Alfonsín venció a los carapintadas – 18 de abril 2019

“Felices Pascuas, la casa está en orden”. Ya pasaron 32 años de aquel discurso. Quienes estuvimos en la plaza, jamás olvidaremos ese día en que el pueblo en la calle frenó un golpe de estado por primera vez en la historia. Ya pasaron 32 años y recuerdo el coraje cívico de miles y miles de personas que fueron a defender la democracia frente a los carapintadas que se habían levantado en armas. Había de todo. Columnas partidarias organizadas y muchas personas no encuadradas, muchos ciudadanos de a pie que fueron a poner el cuerpo para sostener la libertad y las instituciones. Y en esos momentos los militares todavía tenían poder y poder de fuego. Todavía conspiraban y muchos sectores se negaban a someterse a la ley y al único comandante en jefe de las Fuerzas Armadas constitucional que es el presidente de la Nación. Esos levantamientos de los carapintadas fueron con tanques, con cuarteles tomados, con insubordinación de tropas, armados hasta los dientes y pintados para la guerra. “El chapulín colorado”, le decían a Alfonsín y lo acusaban de ser marxista y vengativo. Era el pasado más nefasto, el terrorismo de estado criminal que se resistía a dejarle paso a la soberanía popular.
Por suerte todos los partidos políticos estuvieron defendiendo la investidura de Alfonsín y su gobierno. Recuerdo que el peronismo, en lugar de golpear la puerta de los cuarteles y ayudar a los golpistas, como hubiera sido en otro momento de la historia, se sumó al balcón para sostener al gobierno elegido por el pueblo. Antonio Cafiero, como presidente del Partido Justicialista dió una vuelta de página y estuvo donde tenía que estar. Saúl Ubaldini, el líder de la CGT llamó a una movilización para defender las instituciones. Igual que los liberales de Adelina Dalesio de Viola. O los partidos de izquierda. De los radicales ni hablar. El partido de Alfonsín movilizó hasta su último militante. “Ojo con tocarlo a Raúl”, gritaban emocionados. Soy un convencido de que la movilización a Plaza de Mayo y a otras plazas del país puso un límite definitivo al golpismo. La gente común, hastiada de muerte y autoritarismo, apostó a la vida y la paz y fue a poner el cuerpo. Los diarios de la época hablan de 500 mil personas. Eran familias enteras que pusieron su corazón a disposición, frente a la Casa Rosada y que estaban dispuestas a marchar sobre los cuarteles si era necesario. Insisto: en esa época, a 32 años, si se corrían riesgos. La dictadura estaba a la vuelta de la esquina. Se había retirado solo formalmente del poder. Estaban agazapados.
Ya pasaron 32 años de aquellas “Felices Pascuas la casa está en orden” y no puedo ignorar que también se puede hacer otra lectura de aquellos días de furia, de personajes nefastos como Aldo Rico o Seineldín, entre otros subversivos. Fueron momentos de mucha tensión. Pudo haber sido una masacre, el comienzo de una guerra civil. Alfonsín salió al balcón exactamente a las 14.40 horas. A la multitud se le cortó el aliento. Dijo con voz de mando que se iba en helicóptero a Campo de Mayo para ordenarle que se rindieran a los sediciosos. Todos ovacionamos su coraje y quedamos a disposición. En muchas plazas del país pasaba lo mismo. La bronca contra la dictadura hervía en la sangre. Mucha gente fue cercando las unidades militares rebeldes. Eran espontáneos que estaban dispuestos a ponerle el pecho a las balas.
El país estaba paralizado. Era un polvorín a punto de estallar. Miles y miles de ciudadanos democráticos desarmados frente a cientos de militares dispuestos a todo.
Ese extraordinario periodista y mejor persona llamado Julio Blanck, que en paz descanse, y yo fuimos los cronistas por Clarín que ingresamos a la Casa Rosada. En esa época de ingenuidad y falta de experiencia democrática, los periodistas podíamos circular por los pasillos con bastante libertad. En un momento ingresamos al balcón histórico de Perón. Nos asomamos y la multitud al registrar un movimiento, inició un murmullo que creció en alarido. Nos escondimos de nuevo, rojos de vergüenza. Todavía conservo esa foto maravillosa en ese balcón. Y la voy a compartir en mis redes y en la de la radio. Julio con sus rulos gigantescos y un saco beige y yo con bastante más pelo y barba negra que ahora y con una campera de cuero.
El presidente rezó unos minutos en la capilla de la Casa Rosada y se fue al territorio enemigo sin custodias ni escolta. Cuando volvió fue más cauto en su lenguaje. Ya no eran sediciosos eran hombres amotinados. ¿Se acuerda de ese momento? “Compatriotas, felices pascuas, los hombres amotinados han depuesto su actitud. Como corresponde, serán detenidos y sometidos a juicio”. Un balde de agua fría cayó sobre mucha gente que sospechó que Alfonsín había negociado. En términos jurídicos, amotinados no era lo mismo que sediciosos. Encima después dijo que eran héroes de Malvinas y empezaron algunos silbidos. Sobre todo de la izquierda y del peronismo. ¿Héroes de Malvinas? ¿Era el momento de decir eso? ¿Cuál era el motivo de ese elogio para quienes unas horas atrás eran fanáticos golpistas? Después se levantaron dos veces más contra decisiones de la frágil democracia. Alfonsín nunca se arrepintió de haber dicho lo que dijo, pero admitió que se pudo haber equivocado.
Para muchos argentinos su prudencia y responsabilidad evitó el baño de sangre. Para otros, esa actitud les sonó a perdón y a negociación. Muchos se sintieron defraudados, traicionados por Alfonsín. Creyeron que había claudicado y que había cedido a los reclamos de los carapintadas.
La historia fue acomodando los tantos en el camino. Para muchos fue la primera gran desilusión en democracia y para otros fue la capacidad de un estadista que resolvió el problema con el menor costo posible en vidas. Alfonsín juró una y mil veces que no hubo pacto ni repliegue.
Argentina pendía de un hilo. El país contenía la respiración y le corría frío por la espalda a la Republica. Hoy emociona escuchar a Alfonsín, ese patriota padre refundador de la democracia decir como dijo “estamos arriesgando sangre derramada entre hermanos y cuando vuelva podremos darle un beso a nuestros hijos y en ese beso decirles que estamos asegurando la libertad para los tiempos”.
Al final de su discurso de regreso, dijo que “Hoy podemos dar gracias a Dios, la casa está en orden y no hay sangre en la Argentina”. Lo cierto es que 44 días después la Cámara de Diputados sancionó la Ley de Obediencia Debida que era el principal reclamo de los carapintadas. Después vino el Punto Final y el Indulto de Carlos Menem que dejó libres a más de 200 oficiales y 100 civiles y la cúpula guerrillera. Después, Aldo Rico, el cabecilla, hizo carrera política en las filas del justicialismo.
Pero aquel domingo de Semana Santa, Raúl Alfonsín pagó un costo político. Tal vez injustamente, mirado a la distancia, se quebró ese romance entre su figura y parte de la multitud. Ese liderazgo arrollador comenzó a desmoronarse y lo pagó en las elecciones. Es uno de los grandes dilemas de los argentinos de aquel día, hace 32 años. Porque ambas cosas resultaron ciertas. Aquel día fue el comienzo del fin de su gobierno, pero también el comienzo del fin de las dictaduras en Argentina. Fue el verdadero comienzo del Nunca Más.

García Márquez x 5 – 17 de abril 2019

Un día como hoy, pero de hace 5 años, un maldito cáncer linfático y una perversa neumonía, se complotaron para asesinar a Gabriel José de la Concordia García Márquez, más conocido como Gabo o Gabito.
Tenía 87 años y su muerte potenció una historia digna del realismo mágico de su pluma iluminada. Porque un poema o una carta de despedida, que ya venía circulando, se viralizó por el planeta con una potencia arrolladora. Ese texto llevaba la firma de Gabriel García Márquez pero el autor no era García Márquez. Él lo desmintió una y otra vez, pero fue absolutamente en vano. La conciencia planetaria de lo que hoy se llamaría fake news o falsas noticias no pudo con la noticia deseada que describió la filosofía de Miguel Wiñazky.
Gabo negó varias veces que esas palabras fueran suyas. Es más, se preocupó porque tanta gente pensara eso de un escrito “tan cursi”. Después, Cabo se disculpó por haber dicho eso del poema pero no pudo torcer la historia falsa que alguien inventó. Hoy, a 5 años de su muerte, miles y miles de personas siguen homenajeando al genio de las palabras con palabras que él nunca escribió. Ni la popularidad ni la amistad de Gabo con casi todos los editores del mundo pudo quebrar el destino de este escrito titulado “La Marioneta” y que pertenece al comediante Johnny Welch y dice así:
“Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas, pero le dejaría que él sólo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres…. He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subirla escarpada.
Me apartaría de los necios, los habladores, de las gentes con malas costumbres y actitudes.
Sería siempre honesto y mantendría llenas de amor y de atenciones a las personas a mi alrededor, siempre trataría de dar lo mejor…
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrá de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.
Trata de decir siempre lo que sientes y haz siempre lo que piensas en lo más profundo de tu corazón.
Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.
Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo, te diría “Te Quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida nos da siempre otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuánto te quiero, que nunca te olvidaré.
El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo.
Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles, “lo siento”, “perdóname”, “por favor” , “gracias” y todas las palabras de amor que conoces.
Nadie te recordará por tus nobles pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos.
Finalmente, demuestra a tus amigos y seres queridos cuánto te importan.
Este texto pasó a la historia porque para mucha gente lo escribió García Márquez y no hay nada ni nadie que les haga entender que no es cierto.
Esta historia del texto, el juego de confusiones y creencias, parece imaginado por Gabo. Como aquel legendario “Cien Años de Soledad” que la editorial Sudamericana publicó en Buenos Aires. Vendió 50 millones de ejemplares, fue traducido a 39 idiomas y fue el empujón para el premio Nobel de Literatura. Pero es maravilloso conocer la crónica de un éxito anunciado.
Un día de 1967 Gabo empeñó un calentador y un secador de pelo y, con ese dinero, pudo enviar los originales de su nuevo libro a la Argentina. La historia del recorrido de “Cien Años de Soledad”, también parece escrita por García Márquez. El mensajero tuvo un accidente en la moto y todos los originales quedaron sembrados por el pavimento mojado. Buenos Aires era una mezcla de Macondo y Paris. Casi un diluvio universal. Esos papeles con las letras corridas pudieron rejuntarse pero ningún editor quería convertirlos en un libro. Creían que era un texto menor de un colombiano desconocido. Sólo Paco Porrúa de editorial Sudamericana se atrevió y el libro comenzó a venderse en cataratas. En 20 días agotó 8 mil ejemplares.
Todos empezaron a hablar de él y por eso Primera Plana lo llevó a su primera plana. Gabo cobró sus primeros derechos de autor y volvió rapidito a la humilde pensión en la que estaba alojado. Acomodó todos los billetes sobre la cama y se tiró encima a dormir la siesta más feliz de su vida. Estuvo 15 días de gloria en Buenos Aires. Nunca más volvió. Nunca más volverá. Es una lástima, pero es como si lo tuviéramos dentro en cada corazón y en cada neurona.
Yo lo recuerdo, erguido, orgulloso aquel día que rechazó el frac para recibir el Nobel y se enfundó en el Liqui-Liqui, el típico traje colombiano. Pero más recuerdo sus palabras tan reales como mágicas:” Una nueva y arrasadora utopía de vida donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde sea de veras, cierto el amor y sea posible la felicidad y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.
Todos los periodistas le debemos mucho. Y los amantes del idioma español, también. El día que murió derramamos lágrimas negras de luto. Con su ausencia sentimos que a nosotros, se nos venían encima los cien años de soledad. Y ya pasaron cinco.

Cristina viene por todo – 16 de abril 2019

Nadie puede decir que fue tomado por sorpresa o que no se la esperaba. Nadie puede decir que no le avisamos: el chavismo autoritario y cleptocrático de los K viene por todo. No me diga que no se acuerda de aquella promesa dicha en voz baja en Rosario. Fue histórica.
Durante algún tiempo era una utopía, una expresión de deseo, una amenaza. Hoy la caída en la imagen de Mauricio Macri y el aumento de la intención de voto de Cristina lo hace posible. Remarco esto. Digo posible. No digo seguro. Hace 5 meses era imposible el regreso de Cristina al poder. Hoy es posible. Ese es el tamaño de la bomba que dejaron y que Macri no supo o no pudo desactivar. Esa es la dimensión del daño cultural y social que hizo el kirchnerismo y que Cambiemos no supo reparar. Después del acto de Avellaneda y de sus discursos, queda claro que la boleta electoral en la provincia de Buenos Aires del 27 de octubre va a ser: “Cristina presidenta/ Axel Kicillof gobernador y Máximo Kirchner diputado nacional”. “Ni sectarios ni excluyentes, camporistas solamente”, podrían cantar. Pero la verdad es que esos tres candidatos son los que mejor miden en las encuestas en cada una de sus categorías. Es una boleta muy competitiva que ese día puede ganarle a la de Macri y Vidal. Le recuerdo un par de cosas para que vea la urgencia que tiene Cambiemos para revertir esta situación. Cristina puede ganar ese día de la primera vuelta y generar un terremoto económico en los mercados y en la dolarización de las carteras como respuesta al miedo que genera la posibilidad de que la jefa de la asociación ilícita que saqueó el estado vuelva al sillón de Rivadavia. Todavía no es para nada seguro que Cristina gane en segunda vuelta. Ya se sabe que a los balotajes los carga el diablo. Hasta puede ganar Macri la presidencia. Pero Cristina, ya habrá logrado dos triunfos impresionantes: aumentar la cantidad de diputados que llevará su bloque a un número cercano a los 90 y sacar de la cancha a la figura política no peronista con más futuro, como es la gobernadora María Eugenia Vidal. ¿Sabe porque? Le recuerdo que en la provincia no hay segunda vuelta. Y que Kicillof retiene la inmensa mayoría de votos de Cristina. Con un solo voto más que el de Vidal, el ex ministro de Economía que no medía la pobreza para no estigmatizar a los pobres, se quedará con la gobernación. ¿Se imagina lo que eso significa para el país y para el futuro? Es un horizonte de terror. María Eugenia Vidal a su casa y Kicillof gobernador. El chiquitín se juega la vida y por eso no para de recorrer la provincia diciendo que Macri te corta la cabeza y que Vidal te pone una curita porque son lo mismo.
Axel la llama despectivamente “María Eugenia Virtual” porque solo aparece por tuiter o en helicóptero y se esconde de la gente en una base militar.
Kicillof se define peronista arriba del escenario sin explicar cuando dejó de ser marxista cristinista y dice que los planes neoliberales de Cambiemos son los mismos de Martínez de Hoz y de Domingo Cavallo, pero no reconoce que fue colaborador del ex ministro cordobés y padre de la convertibilidad.
Llega a tanto su fanatismo para pegar a Vidal con Macri que cae en el delirio: Dice que María Eugenia tiene escondidos los remedios que le faltan a los bonaerenses. Parece una broma macabra. Una locura que no tiene explicación pero en su afán de ensuciar a la dirigente con mejor imagen de la Argentina dice una brutalidad sin más fundamento que sus anteojeras ideológicas.
Se da cuenta del nivel de falsedad y mentira. ¿Cuál sería el motivo o el beneficio de Vidal para “esconder” los medicamentos a los jubilados? Solo Kicillof y su sicoanalista lo saben.
Hay varios planes que el cristinismo tiene pensado ejecutar de inmediato, apenas asuma el 10 de diciembre, si es que esa tragedia ocurre. Veamos:
a) Expropiar los medios de comunicación que según ellos persiguieron a Cristina y su banda.
b) Liberar a todos los presos que ellos denominan “políticos” y recibirlos como héroes en la Casa Rosada. Sería una grotesca caricatura de lo que sucedió en 1973, cuando Héctor Cámpora abrió las puertas de las cárceles para que salieran los Montoneros al grito de “a la lata/ al latero/ libertad a los compañeros”.
c) Copar la justicia para siempre mediante dos mecanismos simultáneos. Por un lado, aprovechar la potencia política del triunfo y el número de diputados y senadores para ampliar el número de integrantes de la Corte Suprema y colocar allí “militantes nuestros que sea audaces y nos respondan sin las timideces que tuvieron otros”, en referencia al doctor Raul Zaffaroni que no se atrevió a quemar su prestigio por Cristina aunque ahora diga que Amado Boudou es inocente y lo argumente en los tribunales. Este copamiento de la Corte lo anticipó Francisco Durañona, pre candidato a gobernador por Buenos Aires y actual intendente de San Antonio de Areco.
El otro instrumento para ponerle a la justicia la camiseta de Cristina es impulsar una reforma Constitucional y que los jueces sean elegidos por el voto popular. Van a poner en comisión a toda la justicia y con su mayoría en el Consejo de la Magistratura van a destituir a los Claudio Bonadio y a otros jueces y fiscales que ellos consideran herramientas de Macri, Trump y de los medios hegemónicos.
Los cristinistas no tienen vergüenza ni estómago para mentir y niegan haya existido lo que gran parte de la justicia tiene probada como la corrupción más colosal producida en democracia. Se han convencido que todo es mentira y que Cristina es una santa y que nadie robó un centavo. Una negación del tamaño de El Calafate.
Alberto Fernández con la cara de piedra todavía sostiene que Cristina no es una ladrona…
Muy suelto de cuerpo y de lengua dice esto pese a las decenas de testimonios bajo juramento ante la justicia con pruebas testimoniales de su contador, Víctor Manzanares y de varias personas de su íntima confianza como José López, Claudio Uberti, Carolina Pochetti, viuda de Daniel Muñoz y siguen las firmas.
La estrategia es decir que no hubo corrupción y que hay persecución política pese a que hasta el FBI llama “cleptocracia”, es decir el gobierno de los ladrones, a la investigación sobre los más de 60 millones de dólares que Daniel Muñoz y su banda compraron en Estados Unidos en propiedades de alta gama. Axel en aquel discurso afiebrado de Avellaneda llegó a decir que “la única cloaca importante que construyó Cambiemos fue la de Comodoro Py”.
En el escenario del acto de Avellaneda estaban todos: Roberto Baradel, Hugo Moyano, Martin Sabbatella, Emilio Pérsico, los seguidores de Juan Grabois y Daniel Scioli, entre otros. Escondieron a algunos como Sergio Berni o Aníbal Fernández pero el cierre contra Macri y la justicia estuvo a cargo del príncipe heredero, Máximo Kirchner. Uno veía ese tren fantasma y se preguntaba seriamente por el país van a construir o destruir si llegan de nuevo al poder.
De entrada, Máximo, castigó al ministro Nicolás Dujovne que, según el doblemente procesado por corrupción, tuvo que dejar su vaso de whisky de la tele y que se convirtió en un provocador que se vanaglorió de someter al hambre a su pueblo y que la gente no reaccionara. “Pero vamos a reaccionar el 27 de octubre en las urnas”, aseguró.
Después, en la misma línea de su madre y de Kicillof dijo que “hay un aparato de persecución liderado por el presidente Macri” porque Cristina “no era una enferma de poder. Le ponía límites a las corporaciones como AEA, la Unión Industrial, la Sociedad Rural, o el Poder judicial para defender al pueblo”.
A final dijo que tanto Fernando de la Rua como Macri gobernaron para las 40 manzanas porteñas donde están los dueños del dinero, del poder y de los medios y levantó el grito de “Volveremos” cuando dijo que “Néstor dejó una Argentina en crecimiento y dejó una compañera como Cristina capaz de resistir todas las presiones.” Pero eso no es todo.
Como si fuera el guardaespaldas patotero de todo ese grupo estaba con lentes oscuros Hugo Moyano. No lo dejaron hablar porque es piantavotos y asusta a los sectores medios, igual que Baradel. Pero ya había insultado antes al presidente de la Nación tratándolo de burro y a la conducción de la CGT, acusándolos de cobardes.
Ya se sabe que Cristina y Moyano tienen una alianza de acero para evitar ir a la cárcel. Trabajan espalda contra espalda y desconocen o presionan a la justicia. Nadie se atreve a llamar a un juzgado a Moyano, ni para tomar un café: le tienen pánico. Nadie se atreve a llevar a cabo los juicios orales a Cristina que tiene 11 procesamientos, 5 pedidos de prisión preventiva y uno de ellos confirmado por la Corte Suprema de Justicia. Nadie se anima a citar ni a declaración a Hebe de Bonafini que resiste hasta el mínimo procedimiento de la justicia y se enorgullece de eso con las groserías de siempre.
Por eso Juan Grabois se mete en los shopings y va a la puerta de los supermercados o countries a pedir comida. Es una forma de intimidar.
Por eso Susana Giménez dice que le tiene miedo a la zurda y a la violencia
Y por eso Julio Bárbaro dice en su columa que ya es tiempo de entrar en pánico
Yo no creo que sea tiempo de entrar en pánico. Todo lo contrario, es un momento histórico muy delicado donde es hora de entrar en razones y comprender que no hay más espacio para divisiones menores y para malas noticias. Hay una pelea de fondo, definitiva, que es entre una democracia imperfecta pero republicana y federal y un chavismo mafioso, autoritario y cleptocrático. La voz del pueblo es la única que vale. Y eso se escuchará el día que se abran las urnas. Por ahora, los K vienen por todo. Quien quiera oír que oiga…