Crónicas de guerra. Cristina, la enemiga de Alberto – 13 de abril 2020

Parte diario: 2.208 contagiados. 97 muertos. 515 recuperados.
A esta altura, hay que decir que el principal problema político de Alberto Fernández, es Cristina. Ella se comporta como una enemiga en lugar de hacerlo como su socia y compañera de fórmula. Ninguna crisis de la magnitud y la crueldad de la pandemia, soporta la ausencia del escenario de la vice presidenta de la Nación. Cristina no está. No aparece.
Alberto se encargó de difundir que charlaron durante dos horas en Olivos pero ella, no dijo ni mu. No expresa su apoyo a las medidas que toma Alberto y, por el contrario, deja circular, mediante voceros oficiosos y con gestos, que está enojada con el presidente por varios motivos. ¿No le parece raro que Cristina no haya dicho una palabra sobre el combate contra el virus? Ni una. Ni un tuit emitió. Silencio absoluto. Irónicamente uno podría decir que Cristina cumple con la distancia social y acompaña a Alberto a dos metros de distancia. Es que no quiere aparecer en la historia manchada por la tragedia que puede llegar a ocurrir y se preserva. Le saca el cuerpo a la jeringa. Especula. Desde el gobierno, dicen que no son momentos para especular políticamente y Cristina aparece como la máxima especuladora política del momento. Porque esquiva el bulto. Se refugia en el mutismo y el perfil casi inexistente. Pero su silencio es atronador. Porque ni sus funcionarios más fieles, ni sus artistas más militantes ni los organismos de derechos humanos que la idolatran, están jugando un rol trascendente en estos momentos, tal vez, entre los más delicados de la historia de este país. Uno puede preguntarse con toda legitimidad: ¿Dónde está Cristina? ¿Dónde están Carlos Zannini y Oscar Parrilli? En cuarentena y fuera del radar. Es más, hasta al rol de Wado de Pedro, nada menos que el ministro del interior, aparece desdibujado, en el fondo de la fila de soldados que se están poniendo esta batalla al hombro. Al frente en la vanguardia está solito Alberto con sus albertistas y con los opositores que gobiernan sus distritos. Pero los K, están ausentes con aviso.
Otro dato clave que pocos registraron es la ausencia de la tropa de artistas cristinistas del Teletón que organizó la primera dama y que se transmitió simultáneamente por todos los canales de aire. ¿Habrán recibido una orden de Cristina para no colaborar? Los muchachos solo apoyan a Cristina y no a Alberto? Porque en el programa solidario estuvieron figuras, descalificadas como gorilas y que en su momento fueron perseguidas por los K como Mirtha Legrand o Susana Giménez y casi nadie del palo del kirchnerismo. ¿Se dio cuenta?
Lo más parecido a un kirchnerista en esa maratón televisiva fue Roger Waters, aunque es más chavista y antisemita que otra cosa. Se podría decir que Víctor Heredia o Susana Rinaldi son K. Es verdad, pero son K de bajas calorías. No han sido combatientes del ejército artístico de Cristina. Hubo un show para juntar fondos y no apareció Tristán, el ministro de la propaganda y la venganza. ¿Por qué? Y Fito Páez, Teresa Parodi o La Mancha de Rolando? No digo Ignacio Copani porque espanta gente pero…
¿Qué pasó con Pablo Echarri, Florencia Peña, Darío Grandinetti, Gerardo Romano, Nancy Duplaa, o Dady Brieva, entre otros?
¿O habrá sido Alberto el que no los quiso convocar a la tele para no contaminar la imagen con los cristinistas más intransigentes? De una forma o de otra se vió claramente la grieta entre el presidente y su vice. Hay cuestiones de fondo que son irreconciliables.
A Diego Maradona, otro hiper K, le pidieron un video cortito y ni siquiera contestó. No se avivaron de pedirle permiso a Nicolás Maduro.
Pregunto nuevamente: ¿No los invitaron por orden de Alberto, se negaron a ir o Cristina no los autorizó porque no quiere que Alberto siga aumentando su capital político? ¿Se puede llegar a esos niveles de mezquindad y celos?
Los colectivos feministas y los organismos de derechos humanos más cooptados por el cristinismo, tampoco se jugaron demasiado ni en sus declaraciones. Balconean. Miran desde la platea como se las arregla un gobierno al que votaron pero que, tal vez, no sienten como propio. El teletón se tituló: “Unidos por Argentina” pero bien podría haberse planteado como “Separados por Cristina”.
La fractura en la cima del poder, no solamente se puede revisar con las ausencias. También con los reclamos de los cristinistas más extremos que suelen decir lo que Cristina no puede.
El caso que tuvo más repercusión fue el de Juan Grabois. Es un, chavista K y francisquista en la corte de Alberto. Frente al escándalo por la compra de alimentos con sobreprecios por parte de Daniel Arroyo, disparó con munición gruesa: “Hay que fusilar al que hizo esto.” Aunque aclaró que lo decía metafóricamente. Pero arremetió, agresivo y explosivo:“ algún h de p… compró fideos al triple de lo que valen y de la peor calidad. Es una estafa a los pobres. Estas son las cosas que me enferman y no se pueden dejar pasar. Confío en que Alberto va a ponerle los puntos al responsable”.
Esa fue una gravísima truchada del gobierno. Pero aquél viernes negro, tal vez fue el peor día de Alberto con las colas inhumanas a las que sometieron a los jubilados en los bancos. Fue criminal. Fue como mandarlos al matadero y generó un terremoto de críticas y pases de factura. Una rebelión en la granja. En las redes se recordaron los videos en los que varios kirchneristas decían “Con los jubilados, no”, durante el gobierno de Macri.
O el momento en que la presunta defensora de los jubilados, Mirtha Tundis, desde el massismo, lloraba por las medidas del gobierno anterior y ahora no aparece por ningún lado.
Pero lo más terrible, fue el video de un energúmeno violento y antisemita llamado Santiago Cúneo. Yo sé que es una expresión muy minoritaria del cristinismo. Pero insisto. Maltrató a Alberto Fernández y lo insultó y lo amenaza como nadie lo insultó ni lo amenazó en su vida. Y dijo que Cristina y Sergio Massa tienen que controlar al presidente.
Este personaje nefasto pero cristinista, les dice h de p y criminales a Santiago Cafiero, Pesce y Vanoli. Como buen discriminador, Cúneo los acusa de inútiles y de porteños. Bizarro e insólito.
¿Eso es lo que piensan, pero no pueden decir Cristina y La Cámpora? Lo pregunto porque Cuneo se sacó una foto con Máximo en el Instituto Patria. Y fue en las listas electorales con Julio de Vido. Y en el acto de despedida de un canal de cable contó con Juan Cabandié y Hugo Moyano como invitados.
En ese video de hiper cristinismo fuera de control, Cúneo le echa en cara a Alberto lo que parece que los cristinistas no le perdonan: su relación prudente e institucional con Horacio Rodríguez Larreta.
De hecho en los últimos tiempos, Alberto tomó el rumbo contrario en ese tema. Pasó de golpe de aparecer con Rodríguez Larreta, Gerardo Morales o de reunirse con los legisladores de Juntos por el cambio, a calificar de miserables a los empresarios y a colocar en un altar inmenso y ejemplar a un patotero y corrupto como Hugo Moyano. Cambia todo cambia.
Lo cierto es que Cristina, desde su regreso de Cuba, no abrió la boca para apoyar la lucha contra la pandemia pero su presencia puede observarse en la radicalización de Alberto en su discurso y sus gestos.
Que el Partido Justicialista haya emitido un comunicado oficial de apoyo al Partido Comunista Chino, uno de los pilares más feroces y tenebrosos de la dictadura, habla por sí mismo. A un derechoso conservador como José Luis Gioja no me lo imaginaba apoyando a los tiranos del marxismo. Pero el que empujó el tema fue Jorge Taiana en nombre de Cristina. Simplemente chavismo partidario y jurásico.
Otra prueba de la fractura expuesta de Alberto y Cristina. El presidente apoyó la idea primitiva de Cristina y Máximo de cobrar un impuesto a las grandes fortunas aunque no está muy de acuerdo. No hay que aprovecharse de
un estado de excepción que se le dio al presidente para que ataque la pandemia pero no para que no ataque la Constitución o la República. Parece mentira que hayan pegado un salto tan grande hacia el pasado, liquidando el sistema del expediente electrónico. Eso lo autoriza a evitar la firma digital y a regresar a los pre históricos trámites en papel que se pueden ante datar o post datar para ocultar algún hecho grave de corrupción.
Como si esto fuera poco, la justicia K envió a su casa a Amado Boudou. Un grave caso de corrupción condenada en dos instancias y de impunidad. Porque no hay un solo motivo, ni uno solo, para que este malandra de estado tenga ese beneficio. Esto también generó un estrépito negativo en el ánimo de la sociedad y un nuevo cruce con Cristina. Es que ella estatizó la empresa para ocultar las pruebas y lograron un record mundial: nadie reclamó la indemnización. Nunca visto en la historia que nadie se queje aunque sea porque le sacan su empresa. Y no lo digo yo. Lo denunció el actual presidente Alberto Fernández en una entrevista en televisión. Fue el mismo día que criticó los dos blanqueos que hizo Cristina y que uno de ellos lo tuvo abierto durante 4 años.
Para colmo Boudou, envalentonado le salió al cruce de la teoría de Alberto de que no hay presos políticos. Boudou dijo que “Todavía hay presos y perseguidos por cuestiones políticas. La persecución política y judicial no ha cesado. No es razonable esperar que la misma justicia que nos condenó corrija su decisión”. Un fuerte desafío a Alberto. ¿Fue fogoneado por Cristina o simplemente calla y otorga?
Está claro que Alberto y su gobierno está acechado por la pandemia. Pero muchos de sus graves problemas son producto de errores no forzados. Moyano, jubilados contagiándose en la cola de los bancos, alimentos a precio de oro, entre los más importantes. Pero su complicación más difícil e indescifrable es Cristina. Es su enemiga y lo somete a fuego amigo.

Crónicas de guerra. Houssay, en el día de la Ciencia – 10 de abril 2020

Parte diario: 1894 contagiados. 81 muertos. 365 recuperados.
La Unesco decretó que hoy es el día mundial de la Ciencia y la tecnología y del investigador científico. Lo hizo porque un 10 de abril, pero de 1887 nació Bernardo Alberto Houssay el primer latinoamericano en ganar el Premio Nóbel de Medicina. Este reconocimiento a uno de los argentinos gigantes, me despertó una idea. Ahora que las familias están aisladas en sus casas, ahora que hay tiempo para leer y compartir entre padres e hijos, podríamos aprovechar para conocer un poco de la vida de este espejo maravilloso en el que podemos mirarnos. Que este confinamiento sirva para educarnos mejor. Para diferenciar el afecto y la pasión que nos puede despertar un futbolista o una actriz con la profunda admiración y respeto reverencial que debemos tener con los compatriotas que dedicaron su vida a la ciencia que salva vidas y mejora la vida.
También se me ocurrió que no solo sería bueno conocer algo de la vida y obra de Houssay. Hay cientos de científicos muy destacados que esta pandemia maldita puso en el centro del escenario. Pero yo quiero iluminar a dos y en nombre de ellos, a todos. La deformación profesional me lleva a elegir a dos titanes pero que, además han demostrado una capacidad de comunicación y una paciencia didáctica que no abunda. Hablo de los doctores Fernán González Bernaldo de Quirós que es el ministro de salud de la ciudad y de Fernando Polack, uno de los infectólogos más prestigiosos del mundo.
Ambos son muy futboleros y se recibieron con honores en la Universidad de Buenos Aires. Fernán es bostero y Fernando es gallina. Ambos son un orgullo para todos. El ministro es un genio en informática de la salud y tiene una maestría en la Universidad Abierta de Cataluña. Ambos son profesores universitarios. Y Polack tiene en su legajo una residencia en Michigan, y su formación la hizo en el Johns Hopkins, el hospital más destacado de los Estados Unidos y encima, fue profesor de microbiología molecular de la universidad de Vanderbilt en Tennessee.
Fernán y Fernando son jóvenes y nada formales. Son permanentemente consultados por organismos internacionales de primer nivel y hasta el drama del coronavirus, eran unos perfectos desconocidos para la opinión pública donde, por supuesto, me incluyo.
Mi ignorancia me avergüenza y trato de solucionarla aprendiendo y difundiendo el aporte de estos argentinos que siguen el camino de Houssay en el día de ellos, de la ciencia y el científico.
Nos vendría bien que todos los padres, les cuenten estas historias a sus hijos. Es hora de cambiar la lista de prioridades. Está bien que nos deslumbre Messi con su gambeta o Shakira con su voz. Pero no hay que olvidar jamás a gente de otra dimensión. Hablo de científicos geniales como Bernardo Houssay. Es la contracara de tanto chanta y delincuente.
Es que Houssay fue mucho más que un ejemplo. Fue un milagro. Bernardo Alberto Houssay fue mucho más que el argentino que ganó el premio Nobel de medicina. Ese 23 de octubre histórico en que recibió el anuncio, Houssay estaba trabajando en su humilde laboratorio junto a su discípulo Luis Federico Leloir quien con el tiempo, también recibiría el Nobel pero de Química. Fue toda una señal.
Houssay era un niño con talento especial. A los 13 años terminó el bachillerato, a los 17 se recibió de farmacéutico y a los 23 de médico. ¿Escuchó bien? A los 13 el secundario, a los 17 fue farmacéutico y a los 23 médico y con diploma de honor. ¿Qué más se puede agregar? Su cerebro era un océano de neuronas y su corazón estaba construido con toneladas de sentimientos humanitarios.
Bernardo Houssay se dedicó a lo que él llamaba “El patriotismo práctico”, mucho más eficiente que los discursos y las escarapelas. Se dedicó a la investigación y a la docencia. Era austero como todos los grandes. Nunca tuvo auto y con un sueldo modesto mantuvo a su familia de siete integrantes. Nació y murió pobre. En sus épocas de estudiante y trabajador, caminaba 100 cuadras por día porque su familia no tenía unas chirolas para el colectivo.
Tuvo un rechazo visceral por el autoritarismo y por eso tuvo problemas en 1943 cuando el gobierno militar dispuso expulsar a todos los profesores de la universidad que habían firmado un manifiesto anti oficialista y el, por supuesto, lo había firmado.
Con disculpas por mi ignorancia, me gustaría decirles que el Premio Nobel lo ganó porque estableció la relación entre la acción de las hormonas y la glándula hipófisis. Dicen los que saben que, a partir de ese momento, comenzó a entenderse el cuerpo humano como un sistema que se auto regula.
Pero lo más importante es que fue un héroe celeste y blanco que nos llenó de orgullo. Por su decencia y por su docencia; por su humildad y por su amor a la ciencia. Estaba convencido que ningún país progresa si no tiene investigación. Y por eso fue el inspirador de la creación del Conicet, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, organismo del que fue su primer presidente hasta su muerte en 1971.
Nació en una casa del barrio porteñísimo de Almagro. Sus padres, Clara Lafont y Alberto Houssay eran dos de los 20 mil franceses que vivían en esta bendita ciudad que, por esa época, tenía una población de 437 mil habitantes, incluyendo Flores y Belgrano que recién habían sido cedidos por la provincia de Buenos Aires.
Al joven Bernardo le trajo problemas su incansable lucha antifascista y, repito, en 1943 lo expulsaron de todos sus lugares de trabajo junto a otros 150 profesores que repudiaron el lugar que los nazis tuvieron durante el gobierno en ciernes de Juan Domingo Perón. También es cierto que sus posturas contrarias al gremialismo estudiantil le generaron muchas polémicas y algunos disgustos. Houssay estaba convencido que la universidad debía ser el centro de la actividad intelectual superior y que por eso, cumplía un papel social de la jerarquía más elevada. Los claustros eran sagrados. Un templo del conocimiento y la innovación. Una vez dijo que la función de la universidad “consiste en crear conocimientos, propagarlos, desarrollar y disciplinar a la inteligencia y formar hombres más selectos por su cultura, excelencia académica y capacidad”. En su museo se pueden ver cartas amarillentas de las mentes más brillantes del planeta que luego de hacerle alguna consulta, terminaban el texto diciendo: Un abrazo para usted y otro para el doctor Leloir”.
El joven Bernardo fue back del equipo de rugby de la Asociación Atlética de la Facultad de Medicina. La Unión de Rugby le debe a Houssay que las actas de la institución se hayan empezado a escribir en castellano, porque hasta la incorporación de su club, se redactaban en inglés.
Desde el punto de vista científico el doctor Houssay tuvo todos los reconocimientos posibles, además del Nobel. Fue miembro honorario de las Academias de Ciencias más prestigiosas del mundo como las de Madrid y Nueva York. Tuvo cientos de propuestas para irse a trabajar al exterior pero, él, siempre contestaba lo mismo:
– La ciencia no tiene patria. Pero el hombre de ciencia, si la tiene. No acepto ir a los Estados Unidos y no pienso dejar mi país porque aspiro a luchar para contribuir para que alguna vez lleguemos a ser potencia mundial científica de primera clase.
El día que recibió el Nobel por su descubrimiento de la hormona reguladora del azúcar y al ver que el periodismo argentino estaba muy censurado por el peronismo, dijo que esa distinción era un tiro por elevación al gobierno argentino. Lo dijo con mucha ironía:
– No hay que confundir las cosas pequeñas como Perón con las cosas grandes como el Nobel.
Se imaginan que de gorila y oligarca para arriba, le dijeron de todo. Pero no tenía pelos en la lengua, tenía coraje para decir lo que pensaba y por eso yo lo admiro tanto.
Sus pasiones eran el laboratorio, la cátedra, la justicia y la libertad.
El día que cumplió 80 años, un periodista le preguntó:
– ¿Se siente viejo, doctor? Y él contestó:
– Solo es viejo quien no ve cosas nuevas todos los días.
Fue condecorado por Francia y Bélgica entre otros países, dio clases en las instituciones de mayor excelencia del mundo, se cansó de recibir premios pero siempre dijo que soñaba con “científicos cuya obra beneficiara a nuestro país, nuestros compatriotas y la especie humana”. Su frase más rutilante fue: “La ciencia no es cara. La ignorancia es cara”.
Su vida es un testimonio pero también un camino para transitar. Es un amuleto contra la Argentina trucha de los chantas, los corruptos y los autoritarios que tanto mal nos hizo a los argentinos durante tanto tiempo.
La memoria del doctor Houssay es un talismán al que tenemos que aferrarnos para construir un país mejor para nuestros hijos. Con más ciencia y menos ignorancia. Con más austeridad franciscana y menos frivolidad. Con más decencia y menos corrupción. Un país que se ponga de pié y sea admirado en el mundo. Como el doctor Bernardo Houssay, que ojalá nos ilumine para derrotar a todos los virus.

Crónicas de guerra El cumpleaños de un padre doble – 9 de abril 2020

Parte diario: 1795 contagiados. 70 muertos. 365 recuperados.
Estoy solo en mi casa. Guardado, como corresponde. Cumplo la cuarentena porque siempre cumplo las normas que nos permiten vivir más o menos civilizadamente en sociedad. Pero además, cumplo con el aislamiento en defensa propia. Porque hoy cumplo 65 años y estoy en los grupos de riesgo. No solo por edad. También soy diabético igual que mi padre y mi Bobe Rosa y porque también tengo una alerta coronaria: me tuvieron que colocar un marcapasos hace años.
Estoy solo en mi casa y a veces las cosas se hacen difíciles pero no me quejo. Soy un privilegiado que tengo un departamento amplio por el que puedo caminar, un balcón que da a un árbol maravilloso y no me priva del sol que me acaricia por las mañanas. Disfruto de manejar el silencio, las palabras y la música cuando quiero. Mientras escribo esta columna, no hay un solo ruido, y se sienten las teclas que golpeo, casi como el trote de un caballo. Pero cuando termina el programa y me saco los auriculares, pongo música y canto y bailo. A veces una chacarera de la Sole revoleando el poncho, a veces tarareo con Palito alguna canción que me llena de felicidad y alegría o me inyecto raíces de identidad con música klezmer que también bailo como si fuera un casamiento con jupá y todo.
Soy un privilegiado porque estoy solo pero profundamente acompañado. No me alcanza el tiempo para contestar mensajes y correos de felicitaciones. Estoy desbordado, porque estoy solo pero rodeado de afecto y de mucho más reconocimiento profesional del que merezco. Tengo amigos de oro que cuido como el oro. Uno de ellos, Santiago Kovadloff, me dejó un audio donde me elogió como periodista, como amigo y también como padre. Ya lo había hecho en la contratapa del libro “Cuidate Changuito” cuando escribió: “Poco cuesta imaginar, también la emoción de ese hijo a quien la vida honró con la admiración de su padre. Es que Diego Leuco, dice Kovadloff, ha entendido que significa heredar. Heredar es transformar lo recibido mediante los propios recursos creadores.” Como si fuera magia, el otro amigo que puso su opinión en esa contratapa, Jorge Fernández Díaz, me llamó al minuto.
El había escrito: “Alfredo prueba que la paternidad puede ser una de las bellas artes: Diego es su obra maestra”.
Y eso me conmovió. No lo puedo evitar. La palabras padre o hijo me humedecen la vista y me hace temblar la voz. Siempre. Otro amigo mucho más reciente, igualmente inteligente, que vive en Madrid, Víctor de Cambra me mandó como regalo una nota escrita por Rebeca Alcántara Garrido. Su título me pegó en el alma: “Padres de nuestros padres”. Es de una observación y sensibilidad tal que me empujó a reflexionar sobre esa nueva realidad que la pandemia vino a instalar.
Porque es cierto que hoy nos hemos convertido en padres de nuestros padres. A todas las personas que conozco y que tienen la suerte de tener a sus viejos vivos, los escuché preocupados y ocupados por ellos. Cada uno a su estilo y a su manera. La mayoría los llama por teléfono dos o tres veces por día. ¿Cómo andas Mamá? ¿Tomaste los remedios?. ¿Viste el programa de Mirtha? Si ya sé que ahora está Juanita. ¿Ya cenaron? Que preparaste. Ni se te ocurra salir. Que te hagan las compras en el súper o en la farmacia. Abrigate que se está poniendo frío. No te vayas a engripar. ¿Te vacunaste? Jamás en la vida pensé que iba a decirle a mi vieja que se abrigara. Fue el consejo, casi una orden, que me dio durante toda la vida compartida bajo el mismo techo. Es una perfecta idishe mame. ¿Me habré convertido en un idishe hijo? Milagros del virus. ¿Llevate una camperita, nene? El nene, que era yo, se llevaba la camperita para que se quedara tranquila, pero después, volvía de bailar, en camisa y a las seis de la mañana. Y si tenía suerte, se quedaba a dormir en un mueble con una señorita. En Córdoba le decíamos mueble o amoblado o globo a los hoteles alojamiento. ¿Y la campera? En la mano. Hoy soy yo el que le dice cuídate. Te quiero mucho, vieja. Cuidálo a Papi. ¿Vino el médico? Que no coma con tanta sal. Dale, pásame con él. Yo pienso que “ojalá me escuche”, porque mi viejo tiene 95 años y está muy bien de salud. Pero un poco sordo. Y se me llena de felicidad el corazón porque me escucha. Me pregunta por Diego, me dice que no trabaje tanto, que no le pegue tanto a Cristina y yo le digo que se abrigue y que siga leyendo todo lo que pueda como hizo toda su vida.
Ayer hicimos una video conferencia por Zoom y fue algo maravilloso. Porque no puedo volar urgente a Córdoba para abrazarlos como me gustaría. A besarle la pelada a Mayor y a acariciar la cara de Esther. Pero nos vimos todos. Como si fuera un seder en la nube. Desde distintos lugares del planeta aparecimos todos en la pantalla. Y la sonrisa de mis viejos no entraba ni en el living de su casa. Se le pasaron todas las ñañas en un segundo.
Todos los que conozco hacen lo mismo. Marcelita Giorgi con su viejo, el tano. Algunos organizan cosas para que ellos se entretengan. Les hacen juegos de ingenio o de memoria por teléfono como ellos nos hacían juegos a nosotros para no aburrirnos. Ayer cantamos canciones los hijos, los nietos y los bisnietos. Canciones de Pésaj. Manishtaná, Alaila Hazé, por ejemplo que en castellano se pregunta porque esta noche (por la de anoche) es una noche especial. Es la noche de la libertad. El fin de la esclavitud de los judíos. Por los siglos de los siglos.
Pero cuando leí la nota de la periodista española, me cayó la ficha. Diego hace lo mismo conmigo y con Silvana, su madre. Nico y Mica hacen los mismos con Adriana a la que amamos. Todos fueron hijos con grandes mamas que los cuidaron y estuvieron siempre pendientes. Ellos nos trataron de tener entre algodones y ahora somos nosotros los que queremos ponerlos en una burbuja, a resguardo del bichito maldito de la corona. Que nadie tosa ni les estornude cerca. El querido Tato Young un día me dijo que “tener hijos es tener miedo para siempre”. Una gran verdad. Ahora se puede agregar: “Tener padres es tener miedo para siempre”.
Ahora soy yo el que les digo: “Tengo el celular prendido toda la noche. Llamáme por favor para cualquier cosa que necesites”. Qué loco. Si estoy a 700 kilómetros. ¿Qué podría hacer? Solo llamar a mi hermana. Hay que decir que siempre extrañamos a nuestros padres y a nuestros hijos. Pero hoy los extrañamos más que nunca. Incluso a los que ya no están. No podemos ir a sus casas y ellos no pueden venir a las nuestras. Muchos lloramos, porque sentimos pánico de no volver a verlos, pero lloramos para adentro para no asustarlos, dice mi colega española.
Siempre le dije que los Lewkowicz somos de lágrima fácil. Creemos que el que no sabe llorar, no sabe reír. Y hay un concepto que nos articula entre las distintas generaciones: no nos arrodillamos ante nadie y tampoco nos interesa hacer arrodillar a nadie. El sometimiento es la base de la esclavitud. Y nuestro pueblo viene peleando contra todas las discriminaciones y el odio desde tiempos inmemoriales.
La nota que me mandó Víctor, dice que hoy, cuando hablamos con nuestros amigos, le preguntamos por sus padres y antes lo hacíamos por sus hijos.
Extrañamos sus abrazos, sus consejos, sus achaques y los aromas que venían de la cocina.
Que insólito es todo. Una locura.
Lamento que se le haya roto el celular a mi madre. Por esa pantallita le mandábamos fotos y videos de toda la familia. Algún himno como el Ava Naguila, por ejemplo. Y cada tanto hacíamos una video llamada. Pero pronto lo vamos a solucionar. Cuando abran los negocios y se pueda comprar un nuevo telefonito.
Esto confirma que el virus es tan poderoso que, incluso, dio vuelta hasta el devenir de los tiempos. Alteró la descendencia natural. Hoy se armó algo que tal vez podamos llamar ascendencia. Es Diego el que me llama a mí para saber si necesito algo y para decirme que me cuide. Lo hace conmigo y con su madre. Y yo soy el que le pide a mi vieja que se ponga un saquito y a mi viejo que no se olvide de tomar los remedios. Cambia todo cambia.
Seguimos siendo padres de nuestros hijos pero hoy más que nunca también somos padres de nuestros padres. Por eso este es un cumpleaños muy especial. Porque estoy solo pero tremendamente acompañado. Algo muy importante, cambió. Ahora al “cuídate changuito” de siempre, le agrego “cuidáte viejito, cuídate viejita”. Tengo un cumpleaños muy feliz. Soy dos veces padre. La vida te da sorpresas.