Jones Huala convocó a la lucha armada – 26 de noviembre 2021

El gobierno de los Fernández sigue
jugando con el fuego de los falsos mapuches. Y ya se quemó varias veces. Pero esa historia terrorista y nefasta de encapuchados, encendió la peor luz roja de alerta. Una cosa es quemarse con fuego y otra, muy distinta es ser cómplice de los que prometen un incendio social. Es celebrar que se dinamite el principal activo que la democracia argentina tiene desde 1983. Es el contrato que dice: “Nunca más a los golpes de estado y nunca más a la utilización de las armas y el asesinato como instrumento político”. Pero ocurrió algo grave que casi no tiene antecedentes desde 1983. Facundo Jones Huala, el comandante de estos violentos antidemocráticos y anti argentinos, mediante un comunicado, convocó a sus soldados a la lucha armada para vengar el asesinato de Elías Garay, que ocurrió en una de sus usurpaciones.
En forma brutal y desde la cárcel en Chile, este repugnante criminal instaló provocaciones intolerables:
• Que su muerte ni ninguna sea en vano, que la sangre sea vengada y la tierra recuperada, sean más que consignas, que las balas se van a devolver, sea más que un cantito.
Esta locura insurreccional y separatista es el corazón de sus palabras escritas. Insisto, no se trata de una declaración hecha de apuro y con bronca a un móvil periodístico. Es una proclama que llama a la guerra total. “Ya no podemos seguir solo con palos y piedras”, dice en otro párrafo.
La paz social y la democracia no pueden subestimar ni naturalizar estos desafíos. Es grave porque promete más sabotajes, más fuego y más muerte. Pero es mucho más grave porque cuentan con la complicidad del gobierno de Alberto y Cristina.
Aníbal, no se hace cargo de un conflicto que se salió de madre. Magdalena Odarda, protege y les da apoyo logístico a los delincuentes, igual que Horacio Pietragalla. Rafael Bielsa, los defiende en los tribunales chilenos. Los ex Montoneros, Roberto Perdía y Fernando Vaca Narvaja, los defienden en los tribunales argentinos. Victoria Donda, los arropa. Elizabeth Gómez Alcorta, fue abogada de Jones Huala. Carlos Zannini y Juan Cabandié, retiraron al estado nacional de los expedientes y entregaron las tierras que son de todos. Y hay toda una administración que se excita y disfruta con cualquier grupo que se inspira o se parece a la guerrilla de los 70. Llegaron a ignorar y a mirar para otro lado ante los atentados explosivos de los anarquistas que son el brazo urbano de los maputruchos.
Facundo Jones Huala es un peligro. Pero la sociedad todavía no lo registró lo suficiente. Ni siquiera se siente argentino pese a que nació en Bariloche hace 31 años. Alcanza con escuchar aquel audio de su otra arenga extremista para darse cuenta de la calaña de este personaje. Analicemos lo que dijo.
En ese momento, desde la cárcel de Esquel, identificó al “huinca capitalista y su poder” como “nuestro enemigo” al que hay que “destruir”. Le recuerdo que Huinca significa “hombre blanco” o directamente extranjero o “no mapuche”.
Mientras tanto, un grupo de sus seguidores reventaba a pedradas y palazos a las fuerzas de seguridad que solo ponían sus escudos para defenderse, Huala los incitaba a la violencia colectiva.
Les grita que “por la dignidad de nuestros antepasados hagan lo que tienen que hacer porque no vamos a dialogar más con esta basura asesina, con estos racistas opresores, que les chupan las medias a los gringos y a las multinacionales, a la Sociedad Rural, a esa manga de asesinos”.
¿Y qué es lo que tienen que hacer además de lapidar y apalear policías y gendarmes? Lo dice el mismo sin ningún tipo de disimulo. Les exige “piedra y fuego contra la opresión” y que se defiendan “con todo lo que tengan a mano”. Ya lo vamos conociendo mejor. Pero lo más sustancioso, llegó al final: gritó desaforado, “Viva La RAM, viva la CAM, viva la autodefensa y el sabotaje, hasta la victoria, hasta vencer o morir”.
Frente a la confesión de partes, relevo de pruebas. Solito, con sus palabras, se muestra fuera del sistema y de las leyes de la paz y la convivencia.
Queman camiones, ocupan propiedades privadas y fiscales, destruyen maquinaria vial o agrícola, cortan rutas y atacan a los puesteros de las estancias y a los gendarmes incluso con armas de fuego y toman tierras por la fuerza y no dejan entrar a nadie.
Quieren fundar una nación mapuche, pero son una minoría fanática y agresiva que no representa a la mayoría del pueblo mapuche que es pacífico, trabajador y que está absolutamente integrado a la vida democrática y que repudia el accionar de la RAM a las que califican como terroristas que quieren provocar la represión y deslegitimar su reclamo legal de tierras.
Los verdaderos representantes del pueblo mapuche condenan todo tipo de violencia contra las personas y daño contra la propiedad y siguen reclamando por sus derechos. Ellos no quieren a los de la RAM. Rompen fuentes de trabajo al atacar a cualquier empresa que quiera invertir bajo la excusa de defender el medio ambiente. Atemorizan y alejan al turismo y la paz que son dos motores de la Patagonia productiva.
Su saludo de despedida, “hasta la victoria, hasta vencer o morir” es otra caricatura de los grupos guerrilleros castristas o guevaristas de los años 70.
Facundo Jones Huala, una especie de subcomandante Marcos del subdesarrollo, una caricatura de combatiente propuso a lucha armada para construir un estado dentro de la Argentina. No hay más lugar para lavarse las manos. Y este gobierno está ausente y es cómplice a la vez Quien quiera oír que oiga.

Maradona, entre Dios y el Diablo – 25 de noviembre 2021

Podría mirar para otro lado y hablar
solamente del Diego y su magia futbolística, del Dios de los estadios. Sería menos conflictivo. Porque como jugador, nadie lo discute. Pero no me gusta esa actitud demagógica de decir lo que conviene. Creo que en todas las noticias hay enseñanzas. En la vida y la muerte de muchos ídolos hay material para rescatar en los valores y para rechazar en los delitos.
A un año de la triste muerte de Maradona, me parece injusto profesionalmente recordarlo solamente por su costado angelical y ocultar su parte oscura. Porque Maradona fue ambas cosas. Su vida fue construida y destruida entre Dios y el diablo. Una cosa no quita la otra. Ambas caras de la moneda son ciertas. Dolorosamente ciertas.
Y mucho más hoy, que se conmemora el día internacional de la no violencia contra la mujer. Lo digo porque entre todas las aberraciones que cometió Maradona, es aterrador lo que hizo con Mavys Alvarez, en Cuba cuando ella era menor de edad. Ella denunció en tribunales que Maradona “la violó” mientras su madre “lloraba detrás de la puerta”. A ese delito gravísimo hay que sumarle que la obligó a drogarse con cocaína y le dio varias palizas feroces. Todo con la complicidad de Fidel Castro que la autorizó a venir a la Argentina, donde estuvo secuestrada en un hotel. Diego también la obligó a que se hiciera una operación estética para darle más volumen a sus pechos. Parece una película de terror, pero es parte de su declaración testimonial ante el juzgado del doctor Daniel Rafecas.
A este tipo de cosas me refiero cuando hablo de la parte diabólica de Maradona.
Y al oportunismo político de hacer negocio millonarios con la dictadura chavista y Nicolás Maduro.
Pero también comprendo la otra mitad de su vida.
Ese señor que murió a los 60 años, construyó en 10 segundos y 89 centésimos la máxima obra de arte deportiva de la historia argentina. Ese señor de la lengua pesada, la herida en la cabeza y los ojos achinados por la gordura de su cara, dio cátedra de tango bailando sobre una pelota y frente a los ingleses, nada menos. Inventó todo frente a quienes dicen ser los inventores del fútbol. El estadio azteca se puso de pie cuando vio edificar el gol más golazo de todos los tiempos.
Ya había puesto la mano de Dios y la trampa del Diablo, para el uno a cero. Y después vino el pie alado. La zurda milagrosa que todo lo que toca lo convierte en fiesta. Eran los cuartos de final. Era Inglaterra-Argentina, muy cerca de Malvinas, aunque parezca mentira. Había más adrenalina, nervios y esperanza que en cien clásicos de Boca y River. Era la revancha de los pibes, aunque suene a delirio. Ese señor que saca su pecho potente y prepotente aún frente a la muerte, hoy fue derrotado para toda la vida. Ese señor fue un ingeniero de magias que diseñó una de las emociones más fuertes de los argentinos y que instauró el 22 de junio como el día nacional de la fantasía.
Ese señor que lamentablemente tenía el sí fácil para la droga y era adicto a los vividores que siempre revolotearon a su lado como caranchos, adentro del campo de juego, era todopoderoso, jugaba para la felicidad de todos. No había nada imposible para su cintura y su empeine. Era capaz de todos los milagros. Por ejemplo, de repartir la magia redonda y de cuero, como quien reparte un juguete el día de Navidad. Con sus genialidades y coraje para ponerse el equipo al hombro y también con sus miserias y oportunismo, Maradona tiene mucho de nosotros. Nació en Fiorito y no podría haber nacido en otro lado. Tenía nuestras luces y nuestras oscuridades.
No conozco un argentino que haya empezado de tan abajo y que haya llegado tan arriba y que volvió a caer tan abajo. Dio montañas de felicidad a sus semejantes y también hizo mucho daño. Es cierto que en “ese” cuesta abajo en su rodada, se llevó puesta la otrora relación maravillosa que tenía con sus hijas o con “La Claudia”. O que sus posiciones políticas son para la crítica, cosa que hice varias veces y con mucha enjundia.
Fue el artista de la gambeta celeste y blanca. Hace mucho que no había que pedirle nada más. Los que lo rodearon siempre debieron darle en lugar de pedirle. Darle contención, ayuda desinteresada, poner el hombro para que Diego pudiese llorar y exorcizar todos sus arrepentimientos.
Ese señor que vivió en los mejores hoteles y en los palacios más alucinantes sintió el ruido del hambre en la panza y juró por Villa Fiorito que iba a zafar con la ayuda de la pelota que no se mancha.
Pero el no pudo mantenerse limpio. La pelota no se manchó, es cierto. Pero lo que se manchó fue su pronturario.
Se hizo millonario, campeón del mundo y dueño por los siglos de los siglos de la camiseta número diez de Argentina. Se hizo patrimonio nacional futbolero, con la sangre celeste y blanca corriendo por sus venas. No arrugó nunca en ningún partido. Era capaz de putear a los que puteaban el himno y arengar a sus compañeros.
Maradona se cansó de escribirle cartas a los reyes magos que no le daban ni pelota. Y él quería una pelota. Su viejo, El Toro, ferroviario y tímido, le enseñó a pescar y a hacer los mejores asados. Su madre, doña Tota, lo miraba como quien mira solo la ternura del ser humano. Hoy Maradona comenzó a reencontrarse con esos afectos genuinos e incondicionales. Sus raíces fundacionales lo estarán esperando en las alturas. Don Diego con un mate caliente y doña Tota con un saquito tejido por ella. Los tres fabricarán lágrimas en un abrazo eterno.
Ese señor tiene un trono permanente en Nápoles. Es el símbolo que fue vengador de tantas desigualdades y de tanto mirar por encima del hombro de Milán a esa Italia tan profunda, tan lejos de Dios y tan cerca de África.
Por eso Fiorito y Nápoles son su tierra, de nacimiento y de renacimiento, su lugar en el mundo. En los altares de las iglesias, entre la ropa colgada en las ventanas, Diego está sentado a la derecha de San Genaro. Por eso en Nápoles y en Argentina, miles de chicos se llaman Diego. Había que ver la cara de los chicos del mundo cuando Maradona hacía jueguito con una pelota de tenis, de ping pong y hasta con una chapita de cerveza.
Ese señor que será eterno como dijo Messi, no tenía las monedas necesarias para tomar el colectivo que lo llevaba a probarse en Argentinos Juniors, donde nació la gloria y la leyenda. No tenía un peso partido al medio. No conocía ni el dulce de batata ni la manteca, como me dijo una vez delante de Jorge Cyterszpiller, el que lo invitaba a merendar todas las tardes en su casa de La Paternal.
Ese señor se calzaba las zapatillas flecha hasta que se desflecaban en la canchita de tierra donde aprendió todos sus trucos.
Cada vez que daba gracias al señor por el pan de su mesa, recordaba que el primer sueldo se lo gastó entero para invitar a comer a su mítica madre. Llevó a doña Tota al restaurante “La Rumba”. Es que tenía dos sueños permanentes: jugar en la selección y llevar a comer a un lugar cajetilla a su vieja del alma. Juntos miraban esa pizzería bacana desde la ventanilla del colectivo mientras pasaban los adoquines de Pompeya y más allá la inundación.
Ese señor que mira a la cámara y grita gol con un alarido de sus entrañas se llama Maradona y es argentino por los cuatro costados. Su fútbol nos identificará por siempre. Nos pondrá la marca en el orillo. Artístico y engañador. Sublime y tramposo. Te doy, pero te quito. Voy para allá, pero salgo por acá. Te deslumbro. Te enamoro pero te miento. Un corte y una quebrada.
Ese señor fue capaz de llenar cientos de bomboneras y monumentales. Diego Maradona fue el quinto hijo de los ocho de un obrero que nació en una Esquina de Corrientes sin Esmeralda. Llegó al mundo con una pelota debajo del brazo. Su padre le lustraba los botines cuando era cebollita y él sacaba apenas la lengua, llenaba de aire su pecho y salía por pasto a despatarrar gigantes defensores y a hacerles pasar papelones de padre y señor nuestro.
Es increíble que Maradona haya muerto. Su cuerpo privilegiado aguantaba todos los bombazos que el mismo le tiraba. Hace 39 años aspiró cocaína por primera vez para hacerse el cancherito y para aguantarse ser Maradona todo el tiempo y en todo lugar. Hoy el mundo lo recuerda y nosotros también. Pero no ocultamos a ninguno. Recordamos a los dos Maradonas que convivieron en el cuerpo de Diego. Al que está en el cielo y al que cayó en su propio infierno.

D’Elía contra Clarín: “fue un auto atentado” – 24 de noviembre 2021

Sin que se le cayera la cara de vergüenza, Luis D’Elía acusó al grupo Clarín de haber “pergeñado un auto atentado” en la sede del diario. El piquetero ultra cristinista y violento no aportó un solo dato, pero culpó a la víctima del ataque brutal de 9 encapuchados con 8 bombas molotov.
Podrán decir que este personaje nefasto es marginal al sistema de poder del kirchnerismo. Pero no recuerdo que ni Alberto ni Cristina hayan desmentido jamás las salvajadas que suele decir y hacer. Y en muchos casos, aparece en los actos del oficialismo y llevó a su partido a votar por los candidatos del Frente de Todos. Es un vocero de los sectores más chavistas y que mejores contactos tiene con Irán y Venezuela.
Además de responsabilizar a los empresarios del Grupo Clarín, que es otra manera de justificar el intento de incendiar el diario, D’Elía repartió críticas para varios periodistas y demostró su absoluta agresividad e ignorancia sobre el tema. Celebró que Lanata ya no haga 30 puntos de rating y quiso interpretar eso como una señal política. No sabe o no quiere saber, que el programa de Jorge es uno de los más vistos y que su nivel de audiencia es exitoso de acuerdo a las nuevas cifras de encendido. Sacó pecho porque según él, le dijo a Marcelo Bonelli en la cara que “ustedes son una pistola en la cabeza de la democracia” y atacó al genial Jorge Fernández Díaz que, de acuerdo a sus resentimientos, dice mentiras contra Cristina en radio Mitre.
Un chanta, pero un chanta peligroso que sigue tirando nafta al fuego del odio contra los periodistas y los medios que no se arrodillan ante el altar de Cristina. Ya le conté que desde que perdieron las elecciones primarias, hay una campaña de estigmatización y juicios contra periodistas en forma individual, con nombre y apellido. Apuntan a silenciar las voces independientes. Intentan meter miedo y solo hacen cosquillas. Ningún periodista que se precie de tal arruga frente a las amenazas ni deja de buscar la verdad de las cosas. Y si deja de buscar la verdad, deja de ser periodista.
Hay que recordar quién es este energúmeno llamado D’Elia. Estuvo preso en la cárcel de Ezeiza, condenado por la justicia por haber tomado en forma violenta la comisaría de la Boca. La justicia K le otorgó la libertad, como a casi todos los delincuentes oficialistas. ¿Se acuerda cuando, con un cuchillo, cortó la tobillera electrónica que tenía puesta, pese a que esa es una herramienta del estado que pagamos todos? Nadie lo sancionó, por supuesto.
Habló por teléfono con Milagro Sala y estuvieron presentes, el intendente de Ensenada, Mario Secco, el talibán cristinista que citó a Galtieri en un discurso, el juez federal Juan Ramos Padilla, padre del juez electoral y Hugo “Cachorro” Godoy de la CTA y delegado de Nicolás Maduro en Argentina.
No es un tema menor que Luis D’Elía haya salido a decir públicamente que se trató de un auto atentado en Clarín. Ayer los temas más repetidos en Twitter fueron con el hashtag “#auto atentado y #prensa basura”.
D’Elia marca un camino a la militancia más irracional. Incita a la violencia como cuando propuso a Maduro que fusilara opositores y que a Macri lo fusilaran en la plaza pública.
Su personaje produce un profundo rechazo y es piantavotos, como alguna vez le dijo Parrilitudo para no invitarlo a un acto de Cristina. Por eso ni los kirchneristas lo quieren a su lado. Carece de representatividad y la única vez que se sometió al veredicto de las urnas, sacó 15 mil votos. ¿Escuchó bien? Se llena la boca hablando en nombre del pueblo y solo consiguió 15 mil votos.
A este soldado de Cristina y de Irán,
se lo puede ver en fotos con líderes extremistas iraníes y prófugos de la Justicia como Moshen Rabbani y personajes que apuestan a la violencia como partera de la historia como Fernando Esteche (el ex comandante de Quebracho acuchillado por sus propios ex compañeros) o Roberto Perdía (el ex integrante del estado mayor de Montoneros, hoy asesor de los falsos mapuches).
Antisemita fanático, permitió que su amigo Jorge Khalil, tratara al entonces canciller Héctor Timerman de “ruso de mierda”. Y como si esto fuera poco, D’Elía alquiló a un grupito de la barra brava de All Boys para un acto a favor de Palestina y donde la consigna principal era “basta de sionismo nazi”. Se puede escuchar con nitidez la voz llorona de D’Elía decir que le tuvo que tirar unos “manguetes” a los muchachos que se portaron bien. Les dí 25 lucas, dice en un momento. ¿De dónde habrá sacado el dinero? Lo digo porque, en esa época, el propio Sergio Szpolski, el empresario que más pauta publicitaria recibió del gobierno de Cristina para que vaciara sus medios K, puso en twitter que Luis D’Elía era “un ladrón que recibía cheques de Irán”.
En su programa de radio Rebelde, hace unas horas, D’Elia además de acusar a Clarín de “pergeñar un auto atentado” celebró el record de puntos del riesgo país. “Ojalá lleguemos a un millón de puntos porque eso significará que no arreglamos con el Fondo Monetario. Lo mejor que nos puede pasar es entrar en default”. Increíble pero cierto. Porque además, ese es el verdadero pensamiento de estalinismo del ladri feudalismo cristinista. Gerardo Ferreya, el empresario que se hizo ultra millonario con los privilegios que le dio Cristina, propuso algo similar y fue más a fondo todavía. En síntesis llamó a hacer acuerdos económicos con China y Rusia y no pagar la deuda al fondo porque “nació de una decisión política imperial amañada con cipayos locales”.
Ferreyra también estuvo preso y fue uno de los que no se arrepintió en la causa sobre las coimas colosales pagadas por la obra pública, registrada en los cuadernos de Centeno. Su amigo y cómplice es el jefe de todos los abogados del estado, Carlos Zannini. Se conocieron en la cárcel durante la dictadura. Ferreyra fue integrante del terrorismo criminal del Ejército Revolucionario del Pueblo y Zannini era militante de una vertiente albanesa del maoísmo.
Un piquetero y un magnate, unidos por el kirchnerismo proponen lo mismo. Dios los cría y Cristina los amontona.