Cristina no zafa – 14 de abril 2016

Está claro que Cristina así no zafa. Se le viene la noche tanto desde el punto de vista político como desde el abismo jurídico que va a tener que afrontar. El que vio con mucha sabiduría todo esto fue Amado Boudou. El ex vicepresidente multiprocesado por delincuente dijo frente a una cámara: “Aguante Cristina, vamos a volver”, mientras algunos jóvenes coreaban esa consigna que asegura que van a volver. Y eso es rigurosamente cierto. Tanto Boudou como Cristina pronto van a volver a tribunales. Amado se va a tener que alguilar una piecita cerca de Comodoro Py o armarse una carpa en la explanada porque son muchas las citas que tiene por delante y que muy probablemente lo lleven derechito a la cárcel.
En el caso de Cristina, ayer hizo un debut muy amargo: probó lo que se siente al pasar del sillón de Rivadavia al banquillo de los acusados. Pero fue la primera pasada de un desfile que va a tener que hacer para dar explicaciones ante jueces y fiscales. Primero porque nadie descarta que el juez Claudio Bonadío al que ayer Cristina maltrató casi sin mirarlo a la cara, finalmente termine dictándole un procesamiento a la ex jefa de estado. Y segundo porque tanto por la imputación que decidió el fiscal Guillermo Marijuan como por el estado de las causas de la ruta del dinero K y la de Hotesur no hay ninguna duda de que Cristina va a tener que repetir sus visitas a ese edificio que tanto desprecia. ¿Volverá a convocar a una movilización cada vez que le toque declarar? ¿Conseguirá una respuesta tan pobre en concurrencia como fue la de ayer? Hoy mover el aparato cuesta mucho más que antes. Ya no tienen las cajas del estado nacional, porteño y bonaerense para contratar micros y gente en algunos casos. Le quedan un par de intendencias a las que no les sobra un peso y el dinero que tienen ahorrado algunos personajes como la propia presidenta y su hijo Máximo que dudo lo quieran poner para entusiasmar a la militancia.
Uno de los problemas más graves de Cristina es el doctor Eugenio Raúl Zaffaroni. El ex miembro de la Corte es su gurú jurídico. Su director técnico. El que puso en la cancha al doctor Carlos Alberto Berardi que va a ser el autor material de la defensa de Cristina. Zaffaroni solo es el autor intelectual. El que estudia la estrategia. De hecho Zaffaroni fue la única persona, además del muchacho que le alcanzaba el agua, que subió al estrado donde habló Cristina y la abrazó unos instantes.
Y esto se puede convertir en una pesadilla para Cristina. Lo digo porque Zaffaroni dejó jirones de su prestigio académico con la forma en que se comportó en los últimos tiempos. Escribió una columna en Página 12 descalificando la figura delictiva de “administración fraudulenta” porque se “introdujo en 1967 por Onganía y fue copiada del Código Penal de la Alemania nazi”.
Hay por lo menos tres problemas en ese razonamiento para quien no fuera castigado por haber alquilado sus 6 departamentos para que se ejerciera la prostitución en ellos.
Primero: la figura de administración fraudulenta existe y mientras no sea modificada, hay que aplicarla.
Segundo: el actual integrante de la Corte Interamericana utilizó la acusación de concepciones nazis, en el año 2001 para definir a Néstor Kirchner durante su gobierno en Santa Cruz.
Y tercero: El dictador patricio Juan Carlos Onganía no le debe haber caído tan mal si Zaffaroni no se fue de la justicia en aquella época y juró por aquellos estatutos antidemocráticos. Esa historia nefasta de complicidad con las dictaduras la repitió con la peor de todas: con la de Jorge Rafael Videla. El ahora progresista Zaffaroni juró por los estatutos de los terroristas de estado y fue cobarde a la hora de otorgar habeas corpus con los que hubiera podido salvar de la muerte a muchos.
Como si esto fuera poco nivel de complicidad, en 1980, escribió un manual llamado” Derecho Penal Militar” donde justificaba la “usurpación” de los militares en la función pública bajo determinadas circunstancias. Fue tan grave y condenable su comportamiento que las Madres de Plaza de Mayo lo incluyeron en una lista de 400 magistrados a los que calificaron de “partícipes necesarios” del genocidio que produjeron Videla y sus cómplices.
Hoy Zaffaroni se convirtió en un gran amigo de Amado Boudou, en un fanático militante K y en responsable principal de la doctrina de defensa de los delincuentes que existe en parte de los tribunales argentinos.
Cada vez que habla y recibe los elogios de Hebe Bonafini y Víctor Hugo Morales muestra un infantilismo marciano. Hace unas semanas caracterizó al gobierno de Mauricio Macri como un “virreinato del neocolonialismo que no cierra sin represión”.
Fue humillante con las víctimas de violaciones o de asesinatos. Siempre justificó a los victimarios. Nunca se puso del lado de las víctimas. Jamás debemos olvidar el tristemente célebre “Caso Tiraboschi”. Afirmó que el sexo oral no constituía violación porque no era una forma de acceder carnalmente a la víctima. Al imponer la pena por abuso deshonesto, sostuvo que no correspondía aplicar la pena máxima porque, entre otras razones, la víctima, una niña de ocho años, había sido abusada con la luz apagada y, en palabras de la sentencia, “el único hecho imputable se consumó a oscuras, lo que reduce aún más el contenido traumático de la desfavorable vivencia de la menor”.
¿Se da cuenta de semejante barbaridad? Yo no escuché a las mujeres que lideran “Ni una menos” que dijeran una palabra.
No se asuste doctor Zaffaroni. Sé que nunca le gustaron los medios de comunicación críticos. Alguna vez hasta los responsabilizó por multiplicar noticias policiales en algo que usted definió como terrorismo mediático. Usó terminología de alto calibre. Habló de “hordas mediáticas y de terrorismo mediático que incita al linchamiento” y sugirió modificar la Constitución Nacional para acotar lo que él denomina “oligopolios audiovisuales de intereses vinculados al capital transnacional”.
Es un grave error de Cristina poner su futuro y su libertad en manos de Zaffaroni . En realidad Cristina nunca fue buena para elegir a sus cuadros o casting de candidatos o funcionarios. En la marcha de ayer, según el humor genial de Rolo Villar, había que tener una causa en la justicia para que te dejaran entrar. Aparecieron con sus barbas flamantes Amado Boudou, Carlos Kunkel y Aníbal Fernández. Uno más piantavotos que el otro. Y muchos que muy pronto van a tener que ir al banquillo de los acusados como su jefa. Hablo de Julio de Vido, Daniel Gollán, Guillermo Moreno, Fernando Esteche, Luis D’Elía, entre otros impresentables de altísima imagen negativa en la sociedad.
Tal vez por eso, no hubo ningún gobernador y casi ningún intendente representativo que hayan ganado las últimas elecciones. El Partido Justicialista histórico le hizo un vacío y la dejó sola. Por eso Cristina reapareció con graves dificultades en la justicia. Con un posible procesamiento, aislada políticamente y rodeada de mucho de lo peor de su gobierno. Por todo esto es que creo que Cristina no zafa. Y con Zaffaroni, mucho menos. Cristina no zafa.