El golpe palaciego de Cristina – 15 de septiembre 2021

Lo vengo anunciando una y otra vez.
Cristina en su locura autoritaria y resentimiento, optó por tirar del mantel de la democracia e intentar un golpe palaciego contra su títere, Alberto Fernández que es el presidente de la Nación. Ella es la principal responsable de la derrota electoral pero su soberbia y altanería no le permiten ver que el desastre que hicieron en la gestión fue el detonante de la colosal paliza electoral.
Ya lo tenían pensando desde antes y desde siempre. Si se gana la dueña de la gloria siempre es Cristina. Y si se pierde el culpable de la derrota es Alberto. Lo anticipó el domingo con ese gesto tan despreciativo y humillante que tuvo con una perdedora como Tolosa Paz.
Tengo varias columnas donde anuncio que en algún momento Cristina sería capaz de tirar del mantel de la democracia. No porque sea adivino ni un genio del análisis político. Siempre lo dije porque los Kirchner ya hicieron este tipo de perversidad anti democrática. Ponen a alguien en la cima como testaferro de su proyecto y si por algún motivo la cosa se complica lo bajan de un plumazo. En Santa Cruz hicieron esto con Sergio Acevedo, Daniel Peralta y Carlos Sancho. Los usan porque ellos no pueden ser candidatos y después los destituyen y los reemplazan. Ese es el concepto mezquino y utilitario que tienen de la política: use y tire. Tratan a su propia gente como forros. Por eso siempre dije que Cristina es la persona que más daño le produjo a la democracia y la que mas daño le puede seguir haciendo.
Ella le dio a Alberto la orden de que les cortara la cabeza a Martín Guzmán y Santiago Cafiero para convertirlos en chivos expiatorios. Alberto se negó a modificar su gabinete y la respuesta de Cristina fue desestabilizadora y destituyente. Mando a sus funcionarios a presentar la renuncia al mismo tiempo para vaciar de poder a Alberto. Insisto: es muy parecido a lo que hizo en Santa Cruz. Ella se siente dueña de todo. Incluso de disponer de las instituciones democráticas. Es alarmante el nivel de ataque a la democracia y la República que acaba de cometer Cristina. No le importa nada, solo conseguir su impunidad y tomarse venganza. Por eso avisó ayer con las declaraciones del Cuervo Larroque, el lugarteniente de La Campora. Ella no admite perder. Se descontrola cuando las urnas le dicen que va por el camino equivocado. Por eso quiso renunciar y mandarse a mudar con el voto no positivo de Cobos durante la guerra que le declaró al campo durante la 125. Lula la tuvo que convencer para que no pateara el tablero.
La crisis institucional y de gobernabilidad no les va a ayudar a ganar las elecciones. Todo lo contrario. Esto va a acelerar la decadencia del peronismo secuestrado por Cristina y tal vez, por primera vez se produzca un divorcio de ambas fuerzas y los K queden reducidos a una expresión de izquierda chavista y testimonial con el peronismo en otro lado en defensa propia. Veremos cómo evoluciona todo. Pero Cristina dejó de ser confiable incluso para sus propios fanáticos. No tiene escrúpulos ni estómago y le transmite a toda la sociedad argentina sus venenos y su interna feroz. La oposición debe tener cuidado con lo que Elisa Carrió definió como “El abrazo del Oso”. Anoche Patricia Bullrich fue contundente cuando dijo que “en el peronismo se están queriendo comer entre ellos. Se matan entre ellos”.
Es que el terremoto de las urnas fue demoledor. Nunca en la historia del peronismo unificado habían bajado del 40 por ciento de los votos. Perforaron ese piso histórico producto de un esquema de régimen vice presidencial que fue útil para ganar las elecciones y totalmente inútil para gobernar. No dejaron mamarracho por hacer. El fracaso sanitario que se mide en más de 113 mil familias de luto que no pudieron despedir a sus seres queridos y en el robo de vacunas y los privilegios de casta. La hecatombe económica se ve por todos lados con desocupación, pobreza y quiebre de empresas y comercios y la inseguridad galopante con narco traficantes incluidos fue creciendo producto de su irresponsable mirada de simpatía hacia los delincuentes.
La gente dijo basta en forma democrática. Pero Cristina dijo basta en forma antidemocrática. Intenta llevarse pueda a las instituciones republicanas y pone al país al borde del abismo. Cristina lo hizo. A la hora de la verdad se le cayó el disfraz de corderito patagónico y mostró su verdadera cara de loba autoritaria.
¿Qué pretende Cristina? Que Alberto renuncie para ser presidenta por tercera vez. ¿No hizo suficientes desastres? ¿No le alcanza con haberse enriquecido en forma colosal con el robo más grande de la historia democrática? ¿Qué pretende? ¿Cree que los libros del futuro la van a reconocer como una heroína revolucionaria y a Alberto como un boludo atómico?
Todas las fuerzas políticas y sociales deberían expresar su profunda vocación democrática y de respeto a la Constitución. Todos deberían señalar a la jefa del jefe del estado como la persona que deberá cargar sobre sus espaldas del profundo daño que está generando. Cristina lo hizo. No fue magia. Fue mafia.

Los motivos del voto castigo – 14 de septiembre 2021

Ayer identificamos a quienes fueron los
mariscales de la derrota: Cristina y Alberto. Esa es mi opinión sobre a quién castigó el tsunami de votos del domingo. Hoy mi intención es tratar de establecer que fue lo que rechazaron esos ciudadanos. Cuáles fueron los motivos de ese repudio tan masivo al gobierno nacional y a todos los que se mueven en ese espacio.
Podría hacer una lista interminable porque el gobierno de los Fernández fue un verdadero desastre en estos dos años. Casi no tienen aciertos. “Algo no hemos hecho bien”, dijo Alberto y yo pienso que han hecho casi todo muy mal.
Voy a tratar de identificar los mamarrachos más graves. La lucidez de Luciano Román sugirió que la mayoría de los argentinos votaron con el bolsillo, con el corazón y con la cabeza. Es una buena manera de ordenar las humillaciones a las que sometieron a todos los sectores y a todas las clases sociales.
Votaron con el bolsillo aquellos grupos cuyos salarios o planes sociales han perdido una gran capacidad adquisitiva frente a la inflación. Eso explica que parte de los trabajadores o de los sectores más pobres le hayan dado la espalda en Quilmes, Concordia o Fuerte Apache. Son los argentinos más postergados que por lo general votan al peronismo pero, que esta vez, sufrieron en carne propia la evaporación de sus magros ingresos. En ese segmento de la sociedad ha sido de alto impacto, la imposibilidad de hacer changas durante la cuarentena más larga del mundo, la desocupación producto del desplome de la actividad comercial e industrial y el cierre de las aulas que alteró la vida de quienes tenían que salir a buscar el mango de cualquier manera para parar la olla. Los gobiernos de Alberto y Kicillof se llenaron la boca diciendo que defienden a los más humildes y los condenaron a mayores sufrimientos. Y a mentiras en todos los planos pero que, con las promesas a los jubilados, rompieron todos los records.
Miles y miles de ciudadanos de clase media se hundieron en la pobreza porque profesionales o pequeños empresarios no pudieron desarrollar su actividad y en muchísimos casos se fundieron y perdieron lo que habían edificado durante toda una vida. Y el segmento más alto, padeció una asfixia impositiva feroz y confiscatoria y un maltrato y estigmatización digna de los autoritarismos chavistas. Tomaron medidas revanchistas contra el campo, la industria, el turismo, la innovación tecnológica y las exportadoras. Fue un castigo brutal a todas las clases sociales y esa bronca contenida hizo explotar la urna de votos.
Votaron con el corazón los compatriotas que vieron sufrir y morir a sus seres más queridos y a sus amigos. Y que encima, no los pudieron despedir como corresponde. Es tan grande la hipocresía de la casta gobernante que nunca comprendieron el dolor y el duelo de más de 113 mil familias. Todas las decisiones sanitarias fueron equivocadas, tardías, ideologizadas y absolutamente ineficientes. Por eso ocupamos los peores lugares del mundo en cantidad de fallecidos o de vacunados con ambas dosis y en el manejo de la pandemia. Hicieron barbaridades carentes de toda lógica y sentido común. Pero lo que más indignó fue la soberbia de sus ridículas explicaciones para explicar lo inexplicable y el nivel de agresividad contra los que les intentamos advertir sobre esos disparates. Y como si esto fuera poco, humillaron, se burlaron y le mojaron la oreja a todos al evidenciar que se sienten parte de una casta privilegiada que se maneja como señores feudales y dueños de todo: de la patria, de las vacunas, del sexo, y sobre todo, del patrimonio público. Compraron tarde las vacunas equivocadas. Se vacunaron antes que los ciudadanos comunes. Se robaron las vacunas. Se mandaron festicholas en la Quinta de Olivos mientras amenazaban con duras represalias a las personas comunes.
Idolatraron a la maestra violenta que adoctrina a los chicos y no se conmovieron ante tantos jóvenes que ven a Ezeiza como única salida.
Votaron con la cabeza los que miran el rumbo estratégico que le dieron al estado. Relaciones carnales con Venezuela, Cuba, Rusia, China, Nicaragua y el terrorismo de Hamas, es decir con los que más violan los derechos humanos y los que menos ejercen la democracia.
También utilizaron su racionalidad informada los que rechazan el intento permanente de poner de rodillas a la justicia para lograr la impunidad de Cristina y su banda de ladrones de estado, el Cartel de los Pingüinos millonarios. O la venganza contra opositores o periodistas que les marcaron límites y frenaron las medidas más salvajes de expropiaciones o la locura de liberar criminales, ladrones y violadores y la de mirar hasta con simpatía le vuelta de los narcotraficantes más crueles. Siguen observando al drama de la inseguridad galopante por el ojo de la cerradura de su inflamación ideológica: la inseguridad es una bandera de los ricos y de la derecha. Y por eso fomentan la toma y usurpación de tierras y el zaffaronismo que simpatiza y ayuda a los delincuentes y castiga doblemente a las víctimas.
¿Qué resultado electoral esperaba Alberto Fernández si muy suelto de cuerpo dijo que es igual a Cristina? ¿O que el mafioso de Hugo Moyano es un ejemplo de gremialista o que Gildo Insfrán, el señor feudal de Formosa es el tipo de político que el admira.
Obviamente que hay muchos razones más que explican los cachetazos electorales que se comieron los Fernández. Por ejemplo, el extremismo populista y pianta votos que sugiere la brigada marginal que integran Gregorio Dalbón, Alicia Castro, Hebe de Bonafini, Roberto Navarro y Dady Brieva, entre otros.
O la falsedad enfermiza de los Sergio Massa que prometieron cárcel a los corruptos y barrer a los ñoquis de La Cámpora y hoy tienen una fábrica de pasta en sociedad con Máximo Kirchner. Más panqueque, imposible.
Hice el esfuerzo por tratar de identificar los principales motivos por los que el gobierno en dos años perdió la friolera de casi 5 millones de votos. Un terremoto histórico que pone en guardia a intendentes y gobernadores. Una implosión que, incluso puede ser el comienzo del final del cristinismo. No es seguro, pero es probable.

Cristina y Alberto, los mariscales de la derrota – 13 de septiembre 2021

La paliza electoral que recibió el cuarto
gobierno kirchnerista fue histórica y tiene muchos responsables. Pero hay dos mariscales de la derrota que condujeron a su tropa hacia el precipicio de las urnas: Cristina y Alberto.
El régimen vice presidencial que inventó Cristina fue útil para ganar las elecciones del 2019 pero, absolutamente inútil para gobernar.
Ese es su primer fracaso. La madre de todas las derrotas. El pacto espurio de imposible cumplimiento que firmó con Alberto. Ella es la jefa del jefe del estado y quien lideró un proyecto que ayer sufrió un severo terremoto. Algunos se aventuran a decir que es el comienzo del final del cristinismo. Es la cuarta elección parlamentaria consecutiva que pierde la arquitecta egipcia.
Si los resultados se repiten o son todavía peores el 14 de noviembre, Cristina perderá el quorum propio en el Senado donde era reina y señora y la cantidad de diputados será mucho menor de la que tienen ahora. Sus proyectos más autoritarios y chavistas fueron frenados por la soberanía popular del voto. Ahora será más difícil que pueda poner de rodillas a la justicia para lograr su impunidad.
Lo tradujo muy bien la doctora Elisa Carrió cuando dijo que ganó la República, que no seremos Venezuela, que la gente no quiere ser esclava de nadie y que se produjo una rebelión de los pobres.
Esa rebelión de los pobres fue una metáfora para denominar al segundo gran cachetazo político que recibió Cristina. Haber perdido en la provincia de Buenos Aires en general y en el Conurbano en particular muestra que tanto ella como su hijo, el príncipe heredero Máximo, se han quedado sin la plataforma de sus intentos hegemónicos. Como si esto fuera poco, los Kirchner no solamente se cayeron a pedazos en el Conurbano. También perdieron en el origen de todos los males, en Santa Cruz que es la cuna de este drama que ya lleva 14 años azotando al país y dinamitando todo tipo de progreso.
Muchos de los dirigentes más ligados a Cristina fueron castigados en los comicios. Axel Kicillof, es el principal. Pero ese rechazo al cristinismo camporista más fanático también se registró en Quilmes con Mayra Mendoza, en La Pampa con María Luz Alonso, en Mercedes con el millonario en ciernes, Wado de Pedro y en Mendoza con Anabel Fernández Sagasti.
Cristina hizo el ridículo con su bailecito con el sobre ante la urna.
Y ese mini show frívolo necesitó dos viajes ida y vuelta del Tango 04 que nos costó 60 mil dólares a todos los argentinos. Fue patético ver anoche a Cristina en silencio, oculta detrás de su barbijo, mirando en el escenario a Alberto mientras se hacía el harakiri simbólico a cielo abierto y en vivo y en directo.
Ella logró vaciar de contenido a Alberto Fernández y lo convirtió en lo que Alberto había anticipado: en un títere. Pero Cristina, es tan intensa, dañina y agresiva que terminó reduciendo a Alberto a la servidumbre. Fue hablando por Cristina, dirían los semiólogos. Por eso el presidente se mostró perdido y tambaleante sobre el ring. No solamente lideró un gabinete de mediocres y no de científicos. También fue un administrador que cometió torpezas increíbles que luego, en lugar de pedir disculpas, redobló la apuesta y atacó a la oposición y al periodismo independiente. Desafiante puso su cabeza en la guillotina y dijo que las elecciones iban a ser un plebiscito de su gobierno. Así le fue. Perdió por dos millones de votos de diferencia.
Habrá que estudiar que debilitó más a este gobierno. ¿La mala praxis de la gestión o las ridiculeces que se dijeron a la hora de tratar de justificarlas? “Algo no habremos hecho bien”, dijo Alberto como pidiendo disculpas.
“Algo no habremos hecho bien”, repitió como una letanía. Pero no escuchó nunca las advertencias sobre el fracaso sanitario que produjo el horror de más de 113 mil muertos, la hecatombe económica que multiplicó los pobres, la desocupación y las empresas quebradas y la inseguridad galopante, con narcos incluidos, que subestimaron durante todo el tiempo.
La realidad es que no hicieron nada bien. Y encima, se manejaron con soberbia y altanería. Es muy probable que este naufragio electoral se refleje en pases de facturas internos. Se van a tirar con las responsabilidades por la cabeza. Es que todos los actores principales de la coalición oficialista, perdieron en sus distritos o patrias chicas. Son datos, no relatos. Alberto perdió en Capital. Cristina y Máximo en Buenos Aires y en Santa Cruz y Sergio Massa en Tigre. Hay un mensaje contundente. Casi ningún dirigente importante salvó la ropa. Ahora se abren preguntas institucionales inquietantes. ¿Cristina asaltará la totalidad del gobierno? Empujará a Alberto para que se corra del medio? Tomará revancha contra los funcionarios que menos funcionan y pedirá su cabeza. Hablo de Santiago Cafiero, Martín Guzmán. ¿Seguirán en sus puestos Sabina Fréderic y otro grupo de ministros no acusan peso en la balanza? Hicieron muy poco y lo poco que hicieron lo hicieron muy mal. ¿Qué pasará en las provincias donde el peronismo es gobierno y perdió? ¿Renunciará la vice gobernadora de Santa Fe? Alejandra Rodenas enfrentó a Omar Perotti y perdió por goleada.
Hasta Jorge Capitanich, que era un plan B como posible presidenciable de Cristina, también fue sepultado por el tsunami de votos.
Ayer se jugaban dos modelos de país. Uno populista y autoritario que se quiere quedar con todo para siempre y otro que apeló a la resistencia republicana y popular en las urnas. Se consolidó la importancia de una sociedad civil movilizada que con los banderazos, los padres organizados, los chicos reclamando vacunas y las marchas de las piedras, fue marcando el camino para los líderes opositores.
La tozudez negacionista ante los disparates de la gestión, la hostilidad hacia casi toda la sociedad y el delirio jurásico ideologista fueron hundiendo al gobierno en su propia ciénaga. A lo largo y lo ancho del país está lleno de culpables. Pero los mariscales de la derrota fueron dos: Cristina y Alberto.