Si Carlos Gardel es el bronce que canta; Cacho Fontana es el bronce que habla. Una verdadera leyenda viviente. Esta mañana, colocaron una baldosa con su nombre en su homenaje, en las históricas veredas de radio Nacional. Cacho dijo que de pibe iba a ese lugar, en Maipú 555, en bicicleta para ver cómo eran los locutores que admiraba. Cómo si esto fuera poco, le anunciaron que va a volver a conducir un programa de radio, un especial, una vez por mes.
Ese reconocimiento fue de todos los que amamos y trabajamos en los medios de comunicación en general y en la radio en particular. A una semana de que Cacho Fontana cumpla sus primeros 87 años, todos los que tenemos un micrófono adelante somos los “Salieri de Cacho y le robamos melodías a él”.
También fue distinguido Héctor Larrea, otro maestro. Pero creo que Cacho inventó todo, sobre todo, ese cruce entre la locución llevada a la perfección estética y el periodismo de precisión y urgencia.
Cacho Fontana está muy bien cuidado por sus hijas aunque reconoce que cobra la jubilación mínima y que si no tuviera ayuda, no podría comer. Comparte sus horas con Pinky en un hogar de excelencia, en la Clínica de Rehabilitación Inter Plaza donde no paga un centavo producto de la generosidad de quien fuera su oyente fanático, cuyo nombre es no casualmente, Salvador.
Todos los que amamos la radio y nos ganamos la vida con sus oficios, hoy tenemos que levantar la copa y brindar por Cacho. Y agradecerle a este verdadero monumento a los medios, el periodismo y la locución. Otra vez le cuento su historia que conmueve.
El 23 de abril de 1932 nació por primera vez Cacho Fontana.
Se llamaba Norberto Palese. Su padre ganaba 160 pesos como capataz de un galpón del Ferrocarril Belgrano y su madre cosía a máquina junto a la ventana. El arrabal de Barracas era su mundo. Se prendía a un cepillo de pié, lo acercaba a su boca y soñaba relatando como Fioravanti. Annabella, su primera noviecita de la calle Vieytes… el piberío… la esquina, el respeto por don Adolfo Pedernera y la locura por la máquina de la banda roja. A la noche, los Palese, se daban el mejor de los gustos: escuchar a Luis Sandrini. Para reír y llorar en familia.
Un día de 1949, nació por segunda vez Cacho Fontana.
Ya era un personaje inventado por Norberto Palese que debutó presentando en el salón “La Argentina” a la orquesta de Roberto Padula. Anunció el primer tango de su vida y dijo: “Canaro en Paris…” Ganaba 10 pesos por baile. Después vino la orquesta de Domingo Federico, el primer aviso con esa voz inigualable que ofrecía confiabilidad, precisión y que dijo: “Rematador Loturco, en Guernica”. Radio El Pueblo, la utopía de Radio El Mundo. El famoso encuentro con su amado Antonio Carrizo y la anécdota mil veces contada:
-¿Pibe, usted es Fontana?, le preguntó el flaco de la vida y el canto…. Sale bien pibe ehhh… pero deje el bolero.
Eran tiempos de cambios, de decirle chau a los engolamientos y a los almibarados locutores de entonces. Cacho entendió rápido el negocio y pateó todos los tableros. Revolucionó la radio. La hizo de nuevo.
Durante años el “Fontana Show” fue el programa de mayor audiencia. Inventó los móviles, una manera especial y vertiginosa de entrar a la noticia. La gloria de Radio Rivadavia, el locutor más vendedor, la imagen más transparente, el más prolijo. El pelo engominado. Cacho era el símbolo de la armonía que algún día le iba a explotar en las manos. Era impecable. Cacho tenía cada cosa en su lugar.
Una noche les hizo el mejor de los regalos a sus padres. Un departamento de lujo y de yapa otro regalo mágico: llevó a Luis Sandrini a cenar a su casa. Para que juntos recordaran aquellas noches de verano en Barracas, con el aroma del espiral y los malvones.
Ese locutor de la Nación fue reconocido por el Senado de la Nación. Le dieron la Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento. Es la máxima distinción que otorga la cámara que representa a todas las provincias argentinas.
Grande entre los grandes, Cacho inmortal. Todos los locutores le deben algo. Son los salieri de Cacho. Porque el rompió el molde, reinventó esta profesión noble que empieza en la voz clara y modulada y termina como nudo en la garganta.
Hubo un tiempo maldito donde le faltó esa Seguridad Odol en las neuronas. Desbarrancó, se cayó a pedazos. La vida lo cagó a trompadas en ese ring donde solía anunciar a los grandes boxeadores de la mano de Tito Lectoure, su amigo de toda la vida hasta que la muerte los separó. No fue un minuto Odol en el aire, ni la luna le dijo al sol que lindo que son tus dientes. El país ya no se paraba para verlo como antes. O mejor dicho, igual que en las carreras, se paraba en las curvas para ver cómo se pegaba la piña.
Cacho de las sentencias, de la sabiduría de la noche y el mostrador. Cacho tanguero, vestido de smoking y moñito entre el rubio champagne y las rubias del Chantecler. Sonrisa gardeliana, quien si no iba a tener los dientes perfectos como propaganda de dentífrico.
La vida de Cacho en muchos puntos se toca con la de Diego Maradona. No solo porque fue el número uno por lejos en lo suyo, gambeteando furcios, poniendo la inflexión correcta en un ángulo, leyendo un aviso desde la mitad de la cancha como nadie. No solo en eso se parecen Cacho y Diego. También tuvieron sus parábolas de ídolo. Su amor y su desprecio por parte de la gente. Cacho y Diego no solamente compartieron la gloria. También compartieron Devoto. Porque ambos se perdieron en los laberintos malditos.
En carne propia comprendieron que cuando uno se cae en esas profundidades hasta que no logra ponerse de pié, está condenado a avanzar arrastrándose. Y eso humilla. Da vergüenza ante las hijas, te encierra en odio con tu esposa. Te aleja de tu oficio que es lo que más querés y lo que mejor hacés.
Una vez le preguntaron si le había pegado a Marcela Tiraboschi, una joven de 22 años que se ganaba la vida mostrando su redondeces en el programa de Sofovich y dijo:
– No acostumbro a hacer esas cosas con las mujeres. Hago otro tipo de estupideces, como enamorarme, por ejemplo.
Cacho Fontana se fue quedando solo y hasta tuvo que comer gracias a la solidaridad de los amigos.
Justo él, que en las noches de las noches era capaz de cerrar un boliche y repartir burbujas seductoras y bataclanas para todos. Su madre se fue quedando ciega, tal vez para no verlo en el derrumbe.
Porque después sí que se vino la noche para Cacho. Pero la noche pesada, de gatos de cuarta y de viajes de ida. Que puedo hacer si me gustan las mujeres con pasado, decía, cargándose a sí mismo. Ya había pasado taconeando por su vida la gran Beba Bidart. Pero hubo un momento en que la gente empezó a hacer leña del Cacho caído. El escándalo, la parálisis facial, los corticoides que lo inflan para curarlo, la idea de suicidarse que se repite hasta que …
Un día de junio de 1999, Cacho Fontana nació por tercer y última vez.
Resucitó del tiro de desgracia con el que se había castigado. Ese día del Martín Fierro, tocó el cielo con las manos. Lo ayudó su tercera y definitiva ex mujer, Liliana Caldini, la madre de sus dos hijas. La que tuvo destino de familia con sus genes.
La vida le dio revancha y Cacho la ganó el premio a la trayectoria. Subió temblando de emoción con las cámaras en vivo. Miró de frente a los 40 puntos de rating y desnudó sus miserias. Fue el día del perdón. Pidió disculpas por tantas macanas. Lo juró por sus hijas, por Antonella y Ludmila, y por sus nietas. Alcanzó a decir que se juramentaba ante Dios convertir esa trayectoria en futuro y se quebró y nos quebró a todos. Se tapó la cara y Cacho Fontana lloró desconsolado. Y pidió una oportunidad más. Y todos se la dieron.
A mi lado estaba otro locutor de lujo, heredero y continuador de esa estirpe llamado Fernando Bravo que, por supuesto, estaba llorando. Todos nos pusimos de pié. Para verlo correr en la recta y llegar a la meta como está llegando ahora con sus proyectos de radio y tele. No queremos un Cacho de Fontana. Lo queremos entero, de pie, para que salga a dar cátedra con los cientos de tonos con que lee las noticias o la tanda. Para que otra vez, con su sonrisa gardeliana, vuelva ese minuto Fontana en el aire., para que otra vez transmita y reclame seguridad como solo él sabe hacerlo y es su marca registrada. Un Cacho de 87 años que sigue soñando. Nació tres veces. Así en la vida como en la radio. Ya tiene su baldosa que certifica que entró en la historia. Cacho cada día canta mejor. Y es el bronce que habla, como Gardel.
Thiago es nuestro titán – 12 de abril 2019
Para la mitología griega, los titanes eran dioses gigantes que se destacaban por su fuerza. Eran colosos invencibles. Pero yo le quiero hablar de un titán de carne y hueso y argentino. De nuestro titán. Se llama Thiago y tiene apenas 15 años. Thiago está en plena batalla desigual contra un maldito gen muy raro que le produce una severa distrofia muscular. Ese enemigo invisible se llama Gen FHL 1 y la ciencia más desarrollada del mundo todavía no encontró un arma para exterminarlo. El tema es que para los investigadores de los laboratorios y los gobiernos es muy costoso dedicarle todo el tiempo necesario cuando la enfermedad la padece muy poca gente en el mundo. Es terrible que la vida juegue en una ecuación de costo-beneficio. Por eso la palabra profunda, valiente y directa de Thiago es tan conmovedora. El dice, con toda la razón del mundo: “Somos pocos, pero valemos mucho”. Una vida no tiene repuesto. No hay dos seres humanos iguales. Cada vida son todas las vidas.
Se imagina usted, señora oyente, lo que es la vida de Thiago para su familia. Sobre todo para su madre Vanessa que también padece esa maldita distrofia muscular pero mucho más leve que su hijito. Ella registró algo raro cuando a los 8 años descubrió que Thiago tenía dificultades para atarse los cordones de las zapatillas y que empezó a correr en puntas de pié. Fue a ver a mil médicos y nadie advertía nada. Ese gen traicionero se mueve en silencio y durante mucho tiempo fue invisible. Muy difícil de detectar por los médicos. Pero el enemigo siguió atacando el cuerpito de Thiago y le fue comiendo sus músculos. Pobrecito, se la banca como un coloso, como un titán, pero su cuello y sus brazos se han retraído. Tiene que trasladarse en una especie de moto eléctrica. Sus padres movieron cielo y tierra para encontrar el remedio salvador. Todavía no lo encontraron pero la energía combativa y el amor a la vida que tiene Thiago los contagia, los empuja, no los deja que bajen los brazos ni por un minuto.
Thiago se apoya en los cimientos de sus padres, de su hermanito Franco, al que llama Panchi, la pasión que tiene por River y el fútbol, y en el rezo que hizo apoyando su cabeza y su kipá sobre el Muro de los Lamentos, en el legendario Kotel de Jerusalem.
El corazón se te estruja y el alma llora cuando escuchás el pedido, casi el ruego de Thiago. Dice tantas verdades y con tanta serenidad que te paraliza. Thiago dice en los videos que: “no lo dejemos solo”. Que la ciencia no lo abandone a él y a las pocas personas que sufren este gen tan extraño. “No tengo menos derechos que otros, yo también tengo derecho a la salud”.
Hay que darle una oportunidad a Thiago, como John Lennon lo pedía para la paz. Siempre me gusta decir que los únicos discapacitados son los que no tienen corazón o que están privados de la sensibilidad solidaria.
Vanessa Reiner, la madre fue afectada solamente en un brazo. Pero a Thiago el gen le fue deteriorando casi toda su estructura muscular. A todos se nos llenan los ojos de lágrimas imaginando cada noche antes de dormir a Thiago preguntando:
– Y mami, ¿Están investigando? Ya encontraron el remedio?
Hace 7 años que todas las noches hace la misma pregunta. Y hace 7 años que su cuerpito es cada vez más y más frágil.
Hace 4 años que Thiago Felstinsky dejó de caminar. Su columna se puso rígida, perdió tonicidad en los brazos y piernas. Hoy sienten pánico de que ahora pueda verse afectada su deglución.
Los neurólogos que más saben del tema, se inquietan incluso por lo que pueda pasar con el músculo cardíaco y los pulmones. No hay estadísticas pero creen que hay solo algunos cientos en el mundo que sufren a este gen FHL1, el nombre, las letras y los números del drama. Hernán, el padre, es empresario textil y Vanessa, está en el negocio inmobiliario. Llevaron a Thiago a Paris y a Israel pero nadie les aportó nuevos datos ni soluciones. Por momentos les agarra el llanto y la desesperación. Es absolutamente comprensible. Pero miran la decisión y el vigor de Thiago y se contagian en un minuto. El es un guerrero que no afloja un minuto. La enfermedad no le da tregua, lo sigue atacando y el sigue resistiendo con todo lo que puede.
La campaña en las redes tiene un logo que diseñó su hermanito Franco. Es una imagen del planeta tierra con manos que se agarran de otras manos, todas las manos todas, todas y protegen un corazón que está al medio. El lema es un cachetazo para que todos reaccionemos y nos sumemos a la campaña en Twitter, Instagram y Facebook: “Somos pocos pero valemos mucho”. Thiago armó la página desde su celular y se le hizo de madrugada. Había entrado poca gente y se durmió pensando que al día siguiente la iba a borrar. Pero la luz del día le multiplicó la sonrisa y los likes. Miles y miles de personas de todo el mundo se sensibilizaron y se dispusieron a multiplicar los panes de la internet.
Es tremendo escuchar a Thiago cuando pide lo mínimo que todos pedimos para nosotros y para él, vivir: “Quiero enamorarme, casarme, tener muchos hijos, formar una familia y encontrar el tratamiento que me devuelva la libertad para poder tener la vida que quiero tener”. Sus ojitos vivaces lo dicen todo. Son pura ternura y reclamo. No podemos no escuchar. No podemos mirar para otro lado. Su fe mueve montañas.
Le llaman “La enfermedad de la caja de Pandora”. Está llena de sorpresas desagradables. Aparece de pronto y no tiene un comportamiento similar en todos los cuerpos.
Hay una especie de ejército mediático y de las redes sociales para viralizar su exigencia a nivel global. Al frente va el comandante Thiago. El contagia la potencia y la mística de su personalidad. Es un titán, es nuestro titán celeste y blanco. Nadie duda de lo que grita a los 4 vientos: Son pocos pero valen mucho.
El monarca Insfrán – 11 de abril 2019
Gildo Dino Insfrán, acaba de decidir adelantar las elecciones de Formosa para el 16 de junio. Siempre estuvo al servicio de los Kirchner, pero no quiere que Cristina enturbie su proyecto de ir por el séptimo mandato. Insfrán es un señor feudal stalinista que gobierna la provincia hace 24 años, más 8 años que fue vice gobernador.
Es casi el dueño de Formosa. Tiene casi la suma del poder público. Somete a los medios de comunicación con pauta publicitaria y con látigo y persecución a los que se atreven a hablar. Gana las elecciones por paliza porque la sumatoria de empleados públicos, planes sociales y paraguayos que hace cruzar al solo efecto de votar y cobrar un plan es prácticamente invencible desde el llano. Su clientelismo feroz, casi una esclavitud, hizo que aumente un 42% los salarios de los trabajadores del estado provincial que son capaces de llenar cualquier urna.
¿Cómo logró ser gobernador durante 24 años y vice en 8? Porque reformó la Constitución para que la reelección sea indefinida. Hay ley de lemas y un clientelismo asfixiante que convierten a la provincia casi en una monarquía.
Formosa es donde más creció la droga decomisada y por lo tanto es donde más creció la presencia de la droga durante la docena de años del kirchnerismo.
Le cuento un solo dato. Para muestra basta un botón. Hace un tiempo, cerca de Clorinda se dio vuelta una camioneta del gobierno. Patente oficial y vales de nafta estatales. Manejaba Pedro Bareiro que era un funcionario de Gildo Insfran en el área de frontera. La camioneta transportaba 51 kilos de cocaína de máxima pureza. Dicen que eran 59 kilos y el resto quedaron en el camino como peaje. Pero lo cierto es que Bareiro tenía en su poder una agenda del senador Jose Mayans que pertenece al Frente para la Victoria, y que era un gran aportista a la campaña electoral de Gildo. Puso 600 mil pesos en varias elecciones y es apenas un humilde empleado público. ¿De dónde sacó tanto dinero? ¿Es la droga la que financia la política formoseña? Como si esto fuera poco hay que decir que el hijo de Bareiro también era funcionario de la Aduana de Clorinda y que el hermano era comisario de la ciudad. ¿Qué me cuenta?
En otro momento, la Gendarmería Nacional detuvo un camión con 2.543 kilos de marihuana que venían de Paraguay con rumbo a la ciudad de Mendoza. Impresionaba ver los 3.729 paquetes de droga o ladrillos, como se dice en la jerga, esparcidos por el suelo. Estaban escondidos entre zapallitos y por eso quedaron detenidos el chofer y 6 personas más. Dos toneladas y media de marihuana es un decomiso de los más importantes. Pero lo trascendente fue que la propietaria del camión era Liliana Mabel Tijera Insfrán, sobrina del gobernador.
Esto fue grave por donde se lo mire. Porque toda la familia del jefe provincial está sospechada de enriquecimiento ilícito y de fuertes vinculaciones con el narcotráfico en la provincia más pobre de la Argentina. De hecho, Liliana y su pareja tenían una flota de camiones y autos de alta gama que la convirtieron en millonaria, pero además, tiene un supermercado en Laguna Blanca, donde nació el rey Gildo.
Gildo Dino Insfrán, hijo de Ascensión que era conocida como doña Pochó y que falleció a los 95 años, tuvo un gran desgarro es su vida cuando su hijo de 17 años se suicidó con un tiro en la cabeza.
Políticamente se lo puede ubicar en la derecha peronista violenta de los 70 y luego fue fanáticamente menemista, duhaldista y también se verticalizó ante Néstor y Cristina. Insfrán no tuvo empacho en transar con Carlos Kunkel pese a que ocupan u ocupaban las dos puntas del espectro ideológico. Pero eso si, ambos cantan la marchita con el mismo fervor. Gildo es una suerte de símbolo de lo peor y más retrógrado del peronismo que no se quiere renovar ni democratizar. Maneja su provincia con mano de hierro y con terror. Varios asesinatos de integrantes de la comunidad Qom lo confirman. El cacique Félix Díaz, que quiso enfrentarlo, fue perseguido sistemáticamente y tuvo que venir a Buenos Aires para hacer oír su voz. Jorge Lanata con su programa logró que la Fundación Conin abriera un pozo de agua en una localidad que la necesitaba para subsistir y los esbirros de Gildo fueron a tapar ese pozo por pura venganza, resentimiento y falta de solidaridad con los que más sufren.
Gildo quiere eternizarse en el poder. Ya lleva más de 32 años. Y quiere seguir como si fuera una dinastía. Cada tanto se descubre una pista clandestina donde bajan aviones con cargas ilegales. Contrabando y crimen organizado, mafias narcos y reducción a la servidumbre de los más humildes. Esa es la fórmula Gildo.
No hay que olvidar que ante un escribano público, Gildo Insfran, le ordenó a un funcionario de su gabinete que grabe un programa de radio llamado «Mano a Mano» que conducía el doctor Gabriel Hernández y su esposa en FM Fantasía. Dos días después, casi como si todo fuera una cama preparada, una suerte de emboscada, un oyente anónimo salió al aire con un mensaje muy crítico contra el gobernador. Hasta ahí algo que ocurre todos los días en todas las radios. El oyente no se identificó y a propósito de unas declaraciones que había hecho Nora Cortiñas, dijo que compartía lo dicho por la Madre de Plaza de Mayo línea Fundadora y que efectivamente, «Insfran era un genocida con los pueblos originarios» y que incluso había tenido que ver con la muerte de su propio hijo.
El conductor del programa pasó a otro tema y no hizo ningún comentario. Otros medios reprodujeron eso que sucedió. Y el cuasi emperador formoseño inició una querella contra todos los que habían mencionado el tema.
El intento de censura fue claro. La trampa también. Se suma a la censura y la autocensura. Pero lo más grave de todo es que una jueza llamada Giselle Verónica Drovandi, condenó en aquel momento a los periodistas a pagar una multa/ indemnización de dos millones de pesos. Un despropósito autoritario plasmado en un fallo que fue un antecedente muy grave para las instituciones republicanas. Los argumentos de la jueza Drovandi eran descabellados, insólitos y claramente militantes de Insfran al que caracteriza como un gobernador de «una trayectoria intachable». No recuerdo que exista un fallo tan vergonzoso en lo político y tan frágil en lo jurídico.
El caudillo jurásico Insfran es un delincuente que le pagó 8 millones de pesos a Alejandro Vandenbruele para que lo asesorara en la refinanciación de la deuda de la provincia con la Nación. Eso solo ya es delito porque no puede intervenir una consultora privada entre dos organismos públicos. El ministro de Economía que debía favorecer a Insfrán con la refinanciación era Amado Boudou. ¿Lo conoce,no? Otro atorrante y malandra de estado. La factura que Vandenbruele le dió a Formosa era la número 3 y las dos anteriores habían sido anuladas. The Old Fund, en ese momento, no tenía empleados ni experiencia en el tema. Pero mágicamente la refinanciación se hizo. Formosa pagó casi 8 millones pertenecientes a su pueblo. Alejandro, el amigo de Boudou, fue al banco cobró el cheque, lo transformó a dólares y se los llevó en una valija. Y de inmediato devolvió como parte del retorno de la coima, dos millones de pesos a Martin Cortes quien en ese momento era presidente del Banco Provincial.
Insfrán es el Patrón del mal de Formosa. La democracia amañada no pudo parir todavía la república.
El fiscal federal Carlos Rívolo pidió indagar tanto a Insfran como a Boudou por ese asalto a mano armada y a cara descubierta. Todos queremos verlos presos. O por lo menos que la patria se lo demanden.