Cristina, Axel, Máximo y Alberto, le han
declarado la guerra abierta a Horacio
Rodríguez Larreta. Hace mucho tiempo
que la comandante en jefa inició las
hostilidades. Pero en los últimos días, el
estado mayor cristinista, resolvió acelerar
y profundizar los ataques al jefe de
gobierno de la Ciudad. No hay
declaración ni acción de un funcionario
de este cuarto gobierno kirchnerista, que
se prive de agredir a Larreta, o a los
principales dirigentes de Juntos por el
Cambio. En general lo acusan de ser
“insensible” frente al tsunami del virus y
de haber convertido a la ciudad en el
epicentro de la pandemia.
Lo dicen todo el tiempo y a toda hora. El
objetivo final, es instalar algo horroroso: que Larreta esy será el responsable de todos los muertos. Es brutal decirlo así, pero así
se mueven los talibanes de Cristina.
Mirando las encuestas, y el fracaso del
gobierno en todos los planos, los K ya
tomaron esta decisión irresponsable y
que va a poner al sistema institucional al
borde del precipicio. Pero ya sabemos
que no les interesa la República ni la
división de poderes.
Las consultoras más independientes,
muestran que Rodríguez Larreta y
Patricia Bullrich están al tope de la tabla
de posiciones en imagen positiva y que
los principales referentes del oficialismo
nacional, superan el 60% de imagen
negativa. Es una alerta amarilla en el
tablero de comando de Cristina. Una
señal que les hace correr frío por la
espalda porque indica que podrían
perder las elecciones de medio tiempo. Y
tal vez, por una gran diferencia.
Veremos. Falta todavía. Y mucho va a
depender de la velocidad y la masividad
del proceso vacunatorio y del estado de
la economía a la hora de ir a las urnas.
Por ahora, los Fernández no tienen nada
bueno para exhibir. Y por eso, no tienen
más remedio que disparar munición
gruesa a sus enemigos. Hay números
que confirman los resultados
catastróficos en todos los planos desde
que asumió Alberto. Muertos: 60 mil.
Inflación anual: 50%. Pobreza: 45%. Y se
podrían agregar los horrores de la
desocupación y el cierre de empresas o
la cantidad de asaltos, violaciones y
crímenes que aportan el crecimiento
galopante de la inseguridad. No tienen
nada para defender a este gobierno.
Asumen que no hay mejor defensa que
un buen ataque y van a fondo contra
toda la oposición en general y contra
Larreta en particular.
Esta semana corrigieron la puntería. Al
principio habían puesto en la mira a
Mauricio Macri. Pero se convencieron
que el ex presidente no va a ser
candidato a nada y que solamente va a
ayudar en donde se lo pidan. Máximo,
para meter cizaña, dijo que a “Horacio lo
conduce Macri y ese es un gran
problema”. Hoy tratan de instalar que
Larreta es un Macri de buenos modales
o peor aún, los más fanáticos dicen que
es un Bolsonaro disfrazado o que
disimula.
Mienten de manera muy grosera porque
están desesperados. Olfatean su propia
debilidad y la posible derrota en las
urnas. Si no logran la mayoría en
diputados, y sacan menos votos que la
oposición, Cristina quedaría a la
intemperie para que avancen los juicios en donde está acusada de ser la jefa de una asociación ilícita para saquear al estado. Su tan deseada impunidad, no se podría concretar.
El notable politólogo, Marcos Novaro, lo
escribió con toda claridad: “El oficialismo no tiene más argumentos que la guerra sin cuartel contra Larreta” y apuntan a que todo el mundo hable de “los muertos de Larreta”.
Hoy mismo, el militante Daniel Gollán
que ocupa el ministerio de salud bonaerense, avanzó en la provocación cuando dijo “no se que hicieron con las dosis de Sinopharm. Nosotros las aprovechamos y vacunamos a los docentes”. Se le podría preguntar a Gollán si Carlos Zannini, Horacio Verbitsky, los Duhalde, Eduardo Valdés y Sergio Massa y familia, que fueron traficantes de vacunas, también son docentes. Bueno, Zannini lo falsificó en un documento público. Gollan se subió a lo que el propio Alberto Fernández dijo al final de su discurso de ayer: “La ciudad, solo vacunó al 14% de los docentes y está al final de la lista”. Y hoy los acusó de “negar la verdad que nos mata”.
Horacio Rodriguez Larreta le pidió a sus
funcionarios que no respondieran a esas
chicanas que buscan que la pelea sea
cada vez más encarnizada, pero dijo que “No vacunamos más docentes porque la Nación no nos dio más vacunas”. La ciudad inmunizó a los 16 mil docentes que se empadronaron y aprovechó esa vacuna para mantener el orden que había establecido el gobierno y el resto, se la aplicaron al personal de salud menor de 60 años.
El combate lo desató Cristina aquel día
en La Matanza, cuando habló de los helechos iluminados y los agapantos. ¿Se acuerda?
Hoy ese enfrentamiento es a fondo, a
toda hora y en todos los planos. Veamos:
Quita de fondos coparticipables, docentes K haciendo paros a repetición, piqueteros cortando calles y el Metro bus, reclamo de terrenos cedidos por Macri como parte de una deuda con la Ciudad y menos dinero para la policía metropolitana, entre los misiles más notables. No fue nada casual el tuit despreciable de Roberto Baradel comparando a todos estos dirigentes con un dictador como Videla.
Pero también van a fondo contra Macri
en la causa Correo, contra Patricia Bullrich, critican a María Eugenia Vidal por el desastre sanitario que dejó en la provincia y por los medicamentos vencidos de Adolfo Rubinstein, el ex responsable de la salud durante el gobierno de Macri. Hoy avanzaron en otra denuncia sobre la renegociación de contratos por la compra de anti conceptivos y le reclaman 18 millones de pesos y que vaya a la justicia por delitos contra el estado. Juegan fuerte los muchachos. No tienen límites y no tienen otros recursos. Si no pueden mostrar los éxitos que no tienen, necesitan inventar los fracasos de la oposición que no existen.
“Al pelado hay que pisarlo”. Eso fue lo que, hace unos meses, le ordenó Máximo, el príncipe heredero, a Sergio Massa que dicho sea de paso, es un amigo histórico del jefe de gobierno de la ciudad. Lo quieren asfixiar financieramente para quebrarlo políticamente.
Demoler a Rodriguez Larreta es por ahora el único plan del gobierno nacional. Por eso, con un decretazo le intervinieron de prepo y de facto la educación, la seguridad y le invadieron la autonomía de la ciudad. Por eso apelaron a un recurso inconstitucional. Por eso Aníbal Fernández reclama la intervención de la justicia porteña y Eduardo Barcesat, directamente exige la intervención federal de todo el gobierno de la ciudad. Eso es de extrema gravedad institucional. ¿Si se animan a semejante atropello, sabe lo que eso significa? Que en lugar de Larreta elegido por amplio margen en las elecciones, sea reemplazado por un militante cristinista, el camporista Mariano Recalde, por ejemplo. ¿Qué me cuenta? Lo propuso Barcesat que es un cristinista estalinista de la primera hora.
Por todo esto, está claro que Rodríguez
Larreta debe armar una trinchera,
ponerse el casco y resistir. Los K le han
declarado la guerra.
Padres y madres en rebeldía – 19 de abril 2021
La rebelión de las mamis le propinó al gobierno de los Fernández una verdadera paliza política. Armadas apenas con sentido común, amor a la educación de sus hijos y un teléfono celular, vencieron en todos los planos al fanatismo autoritario. En la calle con movilizaciones espontáneas sin camisetas partidarias, en las redes sociales con datos certeros y memes irónicos y en la justicia que le ordenó a Rodríguez Larreta que abriera las escuelas.
Como nunca en la historia, las madres y los padres decidieron organizarse y ser ciudadanos activos en la defensa de la formación intelectual de sus hijos. Sentadas, bocinazos, cacerolazos, abrazos a los colegios, banderazos y el himno como arenga.
Apostaron, al igual que sus padres y sus abuelos, al mérito que tanto desprecian Cristina y sus talibanes.
Hay una foto que lo sintetiza todo. En el Obelisco, una señora embarazada, con barbijo y coraje, levantó su remera para mostrar su panza turgente. Sobre su piel estaba escrito con trazo grueso: “Alberto, la educación es mi futuro, abran las escuelas”.
Alberto fue patético cuando movió el dedito como un parabrisas y dijo “A mí, rebelión, no. Eh”. Y fue eso, justamente, lo que logró. Una rebelión pacífica y familiar.
Fernández está naufragando en el peor momento del peor gobierno desde el comienzo de la democracia. Lo han convertido en una máquina de cometer errores no forzados. El presidente formal es conducido a los empujones hacia un precipicio institucional por los más radicalizados e inútiles del cristinismo.
Atacó a los médicos, a la oposición, a Larreta, a los chicos que se intercambian barbijos, a los niños con capacidades especiales, a los médicos, a los periodistas por supuesto y fue tapado por miles de críticas y rechazos.
Alberto y Cristina quedaron del lado del oscurantismo reaccionario. Se llenan la boca con una sanata revolucionaria y vacía e, insólitamente, atacaron a los que defendían la libertad, el trabajo y la educación.
Axel Kicillof amenazó con cancelar las habilitaciones y quitarle los subsidios a las escuelas de la provincia que osaran cometer el delito de abrir sus aulas. ¿Eso cómo se llama? Fascismo de izquierda.
Carlos Zannini, el traficante de vacunas que malversó un documento público porque se registró como personal de salud, hizo una presentación para invalidar el fallo a favor de la educación presencial de la justicia. ¿Qué autoridad moral tiene Zannini? Ninguna. No renunció porque tiene la cara de acero.
El ministro Martín Soria, dijo que la decisión de la justicia porteña era un mamarracho. Su compañera de gabinete, Sabina Fréderic, otra señora auto percibida progresista, pero con cero en gestión, disparó un tuit donde calificó de “genocidio”, la idea de volver a las escuelas. Fue tan grave el agravio a las víctimas de los verdaderos genocidios, que tuvo que borrar el tuit y pedir disculpas.
Hugo Yasky, Roberto Baradel y los jerarcas sindicales más cristinistas y más radicalizados decretaron un paro que es casi, lo único que saben hacer. Nunca quieren dar clases. Prefieren la rosca política para conseguir curros de concejales o diputados. Todas las excusas que pusieron fueron atendidas. Querían protocolos seguros y se establecieron mecanismos que casi no produjeron contagios en las escuelas. Después pidieron vacunas pese a que el personal sanitario todavía no estaba totalmente inmunizado y se las dieron. Ahora vacunados y todo, declaran un paro sin consultar a las bases y sin reparar en que el 60 % de los maestros no está afiliado a los gremios porque no se sienten representados.
Han destruido la educación pública en la defensa de sus privilegios y su quintita y han degradado el sagrado ámbito de los conocimientos. Ya le dije que Yasky y Baradel son a la educación pública lo que Los Moyano son a la actividad privada. Unos bloquean con camiones a las empresas y otros bloquean las aulas con su intolerancia.
El propio presidente que todo el tiempo se habla encima, denunció que el tribunal porteño había cometido un “estrago jurídico”.
Pero el más autoritario fue Aníbal Fernández que se atrevió a pedir que el gobierno nacional intervenga la justicia de la Ciudad. Un delirio chavista que produciría una rebelión ciudadano de mayor magnitud.
Una vez más, Nik con su lápiz y su creatividad, definió todo. Un periodista le pregunta a Alberto, “¿Por qué cierran las escuelas? ¿Cuál es la cepa que quieren eliminar?”. Y Alberto dice “que la gente sepa”, con “ese”. Y Gaturro remata: “La educación es la vacuna, pero les conviene el virus de la ignorancia”.
En lugar de ampliar derechos como pregonan, hacen todo lo contrario. Lo único que se les ocurre es prohibir que voten los argentinos que viven en el exterior, y meter un cepo a la información pública, al trabajo y a la educación. Más retrógrado que eso, no se consigue.
Fue muy profunda la dimensión de la derrota política a manos de los grupos de madres de whatsapp de los colegios que padecieron los Fernández. Hasta la intención de esmerilar a Rodríguez Larreta les salió como tiro por la culata.
Todas las encuestas certifican el crecimiento Larreta y Patricia Bullrich, entre otros. Y las figuras más importantes del oficialismo superan el 60% de imagen negativa. Hablo de Cristina, Kicillof y Alberto, en ese orden.
Incluso la frase que más se instaló en la memoria colectiva de estos días, fue acuñada por Larreta: “El aula más peligrosa es el aula cerrada”.
No es una casualidad que ni los gobernadores peronistas compraron la sinrazón de los Fernández. Solamente La Rioja, Catamarca y Formosa mantendrán clausuradas las aulas. Están entre los tres distritos que más necesitan capacitar a sus chicos y jóvenes. Pero hay un peronismo feudal que somete al clientelismo a los habitantes.
Hace varios días que el periodista Diego Cabot escribió que “hay olor a 125 de la educación”. Hoy las redes sociales producen concentraciones de protesta más rápidamente que la pesada estructura mercenaria de los sindicatos. La tecnología democratiza y hace más horizontal y masiva la participación de los ciudadanos independientes. Hostigaron y castigaron tanto a Horacio Rodríguez Larreta que lo obligaron a asumir otro tipo de liderazgo. Lograron como tantas veces, el objetivo contrario al que buscaron. Alberto desafió a que fueran a la justicia los que no estaban de acuerdo con sus decisiones insostenibles. Y fueron a la justicia. Cada vez más la gente elige la civilización contra la barbarie en homenaje a Sarmiento. Hace poco le dije dos cosas:
Que Alberto estaba aislado en todo el sentido de la palabra, como loco malo, como el mismo dijo. Y que ha perdido el olfato político. Incluso apelé a una frase de Tierno Galván, el ex alcalde socialista español: “El poder es como un explosivo, o se lo maneja con cuidado o explota”. Quien quiera oír que oiga.
Desagravio a los héroes de la salud – 16 de abril 2021
Esta columna está dedicada a nuestros compañeros de radio, los doctores Daniel López Rosetti y Alberto Cormillot. Pero también, a todos los referentes de la excelencia científica en ese arte de curar como los doctores Pedro Ferraina, Luis Caro, Oscar Mendiz, Jorge Lantos, Eduardo Cavallo, Roberto Martingano, Fernán Quirós, Fernando Scazzuso, Conrado Estol, Ricardo Teijeiro, Alberto Crescenti y Jorge Carrascosa, entre otros héroes anónimos y esenciales a los que tenemos que homenajear siempre.
El último discurso de Alberto Fernández fue un capítulo más de su propia degradación a la que viene exhibiendo con obscenidad. Está claro que su fracaso ha sido integral. Hecatombe económica que sembró el país de desocupados, empresas quebradas e inflación descontrolada. Catástrofe sanitaria con casi 60 mil muertos, sin testeos suficientes y con apenas el 11,4% de la población vacunada. La inseguridad de robos y asesinatos crece con ferocidad y desde el gobierno tienen dos posturas: no hacer nada o favorecer a los delincuentes. Y ni hablar de la pandemia de impunidad que permitió que casi todos los ladrones y estafadores del Cartel de Cristina ya estén en libertad.
Cualquier gobierno, frente a semejante panorama, debería pedir disculpas al pueblo, ser humilde, prudente y poner todos sus recursos para tratar de reparar todo lo que han destruido.
Sin embargo el presidente que no preside, levanta el dedito, señala culpables en lugar de buscar soluciones y ofende y humilla a muchos argentinos.
Su último aporte a la bronca y la indignación social fue cuando responsabilizó de la segunda ola a los chicos que juegan a intercambiar barbijos o a los alumnos discapacitados que no entienden lo que les dicen sus maestras. Mentiras ridículas y torpes con el solo objetivo de explicar lo inexplicable que es el cierre de las aulas. La inmensa mayoría de los ciudadanos lo taparon con críticas muy duras. Fue especialmente cruel con chicos con capacidades diferentes que usan el barbijo mucho mejor que él que, con dos vacunas se contagió y no sabe quién lo contagió. Un verdadero mamarracho. Además, me gusta decir que los únicos discapacitados son los que no tienen corazón. Tal vez Alberto Fernández está padeciendo este problema cardiológico: no tiene corazón. Fue tanta su actitud hostil y agresiva, su falta de empatía que la emprendió contra los médicos y enfermeros cuando denunció que el sistema de salud se había “relajado”. ¿En qué país vive, Alberto? Los médicos y enfermeros son los únicos héroes de toda esa situación horrorosa? La respuesta contra Alberto fue masiva y demoledora. Fotos de médicos y enfermeros en la trinchera de las terapias intensivas y las guardias dejando hasta la última gota de sudor y de sangre para hacer el bien sin mirar a quien. Hubo respuestas emocionantes y otras estuvieron cargadas de bronca. Un médico amigo me envió un texto que se viralizó y, lamentablemente, no conozco a su autora. Pero acuerdo absolutamente con todo lo que dice y lo quiero compartir con ustedes a modo de desagravio. Dice asi, escuche: “El sistema de Salud se relajó”…y leo a muchos colegas enojados por esta frase, ¡pero si tiene razón!…¡claro que nos relajamos!
Hace muchos años nos relajamos…
*Nos relajamos el día que permitimos que nos denigren con sueldos que no alcanzan para pagarte un cursito de actualización…
*Nos relajamos el día que aceptamos que debíamos trabajar en muchos lugares para tener una vida medianamente digna…
*Nos relajamos cuando aceptamos que las obras sociales y prepagas ganen millones usándonos a nosotros y maltratándonos con honorarios vergonzosos…
*Nos relajamos el día que aceptamos que los mocosos de la Cámpora se vacunen antes que nosotros y que encima tengamos que estar rogando que nos habiliten un link en una página para poder anotarte en una lista para esperar si sobraba alguna vacuna y te la daban a vos….
*Nos relajamos el día que permitimos que mueran tantos colegas por el estrés de estar en un sistema de salud destruido pero que sirve de “caja” para muchos…
*Nos relajamos cuando decidimos mirar el beneficio propio sin importar el del colega, y entonces encontraron nuestra debilidad…porque unidos jamás nos hubieran pisoteado así…
*Nos relajamos cuando permitimos que ineptos manejen nuestro destino tomando una y otra vez decisiones incorrectas…
*Nos relajamos cuando mañana vamos a ir a trabajar por el mismo miserable sueldo de antes de la pandemia o porque aceptamos que nos ofendan con un bono de 5000 pesos que nunca te llego o que después te descontaron.
Así que…sí Señor presidente…tiene razón…nos relajamos, porque solamente relajados mañana muchos colegas que están en la primera línea de batalla van a ponerse el barbijo , las antiparras , los camisolines y van a atender a una ola de enfermos , con el riesgo de enfermar y morir, mientras usted , su vice y todos los inútiles que lo rodean debaten y se preocupan por como destruir más a la clase media, conseguir más votos en las próximas elecciones y de que manera pueden someter cada día más a la pobreza a este país , que definitivamente , no tiene solo su sistema de salud relajado…sino que tiene a sus ciudadanos dormidos…
Soy cirujana…¿¿¿quiere que le cuente cuantos pacientes estamos operando fuera de termino, con malos pronósticos porque el genio que tenia de ministro junto a los genios de sus asesores, decidieron cerrar toda atención médica sin pensar que además del virus existen otras patologías que también matan????
¿Sabe lo que se relajó además de nosotros? …el sentido común y la dignidad. Debería tener un poquito de dignidad y antes de hablar del sistema de salud privado tendría que pensar en cada una de las cosas que usted hizo en este tiempo…¿o no estaba relajado cuando invito a un velorio multitudinario?¿ O no prometió vacunas a millones y no cumplió ni el 10%? ¿Sabe que, sr presidente…a veces es mejor pensar antes de hablar…porque es verdad que estamos relajados…pero muchas veces el que esta relajado, de pronto, de golpe, de una sola vez SE DESPIERTA Y REACCIONA”.
Hasta ahí la médica cirujana. Yo le agrego un par de párrafos. Este desagravio a los héroes de la salud es porque ellos son los que viven en emergencia. Siempre atienden urgencias. Ahora muchas dificultades respiratorias. Ese es un síntoma clave del Coronavirus. “Me ahogo, no puedo respirar”, dice la gente desesperada. Y allí aparecen los que el presidente trata de relajados. Para tomar la fiebre y hacer un hisopado. Para evitar que el coronavirus se confunda con una neumonía o una bronquitis severa.
Le confieso que cada día que pasa siento más admiración por lo médicos y por todos los trabajadores de la salud. Hay un video que me conmovió hasta las lágrimas. No sé si lo vieron. Un médico regresa a su casa. Se lo ve agotado, después de una jornada interminable y estresante. Llega con su guardapolvo celeste y su hijito de 4 o 5 años va a buscarlo corriendo con los brazos abiertos para abrazarlo. “No, no”, le grita el médico para evitar que su hijo lo abrace. El nene se queda paralizado del susto. No entiende nada. Se congela su alegría por la llegada del padre al que seguramente ve muy poco. El padre se pone en cuclillas y se larga a llorar. Es desgarrador. Después de dar una batalla desigual y descomunal, ese doctor no puede tener ni siquiera el bálsamo de un abrazo y un beso de su hijito.
Ese médico es todos los médicos. Todos somos esos médicos y ese personal que nos cuida de verdad a todos y que no se relaja un solo minuto. Tal vez algún día Alberto Fernández pida disculpas por todas sus aberraciones. Tal vez algún día, cuando la pandemia termine, podemos ir a la puerta de los sanatorios y los hospitales y cantar el himno nacional argentino temblando de la emoción. Tal vez ese día, abrazados y sin barbijo podamos cantar eso de que “Al gran pueblo argentino, salud”.