Margarita Barrientos no se rinde. Jamás baja los brazos. Hace florecer navidades en todos los hogares humildes a los que llega. Tiene una energía poderosa. Nada la detiene. Ni el horror criminal de la pandemia, ni los ataques políticos que tratan de mezclarla en discusiones que no son de su interés. Ella no se mete en cuestiones partidarias. Recibe toda la ayuda que pueda porque es infinito el desierto de necesidades básicas insatisfechas. Los números de la pobreza extrema y el hambre hablan por sí solos.
Está en plena campaña para replicar en Santiago del Estero su experiencia maravillosa de Los Piletones. Acaban de mandar un camión lleno de alimentos y ropa. Ya está en marcha un centro de salud, absolutamente gratis, con remedios y todo en la farmacia comunitaria. Recibe mucha ayuda de empresas y ciudadanos de a pie. Mucha ayuda, pero nunca la suficiente. Inauguraron un jardín de infantes donde 300 changuitos van a recibir educación temprana y un cuidado nutricional para combatir el bajo peso. Era un sueño de aquella Margarita que un día partió del Santiago profundo a buscar su destino en las manos humildes de los demás. Los talleres de oficios para afrontar las búsquedas laborales funcionan a la perfección. Los abuelos tienen sus médicos y su contención afectiva las 24 horas. Nissan les regaló una camioneta y eso les permite entrar a los montes más complicados y a las escuelas rurales con la alegría de un pan dulce y mucho más.
Tal vez el ministro Daniel Arroyo no lo sepa, pero la Fundación de Margarita está tratando de renovar un convenio que le da trabajo en Añatuya a 60 familias. Todavía no se firmó. Pero tal vez se pueda avanzar. No hay ideología ni grieta ahí. Hay necesidades y gente dispuesta a poner el cuerpo para instalar la solidaridad efectiva.
En el histórico comedor de Los Piletones se nota como la pandemia y la cuarentena multiplicaron la concurrencia. Es que el trabajo doméstico y el de los albañiles que hacen changas, fueron de los más afectados por el freno económico.
Pero Margarita no se rinde. Como siempre, la madre Teresa del Bajo Flores lo da todo a cambio de nada.
Es una luchadora social gigantesca, es la Navidad misma.
Mucha gente la conoce pero mucha más gente debería conocerla, admirarla y seguir su ejemplo. Margarita Barrientos resume en su vida y obra, todos los valores navideños. El nacimiento permanente de milagros y esperanzas. La mano solidaria tendida en forma permanente. Y la capacidad de hacer todos los días algo que mejore la calidad de vida de sus vecinos con una sonrisa luminosa y una energía inagotable.
Insisto. Pocas personas resumen tanto en su figura los valores de la Navidad. Muchos la conocen. Pretendo que muchos más la conozcan Y por eso no me canso de contar y difundir su epopeya cotidiana.
El comedor Los Piletones es un esfuerzo titánico de Margarita Barrientos. Hoy es mucho más que un comedor donde se alimentan miles de hermanos argentinos necesitados. Es un complejo solidario que hoy tiene guardería, un centro de jubilados, consultorios médicos, una biblioteca donde hay clases para apoyar a los chicos, un taller de costura y hasta una veterinaria. En los últimos tiempos y como parte de su combate frontal contra la exclusión y la droga, inauguraron una escuela de carpintería que enseña un oficio y que además, fabrica los muebles que se utilizan en este faro de la fraternidad instalado atrás de la cancha de San Lorenzo.
No me canso de repetir que Margarita es un símbolo de la Argentina que florece. Ella tiene nombre de flor y es la más bella del barrio. Es la amada Margarita Barrientos. Ella tiene mucho que ver con mi historia periodística y hasta con la de mi hijo al que llevé desde muy chico a conocer ese mundo real que muchos quieren ocultar.
Margarita Barrientos a esta altura es un ejemplo del tipo de líderes sociales que necesitamos. Humilde, alegre, de las imprescindibles. Tiene 10 hijos a los que les enseña a valorar la vida y a pelear para progresar. A veces se le escapan las lágrimas más cristalinas que he visto. Son llantos del duelo cuando recuerda a Isidro, su esposo fallecido. El comedor que Margarita inauguró en su tierra natal, en Añatuya, lleva su nombre: “Isidro Antúnez”.
¿Se acuerda? A Isidro le faltaba un brazo pero le sobraba un corazón. ¿Se acuerda como fue el tema, no? Isidro estaba trabajando con un tractor y en un accidente se le cayó encima y eso le hizo perder un brazo. Pero estuvo apuntalando a Margarita desde siempre. Andaba con la camioneta de acá para allá trayendo donaciones, buscando materiales de construcción.
Porque si algo extraordinario pasa en el comedor los Piletones de Margarita es que siempre se está construyendo, en todos los sentidos de la palabra. Siempre hay ladrillos para levantar una nueva utopía. Cuando la Argentina se caía a pedazos en el 2.001 y todo se destruía yo fui a Los Piletones para ver que necesitaban, como podía ayudar. Y ellos estaban construyendo. Además en ese lugar se remonta la esperanza. Se planifica el horizonte. Se ofrece afecto, abrazos, educación, contención y dos platos de comida caliente.
Hace 24 años que Margarita viene curando las heridas más profundas de los más pobres de los pobres. Trata de ayudar a dignificarlos. No le piden que vayan a ninguna marcha, no los obliga a votar a ningún candidato.
Las injusticias y las adversidades le han pegado siempre en el pecho y Margarita siempre respondió con más esfuerzo y con más alegría. Margarita es la cocinera de los milagros. La que prepara todos los días, con sus manos generosas y su mirada limpia el sabroso milagro de un desayuno, un almuerzo y una cena para miles de vecinos, sobre todo chicos y abuelos de la villa. Cada vez que recibe una donación ella lo transforma en ayuda a sus semejantes. Sabe que hacer el bien hace bien y mucho más si se lo hace sin mirar a quien. El escudo de Margarita es el delantal.
No se lo saca nunca. Siempre está cocinando, o comprando o limpiando. ¿Qué lleva a una persona a ser solidaria hasta los huesos? A dar hasta que duela como decía la Margarita Barrientos de Calcuta. Y allí está, edificando un futuro para sus hijos y para sus vecinos. A media hora del obelisco como si estuviera en medio del Impenetrable. Cuidando las garrafas como si fueran de oro y la manteca y dulce de batata como si fueran lujos de príncipes.
Permítame y disculpe que saque pecho y le recuerde uno de los sucesos que más orgullo me provocan de mi oficio de periodista. Fue un hecho mágico y maravilloso que ocurrió con Margarita en este programa. Un día le hicimos una entrevista como tantas. Pero los diarios habían publicado que Baltazar Garzón, el ex juez español, estaba cobrando del gobierno de Cristina 70 mil pesos (de aquella época) por mes como asesor en Derechos Humanos. Se nos ocurrió preguntarle a Margarita que haría ella con tanto dinero. Y confesó que su sueño era construir un Centro de Atención para las Víctimas de Violencia Familiar. Como Margarita siempre piensa en los que más sufren, se acordó de tantas mujeres que por las noches llegan a su casa pidiendo auxilio frente a los golpes brutales de sus maridos, muchas veces borrachos. Como siempre, los gravísimos problemas de la marginalidad y la exclusión, Margarita los vive en carne propia. Nadie le tiene que contar que es lo que pasa con los excluidos. Es ella la que pone el cuerpo cuando llega una mujer llorando, con sangre en su rostro, cargando uno o varios chicos y que pide protección. Muchas veces Margarita no se da cuenta pero evita que haya asesinatos. Una vez ella misma sacó a cachetazos limpios a un hijo de puta que quería seguir trompeando a su esposa. Margarita, su cuerpo, su coraje, su conciencia es un refugio para los más débiles y para las víctimas de ese despreciable delito que es la violencia de género. Por eso ella soñaba con un refugio. Y ese sueño se convirtió en realidad por el milagro de la radio y la generosidad. Emilio Quesada, un empresario español que se casó con una argentina y se quedó para siempre resolvió donarle ese edificio. No se imaginan lo que es ese lugar. Con todas las comodidades y necesidades satisfechas para contener y proteger a la mujer golpeada. Otro sueño de Margarita hecho realidad. Margarita ya tiene un lugar en el mundo para las mujeres de la villa cuya vida era un calvario.
La luz se hizo. El milagro de la esperanza no cayó del cielo. Fue construido por hombres y mujeres que aman a su prójimo como a sí mismos. Ella sabe desde la cuna lo que es el dolor y el horror. Le pasó de todo allá, en el fondo de Santiago del Estero. Su madre murió temprano. Su padre los abandonó y eran once hermanos. Eso suele pasar demasiado seguido en los subsuelos de la patria. Margarita sabe desde la cuna lo que es el hambre y lo que provoca. No se lo contó nadie. Sabe muy bien cuando la panza duele porque está vacía. Se sienten como cuchillos invisibles que se clavan. Por eso hace lo que hace. Lo hace porque sueña con un país donde nunca más nadie sienta esos dolores quemantes de la exclusión. Hace mucho tiempo viene lavando nuestras miserias y nuestros pecados en los piletones del Bajo Flores. Está lejos de Calcuta y muy cerca de las necesidades más profundas de sus prójimos. Ella los ama como a sí misma. Es la responsable de que todos los días haya un nacimiento de ilusiones. Por eso es la Navidad en persona. Mama Noel. Se llama Margarita y es una flor que nos perfuma la vida. La flor más bella.
Alberto, el arquero que no ataja una – 17 de diciembre 2020
Desde chico y ahora en los picados de la quinta de Olivos, Alberto Fernández juega de arquero. Se sabe que es un puesto muy ingrato. Es el único jugador que por cada error que comete, el rival mete un gol. El legendario Hugo Gatti supo decir que “en el puesto de los bobos, yo soy el más vivo”. Y una gloria como Amadeo Carrizo, con humor dio en la tecla: “Para llegar a ser un gran arquero, te tenés que comer 400 goles, siempre que no sean en el mismo campeonato”.
Alberto hace un año que es el arquero del gobierno y tiene la valla más batida. No ataja una. Entre los futboleros hay una broma de tribuna que suele rogarle a los gritos al arquero, “si las que van al arco son goles, es terrible pero, por lo menos las que vayan afuera, no las metas adentro”. Sabiduría de hincha que hoy se le puede aplicar al arquero de la Casa Rosada. Todos los días comete errores no forzados. Le hacen goles entre las piernas. Y muchas que se van afuera, Alberto Fernández las mete adentro. ¿Qué le pasa? ¿Esta fuera de estado? Encima muchos de sus jugadores le patean en contra? Cristina ya le clavó varios goles al ángulo. ¿Tiene condiciones para ese puesto clave?
Más allá de la ideología, el presidente ha demostrado que sus capacidades de conductor y administrador, dejan mucho que desear. Su mala praxis, la improvisación y las torpezas se están convirtiendo en una política de estado. Encima sus defensores, también son bastantes burros y no lo cuidan. Cada vez que llueve un centro sobre el área, Alberto sale a destiempo y queda pagando. O se queda clavado bajo los tres palos y la tiene que ir a buscar adentro. No toma buenas decisiones y en muchos casos amaga a salir y se queda. Duda. No transmite confianza. Pone nervioso y desconcierta a todo el equipo que mira siempre al banco para pedirle instrucciones a Cristina que es la directora técnica del equipo. Y la presidenta del club.
Hay ejemplos burdos, tragicómicos de lo que le digo, sobre todo, con el manejo de la pandemia y las vacunas. Dieron tantas vueltas y tanta información contradictoria que la credibilidad se cayó a pedazos. Hay que tomar con pinzas y mirar con lupa cada palabra que dice el presidente o alguno de sus peores ministros como Ginés González García.
El colmo es que hace unas horas, suspendieron el vuelo heroico de Aerolíneas que iba a Rusia a buscar la vacuna que Vladimir Putin todavía no se aplicó. Confesó por televisión que “no es recomendable para los mayores de 60 años”. Me caigo y me levanto. Escuché tres veces la traducción. ¿Están locos todos los del ministerio de Salud y volvieron loco a Alberto? Hicieron varias declaraciones diciendo que iban a empezar la vacunación por el personal esencial y los grupos de riesgo entre los que están los mayores de 60 años. Pero todavía no es recomendable inocular a los mayores de 60 años. ¿En qué quedamos? Alberto dijo que él estaba absolutamente seguro de la calidad de la vacuna Sputnik y que para dar el ejemplo, se la iba a aplicar primero. Repito: Ni Putin se puso la vacuna. Y en la gigantesca Rusia, hasta ahora solo 14 mil personas se le colocaron. Y acá querían vacunar a 300 mil la semana que viene? ¿Por favor, que alguien ponga orden y un poco de racionalidad en este gobierno desbocado y peligroso. El papelón es de gravedad sanitaria e institucional porque juega con la vida de los argentinos. Una vergüenza que, por lo menos, debería generar la renuncia de Ginés. Y el pedido de disculpas de Alberto a todos los argentinos.
¿Vio lo que hizo con el tema de los cerdos, los veganos y los chinos? Su comportamiento fue insólito. En una sola reunión quedó mal con todos. Con Liz Solari y sus activistas, con los productores argentinos de porcinos y con los importadores de chanchos del país gobernado por Xi Xing Ping.
Recibió a la modelo y actriz en su despacho y se sacó una foto con una urna que tenía un cartel que decía: “No al acuerdo porcino con China”. Nadie entendía nada. Con esa foto le dio apoyo a la campaña de la Unión Vegana Argentina que se opone con mucha dureza a una política de estado impulsada por el propio arquero Alberto Fernández. Algo así como salir gambeteando del área y perder la pelota con un rival. Liz Solari explicó que las mega factorías de animales o las granjas, nos exponen, entre otras cosas, a nuevas pandemias. Y de paso bajó línea: “dejemos de torturar, matar animales y destruir la naturaleza”. Ella le entregó un petitorio con más de medio millón de firmas de personas que respaldan esos reclamos ambientalistas.
Solari dijo que Alberto le prometió no impulsar esas prácticas que se están impulsando desde el gobierno y en conjunto con el sector productivo. No quedó claro que impulsa Alberto. ¿Sale a buscar el centro o se queda en la línea? Se generó mucha confusión. Hubo pedido de explicaciones de la industria frigorífica que prometieron invertir 3.800 millones de dólares en 4 años y generar 250 mil puestos de trabajo. La señal de Alberto fue tan contradictoria que tuvo que salir el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas a confirmar que el acuerdo con los chinos seguía en pie. Y que el Presidente había “recibido pero no apoyado a un sector que representa el 1% de la población”.
Los temores de los que promueven alimentarse con hierbas y plantas pero no de carne animal, dicen que las granjas producen hacinamientos que terminan con enfermedades zoonóticas y pestes y como la porcina, la gripe aviar, la vaca loca y el MERS que viene del consumo de camello.
Es un tema que recién empieza y hay mucho por debatir. Pero mi crítica era a la turbulencia innecesaria que generó el presidente con su actitud de decirles a todos lo que quieren escuchar.
Así no se gobierna. Así todo se paraliza.
El gobierno, en lugar de encontrar soluciones y resolver problemas, genera nuevos inconvenientes. No arreglen lo que funciona, dicen los norteamericanos. El caso del aeropuerto de El Palomar es tan incomprensible que hasta generó peleas dentro de la coalición de los Fernández. Nos dejaron sin un aeropuerto que funcionaba bien y que era una fuente de trabajo importante y que le daba a la zona niveles de seguridad y actividad comercial muy valoradas por los vecinos. Como si esto fuera poco, y gracias a un sindicalista patotero que maneja la actividad como si fuera un ministro, los sectores de clase media y clase media baja no van a poder volar en líneas de bajo costo. Se llenan la boca hablando del pueblo y ahora en forma arbitraria y dañina, bajo la conducción de Pablo Biró, les privan de viajar en avión a una gran cantidad de personas que habían viajado por primera vez. Hablan del progreso y de la movilidad social ascendente y apuestan a regreso al pasado y a la movilidad social descendente. Alberto acepta lo que diga Biró y otros camporistas y pone marcha atrás en un tema que había dado beneficios para todos los sectores involucrados.
Pero la conducción ministerial de los sindicalistas es otra de las fallas del arquero de la Casa Rosada. Por Roberto Baradel y Hugo Yasky o mejor dicho, por el presidente que acepta sus exigencias, nos convertimos en una caso único en el mundo. Cero, educación. Cero, clases. Cero es la calificación para Alberto y el ministro Trotta que también es rehén de los sindicalistas.
Y el caso de Hugo Moyano también es inexplicable. Cada vez que puede, el presidente tapa de elogios majestuosos al capo de los camioneros. Es una de las tres personas más desprestigiadas de la Argentina. Aparece en todas las encuestas. Los inversores le temen por su actitud patotera, coimera y capaz de bloquear rutas y empresas a puro autoritarismo. Alberto les pide a los empresarios que hagan inversiones y no hay muchas respuestas. Uno de los motivos, pero solo uno, es que el presidente demuestra cuáles son sus convicciones éticas y su proyecto político al endiosar a un diablo como Hugo Moyano. ¿Es necesario poner en un pedestal a Moyano cada vez que tiene un encuentro? ¿Cuál es el beneficio político para el gobierno de colocar en un altar a un demonio? Otra vez. ¿Queres inversores o tu modelo de sindicalista es Hugo Moyano? ¿Queres un país moderno con innovación tecnológica y trabajo privado o tu ejemplo es el ladri feudalismo de Gildo Insfran?
Todavía falta lo peor. Ni siquiera terminó el primer tiempo y Alberto es un arquero que no ataja una.
Podría enumerar durante toda la tarde ejemplos de este tipo de comportamientos del presidente testimonial. El más humillante tiene que ver con los insultos que tiene que digerir calladito la boca. Diosdado Cabello es el que más le moja la oreja y lo provoca. Y el peronismo kirchnerista no defiende al presidente de la nación para defender a un tirano dictadorzuelo acusado de crímenes de lesa humanidad. Esos son goles en contra terribles. Alberto pierde autoridad y se desploma su investidura. Pero no hay un solo dirigente que haya salido a contestarle a Diosdado que volvió a arremeter contra Alberto. Ahora le dijo “tiene la piel delicadita y le molesta que le digan tibio, pero se hace el loco cuando su canciller declara contra Venezuela”. En una intolerable intromisión en los asuntos de nuestro país, Cabello pidió que liberen a Milagro Sala. Al final, Diosdado le exigió volver a caminar juntos como lo hacían el comandante Chávez y Néstor y dijo en su programa que “Yo afortunadamente soy libre, señor Fernández. No se moleste, si usted es tibio, asúmase. Nosotros somos revolucionarios, calientes, hervimos, nuestra sangre está hirviendo. No andamos con medias tintas, tenemos firmeza, no nos acomodamos para sonreírle a los jefes”.
La eficiencia, la responsabilidad, la capacidad intelectual, en definitiva la meritocracia que tanto desprecian, son fundamentales para ser presidente de la Nación. Los argentinos sentimos que esa posibilidad va a demorar mucho en llegar a nuestro país. Un presidente responsable, eficiente y con capacidad intelectual tal vez lo tengamos recién el día del arquero.
Ginés nos vacunó a todos y todas – 16 de diciembre 2020
Ayer, el ministro Ginés González García terminó de vacunarnos a todos los argentinos. Gracias a su extraordinaria eficiencia para meter la pata, Argentina se convirtió en el primer país en finalizar su plan de vacunación. Gracias Ginés. Tenemos ministerio. Gracias Ginés, sos el más vivillo de todos.
A esta altura uno intenta tomar la catástrofe sanitaria y el fracaso del gobierno, con cierto humor para poder procesarlo mejor. Pero no se puede. Es humor negro. Porque estamos hablando de la muerte de más de 41 mil argentinos y vamos derechito rumbo a los 45 mil fallecidos producto del coronavirus. Estamos entre los países con más muertos por millón de habitantes y con más contagiados. No podía ser peor. Y eso que el gobierno dijo que si estuviera Macri ya hubiéramos superado los diez mil muertos. ¿Se acuerda?
El comandante de esta Armada Brancaleone es Ginés, bajo la supervisión de otro funcionario repleto de improvisaciones, contradicciones y otros mamarrachos. Es el presidente de la Nación, Alberto Fernández. Porque en esta, Cristina no se metió. Ni abrió la boca. Ni para darle el pésame a los familiares de la víctimas o expresar su dolor por tanta muerte de compatriotas.
Cristina se lavó las manos con alcohol en gel y mantuvo distancia social de todos estos dramas.
Pero digo que ayer Ginés terminó de vacunarnos a todos porque tuvo que confesar una vez más su mala praxis. Hace apenas 13 días, el presidente dijo que antes de fin de año se iban a vacunar a 300 mil argentinos y que entre enero y febrero se iban a aplicar 5 millones de dosis en cada mes. Bad information. Fake News, compañeros. El mismo Ginés lo puso en duda con sus declaraciones, aunque hace unas horas, los voceros periodísticos del gobierno aseguraron que dentro de una semana se van a estar aplicando las vacunas rusas. Veremos. Todo despierta muchas dudas. Hasta ahora no hay ninguna vacuna disponible. Y si sacamos los fines de semana y la fiesta de Navidad, quedan 8 días apenas para vacunar con la vacuna que no está. ¿Pueden mentir tanto? ¿La desesperación por sacar algún rédito político los lleva a mandar fruta y a decir cualquier cosa? Son imprudentes y peligrosos. Le recuerdo que estamos hablando de salud.
La única verdad, es la realidad. Y la realidad indica que la única vacuna que podremos llegar a tener por ahora es la Sputnik, producida en Rusia. Todavía no se aplica casi en ningún país del mundo salvo en Venezuela que es la brutalidad dictatorial hecha gobierno. Ni en los hospitales de Moscú hay muchos ciudadanos que estén en la cola de la Sputnik. Los camaradas no comen vidrio.
Esperan ver los resultados.
Pero gracias a la pericia para las macanas que tiene Ginés, también perdimos la oportunidad de la vacuna de Pfizer. En este caso el despropósito fue colosal. Un canchero Ginés dijo que uno de los laboratorios más prestigiosos del mundo, habían puesto condiciones inaceptables. Una de ellas es que el contrato fuera firmado por el presidente y no por Ginés. Es que la palabra del ministro y la credibilidad del gobierno, están en el subsuelo. El oficialismo está lleno de pseudo revolucionarios de pacotilla que se la pasan insultando a los Estados Unidos, al Fondo Monetario, a los acreedores y se creen que eso es gratis en el mundo. Los laboratorios se preguntan si van a cobrar y a quien le van a cobrar.
Pero Ginés, en un sincericidio que dio vergüenza ajena también dijo que “las cosas no son fáciles, tenemos problemas con los aviones”. Es tragicómico. ¿Desde cuándo tenemos problemas con los aviones, compañero Ginés? ¿Hace una semana, un mes, o un año? ¿Recién ayer se dieron cuenta? Entonces le pregunto con todo respeto. ¿Por qué carajo sembraron ilusiones y dijeron que antes de fin de años iban a vacunar a 300 mil compatriotas y que iban a aplicar 10 millones de dosis entre enero y febrero? ¿Se fueron de boca una vez más? ¿Saben lo que significa la prudencia en un tema de salud pública?
Pero como si esto fuera poco, Ginés aplicó el remedio cristinista y buscó descargar las culpas en los demás. Dijo que Pfizer en realidad produjo menos de lo que había dicho y no les van a alcanzar las vacunas. Semejante pavada no resiste el menor análisis. Las condiciones que puso Pfizer son las mismas que le pidió al resto de los países del mundo. México, por ejemplo, que no es un país ultra desarrollado, dentro de 6 días va a poder vacunar con el producto de Pfizer a 125 mil personas esenciales para seguir cuidando a la población. México dentro de 6 días. ¿Argentina, cuando? Ginés no lo sabe. Los anónimos del gobierno insisten con que será el 23.
De los creadores de las filminas truchas a la basura o de la pelea con medio mundo, ahora viene “Tenemos problemas con los aviones” y “Pfizer puso condiciones inaceptables”.
No va a faltar el diputado cristinista que proponga una ley para repudiar a un laboratorio imperialista que es parte de un plan para destituir al gobierno popular.
En agosto, en TN, Ginés dijo que “vamos a tener la vacuna antes de tiempo, como en el primer mundo, a un precio infinitamente menor”. Lo que podía fallar, falló. Es raro que un futbolero como el ministro cante los goles antes de que empiece el partido. Por favor, llámense a silencio y no anuncien más nada. Esperen que las cosas se concreten y recién ahí las pueden dar a conocer. No se desesperen por conseguir un votito más o por inventar otro nuevo relato épico. Dejen de vender humo. Con la salud, no. Con la vida de los argentinos, no. Gobierno de científicos, las pelucas. Mediocres y chantas.
El oportunismo y la actitud permanentemente acomodaticia de Ginés González García lo empuja a hacer evidentes papelones de magnitud. Seguramente, hablará de disciplina partidaria o de verticalismo peronista, pero dos veces le ordenaron retroceder en chancletas y lo hizo a toda velocidad.
La última fue televisada y todavía no se le cayó la cara de vergüenza. Por ese motivo, Jorge Lanata le dio el título del boludo de la semana. Estaba en el Senado de la Nación explicando doctoralmente que había que rechazar la ley de cobertura de una terrible enfermedad llamada fibrosis quística. Ginés decía que los objetivos de la norma que se estaba tratando eran incumplibles y que iba en contra de los tratados internacionales y que bla y bla. El ministro argumentaba que ese proyecto, no se podía aprobar. En ese instante, apareció en escena Anabel Fernández Sagasti, la senadora mendocina de la Cámpora y mano derecha de Cristina. Sin ningún preámbulo fue derecho al grano y dijo que el presidente Alberto se había comunicado con la vice Cristina y ordenaban que el proyecto saliera aprobado en forma inmediata. La cara de Ginés fue un mapa de la humillación. Tragarse semejante sapo en vivo y en directo. Su mandíbula casi golpea contra el escritorio. Orden de Alberto y de Cristina que desautorizaron a la vista de todos a Ginés. Tal vez, el ministro desairado habrá pensado: “Me hubieran mandado un mensajito de texto al teléfono y me evitaban este papelón”. Ginés agachó la cabeza y se fue a su casa. Y el proyecto, por supuesto, se convirtió en ley.
Con el tema del aborto, pasó algo igualmente grave. Digno de Groucho Marx. Estos son mis principios, pero si no les gustan, tengo otros. Ginés siempre estuvo, como sanitarista del justicialismo, a favor de la despenalización del aborto. Un tema de salud pública, decía. Eso lo llevó a confrontar con la iglesia y Cristina que en ese momento estaba en contra, lo mandó a un exilio dorado como embajador en Chile. A partir de ese momento, Ginés, siempre tan charlatán con los medios, se quedó mudo. Disfrutó de las mieles y los privilegios de la diplomacia y no dijo una sola palabra de su bandera de la despenalización. Metió violín en bolsa para no hacer enojar a Cristina y para no perder su puesto. Recién cuando Cristina cambió su opinión, al parecer convencida por su hija Florencia, el inefable Ginés recuperó la voz pública y volvió a poner sus propuestas sobre la mesa.
La dignidad es como el embarazo. No se puede estar medio embarazada. Se está o no. No hay término medio. Con la dignidad, pasa lo mismo. No se puede ser medio digno. Conveniencia y especulación, siempre mata ideas.
Gé Ge Gé, como se conoce a Ginés por sus iniciales, batió todos los records de metidas de pata y bloopers durante esta cuarentena extra large. Habló hasta por los codos y dijo barbaridades. Dicen que Alberto ya se está cansando. ¿Le pedirá la renuncia? Siempre buscan culpables en lugar de encontrar soluciones. Para empezar, Ginés no pegó una en diez definiciones que tuvo ante los medios. Desde aquel histórico día 23 de enero, cuando dijo que no había ninguna posibilidad de que el coronavirus llegara a la Argentina. El médico de este gobierno de científicos hizo diagnósticos absolutamente equivocados. Insisto: no pegó una. “Me preocupa más el dengue que el coronavirus”, planteó sin que se le moviera un músculo, ni pidiera disculpas por semejante pifia. El 3 de marzo dijo, “uy, me sorprendió el virus, yo no creía que iba a llegar tan rápido”. Hay que recordar que vaticinó que en julio iba a bajar la curva y que la gripe era mucho peor que el covid 19. Están todos los audios y los videos. Tardó en usar barbijo y al principio no fue contundente para recomendarlo. Dudaba en público sobre si era efectivo ese tapabocas que es fundamental.
GGG dudaba del barbijo. Pero no dudó en llevar a todos sus socios comerciales al Ministerio. Muchos no tienen nada que ver con la salud. Pero cobran un sueldo y tienen un cargo en el ministerio. El ministro cumplió. Ayer nos vacunó a todos y todas. Ahora, el ministro se ríe: GGG. ¿De qué se ríe ministro?