Le pido perdón por la impertinencia a todos los docentes argentinos, pero si yo fuera maestro hoy les hablaría a los chicos (aunque sea durante 5 minutos) sobre la vida y obra de Bernardo Houssay. Hoy es el día mundial de la Ciencia y la Tecnología y, en Argentina, se celebra en honor a Houssay que nació un 10 de abril como hoy pero de 1887 y que en 1947 logró el premio Nobel de medicina.
Y como si esto fuera poco motivo, un día como hoy, pero de 1934, falleció Cecilia Grierson, la primera médica argentina, higienista y educadora.
Por eso le digo, que si yo fuera docente me gustaría exorcizar (aunque sea por un rato) tanto Cristóbal López corrupto y tanto Lázaro Báez y Cristina, socios para la gran estaba nacional.
Me gustaría contrarrestar tanta desesperanza y desilusión que anda por ahí, reptando entre nosotros. Me gustaría mostrar la contracara de Alberto Samid, el “Rey de la Trampa”. Y la mejor manera es que se conozca la historia de un compatriota que fue mucho más que un ejemplo. Fue un milagro.
Me pararía al frente del aula y diría que el doctor Bernardo Alberto Houssay fue mucho más que el argentino que ganó el premio Nobel de medicina y el primer latinoamericano de la historia en ganarlo en esa especialidad.
Ese día histórico en que recibió el anuncio, Houssay estaba trabajando en su humilde laboratorio junto a su discípulo Luis Federico Leloir quien con el tiempo, también recibiría el Nobel pero de Química. Fue toda una señal.
Houssay era un niño con talento especial. A los 13 años terminó el bachillerato, a los 17 se recibió de farmacéutico y a los 23 de médico. ¿Escuchó bien? A los 13 el secundario, a los 17 fue farmacéutico y a los 23 médico y con diploma de honor. ¿Qué más se puede agregar? Su cerebro era un océano de neuronas y su corazón estaba construido con toneladas de sentimientos humanitarios.
Bernardo Houssay se dedicó a lo que él llamaba “El patriotismo práctico”, mucho más eficiente que los discursos y las escarapelas. Se dedicó a la investigación y a la docencia. Era austero como todos los grandes. Nunca tuvo auto y con un sueldo modesto mantuvo a su familia de siete integrantes. Nació y murió pobre. En sus épocas de estudiante y trabajador, caminaba 100 cuadras por día porque su familia no tenía unas chirolas para el colectivo.
Tuvo un rechazo visceral por el autoritarismo y por eso tuvo problemas en 1943 cuando el gobierno militar dispuso expulsar a todos los profesores de la universidad que habían firmado un manifiesto anti oficialista y el, por supuesto, lo había firmado.
Con disculpas por mi ignorancia, me gustaría decirles que el Premio Nobel lo ganó porque estableció la relación entre la acción de las hormonas y la glándula hipófisis. Dicen los que saben que, a partir de ese momento, comenzó a entenderse el cuerpo humano como un sistema que se auto regula.
Pero lo más importante es que fue un genio celeste y blanco que nos llenó de orgullo. Por su decencia y por su docencia; por su humildad y por su amor a la ciencia. Estaba convencido que ningún país progresa si no tiene investigación. Y por eso fue el inspirador de la creación del Conicet, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, organismo del que fue su primer presidente hasta su muerte en 1971.
Nació en una casa del barrio porteñísimo de Almagro un día como hoy. Sus padres, Clara Lafont y Alberto Houssay eran dos de los 20 mil franceses que vivían en esta bendita ciudad que, por esa época, tenía una población de 437 mil habitantes, incluyendo Flores y Belgrano que recién habían sido cedidos por la provincia de Buenos Aires.
Al joven Bernardo le trajo problemas su incansable lucha antifascista y, repito, en 1943 lo expulsaron de todos sus lugares de trabajo junto a otros 150 profesores que repudiaron el lugar que los nazis tuvieron durante el gobierno en ciernes de Juan Domingo Perón. También es cierto que sus posturas conservadoras y contrarias al gremialismo estudiantil le generaron muchas polémicas y algunos disgustos. Houssay estaba convencido que la universidad debía ser el centro de la actividad intelectual superior y que por eso cumplía un papel social de la jerarquía más elevada. Los claustros eran sagrados. Un templo del conocimiento y la innovación. Una vez dijo que la función de la universidad “consiste en crear conocimientos, propagarlos, desarrollar y disciplinar a la inteligencia y formar hombres más selectos por su cultura, excelencia académica y capacidad”. En su museo se pueden ver cartas amarillentas de las mentes más brillantes del planeta que luego de hacerle alguna consulta, terminaban el texto diciendo: Un abrazo para usted y otro para el doctor Leloir”.
El joven Bernardo fue back del equipo de rugby de la Asociación Atlética de la Facultad de Medicina. La Unión de Rugby le debe a Houssay que las actas de la institución se hayan empezado a escribir en castellano, porque hasta la incorporación de su club, se redactaban en inglés.
Desde el punto de vista científico el doctor Houssay tuvo todos los reconocimientos posibles, además del Nobel. Fue miembro honorario de las Academias de Ciencias más prestigiosas del mundo como las de Madrid y Nueva York. Tuvo cientos de propuestas para irse a trabajar al exterior pero, él, siempre contestaba lo mismo:
– La ciencia no tiene patria. Pero el hombre de ciencia, si la tiene. No acepto ir a los Estados Unidos y no pienso dejar mi país porque aspiro a luchar para contribuir para que alguna vez lleguemos a ser potencia mundial científica de primera clase.
Si se levantara de su tumba ahora, creo que se volvería a morir, pero de vergüenza ajena.
El día que recibió el Nobel por su descubrimiento de la hormona reguladora del azúcar y al ver que el periodismo argentino estaba muy censurado por el peronismo, dijo que esa distinción era un tiro por elevación al gobierno argentino. Lo dijo con mucha ironía:
– No hay que confundir las cosas pequeñas como Perón con las cosas grandes como el Nobel.
Se imaginan que de gorila y oligarca para arriba, le dijeron de todo. Pero no tenía pelos en la lengua, tenía coraje para decir lo que pensaba y por eso yo lo admiro tanto.
Sus pasiones eran el laboratorio, la cátedra, la justicia y la libertad.
El día que cumplió 80 años, un periodista le preguntó:
– ¿Se siente viejo, doctor? Y él contestó:
– Solo es viejo quien no ve cosas nuevas todos los días.
Su vida es un testimonio pero también un espejo en donde mirarnos. Es un amuleto contra la Argentina trucha de los chantas, los corruptos y los autoritarios que tanto mal nos hizo a los argentinos durante tanto tiempo.
La memoria del doctor Houssay es un talismán al que tenemos que aferrarnos para construir un país mejor para nuestros hijos. Con más ciencia y menos ignorancia. Con más austeridad franciscana y menos frivolidad. Con más decencia y menos corrupción. Un país que se ponga de pié y sea admirado en el mundo. Como el doctor Bernardo Houssay, que ojalá nos ilumine.
Feliz cumplo años – 9 de abril 2019
Me siento un afortunado, un privilegiado de la vida. Tengo cientos de felicitaciones por el día de mi nacimiento. Muchas más de las que materialmente puedo contestar. Así que aprovecho para decir gracias totales a los cientos que se tomaron el trabajo de saludarme. Feliz cumpleaños son las palabras más repetidas. Yo descompuse la segunda palabra y me pregunté. ¿Feliz cumplo años? ¿En este cumpleaños estoy feliz? Por supuesto. Estoy feliz porque en el plano personal y familiar me pasan cosas maravillosas que se las deseo a todos. Pero también tengo conciencia social y demasiada información y reconozco que uno siempre es relativamente feliz en una sociedad que está atravesando calamidades de todo tipo como el odio que nos divide y la pobreza que nos angustia.
Pero del país hablo todos los días. Si me permite le cuento una pequeña experiencia que me permite explicar que es lo que entiendo por felicidad. Tal vez el testimonio le sirva a alguien.
El sábado en la charla que tuvimos con Jorge Fernández Díaz, un hermano de la vida, conté un poco esto. Es que una utopía que nos mantiene vivos y creativos es tratar de encontrar cual es el misterio de la felicidad.
Conté que hay una continuidad generacional de los Leuco. En realidad de los Lewkowicz. Y tiene que ver con la rebeldía y la búsqueda de la libertad por medio del sacrificio y la cultura del trabajo con las manos limpias y la frente alta. Eso me enorgullece. Me infla el pecho.
Todo comenzó con mi abuelo polaco. El zeide Samuel apenas hablaba dos palabras en castellano y aterrizó en un conventillo orillero del Barrio La Cruz en Córdoba. Era territorio de guapos y borrachos. Samuel había huido del nazismo, igual que la Bobe Rosa que tuvo que dejar a sus hijos más grandes ese país envenenado por los adoradores de Hitler. Eso la marcó y la desgarró para toda la vida. Para una madre tener que elegir entre sus hijos porque no podía llevar a todos en el barco debe ser una de las torturas más grandes. Ese horror lo cargó en su espalda y su mirada triste durante años hasta que mucho tiempo después descubrió que sus hijas habían sobrevivido a los campos de concentración y estaban felices de recibirla. No había rencor. Hubo comprensión.
Pero su marido, eran un morrudo buey de carga y laburo. Mi abuelo era analfabeto y solo sabía empujar el carro y proteger a su familia y dejar la vida vendiendo pan y facturas horneadas a las 5 de la mañana en su casa. Salía con dos canastas de 20 kilos a ganarse el mango. Era rústico y duro para hacernos una caricia. Yo admiraba y temía a ese pelado como mi viejo y como yo, que sembró esta familia en las peores condiciones. Sin saber el idioma, rodeado de marginalidad, sin saber leer ni escribir.
Cuando Mayor, mi viejo le dijo que iba a estudiar en la universidad, recibió un cachetazo en lugar de felicitaciones. Para Samuel el estudio era perder el tiempo. Era un campesino nacido en un nudo ferroviario que sabía que había que trabajar noche y día. Romperse el lomo para parar la olla. Mi viejo siguió trabajando por dos pesos y un traje a fin de año, pero en la noche, a la luz de la vela, en la clandestinidad, se quemó las pestañas y finalmente se recibió de farmacéutico. Es el primer profesional de la familia. Pasar por la facultad le abrió un mundo. Su padre rechazaba ese título que tanto le había costado. Pero sus amigos empezaron a elogiarlo por tener un hijo farmacéutico. Lo felicitaban en el templo o los negocios donde vendía sus panes de la cordura. Recién allí comprendió la importancia. Se arrepintió y lloró frente a mi padre. Y como pedido de disculpas le ofreció su casa para que la hipotecara y pudiera comprarse la primera farmacia. Esa casa que tanto extraño y donde comí las mejores comidas y jugué a la lotería con mi abuela, se había levantado literalmente con las manos. Esa vivienda humilde era la gloria para esa familia muy pobre. Y mi abuelo no dudó un segundo, cuando comprendió el valor del estudio para el progreso, en dejarla en manos de su hijo para que concretara su sueño.
Mi viejo se rebeló a un mandato familiar para pelear por sus objetivos. No fue un rebelde sin causa. Fue una desobediencia para elegir y construir su propio destino. Eso vale oro. Hoy me doy cuenta.
Conmigo pasó algo parecido. Mi viejo quería que yo fuera farmacéutico. Yo dejé vencer a propósito el plazo de inscripción en la facultad de Ciencias Químicas. “Ya perdí la posibilidad de anotarme”, le dije a mi viejo, fingiendo tristeza. “No te preocupes- me dijo- el rector fue compañero de estudios mío y me dijo que extendieron los plazos porque no quieren que nadie se quede afuera de su vocación”. Me mató. Me dejó sin argumentos. Yo fui el primer día de clase con mi cuaderno y a los 5 minutos empecé a correr a toda velocidad hasta la Facultad de Ciencias de la Información. Cuando escuché al profe hablar de la tabla periódica de los elementos de Mendeleyev, de los protones y el hidrógeno huí como soldado que sirve para otra guerra. Yo quería ser periodista. No me gusta la química ni la matemática y no se venderle un remedio a nadie. A los seis meses, el mundo estaba convulsionado por el golpe fascista de Pinochet contra Salvador Allende en Chile. En la facultad sacamos una radio abierta a la calle para hacer la contra información. Defendimos la democracia y repudiamos el asalto militar del poder. Movilizamos por las calles de la docta. Una señora llamada Cata me vió levantar banderas de lucha, de pelo largo hasta los hombros, camisa grafa y fumando particulares verdes de albañil y le contó a mi viejo. A la noche en la cena, mi viejo me preguntó: “¿Cómo te va en la facultad? ¿Necesitas que te preste algún libro de Química Uno? ¿O que te explique algo? Yo puse la cara de acero y le dijo: “No papi, entiendo todo, gracias”. Se paró, dejó el plato de comida sin tocar y me dijo: “Me engañaste, sos un mentiroso. Asi que ahora estudias periodismo. Esa es la carrera justa para vos. Sos un vago, siempre lo fuiste. No tenes constancia para nada. Ni figuritas pudiste juntar por un tiempo largo. Me defraudaste.”
A mí se me estrujó el corazón. Fue como el cachetazo que su padre le pegó a mi padre. No comprendía que este oficio era mi vocación, mi felicidad y que para que te fuera bien tenías que trabajar muchas horas por día. El periodismo ya no tenía aquellos viejos bohemios de madrugada con café y alcohol que eran escritores de lujo”. Pero esa era la imagen que mi padre tenía del periodismo.
Igual que hizo él con su padre, yo también fue desobediente de su mandato. Le metí duro y parejo y fui 16 veces a pedir trabajo al diario Córdoba y siempre me decían que no hacía falta un periodista, que había demasiados. Yo no bajé los brazos jamás. Creo que no se hacer otra cosa que periodismo. Redoblé mi esfuerzo y el día que empecé a ganarme la vida como cronista, mi padre empezó a respetarme. También ahora sus amigos los felicitaban porque me leían en el diario o me veían en la tele comentando el mundial de fútbol. Ese día mi viejo me entendió. Como si me hubiera dado la casa para que la hipotecara. Hoy me dice: “No trabajés tanto, Alfredo. Descansá un poco”. Y yo me río con él y le pregunto: “¿Cómo no era que yo me hice periodista porque era un vago?”. El se ríe con orgullo y un toque de pudor.
Y con Diego pasó lo mismo. Con la madre decidimos hacer fuerza para que no fuera periodista. Fue muy duro atravesar el kirchnerato. Amenazas, insultos, ataques de los medios del estado, mensajes de los servicios de inteligencia, lupa de la AFIP, cero publicidad y apriete a los anunciantes privados, un nivel de autoritarismo sin antecedentes en democracia. Por eso no queríamos que Diego sufriera lo mismo y que tuviera que heredar mis enemigos.
Pero decidimos evitar que fuera periodista sin prohibirle nada porque eso le iba a potenciar las ganas. Le fomentamos por la positiva cualquier otro interés que le surgiera. Fue al teatro a ver al mago Jansenson y quedó fascinado. Le dijimos estudia magia, es una linda forma de ganarse la vida. Se recibió de mago y hasta trabajó en fiesta infantiles. Otra vez quedó impactado con el arte de la cocina del Gato Dumas. Estudiá para cheff, le dijimos. Es un oficio con mucho futuro. Se recibió de cheff. Y asi con el estudio de actor hasta que un día todo cambió. Volvió del viaje de estudios del secundario. Habían ido a Mar del Plata. Llegó y me dijo: “No me jodan más, yo quiero ser periodista. Soy el único de mis compañeros que leía todos los diarios antes de acostarme a las 7 de la mañana cuando volvíamos e de bailar”. Pensé en mi viejo farmacéutico, el mi carrera de periodista y me resigné. Ok, nosotros queremos que vos seas feliz. Y si el periodismo te va a hacer feliz, dale para adelante. Un par de consejos y nada más. No uses mi apellido para buscar trabajo. Empezá por el periodismo gráfico que es la gran escuela y cuidá siempre la ética: las notas no se cobran ni se pagan. Eso fue todo. Diego le metió para adelante como hizo mi viejo y como hice yo y fue creciendo hasta superarme largamente. Es diez veces mejor periodista que yo. Todo lo que logró lo hizo 30 años antes que yo. Conducir en radio, en tele, hacer notas de tapa en revistas, ganar un Martin Fierro y lo que más felicidad de produce, ser querido por sus compañeros.
Mi moraleja es que la desobediencia para cumplir tus sueños, la pelea por tu vocación, la libertad para edificar tu camino son fundamentales a la hora de acercarte a eso que llamamos felicidad. Hoy tengo la bendición de tener a mi viejo vivo y sano y a mi hijo en plena consolidación de sus esperanzas. No puedo pedirle más nada a la vida. A veces pienso que algo bueno habré hecho para que me de semejante premio. Por eso digo que soy feliz. Y que feliz hoy cumplo años.
La encrucijada de CFK – 8 de abril 2019
Cristina está en una encrucijada. Llegó la hora de la verdad. El momento de las definiciones donde Cristina no va a poder seguir jugando con el misterio, el silencio y la ambigüedad. El 12 de junio, dentro de dos meses, nada más, vence el plazo para inscribir las alianzas electorales. Y diez días después hay que presentar la lista de candidatos. Se termina el verso y todos los argentinos vamos a saber si Cristina será candidata a presidenta y cuáles serán los peronistas que la acompañarán y cuales los que construirán su propio camino.
Cristina tiene buenas y malas noticias. Entre las informaciones alentadoras hay que computar que ella mantiene su voto duro que suma de alrededor de un tercio y que Mauricio Macri sigue cayendo en su imagen e intención de voto arrastrado por el fracaso de la economía. Otra alegría para la arquitecta egipcia es que a medida que ella aumenta sus posibilidades de volver al poder, empieza a escasear el coraje en los tribunales y son muy pocos los magistrados que quieren sentarla en el banquillo de los acusados en un juicio oral. Esta parte de la justicia da vergüenza ajena pero es así. Es lo que hay. Muchos jueces se pasan la papa caliente de mano en mano como si estuviesen jugando a la mancha venenosa. Vamos a decirlo con todas las letras y sin eufemismos. Hay jueces que tienen puesta la camiseta de Cristina y la quieren blindar y proteger y otros que tienen miedo de avanzar y que luego sean perseguidos y hostigados, si ella vuelve a sentarse en el sillón de Rivadavia. Muchos ya fueron perseguidos y hostigados en su anterior mandato. Conocen el odio que la convierte en una verduga implacable.
Ella lo dijo: “hay que tenerle miedo a Dios y un poquito a mí.” No digo que toda la justicia sea kirchnerista y corrupta o cobarde. Hay varios jueces y fiscales que son muy respetables y son los que logaron procesarla 11 veces, dictarle la prisión preventiva en 5 ocasiones y una de ellas tuvo incluso la confirmación de la Corte Suprema de Justicia. Es insólito que con semejante prontuario, con la montaña de pruebas y testimonios que hay ella pueda aspirar con posibilidades a un tercer mandato como jefa del estado. Creo que es el termómetro de la enfermedad que tiene nuestra sociedad y también nuestras instituciones. La democracia suele reflejar como un espejo lo mejor y lo peor que tenemos.
Pero no son todas rosas en el camino hacia el 27 de octubre.
Las derrotas contundentes que sufrieron tanto en Neuquén como en Rio Negro los candidatos de Cristina son una alerta roja. Fueron bien cristinistas, autoritarios y altaneros y perdieron ampliamente. Nadie puede olvidar esos datos preocupante para el Frente para la Victoria. En Córdoba estuvieron obligados a bajar su candidato para evitar el papelón.
Pero Cristina tiene otro inconveniente: la ansiedad, casi desesperación, de los que quieren colgarse de sus polleras porque no tienen ni un voto partido por la mitad la presionan para que anuncie su decisión en forma urgente.
Pablo Moyano y su padre, por ejemplo, se juegan la libertad ambulatoria. Saben que los espera la cárcel por corruptos y mafiosos si Cristina no se presenta o pierde. Pero apuestan a que un triunfo de la abogada exitosa que nunca ganó un juicio pero que lo perdió varias veces, los coloque de nuevo en la impunidad absoluta, potencie su poder y puedan comandar el ministerio de la venganza. Es tan dañino para la Argentina este sindicalismo millonario, delincuente y primitivo que es capaz de frenar todo tipo de inversiones por el temor que generan y hundir o erosionar a las mejores y más modernas empresas argentinas que generan riquezas y miles de puestos de trabajo como Mercado Libre. De hecho Moyano ya anticipó que van a dinamitar los acuerdos de reforma laboral que posibilitaron éxitos como Vaca Muerta o las empresas de aviación Low Cost.
Y el otro problema grave que tiene Cristina son sus hijos. Ella es la responsable de haberlos tirado al fuego de la mega corrupción de estado. Hizo publicar una solicitada firmada por sus amigos populistas de la región. Lula que está preso, Rafael Correa que está exiliado en Europa porque no puede explicar los negociados que hizo para enriquecerse en Ecuador, Baltazar Garcón que es el desprestigio oportunista caminando entre otros. Ese texto fue titulado “Con los hijos y las hijas, no”. Defienden a Florencia Kirchner que desobedeció la justicia y no se ajustó a derecho al no volver de Cuba. Según Cristina y sus amigos revolucionarios ella sufre “una persecución política, mediática y judicial” pero la verdad es que está procesada por lavado de dinero en dos causas: Hotesur y Los Sauces. La solicitada dice que pretenden disciplinar a Cristina por sus posturas políticas y que “nuestros hijos no eligieron eso y deben estar exentos de cualquier maniobra persecutoria”.
Aquí, por fin coincido en algo con Cristina. Solo en algo. Porque no creo que sean perseguidos políticos. Pero es verdad que Florencia no eligió ese camino. Pero la que eligió ese camino para Florencia fue su propia madre, Cristina. Eso tal vez le haga sentir culpa. Pero esa es la verdad. No fue Trump ni el grupo Clarin ni Macri lo que pusieron a Florencia como gerente de la empresa “Los Sauces”. No fueron ellos los que pusieron casi 5 millones de dólares termosellados en su caja de seguridad en el Banco Galicia.
No fueron ellos los que le pagaban sueldos de esas sociedades pese a que nunca fue a trabajar.
Fue Cristina. Que lo sepa y lo asuma y deje de poner afuera su terrible culpa. Que se haga cargo. Fue Cristina la que ensució a Florencia con los dineros sucios de la corrupción.
Los Sauces y Hotesur son dos causas elevadas a juicio oral y Florencia no puede fugarse y debe comparecer. Como ya se fue y no da señales de vida, si regresa puede ser castigada con la prisión preventiva por el peligro de fuga que ella misma demostró.
Hasta el guardaespaldas de la fe, Juan Grabois con un tuit le aconsejó a la aspirante a cineasta que no cometiera la ingenuidad de presentarse ante la justicia.
El representante del Papá en la tierra argentina recomienda no cumplir con la ley y encima asegura que Cristina no robó un peso, que va a ganar por afano las elecciones y que los chorros son los que estaban antes al lado de ella y ella no sabía nada. Un verdadero delirio porque está incitando a Florencia que comentar otro delito más que es huir de la justicia.
Pero los dolores de cabeza de Cristina no son solo con Florencia. El contador histórico de la familia, Víctor Manzanares contó ante la justicia y bajo juramento que Florencia tuvo poco que ver en el sistema colosal de recaudación mediante coimas y enriquecimiento ilícito que fundaron Néstor y Cristina. Pero dijo con toda claridad que fue Máximo el que tomó el timón de ese operativo repugnante y que siempre tomaba todas las decisiones en acuerdo con su madre. De tal palo tal astilla.
Todos los cheques están endosados por Máximo. Todos los plazos fijos con intereses muy por arriba del mercado fueron renovados por Máximo. Todos los balances llevan la rúbrica del muchacho que tiene fueros parlamentarios y que quiere renovarlos como candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires. Hay algunos intendentes que están hartos de las imposiciones de Cristina y su banda y quieren a uno de ellos como candidato a gobernador contra María Eugenia Vidal. No quieren a Axel Kicillof. Y prometen que si sus plegarias no son atendidas, van a promover el desafuero de Máximo para que pueda ir al calabozo de Ezeiza, tal como ocurrió con Julio de Vido.
Era tan grande la montaña de dólares y euros que le robaron al pueblo que Manzanares confirmó que Daniel Muñoz le dijo que llegaron a tener una pileta de natación llena de billetes y que Máximo como nunca trabajó en su vida y no le daba valor al dinero, solía perder los suculentos cheques de los retornos.
El otro frente abierto que tiene Cristina es que avanza la posibilidad de reabrir la causa por enriquecimiento ilícito en la que Norberto Oyarbide sobreseyó a la velocidad de la luz al matrimonio Kirchner. Manzanares aportó muchos datos y documentación en ese sentido.
Los terrenos espectaculares y muy valiosos en El Calafate comprados a precio vil, a 8 pesos el metro cuadrado, el misterioso hotel Waldorf que compraron, el equipamiento y los muebles carísimos de los hoteles donde no hay una sola factura legal y que en muchos casos fueron trasladados por los aviones oficiales, igual que como llevaban los diarios. Los Kirchner siempre se sintieron dueños del estado y no meros inquilinos.
Es inquietante la participación de Osvaldo “El Bochi” Sanfelice, al que Manzanares llamó “El Lopez Rega de Néstor”, y el rol de Javier Fernández operador judicial con el que se juntó en las oficinas de los servicios de inteligencia. Cuesta entender como Sanfelice está libre y Fernández no fue ni siquiera citado a tomar un café. Veremos.
Cristina, Máximo y Grabois deberán probar que Manzanares miente. O que falsificó los documentos que presentó y que entierran todas las excusas de los K. ¿O son capaces de decir que Macri o la CIA le escriben el guión a Manzanares?
Cristina y sus hijos están en una encrucijada. Avanzan pero sobre arenas movedizas. Mientras más se mueven, más se entierran. Están atrapados sin salida. Todo el pueblo argentino sabe que aquí hubo una asociación ilícita para saquear al estado y enriquecerse como nunca nadie lo había hecho desde el estado. Eso no impide que ganen las elecciones como respuesta al desastre económico de Macri. La ideología es otra cosa. Y las elecciones también.