Hoy es el día del periodista, el mejor oficio del mundo, según la definición de Gabriel García Márquez.
Muchas veces le dije que desde la recuperación democrática de 1983 nadie había atacado con tanta ferocidad y ensañamiento a los cronistas y a la libertad de prensa en la Argentina como el matrimonio Kirchner. En octubre del 2006, hace doce años, escribí que había una libertad de prensa de bajas calorías, de baja intensidad. Que los Kirchner siempre en su vida política quisieron controlar todo para que nadie los controle a ellos. Por eso persiguieron y siguen persiguiendo tanto a los periodistas como a los jueces y fiscales independientes. Porque no toleran que alguien denuncie los hechos de corrupción o les marque los errores políticos. No toleran. Por eso son intolerantes. Autoritarios. Han agredido a medio mundo, pero sus principales objetivos a destruir fueron y siguen siendo los fiscales, los jueces y los periodistas que no se arrodillan ante sus latigazos ni se dejan domesticar por millonarias pautas publicitarias o prebendas.
Por eso Cristina y todos los que son citados ante la justica con pruebas muy contundentes de los delitos que cometieron, responsabilizan a la justicia y el periodismo. Así lo dicen todo el tiempo. Mienten tan sistemáticamente que terminan por creerse sus propias mentiras.
Victor Hugo, por ejemplo, el gran relator del relato, ya superó la categoría de deglutidor de sapos y se convirtió en el abogado defensor de todo lo que hagan Cristina y sus muchachos. Igual que Horacio Verbitsky. Son la contracara de lo que realmente significa ser periodista. Hoy y siempre. Deberían celebrar el día del alcahuete.
Durante esos doce años de terror, muchos periodistas hicieron muy bien su trabajo. Investigaron, indagaron, buscaron fuentes, revelaron testimonios que luego se verificaron absolutamente. Ese es el periodismo que en el día del periodista hay que reivindicar. El que puede iluminar lo que el poder quiere ocultar. Y hablo de una mirada crítica hacia todos los poderes. El político y el económico. Y hacia todos los gobiernos. También hacia este gobierno de Macri, por supuesto. Esa es nuestra función. La mirada crítica que duda de lo que dicen los funcionarios está en el ADN de nuestro maravilloso oficio. Los que chupan medias y se colocan las camisetas partidarias no son periodistas. Son propagandistas, militantes en el mejor de los casos, o corruptos que cobran fortunas por mirar para otro lado.
La orden que dio Néstor Kirchner a sus empresarios socios, cómplices y amigos fue muy clara: “Compren medios”. Todos lo sabíamos, pero su secretaria más íntima lo confirmó ante la justicia. Miriam Quiroga lo escuchó y lo contó. “Compren medios” podría ser el título de la estrategia histórica que el matrimonio Kirchner desplegó respecto de la comunicación y la información. Desde sus comienzos en Santa Cruz hasta la actualidad, tanto Néstor como Cristina han tenido una obsesión muy fuerte contra el periodismo. Siempre les molestó. Y siempre trataron de domesticarlo, de amordazarlo.
Por eso “compren medios” son dos palabras que demuestran con sinceridad brutal el tipo de democracia autoritaria y con discurso único que siempre pretendieron instalar. ¿Qué significa compren medios? Varias cosas. Primero, el sentido literal. Que los empresarios que se enriquecieron súbitamente gracias a los K adquieran radios, canales de televisión, diarios, revistas y sitios de internet. El negocio es clarito.
La transa es así: Yo te doy una fortuna de pauta publicitaria todos los meses y vos con eso vos te convertís en propietario de un medio que opera para los Kirchner con el dinero de todo el pueblo.
Otra manera de comprar, es apropiarse de los medios del estado. Por definición radio Nacional, canal 7 o TELAM deberían ser de todos los argentinos y reflejar la pluralidad de voces de toda la comunidad. Así funciona la cosa en varios países del mundo. Un medio es de un estado democrático cuando apuesta a la búsqueda de la verdad y abre el juego de las opiniones a todo el espectro político. La BBC de Londres es el mejor ejemplo y el más utilizado. Acá los Kirchner transformaron esos medios estatales en voceros partidarios, facciosos, casi solo de una agrupación: La Cámpora.
Allí solo se expresaba el cristinismo en forma escandalosa. Decían y hacían lo que querían, como patrones de estancia que es su verdadera ideología. Y de paso, incorporan una novedad nunca vista en democracia. Convirtieron a sus medios en una maquinaria publicitaria gigante pero, también en un pelotón de fusilamiento de todo dirigente
o periodista que tuviera la audacia de criticar al gobierno de Cristina. Eso es autoritarismo mediático. Hegemonía partidaria. Y los medios presuntamente privados, alimentados por el dineroducto de la pauta publicitaria hicieron lo mismo. Pero como no entendieron ni quisieron entender nunca el periodismo cometieron la torpeza de hacer un oficialismo chupamedias que le quitó las ganas aún a los más fanáticos. Nadie quiere ver ni escuchar ni leer todo el día elogios y lisonjas.
El resultado fue terrible. Cristina dilapidó montañas de dinero para que se enriquezcan determinados empresarios pero no cumplieron el objetivo mínimo de tener algún éxito de audiencia. Ningún producto surgido de la factoría mediática K le dio resultado al gobierno ni logró buena cantidad de oyentes, televidentes o lectores. Es que le hablaban a los convencidos que cada vez fueron menos. Pero esto es lo que entiende Cristina por periodismo. Lo iguala con un enemigo.
Y por eso ataca con todas sus fuerzas. La docena de años K fueron los de menor libertad de prensa desde 1983. Hubo libertad, por supuesto, de lo contrario, no podría haber dicho todo lo que dije. Pero fue una libertad vigilada, de bajas calorías y que todo el tiempo persiguió al que la ejerció. Castigos de todo tipo: insultos desde los medios adictos y los grupos de tareas de la redes sociales, agresiones callejeras , juicios en plazas públicas, afiches con caras de periodistas a las que se incitaba a escupir, escraches, aprietes a los dueños de los medios para que censuren o excluyan a tal o cual periodista, presión a los empresarios para que no pongan publicidad en los medios independientes, hostilidad desde la AFIP y los servicios de inteligencia, cero apertura informativa, no hubo ni conferencia de prensa.
Estos son solamente algunos de los métodos que utilizaron. Por eso en el día del periodista vale la pena reafirmar la lucha por libertad absoluta. Para que nadie nos diga lo que tenemos que decir y para que nadie nos haga callar. El principal insumo del periodista es la libertad. Y por eso hay que defenderla aunque se paguen las consecuencias.
Hay que denunciar siempre a los que roban para la corona. No importa quien tenga puesta esa corona. “Oscar Alende no se vende”, era el lema de un gran político honesto e intransigente. Frente a la orden de Néstor de comprar medios, no es malo copiarle esa bandera a don Oscar: El periodismo no se vende. Ni se alquila. Ni la dignidad ni la libertad tiene precio. Feliz día a los verdaderos periodistas. Repudio a los alcahuetes de estado que mancillan nuestro hermoso oficio.
Otra vez, morir bien – 6 de junio 2019
Le cuento una intimidad familiar: mi padre tiene 95 años. Está medio frágil en su caminar, escucha poco de un oído, pero tiene una cabeza de una lucidez envidiable. Hace poco fue al médico especialista en gente de esa edad. El prestigioso doctor Carlos Pressman le hizo varias preguntas para chequear como andaba de su memoria: el nombre de los nietos, la dirección de su casa, etc. Y después le preguntó: “¿Don Mayor, usted quiere seguir viviendo? Por supuesto, le contestó mi viejo. ¿Y por que? Lo provocó el médico. Y mi padre, farmacéutico toda su vida, hincha de Talleres y radical, honrado hasta el hueso y ejemplo de la cultura del esfuerzo que trabajó más de 12 horas por día le contestó: ¿Pero doctor, usted no vio la familia que tengo? ¿No vio a mis 8 bisnietos, a mis nietos y a mis hijos? ¿Cómo no voy a querer seguir viviendo?
Me acordé porque ayer leí que el psiquiatra Víctor Frankl, fundador de la logoterapia y sobreviviente de los campos de concentración nazis donde fue asesinada toda su familia, es mucho más descarnado en la pregunta que le hace a sus pacientes en la primera consulta: “¿Y usted, porque no se suicida?
Es una manera de obligar a las personas a que fijemos las prioridades de la vida. Para no lamentarnos por boludeces y para poner la máxima energía en lo que realmente es importante.
¿Y qué es lo importante de nuestro paso por la tierra? Esa pregunta es tan convocante que en su momento escribí una columna que todavía hoy es una de las más viralizadas en las redes sociales. Cada 30 días o menos, recibo desde cualquier lugar del planeta, esta columna que hoy quiero volver a compartir con ustedes por un motivo especial del que ya se van a enterar.
Se trata de encontrar una respuesta a la siguiente pregunta: ¿Cómo vivir bien para morir bien? Debo agradecer un escrito que hizo Mariana Jacobs. Ella trabaja en cuidados paliativos. Es una especialidad de la medicina que se encarga de acompañar a los pacientes en situación extrema y cuando están a un paso de la muerte. Mariana escribió un texto conmovedor donde cuenta todo lo que aprendió en su trato con seres humanos en estado terminal. Quiso compartir esa experiencia que te sacude hasta la fibra más íntima.
Primero, el trabajo.
Dice Mariana que los que se enfrentaban con la muerte inminente le enseñaron que hay que bajar 50 cambios. Que no importa la gravedad que parezca tener lo que te pasa hoy en el laburo. Nada es tan grave. El trabajo es lo que haces, pero no lo que sos. Si nuestra identidad sólo pasa por nuestro trabajo eso se convierte en una fuente segura de sufrimiento y stress. Todo lo que pasa en la vida cuando terminas de trabajar es lo que más valoras cuando todo se termina y entras en el túnel negro. ¿Qué es lo realmente valioso? Ella dice que nunca en todos los años que acompaña a personas hasta la muerte escuchó a alguna que le dijera que le daba pena morirse porque le hubiera gustado trabajar más, ganar más plata o tener un mejor puesto en la empresa. Nunca nadie le dijo algo semejante, ni una sola vez. Claro que esto no significa que el trabajo no importa. Yo agrego que en mi caso, por ejemplo, mi oficio es parte de mi disfrute, de mi felicidad cotidiana porque tengo la bendición de trabajar en lo que amo. Es mi vocación. Es lo que me da orgullo. Siento que me completo como ser humano y que de paso puedo ser más útil a la comunidad en la que vivo y en la que vive mi hijo.
Lo que Mariana dice, y la entiendo, es que a la hora del balance final, todos añoramos a nuestros hijos y a nuestros padres, todos lamentamos no haber compartido más tiempo con ellos y con nuestros amigos, los hermanos de la vida.
Para decirlo en el más crudo castellano: ¿Cuánto tiempo perdimos ocupados y preocupados por tonterías sin tirarnos en el suelo a jugar con nuestros hijos, en contarles un cuento en voz alta, en abrazar fuerte y entrevistar a nuestros padres para conocer más de sus vidas y por lo tanto de nuestras vidas. ¿Cuántas veces por un compromiso formal y laboral postergamos una comida con amigos o una salida al campo o ir a la cancha a gritar por nuestro equipo? En síntesis, cuantas veces nos perdimos de hacer cosas que nos producen felicidad sin ningún otro objetivo que ese. Mi sicoanalista lo sintetiza cuando me dice: tenés que hacer cosas donde vos puedas sacar sin poner. No podes estar poniendo todo el tiempo. El Doctor López Rosetti muchas veces receta de verdad, con formulario y todo y de puño y letra, más sexo, más cine, más encuentros con amigos y familia. Más mimos con tu pareja, más besos, más cama y menos burocracias y pavadas cotidianas. No hay mejores remedios para curar cualquier mal que esos.
Cuando todo se termina, nadie se arrepiente de no haber comprado un auto más caro o de no haber tenido un puesto de gerente más alto. ¿Qué importa cuántas sucursales abriste y que imperio económico pudiste levantar?
Otra enseñanza que los pacientes antes de cerrar sus ojos para siempre le dieron a Mariana es no haber escuchado más lo que le decía su instinto, su panza o su conciencia. Se cuestionan, ¿Por qué aguantaron tanto tiempo a ese jefe que odiaba o se bancó a tal pariente que no podía ni ver?. Nadie lo obligaba y sin embargo se cargaba de broncas y puteadas sin necesidad. La ira se multiplica y luego es difícil extirparla. Hay que patear más tableros. Tener honestidad brutal con nosotros mismos. No pensar en el que dirán. Pensar en lo que más placer me produce. Cuando ya no tenemos más tiempo nos lamentamos de todo el tiempo que perdimos en pavadas a las que solo nosotros nos obligamos.
El tiempo es lo más valioso que tenemos, dice Mariana. Y creo que tiene razón. El tiempo y la calidad que le demos a la utilización de ese tiempo. ¿Por qué no me anime? Tendría que haber mandado todo a la mierda. No me atreví a vivir en otro país. Me autocensuré en mis fantasías.
El tiempo no vuelve. El reloj no retrocede.
A dónde irán los besos que guardamos, que no damos
dónde se va ese abrazo si no llegas nunca a darlo
dónde irán tantas cosas que juramos un verano dice la poesía talentosa de Víctor Manuel.
No hay apariencia que nos haga mejores. Solo se trata de vivir. Y de viajar. Dicen que viajando se fortalece corazón y te hace olvidar del anterior, según el evangelio de San Lito Nebbia. Ojalá que eso suceda así podrá descansar la pena, hasta la próxima vez.
Hay otra carga pesada que nos hace transitar muy lentamente y en forma sufrida. Son las broncas que acumulamos, las facturas que tenemos para cobrar, los odios que nos envenenaron el alma. Los que se mueren lamentan no haber tirado ese lastre por la borda. Le confieso que yo digo esto pero me cuesta muchísimo llevarlo a la práctica. Conscientemente sé que debe ser así. Pero no me resulta fácil que sea así.
Me han hecho mucho daño y me cuesta sacarme la bronca de encima. Y a los que le hicieron daño a mi hijo, confieso que los aborrezco y que no los puedo olvidar tan fácilmente aunque me lo proponga. Le doy mucho valor a la dignidad de las personas y a los que se plantan frente a las injusticias. Hay que tener un coraje y una voluntad que después es muy difícil transformar en olvido. O en memoria. Perdonar, reconciliar, olvidar, borrón y cuenta nueva son cuestiones complicadas. Tal vez la fe religiosa que yo no tengo demasiado ayude a esa liberación. Mucha bronca y odio nos enferma a nosotros y nos hace iguales que nuestros enemigos.
Se trata de valorar lo que se tiene y no lamentarse todo el tiempo por lo que se perdió. De cicatrizar heridas y mirar para adelante. Y de agradecerle a la vida todos los días. Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me dio dos luceros que cuando los abro distinto lo negro del blanco, los dos materiales que forman mi canto, decía Violeta Parra.
Todo finalmente termina en el amor. En el amor a nuestros hijos y padres, a nuestra pareja, a nuestros semejantes. Esa capacidad de dar y recibir afecto nos hace más plenos y felices, aunque suene medio de bolero romanticón.
Mariana aprendió muchas de estas cosas de sus pacientes a punto de morirse. Y ella lo quiso compartir con otra mucha gente. Es una frase que dice para morir bien hay que vivir bien. Que cada minuto valga la pena. Que no aflojemos nunca en la batalla por ser felices y hacer felices a nuestros semejantes. Solo se trata de vivir bien para morir lo más sano posible. Para que la muerte nos encuentre vivos. Sólo se trata de vivir, antes de que sea demasiado tarde para lágrimas.
Nisman, Cristina y Berni – 5 de junio 2019
Vamos directo al corazón del tema. Hay varias novedades importantísimas acerca del asesinato del fiscal Alberto Nisman.
Primero, la confesión de Cristina en una escucha telefónica con Oscar Parrilli donde dice que esta es la causa más complicada y la que más la inquieta. A la luz de los últimos acontecimientos, estas palabras se resignifican.
Lo mismo ocurre con las declaraciones de Alberto Fernández a Nelson Castro en el canal TN. Fueron realizadas el jueves 26 de febrero de 2015 poco después de las 22 horas. Hoy tienen otro valor legal y político porque Alberto es el candidato a presidente elegido por Cristina y ella, está procesada con prisión preventiva confirmada por la Corte Suprema de Justicia y embargada por 50 millones de pesos por el encubrimiento a los iraníes responsables del atentado terrorista más grave de la historia argentina contra la AMIA y que produjo 85 muertos.
Tomás Farini Duggan, el abogado de dos familiares de víctimas, ya solicitó al tribunal que Alberto Fernández sea citado a declarar como testigo. ¿Qué dijo Alberto Fernández? Al comienzo pasamos el audio como testimonio. Pero se lo cuento: escuche porque cada palabra tiene una importancia trascendental. El video está subido a Youtube y por lo tanto se puede corroborar cada palabra.
Alberto contó que se encontró en el supermercado con Alberto Nisman que le dijo que ya tenía probado el encubrimiento. Alberto recordó que se rió y le dijo que “el encubrimiento ya existe, es el tratado, es el acuerdo, es el pacto. Esa es la consumación del encubrimiento. Cristina y Timerman fueron los ideólogos y los impulsores”. ¿Escuchó bien? Esta no es la declaración de un familiar desgarrado por la impunidad ni por un dirigente anti kirchnerista. Lo dice Alberto Fernández, la tercera pata de la línea fundadora del kirchnerismo junto al matrimonio de Néstor y Cristina, el jefe de gabinete de ambos e insisto, el candidato a presidente elegido por la misma Cristina que irá como compañera de fórmula.
Aquella noche Alberto avanzó más todavía. En su carácter de profesor de Derecho Penal de la UBA dijo que “en términos penales, hubo un instigador que fue Cristina y un autor del decreto que fue Timerman”. Es un testimonio demoledor. Y como si esto fuera poco, Alberto agregó que “Cristina hizo dictar una ley que la encubría, hizo aprobar casi una autoamnistía”.
Fernández hoy internado le preguntó al fiscal Nisman, hoy asesinado con un balazo en la cabeza, si estaba seguro de sus investigaciones porque era muy grave desde lo institucional acusar a la jefa del estado. Y el le contestó: “Están hasta las manos, tengo muchísimas pruebas”. Para dar fe de lo que dijo, Alberto aseguró que “todavía guardo el WhatsApp que me mandó”.
Esto que Alberto Fernández confesó por televisión, en vivo y en directo, lo había escrito días antes en una columna en el diario La Nación. Repito: “el acto de encubrimiento es la firma misma del acuerdo. Y el gobierno argentino hizo todo lo necesario para consumar el delito”.
Le recuerdo que el juicio oral y público por este tema fue elevado por el juez Claudio Bonadio hace 15 meses y todavía no tiene fecha de comienzo. Estarán en el banquillo de los acusados además de Cristina, Carlos Zannini que bajó su perfil a menos diez en estos días, Oscar Parrilli y las figuras más violentas de la política argentina: Fernando Esteche, Luis D’Elia y Andrés Larroque, (a) El Cuervo, uno de los comandantes de La Cámpora.
La causa tiene 52 cuerpos y un rebote internacional impresionante. No es común que un fiscal que acuse a la presidenta de un país por encubrir un atentado terrorista aparezca 4 días después asesinado de un balazo en la cabeza.
Y el otro aporte de envergadura lo realizó el riguroso periodista del diario Clarín Héctor Gambini. En la misma tapa del diario publica que “hubo un frenético cruce de 31 llamados entre Cristina y el secretario de seguridad de ese momento, Sergio Berni”. Cristina casi no durmió esa noche. Solo interrumpió sus comunicaciones durante menos de tres horas en la madrugada. Lo más grave es que ambos, Cristina y Berni mintieron. El señor que se movía como Rambo por su casa en el departamento de Nisman dijo que solo habló dos veces con Cristina. Y la presidenta aseguró que ella se enteró por Cecilia Rodríguez, la ministra de Seguridad de entonces. El trabajo de Gambini prueba que ambas aseveraciones son falsas. ¿Por qué mintieron? ¿Qué ordenes le dio aquella noche Cristina? ¿Qué rol cumplió Berni entre 50 personas que contaminaron la escena del crimen pisoteando pruebas y hasta comiendo alimentos traídos desde una rotisería? ¿Borraron pruebas a propósito para encubrir o de puro inútiles?
Cinco de las llamadas entre Cristina y Berni se produjeron adentro del departamento de la muerte en la torre Le Parc de Puerto Madero.
La ministra Cecilia Rodríguez también mintió cuando dijo que al avisarle a Cristina la novedad ella le preguntó: “¿Me estas jodiendo?”. Hoy ella ocupa el mismo cargo pero en la intendencia de Avellaneda del ultra K Jorge Ferraresi.
Le recuerdo que el diputado, fanático cristinista Leopoldo Moreau, escribió que “Nisman se suicidó y el Mossad y los Fondos Buitres inventaron su asesinato”. La inmensa mayoría de los ciudadanos democráticos argentinos se indignó ante la provocación antisemita de Moreau. Ni Luis D‘Elía, el vocero de Irán en Argentina, se había atrevido a tanto. El diputado de Cambiemos Waldo Wolff recordó que “El Marciano”, nunca tan bien puesto el apodo, está procesado por incitación a la discriminación por anteriores declaraciones de similares características. Insiste con su odio discriminatorio porque “extranjeriza al judío” como ocurrió durante el nazismo.
Moreau se atropella con otros alcahuetes por ver quien le chupa primero las medias a Cristina.
Es que el fantasma de Nisman va a perseguir toda la vida a Cristina. Porque ella es responsable de su asesinato. Por acción o por omisión. Cada vez que la justicia avanza, el cerco se cierra más sobre Cristina. Mientras las investigaciones se acercan a la verdad, Cristina se acerca a la cárcel. Hay una gran demanda social de juicio, castigo y condena para los autores materiales e intelectuales del crimen de Alberto Nisman, un magnicidio al que muchos consideran, el tercer atentado después de la voladura de la AMIA y la Embajada de Israel.
El ex canciller Timerman falleció recientemente y por eso prefiero no cargar las tintas, pero hasta su ex jefa política Elisa Carrió lo acusó de haber “traicionado a su pueblo”
Otro cachetazo judicial para Cristina es que la Cámara avaló el informe pericial de la Gendarmería que confirma que Nisman fue asesinado en el baño por dos victimarios, uno manipuló el arma y el otro movió el cuerpo. Dicen que hasta por la morfología de las gotas de sangre es posible establecer que hubo otras personas. Lo golpearon y le fracturaron el tabique nasal y lo drogaron con Ketamina para vencer su resistencia”.
En esta pericia minuciosa y certera hicieron su aporte 24 expertos en medicina legal, balística, acústica, video, planimetría, rastros y expertos en microscopios electrónicos y cromatógrafos. El balazo de la pistola Bersa explotó en el cerebro de Nisman el domingo 18 de enero de 2015 a las 2:46 hs de la madrugada. Nisman no tenía rastros de pólvora en sus manos, el tiro entró por una zona donde no se disparan los suicidas, borraron sus registros del celular y alguien ingresó a su computadora después de su muerte.
Todos recordamos aquella patética cadena nacional que Cristina ofreció toda vestida de blanco y en una silla de ruedas como apostando a victimizarse.
En este tema Cristina fue y vino, varias veces. Dijo que fue un suicidio y después un asesinato. Dijo que se enteró por uno pero después por otro. Un verdadero chiquero declarativo igual que el que Sergio Berni protagonizó en el escenario del crimen.
Cristina no fue capaz ni de darle el pésame a la familia del fiscal. Cero condolencias. Todo lo contrario, ordenó demoler su prestigio y matar nuevamente al muerto pero esta vez con mentiras, y con presunta información de su vida privada. Aníbal Fernández fue el jefe del “Operativo basura” de toda la maquinaria estatal que incluyó el pedido de que metieran presa a la madre del fiscal Nisman. Quisieron instalar que Nisman era imprevisible, un tiro al aire, pero fue un tiro en su cabeza.
Los jueces aseguran que “Nisman no se suicidó ni fue inducido al suicidio. Que no estaba loco ni tenía miedo”. Al contrario, estaba eufórico y contento porque en unas horas iba a exponer toda su investigación ante el Congreso de la Nación.
Todas estas son muy malas noticias para Cristina y su gente en la causa que más la asusta. Cristina comete errores, entra en pánico y actúa como culpable cada vez que este tema vuelve al escenario público. Los K nunca entendieron que la mentira siempre despierta sospechas. La verdad siempre resucita, por más profundo que la entierren. La verdad no se suicida ni se puede sepultar. Por eso Nisman es una bandera de lucha contra la impunidad. Nisman presente: hoy y siempre.