Feliz cumple, Badia – 29 de noviembre 2018

De las polémicas por el Martin Fierro de la radio, creo que saqué una conclusión. Como en todas las actividades de la vida, en la radio, también hay maestros y alumnos. Los alumnos somos muchos y los maestros son pocos. Por eso hay que honrarlos todo lo que se pueda. Porque marcan un camino luminoso como Cacho Fontana, Pinky, Héctor Larrea o Fernando Bravo, por ejemplo. Uno de esos maestros ya no está entre nosotros pero dejó su impronta y su sabiduría. Se murió muy joven el Beto. Hablo de Juan Alberto Badía que hoy cumpliría apenas 72 años. Por eso quiero recordarlo. Resucitarlo en la magia del aire para que todos les rindamos un humilde homenaje. Para brindar por su cumpleaños. Para decirle que lo queremos y que lo extrañamos. Y que nos sigue enseñando desde ese cielo de micrófonos y auriculares donde seguramente descansa en paz. Juan Alberto Badía era la imagen de la radio. Era la imaginación de los Beatles en el éter. Uno más de ellos que salió de Ramos Mejía y aterrizó en Liverpool. Su voz todavía nos rebota en el cerebro y en el corazón y dice así:
Imagina que no hay paraíso,
Es fácil si lo intentas,
Ningún infierno debajo de nosotros,
Arriba de nosotros, solamente cielo,
Imagina a toda la gente
Viviendo al día…
Imagínate Beto que hay mucho dolor aquí abajo. Que los músicos argentinos se sienten huérfanos. Que todas las radios están de luto desde hace años por tu ausencia. Que los oyentes esperan que termine la tanda para volver a escucharte. Que Fernando Bravo, tu amigo del alma no puede con su alma.
En la revista Radiolandia le hicieron la primera nota. Cuando le preguntaron por sus sueños, él dijo que le gustaría construir una trayectoria en la radio, que era lo que más amaba del trabajo. Eso lo superó con creces. Hizo una maratón que fue espejo y ejemplo para muchos. Cuarenta años jugando en primera. Entrevistó a Jorge Luis Borges y a Tita Merello pasando por Charly García y todos los músicos argentinos.
Todavía recuerdo tu cálida voz en el teléfono en febrero del 2011 el día que recé una columna que decía que Badía tiene compañía. Una vez más me contaste cuando fuiste a Colombia con Bravito y juntos hicieron los comentarios del aquel partido en donde River se jugaba la vida. Por suerte pude confesarte toda mi admiración. Yo te miraba en silencio mientras hacíamos el pase en radio del Plata y vos me trataste como si fuéramos compinches. Hasta fuimos a jugar al básquet al club Palermo. ¿Te acordás de las picadas que comíamos en el buffet? Después supe que hacías eso con todos. Que no hay a nadie en el mundo de la radio que no te quiera. Que no tenes enemigos. Que te la pasaste acercando posiciones, cerrando brechas, reconciliando gente, valorando la diversidad en el más amplio sentido de la palabra.
Para mí, vos, Bravito, Carrizo y Cacho Fontana estaban en el olimpo de los próceres de la radio. De los que reinventaron la magia de la comunicación. Primero me atravesó tu Flecha Juventud mientras yo celebraba la rebeldía del pelo largo, los vaqueros gastados y los dedos en ve. Con la música de los Beatles., por supuesto.
Graciela Mancuso, tu compañera inseparable para tirar paredes con los tonos y las melodías. Pobre Graciela, ella también fue a buscarte entre el éter del paraíso de un estudio radial ubicado en el paraíso.
Cuanto asombro por la filosofía pacifista cargada de humanismo de John Lennon que modeló nuestra ética de la solidaridad. Con todo eso crecimos juntos. Con tu extraordinaria capacidad para crear climas, para establecer una atmósfera de buena onda con el entrevistado. A veces pienso que con Juan Ramón, con semejante viejo, con ese maestro de locutores, no tenías otro destino que aferrarte a los micrófonos y vivir entre auriculares. Hijo de tigre. Hijo del ISER.
Seguimos de cerca esa batalla desigual que diste contra ese maldito cáncer que seguramente debe odiar la música, los medios y la alegría. ¿Quién lo hubiera dicho? Meterse con Juan Alberto Badía, que hijoputez. Con ese locutor gigantesco que formó generaciones y que jamás apeló al escándalo ni al trazo grueso. ¿Te acordás del día que empezaste en radio Antártida? ¿De tu primer aviso? ¿Del furcio que más te avergonzó? De tus grandes éxitos. Le abriste una puerta gigantesca en la tele a Marcelo Tinelli y él te devolvió la gentileza y el gesto de amistad. Te ganaste en buena ley 6 premios Martin Fierro y uno a la trayectoria con un discurso de agradecimiento que nos hizo llorar a todos. Sobre todo a tus hijos, a Bárbara, Natalia y Juan Agustín que deberán sentir orgullo genuino y eterno. Estabas abrazado a tu hermana Marisa. Ella te sostenía y toda la gente aplaudía de pie. A toda la industria de los medios audiovisuales se le estrujó el alma a verte tan optimista, tan íntegro, tan frágil. Siempre pensando en proyectos y laburando cien horas por día. Pero aprendiste al final que tenías que abrir las manos y permitirse recibir tanto afecto. Y eso fue aliviador.
Escuché que dijiste que era increíble la cantidad de gente que defendía tu vida como si fuera propia. Es cosecha merecida de tu siembra. Todo lo bueno que hiciste hoy te vuelve multiplicado.
Me consuela saber que nunca estarás solo. Que millones te estarán sintonizando porque igual que Bravito, tu domicilio es el aire. Que te esperaron John Lennon y el flaco Spinetta. Ahí fue el capitán Beto, flaco. Cuidalo. Aquel día te llevó una noticia como para dar la vuelta olímpica en el cielo. Habían vuelto a primera. Justo. Hay una banda roja que los envuelve. Un estadio de fiesta. Celebrando la vida de Badía y sus sesenta y cuatro años de ejemplo. Tal vez eso sea lo que más duele. Fue demasiado pronto, Juan Alberto. Cuando tenga sesenta y cuatro años, aun me seguirás necesitando, todavía me seguirás alimentando. Cuando sea más viejo y se me caiga el pelo. A los sesenta y cuatro lloramos tu despedida que es bien arriba, con la luz roja encendida eterna en tu homenaje:
Imagina
Tu puedes decir que soy un soñador,
Pero no soy el único,
Espero que algún día te nos unas,
Y el mundo vivirá como uno solo, Beto querido.
El día del hasta pronto, en el cementerio de Pilar, Alejandro Lerner comenzó tímidamente a entonar Let it Be. Y todos lo acompañamos con la garganta inundada. Fue un himno de despedida. Déjalo Ser. Todos te dejaron ser. Y vos nos dejaste ser a todos. Beto querido, te extrañamos. Que en música descanses. Y que una radio te acompañe por toda la eternidad.

La corrupción de Zannini – 28 de noviembre 2018

La Oficina Anticorrupción que encabeza Laura Alonso denunció a Carlos Zannini por enriquecimiento ilícito. El juez Sergio Torres dispone ahora de una serie de pruebas que son demoledoras. Hay un señor de Villa María, ciudad pegadita a Villa Nueva donde nació “el Chino”, que hizo una fortuna en pocos años. Se llama Daniel Souto y las denuncias de los vecinos y las pruebas que certificó la policía, confirman que es un testaferro de Zannini. Este muchacho Souto era un gomero y aportaba como trabajador autónomo. Hoy es millonario. Tiene 9 mil hectáreas de un campo llamado “Anta Muerta”, en Orán e Iruya en Salta. Pero como si esto fuera poco, le fue tan bien a Souto que es presidente de 5 empresas, dos de las cuales tienen domicilio en sitios baldíos y tiene un complejo de cabañas y 8 autos de alta gama que compró siempre al contado.
Zannini hoy es director del Banco de Santa Cruz en representación del estado y sigue siendo la mano izquierda de Cristina.
Ahora está libre, tal vez por poco tiempo, pero cuando estuvo preso, en una entrevista en la cárcel de Ezeiza, dijo algunas barbaridades que no se pueden dejar pasar. La más grave es que aseguró que “era más legal mi detención en la dictadura que en este momento”. Semejante nivel de irresponsabilidad y mentira lo planteó Zannini ante el periodista Jonathan Viale.
Las diferencias entre el terrorismo de estado de Videla y su banda criminal y el gobierno democrático de Mauricio Macri son abismales y obvias. Pero para aquellos desmemoriados o malversadores de la historia como Zannini conviene recordar algunas cuestiones.
Durante el genocidio del 76, los militares fascistas secuestraron, torturaron, asesinaron e hicieron desaparecer en los campos de concentración a miles de argentinos civiles y se quedaron con muchos de sus hijos a los que consideraron botín de guerra. No funcionaba ninguno de los poderes republicanos. Los periodistas eran chupados como moscas si se atrevían a denunciar semejantes violaciones a los derechos humanos. La actividad política y los partidos fueron prohibidos. Ningún preso podía darle una entrevista a la televisión como hizo Zannini.
Hoy funcionan con independencia absoluta el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial, pilares de la democracia donde el partido político en el que milita Zannini tiene funcionarios en todos los niveles. En el Congreso de la Nación, donde el gobierno constitucional de Macri no tiene mayorías se debate todo, todo el tiempo.
Hay cientos de marchas de protestas de todo tipo y la prensa publica lo que se le antoja, como por ejemplo una entrevista a Carlos Zannini. El “Chino” tiene los mejores y más caros abogados y su familia lo pudo visitar como a cualquier preso. Hay jueces y fiscales que actúan y que si se exceden o equivocan hay instancias superiores que pueden cambiar sus decisiones. De hecho, Zannini, salió en libertad.
Zannini sabe que nada de esto ocurría en la dictadura. Que es una locura comparar ambos sistemas. Que es vaciar de contenido el horror de los crímenes de lesa humanidad al compararlos con detenciones por prisión preventiva que, reconozco, son polémicas y opinables, pero las decisiones de gobierno, equivocadas o no, las toman los votos y no las botas.
Zannini, más que muchos otros, porque vivió la barbarie dictatorial en carne propia, debería saber que no hubo en la Argentina nada más ilegal y feroz que la dictadura de Videla.
Otra salvajada que Zannini dice es que Lázaro, Cristóbal, José López, sus viejos compañeros de gabinete y también de calabozo “están injustamente detenidos”. Otra vez: se puede conceder la discusión sobre lo conveniente o no de las prisiones preventivas tan largas. Pero que se trata de delincuentes que saquearon a todos los argentinos de la mano de Cristina, a esta altura, es indiscutible. Es un dato de la realidad. Pruebas e indicios sobran respecto de las coimas y los sobreprecios en la obra pública y todo tipo de negociados sucios y corruptos.
Zannini fue uno de los ideólogos de sumar a nuestro país al chavismo y la presunta revolución bolivariana que hoy sembró de muertos y miseria Venezuela. Y finalmente, disparó un disparate mayúsculo, una superstición grosera al decir que la grave enfermedad que padece Héctor Timerman es producto del ensañamiento que la comunidad judía tuvo con él, cuando eso, es imposible de probar. El origen de un cáncer no lo sabe ni Dios. Mucho menos Zannini que no cree en Dios. El tema se podría plantear al revés: fue Timerman el que traicionó a su comunidad con el solo objetivo de ser obsecuente y verticalista y agradar a Cristina.
Grígori Rasputin fue el ministro confidente de la zarina Alejandra, esposa del rey Nicolás II de la dinastía de los Romanov.
Carlos Zannini fue el funcionario confidente de la zarina Cristina, viuda del rey Néstor de la dinastía de los Kirchner.
No es exactamente el mismo concepto, pero en política, a los que actúan manejando todo desde las sombras se los asocia al concepto de Rasputín o de Monje Negro.
El Monje Negro de los Kirchner, el todo poderoso casi intocable, hoy está acusado de enriquecimiento ilícito y ese es un acontecimiento histórico que muy pocos imaginaban.
Es que era el comisario político. El alter ego de Ella. Zannini tuvo que sufrir diversos escraches humillantes que de ninguna manera celebramos. Pero le fue difícil caminar por la calle en Río Gallegos, ir al supermercado, tomar un café o un avión. El escrache es repudiable. La condena social, comprensible.
Una broma que circuló hace un par de años habla de la mimetización de Zannini con el matrimonio Kirchner. Se preguntaba en caso de un divorcio entre Néstor y Cristina quien se quedaría con Zannini. Para ordenar verticalismo al justicialismo, el Chino, inventó esa frase humillante y castrense y castrista que dice “A la presidenta no se le habla, se la escucha”.
Zannini es el autor intelectual y ejecutor de todos los avances autoritarios e intentos hegemónicos del cristinismo.
Es el que diseñó el ataque a la justicia y al periodismo. El que quiso forjar un país con discurso único.
Zannini es un duro dogmático que se formó como marxista leninista maoísta y admirador de Albania, no de China. Fue un cuadro de Vanguardia Comunista que apoyó al clasismo combativo en el sindicalismo cordobés. Estuvo preso cuatro años y en la cárcel conoció a Gerardo Ferreyra, uno de los dueños de Electroingeniería, que en esa época militaba en la guerrilla del Ejército Revolucionario del Pueblo y hoy está preso por ladrón. Carlos Alberto Zannini es un símbolo del dogmatismo extremo e infantil de estos años. Es un comandante de la tropa kirchnerista pero también, un soldado de Cristina. Cambia todo cambia. El poderoso se quedó sin poder. El monje negro tuvo que dejar de lado la soberbia y salir de las sombras.
Carlos Zannini está en su peor momento. El fantasma de lo que fue lo persigue. Se le apareció con escraches en un supermercado, en la cancha y en un avión. Y ahora la justicia podría volver a colocarlo nuevamente en una celda en poco tiempo. De Rasputín a preso. Frase sabia de un político italiano: el poder desgasta, pero desgasta más al que no lo tiene. Y Zannini lo sabe…

Cacho de Fierro – 27 de noviembre 2018

Cada cosa en su lugar. Me dio mucha alegría los Martin Fierro que anoche recibieron Rolando Barbano, Marcelo Longobardi, Marcelo Bonelli, el Mitre Informa Primero y Cristina Pérez. Pero le confieso que la máxima emoción, como le pasó a mucha gente, fue la presencia de Cacho y Pinky. Ambos dijeron cosas conmovedoras por lo profundas. Ustedes no saben lo difícil que es estar alejado de este medio, confesó Cacho. Jamás tuve miedo en la radio y en la tele, aseguró Pinky. Impresionante. Silencio y respeto que hablan los que saben.
Hace siete meses hablamos con Fontana por estos micrófonos y nos quedamos tranquilos al comprobar que está muy bien cuidado por sus hijas y que comparte sus horas con Pinky en un hogar de excelencia.
Todos los que amamos la radio y nos ganamos la vida con sus oficios, hoy deberíamos levantar la copa y brindar por Cacho. Y agradecerle a este verdadero monumento a los medios, el periodismo y la locución.
El 23 de abril de 1932 nació por primera vez Cacho Fontana.
Se llamaba Norberto Palese. Su padre ganaba 160 pesos como capataz de un galpón del Ferrocarril Belgrano y su madre cosía a máquina junto a la ventana. El arrabal de Barracas era su mundo. Se prendía a un cepillo de pié, lo acercaba a su boca y soñaba relatando como Fioravanti. Annabella, su primera noviecita de la calle Vieytes… el piberío… la esquina, el respeto por don Adolfo Pedernera y la locura por la máquina de la banda roja. A la noche, los Palese, se daban el mejor de los gustos: escuchar a Luis Sandrini. Para reír y llorar en familia.
Un día de 1949, nació por segunda vez Cacho Fontana.
Ya era un personaje inventado por Norberto Palese que debutó presentando en el salón “La Argentina” a la orquesta de Roberto Padula. Anunció el primer tango de su vida y dijo: “Canaro en Paris…” Ganaba 10 pesos por baile. Después vino la orquesta de Domingo Federico, el primer aviso con esa voz inigualable que ofrecía confiabilidad, precisión y que dijo: “Rematador Loturco, en Guernica”. Radio El Pueblo, la utopía de Radio El Mundo. El famoso encuentro con su amado Antonio Carrizo y la anécdota mil veces contada:
-¿Pibe, usted es Fontana?, le preguntó el flaco de la vida y el canto…. Sale bien pibe ehhh… pero deje el bolero.
Eran tiempos de cambios, de decirle chau a los engolamientos y a los almibarados locutores de entonces. Cacho entendió rápido el negocio y pateó todos los tableros. Revolucionó la radio. La hizo de nuevo.
Durante años el “Fontana Show” fue el programa de mayor audiencia. Inventó los móviles, una manera especial y vertiginosa de entrar a la noticia. La gloria de Radio Rivadavia, el locutor más vendedor, la imagen más transparente, el más prolijo. El pelo engominado. Cacho era el símbolo de la armonía que algún día le iba a explotar en las manos. Era impecable. Cacho tenía cada cosa en su lugar.
Una noche le hizo el mejor de los regalos a sus padres. Un departamento de lujo y de yapa les llevó a Luis Sandrini a cenar a su casa. Para que juntos recordaran aquellas noches de verano en Barracas, con el aroma del espiral y los malvones.
Ese locutor de la Nación fue reconocido por el Senado de la Nación. Le dieron la Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento. Es la máxima distinción que otorga la cámara que representa a todas las provincias argentinas.
Grande entre los grandes, Cacho inmortal. Todos los locutores le deben algo. Son los salieri de Cacho. Porque el rompió el molde, reinventó esta profesión noble que empieza en la voz clara y modulada y termina como nudo en la garganta.
Hubo un tiempo maldito donde le faltó esa Seguridad Odol en las neuronas. Desbarrancó, se cayó a pedazos. La vida lo cagó a trompadas en ese ring donde solía anunciar a los grandes boxeadores de la mano de Tito Lectoure, su amigo de toda la vida hasta que la muerte los separó. No fue un minuto Odol en el aire, ni la luna le dijo al sol que lindo que son tus dientes. El país ya no se paraba para verlo como antes. O mejor dicho, igual que en las carreras, se paraba en las curvas para ver cómo se pegaba la piña.
Cacho de las sentencias, de la sabiduría de la noche y el mostrador. Cacho tanguero, vestido de smoking y moñito entre el rubio champagne y las rubias del Chantecler. Sonrisa gardeliana, quien si no iba a tener los dientes perfectos como propaganda de dentífrico.
La vida de Cacho en muchos puntos se toca con la de Diego Maradona. No solo porque fue el número uno por lejos en lo suyo, gambeteando furcios, poniendo la inflexión correcta en un ángulo, leyendo un aviso desde la mitad de la cancha como nadie. No solo en eso se parecen Cacho y Diego. También tuvieron sus parábolas de ídolo. Su amor y su desprecio por parte de la gente. Cacho y Diego no solamente compartieron la gloria. También compartieron Devoto. Porque ambos se perdieron en los laberintos malditos.
En carne propia comprendieron que cuando uno se cae en esas profundidades hasta que no logra ponerse de pié, está condenado a avanzar arrastrándose. Y eso humilla. Da vergüenza ante las hijas, te encierra en odio con tu esposa. Te aleja de tu oficio que es lo que más querés y lo que mejor hacés.
Una vez le preguntaron si le había pegado a Marcela Tiraboschi, una joven de 22 años que se ganaba la vida mostrando su redondeces en el programa de Sofovich y dijo:
– No acostumbro a hacer esas cosas con las mujeres. Hago otro tipo de estupideces, como enamorarme, por ejemplo.
Cacho Fontana se fue quedando solo y hasta tuvo que comer gracias a la solidaridad de los amigos.
Justo él, que en las noches de las noches era capaz de cerrar un boliche y repartir burbujas seductoras y bataclanas para todos. Su madre se fue quedando ciega, tal vez para no verlo en el derrumbe.
Porque después sí que se vino la noche para Cacho. Pero la noche pesada, de gatos de cuarta y de viajes de ida. Que puedo hacer si me gustan las mujeres con pasado, decía, cargándose a sí mismo. Ya había pasado taconeando por su vida la gran Beba Bidart. Pero hubo un momento en que la gente empezó a hacer leña del Cacho caído. El escándalo, la parálisis facial, los corticoides que lo inflan para curarlo, la idea de suicidarse que se repite hasta que …
Un día de junio de 1999, Cacho Fontana nació por tercer y última vez.
Resucitó del tiro de desgracia con el que se había castigado. Ese día del Martín Fierro, tocó el cielo con las manos. Lo ayudó su tercera y definitiva ex mujer, Liliana Caldini, la madre de sus dos hijas. La que tuvo destino de familia con sus genes.
La vida le dio revancha y Cacho la ganó el premio a la trayectoria. Subió temblando de emoción con las cámaras en vivo. Miró de frente a los 40 puntos de rating y desnudó sus miserias. Fue el día del perdón. Pidió disculpas por tantas macanas. Lo juró por sus hijas, por Antonella y Ludmila, y por sus nietas. Alcanzó a decir que se juramentaba ante Dios convertir esa trayectoria en futuro y se quebró y nos quebró a todos. Se tapó la cara y Cacho Fontana lloró desconsolado. Y pidió una oportunidad más. Y todos se la dieron.
A mi lado estaba otro locutor de lujo, heredero y continuador de esa estirpe llamado Fernando Bravo que, por supuesto, estaba llorando. Todos nos pusimos de pié. Para verlo correr en la recta y llegar a la meta como está llegando ahora con sus proyectos de radio y tele. No queremos un Cacho de Fontana. Lo queremos entero, de pie, para que salga a dar cátedra con los cientos de tonos con que lee las noticias o la tanda. Para que otra vez, con su sonrisa gardeliana, vuelva ese minuto Fontana en el aire., para que otra vez transmita y reclame seguridad como solo él sabe hacerlo y es su marca registrada. Un Cacho de 86 años que sigue soñando. Nació tres veces. Así en la vida como en la radio. Cacho de Fierro.