Hoy es el día de la solidaridad, uno de combustibles más potentes que tiene el ser humano por ser humano. Hoy en la Argentina, necesitamos más que nunca este sentimiento fraterno y bíblico de amar al prójimo como a uno mismo. Hoy estamos atravesando una época histórica muy dolorosa. Estamos desgarrados por la crueldad de las muertes, de los hijos que nos pueden despedir a sus padres, de los contagios que asustan, de los encierros que asfixian y del terremoto de la economía que destruye trabajo y empresas y solo multiplica la pobreza y la exclusión. Hoy más que nunca, debemos honrar la vida y extender nuestra mano para ayudar en todo lo que podamos a quienes más sufren. Ser solidarios, es una condición humana esencial. Es hacer el bien sin mirar a quien.
Hoy es el día de la solidaridad en homenaje a la Santa Madre Teresa de la Solidaridad. Hoy cumpliría 110 años. Murió hace 23 años y sin embargo, la Madre Teresa y su obra monumental están más vivas que nunca.
El Papa Francisco la canonizó y la definió como “una luz que alumbra las tinieblas de los que no tenían ni siquiera lágrimas para llorar su pobreza y su sufrimiento”.
La Madre Teresa de Calcuta ya es santa pero en realidad siempre lo fue. Siempre admiré esa vocación infinita por darlo todo sin pedir nada a cambio. Esa frase de darlo todo hasta que duela. Y si duele es una buena señal.
Una vez un periodista chicanero la toreó y le cuestionó su colosal tarea. ¿Cuántos pobres y leprosos puede usted salvar? Tal vez sean apenas 100 y los pobres y los leprosos son miles y miles. ¿De qué sirve su esfuerzo? ¿Vale la pena? La Madre Teresa lo miro profundo desde esos ojos profundos y le contestó con sabiduría: “Estos son mis 100, ¿Cuáles son los suyos?”.
Andaba en sandalias, con un plato de arroz como toda comida diaria y no descansaba nunca. Un día lo contó asi:
“En 1952 pudimos abrir el primer hogar del moribundo. A mí me ocurrió el primer caso, el de una mujer tirada en plena calle. Se la estaban comiendo las ratas y las hormigas. Yo la llevé al hospital, pero no podían hacer nada por ella. Tuvieron que aceptarla, porque yo dije que no me marchaba de allí, hasta que no se hiciesen cargo de ella. Después fui al ayuntamiento pidiendo que me diesen un lugar donde meter a tales desgraciados, porque ya en el mismo día, había encontrado a otros que también se morían en mitad de la calle. El administrador encargado de la salud pública me señaló el templo de Kali, abriéndome el «darmashalah», lugar donde en otros tiempos la gente descansaba tras haber rendido culto a la diosa. El edificio estaba vacío. Aquel señor, me preguntó si lo quería. Yo me sentí contenta de poseer esa casa por diversas razones, particularmente porque era un centro de culto y de devoción de los hindúes. En veinticuatro horas llevamos allí a nuestros enfermos y lisiados. Desde entonces (y hasta principios de la década de 1970) hemos recogido por las calles de Calcuta más de veinte mil personas, aunque cerca de la mitad, se murieron.
Uno de esos olvidados de la mano de Dios y del hombre, se arrastraba como podía para trasladarse, tomó la mano de la monja que lo cuidó durante toda la madrugada mientras volaba de fiebre. Al final le dijo una frase tremenda: “Toda la vida me trataron como un animal pero hoy de su mano, muero como un ángel”.
Muchos le decían a ella “El ángel de los pobres”. Había nacido en un hogar de clase media en Albania pero se quedó a vivir y a morir junto a los que más sufren en el universo de la pobreza extrema en La India. Fue soprano en el coro de la escuela, profesora de historia y geografía y maestra en el arte de acompañar y enseñarles a leer a los que no tenían nada de nada. Sabía que lo suyo era una gota en el mar pero comprendía que el mar sin esa gota no sería el mismo.
Era y es la imagen de la solidaridad, de la ayuda mutua y el aguante de los que más necesitan. Con esa túnica, un Siri blanco con vivos celestes, que son los colores de la Virgen María, esa mujer diminuta era capaz de mover montañas. En La India fue enterrada con todos los honores de estado y su féretro fue trasladado en el mismo carruaje que llevó los restos del Mahatma Ghandi y el Jawaharlal Nerhu. Es una bandera del voluntariado. Diseminó misericordia. Sembró esperanza. Justo en el año de la misericordia, en 2016, el Papa Francisco la puso como ejemplo de la monja misionera que forma la iglesia y que sale a la periferia a atender a los que viven y mueren a la intemperie.
Dijo el Santo Padre que la flamante santa: “hizo sentir su voz a los poderosos de la tierra para que reconocieran sus culpas ante los crímenes de la pobreza creada por ellos mismos.”
Fundó 758 centros de “Las misioneras de la Caridad”, 7 de ellos en la Argentina con casi 6 mil religiosos trabajando en 139 países. Esa figura pequeña y arrugada fue un espejo gigante y enérgico para el mundo que piensa en sus semejantes y ofrecen todo, sin pedir nada a cambio.
Se llamaba Gonxha Agnes. Todo un presagio. Gonxha significa pequeña flor o capullo de rosa. A los 18 años ya se había alistado en la orden jesuita de las hermanas de Loreto.
Siempre se entregó de cuerpo y alma a los más vulnerables, a los más frágiles a los que habían perdido hasta la esperanza. Fue de una austeridad más que franciscana. Se había despojado de todo menos de esa túnica que la identificó en todo el planeta. Tenía una templanza que la hacía de acero para soportar las más grandes inequidades que padece el ser humano convertido en un trapo de piso.
Es la primera santa que fue Premio Nóbel de la Paz. Había sido beatificada por Juan Pablo II y el milagro que le permitió convertirse en santa es que supo curar a un brasileño que tenía varios tumores cerebrales. Se llamaba Marcilo Haddad Andrino y estuvo en la ceremonia de canonización en la Plaza San Pedro. No hubo médico ni científico que pudiera explicar ese milagro que hizo la Madre Teresa.
Tenía su carácter fuerte y momentos de humor e ironía. Y una ilimitada vocación de servicio. No quiso parar nunca. Ni siquiera en los últimos años después de haber superado la malaria y cuando tenía que movilizarse en silla de ruedas. Atendía a chicos con polio y los con las enfermedades más terribles. Acompañaba a los moribundos para abandonar la calle hasta el último suspiro. Se movía en un ambiente muy complicado, muchas veces carente de limpieza y con el único recurso de su mano tendida y su corazón abierto. Dejó conceptos para tallar en piedra: “La mayor pobreza es la falta de amor” y “Si no puedes dar de comer a 100 personas, da de comer a una. Por algo se empieza”.
Una vez dijo que su amor era gratuito y universal, carente de ideología. Si no se hablar el idioma del pobre o el enfermo, por lo menos se sonreír.
Decía seguir las enseñanzas de Jesús. Vestir al desnudo, alimentar al hambriento y darle casa al desamparado.
Todos los desposeídos del mundo tuvieron y seguirán teniendo a este ángel de la guarda de los pobres. Ahora es su Santa Madre. De Calcuta y de todo el planeta Tierra. Hoy cumpliría 110 años y vive eterna en el corazón de los humildes. Es el gran espejo de la solidaridad absoluta. De la entrega total. Eladia Blázquez nos dijo mucho cuando dijo “honrar la vida”.
¡No.
Permanecer y transcurrir
No es perdurar, no es existir
Ni honrar la vida
Hay tantas maneras de no ser
Tanta conciencia sin saber
Adormecida…
Merecer la vida no es callar y consentir
Tantas injusticias repetidas…
¡Es una virtud, es dignidad!
Y es la actitud de identidad ¡más definida!
Esa virtud de la dignidad y la solidaridad, es honrar la vida.
Libertad contra la censura – 25 de agosto 2020
La impunidad de los ladrones de estado más grandes de la historia democrática, necesita de jueces y periodistas cómplices. Cristina ya avanzó con el asalto a la justicia en todos los frentes. Y el ataque al periodismo independiente marcha a toda velocidad. Intimidar, perseguir, criminalizar, castigar y si pueden, encarcelar a los periodistas que no se callan ni se arrodillan es un objetivo histórico de los Kirchner desde su origen en el feudo de Santa Cruz. Colonizar la justicia y criminalizar la libertad de expresión son las puertas que conducen hacia el chavismo K. Lo dijo en radio Mitre el propio Marcelo Longobardi.
Fracasaron con La ley de medios, pero Gabriel Mariotto ya dijo que van por la revancha. Una justicia adicta a Cristina puede permitir que expropiaciones y aprietes a los medios, pasen como por un tubo. Mientras tanto apelan a sus instrumentos de siempre: el látigo y la billetera de la pauta, la estigmatización, la amenaza y el insulto de los grupos de tareas de las redes, el invento de causas y las querellas a los cronistas y el maltrato permanente.
El inciso “e” del artículo 72 de la reforma judicial, impuesto por Cristina y ejecutado por Oscar Parrilli, no anda con vueltas. Si a un juez le molesta la información de un caso o la opinión de algún columnista, puede denunciar que se trata de una presión. Una locura censuradora y autoritaria, casi sin antecedentes.
Alberto le hizo decir a sus periodistas amigos que iba a voltear esa cláusula antidemocrática, pero de inmediato reculó y los dejó colgados del pincel. Apenas se atrevió a decir que era “ociosa” y que no cambiaba nada. Se tragó una vez más, el sapo de Cristina. Parrilli, en cambio, dijo la verdad. Que era para evitar lo que hicieron varios periodistas que extorsionaron a jueces y que incluso llamaron a escrachar a sus hijos.
Una falsedad del tamaño del Congreso de la Nación. Quieren domesticar y hacer arrodillar a los verdaderos trabajadores de prensa que buscan la verdad y nada más que la verdad. Lo que pasa es que la verdad lleva a Cristina derechito a la cárcel. Por eso está tan apurada. Por eso espera y desespera. Cristina se juega su libertad en todo esto. La de ella, la de sus hijos y de sus cómplices del Cártel de los Pinguinos. Por eso, desde las redes sociales, nuevamente han convocado a un banderazo contra la impunidad y para abrazar al Senado de la Nación. No sabemos cuanta gente responderá a la convocatoria. Pero estamos seguros que nadie va a tirar una sola piedra. Salvo que haya infiltrados.
Ya intentaron otros caminos que, por ahora, no funcionaron. La Conadep del periodismo que propuso el bufón de Dady Brieva. El tribunal de ética periodística de Eduardo Barcesat e incluso utilizaron la Comisión de la Memoria K, presidida por Adolfo Pérez Esquivel que llegó a equiparar una nota periodística con una operación sicológica de inteligencia. Todo muy burdo. Todo profundamente anticonstitucional. Pero Cristina y su banda no frenan ante nada. Hubo videos de Tristán, el ministro de Propaganda y Venganza, entre otras formas de marcar a periodistas de varios medios de comunicación. Y ni que hablar de aquellas amenazas de 67Chorro del pauta traficante Diego Gvirtz o de la convocatoria a escupir fotos de periodistas o hacerles juicio populares musolinianos en las plazas públicas.
El barbijo no puede ser una mordaza. Los periodistas no tenemos que callarnos frente a estos atropellos. La libertad para informar y opinar es nuestra obligación, pero sobre todo, es un derecho que tienen los ciudadanos. El trabajo de los cronistas jamás puede asimilarse a un apriete ni a una presión. Eso es lo que hizo Cristina durante mucho tiempo. Apretar jueces y fiscales con carpetazos. José María Campagnoli se salvó de su destitución por la movilización popular que lo defendió. Eduardo Taiano sufrió incluso el secuestro de su hijo. Al fallecido juez Bonadío lo acorralaron con información falsa sobre su hijo. A Stornelli le armaron una causa con un juez militante. A Esteban Righi, el gran amigo de Alberto, Amado Boudou lo volteó de un plumazo. La propia Cristina, en una conversación telefónica con Parrilli, le ordenó expresamente y sin eufemismos que saliera “a apretar jueces”. Y en una ocasión que fue citada a Comodoro Py a declarar, convocó a una movilización de toda su guardia de hierro para que presionara a los jueces.
El propio presidente Fernández que había caracterizado como “deplorable” todo lo que Cristina había hecho en la justicia y la había calificado como una “cínica delirante”, también dijo que los jueces iban a tener que pagar por lo que hicieron. Y los apuntó con nombre y apellido.
El último misil contra los medios para poder controlar sus contenidos fue el Decretazo de Alberto que intervino las telecomunicaciones desde el estado. Declaró servicio público a internet, tv por cable y telefonía. Y de paso congeló las tarifas hasta fin de año. Una medida retrógada, casi sin antecedentes en el mundo que bloquea todo tipo de inversión para la innovación y deja a tiro de tarifas a los medios que tienen acciones en esas empresas tecnológicas. Axel Kicillof, el del aluvión siquiátrico, dijo que era una determinación “valiente” de Alberto. El Cuervo Larroque, comandante de La Cámpora aseguró que eso les iba a permitir limitar a los medios concentrados, la construcción de sentido común que naturalizan “causas injustas”. Es triste que militantes políticos crean que el pueblo es tonto y que se deja manipular por los medios. Si eso fuera cierto no se entiende cómo pudieron ganar varias elecciones pese a los medios satánicos y reaccionarios. Una frivolidad de un análisis cargado de ideologismo y ausente de inteligencia.
Es un despropósito el decretazo que declara servicio público a internet, cuando el 83% tiene conexión a las redes y solo el 70% posee gas y cloacas. Ni Cristina como presidenta se animó a tanto. Hasta China tiene precios liberados y competencia entre tres grandes empresas prestadoras.
Cristina castiga siempre la meritocracia, la iniciativa privada y la inversión. Por eso va contra el campo, la comunicación y la economía del conocimiento. Su modelo es un estado que controle todo, aunque se quede sin petróleo como le pasó a Nicolás Maduro. De hecho, gobernaron 33 de 37 años en la provincia de Buenos Aires y falta agua, asfalto y sobra exclusión y narcotraficantes.
ADEPA, que agrupa a 180 entidades periodísticas avisó que “combatir a la prensa no mejora la justicia”. El humor corrosivo de Carlos Reymundo Roberts dijo que la de Parrilli “es una cláusula según la cual un llamado de un periodista de Clarín o La Nación a un juzgado puede ser considerado un delito grave y uno de Gustavo Sylvestre o Victor Hugo Morales, periodismo de investigación”
Está claro que el decretazo, solo es una necesidad y una urgencia de Cristina. Y que la libertad de expresión, es la madre de todas las libertades. Atentar contra los medios es un crimen de lesa libertad y un patoterismo de estado del nacional populismo.
No es una casualidad que nuestro himno nacional comience diciendo: “Oid mortales, el grito sagrado, Libertad, Libertad, Libertad.
Alberto, más cristinista que Cristina – 24 de agosto 2020
Alberto Fernández reacciona peor que Cristina. Está atravesando un pésimo momento: se desploma en las encuestas y, sin embargo, radicaliza sus declaraciones y degrada sus acciones. Alberto no escucha las exigencias de las multitudes, ni las de la oposición, ni de gran parte de la justicia. En lugar de parar la pelota, reflexionar y recalcular el rumbo caótico del gobierno, igual que su jefa, redobla la apuesta, niega la realidad y acelera hacia el precipicio donde lo espera un gigantesco conflicto de poderes. Alberto se muestra más cristinista que Cristina y aun así Cristina le sigue comiendo piezas y complicándole la vida. Hasta su ex socia y gran amiga, Marcela Losardo, la ministra, está en medio del fuego amigo de la vice presidenta que le pide que no se borre, que defienda con energía la reforma judicial. La acusan de estar escondida y es cierto. Vilma Ibarra apreció tímidamente y Gustavo Béliz no sabe no contesta y no aparece.
Es tan evidente el tema que, a partir de esta mañana, Jorge Lanata decidió llamar vicepresidente a Alberto Fernández.
Los gritos no me van a doblegar. El que grita generalmente no tiene razón.
Esa fue su respuesta a la protesta social más grande, que padeció el gobierno, pese a que hace apenas 8 meses que asumió.
Así confirma que los dos principales enemigos de Alberto son el archivo y Cristina. Con un solo video certifica ambos argumentos. Fue durante el programa de Nelson Castro en TN. Alberto había participado de la marcha del 18 de abril de 2013 contra Cristina e hizo un balance demoledor contra ella y que, ahora, se vuelve como un boomerang contra él. ¿Qué dijo Alberto? Que Cristina “es mentirosa y que piensa que las cosas malas hechas por ella, son buenas”.
Tal vez ahora siga pensando lo mismo. Pero no lo puede decir. O no lo quiere decir. Está atrapado sin salida. Eso hace que la situación institucional y la investidura presidencial entren en un deterioro inquietante. Si Alberto rompe con Cristina, se quedaría sin respaldo político, sin funcionarios y sin legisladores. Un suicidio político. Pero como no rompe, Alberto se transforma cada vez más en Cristina e incluso, tiene actitudes peores. Una muerte política lenta.
La presunta astucia táctica para ganar las elecciones, ahora son arenas movedizas. Es decir que mientras más se mueve, más se entierra.
Cayó en una provocación cargada de insensatez inhumana. Dijo que “al país le fue mejor con el coronavirus que con el gobierno” de Macri.
Mario Negri lo cruzó con un argumento demoledor: “Es lo mismo que decir, que le va mejor con la muerte que con la vida”.
Más de 7 mil argentinos muertos por el maldito virus, una pandemia criminal que todavía no terminó, un millón de personas que perdieron su trabajo, multiplicación de la pobreza, empresas pymes destruidas por la hecatombe económica, inseguridad sanguinaria y galopante y angustia emocional en los hogares, pintan un escenario negro que casi no tiene antecedentes en la historia. Y Alberto, al que algunos todavía siguen considerando una persona moderada, dice que ahora estamos mejor que con Macri. Una chicana barata y cruel que demuestra el nivel de deterioro de su comportamiento. Por momentos, parece que Alberto volcó. Que Cristina lo pasó por encima con un tren. Que no solo se apoderó del comando de la Nación. Si no que además, disfruta de enrostrarle la decadencia. El filósofo y gran periodista, Miguel Wiñazki lo puso en palabras: “Parece un romance político sadomasoquista”.
Alberto no se quedó conforme con esa comparación que es una puñalada por la espalda a los familiares de los muertos por el covid. Declaró que “Macri le recomendó que no impusiera la cuarentena y que se murieran los que se tengan que morir”. Esto superó todos los límites. Es gravísimo. Denunció que Macri se lo planteó en una comunicación telefónica privada.
Es tan irracional esa acusación que Alberto, debería probarla. Si tiene la grabación o alguna forma de certificar semejante salvajada, Macri debería ser repudiado. Pero si Alberto no lo puede probar, quedaría como un canalla hecho y derecho. El ex presidente Macri lo negó rotundamente. Dijo que esa era una versión falsa y que la conversación fue solo para apoyar a Alberto en un momento tan complicado para todos.
Se trata de una degradación de la condición humana. Imaginen la implosión del sentido común en el debate público. Cualquiera podría decir cualquier cosa. Un diputado del Pro, por ejemplo, podría decir que “Alberto le dijo en una charla privada que “la cosa no es tan grave porque los que más se mueren son los pobres y los viejos”. Que se yo, estoy inventando. Lo pongo solo como ejemplo.
Tal vez el ex fiscal Pablo Lanusse, una persona intachable en su ética, en un tuit, no anduvo con eufemismos: “Cada vez más cerca de la dictadura chavista. Sin justicia independiente, con mordaza a la prensa libre, sin respeto a la propiedad privada ni a nuestras libertades, ni a la Constitución, perdemos los estándares de una sociedad democrática y la esencia misma de la República”.
Joaquín Morales Solá, es un colega muy respetado (el presidente de la Academia de Periodismo), que siempre se destacó por su responsabilidad, describió con todas las letras un panorama fatal: “¿Qué hacer con una socia que arruina el negocio?”, se preguntó en su columna de La Nación. Reveló que Cristina le ordenó a Alberto: “Matalo a Gerardo”, por el gobernador Morales de Jujuy, provincia que está atravesando un cimbronazo con contagios y muertes en aumento.
Otra vez el intento de aprovechar en forma oportunista algo sagrado como es la vida y la muerte. Crece en el gobierno el peso del Frente para la Venganza y la Agrupación para la Impunidad.
Y lo que más asusta de la reflexión de Joaquín es que plantea la posibilidad de que la agenda de Cristina se lleve puesto a Alberto. Y cierra con una pregunta al presidente: “¿Que quiere Alberto? ¿Quedar en la historia como otro presidente que no fue?”.
Esto me lleva a pensar que somos muchos los que pensamos que el plan de Cristina es avanzar contra viento y marea y contra las instituciones. Y tirarle el fardo a Alberto, si el resultado electoral del año que viene, como parece, es catastrófico para los Fernández. Decir que fue Alberto el que fracasó. Que fue muy tibio, que no expropió Vicentín, que no ayudó a descabezar a los jueces que la persiguen ni a limpiar su prontuario, que no puso el impuesto a la riqueza y que por lo tanto, ahora le toca a ella.
Ojalá me equivoque. Pero Cristina muestra ese rumbo. Presionar al máximo a Alberto y obligarlo a que se enferme y pida licencia o renuncie. Insisto: es apenas una especulación o una conjetura política que hago. Pero es lo único que explicaría el embate feroz y sin pausa de Cristina contra todo lo que sea cumplir las reglas. Y además, ya le conté que esto de sacar a las autoridades que ellos ayudaron a consagrar ya lo hicieron dos veces en Santa Cruz: entronizaron a Carlos Sancho y a Sergio Acevedo como gobernadores y cuando le dejaron de ser útil, los destituyeron. Use y tire. Ese es el lema de Cristina. Por la salud institucional de la Argentina, ojalá esto no se confirme. Pero es un intento de explicar porque Cristina hace lo que hace y se aisla cada vez más y se pone cada día más autoritaria. ¿Quiere chocar el barco y echarle la culpa al timonel? Algo similar, aunque no lo mismo, dice Morales Solá cuando interroga que hacer con una socia que arruina el negocio. La pregunta puede plantearse al revés, mirada desde el Instituto Patria. ¿Qué hacer cuando Alberto arruina el negocio?
Intrigas y conspiraciones palaciegas. Fuego amigo, todo el tiempo. Gobierno de científicos las pe… lucas.
No paramos de sorprendernos. Fernando Laborda citó una frase irónica y filosa como una navaja de Jorge Luis Borges: “Los peronistas son una maravilla: tienen todo el pasado por delante”.
La degradación de Alberto es la noticia de la semana. Cristina le respira la nuca y Alberto, huye hacia adelante.
Las últimas encuesta, muestran a ambos con una caída en picada.
El diputado Waldo Wolf, en las redes hizo su radiografía de toda la situación: “Con este sistema de gobierno, sus jardineros, volverán a tener helicópteros, sus choferes, canales de TV, sus secretarios, propiedades en Miami, y sus cajeros, empresas constructoras y nuestros gobernantes, manejarán esta revolución, desde sus propiedades injustificables de Puerto Madero”.
La frutilla del postre fue el encuentro que Alberto y señora tuvieron con Hugo Moyano y señora en Olivos.
Sin barbijos, sin distanciamiento y sin vergüenza. El sindicalista con mayor desprestigio de la Argentina, pero el preferido del presidente, violador serial de las reglas, en el corazón formal del poder. Esto también es una señal política nefasta. Y digo poder formal porque el centro del poder está en Uruguay y Juncal, donde por ahora, vive Cristina. Justo lo que Alberto no quería. Casi casi la confirmación de aquella frase que dijo en el programa de Nelson: “Cristina cree que las cosas malas hechas por ella, son buenas”. A confesión de partes, relevo de pruebas. Está confirmado: volvieron mucho peores. Y Alberto, reacciona peor que Cristina.