Parte diario: 3.031 contagiados. 147 muertos. 840 recuperados.
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Estoy absolutamente convencido que el mejor papel que hoy puede jugar el periodismo independiente y la oposición política, se puede resumir en estas cuatro palabras: Barbijos, sí. Mordazas, no. Creo que comunica rápidamente mi postura. Una cosa es acompañar las normas sanitarias del gobierno nacional en la lucha de todos contra la pandemia criminal y otra cosa muy distinta es callarse la boca frente a los atropellos, corrupciones, autoritarismos y abusos de poder que comete el gobierno de Alberto Fernández en general y la tropa de Cristina en particular. Son dos cosas muy distintas. Respaldo a las medidas de los científicos para liquidar al virus, sí. Seguidismo verticalista y obsecuente con el cuarto gobierno kirchnerista, de ninguna manera.
Es bastante claro lo que debemos defender con la información más rigurosa posible. Hay que cuidar los tres pilares de la Argentina de este tiempo complejo. Hay que cuidar la salud, para que mueran la menor cantidad de compatriotas, hay que cuidar la economía para que haya la menor cantidad de desocupados posible y hay que cuidar la democracia para que con la excusa de las leyes de excepción y emergencia no se lleven puesta la República.
Por eso le digo que la consigna del momento debe ser: barbijos, sí. Mordazas, no. Todos tenemos la obligación de colaborar con científicos, médicos y enfermeros en esta guerra contra la peste. Pero también todos tenemos la obligación de defender con uñas y dientes las instituciones, la división de poderes, la autonomía de la justicia y todos los derechos humanos.
Con barbijos, pero sin mordazas para denunciar todo tipo de corrupción y sobreprecios, sin que nos importe la camiseta partidaria del ladrón. El que roba el dinero del pueblo con coimas siempre es un delincuente. Pero en estos momentos de conmoción, el que lo hace, además de estafador, es una persona antisocial que debe ser extirpada del estado cuanto antes para que sea castigado con todo el peso de la ley. No importa si pertenece al equipo de Alberto Fernández o al de Horacio Rodríguez Larreta. Los malandras, son malandras y no importa si se dicen kirchneristas o macristas. Nunca más debemos permitir que se apropien de nuestro dinero destinado a comprar aceite, fideos, barbijos o alcohol en gel.
Con barbijos, pero sin mordazas para denunciar que, para los cristinistas, los derechos humanos son solamente para sus amigos. Horacio Pietragalla, como secretario de Derechos Humanos de la Nación, pidió por una nota oficial del gobierno de Alberto, que el corrupto confeso, Ricardo Jaime pague su condena en su casa. Y que otro mega corrupto, como Martín Báez, el hijo de Lázaro, salga en libertad. Incluso ahora se supo que también presionaron, en su momento, para que Luis D’Elía se fuera a su casa. Todos integran los grupos de riesgo. Riesgos para los bolsillos ajenos y los dineros públicos.
Exigen ese privilegio a la Cámara de Casación Penal argumentando que Jaime está enfermo y en peligro frente a la pandemia del coronavirus. Jaime estaba haciendo huelga de hambre reclamando ese favoritismo que ya tuvo otro delincuente condenado en segunda instancia como Amado Boudou.
El “enérgico repudio” a esta actitud del gobierno nacional, lo encabezaron los familiares del siniestro de la estación Once. Argumentan que esa “maniobra artera e intento repugnante, no se sostiene en pericias médicas” del corresponsable de la muerte de 52 inocentes”, un “asesino de escritorio”.
El presidente Fernández se enteró por los diarios de la movida que Cristina le ordenó a Pietragalla. “Se cortó solo”, decían en la Casa Rosada. Nadie sabía nada. Eso es mucho más grave todavía. Porque encima fue un desafío a la autoridad del presidente. Por eso, la titular del PRO, Patricia Bullrich dijo que al jefe de estado le quedaban dos opciones: dar marcha atrás con la decisión de Pietragalla o, directamente pedirle la renuncia.
Los familiares del siniestro de Once también fustigaron a Pietragalla porque “nunca se preocupó por nuestra integridad psicofísica”, confirmando lo que le dije. Ni Pietragalla, hijo de desaparecidos y nieto recuperado, ni las Madres ni las Abuelas de Plaza de Mayo, tuvieron un gesto de acompañamiento o de reclamo por tantos trabajadores muertos por la corrupción kirchnerista, en aquel tren del horror. Silencio cómplice. Eso fue lo que hicieron. “¿Volvieron para ser mejores o para liberar delincuentes?”, se pregunta el comunicado de los familiares de la masacre de Once.
Hay que agregar que el pedido de prisión domiciliaria de Jaime fue rechazado. Pero, insisto, los derechos humanos son para Jaime, para Boudou, Martín Báez o D’Elía, los reos victimarios y nunca para las víctimas, salvo que sean del equipo de Cristina. Miran con un solo ojo. Se creen dueños de los derechos humanos y en el caso de Pietragalla ya mostró en varias ocasiones actitudes patoteras y violentas. En Jujuy, golpeando a un policía y en diputados volteando el micrófono del presidente de la Cámara de entonces, Emilio Monzó. Siempre a los gritos y generando tumultos.
Con barbijos pero sin mordazas para denunciar que el caso de Boudou superó todos los límites y puso de rodillas y humillada a la justicia independiente. Hoy, los tribunales, están de feria, es decir que solo funcionan para casos de emergencia. Pero eso no importó para enviar a Boudou a su casa. No había un solo motivo, pero ni uno solo y sin embargo el ex vicepresidente de Cristina hoy goza de esa prebenda. Eso solo ya es grave. Pero lo trágico y provocador fue que después, cuando el fiscal quiso apelar esa decisión, argumentaron que la justicia estaba de feria.
La autora intelectual de esta trampa fue Graciana Peñafort, abogada tanto del bandido ex vice, como de la jefa del cártel de los Pinguinos, Cristina Kirchner. Y como si esto fuera poco, Cristina puso al segundo jefe de los espías de su gobierno, a Juan Martín Mena para “custodiar” a los testigos arrepentidos que la denunciaron a ella. Una actitud vengativa terrible. ¿Se imagina como va a custodiar Mena al ex contador de la familia, Víctor Manzanares que aportó pruebas y carpetas? Es poner al lobo a cuidar a las ovejas. Una intimidación permanente. Y como si esto fuera poco, Nicolás Wiñazky denunció que Cristina puso a Mena para blindar el acceso a la información pública y de esa manera ocultar datos claves para investigar la corrupción de la actual vice y el financiamiento del Instituto Patria que está sospechado por todos lados.
El diputado Waldo Wolf va a impugnar esa decisión. Veremos qué suerte corre. Lo mismo con el cyber patrullaje de la ministra Sabina Fréderic. Control a los que no piensan como ellos y represalias para los que se atrevan. Todo el aparato cristinista de Justicia Legítima está dedicado a buscar los caminos más rápidos para que haya impunidad para todos los funcionarios K. La doctora Lucila Larrandart presentó hace 4 días al director del departamento de Derecho Penal de la facultad, una nota para que la institución se sume al apoyo a “la libertad condicional, arresto domiciliario o libertad anticipada”, de los presos kirchneristas de la corrupción. Adhirieron Raúl Zaffaroni, Maximiliano Rusconi, Alejandro Slokar y la ministra Elizabeth Gómez Alcorta, entre otros. Estos nombres lo dicen todo.
Con barbijos, pero sin mordazas, para denunciar que la doctora Peñafort, que además es directora de asuntos jurídicos del Senado, fue la encargada de presionar a la Corte Suprema de Justicia para que se expida ante el pedido de certeza que hizo Cristina. Insisto, la justicia está en cuarentena, la Corte no se pronuncia sobre temas abstractos y tampoco corresponde que opine sobre otro poder como es el Legislativo. Cristina quiere que la habiliten a sesionar en el Senado. Pero necesita asegurar que si lo hacen en forma remota, sus decisiones, no vayan a ser volteadas, después por la Corte. Y aquí hay tendida una emboscada. Cristina solo quiere sesionar para que se le de media sanción a su proyecto familiar del impuesto a los ricos. Ella es la autora intelectual y su hijo Máximo es el autor material de la insólita intención de cobrar un impuesto más en este momento de hecatombe económica. Eso no ocurrió en ningún país del mundo. Pero el resentimiento y la grieta que quieren potenciar los lleva a impulsar semejante despropósito. Alberto les dijo a sus amigos que no está muy convencido. Pero no tuvo más remedio que aceptarlo y bendecirlo. Le digo lo mismo que el otro día: Cristina corre a Alberto por izquierda, desde el populismo autoritario y Alberto cede cada día más. Desde ese momento, Máximo estuvo en todas las reuniones importantes en Olivos. Es el jefe de su bloque. Pero no invitan a los jefes de los otros bloques. Participa de la mesa chica como una suerte de comisario político. Máximo es el encargado de hacerle los test a Alberto para saber si tiene el virus de la derecha.
El presidente de la Corte, el doctor Carlos Rozenkratz se demoró 24 horas en contestar el pedido de certeza de Cristina y su abogada, Graciana Peñafort le faltó el respeto diciendo que la actitud de los magistrados era “cachivachesca” porque querían “trabar la iniciativa”. Un día duró la resistencia de Rozenkrantz quien, apretado públicamente, también cedió al reclamo y envió el caso al Procurador Eduardo Casal que ya rechazó la pretensión de Cristina. Hay que estar alertas: Vienen por todo. Está claro. Y aprovechan cualquier cosa: incluso la pandemia.
Crónicas de guerra Bravo, bravísimo, bravo – 20 de abril 2020
Parte diario: 2.941 contagiados. 136 muertos. 737 recuperados.
Hoy Fernando Bravo cumple años. Felicidades, Bravo, bravísimo, bravo.
Los que trabajamos en la radio y en la tele le debemos muchas cosas pero yo en particular, le debo casi todo. Hace 50 años que juega en primera. Y le sigue dando muchas satisfacciones a la hinchada. Un golcito en una tarde de suerte lo hace cualquiera. Un éxito fugaz, un toco y me voy, suele ocurrir. Pero jugar durante 50 años en primera es una prueba que solo pasan los grandes. Los grandes de verdad.
El jueves 6 de marzo de 1969, hace medio siglo, a las diez y media de la noche, debutó en “La Campana de Cristal”. ¿Se acuerda? Fue un programa que marcó una época de la televisión argentina. Los grandes desafíos, la solidaridad. Y Nelly Raymond rodeada de Héctor Larrea, Julio Lagos, Norberto Longo, Leonardo Simonns y(ta tan ta tan..) Fernando Bravo. El trajecito nuevo, las piernas que temblaban, el flamante carnet del ISER y la posibilidad de usar el mismo camarín que Cacho Fontana, el gran ídolo, el ejemplo a seguir, el faro que iluminaba un nuevo camino para la profesión de locutores. Y Fernando Bravo estaba allí. Al lado de Cacho. Algo extraño. Fernando sentía que había llegado pero al mismo tiempo que recién comenzaba. Las dos cosas eran ciertas para Fernando Bravo, es decir Alberto Fernando Pochulu, alias Tito, natural de San Pedro, hijo de Aída Agustina Graselli y de Armando Nereo Pochulu.
Bravito abandonó Ciencias Económicas porque se aburría y eso que pudo haber sido vendedor de autos, como su padre.
¿De dónde le habrá surgido esa vocación por el mundo del espectáculo? ¿Qué misterio lo empujó a trabajar a telón abierto, de cara a la gente, buscando los aplausos? ¿Habrá sido la propaladora de San Pedro? El andar por las calles anunciando por altoparlante bailes, tiendas que liquidan, festivales, feria de platos…O tal vez su frustrado sueño de cantor? Esa afinación que nunca pudo dominar pero que no le impidió el sueño fronterizo de ser un chalchalero con guitarra y bombo y tener su propio conjunto folklórico.
El Tito Pochulu y las ganas de navegar por el Paraná y la vida con su propio barco con su amigazo, el Lobito Gianelli.
Las ganas de ser y de llegar a destino. De no largar el timón durante 50 años.
Años de recuerdos y de glorias. Aquella tapa de Canal TV en 1971, con los pantalones Oxford, el pelo oscuro y lacio, peinadito para el costado, con un toquecito beatlemaníaco. La revista lo definía como “El galán-animador”. Rompía corazones y levantaba suspiros. Nadie se perdía “Alta Tensión” y la barra macanuda porque ahí nacía una “Joven Guardia”, merodeaba la alegría de Donald y se bailaba al ritmo de “Pintura Fresca”. ¿Se acuerda?
Quiero gritar que te quiero… que me desespero… los boliches, los pasitos estudiados frente al espejo, los long play de pasta de colores. ¡¡Que épocas señores¡¡ Y que televisión que era aquella. El gigantesco aparato que se recalentaba en blanco y negro, muchacha italiana viene a casarse. Los Sábados Circulares de Pipo, la Tuerca, si señor, Viendo a Biondi porque no y por supuesto, una Cosa Juzgada con el genio de David Stivel consagraba a Bárbara Mujica y los Juan Carlos Gené y anunciaban los tiempos politizados que se venían.
Bravito…¿Quién te ha visto y quién te ve? Los compañeros de trabajo que se van haciendo amigos, la mesa de noticias, el Gordo Mesa, Cris Morena, Gustavo Yankelevich, antes de ser consagrado “Rey de ratings”y un tipo extraordinario y generoso, Gino Renni… tantos.
El orgullo para la historia de haber inaugurado en la medianoche del primero de mayo de 1980 la televisión color en la Argentina. Víctor Sueiro y Rosita, Silvana Di Lorenzo en las buenas y en las otras. Veinte Mujeres.. con ustedes y con Néstor Ibarra. El afecto de Arturo Puig y Selva Aleman, el Beto Badía, tantas cosas, tanta adrenalina.
Tanto diez segundos… ojo vamos que venimos. La luz roja, la admiración por Mareco y por Carrizo, el agradecimiento a Landriscina, la foto con Mc Cartney, el café con Woody Allen, la nota con Sofía Loren. Silencio en el estudio… diez segundos. Los mates compartidos con Serrat, un mago llamado Norberto Alonso que lo tutea y lo trata de Fer, la democracia y su parto, el escenario con Raúl Alfonsín y la Mancuso, la vida y la paz que vuelven por cien años más. Los Martin Fierro entregados, los Martin Fierro recibidos y tantos premios. Una vez a la hora de agradecer un reconocimiento, se dirigió a sus hijos y les dijo:
-Valió la pena el esfuerzo, pero fue un gran esfuerzo.
Otra vez le agradeció a sus viejos y a su Let It Be sanpedrino: que lo dejaran ser. Que le dieran alas y la libertad suficiente como para crecer. Las mismas alas que le dio a Nani, Luli y Nati, sus hijos, sus tesoros por los que entregaría todo a cambio de saber que van a ser felices con sus nietos del alma.
Leuquito, me dijo una vez en una de sus tantas sentencias de hombre de campo, casi yupanquianas, Leuquito, la radio te da todo y la tele te quita. Te chupa la tele que me hiciste mal y sin embargo te quiero. Amor profundo por lo bueno de la pantalla y alerta permanente por lo malo. Por ese rating que persigue y derrumba ideas, por los celos, las envidias, el vértigo, la acidez estomacal, las contracturas, el poco tiempo con la familia, los sátrapas, los 678 y los escrachadores y sus venganzas.
El día que murió Néstor Kirchner, tuvimos que salir juntos de radio Continental acompañados por la policía como si fuéramos delincuentes y jamás tuvimos ni un cheque devuelto por falta de fondos. Trescientos salvajes con caras tapadas y palos en la mano gritaban: “Que suene el bombo/ que suene el tamboril/ Fernando Bravo y Alfredo se tienen que morir” y la vidriera de la radio, que estaba sucia de huevazos y toda pintarrajeada con aerosoles que escribieron: “Magdalena gorila, Leuco facho” y otras agresiones típicas de los K.
Otra vez, unos fanáticos de Cristina lo corrieron dos cuadras a la salida del teatro Colon. Solo por defender la libertad y la democracia.
Finalmente, Bravo hizo cumbre con “Siglo XX Cambalache”, un lujo periodístico que se dio y nos dio por años con su bien amada Teté. Y la alegría de Fer Play con Andrea Campbell y el gran gallego Ramírez, puro corazón.
Bravito periodista de la nostalgia, de la ética republicana, el conductor de los programas de juego, el que no oculta sus lágrimas ni sus risas, el que juega de arquero y de nueve. El Fernando de las emociones. Su corazón goteando en la pantalla. Su capacidad de descubrir talentos y potenciarlos.
Y lloró. Por las despedidas al aire y de los televidentes y por su viejo y su vieja, y por el amor de Andrea Montaldo, es decir el amor de los amores.
Fernando Bravo, con la cabeza blanca y las manos limpias. Con la tozudez y la sensibilidad de los vascos. Mire, si algo es Fernando Bravo en la historia de la tele argentina, es la emoción. Piel. Voz quebrada, sentimiento puro sin maquillajes, transparencia, honradez, magia para crear climas en los momentos justos. Chistes ingenuos a la velocidad de la luz, reírse de sí mismo y de sus furcios, profesionalismo, horas de trabajo: 50 años en primera. Hizo de todo y lo hizo muy bien. Pero el siente que sigue siendo un simple locutor que vino de San Pedro a entregar su corazón. Feliz Cumpleaños, hermano.
Crónicas de guerra. Brandoni, prócer de la cultura y la libertad – 17 de abril 2020
Parte diario: 2.669 contagiados.122 muertos. 666 recuperados.
Mañana, el querido Luis Brandoni cumple 80 años. A esta altura, es un prócer de la cultura y la libertad. Vaya nuestro humilde homenaje a tan buen profesional y tan buena gente. Igual que su gran amigo Raúl Alfonsín es un canto a la honradez republicana y a la democracia. Y por supuesto, es uno de los más grandes actores argentinos de todos los tiempos.
Ahora está respetando las normas como hizo siempre. Está en cuarentena en su departamento de siempre. Miriam, la esposa del encargado del edificio, le da una mano en las tareas del hogar. Es que su novia, Saula Benavente, la hija del legendario Saulo, está en su casa con su hijo Baldomero. Beto Brandoni tiene una primicia para dar. Ya está en imprenta un libro donde va a publicar sus memorias. Quiere transmitir sus experiencias que son riquísimas desde el plano actoral y desde su militancia histórica en el radicalismo. El libro se va a llamar “Antes de que se me olvide” y tiene dos prólogos, de dos gigantes del cine, la tele y el teatro: Sergio Renán, quien dirigió “La tregua”, la primera película argentina nominada como mejor extranjera para un premio Oscar y Juan José Campanella, que con “El secreto de sus ojos” ganó el Oscar. Como la primera parte del libro se escribió hace varios años, Renán pudo escribir ese texto antes de morir en el 2015.
Son testimonios profundos y emocionantes de toda su vida que además cuenta con 70 fotografías. Ahora aprovecha el confinamiento para leer mucho y ordenar su biblioteca. Eso lo hizo repasar todas sus etapas y reflexionar sobre cada decisión. En su búsqueda estuvo viendo esas fotos en blanco y negro, que despiertan emoción y nostalgia.
Beto está esperando que termine el infierno de la pandemia porque tiene tres proyectos que lo apasionan. Que salga el libro a la calle, de una vez por todas, la fiesta de su cumpleaños que tenía preparada en el Club Alemán para lo cual ya había pagado un anticipo del 50% y el estreno de “El acompañamiento”. Tenían todo listo y se vino la cuarentena. La escenografía, los ensayos que funcionaron como relojitos y la producción de Tomás Rottemberg, en el Multiteatro, propiedad de su padre, Carlos. “El acompañamiento” no es cualquier obra. Es una genialidad de Carlos Gorostiza que subió a escena como un grito de gran resistencia a la dictadura en “Teatro Abierto”. Gorostiza fue el primer secretario de cultura de Alfonsín cuando regresó la democracia y en esta versión, Brandoni está acompañado por David Di Nápoli.
Pero es muy difícil olvidar a Parque Lezama. Es un ejemplo de exportación no tradicional. Son contenidos nacionales de la industria cultural llevados al exterior con un éxito tremendo. Eso es trabajo argentino, creatividad y valor agregado. El debut de la obra de Juan José Campanella en el teatro “El Fígaro” de Madrid dejó a todos los espectadores de pie, devolviendo una ovación de agradecimiento a los actores y a todos los que hicieron posible esta maravilla que, en Argentina, tuvo 800 representaciones.
Eduardo Blanco, otro talento, hace tiempo que tiene un gran reconocimiento en España. Pero Luis Brandoni sobre las tablas se transforma en un manual del que cualquier actor puede aprender. Su personaje de León Schwartz, que dice haber sido del Partido Comunista en su juventud, es un compendio de frases dichas en los momentos justos, de gestos mínimos pero que lo dicen todo y de inflexiones que nos conmueven desde las lágrimas hasta la risa.
Brandoni celebra porque dice que su actividad, es una de las pocas artesanales que quedan. El teatro se hace igual que hace 3.000 años y todavía no se inventó un botón o una inyección que les ayude a aprender la letra y los movimientos en la escena. Pero el rol que jugó Beto en aquella multitudinaria y esperanzada marcha del 24-A, también lo colocó en un lugar de referencia. Brandoni, ya fue distinguido como ciudadano ilustre de la ciudad y la provincia hace tiempo. Pero creo que se ganó largamente la condición de ciudadano ilustre de la República y la democracia. Y no lo digo solamente por el aquel video que con su emoción, ayudó a movilizar a tantos argentinos preocupados por la posible vuelta de la cleptocracia y el chavismo K. Lo digo por su trayectoria impecable como Actor de la Nación, como dirigente sindical valiente y perseguido por la dictadura y como ex diputado del radicalismo que hizo honor a la honradez de presidentes como don Arturo Illia o Raúl Alfonsín.
Adalberto Luis Brandoni nació en el Dock Sud, en el empedrado y con los sonidos de bandoneón arrabalero de los conventillos. Por eso es tan tanguero y miembro de la Academia del Lunfardo.
El destino le puso dos marcas que luego tomaron vida. Su casa estaba en la calle Leandro Alem y con el tiempo, él también fue orgulloso integrante de la Unión Cívica Radical. Pero en los cines de barrio, el “Selec” y el “Eden”, se enamoró de esa pantalla gigante y dedicó su vida entera a dignificar el oficio de actor.
Arrancó con los mejores y los que hicieron de la ética una bandera: en la Comedia Nacional Argentina dirigida por Luisa Vehil. Los argentinos decentes y democráticos le debemos mucho al Beto Brandoni. Instaló para los tiempos en la memoria colectiva personajes y películas que son parte de nuestra identidad como pueblo. “Esperando la carroza”, es una película de culto que hoy se ve más que nunca a través de las redes. Todos repiten esas palabras de Antonio Musicardi, su personaje, el hijo de Mama Cora, cuando dice, falsamente compungido: “Me partieron el alma. Que miseria. ¿Sabes lo que tenían para comer? Tres empanadas… tres empanadas”. Eso dice mientras va saboreando como si nada, una de esas empanadas. Una escena memorable del grotesco criollo costumbrista de Alejandro Doria. Pero en la tele, el teatro y el cine, no hizo otra cosa que meterse en el corazón de la gente y dar cátedra con sus personajes y de ser un ejemplo de vida. No alcanza una hora para recordar sus grandes éxitos profundos y populares a la vez. Cada uno elige: La Tregua, por ejemplo. Por ese trabajo, la Triple A, lo condenó a muerte y lo obligó a exiliarse por un tiempo en México. Era una organización terrorista de ultraderecha que nació al amparo del estado peronista y de su jefe el ex ministro José López Rega.
La Triple A criminal (Alianza Anticomunista Argentina) tuvo su contracara con la Triple A luminosa, la Asociación Argentina de Actores de la que Brandoni fue secretario general de 1974 hasta 1983. Había que tener los huevos del tamaño de la catedral cuando los fachos de López Rega y los criminales de lesa humanidad de Videla perseguían, secuestraban y asesinaban a mansalva. Brandoni fue reelecto en su gremio, incluso estando en el exilio.Y eso muestra su lealtad con sus compañeros de trabajo, su pluralismo y su valentía a prueba de balas en todo el sentido de la palabra balas.
El terrorista de estado Aníbal Gordon secuestró a Brandoni y su esposa de entonces, Martha Bianchi. Los “chuparon” como se decía en aquellos tiempos macabros. Fue llevado a “Automotores Orletti”, un campo de concentración donde fue torturado y donde salvó su vida de pura casualidad.
Aunque suene increíble, durante los tiempos de cólera con K, Alejandra Darín y otros muchaches adoradores de Cristina fueron crueles en sus críticas cuando Brandoni renunció como afiliado a lo que definió como “Asociación Kirchnerista de Actores”. A un prócer que deberían reverenciar lo trataron como un traidor.
Otros compatriotas llevan en sus neuronas para siempre, obras maestras como “La Patagonia Rebelde”, “Made in Argentina”, el “Cuento de las Comadrejas” y el super éxito de “La odisea de los Giles”, dirigido por Sebastián Borensztein.
¿Quién no disfrutó con Mi Cuñado o Buscavidas?
Consideró a Raúl Alfonsín como su padre político. Fue su asesor en el tema cultural y un día inolvidable, en ese carácter tuvo una charla deliciosa con Jorge Luis Borges. Jorge Miguel Couselo, Carlos Gorostiza, Sergio Renán, Manuel Antin y Santiago Kovadloff fueron los que apostaron a renovar democráticamente la cultura desde 1983.
Hincha de River, su máxima felicidad son Florencia y Micaela, sus hijas del alma. Y sus nietas, Olivia, Catalina, Macarena y Tomás, por orden de aparición.
Brandoni mañana cumple 80 años. Este sí que es un argentino inmenso y ejemplar. Brandoni no se vende ni se alquila. Se puede romper, pero no se dobla, según el testamento de Leandro Alem, justo el nombre de la calle en donde nació, en el Dock, con el corazón mirando al Sur…