Ayer fue el día mundial de la libertad de prensa. Hubo afiches con diarios encadenados y con candado, y gente con barbijos convertidos en mordaza que decían: “Lee noticias confiables”. La certeza de que “Un periodismo responsable, valiente e imparcial son el mejor antídoto contra la desinformación”. El gran escritor español, Javier Cercas denuncia que “hoy no basta contar la verdad, hay que destruir la mentira”.
Vamos a decirlo con toda claridad. Sin libertad de prensa no hay democracia. Es lo primero que los autoritarios de todas las ideologías, intentan cercenar. El Foro de Periodistas Argentinos (FOPEA) encabezó su informe anual con un concepto que resume todo, en estos momentos de pandemia: “Cuando aumentan las necesidades, son aún más importantes las libertades”. El profesor Fernando Ruiz que preside esta asociación que nuclea a 500 periodistas de todas las provincias, planteó que el objetivo es “poder contribuir a hacer efectivo el derecho de todos a opinar, proponer, criticar, vigilar, calificar e influir”.
Cuando se censura a un periodista o a un medio, se está callando la posibilidad de expresarse de un sector de la sociedad. Cuando se cierran las puertas de la libertad de prensa, se abren las de todos los totalitarismos.
Y si el periodista es fiscal del poder (de todos los poderes) y abogado del hombre común, se coloca en el lugar ético que corresponde. Siempre debemos dar la información más seria y rigurosa. Pero la mirada de esos hechos, debe ser desde el lugar de las víctimas y no desde los victimarios. Eso hace que nos equivoquemos menos. Es nuestro deber iluminar la corrupción pública y privada que suelen crecer en la oscuridad y también la ineficiencia de los que mandan y los delirios monárquicos de los que quieren controlarlo todo y que nadie los controle a ellos, como intentó Néstor y sigue intentando Cristina.
La forma de estar alertas es denunciar hasta el mínimo avance de los que sueñan con un discurso único y dar cuenta de cada uno de los aprietes torpezas que cometan.
Nos hemos cansado de denunciar los ataques al periodismo por parte de los Kirchner en sus más de 12 años de gobierno. Y también nos referimos al maltrato que Alberto Fernández les dio en su momento a varios colegas como Mercedes Ninci, Jonatan Viale, Héctor Emanuele y Diego Leuco, entre otros.
No olvido que después de ganar las elecciones primarias, Alberto Fernández, apoyó una escandalosa resolución del juez Ramos Padilla que fue un claro ataque a la libertad de prensa en general y al periodismo independiente en particular. El magistrado federal que tiene puesta la camiseta de Cristina hasta cuando duerme, quiso ensuciar la cancha con el caso del colega Daniel Santoro al acusarlo de extorsionar con sus notas y de hacer operaciones sicológicas. Fue un burdo intento de intimidar a todos los que ejercemos este maravilloso oficio. Fue una advertencia, una amenaza. Miren lo que le pasa a Daniel Santoro y es lo que les pasará a ustedes si siguen investigando al gobierno más corrupto de la historia democrática o expresando sus opiniones críticas hacia los Fernández. Ese es el mensaje.
Los que nos ganamos la vida dignamente con el periodismo, los que solo nos movemos por la búsqueda de la verdad, los que no nos dejamos domesticar por el poder político ni económico, tuvimos que ponernos de pié y denunciar claramente este atropello feroz.
Hasta ese momento, era solo un avance de un juez K. Pero fue más peligroso porque el actual presidente, se sumó a la campaña a favor de la censura cuando dijo: “Una cosa es hacer periodismo y otra es fingir que se hace periodismo y mandar mensajes extorsivos”. Un despropósito monumental.
Y en estos tiempos debemos recordar que Ramos Padilla le pidió que intervenga a la Comisión Provincial de la Memoria que hoy se convirtió en el principal motor de las excarcelaciones masivas e irresponsables.
Fue un mensaje intimidatorio para todos los periodistas que no se arrodillan, ni se compran, ni se venden ni se alquilan ante las fortunas de la pauta publicitaria de los K ni ante las patoteadas y escraches de siempre. En ese momento inventaron un afiche que circuló por los canales habituales de las redes sociales kirchneristas y acusaba a 15 periodistas de ser operadores. Foto carné de cada uno para que no haya dudas. Semejante canallada tuvo su máxima expresión cuando entre esos 15 blancos móviles pusieron a Julio Blanck, el querido compañero de Clarín y TN que falleció hace más de un año.
Entre los periodistas buchoneados hay de todos los medios y para todos los gustos. Ese newsletter que promovía la boleta de los Fernández, incluyó entre otros a periodistas de radio Mitre, a Jorge Lanata, Marcelo Longobardi y quien les habla o de nuestra hermana la FM 100 como Santiago del Moro o de Clarín como Eduardo Van der Kooy. Pero insisto: estamos apuntados, para empezar, 15 de varios medios de comunicación. En eso, a la hora de escrachar y atacar son amplios los muchachos.
¿Alguien cree que Alberto o Cristina salieron al cruce de aquel panfleto infame? ¿Alguien piensa que Alberto o Cristina emitieron aunque sea un tuit o un simple comunicado repudiando eso o tomando distancia formal y públicamente? Acertaron. Nadie dijo una palabra. Y se sabe que el que calla, otorga.
Está claro que lo único que quieren es callar a los periodistas, advertirles para que se autocensuren y limpiar el prontuario de Cristina y su banda de cómplices para que queden como santos inocentes que nunca robaron nada y que son perseguidos políticos.
Lo más reciente, ocurrió cuando Alberto sacudido por las críticas las excarcelaciones, en lugar de criticar y amonestar a los cristinistas que las impulsaron, acusó a los medios de comunicación. El viejo truco ya no tiene efecto. Está gastado y vaciado de contenido. Pero Alberto escribió en su tuit: “hay una malintencionada campaña mediática y lamento la conducta de quienes, en circunstancias tan cruciales como las que vivimos, mostraron su poco apreciable condición humana que intranquiliza a la sociedad”. Cristina aplaudía de pie en la platea.
El colmo fue la respuesta que tuvieron los K frente al masivo y extenso cacerolazo de protesta que se sintió fuerte, incluso en las barriadas populares de los conurbanos. Gustavo López hoy es el vicepresidente del Enacom (Ente Nacional de Comunicaciones) puesto por Cristina. Fue un impulsor de la ley de medios y también fue el periodista que más trabajó al lado de Fernando de la Rúa hasta que el helicóptero se llevó al presidente y a su gobierno. López se hizo hacer una entrevista en el canal del estado. Digo se hizo hacer, porque quien actuaba de periodista solo le tiraba centros y lo incitaba a que fuera más duro todavía. El zócalo de la pantalla encendió todas las alarmas: “Regularán el funcionamiento de los portales de internet”. Semejante anuncio, amenazante de un totalitarismo estilo China o Cuba, obligó al presidente del Enacom a desmentir categóricamente esa salvajada. Claudio Ambrosini, puesto por Sergio Massa, lo hizo mediante un comunicado oficial que también negó que fuera cierto el tuit del canal que reflejaba ese video graph de la entrevista con López. Esto confirma los enfrentamientos que hay entre los distintos sectores que conforman este cuarto gobierno kirchnerista. Pero esa idea de controlar las redes sociales respondía a las falaces conclusiones que sacó el gobierno por el cacerolazo que se repitió anoche con mucha potencia. Según los K, la gente es tonta y se deja llevar de las narices por Twitter, Facebook o por la radio, la tele y los diarios. La información fehaciente de escandalosas excarcelaciones, para ellos, eran fake news que hay que censurar o bloquear. No comprenden que los cacerolazos fueron una muestra contundente del hartazgo de un sector importante de la sociedad. Nadie les impuso nada. Esto es de abajo hacia arriba.
López tuvo que callarse la boca. Pero Mempo Giardinelli hoy le dio carnadura a ese intento de cercenar las libertades. Escribió en Página 12 que “hubo un abuso grosero de las mentiras de ese invento de la supuesta liberación de presos. El sistema de medios hiper concentrado desestabiliza con falsificación informativa”. Con ese argumento insólito Giardinelli dice que los medios “son aparatos de manipulación” y sus propietarios son “una corporación de millonarios fugadores de dólares que inventaron la grieta” y “le meten odio a las clases medias”. Y enseguida va al mismo tema de Gustavo López y la TV llamada pública: “Algo hay que hacer frente a la ferocidad del abuso comunicacional. Hoy el problema no es la concentración de licencias sino de redes, que la ley de medios no regulaba”.
Ayer fue el día mundial de la libertad de prensa. Thomas Jefferson dijo que “el precio de la libertad, es la vigilancia eterna”. En eso estamos.
La rebelión de las cacerolas – 1 de mayo 2020
Ayer, a esta hora y en esta columna, le dije que el cacerolazo, amenazaba con ser masivo. Me quedé corto. Superó todas las expectativas. Fue la protesta más ruidosa, más extendida territorialmente y por más tiempo, en mucho años. Fue uno de los tiros más graves en los pies que se pegó el gobierno de los Fernández. Cayeron en una trampa que ellos mismos armaron. Fue impresionante la rebelión ciudadana que se generó apenas con conciencia social, las redes de internet y con un utensilio tan familiar como es una simple cacerola. Es altísimo el costo político que va a pagar el presidente. Se va a reflejar en su imagen de las próximas encuestas. Fernández demoró demasiado en tomar distancia y lo hizo a media lengua, sin repudiar fuertemente lo que estaban tramando y que el colega Claudio Savoia bautizó: “Impunocracia”. Quiso quedar bien con Dios y con el Diablo. O con las víctimas y con Cristina y se llevó puesta una pared de críticas. Se veía venir. Una actriz como la China Suárez, ajena a la política, tuiteó: “No liberen monstruos”. Y tiene la friolera de 3.800.000 seguidores. Se veía venir. Alrededor de medio millón de personas habían repudiado en la plataforma change.org semejante salvajada que solo servía para sumar más miedo al miedo.
Se olfateaba en el aire la bronca por semejante despropósito. ¿A quién se le ocurre liberar alegremente a femicidas, asesinos, violadores, secuestradores y narcos? Ya le dije que el plan sistemático para excarcelar delincuentes tuvo a Cristina como autora intelectual. El soporte teórico fue del abogado que más daño le hizo a la justicia, el que más torcido enseñó el derecho, el ex juez de la Corte, Raúl Eugenio Zaffaroni. Su pensamiento abolicionista que siempre está del lado de los delincuentes, tengan o no uniforme militar, a esta altura fue sepultado por el tiempo. Es jurásico y profundamente reaccionario. Pero su prédica de años y su falso prestigio de falso garantista, penetró demasiado tiempo en la formación de abogados y militantes presuntamente progres.
Además de Cristina y Zaffaroni, llevaron este tema al precipicio funcionarios y dirigentes cristinistas. Ayer le di los argumentos para responsabilizar a cada uno. Hoy solamente los enumero para que no olvidemos: Axel Kicillof, Julio Alak, Víctor Violini, Horacio Pietragalla, Juan Martín Mena, Roberto Cipriano García, Rodrigo Codino, Lucila Larrandart, Alejandro Slokar, Elizabeth Gómez Alcorta y Stella Maris Martínez, entre otros fueron parte de la justicia legítima que legitimó de una u otra forma que los delincuentes fueran privilegiados.
Pero quien mejor expresó ese pensamiento retrógrado, falsamente vanguardista, fue la militante kirchnerista Julia Mengolini. Y quien mejor le explicó lo que ocurre en la inmensa mayoría de la sociedad, fue la militante del sentido común, Lizy Tagliani.
Mengolini, en un solo tuit demostró como la ideologitis, es decir la inflamación de la ideología, te lleva a chocar con la realidad. Escribió que “Toda esa mitología sobre los monstruos siendo liberados de las cárceles, es una mentira y, sobre todo, una expresión del odio que sienten por los pobres”. Es increíble que a esta altura, todavía sostengan ese prejuicio de que la lucha por más seguridad es una bandera de la derecha y de los ricos. Toda persona trabajadora y toda familia, quiere vivir en paz y en tranquilidad para estudiar, divertirse, amar, ganarse la vida con honradez, e incluso, para militar en política si lo desea. Y no hay dudas de que los que más sufren los delitos son los más humildes. Solo hay que ir a los barrios populares para escuchar las quejas de las madres que odian a los soldaditos de los narcos que los envenenan a sus hijos con el paco y la merca. Solo hay que escuchar a los laburantes que se levantan de madrugada para ir a la fábrica, como se quejan del “peaje” que los pistoleros le hacen pagar con un reloj o un celular o unos pesos. Solo hay que tener sensibilidad para comprender el grito en el cielo de las madres que sufren porque a sus hijos les roban la mochila o las zapatillas cuando vienen de la escuela. Y eso ocurre todos los días en todos los barrios más desprotegidos. Y es donde los repugnantes femicidas producen más crímenes porque se sienten impunes en lugares donde muchas veces no llega ni la policía.
Por el contrario, la gente de mayor poder adquisitivo, tiene más instrumentos para defenderse del delito. Alarmas, rejas, seguridad privada, luz en las calles, cámaras en la puerta de los edificios. Aunque los K crean que los presos son potenciales guevaristas y traten de reclutarlos, deberían leer un poco no a Vargas Llosa, deberían leer a Karl Marx cuando habla del “lumpen proletariado”. Define su rol contra revolucionario que siempre jugaron desde su resentimiento y falta de conciencia de clase. El sujeto histórico de las izquierdas siempre fue el proletariado y no la marginalidad de los malandras. Los vecinos de los barrios más humildes lo comprenden perfectamente porque lo viven cotidianamente y lo sufren en carne propia.
Lizy Tagliani fue muy contundente en su respetuosa respuesta a Mengolini: “Perdón, te voy a aclarar que mi familia y yo, venimos de ser muy pobres y ninguno visitó una comisaría más que para un certificado de domicilio. En nombre de muchos pobres te digo que tu tuit está lejos de defender a los más necesitados”. Brillante explicación de Lizy. Y enseguida tuvo el visto bueno de mucha gente, incluso del mundo del espectáculo, como Gustavo Yankelevich y Viviana Saccone.
¿Dónde surgió que la cultura tumbera y la militancia forzada del Vatayón Militante conduce a la emancipación y al socialismo? Más bien refleja cierto sentimiento de culpa y búsqueda de la compensación por defender a millonarios y oligarcas como Cristina, Máximo, De Vido, Daniel Muñoz, Lázaro Báez, y una gran parte de los integrantes del Cartel de los Pinguinos y los jerarcas sindicales.
Muchos peronistas de base y algunos dirigentes entendieron esto. Por distintos motivos, muchos votantes de los Fernández repudiaron las excarcelaciones al igual que Sergio Massa, Sergio Berni y una parte del colectivo de Actrices Argentinas que se dieron cuenta que no podían callar frente a la liberación de criminales y violadores de mujeres. El “Ni una menos” debe ser para siempre y en todos los casos. Hoy en esta radio, la valiente jueza de Quilmes, Julia Márquez reveló que desde que empezó la pandemia, soltaron a 176 violadores, más que en todo 2018. ¿Creerá Mengolini que esto es mentira? En 24 horas excarcelaron a 176 violadores.
La rebelión de las cacerolas fue un misil de la opinión pública que Alberto no había recibido hasta ahora. Su reacción culpando a los medios, fue para enterrarse más en el barro. Le sobró entorno y le faltó calle. Hasta Néstor Kirchner puso la foto de Axel Blumberg sobre su escritorio presidencial el día que 150 mil personas expresaron su indignación por esa ejecución cobarde.
Y otro tema: muchos de los que salieron de la cárcel por privilegios, no son pobres. Amado Boudou y Julio de Vido, por ejemplo. El negociador y delegado de los presos de Devoto es conocido como “El Concheto” porque lideraba la “banda de los niños bien”, hijos de gente pudiente que mataba por placer. Además es un asesino serial. Carlos Dalmasso, el empresario misionero que violó a sus hijos no es pobre. El delincuente es delincuente. No es macrista, ni kirchnerista, ni pobre, ni rico. El que viola la ley comete un delito contra toda la sociedad, contra los que se esfuerzan todos los días por construir una comunidad más igualitaria, con más libertad y sin corruptos. Lo presos tienen derechos, por supuesto. Pero no deben tener privilegios. Deben cumplir sus castigos porque es una forma de premiar a los argentinos de bien que no roban ni matan ni violan ni secuestran y que cumplen las normas. Premios y castigos que hacen que una sociedad funcione sin salvajismo y que no haya venganzas ni intentos de hacer justicia por mano propia como pasó en Esquel cuando los vecinos vieron llegar a Pablo Summaruga, un secuestador serial, recién liberado y casi lo linchan. Ese también es el rol del estado. Impartir justicia. Separar a los que cometen delitos. Evitar el ojo por ojo.
Fue tan grande la exigencia de las cacerolas que seguramente obligará a Alberto a escuchar su mensaje. Ahora su matrimonio por conveniencia con Cristina está crujiendo. Es difícil mantener un pacto espurio que cambia el sillón de Rivadavia por impunidad. Sobre todo, como le dije ayer y hoy se lo repito, cuando Cristina pretende ocultar sus propios delitos, liberando a otros delincuentes. Pero de nada vale que corra, el incendio va con ella.
Alberto Fernández está preso – 30 de abril 2020
Todos los presos le meten miedo a la sociedad. Pero el preso más peligroso es Alberto Fernández. Es el que más daño puede hacer. Porque es el presidente de la Nación y tiene casi la suma del poder público. Sostengo que Alberto Fernández está preso de sus prejuicios y sus contradicciones. Y eso lo lleva a cometer torpezas que le producen altos costos políticos a su gobierno y a su imagen.
Se podría escribir un libro de las contradicciones que tiene Alberto. O hacer un programa de televisión de dos horas con los videos de archivo donde aparece criticando ferozmente a Cristina. Muchos de esos momentos los hemos mostrado en mi programa de TN. Pero el que viene al caso en estos momentos, es el de una fuerte discusión que protagonizó con una periodista ultra K en canal 9. Ahí Alberto apunta a Cristina y asegura que “haber bancado a Boudou es haberse animado a estatizar Ciccone para borrar pruebas”. Esto define lo que Alberto pensaba del delincuente de Boudou y de Cristina, la jefa de la asociación ilícita. Pero traigo este tema ahora porque el día que liberaron en forma incomprensible a Amado Boudou y lo mandaron a su casa, en esta columna se dijo que se estaba abriendo una puerta gravísima al reclamo de todos los presos de la Argentina. Boudou está en su domicilio y no tiene uno solo, pero ni uno, de los requisitos razonables para revisar la situación de los reclusos. Desde lo sanitario hay que decir que Boudou es joven y exhibe un estado de salud excelente. No se le conocen enfermedades pre existentes salvo la cleptocrática compulsión a robar los dineros públicos y la de castigar la guitarra en sus recitales. Por lo tanto, Amado Boudou no pertenece a los grupos de riesgo. El riesgo es para los bolsillos de los ciudadanos honrados. Desde lo jurídico, tampoco tiene explicación su libertad. Porque Boudou no tenía prisión preventiva. Está condenado y esa condena fue confirmada en segunda instancia. En todos los penales del país empezó a circular la siguiente pregunta en forma de exigencia: “¿Por qué puede salir Boudou y nosotros, no? Ese privilegio que no tuvo ningún comentario negativo por parte del presidente ni de ningún peronista, alentó al cristinismo para avanzar con el plan sistemático para liberar la mayor cantidad de presos posibles. Primero fue el secretario de Derechos Humanos de este gobierno, Horacio Pietragalla. Pidió por nota formal que enviaran a Ricardo Jaime a su casa. Los familiares del siniestro de estación Once calificaron a Jaime “de asesino de escritorio”. Le recuerdo que Jaime, estaba con condena firme (igual que Boudou) y que es un corrupto que confesó ante los jueces que había cobrado coimas. Después se supo que desde la oficina de Pietragalla también habían presionado con un llamado al juzgado para acelerar la liberación de Luis D’Elía. Pietragalla, después pidió el mismo privilegio para Martín Báez, el hijo de Lázaro, el que aparece en ese video contando con maquinitas los dólares sucios de las estafas en plena Rosadita de Puerto Madero.
Fue otra señal que los presos decodificaron como que había comenzado el operativo “abran las puertas de las cárceles”. Varios periodistas, voceros de Fernández, dijeron que el presidente y la ministra de Justicia, Marcela Losardo se habían enterado por los diarios. Y que Alberto estaba “furioso”. Mentira. Bad information. Operación de prensa gubernamental. Alberto no solamente no estaba furioso. Pocos días después salió a respaldar esa movida y también avaló el operativo que buscaba mandar delincuentes a sus casas. Los dijo en dos entrevistas radiales en la misma mañana.
Es que el grupo de tareas que está fogoneando esta locura, tiene una terminal ideológica y de autoría intelectual en Cristina que es la jefa y en el juez Eugenio Zaffaroni que con sus declaraciones sincericidas dejó bien claro su postura eterna a favor de los delincuentes con o sin uniforme militar, y su desprecio por el dolor y el padecimiento de las víctimas y sus familiares.
Pero Alberto no se atreve a cuestionar públicamente a esos muchachos integrantes del cartel de los pingüinos. Porque no le da el coraje o porque no le cierra la ecuación política, prefirió seguir el prejuicioso manual histórico del cristinismo y elegir como chivo expiatorio a los medios de comunicación. Un recurso falaz y gastado por lo reiterado. Pero Alberto eligió enojarse con los periodistas y no con Cristina. El tema es que lo hizo con palabras ofensivas que se vuelven contra su gobierno como un boomerang. Culpó a una campaña mediática “con poco apreciable condición humana”. Ahí cruzó una raya. Porque ningún periodista inventó nada.
Los que industrializaron hasta quintuplicar los pedidos de detención domiciliaria integran, todos, la banda de Cristina. No fueron los periodistas.
El juez Víctor Violini no es periodista. Es un histórico peronista amigo de Julio Alak ex ministro de Justicia de Cristina y actual de Axel Kicillof. Tuvo que rendir el examen en dos ocasiones porque en el primero no había alcanzado los objetivos. Tal vez por eso dijo que la causa de Hugo Moyano en Independiente “estaba armada” y no pudo pero quiso, ser candidato a intendente de Cristina en La Plata. El solito en un minuto, liberó 700 presos de un saque. A sola firma. Con habeas corpus colectivo.
Horacio Pietragalla no es periodista. Es un ejecutor permanente de las movidas más extremas del cristinismo chavista. Depende de la ministra de Justicia que hasta ahora, no lo desautorizó.
Roberto Cipriano García no es periodista. Es el secretario y operador de la Comisión Provincial de la Memoria que preside Adolfo Pérez Esquivel. El informó, en un audio a los familiares, que Axel Kicillof tenía la decisión política de liberar a todos los presos posibles y dio una estadística estremecedora. Allí confirma que el gobernador había bajado en pocos meses y por primera vez en 20 años la cantidad de presos en Buenos Aires. Y lo contó como un logro. En lugar de decir que había bajado el delito, dijo que habían bajado la cantidad de presos. Más de 10 mil prófugos consiguió recapturar el gobierno anterior y ahora los sueltan alegremente. ¿Se imagina lo que sienten los familiares de las víctimas y los policías que se jugaron la vida para apresar a esos malandras? Es Cipriano el que llama a los internos “compañeros pro libertad”, el que dice que no hubo motín en Devoto sino “un reclamo desoído” y el que los alienta a que sigan reclamando “porque estamos con ustedes”.
Rodrigo Codino no es periodista. Es el rector de la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo que empuja en el mismo sentido y negocia con un asesino serial como el jefe de la banda de los niños bien.
Juan Martín Mena no es periodista. Es el que lidera las negociaciones con los presos. Es el vice ministro de justicia puesto por Cristina para quien cumplió funciones como espía. Ahora además es el responsable de “cuidar” a los testigos arrepentidos de la corrupción K y de clausurar las puertas de la información sobre los negociados cristinistas en la Inspección General de Justicia.
Lucila Larrandart no es periodista. Es la que le presentó al director del departamento de Derecho Penal de la facultad, una nota para que la institución se sume al apoyo a “la libertad condicional, arresto domiciliario o libertad anticipada”, de los presos. No hace diferencia entre delincuentes comunes y ex funcionarios. Adhirieron Raúl Zaffaroni, Maximiliano Rusconi, Alejandro Slokar y la ministra Elizabeth Gómez Alcorta, entre otros. Estos nombres lo dicen todo.
El aparato cristinista de Justicia Legítima está dedicado a buscar los caminos más rápidos para que haya impunidad para todos y todas.
Stella Maris Martínez no es periodista. Es la defensora genera de la Nación y en ese carácter instruyó a todos los defensores oficiales para que pidan las libertades o domiciliarias de todos los reos. Obviamente, ella tributa al kirchnerismo.
Sr Presidente, Alberto Fernández no se equivoque. Salga de la prisión de sus prejuicios y contradicciones.
Sr Presidente, Ninguna campaña mediática impulsó semejante movida provocadora que alarma a la sociedad honrada y pacífica. Todos fueron funcionarios de su gobierno o militantes de su espacio.
Se han soltado violadores y abusadores que se instalaron muy cerca o en la misma casa de sus víctimas. Un ladrón recién salido, volvió a robar y cuando lo detuvieron se burló de la policía y de todos diciendo: “llévame total, mañana salgo de nuevo”. Tiene 15 causas ese provocador. Un doble homicida fue a parar a su casa en Mar del Plata. Hasta el cura Grassi, abusador sexual de niños y estafador pide la libertad. Narcos y estafadores, volvieron por el barrio en San Miguel. Los vecinos están que vuelan de bronca. Un secuestrador feroz, volvió a Esquel y los habitantes casi lo matan en un intento de linchamiento. En Misiones le permitieron ir a su casa al empresario que violó a sus dos hijos. En Parque Patricios, el recientemente liberado agarró a trompadas a sus sobrinos y lo volvieron a encarcelar. El asesino del hijo de Carolina Píparo, lo primero que hizo fue amenazarla con el celular que recién le habían devuelto.
Ojo con las promesas que estos funcionarios cómplices, les hicieron a los delincuentes y tal vez, ahora, no puedan cumplir. Se está gestando una verdadera bomba social que puede provocar una tragedia nacional. Ojo con esto. Es tan grave que Sergio Massa, Sergio Berni y hasta el colectivo de actrices argentinas salieron a repudiar esto. Más del 80% de la población se opone a este delirio. La gente no come vidrio. Más de 400 mil personas firmaron una petición para que los presos peligrosos se queden en la cárcel. Para hoy a las 20 horas está convocado un cacerolazo que amenaza con ser masivo.
Sr Presidente de la Nación, Alberto Fernández:
Si de verdad quiere resolver el problema, tiene que hacer un diagnóstico correcto y no mentirse a sí mismo. No mire a los periodistas porque no hay ninguna campaña. Mire al costado. Junte coraje, hable con la verdad a la sociedad y dígale a Cristina que deje de ocultar sus propios delitos, liberando a otros delincuentes.