Mauro, la muerte de alto impacto – 12 de abril 2021

Nunca tomé un café con Mauro Viale. Nunca compartimos un trabajo. Nunca lo invité a mis programas ni él me invitó a los suyos. Siempre me sentí a las antípodas de sus formas y de su contenido. Una vez, Fernando Bravo me dijo que Mauro era el mejor productor periodístico que había conocido y luego pude comprobarlo. Olfato desarrollado para detectar las noticias e imaginación para transformarla en un show televisivo. Durante más de 50 años, se pasó la vida produciendo programas de alto impacto. Y su muerte, también, provocó un alto impacto.
Me generó una profunda tristeza. Primero por lo sorpresivo y veloz del desenlace fatal y luego, por el momento inquietante en donde la destrucción del Covid empieza a multiplicarse geométricamente. Pero también, y sobre todo, porque en este tiempo edificamos un afecto muy especial con su hijo, con Joni Viale al que muchos consideramos uno de los periodistas más completos y estudiosos del formato audiovisual. Pero mi aprecio no solamente encontró un motivo profesional. En el aire, en el mano a mano, donde se ven los pingos, en plena adrenalina del vivo, me propuso una manera cordial, casi fraternal de hacer el pase en la tele. Astuto y alegre, incisivo e informado, profundo y efectivo, se ganó mi estima en muy poco tiempo. En una charla telefónica nuestra conclusión fue “parece que hubiéramos hecho esto durante toda la vida”. Es que no conocemos otra forma de vivir que hacer lo que hacemos. La vida y el trabajo se transforman en dos caras de una misma moneda. Por eso fue un encuentro luminoso que ayer se puso negro de luto y me generó una gran angustia. Hoy veía a Joni llorando desconsoladamente en el cortejo fúnebre y no pude ni imaginar el desgarro en el alma que le produjo esa puñalada traicionera que la muerte le pegó a su padre. Joni venía rodeado de éxito. Disfrutando la construcción y la pasión de este oficio maravilloso. Satisfecho por los altos niveles de audiencia y reconocimiento y gambeteando los dardos envenenados de muchos mediocres y envidiosos.
Tal vez todo esto me sacudió el corazón de tristeza. Y porque, no confesarlo, también su condición de hijo y padre en los medios. Como Miguel y Nico Wiñazki o Diego y yo, hay como una defensa de uno al otro, espalda con espalda. Un aguante de amor familiar que se convierte en escudo frente a las amarguras que esta profesión también tiene.
De virus y pandemias no conozco demasiado. Pero de ese acero poderoso que se fabrica en la relación entre un padre y un hijo que eligen el mismo camino para ganarse la vida con felicidad, algo entiendo. Nadie se lo propone. No es un objetivo. Porque cada uno, es un eslabón que funciona en forma independiente. Pero por presencia, compañía permanente y esperanzas compartidas, se arma una cadena poderosa casi imposible de destruir. Y digo casi, porque ayer la muerte rompió ese vínculo tan resistente entre Mauro y Joni. Y las esquirlas de ese estallido se clavaron en mi cabeza.
Miro la foto que el hijo posteó en las redes, cuando todavía el padre estaba peleando y me emociona y conmociona. Esta el implacable y cabrón temible de Mauro, convertido en un abuelo inocente y sometido, tirado en el suelo jugando con su nieto Romeo, que apenas camina. Joni mira al nene con la felicidad más grande que se pueda encontrar y unos muñequitos y autitos completan la escena. La dimensión humana y verdadera de la vida y de la muerte, están ahí. Lejos de las luces de la tele y el maquillaje, ajena a los escándalos de reality y las lúcidas editoriales políticas. A la hora de la verdad, lo único que no tiene contra indicaciones es esa foto que resume el núcleo básico de la sociedad.
Tal vez muy cerca están su hermana Ivana, Leonor, la abuela con babero y ahora de duelo y los tres nietos que faltan. Ellos le habían mandado dibujitos de miles de colores para que Mauro no los extrañara en la terapia intensiva. Esos papeles pintados fueron lo último que Mauro vio de ellos. Se llevó en los ojos algo mucho más valioso que cualquier planilla de rating de morondanga.
Joni, con ilusión y expresión de deseos, escribió que el padre se iba a poner bien porque era un toro. ¿Qué padre no es un toro para su hijo? Ambos se miran y sienten que son invencibles, blindados y eternos pero eso no es cierto. Anoche, dramáticamente, en vivo y por televisión, un “urgente” o un “último momento” nos estremecieron, al anunciar la mala nueva. “Murió Mauro Viale”, decían las pantallas. Y a mí, me corrió un frío por la espalda. Pensé en que la muerte de Viale tenía un algo impacto como lo que produjo durante toda su vida. Y pensé en Joni, mi compañero de pase de todas las noches.

Alberto, no es naïf, es cómplice – 9 de marzo 2021

En la seguidilla de mentiras y falsedades con la que pretende gobernar, Alberto Fernández acaba de decir que Cristina lo critica por ser naíf. Alberto es todo lo contrario. Naïf es una corriente artística y la palabra, suele asimilarse a la persona ingenua o inocente. El presidente no es ingenuo ni inocente. Todo lo contrario, es cómplice de la jefa de la asociación ilícita más grande de la historia democrática que se dedicó a saquear al estado. Alberto es partícipe necesario de esa mega corrupción de estado. No porque se haya llenado los bolsillos, porque eso no se puede probar. Pero si, porque miró para otro lado, con la actitud de omertá que tienen los mafiosos, ante la cadena delictiva del cártel de los pingüinos que se convirtieron en mega millonarios antes, durante y después del gobierno que el integró como jefe de gabinete.
Cuando volvió al llano y Cristina comenzó a perseguirlo, Alberto alimentó a muchos periodistas con información que ayudaba a investigar los robos y las estafas. No cumplió con su obligación de funcionario público de denunciar ante la justicia esa cleptocracia. Pero ahora que hay montañas de pruebas, testimonios de arrepentidos y documentos claves del enriquecimiento ilícito de las coimas y del lavado de dinero, Alberto dice que ella “es inocente, que no necesita que el la defienda y que va a demostrar su inocencia.
Pregunto: ¿Si ella es inocente porque no desmiente con sus pruebas las acusaciones que son tan sólidas? Nunca desmiente la información. Ataca a los jueces, a los fiscales, a los periodistas que investigaron y a los arrepentidos que estaban a su lado y confesaron absolutamente todos los detalles.
El presidente no solamente es cómplice y culpable por omisión de denuncia, ahora es partícipe necesario porque en el pacto tácito que firmó con Cristina la ayudó a volver al poder bajo el compromiso de ayudarla a lograr la impunidad y la venganza. ¡¡Qué va a ser naïf, Alberto!! Alberto fuma bajo el agua. Que no se quiera lavar las manos. Ahora es un secuaz de Cristina. No es el jefe de la banda, pero la integra. Cada uno tiene un rol. Si esto fuera una película de bandidos, el rol de Alberto parece ser el del chofer que maneja el auto para salir volando después del robo al banco.
Y como si esto fuera poco, al gobierno le falta gestión y le sobra agresión, igual que a Axel Kicillof. En estos momentos de gran turbulencia, es cuando los presidentes deben demostrar la mayor templanza. Sin embargo, el presidente, en lugar de apagar los incendios, arroja más leña al fuego. Contagia nerviosismo y angustia y demuestra desesperación. Porque insiste con esa idea de buscar culpables en lugar de soluciones. Hay por lo menos diez problemas urgentes que solucionar. En ningún caso el camino es insultar o atacar a los dirigentes opositores, o al periodismo y mucho menos, como hizo Kicillof, amenazar con castigos severos o multas a la gente que es, claramente, la víctima de esta catástrofe sanitaria y económica.
Daniel Gollán levantó el dedito y dijo: “habrá que aplicar un poquito de rigor para los que no cumplan.”
En la pandemia que crece a gran velocidad, todo el drama se puede resumir en una frase: el virus nos va ganando la batalla porque no hay vacunas. No hay vacunas y cada vez hay más muertos y contagiados. Todos los debates restantes son derivaciones de esta verdad producto de la irresponsabilidad y la mala praxis del gobierno: no hay vacunas.
Las señales que el presidente Fernández emite hacia la sociedad son muy peligrosas. Un pelele con micrófono amenaza con agarrar a trompadas a un diputado y Alberto lo premia con una entrevista. Un ex jefe Montonero y doble agente se transformó en un traficante de vacunas y cuando regresó de la clandestinidad, el Presidente lo avaló otorgándole una nota.
Es verdad que el presidente está recibiendo críticas durísimas. Ninguna tan dura e implacable como las que él le disparaba a su actual vice y jefa política, Cristina de Kirchner. Nadie dijo de Alberto lo que Alberto dijo y escribió sobre Cristina: “psicópata, deplorable y cínicamente delirante”.
Y como si esto fuera poco, el presidente desde su aislamiento, en todo el sentido de la palabra aislamiento, ayer estalló con una agresividad que confirma que por momentos se convierte en un “barra brava”, como lo definió el diputado Mario Negri.
Fernández acusó a los que lo cuestionan de ser “imbéciles profundos o muy malas personas y miserables”. Estaba sacado por un documento de Juntos por el Cambio que respetuosamente, tomaba distancia de todos los errores y los horrores del Presidente.
El peronista Miguel Angel Pichetto alerto que “van a liquidar al país con estas restricciones tremendamente nocivas”.
Fernando Iglesias hizo una radiografía demoledora de la administración de los Fernández: “no testearon, no tuvieron plan sanitario, económico ni de vacunación. Prometieron diez millones de vacunas en diciembre y no llegaron ni a la mitad. Se vacunaron entre ellos. Pero la culpa la tiene la oposición y los argentinos”.
El presidente confesó que, cuando se escriba la historia, aspira a quedar del lado de los que cuidaron a la gente. Y si tengo que perder una elección por eso, la pierdo. Pero me voy a dormir en paz”.
Falta mucho para que se escriba la historia. Pero, por ahora, Alberto está quedando como un gerente de Cristina, un cómplice del latrocinio y del lado de los que potenciaron todos los indicadores negativos de la economía y la salud. Las urnas después hablarán del tema electoral. Pero, por ahora, parece que se estaría por cumplir su premonición.

A Axel le falta gestión y le sobra agresión – 8 de marzo 2021

Esta mañana, Axel Kicillof dijo que no le gusta agredir, pero no hizo otra cosa que agredir. Se refirió varias veces a la Ciudad de Buenos Aires como la madre de todos los contagios. Casi como si Rodríguez Larreta gobernara una fábrica de covid. Una verdadera locura que no tiene ninguna base científica. Solo resentimiento y el objetivo de limar la figura del jefe de gobierno de Juntos por el Cambio. No anunció, prácticamente, ninguna medida. Se dedicó a bajar línea apocalíptica y habló de tsunami en lugar de segunda ola y de que prefiere ampliar hospitales y no cementerios. Como si esto fuera poco acusó de “egoístas e irresponsables” a muchos que tienen los negocios fundidos o se quedaron sin trabajo y por eso rechazan las restricciones estrictas. Era lo único que faltaba para comprender que Axel Kicillof está atrapado por arenas movedizas. Por eso se mueve poco. Pero cada vez que se mueve, se hunde más. La tierra arcillosa de la gestión lo va tragando lentamente. Le va a costar salir de ese lugar antes de ser engullido en su totalidad.
Hay que recordar que su tarea como Ministro de Economía lo consagró como uno de los peores y de los más fanfarrones de la historia. Nos hizo perder fortunas a los argentinos. Y siempre, en el nombre de la emancipación anti imperialista le llenó la cara de billetes a los acreedores de todo tipo. Pero hoy, la administración del gobernador es tan deficiente que su imagen negativa crece geométricamente en el corazón del electorado de la provincia de Buenos Aires. Su codicia por el poder absoluto para La Cámpora lo llevó por el peor de los caminos. Miró para otro lado ante el tráfico de vacunas y las aplicaciones vip y clandestinas y puso en manos de la militancia la responsabilidad de la inmunización. Se apropiaron de todo el mecanismo vacunatorio con la idea de llevarse todo el rédito político. Pero fue tanta la mala praxis que sembraron que, en realidad, está cosechando imagen negativa y rechazos a granel. Esa avaricia por manejar solos el tema lo llevó a rechazar los ofrecimientos de los intendentes para que se vacunara en centros muy bien preparados y con gran experiencia. Pero ellos prefirieron locales partidarios, sindicatos de Baradel y edificios provinciales. Por eso, Kicillof, ayer, se pegó un misíl en los pies con el tema de la vacunación en el Estadio Único de La Plata al que manejan como si fuera propio. El intendente Julio Garro puso a disposición de la provincia 46 centros de salud con gente muy capacitada. Pero Axel y sus camporitas se empeñaron en que vacunara su gente y en el estadio. ¿Qué pasó? Suspendieron la vacunación por el partido de River. Muchos jubilados se quedaron sin su vacuna. Ante el escándalo que se generó, dieron marcha atrás y vacunaron por la tarde. Pero una parte de los adultos mayores van a tener que volver el sábado. No recibieron a tiempo la notificación de la reprogramación y fueron lo mismo al estadio a vacunarse. Estaban que volaban de bronca y de tristeza.
Esta es una y solo una de las metidas de pata del Chiquito, como lo llama Cristina.
Como si esto fuera poco, también se habló encima y se ganó el repudio de varios dirigentes de Juntos por el Cambio. Sobre el comunicado opositor dijo que “no se, si existe otro caso de tanta irresponsabilidad y oportunismo. Pensé que ya nada podía sorprenderme del macrismo”. Al minuto, el diputado Mario Negri le dijo por televisión: “mentiroso. En lugar de buscar peleas callejeras, debería estar a la altura”.
Kicillof en su tuit acusó de “hipócritas” a intendentes y gobernadores que en sus distritos colocan restricciones y las rechazan a nivel nacional. Y remató apuntando a “Cornejo, que firma el vergonzoso comunicado” y agregó “pareciera que está bien cuidar a Mendoza, pero quiere que el resto del país esté desprotegido.¿ Como se explica este disparate? ¿Querrán responsabilizarnos, después, de las muertes cuando ahora boicotean las medidas de cuidado?
Cornejo, presidente del radicalismo y ex gobernador de Mendoza, no anda con vueltas ni tiene demasiadas pulgas. Rápidamente le contestó: “vergonzosa es tu gestión. Vacunados vip y súmale a los bonaerenses sumidos en una ola de inseguridad tremenda y vos siempre mirando al costado… Fracasaste y no te querés hacer cargo”.
Patricia Bullrich utilizó la ironía en su contragolpe: “Hay que enseñarle a leer a Kicillof. Se ve que en la facultad aprendió números y no lectura. Lo que planteamos es que hay que cuidar la libertad, la economía, la educación y la salud; es decir hay que tener una cuarentena responsable, pero no un cierre y una restricción que nos vuelva a destruir como pasó el año pasado. Con la cuarentena eterna, nos fue como el traste. Doblamos en perdida del PBI a toda América Latina y tuvimos los mismos muertos como si no hubiéramos cerrado nada”.
La Cámpora salió a respaldar a Axel con un documento igualmente fuerte. Aseguraron que los opositores “buscan el colapso del sistema sanitario y usan el odio para dividir a la sociedad. Ante la perversidad y la mezquindad, más trabajo y solidaridad”, proclamaron mientras acusaban a Macri y María Eugenia Vidal de haber abandonado el sistema hospitalario provincial. Y agregaron que Juntos por l Cambio “se niega a tomar medidas para cuidar a la gente porque anteponen su ambición y egoísmo”.
Hoy Axel, es el hijo putativo de Cristina y el instrumento político de Máximo. Jamás en su vida fue peronista pero tuvo que aprender la marchita de apuro porque fue designado como vicepresidente del Partido Justicialista. Hizo un giro ideológico inverso al de Amado Boudou. El delincuente condenado y ex ministro de Economía, pasó del liberalismo de Alsogaray al marxismo cristinista de mentirita. Y Axel pasó de enseñar marxismo en la facultad a las 20 verdades de Perón. Fue meteórica su carrera. Se afilió en febrero al justicialismo y un par de semanas después fue elegido en la conducción, junto con Alberto Fernández. Todo ocurrió en un santiamén. Por eso los derechosos duros y ortodoxos como Guillermo Moreno y Julio de Vido, le tienen tanta bronca. La carta orgánica le exige como mínimo dos años de afiliación pero, ya saben todos por donde se pasan los Kirchner las reglas y las normas.
Pasó de ser el ideólogo de la agrupación de la izquierda universitaria “Tontos pero no Tanto” a gobernador de la provincia que más votos le aportó históricamente al peronismo. Por eso hasta los intendentes lo miran con recelo y sospecha. Lo ven como un sapo de otro pozo, como un bicho raro. Pero todos acatan vertical y disciplinadamente lo que ordena Cristina. Todos callan y miran para otro lado. Pero no sabemos si lo van a ayudar a salir de esas arenas movedizas de la mala gestión que lo tienen atrapado.
A esta altura, la grieta que los Kirchner cavaron en la Argentina, ya tiene dimensiones de abismo.
La Matanza en particular y la provincia de Buenos Aires están con un nivel de deterioro brutal. Porque es verdad que no hay cloacas ni agua suficientes y que las calles son un desastre y la luz y el gas falta en muchos lugares.
Cristina debería saber, en realidad lo sabe, pero finge que no sabe, que en 36 años de democracia recuperada, la provincia que representa casi el 40 % del padrón, fue gobernada solo en dos períodos de 4 años por no peronistas: Alejandro Armendáriz, empujado por el huracán alfonsinista y María Eugenia Vidal. Esa provincia tan golpeada y con tantas carencias fue gobernada durante 28 años, repito 28 años, por el peronismo en todas sus variantes. Y ni que hablar de La Matanza. Federico Russo, Héctor Cozzi, Alberto Balestrini, Fernando Espinoza, Verónica Magario y ahora nuevamente Fernando Espinoza. En los últimos 36 años solamente gobernaron dirigentes peronistas. Ellos son los responsables de las humillaciones a las que han sometido a los ciudadanos y de las necesidades básicas insatisfechas que tiene ese distrito. Axel gobierna mal, agrede demasiado y trata de salir de las arenas movedizas que el mismo generó.