Norma Aleandro, un sol de otoño – 29 de abril 2020

El fragmento que acabamos de escuchar me iluminó el día, en medio del aislamiento. Sobre todo cuando en el video, aparece el rostro de Norma Aleandro y habla de compartir el “sol de otoño que cruza todas las ventanas”. Es un material hecho por actores, con la idea de contener a los trabajadores que no trabajan y a los espectadores de cine que no pueden ir al cine. Norma Aleandro es la que narra detrás de las imágenes. Sentí que ella fue un sol de otoño que cruzó mi ventana. En el texto se van mixturando la realidad de la pandemia que hoy padecemos, con los títulos de grandes películas de nuestra historia. Norma dice “Esta no es la película que elegimos, pero todos somos protagonistas”. Estremece el corazón ver historias y personajes entrañables de ayer, de hoy y de siempre. Isabel Sarli, Luis Sandrini, Hugo del Carril, Tita Merello, Nini Marshal y el infaltable Carlos Gardel, entre otros formadores de nuestras conciencia colectiva de tristezas y esperanzas. Y actores y actrices de todos los palos y de todas las camisetas. Al final, Norma Aleandro nos dice que pronto “volverá la magia del cine y vamos a salir a escena, con más sueños y más trabajo”.
Confieso que esa voz me llenó de paz interior y de felicidad. La voz de Norma Aleandro, tal vez la mejor actriz argentina de todos los tiempos. Pero me quedo corto si digo que Norma es solamente actriz. Es guionista, escritora, directora de teatro, docente, dibujante, pintora y abuela de Iván Ferrigno, un músico que todos los días en Barcelona, sale al balcón a diseminar música con sus instrumentos. Para Norma, nada de lo humano le es ajeno.
A esta altura, Norma Aleandro es un ícono de la cultura con mayúsculas. Tiene una postura ética de la vida y siempre le puso el pecho a la lucha por la libertad. No en vano viene de una familia maravillosa de artistas que siempre enfrentan la oscuridad de todos los intentos totalitarios. Ella fue muy valiente para enfrentar la dictadura que la obligó al exilio y también para denunciar a los autoritarios de los últimos tiempos, cuando quisieron censurar a los periodistas independientes.
Cada compatriota tiene su Norma Aleandro preferida. Porque brilló en teatro, televisión y participó en más de 40 películas. Sobre las tablas interpretó a Eurípides, Moliére, Lope de Vega, Arthur Miller, Tennessee Williams y Cervantes. Yo quedé impactado cuando volvió del exilio en España y fue la protagonista del estreno mundial de “La Señorita de Tacna”, del talentoso Mario Vargas Llosa. Se había tenido que ir, amenazada de muerte por la triple A del ministro de Perón e Isabel, José López Rega (a) “El Brujo”. Pero su regreso fue triunfal. Marilina Ross le compuso en agradecimiento un tema titulado “Norma de vida”, porque la ayudó a superar el desamparo del destierro en Madrid y la incitó a cantar para revivir.
Pocos recuerdan que en televisión, muy jovencita, fue parte de los entrañables artistas que impactaron a medio mundo con una telenovela súper exitosa llamada “El amor tiene cara de mujer”. Esa creación de Nené Cascallar tuvo 800 episodios y en mi casa, con mi vieja, no nos perdimos ninguno. Bárbara Mujica estaba con Delfy de Ortega en los papeles principales pero también tuvieron participación, además de Norma, mis queridas y respetadas Virgina Lago y Evangelina Salazar o caballeros ejemplares de la actuación como Sergio Renán o Rodolfo Bebán.
Norma Aleandro y Bárbara se sumaron al “Clan Stivel” y a esa “Cosa Juzgada” que revolucionó los contenidos de la tele para siempre. Actuaban como los dioses los textos audaces de Juan Carlos Gené y Martha Mercader.
No alcanzan los tiempos para repasar todo lo que Norma Aleandro, nos entregó. Todo lo que le debemos. Pero en la pantalla grande, apareció la más grande de las normas. Esa historia oficial, con Héctor Alterio, que trajo el primer premio Oscar a la Argentina. Su nominación como mejor actriz en esa suerte de Olimpo de la industria cultural. Incluso, en dos ocasiones, fue presentadora de las ceremonias de entrega, junto a Jack Valenti y Charlton Heston ¿Y los papeles pequeños pero nunca menores que sumó en varias producciones de Hollywood? ¿Se puede pedir más?
Los premios llegaron en cataratas y de todos los colores y tamaños. Festival de Cannes, de San Sebastián, Globo de Oro, Cóndor de Plata a granel. Todavía me emociona hasta las lágrimas cuando recuerdo como nos conmovió en “El hijo de la novia”. Fue magistral, una clase de actuación, cuando hizo de la madre de Ricardo Darín, internada en un geriátrico y con Alzheimer. Solo a los metales no se les estrujó el alma.
La Norma Aleandro de la infancia, recuerda que fue criada, sobre todo por su abuela. Pero estoy seguro que su familia de artistas, celebró cuando Norma, con apenas 9 añitos, se subió al escenario en el teatro Smart. Estaba con Don Pedro, su padre y María Luisa Robledo, su madre. Su hermana María Vaner, también fue una actriz con gran personalidad que estuvo casada con Leonardo Favio.
Y la presencia permanente del irrepetible Alfredo Alcón como compañero de cartelera, como pareja y como amigo hasta que la muerte de Alfredo los separó. Me hubiera encantado escucharla en radio: Norma también trabajó en “Las dos carátulas” en Radio Nacional.
Hace 16 años, Norma fue elegida la primera presidenta de la “Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina”. Este confinamiento frenó dos proyectos que le hacían mucha ilusión pero que pronto van a renacer. Un libro de sus pinturas y dibujos que se titula:
“Confieso que pinto y otras cosas que no voy a confesar”. Y una obra de teatro para reírse todo el tiempo, llamada “Mi abuela, la loca”. Ya estaban ensayando con Oscar Martínez, otro grande entre los grandes, con el que nunca había trabajado antes.
Ella lo dice en este video que me abrió la ventana a este maravilloso sol de otoño. Todos necesitamos un pie para salir a escena. Para que amanezca otro tiempo. Con mejores personas y mejores sociedades. Más justas, con más igualdad de oportunidades, más libres, más democráticas, con las manos y los lagos y los cielos más limpios y menos contaminados de corrupción, autoritarismos y basura. Ya volverá la magia del cine y del trabajo mancomunado de la ilusión y la fantasía. Ya volverá Norma al cine, al teatro y a la pintura. Ya volverá y será millones de aplausos. Yo la nombro y siento que entra el sol de otoño por mi ventana. Me pongo de pié para saludarla: Norma Aleandro. Norma de la ley y los preceptos. Norma de los valores. Norma de la libertad. Confieso que una mañana de otoño, su voz me llenó de paz interior y de felicidad. Ojalá esta columna pueda multiplicar ese sentimiento.

Alberto, Sergio y Graciana, no causan gracia – 28 de abril 2020

Alberto no sabe, no puede o no quiere frenar a Cristina. Ya no solamente acata y calla lo que la vice ordena. Ahora, respalda y justifica todo. Trata de encontrar una explicación más o menos racional a los avances del autoritarismo más chavista.
Le doy un solo ejemplo pero hay varios casos: en cualquier gobierno del mundo, cuando un secretario de estado como Horacio Pietragalla se corta solo y toma decisiones trascendentes por su cuenta, sin avisarle a sus superiores, es eyectado inmediatamente de su cargo. Porque erosiona la autoridad de la ministro Marcela Losardo, en este caso y del propio presidente de la Nación. Esa fue una y solo una, de las políticas de hechos consumados que produjo Cristina con su tropa y que obligan a Alberto a callar y otorgar. Se siente extorsionado porque en medio de semejante drama de la pandemia no puede generar una crisis de gabinete o poner en riesgo el matrimonio por conveniencia con Cristina. Si Alberto le hubiera sacado tarjeta roja a Pietragalla, como correspondía, la sociedad con Cristina hubiera estallado por el aire. Por eso Alberto agacha la cabeza y mastica su bronca sin reaccionar. Piensa que si expulsa a Pietragalla, el remedio puede ser peor que la enfermedad.
Pero ayer, Alberto avanzó un casillero más. No solamente no echó de su gobierno a Pietragalla. Ahora lo respaldó. Su entorno había hecho trascender que en su momento lo había convocado de urgencia para retarlo o pedirle explicaciones. Pero resulta que según confesó ayer, avaló la operación de Pietragalla para liberar al corrupto confeso y condenado Ricardo Jaime. Este mecanismo parece repetirse para transformarse en una forma de sumisión de Alberto y en un estilo de gobierno. Porque el presidente también salió a bancar la excarcelación de los presos que está impulsando a paso redoblado la militancia cristinista. Citó las recomendaciones de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos y la de la Cámara Federal de Casación Penal. Pero no se están respetando los requisitos para favorecer solo a los presos “por delitos de escasa lesividad o no violentos”. Están saliendo, o a punto de salir, delincuentes peligrosos para la sociedad. Por eso la justicia los había encarcelado. Y no solamente apuntan a liberar a los adultos mayores con enfermedades pre-existentes o mujeres embarazadas. Amado Boudou es el ejemplo más claro que no cumple con ninguno de estos parámetros. Y porque además de ser joven y fuerte tiene condenas firmes en doble instancia.
Alberto mintió al citar como argumento la liberación de 1.300 presos en Chile por parte del presidente Sebastián Piñera. Ayer el abogado Fernando Soto de Usina de Justicia nos explicó que los liberados chilenos eran presos que reunían todas las condiciones para solicitar esa posibilidad y que la mayoría habían sido detenidos por destrozos en las últimas protestas sociales. Chile no indultó a ningún ladrón o asesino. Axel Kicillof estudia la posibilidad de conmutar penas a medio mundo. Y no importa si cometieron delitos gravísimos. Y tampoco respetan la ley de la víctima, que los obliga a darle intervención a los familiares de los asesinados o violados o robados en el proceso de excarcelación. Es tan grave lo que están haciendo los magistrados y funcionarios que responden a Cristina, ahora con el apoyo de Alberto, que hasta el mismísimo Sergio Massa se vió obligado a diferenciarse de sus compañeros de coalición. El presidente de la Cámara de diputados dijo con toda claridad que los jueces que están soltando presos alegremente y sin respetar las normas, serán sometidos al correspondiente juicio político. Después veremos el nivel de sinceridad de esta declaración. Tengo mis dudas. Pero por ahora, Massa se sumó al reclamo de los familiares de las víctimas.
Nadie se puede comportar en forma irresponsable porque algunos por acción y otros por omisión están armando una peligrosa bomba social.
Nada de eso le causa gracia a la inmensa mayoría de la sociedad. Y el papel de Graciana Peñafort, tampoco. La abogada de Cristina y Boudou, instaló por primera vez la palabra sangre en un país que ya tuvo el más horroroso baño de sangre con el terrorismo foquista y el terrorismo de estado. Esa bravuconada antidemocrática de Graciana Peñafort va en línea con que fue la autora de la trampa para mandar al ex vice a su casa. Por supuesto que en complicidad con el juez Daniel Obligado. Cortaron la feria para excarcelarlo sin ningún motivo que lo respaldara y apelaron a la feria para evitar que el fiscal apelara semejante fallo.
Ese privilegio intolerable, llevó a todos los presos del país a decir: “Porque puede salir un condenado en segunda instancia como Boudou y nosotros, no”. Fue otro de los grandes disparadores de los motines y las revueltas en las cárceles. Peñafort es la que maneja la legalidad del Senado. El alter ego judicial de Cristina, como en otro momento fue el hoy silente Carlos Zannini. Ella llevó la batuta del ataque y presión a la Corte Suprema. Primero dijo que tenían actitudes “cachivachescas” para proteger a los ricos y no permitir el debate del impuesto. Es verdad que Hebe Bonafini dijo cosas peores de la Corte pero no tenía ni tiene la responsabilidad institucional de Peñafort. Ya había tratado al “procurador general Eduardo Casal, de escudo protector de Macri, de Stornelli y de 12 mil millonarios”. Después tiró más nafta al fuego. Con un rosario de tuits que Cristina respaldó y recomendó como “imperdibles”, dijo esas palabras cargadas de pólvora: “Vamos a escribir la historia lo mismo. Con razones o con sangre”. Después quiso recalcular en chancletas diciendo que había querido decir que alertaba sobre la posibilidad de que hubiera muertos e incidentes callejeros. Pero otra frase redondita y sin ricota, le dio sentido a lo anterior: “Fijate, de qué lado de la mecha, te encontrás”.
Sangre, mechas, una verdadera postura explosiva que tampoco tuvo la más mínima crítica de ningún dirigente justicialista. Un lenguaje setentista con la estirpe de “La sangre derramada no será negociada”. Aquella postal criminal de lesa humanidad, que la mayoría de los argentinos, queremos desterrar. Joaquín Morales Solá lo definió así: “Con un tuit desquiciado, Peñafort, amenazó la paz social y destruyó el contrato de 1983 que decía nunca más a la violencia política”.
En Clarín Alejandro Borensztein calificó esa postura como “fascista” y fue a los bifes: “Peñafort debería participar de otro torneo: “El Lopez Rega de Oro”, o “El Firmenich de Oro” o directamente “El Mussolini de Oro”.
Waldo Wolff, Álvaro de Lamadrid y Fernando Iglesias, entre otros diputados de Juntos por el Cambio, denunciaron a Peñafort por “incitación a la violencia colectiva, atentado contra la autoridad y amenazas coactivas agravadas contra la Corte Suprema y el procurador general de la Nación”.
Y a Patricia Bullrich, le alcanzó un tuit para decir varias verdades: “Convalidar el derramamiento de sangre es brutal. Que lo haga la vicepresidenta es peligroso para la democracia y muestra que este es un paso más para buscar un enemigo imaginario, mientras buscan colonizar la Justicia.”
Lo dicho a lo largo de esta columna. Pueden ser el juez K Víctor Violini o Graciana Peñafort. Pero en realidad es Cristina. La que no se cansa de provocar a Alberto. La que lo tiene acorralado.

Las provocaciones de Cristina – 27 de abril 2020

A esta altura hay que decir que Alberto Fernández tiene casi la suma del poder público. El único límite fuerte que tiene (para mal) es Cristina. La vice es la jefa y tiene acorralado al presidente. Lo condiciona, lo esmerila, lo provoca y lentamente, va ganando posiciones y cargos y le serrucha el piso al jefe de estado. En la mayoría de los aprietes de Cristina, el presidente cede. Y en otros casos se traga los sapos. Sufre una suerte de extorsión. Le moja la oreja. Pero hay una movida que es muy grave, porque ponen en juego la paz social y la convivencia entre los argentinos. Insisto: zancadillas de Cristina hay a montones, pero una de la más peligrosa, tiene nombre y apellido. El juez Víctor Violini, que es fundamental en el plan sistemático para liberar a la mayor cantidad de presos posibles. Cristina es la autora intelectual de todos estos despropósitos que irritan y asustan a la mayoría de la sociedad. Pero los ejecutores de la idea de abrir las puertas de todas las cárceles tienen a Violini como una pieza clave, dentro de un engranaje que involucra a muchos dirigentes cristinistas.
Son los que provocaron los violentos motines. Son los que les dan manija a los presos para que acusen a los jueces de genocidas desde los techos del penal de Devoto. Eso sí, con feroces agresiones a la policía, con las caras tapadas, palos, fierros, piedras y fuego por todos lados.
En una rigurosa nota, Héctor Gambini en Clarín, denunció parte de esta trama.
Por eso, asesinos seriales son tratados como si fueran diputados y violadores son liberados aunque se vayan a vivir a metros de la casa de sus víctimas. Los colectivos feministas cooptados por los cristinistas no han dicho una palabra frente a semejantes atrocidades. Para muestra basta un botón: se llama Pedro Olmos y violó salvajemente a una adolescente que era su vecina. Estuvo 5 meses prófugo. Después fue apresado y condenado. Todavía no había cumplido medio año en prisión y el juez Víctor Violini lo liberó porque tiene hipertensión y osteoporosis, dos enfermedades que afectan a una gran parte de la población. Pero lo más repugnante a la condición humana es que ese violador se fue a vivir a metros de su víctima, en Burzaco. La familia y la chica están aterradas. La franja de luchadoras contra la violencia de género que adoran a Cristina, no se pronunció frente a estas aberraciones. De todos modos, esa actitud, no es novedad entre los seguidores del tristemente célebre Eugenio Zaffaroni. Todo el mundo conoce que le bajó la pena a un violador de una chiquita de 8 años porque dijo que hubo dos atenuantes: que la luz estaba apagada y que no penetró su vagina sino que la obligó a hacer sexo oral. A una niñita de 8 años. Eso hizo Zaffaroni en su momento y ahora Violini manda de vecino de la víctima a su violador. Parece un juego de palabras macabro pero es la realidad más cruel.
Los organismos de derechos humanos, no han dicho una palabra en favor de los familiares de las víctimas de delitos, todo lo contrario, apoyan a los victimarios a los que santifican como si fueran un producto de la injusta sociedad capitalista. Y varios, como la Comisión Provincial de la Memoria que presidente Adolfo Pérez Esquivel o la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo con su rector Rodrigo Codino, colaboran para producir el obsceno festival de liberaciones de delincuentes.
Son excarcelaciones por vía directa y casi sin controles ni tobilleras. Y saltean a los juzgados de ejecución para desembarcar con sus recursos en un puerto seguro hacia la calle, La Cámara de Casación bonaerense integrada por un solo magistrado: Víctor Violini, a quien Cristina celebró en su momento cuando criticó a Comodoro Py. Es el mismo que defendió a Hugo Moyano y dijo que la de Independiente, era una causa armada y que quiso, pero no pudo, ser candidato a intendente de La Plata por el kirchnerismo. Amigo de Julio Alak, le permitieron hacer dos veces su examen porque en la primera instancia no había alcanzado el puntaje necesario. Le recuerdo que Alak fue Ministro de Justicia de Cristina y lo es de Kicillof.
Le pido que escuche esto porque no recuerdo una noticia tan grave que haya tenido tan poca cobertura y repercusión: el 8 de abril, el frustrado candidato Víctor Violini, firmó un habeas corpus colectivo y le otorgó la prisión domiciliaria a 2.300 delincuentes de un saque. Así como lo escucha. Como si fuera un crédito a sola firma, Violini mandó a su casa a 2.300 presos. ¿Alguien cree que volverán alguna vez a estar entre rejas?
El secretario de la Comisión Provincial de la Memoria, Roberto Cipriano García fue muy claro en el audio que les envió a distintos detenidos y familiares.
Ahí dice que la voluntad de Axel Kicillof (y de Cristina agrego yo) es liberar a todos los presos posibles. Ofrece un ejemplo estadístico donde asegura que por primera vez en 20 años bajó la cantidad de presos en los penales bonaerenses. Con María Eugenia Vidal había 45 mil detenidos y ahora en tan poco tiempo de gobierno kirchnerista, ya hay 43 mil. Liberó a más de 2.000 detenidos y casi no creció el número de presos que antes aumentaban a razón de 3.800 de promedio por año. Cipriano también dice que Violini tiene el mismo objetivo de Axel (y de Cristina agrego yo) que es soltar la mayor cantidad de internos posibles. Y justifica la violencia de los amotinados: “comprendo su desesperación porque son los presos los que ponen el cuerpo”, dice con la cara de acero y sin estómago ni escrúpulos, ni vergüenza.
Cipriano llama a los delincuentes “compañeros pro libertad” y los arenga diciéndoles que “estamos con ustedes”. ¿A quién se refiere cuando dice estamos con ustedes? ¿A Cristina, a Máximo, a Axel y a quién más? A los integrantes del Sindicato de Trabajadores Privados de su Libertad que dicen que lo de Devoto no fue un motín, fue apenas “un reclamo desoído”. No se puede creer semejante desfasaje con la realidad y con lo que piensa incluso, la mayoría de los votantes del peronismo.
Argumenta que la cárcel está llena de presos injustos, con causas armadas y condenas arbitrarias. Pero no sigue el camino de la democracia y las instituciones para apelar y reclamar. Prefiere presionar para que los suelten. Así, se cree un verdadero revolucionario, aunque integra el ladri feudalismo K. Cipriano tiene el asesoramiento del ex juez y ex colaborador de Cristina, el español Baltasar Garzón.
Todo esto produjo una reacción indignada de las “Asociaciones y Familiares de Víctimas de delitos” que integran, entre otros La Madres del Dolor, Usina de Justicia, los padres de Fernando Báez Sosa o de Paulina Lebbos, o los familiares de la masacre de estación Once o Matías Bagnatto.
Exigen que se cumpla la ley y que los familiares de las víctimas intervengan en la decisión de liberar “a los asesinos de nuestros seres queridos que ahora los vuelven a matar y que no tienen voz, como no la tuvieron cuando perdieron la vida”. De hecho, apenas les dieron los teléfonos celulares a los internos (otra locura falso garantista), uno de ellos lo primero que hizo, fue amenazar a Carolina Píparo a la que le había asesinado a su hijito. A los presos, les dan teléfonos, prisiones domiciliarias y libertades anticipadas. A las víctimas, no les dan ni la hora.
Los familiares aseguran que van a denunciar a cada uno y a todos los jueces que liberen presos que luego, reincidan en los delitos.
Por suerte todavía quedan jueces honrados y valientes. La doctora Liliana Catucci, de la Cámara Federal de Casación Penal dijo que “los únicos beneficiados por la pandemia son los criminales y eso genera alarma en la sociedad y pánico en la familia de la víctima”.
Es que han sucedido mamarrachos de todo tipo que pasaron inadvertidas por la atención extrema que la opinión pública le está dando a la pandemia. El el acta acuerdo con las autoridades en Devoto fue firmada por uno de los asesinos seriales más importantes de la historia que se manifestó admirador del número uno entre esas bestias sanguinarias: Carlos Robledo Puch. Es humillante para todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar el suelo patrio que aparezca la rúbrica de Guillermo Antonio Alvarez (a) “El Concheto”. Cometió 4 crímenes. El último con una faca, contra un preso de la celda vecina. Ese feroz delincuente fue delegado y representante de los presos para discutir, con las autoridades.
Este nuevo “Ángel de la muerte” había sido condenado a 25 años. Pero a los 7 años, fue liberado por una cuestión reglamentaria y burocrática por los jueces Angela Ledesma y Alejandro Slokar, este juez, otro discípulo de Zaffaroni es candidato a importantes cargos en el gobierno de Alberto. A “El Concheto”, jefe de la “banda de los niños bien” que mataban por placer y que no tenían ninguna necesidad económica, lo detuvieron nuevamente cuando fue sorprendido robando. Ahora, este sicópata perverso, se sentó para negociar con Juan Martín Mena, el vice ministro de Justicia, otro amigo de Slokar y Zaffaroni que, además, es el jefe del “Operativo impunidad para todos y todas”, designado por Cristina.
Como puede verse, funciona una red de impunidad, que es un privilegio que quieren extender a todos. No solamente para Amado Boudou o Luis D’Elía. Esto explica que la fórmula de los Fernández haya ganado por paliza o mejor dicho por robo, en las cárceles.
Como escribió un tuitero irónico: “Parece que lo de las salidas recreativas era solo para los presos”.
Para los presos argentinos, la libertad. Para los presos cubanos o venezolanos, el silencio cómplice. Cristina lidera esta movida que pone en serio riesgo la seguridad de las familias argentinas.
Pero no es la única. No hubo un solo dirigente del peronismo que levantara su voz contra semejante provocación. Y está claro que el que calla, otorga. Empezando por Alberto.