En declaraciones a una radio militante, Ricardo Echegaray confesó que Oscar Parrilli fue el único que lo llamó para solidarizarse y que lo hizo a título personal. Contó que nadie más levantó el teléfono y que tampoco espera que nadie lo llame. Esto confirma que su caso es sumamente raro y que en algún momento nos vamos a enterar de lo que realmente pasó con esa causa. Por ahora no se entiende porque Cristóbal López y su cómplice Fabián de Sousa fueron lo que cometieron el delito y fueron absueltos. Y Echegaray, que facilitó que se consumara ese delito y fue partícipe necesario y cómplice, fue condenado a 4 años y 8 meses de prisión con inhabilitación de por vida para ejercer cargos públicos. Los fundamentos de ese fallo recién se conocerán el 17 de marzo y en ese momento, el condenado podrá apelar la decisión.
Echegaray fue el ángel protector de los corruptos del kirchnerismo. El guardaespaldas impositivo de muchos de los delincuentes que más se enriquecieron en el estado. Sin embargo, nadie levantó la voz para defenderlo. Solo Mercedes Marcó del Pont lo mantuvo en su cargo porque, por ahora la sentencia no está firme. Marcó del Pont en su momento también va a tener que responder en los tribunales por tantas acciones de encubrimiento y complicidad. Pero esa es otra historia.
Fue el mismo Echegaray el que dijo que lo condenaron por sus convicciones políticas y que era inocente. “Esos jueces me arruinaron la vida a mi y a mi familia, yo tengo que estar tan absuelto” como Cristóbal y De Sousa. Eso dijo. No hizo falta que aclare, pero eso es lo mismo que decir: o somos todos inocentes o todos culpables. Echegaray no quiere ser el pato de la boda. Pero hay algo de su relación con la familia Kirchner que tal vez pronto salga a la luz. Fue muy burdo todo lo que ocurrió.
Algunos dicen que Echegaray se llevó de la AFIP información secreta que podría incendiar a muchos empresarios y políticos. El caso Odebrecht nunca avanzó demasiado y es para observarlo con lupa. En toda América Latina han caído funcionarios de alto rango, menos en Argentina.
Echegaray está acusado de encabezar una asociación ilícita para enriquecerse con una red de encubrimiento y violación del secreto fiscal para castigar opositores. Fue una pieza clave en las denuncias falsas como la que se hizo contra Alfonso Prat Gay.
Ninguno de esos delitos hubiera sido posible sin la orden de Cristina, la autora intelectual y de Echegaray, el autor material.
La AFIP del gobierno anterior acusó a Echegaray de cobrar coimas para mirar para otro lado y favorecer el accionar de los malandras de estado. En el caso Lázaro Báez y la usina de facturas truchas instalada en Bahía Blanca, se sintió tan impune el jefe de la AFIP de entonces, que cerró la delegación en Bahía y dejó en la calle a todos para poder controlar que nadie controlara. ¿No me cree?
Ricardo Echegaray, el ángel protector de los demonios K, hizo una locura para blindar a Lázaro. Escuche bien: Cerró la oficina de la AFIP en Bahía Blanca, 49 trabajadores cesaron en sus funciones y Bahía Blanca pasó a depender de Mar del Plata. Eso se llama borrar huellas y no macanas. Pregunta incisiva: ¿Alguien cree que Ricardo Echegaray se hubiera atrevido a cometer semejante delito sin la orden de Cristina? Segunda pregunta incisiva: Si Echegaray tiene las manos tan manchadas, ¿Se imagina la mugre de Lázaro? ¿O la de Cristina? ¿Qué recibió a cambio? ¿Dólares, euros, poder, impunidad?
A Cristóbal le dio más de 100 planes de facilidades que Cristóbal nunca cumplió. ¿Escuchó bien? 100 planes de cómodas cuotas, con un interés bajísimo, regalado, para pagar la fortuna que le debía al estado en el caso Oil Combustibles y otras empresas y Cristóbal, no pagó nunca. Se guardó esa plata sucia en su sucio bolsillo o la utilizó para comprar otras empresas y medios de comunicación a los que le puso la camiseta de Cristina y Víctor Hugo Morales.
Todo el escándalo de Ciccone se ejecutó desde la AFIP de Echegaray. Primero para fundir y mandar a la quiebra a la empresa para comprarla a precio vil y después para levantar los embargos y que Amado Boudou y su banda pudieran seguir fabricando billetes y boletas electorales para Cristina y sus cómplices.
El arrepentido Alejandro Vandenbroele confirmó en Tribunales lo que los periodistas de investigación ya habían revelado. Que Echegaray otorgó, a pedido de Boudou, un plan especial para levantar la quiebra de Ciccone. Fue grave lo que denunció el arrepentido Leonardo Fariña: “Echegaray fue un extorsionador serial que se llevaba el 15% de cada factura trucha que dejaba pasar”.
Ricardo Daniel Echegaray está en problemas. Puede defenderse porque es abogado especialista en derecho tributario y fue guardamarina en el Liceo Naval Militar Capitan Moyano antes de incorporarse a UPAU, la fuerza universitaria que tributaba a la UCeDé, el partido de Alvaro y María Julia Alsogaray. En Santa Cruz se hizo amigo de Rudy Ulloa Igor y eso lo catapultó a la Aduana de Rio Gallegos en tiempos de Kirchner. Dicen que sus amistades en la Marina también lo ayudaron. Hay cuestiones insólitas en su vida: Fue profesor de educación Cívica en un colegio salesiano de Punta Alta, donde nació.
Hoy Echegaray rompió el silencio y envió un mensaje claro cuando dijo que nadie lo llamó. Una advertencia. ¿Prenderá el ventilador si le sueltan la mano? Fue el ángel protector de los demonios K pero se puede convertir en el ángel exterminador de tanto corrupto. Esto recién empieza.
No incendien la democracia – 21 de diciembre 2021
Aquellos que son capaces de prender fuego a un diario o a la sede de una institución del gobierno, son capaces de incendiar la democracia. Se trata de un delito de extrema gravedad institucional que debe investigarse a fondo y castigarse con todo el peso de la ley. Por más genuinos que sean los reclamos, no podemos permitir que salvajes que se creen dueños de la verdad extorsionen a los ciudadanos pacíficos con acciones directas cargadas de violenta irracionalidad criminal. La democracia, aún con sus debilidades ofrece una variedad de mecanismos para ejercer el derecho constitucional a la protesta. La queja y el reclamo social son el pulmón por donde respira la democracia. Expresar opiniones e ideas es uno de los pilares del sistema menos malo que existe. Eso está bien. No creo en las sociedades silenciosas y atemorizadas que son sometidas por los tiranos de turno. El silencio y la uniformidad de los cementerios no es sinónimo de libertad. Pero una cosa es manifestar la oposición a tal o cual medida y otra muy distinta es incendiar la sede del diario “El Chubut”, como hicieron estos delincuentes y asesinos que se esconden bajo el rótulo de “anti minería”.
Una cosa son las marchas masivas con carteles y cánticos que repudian lo que quieren repudiar de una ley y otra muy distinta es incendiar a sede del gobierno provincial en Rawson.
Una cosa es la protesta democrática que siempre es bienvenida. Y otra muy distinta son los que cometen delitos, violando la ley y haciendo justicia por mano propia.
Los ciudadanos que amamos la República y los que defendemos la ley como los cimientos donde se asientan los valores democráticos, no podemos tolerar ninguna situación de violencia en el debate público. Y cuando digo ninguna, digo ninguna. Porque si permitimos una con la excusa de que es una exigencia razonable estamos enviando una señal peligrosa a la sociedad. Que gana siempre el más violento. Que ojo por ojo, diente por diente. Por ese camino, la sociedad termina arrancándose los ojos y nos quedamos todos ciegos.
Esto vale para toda acción agresiva e intolerante que no respete las normas.
La repetición de estos acontecimientos despreciables nos lleva a un abismo en la convivencia social.
Ya padecimos como argentinos, el horror del terrorismo foquista que quiso imponer sus ideas a sangre y fuego y del terrorismo de estado que cometió crímenes de lesa humanidad. El contrato social de 1983 es el final de las guerrillas y las dictaduras. Es el compromiso de no utilizar la violencia como instrumento de lucha política.
Porque ya está absolutamente naturalizado que cualquiera pueda cortar una calle, una ruta, o las vías del tren. En este último caso, 40 personas le arruinaron el día a cientos de miles de trabajadores humildes que van o vuelven de sus tareas.
Porque los falsos mapuches son capaces como lo han demostrado de quemar maquinaria o camiones o incluso casas y edificios como en El Bolsón o Villa Mascardi, y pasa el tiempo y nadie o casi nadie va preso. Insisto, esa impunidad los invita a que repitan sus ataques. Y si la prensa no les presta la suficiente atención o las autoridades no acceden a sus pedidos, redoblan la apuesta y multiplican la irracionalidad de sus actos. Total, les resulta gratis. Total los falsos garantistas del kirchnerismo siempre los van a proteger. Nadie va preso o casi nadie va preso y esta ola de atropellos va creciendo en cantidad, en intensidad y en ferocidad.
Solo algunos jueces valientes condenan los bloqueos a empresas, y los aprietes extorsivos en la puerta de las fábricas.
El estado desnuda su debilidad y los provocadores demuestran su fortaleza. Por eso se animan cada vez más. Atentar con bombas molotov al diario Clarín, hasta ahora les salió casi gratis a esos terroristas de pacotilla. Hay solamente una persona detenida. Tiraron esas botellas incendiarias a la hora en que muchos compañeros periodistas salían de trabajar rumbo a sus hogares.
En Chubut la serie de incendios a oficinas de la justicia y del gobierno destruyó valiosos edificios y muchísimos archivos de todo tipo. El desastre que hicieron en el diario “El Chubut” destruyó gran parte de la planta baja y ocurrió mientras había trabajadores adentro del medio de comunicación.
Tiene razón el jefe de redacción del diario, Tomás Gutiérrez cuando dice que fue “un ataque homicida”. ¿Qué hubiera pasado si el fuego se descontrolaba y morían las personas que trabajan ahí? ¿Cuál era la acusación de los energúmenos? Que el diario era pro minería. Estamos en democracia y cada uno tiene derecho a expresar sus ideas y pensamientos. Hay, y debe haber la más amplia libertad de expresión. Debemos combatir y castigar con la ley en la mano a todos los que violan la ley. No importa si estamos a favor o en contra de la minería, de Cuba o de las vacunas. La violencia debe ser extirpada de raíz y la única manera es aplicando la ley con toda rigurosidad sin falsos garantismos y sin que tenga importancia de qué lado de la grieta está el violento. Los delincuentes no son kirchneristas ni anti kirchneristas, no son pro o anti minería, no son pro o anti mapuches. Los que tienen como bandera la crueldad de la destrucción, la furia y el ensañamiento deber ir presos. Ellos mismos le quitan legitimidad a sus reclamos. Los mismos ciudadanos pacíficos que están en todo su derecho a oponerse a la ley de minería, o a la línea editorial de un diario o al rol de algunos pueblos originarios, deberían marginar y apartar a estos grupúsculos pequeños pero sumamente dañinos, que le quitan legalidad a sus posiciones.
Basta de violencia. No hay camiseta partidaria ni ideológica que justifique los incendios, las piedras, los palos, las capuchas, las molotov y mucho menos las armas.
Basta de violencia. Son momentos muy complicados de la sociedad, con crisis profundas y problemas muy graves. Pobreza, hambre, desocupación, muertos por covid, corrupción y muchos disvalores que desilusionan a una parte de los argentinos.
Condenemos todo tipo de violencia. La violencia es una enemiga de la democracia y por lo tanto de todos nosotros. Antes de que sea demasiado tarde para lágrimas. Violencia, Nunca Más.
Argentina estalló hace 20 años – 20 de diciembre 2021
La primera vez que lloré con Miguel (a quien no había visto en mi vida) fue a través de la tele, en vivo y en directo. La segunda vez fue en la tele, con Miguel al lado. Miguel es (o era) el dueño de una casa de artículos del hogar de Lanús que fue saqueada hasta los huesos frente a las cámaras de los móviles de la televisión. Me estremeció verlo por la calle corriendo a algunos vecinos a los que en su momento les había vendido en cuotas un televisor y que ahora – transformados de odio y degradación – le estaban robando una heladera al hombro. Me contagió el llanto cuando lo ví abrazado a su hija. Pensé en mi hijo. Miguel estaba desconsolado porque había perdido todo el esfuerzo de 27 años de trabajo en el barrio:
– Me quiero morir, decía. Me quiero morir.
Lo acompañé en el sentimiento. Le dí un pésame imaginario aunque comprendí que después de tanta muerte por las calles ya era demasiado tarde para lágrimas.
Al día siguiente compartimos la charla y la indignación en el programa de Mirtha Legrand donde por pudor y por respeto, no hubo almuerzo. Todo ocurrió al final cuando Mirtha tuvo la idea de elevar una plegaria de esperanza pidiendo que cantáramos el Himno Nacional. En el primer «O juremos con gloria a morir» sentí quebrada la voz de Magdalena Ruiz Guiñazú que estaba a mi izquierda. Y también la de la conductora que no pudo contener la emoción. Y Enrique Pinti junto sus manos como pidiendo por favor. Y Mercedes Ninci también. Lo miré a Miguel y no aguanté más. Tuve ganas de decir: no llores por mí Argentina.
En ese momento, se terminó la posibilidad de gastar y burlarse de De la Rúa. Sobre su tumba política, no dejó lugar para las risas irónicas. Solo para la sangre y las lágrimas. Como los alaridos de los comerciantes coreanos humillados sentados en las veredas y con las mismas ganas de morirse de Miguel.
O el flaco desocupado que pedía trabajo con su nenito en brazos mientras se afanaba unas cajas de un negocio de Boulogne y pedía perdón ante las cámaras asegurando que era la primera vez que lo hacía y que no tenía otro remedio.
El único motivo de orgullo fue la epopeya de los ruidos. Frente a un presidente que se caracterizó por taparse los oídos, la gente le grito cada vez más fuerte y más cerca. Primero con el voto bronca en las parlamentarias de octubre donde no llegó al 23 %, pero él no se hizo cargo. Después, lo sepultó de insultos, cacerolazos y bocinazos.
Fue la rebelión de la gente común, de las familias. La pueblada que construyó rechazo en las esquinas y se lanzó a la plaza de las asambleas populares que esta vez se llenaron de familias y no de militantes disciplinados. Si el 17 de octubre fue el subsuelo sublevado de la patria que cambió el rumbo de la historia pidiendo que liberaran a Perón; el 19 de diciembre fue la clase media votante de la Alianza la que le dio el tiro del final a De la Rúa.
Enemigo ridiculizado, enemigo muerto decía Lenin. Y la sabiduría popular fue tragicómica al inventar un austero arbolito de navidad marca De la Rúa: sin luces ni bolas. Un editorial de dos palabras.
La desobediencia civil se hizo estallido social policlasista y apartidario que enfrentó el estado de sitio y la represión. Y el gobierno implosionó después de una larga agonía. La gente ordenó hacer borrón y cuenta nueva. Sincerar todos los default. Reconocer donde estábamos parados para tratar de subirnos a la lona y hacer un diagnóstico que no oculte la realidad como hicieron los infames traidores a la patria que fueron los primeros que saquearon a la gente desde el gobierno.
Terminó el descarrilamiento más largo de la historia como genialmente definió Le Monde. El ocaso por goteo. El último chorrito no le alcanzó al bombero para apagar el incendio. Es que siempre tiró nafta sobre las llamas. Y ni siquiera lo quiso reconocer. Hasta prohibió utilizar la palabra saqueo como si la realidad pudiera sepultarse. O como si sirviera de algo mirar otro canal.
Fue lo peor que nos pasó a los argentinos con excepción de las dictaduras. Un día como hoy de hace 20 años, De la Rúa anunció su renuncia y huyó en helicóptero desde el techo de la Casa Rosada.
Nunca en la historia democrática estuvimos tan cerca de la anarquía. Bajamos a los infiernos civiles porque los de uniforme ya los conocíamos. Los cinco presidentes en 12 días, el que se vayan todos. En 1999 De la Rúa – Chacho Álvarez habían sacado el 48,5% de los votos. Y ese día de terror tuvo peronistas de ambos lados: Juan Manuel Abal Medina y Nilda Garré candidatos en las listas electorales después de la renuncia cobarde de Chacho Álvarez. Y en la calle, fogoneando los desmanes y a la turba, intendentes peronistas del Conurbano que aprovecharon el río revuelto.
Hay que recordar que en su primer día de gestión de Adolfo Rodríguez Saa se reunió y recibió el apoyo de Hebe de Bonafini y Horacio Verbitsky.
¿Quiénes fueron los responsables de los 38 muertos de hace dos décadas? Hay múltiples razones, como siempre. Pero lo principal fue el doloroso cruce entre una situación económica terrible y el peor presidente que tuvimos en muchos años. Creo que solo fue superado por el actual, Alberto Fernández. Ese fue un cóctel explosivo. Y una venganza de la policía federal contra su jefe de entonces. Fue el choque entre un endeudamiento descomunal, los precios internacionales bajísimos para nuestros productos, cosa que provocó un terrible viento de frente y no viento de cola como le tocó al matrimonio Kirchner y la presencia de un pusilánime, un inútil y un cobarde en la presidencia de la Nación. De la Rua no supo, no quiso o no pudo manejar la crisis. Se fue enterrando en arenas movedizas.
En defensa de De la Rúa hay que subrayar que las condiciones económicas y la herencia recibida fueron sumamente complicadas. Y que la CGT de Hugo Moyano le hizo la primera huelga general a los 180 días de haber asumido, un tipo de protesta que no se había realizado en toda la década que gobernó Carlos Menem.
El 20 de diciembre, un día como hoy de hace exactamente 20 años, a las 19.52, y con apenas 740 días de mandato, Fernando de la Rúa renunció y se confirmó que los pueblos no se suicidan, pero los gobiernos sí.