Argentina hecha pelota – 26 de noviembre 2018

A esta altura no me interesa hablar de fútbol. La locura del River y Boca no es más que la explosión en vivo y en directo, de los peores disvalores que se instalaron en la Argentina en los últimos años. El no partido solo fue una vidriera irrespetuosa del cambalache en el que se ha convertido la Argentina. Todos vimos llorar la biblia contra un calefón.
Hoy más que nunca el himno nacional de este momento histórico es un tango que nos retrata el alma y nos perfora el corazón porque: “Es lo mismo el que trabaja/Noche y día como un buey/ Que el que vive de los otros/Que el que mata o el que cura/O está fuera de la ley”.
Es la puesta en acto de lo que proponen culturalmente los liderazgos más tóxicos de la Argentina barra brava.
Héctor Godoy (a) “Caverna” es un mafioso pesado que maneja “los Borrachos del Tablón” hace casi diez años. Es hincha de la banda, no de la roja, de la banda de delincuentes que lidera. Era changarín y ahora es millonario en todo el sentido de la palabra. Lo agarraron con las manos en la masa. Con diez millones de pesos y 300 entradas que se cotizaban a precio de oro en la reventa. Y sin embargo está libre. Insisto: en el mismo lodo, todos manoseaos.
Los salvajes que atacaron el micro de Boca sabían lo que hacían. Se agruparon todos juntos en un solo lugar bien estratégico y casi desprotegido. Le fueron a pasar la factura a las autoridades de la Ciudad porque cometieron el “pecado” de combatir al delito de estos verdaderos hombres de las cavernas. Tiraron piedras, botellazos, podrían haber producido una tragedia porque el chofer del colectivo se desvaneció y tuvo que seguir al volante el vicepresidente de River. Los vándalos planificaron desmanes por todos lados para agredir a la policía. Una verdadera batalla campal. Rapiñaron entradas a las trompadas. Destruyeron un auto a pedradas y después lo vaciaron. Con gran esfuerzo fueron detenidos 56 patoteros que no merecen vivir en esta sociedad que pretendemos civilizada. ¿Qué pasó con ellos? Lo mismo que con los cavernícolas millonarios de Godoy.
Ya están todos libres. Y caminan por la calle al lado de la inmensa mayoría de los argentinos honrados. Otra vez Discépolo tenía razón: los inmorales nos han igualado. A esta altura el rol nefasto y zafaroniano de un sector de los jueces nos hace la vida cotidiana y el futuro imposible. Hay una vocación brutal y antidemocrática por favorecer a los delincuentes. La señal que envían a la sociedad es terrible: impunidad. Los delincuentes de todo tipo saben que nunca hubo tantos jueces y fiscales dispuestos a liberarlos por ideología, por miedo o por plata.
El presidente Macri anunció hoy que van a enviar a sesiones extraordinarias una ley para que los jueces y fiscales no tengan más ninguna excusa para actuar con contundencia. Es para ayudar a terminar con la violencia en las canchas. Sus salvajadas, dejan de tipificarse como “suaves” contravenciones y se convierten en delitos penales que deben ser duramente castigados. Para que no entren por una puerta llevados por la policía y salgan por la otra, acompañados por sus carísimos abogados que aprovechan al máximo hasta el mínimo vestigio que deja la fría letra escrita.
Miguel Angel Pichetto dijo que las fuerzas policiales no pueden reprimir como en Francia, por ejemplo, porque la visión cultural de las izquierdas hizo que todo lo que hagan las fuerzas de seguridad se ponga bajo sospecha. Tiene razón Pichetto. Solo le agregaría que ese sistema de ideas nefastas se fortaleció y se expandió durante el gobierno de Cristina a la que en su momento, Pichetto apoyó verticalmente y ahora critica racionalmente, pero sigue protegiendo con la negativa a quitarle los fueros parlamentarios.
Si no hay premios a los honestos y castigos a los pistoleros, se fomenta lo peor de la sociedad. Eso envalentona a los y a las hijas de puta que no dudan en utilizar hasta sus propios hijos para cometer delitos. Esa señora que envolvió a su hijito con un cinturón de bengalas no merece otro calificativo: Mala madre. Merece la cárcel y que las autoridades de defensa de la niñez trabajen para quitarle la tenencia de su hija que podría haber muerta, prendida fuego, como una antorcha humana con solo una chispita.
Mucha gente tiene la sensación de que estamos en manos de los mafiosos y malandras. Que durante más de 12 años de kirchnerismo se multiplicaron las peores actitudes. Se fomentó el piquete todos los días y en todo lugar. Lo único que vale es la autoridad del que ocupa con violencia la calle. Y ojo con aplicarle la fuerza de la ley porque el aparato mediático de Cristina enseguida denunciará una feroz represión de las fuerzas policiales de la derecha macrista.
Tomas de tierra que se convierten en tierra de nadie y donde la ley de la selva es lo que aparece antes de que muera gente humilde asesinada. Ladrones de estado descomunales como Cristina, De Vido y el resto de gran parte de su gabinete y sus empresarios socios y amigos que todavía dicen que son inocentes y que las cientos de pruebas son inventos de los medios. Y uno de cada tres argentinos que está dispuesto a creer esas mentiras. Se hicieron millonarios con los dineros del pueblo y encima parte de ese pueblo los considera sus salvadores. ¿Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!
Algo muy grave nos está pasando. Cristina, en su momento, elogió a los barras bravas como si fueran carmelitas descalzas. Después demagógica como nunca o como siempre, les dijo a los chicos del secundario que tomaban los colegios que no tenían nada que aprender de sus docentes.
El mayor amigo y embajador político del Papa, Juan Grabois le hace de guarda espalda ideológico a la ex presidenta cuando tiene que rendir cuentas en tribunales por la colosal fortuna que robó y dice que quiere que ella vuelva pero sin los corruptos. Un oxímoron porque la jefa de los corruptos es ella. Pero el gerente de coimas y afines, don Julio le dice a Grabois que es un ortiva y un vigilante.
El Papa recibe y abraza a Pablo Moyano como si fuera un científico pacifista y honrado. Le envía rosarios a muchos delincuentes como Milagro Sala y abrazos y cartas a Hebe de Bonafini que dice: “Esta a carta de Francisco me autoriza a decir que Macri y su runfla son unos reverendos hijos de mil putas.”.
Y siga la joda. Los que respetan la ley y las normas son caracterizados de boludos. Y los violentos, los ladrones y los que delinquen son mirados como transgresores innovadores y piolas.
Muchos compatriotas admiran ciegamente al Indio Solari o a Maradona. Uno dice que el lujo es vulgaridad pero tiene un departamento en Nueva York, se moviliza en 4×4, viaja en aviones privados con valijas llenas de dólares, vive en el lujo de Parque Leloir con Hugo Moyano como vecino y ni se inmuta cuando sus fanáticos, muchachos muy humildes, mueren en sus recitales.
El otro, otrora el mejor futbolista del mundo dice que Argentina es un desastroso volcán y que nos merecemos esto por haber votado a Macri. Sin embargo, Diego admira a Chávez y Fidel, emblemas de países donde hay mucho más hambre que democracia. Encima, Maradona produce pena porque no puede ni siquiera decir diez palabras seguidas sin que sus neuronas castigadas por tanto descontrol, le pongan freno a su lenguaje. ¿Son Cristina, Maradona, el Indio Solari, Juan Grabois, Hebe los conductores y referentes que esta sociedad necesita para salir del abismo ético y cultural en donde nos arrojaron?
¿Es cierto que el que no afana es un gil?
La semana pasada hablamos de All Boys y Luis D’Elía, ese concubinato mercenario para el mal. Es un grupito que suele apelar a Hitler para sus cantitos nazis contra Atlanta en las tribunas, fue funcional al fascismo tanto de izquierda como de derecha. Luis D’Elía los contrató por unos “manguetes” para dos actos: uno a favor de Palestina y otro para apoyar a Nicolás Maduro. En ese momento les pagó 25 mil pesos. El mismo lo confesó en una escucha telefónica.
Tal vez por eso y para evitar que vayan a la cárcel, los sectores más fanáticos de Cristina y Hugo Moyano, están apostando a llevar todos los conflictos al extremo para serrucharle el piso a Macri y empujarlo a que se vaya en helicóptero por los techos de la casa rosada. Son el violento kirchnerismo chavista que se cree dueño de la patria.
Hay mucha agresividad y hostilidad en el asfalto y el barro de nuestra bendita argentina. Hay mucha grieta, mucho odio que explota por cualquier lado. Se nota que a los K les encanta potenciar los conflictos y las agresiones. Y eso, les llaman aguante o resistencia política. Son ellos los que consolidaron este país barra brava. Son ellos los que dejaron una Argentina hecha pelota.

Premio a nuestra ciencia – 23 de noviembre 2018

Dentro de una hora, la dirección General de Cultura del Senado de la Nación, le va a entregar la Mención de Honor “Domingo Faustino Sarmiento” al doctor Gabriel Rabinovich y su laboratorio de inmunopatología. A principios de año yo le conté su historia luminosa. Vale la pena recordarla porque es aire fresco que nos llena los pulmones.
Cuando los argentinos contemporáneos escuchamos el apellido Rabinovich, automáticamente pensamos en un genio de la cultura, el humor y la música: hablo de Daniel Rabinovich, que en paz y risas descanse, uno de las figuras fundacionales de Les Luthiers.
Pero ahora, hay otro genio llamado Gabriel Rabinovich que no hace reír pero que despierta orgullo nacional y esperanza celeste y blanca.
Me gustaría decir que en ambos casos utilizo la palabra “genio”, en su verdadero significado y no en ese elogio facilongo que cualquier cholulo le grita a la estrellita mediática de turno.
Estos son genios de verdad. Y no necesitan salir de la lámpara de Aladino.
Según el diccionario de la Real Academia Española, “genio” significa “alguien con capacidad mental extraordinaria para inventar cosas nuevas y admirables”.
Rabinovich significa hijo de rabino. Y el rabino es el maestro hebreo que interpreta los textos sagrados. Tal vez por ese lado podemos encontrar alguna respuesta: Porque las canciones de Daniel en Les Luthiers y las investigaciones sobre el cáncer de Gabriel podrían aplicar a la definición de textos sagrados. Uno enciende la alegría de vivir y el otro, alumbra la esperanza de no morir.
Gabriel dice que la palabra “sacrificio” es el corazón de su vida. Y dice que el significado de “sacrificio es hacer sagrado el trabajo que uno hace”.
Hace poco le conté que estábamos en una entrega de premios conversando con Gabriel y una persona pidió sacarse una foto conmigo. Mi culpa judía explotó de vergüenza. Estábamos ante el científico argentino más brillante, el que más cerca está de conseguir el Premio Nóbel y esta buena señora quería un recuerdo con este humilde periodista. Pensé en la injusticia que los medios a veces cometen (cometemos) al confundir a una persona notoria, que es mi caso, con un talento notable, que es el caso de Gabriel. Esta semblanza de Gabriel intenta reparar aunque sea en algo aquella herejía.
Me gustaría que todo el mundo lo conociera. Que los que admiran a Lionel Messi lo sigan haciendo pero que sumen al cuadro de ídolos a Gabriel Rabinovich. Es el tipo de argentino que necesitamos para volver a ser un gran país como el que nos dejaron nuestros padres. Tiene todas las características del ciudadano que puede ser una locomotora que nos ayude a construir ese país que soñamos para nuestros hijos.
Le pido disculpas por arrancar con algunas confesiones personales. Como buen cordobés, que Gabriel también lo sea, y que no haya perdido la tonada, es algo que me hace inflar el pecho. Fui compañero de su hermana Sonia en la escuela San Martin y hemos compartido como chicos algunos viajes en colectivo y varias tardes en Noar Sioni, el club donde aprendí de todo, pero sobre todo a jugar al básquet. Había algo más en común. Mis viejos tenían una farmacia en Alvear y Sarmiento que hoy maneja mi hermana, mi cuñado y mi sobrino Daniel. Los Rabinovich también tenían una farmacia pero en la avenida Caraffa al 2.100. Su padre, Lucho, es contador, pero Ana, su madre, era la que preparaba alquimias de colores y aromas en remedios casi caseros en la trastienda de la botica.
Gabriel trepó en su nivel de conocimiento por tres motivos recientes: una nota de tapa en la revista VIVA, de Clarín, el premio al investigador de la Nación que le otorgó el presidente Mauricio Macri y su incorporación a la Academia de Ciencias de los Estados Unidos. Los integrantes de esta entidad conforman la elite de la ciencia dura. De allí surgieron 200 premios Nóbel. Cerebros y neuronas privilegiadas al servicio de la humanidad. Apenas hay 465 que no son norteamericanos. Solamente 7, son argentinos. Gabriel es el más joven. Tal vez por eso y porque era el sueño de toda su vida, Gabriel, aquel 3 de mayo del 2016, lloró de alegría. Y porque tuvo que competir con pares de países que son potencias mundiales como Japón o Alemania. Y porque esa Academia de máximo prestigio fue fundada en 1863 por Abraham Lincoln.
Es que este bioquímico pelirrojo y muy informal en su vestimenta apenas tiene 48 años. Y descubrió una puerta de entrada clave en la lucha contra el genocidio planetario, simultáneo y constante que provoca el cáncer.
Dice que le gusta contar historias, mirar películas o hacer deportes. Y que todo eso lo acerca a la construcción lógica y sólida del conocimiento.
Se lo puede ver con su guardapolvo blanco impecable, la barba roja y el corte moderno como líder de 32 investigadores del Instituto de Biología y Medicina Experimental. Es hijo de la educación pública de excelencia. A los 23 años se recibió con honores en la Universidad Nacional de Córdoba. Siempre fue un bocho que confió en el trabajo sistemático para investigar, recolectar datos, experimentar y cotejar con la máxima rigurosidad.
Gabriel Rabinovich confesó que lo marcaron mucho las muertes por tumores de algunos familiares que tuvo que sufrir en carne propia. Y que eso lo motivó mucho en su lucha.
Quería ser maestro y lo logró aunque ejerce la educación científica. Da clases por todo el país. Integró el coro del shill, la sinagoga de la calle Alvear, al frente del olor a linimento del Córdoba Sport donde surgieron varios campeones de boxeo. Su lugar en el mundo es su laboratorio. Pero disfruta y se enriquece con el teatro, el cine y la música.
La pregunta fundacional que se hizo, fue: ¿Cómo se puede hacer para que los linfocitos del sistema inmunológico maten al tumor?”. Y a encontrar esa respuesta se dedicó con alma y vida. Estudia una proteína que es decisiva para destruir el cáncer, las enfermedades autoinmunes, la artritis y la esclerosis.
Tiene un lema que lo fortalece: “Si lo podés soñar, lo podes hacer” y “Sueños grandes, ciencia fuerte”.
Rabinovich es tan argentino que no quiso hacer el post doctorado en el exterior como hace la mayoría. Valora la diversidad de nuestra universidad, pero hizo dos viajes al exterior de perfeccionamiento de su metodología.
Es básicamente un humanista que entiende la solidaridad como servicio hacia los demás y confía en las cabezas abiertas que piensan en forma libre y creativa pero con responsabilidad social.
Milita en una ciencia no partidaria. Dice que nos beneficia a todos por igual y que nos da mayor soberanía. Dice con razón, que el cáncer, su enemigo, no tiene ideología.
Hoy se lo puede encontrar en la calle Vuelta de Obligado al 2.400 en el Instituto donde surgió Bernardo Houssay, el primer premio Nóbel argentino en ciencia. Tal vez eso sea una señal. Allí flota una mística que se refleja en una biblioteca gigantesca como un paraíso. Una vez Gabriel bailó de alegría entre pipetas, tubos de ensayos y computadoras. César Milstein, otro de los genios argentinos ganadores del Nóbel, le había contestado una pregunta.
A muchos jóvenes investigadores y científicos argentinos les debe pasar lo mismo cada vez que Gabriel responde a sus requerimientos o recorre el país sembrando docencia.
Hoy tenemos otro Rabinovich genial. Insisto con la figura: uno ilumina desde el cielo la alegría de vivir y el otro, con los pies sobre la tierra, hoy alumbra la esperanza de no morir de cáncer.
Este genio fabricado en Argentina nos llena de orgullo. Sueña y trabaja donde soñaba y trabajaba Houssay. Tal vez eso sea una señal. Y más temprano que tarde, logremos tener otro premio Nóbel en Ciencias. Gabriel lo sabe: si lo podes soñar, lo podes hacer.

Aguante La Beriso – 22 de noviembre 2018

Esta columna es un homenaje a la música en su día.
Primero los hechos: La Beriso es una banda de rock barrial que convoca multitudes por afuera del sistema tradicional de comunicación. Casi no dan notas. No ponen avisos de sus recitales en los medios y sin embargo, llenan estadios como el de River, Ferro y el Único de La Plata, entre otros. Fueron teloneros de los Rollings Stone. Se manejan en forma independiente de las grandes discográficas y les ha ido muy bien. Pero la música no es mi tema. Soy un ignorante y por eso no puedo opinar. Lo que realmente me interesa rescatar, es que se han convertido en un fenómeno cultural porque el discurso de sus letras y de las intervenciones de su conductor y cantante, Rolando Sartorio, apuestan a la convivencia pacífica y al disfrute artístico y no a alentar a los violentos ni a generar bardo todo el tiempo por cualquier cosa.
En momentos donde todos los argentinos padecemos el autoritarismo callejero de los que cortan rutas de la gente que va al laburo o rompen todo y agreden a la policía, es un soplo de aire fresco que un grupo de rock aliente la tranquilidad y rechace todo tipo de conflictos al pedo. Hay mucha agresividad y hostilidad en el asfalto y el barro de nuestra bendita argentina. Hay mucha grieta, mucho odio que explota por cualquier lado. Por eso es tan útil que desde un escenario juvenil y musical se hagan votos para que todos nos respetemos y nos cuidemos entre nosotros. Paz y amor, podría ser la vieja consigna de los hippies que es mucho más revolucionaria que Guerra y Odio. Rolo suele decir, tranquilos muchachos, regresen despacio y sin hacer lío a sus casas. Para nosotros, el recital termina cuando ustedes llegan a sus casas, sanos y salvos. Cualquier padre de familia agradece esa recomendación. Celebra que no los inciten a cometer delitos y que les digan que hoy la revolución es el respeto. Dice Rolo que les costó mucho, pero lograron acercar a las familias a los recitales. Tienen un tema hermoso dedicado a su padre y su madre en el que suele terminar llorando. Es que Sartorio tuvo una vida muy sufrida. Casa de chapa y madera por el Dock, y dos hermanas muertas muy temprano. Ese dolor está presente en sus temas y todo el mundo se emociona. ¿Quién no tiene una pérdida que suavizar con lágrimas?
La Beriso es una novedad luminosa que vale la pena atender, comprender y, si se puede, multiplicar. Porque otros grupos o cantantes como La Mancha de Rolando o el Indio Solari, ex líder de los Redonditos de Ricota, se llenan los bolsillos, pero su relato presuntamente transgresor es demagógico, filosóficamente kirchnerista y en muchos casos fomenta todo tipo de enfrentamientos. Y hubo varios casos que terminaron en forma trágica. Desde el comienzo no puedo olvidar que los Redondos ni se preocuparon cuando Walter Bulacio, uno de sus seguidores, murió producto de los golpes que recibió de la policía en la puerta de Obras Sanitarias. Jamás movieron un dedo para ayudar a su familia ni se interesaron en el caso de Walter, un chico humilde, de barrio que no había conseguido entradas y se había quedado en la puerta para escuchar el recital desde la calle.
Eso pasó el 19 de abril de 1991, hace 27 años. Walter tenía 17 años, vivía en Aldo Bonzi y juntaba las moneditas para ir a ver a sus ídolos. Pero sus ídolos, encabezados por el Indio Solari se lavaron las manos. No hicieron ni un recital para ayudar a su familia.
Ese fue el comienzo del Indio que de la boca para afuera habla como un revolucionario misterioso y de anteojitos, pero es un millonario que tiene un departamento en Nueva York, en esos Estados Unidos que tanto desprecia y viaja en avión privado con la valija llena de billetes de la recaudación y vive en una mansión de Parque Leloir. Es vecino de Hugo Moyano y admirado por Aníbal Fernández. Y como si esto fuera poco, varios emprendimientos inmobiliarios fastuosos de la zona son de su propiedad. Se ve que para El Indio, el lujo no es vulgaridad. Solo para los pibes que lo van a ver.
¿Se acuerda lo que pasó en Olavarría?
El Indio se llevó 7 millones de dólares porque vendieron una montaña de entradas hasta generar un caos incontrolable. Dos de sus seguidores, Javier León y Juan Francisco Bulacio murieron asfixiados en medio de los incidentes entre muchachos falopeados o alcoholizados en el “Pogo Mas grande del mundo”. Otra vez la hipocresía, la muerte y el Poncio Pilatos que mira para otro lado y encima como una revancha del destino, otro muerto de apellido Bulacio, como hace 27 años.
Le recuerdo que la empresa productora llamada “Chacal”, también fue responsable del show de La Renga donde Miguel Rodríguez murió producto de que fue atravesado por una bengala.
Hablando de muerte y bengalas, los K y hasta Estela Carlotto defienden a Los Callejeros que fueron co responsables de la masacre de Cromagnon donde 194 pibes murieron calcinados. Le repito, 194 pibes murieron calcinados.
La Beriso es muchas cosas, pero una de ellas es que trabaja con otros valores y otros parámetros. Es la contracara de otros grupos que se hacen los transgresores desde el escenario, que sugieren que la violencia y romper todo está bien y que hay que drogarse para ser piolas o por lo menos no se los recuerda repudiando la falopa o explicando que te liquida las neuronas y después liquida a esos pibes que pagan entradas para sostener a sus ídolos.
Rolando Sartorio es todo lo contrario. Celebraron 20 años en el estadio de Velez repleto. Y en un momento dijo, textualmente: “Quería agradecerles porque sabemos que el país está casi destruido y es muy difícil pagar una entrada para ver a artistas”. Allí empezó a escucharse a un grupo cantar contra el Presidente de la Nación. Fue el ya remanido “Mauricio Macri/ la puta que te parió”. Sartorio que se podría haber hecho el boludo para no dividir a su público, tuvo el coraje y la honestidad intelectual de decir: “No puteen a nadie… No lo dije para que hagan eso, sino porque realmente (el país) está mal. Nosotros venimos a disfrutar, no tenemos banderas políticas, así que disfrutemos y dejemos disfrutar, no vayamos en contra de nadie”. Y la inmensa mayoría de la cancha levantó una ovación de apoyo a La Beriso.
Sin embargo el aparato de difamación e injurias del cristinismo le dio con todo. Como siempre Diego Gvirtz hizo punta como lo hacía con su vergonzoso 678. En sus portales reprodujo a impresentables que acusaban de fachos y vigilantes a los integrantes de La Beriso. Gvirtz todavía tiene mucho que explicar ante la justicia por la fortuna que recibió de los gobiernos K. Pero un tal Broncatelli que sale por América TV y muy frecuentemente rebotan sus palabras en Clarin.com, calificó a los muchachos rockeros de «tibios mercenarios”.
Se nota que a los K les encanta potenciar los conflictos y las agresiones. La grieta se había colado en el estadio de Vélez y Sartorio, un muchacho de Avellaneda que vive en Avellaneda y no en Parque Leloir ni tiene departamento en Manhattan, apostó a pacificar los ánimos y a cerrar la grieta con un discurso no partidario apoyado en su música. ¿Quién es el reaccionario? ¿ El que apuesta a la paz y a que nunca se muera nadie en un recital o el que se caga en los pibes y se va en una 4×4 negra hasta el avión privado y de ahí a Parque Leloir y Nueva York? ¿Quién defiende más a los pobres? ¿El que dice el lujo es vulgaridad y vive en el lujo o el que artista humilde que levantó un éxito extraordinario entre muchachos humildes que saben que su ídolo los va a cuidar como si fueran de su familia?
El kirchnerismo sembró varios disvalores de los que va a costar mucho salir. Cristina elogió a los barras bravas del fútbol y les dijo a los estudiantes secundarios que no tenían nada que aprender, que ellos tenían que enseñar. La reina de la demagogia y de la corrupción.
Esa futbolización del rock que le dio ingreso a los mafiosos y violentos de las canchas también se vio ayer en la cancha de All Boys. Un grupito que suele apelar a Hitler para sus cantitos nazis contra Atlanta en las tribunas, fue funcional al fascismo tanto de izquierda como de derecha. Luis D’Elía los contrató por unos “manguetes” para dos actos: uno a favor de Palestina y otro para apoyar a Nicolás Maduro. En ese momento les pagó 25 mil pesos. El mismo lo confiesa en una escucha telefónica.
Ayer vimos lo que estos salvajes son capaces de hacer. Hicieron retroceder a la policía a piedrazos, palazos y les arrojaron las vallas metálicas sobre los patrulleros. Esos delincuentes también son parte de la peor política, el peor fútbol y del peor rocanrol. Quien quiera oir que oiga. Muchos de los mejores hijos de este país van a jugarse la vida a esos estadios. Esto es lo que quiero denunciar. Las familias, el estado y los medios tenemos que hacer algo antes de que sea demasiado tarde para lágrimas.
La Beriso lo hace. Por eso digo, aguante La Beriso.