Las mujeres y Trump – 24 de enero 2017

Junto al poeta Silvio Rodríguez podríamos decir:
“Me han estremecido/ un montón de mujeres/ Mujeres de fuego, mujeres de nieve.”
La dignidad se puso de pié. El hombre más poderoso del mundo quedó atrapado por la marcha de mujeres más importante de la historia de los Estados Unidos.
La dignidad se puso de pié. Al día siguiente nomás. Apenas Donald Trump se estaba acomodando en el salón oval, Washington, otras 600 ciudades de Estados Unidos y otras tantas de todo el planeta salieron a la calle a levantar la bandera de la dignidad frente a los atropellos del magnate que está fundando algo que podríamos denominar el “nacional populismo”. Un experimento despreciable y peligroso por donde se lo mire. Una mezcla de Chávez y de Putin.
“Me estremecieron mujeres,
que la historia anoto entre laureles
y otras desconocidas gigantes
que no hay libro que las aguante.
Me han estremecido… un montón de mujeres, mujeres de fuego, mujeres de nieve”.
Más de 600 mil en la capital norteamericana y más de 2 millones y medio en todo el mundo utilizaron armas de destrucción masiva de misóginos, sexistas, machistas prepotentes y discriminadores. Hablo de la conciencia que hizo estallar a las multitudes en las calles con apenas un mensaje en Facebook. Fue la mecha que encendió la rebelión. Entre el arsenal que disponen, cuentan con la diversidad y un arco iris de colores de piel, de religiones, de convicciones. Todas fueron una contra Trump.
Fue emocionante que como todo casco protector usaran unos gorros color rosa tejidos que tenían orejitas de gato. Fue todo un emblema. Porque durante la campaña, en su enésimo exabrupto, este Donald que se parece más al codicioso tío Rico que al simpático pato, dijo que alguien poderoso como él podía manejar a las mujeres como quería con solo agarrarlas de la Pussy. Esta palabra en el lenguaje vulgar significa dos cosas: un gatito y los genitales femeninos. Por eso las mujeres contragolpearon con esos sombreros llamados “Pussy hats”.
Esa marea rosa demuestra que ellas tienen un sueño en marcha. Como la marcha sobre Washington de Martin Luther King pero con mucha mayor masividad todavía. Luther King en 1963 convocó a 250 mil personas para pelear por los derechos civiles para los negros. Miles de carteles, tantos como pensamientos. Me impactaron dos: uno que decía “Los hombres de calidad no temen la igualdad” y una morocha de casi 80 años, con un papel escrito a mano que decía: “Nasty Woman”. Nasty significa “asquerosa”. En uno de los debates que Trump tuvo con Hillary Clinton, el prepotente se quedó sin argumentos y casi como una rendición masculló esas palabras: “Nasty woman, mujer asquerosa”. Ignorancia e impotencia con pelo color naranja.
Este levantamiento global con las mujeres a la vanguardia, fue puesto en palabras y en baile sobre el escenario por Madonna: “Bienvenidos a la revolución del amor. Nuestra negativa como mujeres a aceptar esta nueva era de tiranía, en la que no solo las mujeres están en peligro, sino todas las personas marginadas”.
Fue un tsumani de alegría y lucha. Un reguero de pólvora contra el trasero de este abusador de mujeres que está sentado en el sillón más importante del mundo. Nadie nunca asumió con tanta imagen negativa y con tantas protestas por las calles. Otras dos pancartas geniales: “Hey Trump, las mujeres también son personas” y un dibujo que decía: “Trump, el caniche de Putin”, otro energúmeno del nacional populismo.
Reconozco que soy periodista y para Trump soy un ser deshonesto, como acaba de decir. Pero aunque él no lo crea, igual que los Chavez, los Kirchner y los Le Pen, entre otros, la inmensa mayoría de los periodistas disfruta con la búsqueda de la verdad desde la mayor honestidad intelectual.
En ese camino vamos a chocar siempre con un mentiroso que se cree sus propias mentiras. Estaba enojado porque los diarios mostraron las fotos de los días en que asumió Obama en comparación con su asunción. Y se veía claramente en las fotos que con Obama había más del doble de gente. No hacía falta ser un experto perito para eso. Pero los autoritarios se ponen locos cuando la realidad les demuestra lo contrario a lo que ellos dicen y piensan.
Algo muy importante está pasando en el rompecabezas del planeta. La consagración legal de Trump pero con tres millones de votos menos que Hillary y la grieta instalada que coloca del otro lado a los que quieren un mundo con más libertades, con más igualdad y con la cabeza abierta y discriminación cero. Era un canto a la participación ciudadana esos miles de norteamericanos que llenaron esa franja de 3 kilómetros que une el Capitolio con el Monumento a Lincoln y que le respira la nuca a la Casa Blanca. Esa gigantesca ágora, esa plaza pública se llenó de mujeres de todo el abanico de la diversidad. Desde jubiladas en sillas de ruedas hasta muchachas con hijos recién nacidos en sus mochilas. Todas las voces todas. Fueron canción en el viento. Había un muñeco de Trump con cabeza de calabaza que encima era una marioneta manejada por el Trump ruso llamado Vladimir.
Desde chico Donald John fue revoltoso, altanero y agresivo. A los 4 años ya tenía chofer y vivía en una casa con 23 habitaciones. Apenas pudo le pegó una trompada al profesor de música. Cometió un sincericidio cuando dijo que no podía resistirse a besar una mujer y muchas ya salieron a denunciarlo por acosador. Tuvo tres esposas. La modelo checa Ivana Zelnickova con la que tuvo tres hijos y un divorcio escandaloso. Marla Maples y finalmente otra modelo pero eslovena llamada Melania Knauss que mide 1,80, tiene 46 años y es su esposa actual y madre del pequeño Barron de 10 años.
Tuvo su vida regada por fiestas de millonarios y participación en reality shows.
Dice que quiere hacer otra vez grande a los Estados Unidos pero empequeñece a las mujeres.
Por suerte para todos, las mujeres no se rinden y van a seguir dando batalla. Hay que ponerle límites a Trump. Es de esos tipos que te llevan por delante. Es de esos tipos que le hacen mal al mundo. Lo llenan de odio y lo contaminan con ideas propias de un dinosaurio. Pero no todo está perdido.
Eleanor Roosevelt, nació en 1884, fue diplomática, defensora de los derechos humanos y esposa del presidente Franklin Roosevelt. Ella supo iluminar con este pensamiento: “Ganamos fuerza, coraje y confianza por cada experiencia en la que realmente nos paramos a mirar al miedo a la cara. Debemos hacer lo que creemos que no podemos. Nadie te puede hacer sentir inferior sin tu consentimiento.
De Trump a Roosevelt. De la oscuridad a la luz. Del autoritarismo a la libertad. Eleanor también es una mujer que me estremece, una mujer de fuego, una mujer de nieve.