250 mil millones de pesos más”.
Es lo mismo que piensan y dicen Cristina y Máximo aunque se cuidan en no ser tan crudos en su lenguaje.
Amado Boudou, a esta altura, es el nombre de la impunidad obscena y el apellido del privilegio repugnante. Fue condenado por 15 jueces a 5 años y 10 meses de prisión por coimero y por apropiarse de la fábrica de billetes. Como si esta condena firme no fuera suficiente, la mismísima Corte Suprema de Justicia confirmó todo. No obstante, Boudou, por ahora, no podrá ser nuevamente funcionario porque la condena incluyó una inhabilitación vitalicia para ejercer cargos públicos. De todas maneras, todos los argentinos le pagamos 500 mil pesos de jubilación vip porque fue vicepresidente de la Nación. No puede ser funcionario por ladrón y estafador, pero si puede cobrar la mega jubilación de la casta gobernante. No me sorprendería que en poco tiempo apareciera otro revolucionario guevarista K como él, para proponer que le levanten la prohibición de ejercer cargos públicos. No tienen límites, son capaces hasta de nombrarlo nuevamente como ministro de economía y condecorarlo y darle un diploma como ciudadano ilustre..
Y todavía faltan causas en donde también, como en esta, hay muchas pruebas documentales, testimoniales y, hasta arrepentidos. Hablo por ejemplo de la coima de dos millones de dólares que pagó el gobierno de Gildo Insfran. El que la cobró, Alejandro Vandenbroele, confeso con pelos y señales como fue ese operativo despreciable que perjudicó a los más pobres de Formosa.
Feletti dice que pone las manos en el fuego por Boudou. Alberto hasta hace muy poco no opinaba lo mismo.
Conviene recordarlo como otro símbolo de la implosión de la ética que padeció Alberto. En su columna del diario “La Nación” del 30 de mayo de 2014, titulada “Game Over”, hay un respaldo absoluto a la justicia y una crítica severa a Boudou que recién había sido llamado a indagatoria.
El actual presidente escribió que “Todas las excusas dadas por él hasta aquí se han ido desvaneciendo con la misma velocidad con la que el agua se escapa entre los dedos. Boudou ya no tiene coartadas. Los argentinos saben cuánto ha mentido en su alocada carrera por escapar de los hechos que se le atribuyen”.
En otro párrafo que tiene una impresionante actualidad, Alberto dice: “Fue sorprendente escuchar las voces del oficialismo que avalaron sus dichos y lo exculparon del hecho que se le atribuye. Tan fuerte fue la defensa organizada desde el poder, que hasta una ley de la Nación, impulsada por la mismísima presidenta, acabó por expropiar la empresa Ciccone para hacer más compleja la investigación de la maniobra… Tratando de preservarlo, Cristina no dudó en involucrar al parlamento argentino en el más grave encubrimiento que se recuerda: la expropiación de Ciccone”.
Este texto es demoledor. Parece escrito esta mañana y sin embargo fue redactado hace apenas 7 años por el actual presidente. Creo que está todo dicho. Boudou fue y es, una pieza clave del aparato del cleptocrático del chavismo santacruceño que viene por todo y para siempre. Volvió Feletti. Es un aviso. Ya viene Boudou.

La impunidad de Cristina y el pacto con Irán – 8 de octubre 2021

La historia de la injusticia recordará este
fallo como vergonzoso y humillante para la mayoría de los argentinos, pero de alegría y alivio para Cristina. Tres jueces le regalaron a la nada exitosa abogada un puente hacia su impunidad tan desesperadamente buscada.
En una exhibición obscena de poder, la vice presidenta hizo lo que se le antojó en esta causa y llevó de las narices a los magistrados que merecen ser recordados: José Michilini, Gabriela López Iñiguez y Daniel Obligado.
El colmo fue que le inventaron un código procesal a medida y ella pudo exponer como si se tratara de un acto de campaña y no sentarse jamás en el banquillo de los acusados. Cristina se salió con la suya y volteó la causa, mató al juicio, antes de nacer. Mataron otra vez al fiscal Alberto Nisman que con mucho coraje había iniciado todo esto.
Algunos dirigentes opositores fueron demoledores. Waldo Wolff tuiteó: “Festejan los culpables. Pueden manejar el relato pero la historia ya los condenó. Firmaron un pacto con quien atentó en nuestro país y no dieron explicaciones como lo hacen los inocentes. Su sobreseimiento sin ir a juicio es una prueba de su culpa”.
Quedaron claros los privilegios de casta de Cristina que la hicieron saltar sobre la ley de los mortales y convertirse en la diosa de la impunidad. Y como si esto fuera poco, produjo el milagro de convertir en inocentes a personajes de la calaña de Zannini, Parrilli, Luis D’Eía y Fernando Esteche, entre otros.
Florencia Arietto interpeló a Cristina con preguntas desafiantes: “¿Ahora que te sobreseyeron, no hay Lawfare? ¿Los jueces se convierten en malos, perversos y corruptos solo cuando te acusan? Sos tan de manual…”
El tribunal aseguró que no hubo delito. En realidad, no hubo juicio. Y mucho menos castigo a los culpables.
El año pasado, Alberto se lavó las manos pero no por la pandemia. Como un Poncio Pilatos de estos tiempos. O peor aún, Traicionó incluso sus pensamientos. Se dio vuelta en el aire como un panqueque. Alberto, pasó de condenar con dureza a Cristina por haber sido la instigadora del tenebroso pacto de encubrimiento con Irán, a decir livianamente que “fue un intento de destrabar y encontrar una solución”. Es difícil encontrar en la historia reciente, un giro de 180 grados semejante. En un instante, ese pacto espurio que encubrió a los terroristas de estado que volaron la AMIA, pasó de ser la evidencia de un delito al intento de encontrar una solución. ¿Es posible devaluar tanto la palabra en público, en forma impúdica?
Todo esto que le cuento no se trata de declaraciones en voz baja, en el off the record. Todo fue público y se puede leer y escuchar. Primero en aquella columna que Fernández publicó en La Nación el 16 de febrero de 2015. En esa reflexión tranquila que todos tenemos al escribir, Alberto planteó que “El acuerdo es la prueba del encubrimiento. Ella (por Cristina) sabe que ha mentido y que el memorando firmado con Irán solo busco encubrir a los acusados. Nada hay que probar. ¿Para que pactaron ambos gobiernos notificar a Interpol lo acordado, si no era para levantar los pedidos de captura librados?
En TN, frente al colega Nelson Castro, el actual presidente dijo: “el encubrimiento ya existe, es el tratado. El pacto, es la consumación del encubrimiento. Cristina y Timerman, son los ideólogos y los impulsores. En términos penales, Cristina es la instigadora y el canciller el autor directo”.
Fue tanta la indignación por mancillar la memoria de los muertos y burlarse de la lucha de los familiares que fui al diccionario a buscar los significados de las palabras “Cinismo e hipocresía”. Cinismo, dice la Real Academia es aquel que miente con descaro, impudicia o deshonestidad. Hipócrita es aquel que finge una cualidad, sentimiento, virtud o una opinión que no tiene.
El nefasto pacto con Irán no fue una ingenuidad – como Cristina dice en su libro- , fue una puñalada por la espalda a las 85 víctimas y a toda la sociedad argentina. Con el terrorismo no se pacta.
Otra declaración increíble de Alberto sobre el tema. Dijo que Cristina “se indultó a sí misma apropiándose de la verdad, de la Patria y hasta de la alegría y condenó cínicamente a los que quedamos agobiados por lo patético de lo ocurrido”.
Estoy citando textual su opinión sobre el magnicidio del fiscal Alberto Nisman.
Alberto también arremetió contra los legisladores cómplices de Cristina y Héctor Timerman: “Irónicamente, senadores y diputados legitimaron con sus votos el encubrimiento de los presuntos asesinos. No es la primera vez que se actúa de ese modo. También encubrió la corrupción de su vicepresidente expropiando una empresa fabricante de moneda y logrando que los votos de diputados y senadores legitimaran el ocultamiento de pruebas.
Sólo un necio diría que el encubrimiento presidencial a los iraníes no está probado.”¿Escuchó? Le repito: Alberto escribió que “Sólo un necio diría que el encubrimiento presidencial a los iraníes no está probado”.
En aquella columna histórica, con estos conceptos Fernández Alberto cerró su brutal sentencia de Fernández Cristina: “Para entonces ya no habrá palabras. Sólo hablará el silencio. Como en la música, será el silencio el que erice la conciencia de quien traicionó el reclamo de justicia de los 85 muertos en el atentado contra la AMIA y el que deje al descubierto el encubrimiento intentado. Y será el silencio el que descubra la magnitud de la tragedia vivida. La misma tragedia que Cristina sólo podrá negar hasta que el silencio la aturda. ”A confesión de partes, relevo de pruebas. A esta altura hay que hacer una vez más un homenaje gigantesco al coraje y la capacidad periodística de nuestro compañero recientemente fallecido, Pepe Eliaschev. En marzo del 2011, tuvo la primicia mundial que publicó en la tapa del diario Perfil. Bajo juramento dijo que tenía los documentos secretos que Timerman y su par iraní, Alí Akbar Salehi, habían firmado clandestinamente en Alepo. Pepe fue humillado por todo el oligopolio mediático oficialista. Fue maltratado hasta por algunos integrantes de la propia comunidad judía. Timerman dijo que Pepe era un pseudo periodista oportunista que publicaba eso para perjudicar su visita a Israel. Con la firma oficial del Pacto, se confirmó rigurosamente cada palabra, cada punto y coma que había publicado Pepe Eliaschev. Los jueces que sobreseyeron a Cristina no escucharon ni a uno de los 300 testigos. No escucharon aquellas declaraciones de Alberto ni leyeron sus columnas donde el profesor de Derecho condenada a Cristina. Hoy es su abogado defensor, su guardaespaldas, su títere. Hoy todo cambió. Todo cambió menos la búsqueda de la verdad, el juicio y el castigo. Es lo único que nos hará libres y dignos. Para que solo pidamos la muerte de la muerte para toda la vida. Para que no haya que llevar luto por años. Hasta que cierren las heridas que todavía están abiertas. Hasta que se cierren las tumbas. Hasta que se abra la verdad y se entierre la impunidad.