Hijos de Putin – 28 de febrero 2022

Cristina está enamorada ideológicamente de Vladimir Putin. Se puede ver en infinidad de imágenes y en todas sus decisiones políticas.
Insisto: Ella sueña con que Argentina mantenga relaciones carnales con Rusia. Por eso Alberto, en un gesto de genuflexión repugnante, mancilló la soberanía de nuestra patria y se ofreció en forma obscena, como la puerta de entrada a la región para semejante tirano. Los países más democráticos y desarrollados están empujando a la puerta de salida del mundo civilizado a Putin. Y Alberto, para agradar a Cristina, se bajó los pantalones ante un asesino que tiene sojuzgado a su pueblo con censuras, torturas, envenenamientos de opositores y que persigue a los homosexuales.
Insisto: Cristina quiere que seamos como Rusia. Y ella quiere ser la zarina de El Calafate.
Y esto es gravísimo institucionalmente para todos los argentinos. Porque la jefa del jefe del estado, la que realmente manda en este país, tiene como modelo a un criminal de guerra desquiciado, un zarista imperial que puso al mundo al borde de la Tercera Guerra Mundial. Acaba de amenazar con sus ojivas nucleares y sus misiles balísticos.
Esto es lo peor que está ocurriendo en estas pampas. Estos muchachos cristinistas, hoy se muestran orgullosos como hijos de Putin. Destruyeron todo lo que tocaron y ahora nos humillan al poner a nuestra patria del lado del eje del mal, donde se violan sistemáticamente los derechos humanos.
Recién hoy, en el quinto día de ataque a Ucrania, el canciller Cafiero en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, dijo algo más o menos rescatable y condenó el ataque ruso tardía y tibiamente.
Pero hasta ahora, ni Cristina en su hilo de tuits, ni Alberto en sus declaraciones, tuvieron la dignidad de condenar la brutal invasión ordenada por alguien a quien el mundo está comparando con Adolf Hitler.
La serie de tuits de Cristina son un muestrario de eufemismos, soberbia, auto elogios y falsedades. Ni siquiera menciona las palabras “invasión, guerra, Putin o Rusia”. Abusa del lenguaje para encubrir y eso la convierte en cómplice. El que calla otorga.
Esa falsa neutralidad es un disfraz para apoyar el expansionismo ruso y en ese sentido, repiten la historia nefasta de no enfrentar a los nazis.
Rafael Bielsa, el ex canciller y embajador en Chile, dijo que “es mejor no meterse”. Carlos Raimundi, representante en la OEA, eligió seguir de vacaciones debajo de la cama, mientras su segunda no se sumó a la condena a Rusia que firmaron 21 países, incluidos el México de López Obrador y el Chile de Boric.
Eduardo Zuain, embajador en Moscú y el vice canciller Pablo Tettamanti son los gendarmes con los que Cristina controla que nadie se atreva a molestar a Putin. Ella fue la que gestionó las vacunas Sputnik que después tuvimos que mendigar para que cumplieran con las entregas en medio de azafata militantes que lloraban y el relato del relator oficialista, Víctor Hugo Morales. Llegamos a ofrecer a nuestros militares para que hicieran cursos de formación con el ejército que hoy es la vergüenza del planeta.
Para quienes aún tengan dudas sobre el origen de este atropello al mundo libre vale la penar recordar dos declaraciones públicas. Putin dijo: “Ucrania no tiene derecho histórico a existir. Es una creación de Lenin”. Su mano ultra derecha, Dimitri Suslov aseguró que “nos detendremos solo cuando desaparezca la actual Ucrania, aunque cambie el mundo y vuelva la cortina de hierro”. Decirles trogloditas y reaccionarios es poco.
Después están los chupamedias de Cristina que viven congelados en un marxismo decadente y fracasado como Atilio Borón que dijo que “Hay un bando agresor que son los Estados Unidos y la OTAN y un agredido que es Rusia”. Nos toman por estúpidos.
Otra postura insólita fue la de Adolfo Pérez Esquivel, el premio Nóbel de la Paz: “En Ucrania tienen dificultades pero no es una invasión por parte de Rusia”. Una declaración mentirosa y repudiable.
Fernando Esteche fue por el mismo camino coherente con haber fundado el violento movimiento Quebracho.
También fue coherente con su historia Eugenio Raúl Zaffaroni. Colaboró con dos dictaduras en Argentina y ahora llamó a “ser neutral y no tomar partido en un conflicto que nos es ajeno”.
El mundo de la libertad extraña como nunca a Winston Churchill. Su definición define a los hijos de Putin: “el que se humilla para evitar la guerra, tendrá la humillación y también la guerra”.

El nacimiento del padre de la patria – 25 de febrero 2022

Después de tantos días de fuego y catástrofe ambiental, los correntinos en particular, y los argentinos en general, por fin, tenemos algo que celebrar. La bendición de la lluvia apagó la mayoría de los incendios que dinamitaron la provincia. Tal vez don José de San Martín, el padre de la patria nos dio una mano desde el cielo de los héroes nacionales. Porque en esa tierra que volvió a respirar, un día como hoy, pero de 1778, nació el libertador de América. En una humilde casa de Yapeyú, a orillas del río Uruguay, en lo que eran las misiones jesuíticas, Gregoria Matorras dio a luz al argentino más grande de todos los tiempos.
Rescatar su vida y obra, llenará nuestros pulmones de esperanza frente a tantas frustraciones de un gobierno nacional que solo produce bronca y rechazo. Con el mundo que parece arrodillarse frente a un tirano invasor y criminal como Vladimir Putin, viene bien rescatar que San Martín cruzaba las fronteras para darles libertad y romper las cadenas del oprobio en otros países.
Está claro que a San Martín lo necesitamos más que nunca. ¡Qué bien que nos vendría en estos tiempos de cólera y twitter su sabiduría y su coraje patriótico! Qué bien que nos vendría que bajara del bronce o se escapara de los libros para darnos cátedra de cómo ser un buen argentino sin robar ni perseguir a nadie ni sembrar el odio entre los hermanos. Porque todavía vive en el corazón de los argentinos.
San Martín, era austero y honrado hasta la obsesión. Incluso le hizo quemar a su esposa Remedios los fastuosos vestidos de Paris que tenía porque decía que no eran lujos dignos de un militar.
San Martín manejó cataratas de fondos públicos y murió sin un peso. En su testamento se negó a todo tipo de funerales. La muerte lo encontró en el exilio, casi ciego, muy lejos de Puerto Madero en todo sentido. Don José de San Martín fue un ejemplo de rectitud cívica en tiempos de traiciones, corrupción y contrabando.
Estamos hablando de San Martín, que como primer acto de gobierno en Perú aseguró libertad de prensa y decretó la libertad de los indios y de los hijos de esclavos y encima redactó el estatuto provisional, un claro antecedentes de nuestra Constitución tan humillada durante demasiado tiempo. Su gran preocupación fue no concentrar el poder y por eso creo el Consejo de Estado y se preocupó para que el Poder Judicial fuera realmente independiente. Repito, insisto: todo lo contrario al vamos por todo y al intento de dominar y poner de rodillas a la justicia para lograr la impunidad. Una de las enseñanzas más maravillosas que nos dejó San Martín tiene que ver con su rechazo al silencio temeroso generado por todos los autoritarismos: “Hace más ruido un solo hombre gritando que cien mil que están callados”.
Con tantas aulas cerradas por tanto tiempo, con tanto Baradel de la vida que defiende sus privilegios más que la educación pública, qué bien que nos vendría ahora ese San Martín convencido de que la educación era la forma más profunda de soberanía. Decía que la educación era más poderosa que un ejército para defender la independencia. Le sintetizo el tipo de dirigente que nos dejó San Martín con su ejemplo: Respeto por la libertad de expresión, independencia de poderes, austeridad republicana, honradez a prueba de bala, coraje y estrategia y un profundo amor para una patria de todos y para todos. Es el padre de la patria y nosotros, sus hijos, debemos honrar su memoria tratando de multiplicar sus valores y de construir una Argentina a su imagen y semejanza.
Un día como hoy nació José de San Martín. Cristina cometió alguna vez la herejía de sugerir algún tipo de comparación porque Néstor Kirchner también nació un 25 de febrero. Hubo hasta un video titulado “Dos gigantes de la historia”. Hace una década, un editorial del diario La Nación ponía las cosas en su lugar: “pretender hacer esa comparación es un descaro que desprecia la historia y la verdad. Es una actitud irrespetuosa y representativa de lo que pueden el servilismo y el desvergonzado afán de poner la historia al servicio de la ideología”.
Porque San Martín es nuestro. Y nos puede ayudar a sacar los mejor de nosotros. Para no rendirnos ni bajar los brazos frente a los que fabrican autoritarismo para conseguir la suma del poder público. Un San Martín para que nos siga iluminando aún en los momentos más oscuros. Como en aquel combate de San Lorenzo, cuando junto a nuestros granaderos, aliados de la gloria, inscribieron en la historia, su página mejor…

Padre, nos han declarado la guerra – 24 de febrero 2022

Creo profundamente en ese “padre nuestro” de Joan Manuel Serrat. Le pregunta que le han hecho al río que ya no canta. O al bosque porque ya no hay árboles. Su sabiduría poética anticipa que “mañana del cielo lloverá sangre, porque ya están aquí los monstruos de carne con gusanos de hierro”.
Y remata con un nudo en la garganta y el escalofrío que corre por la espalda: “Padre, dejad de llorar, que nos han declarado la guerra”.
Y ratifico que hablo en plural: nos han declarado la guerra. Porque esta criminal invasión ordenada por Vladimir Putin no es solo contra Ucrania. Es contra todos los ciudadanos del mundo que creemos profundamente en la democracia, en la libertad y en la resolución pacífica de los conflictos.
Este energúmeno prendió la mecha de un planeta convertido en polvorín. Los países con gobiernos más racionales y plurales tratan de evitar que llueva sangre y muerte desde el cielo. No es fácil. Putin es un monstruo con misiles y poderío nuclear. Mezcla en sus neuronas mucho de lo peor de la historia de la humanidad: los sueños imperiales del zarismo, los delirios fachistas de izquierda del carnicero Stalin, como si esto fuera poco, su post grado en crueldad, homofobia, censura, tortura y veneno realizado en la KGB. Putin es un extraño aparato adorado por los extremistas de izquierda y derecha. No ha logrado un gran desarrollo económico en su país ni bienestar para su pueblo. Pero tiene una colosal maquinaria estatal para empujar al mundo a la peor guerra desde 1945. Nadie descarta que su mente perversa pueda desatar una Tercera Guerra Mundial. Hay que encender una luz de alerta roja en el sobrevuelo amenazante de aviones chinos sobre Taiwan.
Es incomprensible que el gobierno de Cristina y Alberto se haya arrodillado a los pies de Putin. Que le haya ofrecido relaciones carnales con una genuflexión que traicionó a la patria. Se ofrecieron como porteros para que el expansionismo ruso ingresara a esta región.
La carta de Cecilia Nicolini en su momento confirmó que Cristina y su tropa admiran a semejante tirano. Se encerraron en la vacuna Sputnik para cerrarle el paso a la Pfizer y encima los genios de Moscú ni siquiera cumplieron con las entregas. Tuvimos que enviar aviones heroicos, con azafatas que lloraban soberanía y con Víctor Hugo Morales, el relato del relato dando vergüenza ajena.
El intelectual Hernán Iglesias Illa, hizo la mejor radiografía de esa perversión pre-ideológica: “Escribo paranoia – dice- , teorías conspirativas, “agresor que se siente víctima”, complejo de inferioridad, y no puedo evitar pensar en el kirchnerismo. Quizás estas actitudes primarias, anteriores a la ideología, sean lo que hermane tanto con Putin a nuestro peronismo de izquierda, que ya no disimula sus simpatías”.
Hasta ahora, Cristina y Alberto aturden con su propio silencio. El primer comunicadito de la cancillería fue una muestra gratis de colaboracionismo con Putin y pánico frente a sus reacciones. Después, para disimular un poco, el gobierno le pidió a Rusia que frene las acciones militares y rechazó el uso de la fuerza. Alberto y Cristina no hablaron. La cancillería no utilizó las palabras “guerra” ni invasión”. Encima dejaron trascender que no se van a plegar a las sanciones económicas porque Rusia es “un aliado estratégico”. Asi nos va.
Da vergüenza ajena y deja a la Argentina del lado del eje del mal. Todas las democracias orgullosas de serlo han condenado con contundencia y en la voz de sus presidentes al imperialismo jurásico de Putin. Argentina hace un llamado a la paz. Es indignante. Un tiburón asesino con colmillos nucleares atacó a una mojarrita pacífica y el gobierno kirchnerista cree que es posible tomar una postura equidistante de ambos países.
Putin, apretó un botón y llevó al mundo al pasado más terrible. Como metáfora se vio a pobladores ucranianos huir hacia los viejos refugios, que en algunos casos la modernidad convirtió en bocas del subterráneo.
Hasta Pedro Sánchez, el presidente del gobierno de España condenó con firmeza el atropello militar. Este amigo de los kirchneristas, milita en el socialismo obrero pero no come vidrio.
La ausencia de guerras abiertas hasta hoy fue casi el único activo de la comunidad internacional.
Ayer le dije que el ejército incorporó a sus pertrechos varios crematorios ambulantes.
Pretenden cremar a los muertos para evitar la tenebrosa imagen de las bolsas negras con cadáveres que en su momento impactaron en la conciencia de los Estados Unidos y que venían de Vietnam o de las que llegaban a la Unión Soviética desde Afganistán.
El embajador ruso en las Naciones Unidas fue contundente: “No hay purgatorio para los criminales de guerra: van directamente al infierno”.
Putin le puso una pistola en la cabeza al mundo democrático. Por eso digo que nos han declarado la guerra a todos. No está demás pedirle a Dios que la guerra no nos sea indiferente. Ya lo dijo León: es un monstruo grande y pisa fuerte, toda la pobre inocencia de la gente”.