Justicia por Débora – 22 de julio 2019

El inició del juicio que tanto esperamos para que Débora descanse en paz, fue realmente conmovedor. En la primera audiencia, la anestesista Nélida Puente aseguró que no tuvo ninguna responsabilidad. Su testimonio fue descarnado: “Yo no voy a decir si el endoscopio la mató o no. Pero lo único que ingresó al cuerpo de una paciente sana fue el endoscopio y hubo una perforación del esófago”.
Todos miraron al endoscopista Diego Bialolenkier que solamente dijo que era inocente y que iba a declarar más adelante, algo que está entre sus derechos.
Ambos están acusados de homicidio culposo y podrían recibir una pena de hasta 5 años de prisión y 10 de inhabilitación.
Hay 58 testigos citados y la familia y sus compañeros de trabajo cuestionamos al juez Javier Anzoátegui por demorar tanto tiempo la causa y por eso fue denunciado ante el Consejo de la Magistratura por mal desempeño. Diego Pirota, el abogado de la familia ruega que la sentencia sea justa pero duda de la parcialidad del magistrado.
Como una señal del destino todo se hizo en el salón de los Derechos Humanos del Palacio de Tribunales donde en 1985 se desarrolló el juicio a las Juntas Militares que perpetraron el terrorismo de estado. Débora entre otras virtudes, fue siempre una defensora de la democracia, la libertad y los derechos humanos.
Todos queremos saber que pasó aquel 6 de febrero de 2018 en el sanatorio de la Trinidad de Palermo. Todos queremos que se haga justicia por Débora y que no haya impunidad para los culpables.
Ya pasaron 17 meses de la muerte de Débora Pérez Volpin y todavía siento en el alma ese silencio atronador de una gigantesca redacción llorando frente a las computadoras. Todavía me rebota en la cabeza y en el corazón la noticia que jamás hubiéramos querido dar.
Primero aparece el crespón negro en la tele y después sus compañeros que la recuerdan como lo que fue: una gigantesca mujer que se destacó en casi todo lo que hizo.
Aquél día, el periodismo argentino estuvo de duelo. Su partida nos desgarró el corazón a todos. Es que Débora era una persona luminosa. Gran madre presente y atenta de Agustín que a los 22 años sigue su camino y estudia “Comunicación” y Luna, de 19 que ya estudia Arquitectura. Obviamente son los que más la extrañan.
Débora tenía un carisma que traspasaba los televisores para llegar pleno a todos los hogares. Su sonrisa contagiosa. Su inteligencia infrecuente, su formación intelectual y su sensibilidad social para entender que este oficio maravilloso siempre tiene que estar al servicio de una sociedad más justa. Por eso era capaz de hacer cualquier tipo de cobertura. Desde la más profunda y triste en una catástrofe hasta la nota color jugando a las palabras graciosas con Carlitos Balá. No se le recuerda ningún error grave. Era perfeccionista, gran lectora, deportista, amante de la naturaleza y de una belleza fresca que fotografiaba de maravillas en la tele. Integró la línea fundadora de TN. Primero como astuta productora y luego bajando a tierra aún a los temas más complejos. Siempre preocupada por lo social. Por visibilizar las injusticias y tratar de encontrar las soluciones. Primero en su militancia universitaria en Franja Morada, subida a la primavera democrática de Raúl Alfonsín. Egresada del colegio Nacional Buenos Aires y de la carrera de Comunicación de la UBA. En ambos establecimientos educativos participó de las revistas que hacían los alumnos. Era el orgullo de sus hijos y de sus padres. Hace tres años falleció Aurelio Pérez Volpin un médico solidario que fue director del Hospital Fernández. Ella siempre entendió el periodismo desde su ética más fundacional. Siempre del lado de las víctimas. Tratando de cumplir la misión de este oficio maravilloso que es acomodar a los incomodos e incomodar a los cómodos.
A los 50 años, en la cima de su carrera profesional, tomó la decisión corajuda de pegar un volantazo a su vida. O de comenzar la segunda parte de su vida. El periodismo no le alcanzaba para ayudar a los que más necesitan. Y resolvió dar el salto a la política. Todos los colegas perdimos una gran periodista pero la política ganó una persona excelente y de una ética a prueba de balas. Aceptó la convocatoria de Martín Lousteu, se sumó a “Evolución”, nombre que fue casi como una metáfora de sus sueños y fue electa legisladora por la ciudad. Quiso el destino que solo pudiera participar de una sesión en la Legislatura porteña. Pudo votar el presupuesto y prepararse para recorrer los barrios detectando problemas y aportando soluciones. Estaba feliz, de muy buena onda como siempre, en esta nueva etapa de su vida.
Estaba casada con otro colega, el periodista deportivo Enrique “Quique” Sacco y el camarógrafo Marcelo Funes fue su primer marido y el padre de sus hijos. Hasta en los afectos más profundos estuvo ligada al gremio. Su voz cálida y su dicción perfecta levantaba a medio mundo con alegría con su saludo “Arriba remolones”.
Es cierto que trabajó en Clarín y La Nación y en esta querida radio Mitre hizo un gran programa que me contaba como oyente fiel. Pero ella fue nacida y criada en la tele. La luz roja que se prende, la cucaracha por la que recibe indicaciones, el maquillaje, la urgencia, el stress, las horas de guardia y los móviles más variados. En el clip de homenaje se la puede ver en la cumbre de las montañas, vestida de buzo para dar testimonio bajo el agua, denunciando como gente muy humilde revisaba la basura o compartiendo una receta de cocina rica y barata con una grande del mundo gourmet. Una cobertura en fuerte apache la muestra diciendo frente a cámara: “hay una lluvia de balas”. Nada de lo humano le era ajeno.
Débora es un nombre de origen hebreo que significa abeja trabajadora. No abeja reina. Nunca se la creyó ni tuvo aires soberbios de diva. Ganó el Martín Fierro en el 2014 y el afecto de todos los que conocieron su actitud de entrega. El dolor de un periodista que está “en vivo y en directo”, debe ser ocultado por el profesionalismo y el oficio. Pero aquella noche nefasta de hace un año pude ver a muchachos que no pudieron frenar sus lágrimas y su congoja. Su productor de tantas notas, Gustavo Tubio estaba desencajado. En maquillaje, la sensibilidad del Bebe Contemponi repetía que era una mentira, que Débora estaba viva.
Pero la verdad dolorosa es que Débora murió por algo absolutamente infrecuente. Es bajísimo el porcentaje que se muere durante una práctica médica sencilla como una endoscopia: solo el 0,04%.
Todos estamos esperando que se haga justicia por Débora. No por venganza. Quique, el amor de los últimos 7 años de Débora que sigue viviendo con los hijos de ella, dijo que no sienten odio ni rencor y que tampoco creen en la mala intención. Pero que quieren que se sepa exactamente la verdad de lo que pasó para que este caso contribuya para que no vuelva a pasar.
La familia de Débora, merece nuestro respeto y nuestro abrazo y el sentido pésame. Muchos televidentes y oyentes sintieron que se murió alguien de su familia. Un ser querido. Porque eso era Débora Pérez Volpin: un ser querido y querible. Por eso semejante conmoción. Por eso tanta repercusión e interés. La vida de un periodista, obviamente, vale igual que la de cualquier persona. Pero su trabajo le permitió entrar a la casa de mucha gente y compartir el desayuno informativo o un momento especial. Eso no se olvida fácilmente. El televisor puede estar encendido todo el día. Pero no todos los periodistas son autorizados por el alma del ciudadano a que ingresen en su intimidad y se sienten a su mesa. Eso es solo para los elegidos: como Débora.
Siempre fue Débora, la compañera sin igual, la que nunca aflojó ni en las más difíciles, la luchadora temprana por los derechos de la mujer y en contra de la violencia de género.
Aquella noche maldita entré a la moderna redacción de TN y Canal 13. Parece la Nasa y siempre hay bullicio y gritos urgentes. Sin embargo vi a decenas de colegas llorar en silencio frente a las pantallas. Fue un cachetazo brutal, a traición, inesperado, lacerante. Ella era puro profesionalismo, buena onda personal y una profunda vocación de servicio. Desde el periodismo y desde la política. Quería una ciudad moderna y de iguales.
Débora Pérez Volpin tenía mucho para dar. Proyectos maravillosos y la otra mitad de su vida por delante. Todos la extrañamos. Débora presente: Hasta la justicia, siempre.

Fontanarrosa, un amigo – 19 de julio 2019

Hoy es viernes y me quiero dar el gusto de mixturar dos acontecimientos. Hoy se cumple un nuevo aniversario de la partida de ese genio llamado Roberto Fontanarrosa. Y mañana es el día del amigo. Creo que no me equivoco demasiado al decir que el Negro querido era una máquina de cosechar amigos y que muchos sentíamos que Fontanarrosa era un amigo de todos.
Me pregunto: El Negro ¿Se habrá enterado que la ley 27.100 instituyó su día de nacimiento, el 26 de noviembre como Día Nacional del Humorista?
Yo sé que el Negro se murió, aunque me cuesta procesarlo. Porque sigue siendo el símbolo de la amistad frente a un pocillo de café. Ya pasaron 12 años y todavía no lo puedo creer. Un día como hoy pero de 2007 estábamos despidiendo el cuerpo del Negro Fontanarrosa, artista de la patria. Por los siglos de los siglos debemos repetir: Gracias por tu humor nacional y tu sabiduría popular elevada a la máxima potencia literaria. Gracias por re-inventar el realismo costumbrista argentino. Por conocernos como nadie y por mostrarnos con ternura. Gracias por escribir como los dioses y no calentarse porque las capillas literarias jamás te reconocieron. Los dogmas elitistas nunca encajaron en tu barrio.
Gracias Negro por ser amigo de los negros. De los futbolistas como el Negro Palma, o del Negro Caloi que después fue a visitarte en un desgarro que nos dibujó muchas lágrimas en el alma.
Gracias por ser amigo del Negro Crist, es decir esa magia que dibuja llamada Cristóbal Reynoso o simplemente Mandrú, para los amigos del vino manso y la servilleta garabateada con la creatividad de los talentosos. Me resulta de una hermandad cargada de ternura que Crist haya hecho tus dibujos cuando esa enfermedad maldita te había paralizado la mano santa.
Gracias por comprender enseguida que en el vuelo de la palomita de Aldo Pedro Poy hay más poesía que en mil libros. Botines si, libros también.
Gracias por haberte mezclado con los cordobeses de Hortensia para jugar en primera. Por haberte entreverado con Serrat y Les Luthiers para ganar todos los campeonatos del talento y la ética profesional. Gracias por el coraje de Satiricón y Humor donde había que poner la tinta y los huevos cuando no era fácil. Por ese Inodoro Pereyra con que celebraste el nacimiento de mi hijo Diego y el Mendieta diciendo: “que lo parió”. Lo tengo al lado de la foto que nos sacamos con el Zorro, en tu Rosario siempre estuvo cerca, muy cerca de la Mesa de los Galanes. Estaban el Pitu y el colorado Vázquez que son más enfermos de Central que vos. Gracias por ayudarme a arrancar a mi hijo de la pantalla de la computadora para meterlo de lleno en los libros por tu camino del fútbol hecho arte y escritura. Por haber sacudido toda la formalidad del Congreso de la Lengua y reivindicar ante los académicos más rigurosos y circunspectos el valor de las malas palabras que no son tan malas. Vos consagraste que pelotudo y mierda son términos irremplazables, pura contundencia y melodía.
Gracias Negro Fontanarrosa por ese Boggie tan aceitoso y combativo que sin bajar línea ni levantar el dedito marcaba los límites de la paz y la convivencia frente a la prepotencia de los poderosos y mercenarios armados hasta los dientes y mascando chicle. Nunca te gustaron los sacerdotes del dogma ni las verdades reveladas. Hoy te burlarías del pelo naranja y las ideas negras de Donald Trump. Menos Mc pato que tramposo.
Gracias por ser tan Rosario desde las mesas de El Cairo porque siempre estuviste cerca como ese Rosario que es una colección de tardes preciosas en la voz de Lalo de los Santos. Si supieras que el Monumento Nacional a la Bandera te homenajeó con la enseña flameando a media asta.
Pero hoy más que nunca, tenemos que decirte gracias por elevar a la categoría de mito el valor de la amistad, justo unas horas antes del día del amigo que fue el día en que te despedimos con lágrimas y risas. Gracias por dignificar el cielo que vas a dibujar hasta que vuelvas a la vida. Gracias por edificar un paraíso como un bar para hablar de fútbol y de minas. Gracias por la emoción de ese momento tremendo cuando para agradecer una de las miles de ovaciones que te brindaban dijiste: “Valoro mucho el grito de esta hinchada porque estoy jugando con ocho jugadores”. Era tu forma de decir que estabas en esa maldita silla de ruedas, con tus músculos desflecados y con tu cabeza más lúcida que nunca. Hoy tenés tu lugar eterno en las tribunas del gigante de Arroyito y se siente tu risa, tu aliento y tus puteadas al árbitro. Era tanta tu ironía y la forma de burlarte hasta de tu enfermedad que un día, rodeado de gente que se persignaba ante tu presencia frágil le dijiste a mi compadre Daniel Milicich: “Zorro, por momentos me siento el gauchito Gil”.
El Menchi Sabat, otro gigante compañero tuyo en Clarín que también fue a tu encuentro en lo alto, escribió como prólogo de la tercera entrega de tus libros: “ Fontanarrosa tuvo la capacidad de generar historias y desarticular lenguajes que parecían cristalizados y destinados a un oscuro lugar en el inodoro de la historia”.
Los argentinos te debemos mucho, Negro Fontanarrosa. Nos llenaste el alma de milagros cotidianos. Nos hiciste muy felices. Por eso seguimos tan golpeados ahora al recordarte. Y eso que inventaste el más grande de los milagros, lograste que un canalla llegue al cielo y haya fiesta, con vuelta olímpica y todo. Gracias Negro Fontanarrosa. Extrañamos tanto al Negro. Hace 12 años que le decimos adiós al amigo al que despedimos un día del amigo. Organizá para mañana un picado entre las nubes. Y después una picada en un bar de morondanga Eso sí, invitá a los amigos. Y no te mueras nunca, negro querido.

AMIA, 25 años impunes – 18 de julio 2019

Una vez más, sentimos un agujero negro en el alma y el frío corrió por la espalda de la República Argentina. Las sirenas de los bomberos, ambulancias y policías a las 9.53 fueron un alarido que exigió justicia para que los muertos de la AMIA descansen en paz. Fernando Bravo y toda su sensibilidad, se quebraron al anunciar la vela y la rosa que se colocó ante el nombre de cada víctima. Las lágrimas fueron interminables cuando subieron Sara y Iara la madre y la hija del fiscal Alberto Nisman.
Sofía Guterman, la madre de Andrea Judith de 28 años, fue la voz que más claro habló. Su hija, maestra jardinera quedó para siempre entre los escombros mientras esperaba su turno en la bolsa de trabajo. Sofía dijo muchas verdades. Contra Irán dijo que los países terroristas protegen terroristas y que por eso los asesinos están libres. Contra Cristina Fernández de Kirchner dijo que “hubo pactos espurios con Venezuela, base del terrorismo en América Latina” y que “el nefasto pacto con Irán no fue una ingenuidad – como Cristina dice en su libro- , fue una traición a los 85 víctimas y a toda la sociedad argentina. Con el terrorismo no se pacta.” Para buscar la verdad apoyó el juicio en ausencia de los criminales y reclamó que se combata el financiamiento de Hezbollah en la Triple Frontera: “Cada dólar que recaudan es un posible muerto más”.
Hace tiempo que vengo diciendo que el 27 de octubre, los argentinos, vamos a elegir mucho más que un presidente. Vamos a optar entre dos modelos de país absolutamente antagónicos. Uno republicano y con todos los aciertos y errores de una democracia que representa Mauricio Macri y otro autoritario, nacional populista y cleptocrático y antidemocrático que encarna Cristina.
En todos los planos aparecen estas dos caras de la moneda. Macri condena la narco dictadura de Nicolás Maduro. Y Cristina calla y por lo tanto otorga, cuando no se pronuncia ante la denuncia de Michelle Bachellet por los más de 6 mil asesinatos cometidos por el chavismo. Si Videla asesina, es terrorismo de estado. Si Maduro asesina, es revolución emancipadora. Hipocresía e ideologitis en estado puro.
Lo mismo ocurre a la hora de analizar el atentado terrorista más grave que sufrió la Argentina con la voladura de la AMIA, que, en un instante, destruyó a 85 personas. Hoy se cumplen 25 años de impunidad y es necesario mostrar lo que piensa y lo que hizo cada uno.
El presidente Mauricio Macri decretó duelo nacional para que las banderas expresen su tristeza a media asta. Y también creó por decreto el Registro Público de personas vinculadas a actos terroristas o a su financiamiento”. Este organismo que dependerá del Ministerio de Justicia será el encargado de recibir las denuncias para caracterizar como grupo terrorista a Hezbollah. La Unidad de Información Financiera ya dio el primer paso.
Es muy sanador comenzar a llamar a las cosas por su nombre y avanzar en el juicio, castigo y condena a los culpables.
Porque hoy se sabe todo o casi todo.
Pero no pasa nada o casi nada.
No hay un solo responsable preso.
Sin embargo la rigurosa y valiente nota de Nicolás Wiñazky de hoy en Clarín, demuestra una vez más, que fue Hezbollah la banda autora material de los crímenes de lesa humanidad de la embajada de Israel y la sede de la AMIA. Incluso hay serias sospechas de que también hayan sido los asesinos del fiscal Alberto Nisman en lo que se considera una suerte de tercer atentado.
Actuaron casi las mismas personas. Utilizaron la misma metodología. Están todos identificados. Nico hizo una revelación impactante :Estos salvajes fanáticos del odio racial enterraron en el Parque Centenario de esta Capital parte del material necesario para construir las terribles bombas que mataron a 29 personas primero y a 85 después, en los atentados más graves que sufrió una institución judía después del holocausto nazi.
Hezbollah es la milicia más irracional y mejor equipada que cuenta con 60 mil soldados dispuesto a todo y según la justicia argentina es la responsable de tanto crimen y tanto terror en nuestro país. Es una organización chiíta cuyo jefe es Hassan Nasrallah y que responde a Irán que es la nación que más promueve el terrorismo en el mundo y que acaba de avanzar hacia la ruptura de su pacto nuclear con occidente. Están enriqueciendo uranio muy por encima de lo acordado y la teocracia que lidera el ayatollah Ali Jamenei no está dispuesta a colaborar con el esclarecimiento de los atentados criminales en la Argentina.
Con esa gente, Cristina Fernández intentó llegar a un pacto tenebroso y cómplice.
Hoy Alberto Fernández sufrió una mueca del destino. Uno de los 85 muertos en la AMIA se llama Alberto Fernández, tenía 54 años y estaba despachando en su panadería. Una casualidad feroz.
Alberto Fernández, candidato a presidente que trata en vano de darle a su jefa Cristina un nuevo relato mentiroso de prudencia democrática, fue tal vez el dirigente que más duro castigó por este tema a su compañera de fórmula.
El 16 de febrero de 2015 escribió una nota en el diario La Nación titulada “Hasta que el silencio aturda a la presidenta”. Fue demoledor y por eso lo citó el juez Claudio Bonadío.
Alberto dijo que Cristina “se indultó a sí misma apropiándose de la verdad, de la Patria y hasta de la alegría y condenó cínicamente a los que quedamos agobiados por lo patético de lo ocurrido”.
Estoy citando textual su opinión sobre el magnicidio del fiscal Alberto Nisman.
Pero eso no fue todo. Escuche por favor: “Cristina sabe que ha mentido y que el memorando firmado con Irán sólo buscó encubrir a los acusados. Nada hay que probar. Merced a ese pacto, la evaluación de los hechos quedaría en manos de una comisión que funcionaría en la patria de los prófugos y en la que la mayoría de sus miembros debería contar con el acuerdo iraní.”
Es impecable la precisión de la acusación del profesor de la facultad de Derecho y ahora testaferro de Cristina en la boleta presidencial. Se preguntó de inmediato: ¿Para que pactaron ambos gobiernos notificar a Interpol lo acordado, si no era para levantar los pedidos de captura librados?”
Alberto también arremetió contra los legisladores cómplices de Cristina y Héctor Timerman: “Irónicamente, senadores y diputados legitimaron con sus votos el encubrimiento de los presuntos asesinos. No es la primera vez que se actúa de ese modo. También encubrió la corrupción de su vicepresidente expropiando una empresa fabricante de moneda y logrando que los votos de diputados y senadores legitimaran el ocultamiento de pruebas.
Sólo un necio diría que el encubrimiento presidencial a los iraníes no está probado.”
¿Escuchó? Le repito: Alberto escribió que “Sólo un necio diría que el encubrimiento presidencial a los iraníes no está probado”. Para su mala suerte, encima se refiere a Amado Boudou y el robo de la fábrica de hacer billetes y justo hoy la Cámara Federal de Casación confirmó la condena de ese atorrante de estado a 5 años y 10 meses de prisión por ese delito.
El final de la denuncia de Alberto contra Cristina estremece porque ahora comparten la posibilidad de conducir nuevamente la Argentina. ¿Quién cambió? ¿Los dos o ninguno? Con estos conceptos Fernández Alberto cerró su brutal sentencia de Fernández Cristina: “Para entonces ya no habrá palabras. Sólo hablará el silencio. Como en la música, será el silencio el que erice la conciencia de quien traicionó el reclamo de justicia de los 85 muertos en el atentado contra la AMIA y el que deje al descubierto el encubrimiento intentado. Y será el silencio el que descubra la magnitud de la tragedia vivida. La misma tragedia que Cristina sólo podrá negar hasta que el silencio la aturda.”A confesión de partes, relevo de pruebas.
En ese mismo escenario, estuvo mi hijo Diego como orador y yo cumplí esa misma tarea cuando se cumplieron 10 y 20 años de impunidad.Fue muy emocionante lo que me tocó vivir en ese momento. Diego, apenas tenía 4 años cuando el mundo se cayó encima del edificio de la mutual judía.
Hoy tiene 29 y habló con una convicción que me convocó a las lágrimas. En aquel momento, Diego estaba viendo dibujitos en pijama con sus primas de Córdoba cuando temblaron los vidrios.
“Esa vibración extraña- dijo Diego- Ni ellas de 12 y 15 ni yo de apenas 4 años supimos en ese momento que ese pequeño temblor que frenó por un instante las risas, ese paréntesis mínimo en los juegos habituales entre primos, en realidad sería la semilla del terror. La planta de la impunidad que siguió creciendo robusta y macabra”.
Para mi hijo: “Amia es nuestro dolor como comunidad. Como familia. Como país. Amia para mí también es esa ventana vibrando en el living de mi casa de Caballito, muy lejos de la explosión y al mismo tiempo tan cerca. Pero ahora Amia es, además, una responsabilidad. La responsabilidad que tenemos los más jóvenes de seguir reclamando justicia. De seguir persiguiendo la verdad. De honrar a nuestros muertos y jamás olvidar. De no dejar que nos quiten los sueño de un país justo y libre. Donde la justicia sea un orgullo. Donde no tengamos que enterrar más muertes impunes, donde no mueran fiscales en cumplimiento de sus deberes. Donde no quieran cambiar justicia por petróleo, cereales o vaya a saber qué cosa.Contra toda esa impunidad luchamos hoy y siempre.
Para que llorar no se vuelve una costumbre. Para que las velas alumbren la oscuridad del crimen de lesa humanidad, de los países que fomentan el terrorismo, de la conexión local, del encubrimiento de estado. Para que nunca más.
Para que solo pidamos la muerte de la muerte para toda la vida. Para que no haya que llevar luto otros 25 años.